miércoles, 8 de mayo de 2024

POEMAS DE ANDRÉS NEUMAN

 


Claudia en la Biblioteca

 

                                            Para Rafael Espejo

 

Rebuscas en los libros

con un extraño afán de jardinera.

Delicada y ansiosa, de perfil me pareces

distinta cuando curvas las rodillas

y se tensan tus muslos

debajo del vaquero. Muerte lenta

contemplar, sin tocado,

el pequeño tatuaje en tu cintura.

Será mejor sufrir que describir los pechos:

¿quién se atreve a cruzar los toboganes

que unen la palabra con su tema?

 

Así que huyo

y finjo distracción.

Si volvieras la vista a quien te escribe

desaparecerías, y es demasiado pronto.

Sigue leyendo, Claudia.

Haces bien en amarte.

 

 

Iluminación

 

El alma existe.

                                Y huele

a sales y calor,

lleva un silbido impuro,

arde como la menta

y se pliega y se ciñe

a tu vientre.

 

 

Las orillas

 

                                Para Leopoldo Brizuela

 

Me es hermoso el desgarro porque une las orillas,

nos concentra

en desdoblamos siempre para poder ser uno.

(Es un número, el uno, que traiciona

cuando finge ser punto de partida).

Necesario el desgarro,

porque renuncia a hundirse

pero ama los pozos

y nos tiende sus manos como dos hemisferios.

 

Con el pulso ambidiestro

navego celebrando los puntos cardinales

que mudarán mi origen,

y sucede el naufragio porque debe

y la vida es el barco

y yo soy el ahogado y el mismo que me salva.

 

 

Líneas aéreas

 

Igual que cada vez al tocar tierra

confirmamos la vida

así, cuando te toco,

recomienza el amor.

 

Y así, tocando un lápiz, me son nuevos

el amar, la existencia,

las líneas en el cielo de una página,

el suave aterrizaje sobre un nombre.

 

 

Casa fugaz

 

Somos iguales, tienes

la exacta fortaleza

que me hace en parte débil.

Sigue siendo difícil

en la casa terrena desnudarse.

¿Trascender? Eso intentan los solemnes,

como si dominasen el misterio

de habitar hasta el fondo este lugar

sin cederle terreno a las alturas.

 

Si te toco, artesana,

¿querrás estar aquí enteramente?

Durando en lo fugaz,

así transcurriría nuestra entrega.

Desconociendo cómo,

así nos buscaríamos.

Iguales en la duda. Enamorados

de la fragilidad de estas paredes.

 

 

Elogio del minuto

 

Aquí

por fin

descanso,

mi atención

no debe disiparse.

Un poco de distancia

tal    vez    la    estiraría,

pero si apreso el pasmo

y fuerzo demasiado las poleas

la emoción dejará de trasladar

estas pequeñas cajas con visiones.

 

Miro el pájaro próximo a la casa:

tembloroso en la fuente recomienda

beber con él sin vuelo.

 

 

Principio de la carne

 

Necesito la carne para amarte,

la carne enamorada, pero no

más allá de la tumba sino contra la tumba.

Tendido entre nosotros el temor

ha vencido su insomnio y se remansa.

¿Qué pensará la muerte ante la fiesta?

¿Pierde la compostura, suspende sus trabajos?

 

¡Antídoto, entusiasmo, derríbale las leyes,

ofrécele estos pechos de artesana

que señalan el norte y piden viaje!

Es lógico perderse, los guías se equivocan.

A veces el destino es blando y tibio y mueve

dos remos terrenales

que remontan la risa hasta el principio,

hasta el punto final de los comienzos.

 

 

Reloj de mar

 

Rotas horas, las olas.

Se anticipan,

se empujan,

se disgregan.

Recomienzan el cielo permanente.

En su justo engranaje nos emulan:

detrás alguien

siempre mira morir a alguien que mira.

 

 

Vaivén de gracias

 

¡Estar aún aquí

tan pegado a este suelo y respirando!

¿Cómo corresponder

la generosidad de los instantes?

Es posible que nunca alcance el don

de habitados sin más, ligeramente,

pero apenas el borde

¡qué dichoso me insiste, cómo, inmenso!

No he sabido llorar cuanto debía

y así voy viendo este vaivén de horas

sin saber dar las gracias, siempre en vilo.

 

 

Ahora que no estoy...

 

Ahora que no estoy

me gusta más el viento cuando late

y la savia transcurre por los surcos,

me llega su apetito,

sus ondas abultadas

por cada objeto hermoso que atraviesan,

esos tímidos cuerpos musicales.

Pero no es más que un eco,

el eco en los jardines posteriores.

Hará falta alegrar esta canción,

por eso quiero fiesta en vuestro lado.

 

 

Aquellos dedos tuyos...

 

Aquellos dedos tuyos,

dormidos como en lana,

urdían la caricia y sus efectos.

¡Tocar era tan fácil

y tanto me abrigaba

desnudar esos dedos

para tejer muñecos temporales!

Ahora tejo tu sombra,

que no es poco tejer cuando se ha amado.

 

 

En la línea lejana del deseo...

 

En la línea lejana del deseo,

superficie de luces y corrientes,

se mantiene un velero a la deriva.

De ti depende el viaje o la zozobra,

su pesca o su destino,

la distancia que logre.

 

Izada, interrogándote, habrá siempre

una vela aguardando a que la mires.

 

 

Se parece a bucear, no tengas miedo...

 

Se parece a bucear, no tengas miedo.

Al fondo de las olas transparentes

hallarás más descanso que dolores.

Vibrarás en la nota de las aguas

y, como el diapasón de tu minuto,

podrás enumerar cada concepto.

Verás lo que no has hecho y sí deseaste

yeso perturbará la travesía.

Verás cuanto ofreciste o te ofrecieron

y todo volverá a dormir despacio

como el mar que te invade y se retira,

como el mar que se mueve y nunca pasa.

 

 

Te pesan las costillas y la nuca...

 

Te pesan las costillas y la nuca

y te pesan las horas, el aire trepa y cae por tu pecho,

se enreda en espirales, tu mano imprime surcos en la piel arenosa.

¡No te estás extinguiendo! Estás tan vivo

que has comprendido el hueco de la pérdida.

                                                                        Igual que un casco

volcado por el gesto repentino de un soldado al que asombra

la música de sangre de su propia metralla,

así pierdes el odio y queda a tus espaldas entre el fango.

Tus costillas, antílope, esconden un reloj:

te preguntas quién pudo darle cuerda.

 

 

Y que rápido vamos...

 

Y que rápido vamos,

ligera recompensa,

qué prisa iluminada.

El penúltimo paso es el más dulce.

Ojalá todos fueran el penúltimo.

 

 

Haikus

 

De dos en dos

me rodean los faros.

Perplejidad.

 

*

 

Redonda, quieta

en el raíl del metro

una paloma.

 

*

 

En el cristal

del coche, gotas frágiles.

Nunca entrarán.

 

*

 

Abrazo inútil

busca la joven hiedra

en el cemento.

 

*

 

Hoja caída

sobre el cristal del coche.

Envejecer.

 

*

 

Abandonado

zapato de tacón.

Mañana fría.

 

*

 

Un móvil suena

y nadie en la avenida.

Un móvil suena.

 

*

 

Breve llovizna.

El pavimento nuevo

abre pulmones.

 

*

 

Luna rodando

entre las azoteas.

¡Una ranura!

 

*

 

Una rodilla

se agita, descubierta.

Invitación.

 

*

 

Persecución.

En el retrovisor

la luna llena.

 

*

 

Aquí y allá

luz de mañana azul.

Son varios mares.

Tomado de:

http://amediavoz.com/neuman.htm

 

 

De DÉCADA

 

Desnudos en la cama comemos uvas.

Tú me das una y yo cuento lunares

En el guante repleto de tus caderas.

A ratos nos hablamos: sólo murmullos,

Frases a medio labio lentas, mojadas.

Todo tiene el sabor amargo y fresco

Del instante que sabe de su modestia.

(Los próximos minutos cuelgan, pacientes,

como un collar lo haría de alguna lámpara).

Me ofreces otra uva. Yo te respondo

Con un mordisco rápido. Tú cuentas mis lunas

Y así va la noche madurando su argumento.

 

De PATIO DE LOCOS

 

2

 

el sol viene a colmar las cuencas de los locos

los pajaritos trinan

los árboles babean

también hay mariposas mareos convulsiones

el patio huele a polen el baño está ocupado

las náuseas se incrementan la avispa se relame

el género bucólico es una medicina

amable alivio lírico la aguja busca el brazo

 

14

 

¡escarabajo! insiste

el loco que se arrastra por el patio

pero nadie parece comprender

esa premonición

(¿el narrador sabrá?)

todos miran al cielo con el labio colgando

otro loco se traga el sol y eructa

el doctor nube pasa

se interesa

¿y por qué escarabajo?

al profeta le entra un ataque de furia

hay cosas que se aplastan si se explican

Tomado de:

https://airenuestro.com/2015/08/31/poemas-escogidos-andres-neuman/

 

 

(EL CORAZÓN)

 

Existe en matemáticas

una curva distinta a la que algunos,

los que nunca han dudado,

llaman curva de Koch.

 

Los perplejos en cambio han preferido

denominarla así: Copo de Nieve.

 

Se comporta esta curva fascinante

multiplicando siempre su tamaño

por cuatro tercios y hacia el interior,

llegando, de tan densa, al infinito

sin rebasar su área diminuta.

 

Artesana,

también así te creces muy adentro:

habitándome lenta,

quedándote con todo, sin forzarlo,

este pequeño corazón hermético.

 

 

Hay ojos que verán nuestra memoria.

 

El doctor Barraquer, viejo oftalmólogo,

conoció la crueldad junto al milagro

y comprendió lo frágil del don de la mirada:

al fallecer su padre, que lo inició en la ciencia,

pudo guardar sus ojos

y devolver la vista a varios hombres.

 

¿Retendrán los fulgores de ese amor

más allá de la estrella de la córnea

y del pozo sagaz de la pupila?

Explorando los fondos deslumbrados,

las cavernas perplejas donde habitan

las veloces imágenes, las formas,

los colores que aún no tienen nombre

y los amaneceres de una vida,

el doctor Barraquer ha encontrado un pasillo

que va desde la tierra a las alturas,

de las tinieblas rotas a la bendita luz.

 

Y al final de la tarde, cuando el sol

se ciega entre las ascuas de este mundo,

el doctor Barraquer recuerda absorto

las palabras del último paciente

tras quitarle las vendas de la cara.

 

Y el ojo de su padre, que es la luna,

vuelve a abrirse y blanquea cada sombra.

 

 

(LA ENERGÍA)

 

“Con el razonamiento puro nos formamos

una imagen sublime de este mundo”;

eso escribió Max Planck, genio inocente.

 

¿Pero acaso hay razones sin afecto,

pureza sin caprichos,

imagen sin temblores?

 

Lo curioso es que el físico en su ensayo

la primera palabra que pronuncia

no es evidencia, ley ni hecho:

la primera palabra es entusiasmo.

(Cuando nombro tu cuerpo

no es la urdimbre de músculos radiantes,

de sangre revoltosa y de nervios veloces

lo que digo, artesana; aunque también

la física intervenga en la manera

que tenemos de hablarnos al oído:

la energía del nombre se transmite,

el tacto cobra fuerza y aumenta lo probable.)

 

Y a ti, Max Planck, que amabas la entropía,

¿qué misterioso impulso de poleas

te empujó a cruzar cartas con un tal señor Sommerfeld

y a intercambiar poemitas como aquel de la flor

que corona tu libro sobre ciencia?

 

 

(EL TÚNEL)

 

Lo dicen los maestros de energía:

hay traviesas partículas capaces

de atravesar una barrera sólida,

¡la fuerza se disgrega como el agua!

 

Los científicos clásicos lo niegan.

Los presentes predican lo increíble

y lo bautizan el Efecto Túnel.

 

El impulso del alma

no quiere respetar al señor Newton,

se postula invadiendo las fronteras.

 

Artesana, en el tránsito

urgente de tocarte

apoyaré este peso luminoso

y moveré mi asombro al otro lado

de la barrera tensa de tu piel,

en el punto pensante

que alumbra tras la boca de los túneles.

 

 

(LA BOTÁNICA)

 

Paracelso llevaba una flor en cada mano:

una, amarga y concreta, le enseñó

la mezcla de lo exacto que embellece

la ciencia en los manuales.

 

Improbable, la otra

le tentaba la sien más distraída

dibujándole pozos sin final

allí donde las brújulas se pierden.

 

Su sabor, imagino, era más dulce.

Botánica secreta,

igual que a Paracelso

permíteme espiarte las raíces,

que tu tallo al hervir se transparente

aunque sea un instante y luego sigas

creciendo por la tierra alborotada,

impregnando la atmósfera agridulce,

enloqueciendo cada microscopio.

Tomado de:

https://amezcua99.wordpress.com/2014/12/05/5-poemas-cientificos-andres-neuman/

 

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