viernes, 10 de junio de 2016

POEMAS DE WARSAN SHIRE (Poeta Somalí)


(Kenia, 1988)

CASA


Nadie deja casa a menos
que casa sea la boca de un tiburón
solo corres hacia la frontera
cuando ves a toda la ciudad haciéndolo
también
A tus vecinos corriendo más rápido que tú
con aliento sangrante en sus gargantas
el niño con el que fuiste a la escuela
que te besó hasta marear detrás de la fábrica de latas
está sosteniendo una arma más grande que su cuerpo
Solo dejas tu casa,
cuando casa no dejará quedarte
Nadie deja casa a menos que la casa te persiga
con fuego bajo los pies
sangre hirviendo en el vientre
no es algo que jamás hayas pensado hacer
hasta que la navaja quema amenazas
en tu cuello
e incluso entonces cargaste con el himno
bajo
tu aliento
destrozando tu pasaporte en el aeropuerto
en excusados
sollozando mientras cada manojo de papel
hacía más claro que jamás te encontrarás
regresando.
Tienes que entender
que nadie pone a sus hijos en un bote
a menos que el agua sea más segura que la tierra
Nadie quema las palmas de sus manos
bajo trenes
entre vagones
nadie pasa días y noches enteras en el estómago de un camión
alimentándose de hojas de periódico
a menos que los kilómetros viajados
signifiquen algo más que una travesía
Nadie quiere ser objeto de golpes
de lástima
Nadie escoge campos de refugiados
o revisiones de cavidades donde
tu cuerpo es dejado doliente
o la prisión
porque la prisión es más segura
que una ciudad en llamas
y un guardia de prisión
en la noche
es mejor que ser la carga de un camión
lleno de hombres parecidos a tu padre
nadie podría soportarlo
nadie tendría las agallas
nadie tendría la piel suficientemente dura
Los
“váyanse a casa, negros”
“refugiados”
“sucios inmigrantes”
“busca-asilos”
“quieren secar las riquezas de nuestro país”
“negros con las manos arriba, huelen extraño”
“salvajes”
“jodieron su país y ahora quieren joder el nuestro”
“¿Cómo es que las palabras, la apariencia sucia, rueda por sus espaldas?”
Quizás sea porque estos golpes son más suaves que perder un miembro.
O que las palabras son más tiernas
que catorce hombres entre tus piernas
O que los insultos son más fáciles
de tragar
que el escombro
que los huesos
que el cuerpo de tu niñez
en pedazos.
Quiero irme a casa,
pero casa es la boca de un tiburón
Casa es el barril de un arma
y nadie dejaría su casa
a menos que casa te persiguiera a la costa
a menos que casa te dijera:
que apretaras el paso
dejando tus ropas atrás
que te arrastraras por el desierto
que naufragaras por los océanos
“ahógate
pero sálvate
sé el hambre
implora
olvida el orgullo
tu supervivencia es más importante”
Nadie deja casa a menos que casa sea una voz sudorosa en tu oído
diciendo:
“Vete,
corre lejos de mí ahora
No sé en qué me he convertido
pero sé que cualquier lugar
es más seguro que este”.

Hueso


Encuentro a una chica, la altura de un llanto pequeño
viviendo en nuestro cuarto de invitados. Se parece a mí
cuando tenía quince años
llena de pulpa y pimienta.
Pasa todo el día en el cuarto
midiéndose los muslos.

Su cuerpo es un largo suspiro.
La ves en el vestíbulo.
Más tarde esa noche mientras yacemos uno junto al otro
escuchándola vomitar en nuestro baño,
me dices que quieres salvarla.
Claro que quieres;
eso es lo que sabe hacer mejor:
enfermarte con la necesidad
de ayudar.

Tenemos los mismos labios,
ella y yo,
el tipo de labios en que los hombres piensan
cuando están con sus mujeres.
Está famélica.
Me miras directamente cuando nos cuenta
que a su padre le gusta golpear chicas
en la cara.

Puedo oírte en nuestro cuarto de invitados con ella.
¿De qué tiene hambre?
¿De qué podrías llenarla tú?
¿Qué puedes hacer, que no harías por mí?
Cuento mis costillas antes de irme a dormir.

Mi mujer extranjera se muere y no quiere que la toque.


Mi mujer es un barco volviendo a puerto de la guerra.
El médico hace de su cuerpo un mapa con tinta,
sosteniendo sus pechos con dos dedos, explica
lo que debe ser extraído, que quizás podamos mantener
el pezón. Su cuerpo es un hogar inundándose.
Tenemos miedo. Queremos saber
qué se llevará el agua consigo,
qué reclamará la tierra como propio.
Humedezco mis labios y ella mira al suelo.

Más tarde, en casa, llama a su hermana.
Hablan de maldiciones, el mal de ojo, su tía
que se ahogó. Es de mañana cuando viene a la cama
y me deja tocarla. Soy como un niño sediento
contra su pecho, su piel
como pergamino, seca y resquebrajada.

Mi mujer sentada en la cama del hospital.
La bata y el cuerpo juntos: 41 kilos.
Es un barco volviendo a puerto de la guerra,
su cuerpo, un pueblo en llamas, una prisión
con las puertas abiertas. No me deja que la abrace
ahora, cuando más lo necesita.


Miramos la pequeña televisión en la esquina del cuarto,
Pienso en todas las imágenes que debe cargar en su cuerpo,
en cómo la memoria se encarna en un tumor.
La apatía es lo mismo que la guerra,
las dos te matan, dice.
Despacio como un cáncer en el pecho
o rápido como un machete en el cuello.

Fea


Tu hija es fea.
Conoce la pérdida íntimamente,
lleva ciudades enteras en su tripa.

Cuando era niña, la familia no quería cogerla.
Era madera astillada y agua de mar.
Les recordaba a la guerra.

En su quince cumpleaños le enseñaste
a recogerse el pelo como una cuerda
y a ahumarlo con ardiente incienso.

Le hiciste hacer gárgaras con agua de rosas
y mientras tosía, dijiste
las chicas macaanto como tú no deberían oler
a soledad o vacío.

Tú eres su madre.
Por qué no la avisaste,
la abrazaste como a un barco podrido,
y le dijiste que los hombres no la amarían
si está cubierta de continentes
si sus dientes son pequeñas colonias,
si su estómago es una isla
si sus muslos son fronteras.

¿Qué hombre querría tumbarse
y ver el mundo arder
en su dormitorio?
La cara de tu hija es una pequeña revuelta,
sus manos son una guerra civil,
un campo de refugiados detrás de cada oreja,
un cuerpo contaminado por cosas feas.

Pero Dios,
¿acaso el mundo
no le queda bien?

PARA LAS MUJERES DIFÍCILES DE AMAR

eres un caballo corriendo en solitario

y él intenta adiestrarte
te compara con una montaña imposible
con una casa en llamas
dice que lo estás cegando
que nunca podría dejarte ir
olvidarte
que no quiere nada salvo a ti
lo mareas, eres inaguantable
cada mujer anterior o posterior a ti
es rociada con tu nombre
tú llenas su boca
sus dientes padecen con el sabor de la memoria
su cuerpo es solo una alargada sombra que busca la tuya
pero tú eres siempre demasiado intensa
aterradora en tu modo de quererlo
desvergonzada y sacrificada
él le dice que ningún hombre puede vivir de acuerdo con el que
vive en tu cabeza
y tú trataste de cambiar, ¿me equivoco?
cerraste tu boca
intentaste ser más suave
más bonita
menos volátil, menos despierta
pero incluso mientras duermes puedes sentirlo
viajando lejos de ti en sus sueños
entonces ¿por qué querías dividir el amor en su cabeza abierta?
una persona no puede ser tu hogar
alguien debería haberte dicho eso
y si él quiere irse
déjalo ir
tú eres estremecedora
extraña y hermosa


algo que no todo el mundo saber amar

Souvenir


Trajiste la guerra contigo
sin saberlo, quizás, en tu piel
en maletas apresuradas
en fotografías
plumas de ella en tu pelo
bajo tus uñas
tal vez estaba
en tu sangre.

Viniste a veces con familias completas,
a veces sin nada, incluso sin tu sombra
aterrizaste en un suelo nuevo como una aparición de acento fuerte
vaquero rígido y sonrisa desesperada,
lista para adaptarse, trabajar duro
olvidar la guerra
olvidar la sangre.

La guerra se sienta en las esquinas de tu salón
ríe contigo frente a tus shows de TV
llena los vacíos en todas tus conversaciones
suspira en las pausas de las llamadas de teléfono
te da excusas para abandonar situaciones,
encuentros, gente, países, amor;
la guerra se tiende entre tu compañero y tú en la cama
permanece detrás de ti frente al lavabo del baño
incluso el dentista saltó del agujero de gusano
de tu boca. Sospechas
que fue probablemente por la guerra que vio,
demasiada sangre.

Conoces la paz como alguien que ha sobrevivido
a una larga guerra,
tómala día a día porque todo
tiene el aroma de una posible guerra;
sabes con qué facilidad puede estallar una guerra
un momento tranquilo, después sangre.

La guerra colorea tu voz, le da calidez incluso.
Sin inclinación por si fuiste
el asesino o el doliente.
Nadie pregunta. Quizás fuiste ambos.
No has besado a nadie desde hace ya tiempo.
Para ti, todo sabe a sangre.



NIEVE


Mi padre era un borracho. Se casó con mi madre
al mes de volver de Rusia
con whisky en las venas.
En su noche de bodas, le habló
al oído de aviones a reacción y de nieve.
Le dijo esa palabra en ruso;
mi madre se enjugó las lágrimas y desplegó las palmas
de las manos entre sus omóplatos como las alas
de un avión. Más tarde, con la respiración entrecortada,
él relajó la cabeza en sus muslos y la tocó,
extrajo dos dedos brillantes,
le enseñó lo que había dentro de su cuerpo,
lo más parecido al color de la nieve.





lo que hicieron ayer por la tarde


Prendieron fuego a la casa de mi tía
-exclamó la forma en que las mujeres en la televisión
Me metiendo a la mitad
como un billete de cinco dólares.
Llamé al chico que solía amarme
Traté de "enderezar" mi voz
Saludé
Warsan dijo, lo que fue, lo que pasó?

He orado
y así es como suena mis oraciones;
querido Dios
Vengo de dos países
tiene su sede
las otras quemaduras
ambos necesitan agua

más tarde esa noche
Pongo un atlas en su regazo
Pasé los dedos sobre el mundo
y le pregunté
donde más le duele?

respondió
Por toda parte
Por toda parte
Por toda parte

(Traducción Ricardo Domeneck)


La cocina


La mitad de papaya y aceite de sésamo palma de la mano;
últimamente, la cabeza de su marido ha estado en otro lugar.

Fechas, leche de cabra;
desea ralentizar el hinchamiento salino.

Coco y manteca;
besa la parte posterior de su cuello en la estufa.

pimienta y romero cayena;
no le pide su nombre.

hojas de uva y aceitunas;
dejes que se levante por la cintura.

La canela y el tamarindo;
Me tumbo en la encimera de la cocina.

Las almendras bañadas en agua de rosas;
su marido tiene hambre.

Los mangos maduros y limón con azúcar;
que había olvidado su gusto.

pan dulce y comino;
pero ella no puede conseguir que coma, como usted.

(Traducción Fabiana Jardín)