lunes, 29 de febrero de 2016

Poemas de Hilda Doolittle

                                 
(Estados Unidos, 1886 - Suiza, 1961)


Amapolas de mar

Cáscara de ámbar,
surcada de oro,
fruta en la arena
marcada con un grano abundante,

tesoro
derramado cerca de los arbustos de pinos
para blanquearse en los peñascos:

tu tallo ha echado raíz
entre guijarros mojados
y el montón arrojado por el mar
y conchas ralladas
y caparazones de concha escindidos.

Hermosa, extendida ampliamente,
fuego sobre hoja,
¿qué pradera ocasiona
tan fragante hoja
como tu radiante hoja?

Rosa de mar

Rosa, áspera rosa,
estropeada y de pocos pétalos,
flor magra, delgada,
escasa de hojas,

más preciosa
que una rosa mojada
única en un tallo
—sujeta a la deriva.

Atrofiada, con hoja pequeña,
eres arrojada a la arena,
eres alzada
en la crujiente arena
que se mueve en el viento.

¿Puede la rosa que es especia
gotear tan acre fragancia
endurecida en una hoja?


CALOR


Oh viento, desgarrá el calor,
abrí el calor
hacelo jirones.

Los frutos no caen
en este aire espeso-
los frutos no caen en el calor
que golpea y aplasta
las puntas de las peras
y hace redondas las uvas.

Cortá el calor-
abrite paso a través de él,
y dejalo correr a cada lado
de tu camino.





 LEDA


Donde el río lento
se encuentra con la marea,
un cisne rojo alza sus alas rojas
y el pico más oscuro,
y debajo del morado, debajo
de su pecho suave
desenrosca su pata de coral.

A través del morado intenso
del calor que agoniza
del sol y de la niebla,
el rayo erecto de la luz solar
acaricia
al lirio de pecho oscuro
y esparce un oro más rico
en su cresta dorada.

Donde el ascenso lento
de la marea
flota hacia el río
y boga lentamente a la deriva
entre las cañas
alzando banderas amarillas,
flota
donde se encuentran río y marea.

Ah beso soberano--
nunca más el arrepentimiento
ni recuerdos antiguos
para arruinar el éxtasis;
donde los juncos bajos se espesan,
el lirio de un día, dorado
se despliega y descansa
bajo el aleteo suave
de las alas del cisne rojo
y el temblor tibio
de su pecho.



 

LETEO



Ni piel ni cuero ni vellón
te cubrirán,
Ni cortina de seda ni refugio
de cedro hallarás sobre vos,
Ni pino
Ni abeto.


Ni visión de aliaga o de espino
Ni de tejo de río,
Ni la fragancia del arbusto en flor,
ni la queja del tordo al despertar,
ni la del zorzal
ni la del pardillo.


Ni la palabra ni el contacto ni la vista
del amante en la noche
anhelarás sino ésto:
el rodar de la marea entera para cubrirte
sin preguntas
sin besos.


  

JARDÍN PROTEGIDO



Ya tuve suficiente.
Respiro con dificultad.

Todo camino termina, toda calle,
todo sendero conduce al final
a la cima de la colina –
así que aminorá el paso,
o encontrate con la misma pendiente del otro lado,
y lanzate.

Ya tuve suficiente –
claveles, clavelinas, siemprevivas,
hierbas, berros.

Oh por el latigazo de una rama--
en este lugar
no hay olor a resina
ni sabor a corteza, a pasto común,
aromático, astringente –
sólo hay canteros y canteros de claveles perfumados.

¿Acaso han visto bajo techo frutos
que busquen la luz?--
¿las peras envueltas en trapos
protegidas de la escarcha,
los melones, casi maduros,
asfixiados en paja?

¿Y por qué no dejar que las peras se aferren
a la rama vacía?
Tanta persuasión sólo dará
una fruta más amarga –
Déjenlas aferrarse, madurar por sí mismas,
demostrar su valor,
mordidas y marchitas por la escarcha
para caer, al final, hermosas
con su abrigo rojizo.

O al melón –
Déjenlo desteñir su amarillo
bajo la luz invernal,
aunque sepa ácido –
es mejor el sabor de la escarcha –
la escarcha exquisita –
que el de la paja de embalar.

Por esta belleza,
belleza sin fuerza,
la vida se ahoga.
Yo quiero que el viento rompa
y disperse estos tallos rosados,
que arranque su cabezas fragantes y
las arroje sobre las hojas secas –
que esparza las ramitas en los caminos,
los gajos rotos.
que arrastre las ramas grandes de los pinos
y las lance desde un bosque lejano
justo encima del huerto de melones,
que rompa las peras y los membrillos--
que deje los árboles por la mitad, destrozados, retorcidos
mostrando que la lucha fue valiente.

Oh que borre este jardín
para olvidar, para encontrar una belleza nueva
en un lugar atroz
atormentado por el viento.


  

LOS MISTERIOS PERMANECEN



Los misterios permanecen,
yo sigo el mismo
ciclo del tiempo de la siembra
y del sol y la lluvia;
como Démeter en la hierba,
multiplico,
renuevo y bendigo
como Baco en la viña,
sustento la ley,
abrazo los misterios verdaderos,
el primero de ellos
nombrar muertos a los vivos;
soy el pan y el vino.
abrazo la ley,
Sustento los misterios verdaderos,
yo soy la viña,
y las ramas, vos
y vos.

La vara en flor


De Trilogía, 1944-1946


Voy donde amo y soy amada
hacia la nieve;

Voy hacia aquello que amo
sin ningún pensamiento de deber o piedad;

Voy hacia donde pertenezco, inexorable,
como la lluvia que no ha cesado de caer

hacia los surcos; he dado
o podría haber dado

vida al grano;
pero si éste no crece o madura

con la lluvia de la hermosura,
la lluvia retornará a la nube,

quien cosecha afila su acero sobre piedra;
pero éste no es nuestro campo,

no lo hemos sembrado;
impiadosos, impiadosos, dejemos

el sitio de la calavera
para aquellos que lo compusieron.
...

Satisfechos, insatisfechos,
saciados o entumecidos de hambre,

he aquí la urgencia eterna,
la desesperación, el deseo de equilibrar

la variante eterna;
tú percibes este llamado insistente,

esta demanda de un cierto instante,
la vocación de gozar, de vivir,

no el mero afán de perdurar,
la vocación de vuelo, de consecución,

la vocación de reposo tras un largo vuelo;
pero ¿quién conoce la desesperada urgencia

de esos otros –verdaderos tal vez ahora
míticos pájaros—que buscan, infructuosos, reposo

hasta que se desploman desde el punto más alto de
la espiral
o caen del centro mismo de un círculo cada vez más estrecho?

pues ellos recuerdan, recuerdan, al mecerse y revolotear
lo que existió una vez –recuerdan, recuerdan—

ellos no se desviarán –han conocido la bienaventuranza
el fruto que satisface –han retornado—

¿y si las islas se perdiesen? ¿si las aguas
cubrieran las Hespérides? Mejor es que recuerden—

recuerden las manzanas doradas del árbol;
Oh, no los compadezcas, mientras los ves caer uno por uno,

pues caen exhaustos, adormecidos, ciegos,
pero en un cierto éxtasis,

pues de ellos es el hambre
del Paraíso.


Las Islas (1921)


I

¿Qué son las islas para mí,
qué es Grecia,
qué son Rodas, Samos, Chios,
Paros que mira a Occidente,
Creta?

¿Qué es Samotracia,
que asoma como un barco,
Imbros que desgarra con el pecho las olas
enfurecidas?

¿Qué son Naxos, Paros, Milos,
el círculo en torno a Licia,
las Cíclades
collar blanco?

¿Qué es Grecia-
Esparta, que asoma como roca,
Tebas, Atenas,
qué es Corinto?

¿Qué es Euboia
con sus lilas autóctonas
qué es Euboia, cubierta de pasto,
incrustada de súbitos bancos de arena,
qué es Creta?

¿Qué son las islas para mí,
qué es Grecia?


II
¿Qué puede darme el amor de la tierra
que tú no me hayas dado-
qué saben los altos espartanos,
y los pueblos más gentiles del Atica?

¿Qué poseen Esparta y sus mujeres
que importe más que esto?

¿Qué son las islas para mí
si te extravías-
qué es Naxos, Tinos, Andros,
y Delos, broche
del collar blanco?

III
¿Qué puede darme el amor de la tierra
que tú no me hayas dado,
qué puede quebrar en mí el amor de la contienda
que tú mismo no hayas destruido?

Bien puede Esparta penetrar en Atenas,
Tebas provocar la ruina de Esparta,
cada una cambia como el agua,
la sal, se eleva para sembrar el terror
y retrocede.

Hilda Doolittle
(Ediciones Angria 1992, traducción María Negroni y Sophie Black)

Jardín


I

Tú eres clara, rosa,
tallada en roca, dura
como tormenta de granizo.

Podría escarbar el color
de los pétalos como
tinte desaguado de una roca.

Si pudiera quebrantarte
yo podría quebrantar un árbol.

Si pudiera sacudir
si pudiera quebrantar un árbol,
yo podría quebrantarte.


II

Oh viento, desgarra el calor,
raja el calor,
desgárralo en jirones.

La fruta no puede caer
con este aire tan denso.
No puede caerse al calor
que estruja y desnariga
las puntas de las peras
y redondea las uvas.

Corta el calor,
labra sobre él
deshaciéndolo a ambos lados
de tu camino.

Oréade


Mar, agítate.
Agita tus pinares puntiagudos,
lanza tus enormes pinos sobre
nuestras rocas;
echa tu verdor sobre nosotros,
cúbrenos con un fangal de abeto.

Peral


Polvo de plata
levantado de la tierra,
más arriba de lo que mis brazos alcanzan,
te despliegas.
Plata,
más arriba de lo que mis brazos alcanzan,
nos enfrentas con tu masa ingente;

ninguna flor alguna vez abierta
ni tan firme hoja blanca,
ninguna flor alguna vez de plata desprendida
de tan extraña plata;

blanco peral,
los mechones de tus flores,
espesos en la rama,
atraen el verano y los frutos maduros
en sus corazones púrpuras.

*Traducción de Mariana Orantes


 HELENA


Toda Grecia odia

     los ojos quietos en el rostro blanco,

     el lustre que remeda a los olivos

     donde está de pie

     y sus manos blancas.

     Toda Grecia denigra

     el rostro macilento cuando ríe,

     odiándolo aún más profundamente

     cuando se pone pálido y blanco,

     recordando encantamientos del pasado,

     males del pasado.

     Grecia ve sin conmoverse,

     la hija de Dios, nacida del amor,

     la hermosura de sus pies frescos

     y las más suaves rodillas,

     podría incluso amarla

     si tan sólo estuviera tendida,

     ceniza blanca entre cipreses fúnebres.



Traducción: María Negroni y Sophie Black


Los que duermen en el viento

Blanco 
sobre la corteza 
que la marea arrastra en 
arena burn-in volcó 
y conchas rotas.

No pudimos dormir más 
viento - 
estela, que huyen de 
la puerta de la ciudad.

Tear - 
arrebatar un altar para nosotros, 
tirar de las rocas, 
apilarlos con piedras en bruto - 
no dormir 
más en el viento, 
nos propiciar.

Ululuar elevar la sintonía 
que nunca deja de 
trazar un círculo y rendir homenaje 
a una canción.

Cuando el rugido de la vacante que cae 
para interrumpir, 
surgiendo mide el verbo 
de águilas de mar y las gaviotas 
y aves marinas llanto 
discordias.


Las traviesas de viento

Más blanca 
que la corteza 
por la marea a la izquierda, 
se produce una picadura por la arena arrojada 
y las conchas rotas.

Ya no dormir 
en la prueba de viento 
nos despertamos y huyeron 
a través de la puerta de la ciudad.

Tear 

Tear Us un altar, 
tirón en la pared del acantilado cantos rodados, 
apilarlos con el piedras- áspera 
ya no 
duermen en el viento, 
nos propiciar.

Cantar en un gemido 
que nunca se detiene, 
el ritmo del círculo y rendir homenaje 
con una canción.

Cuando el rugido de la ola caído 
rompe en él, 
verter palabras MetEd 
de halcones marinos y gaviotas 
y aves marinas grito Que 
discordias.


caída de la tarde

La luz pasa a 
cresta en cresta 
en la floración - 
hígado, abierta 
bajo la luz 
será la decoloración - 
los pétalos introvertem, 
puntas azules se inclinan 
a la más azul de su núcleo 
y las flores se pierden.

Incluso los cornejos blancos en el botón, 
sino las sombras proyectadas 
de las raíces de los cornejos - 
arrastra la raíz de la negritud en la raíz, 
cada hoja 
cortan otra hoja en la hierba, 
sombra sigue a la sombra, 
y mucho como hoja 
hojas están sombra perdida.


noche

La luz pasa 
de canto a canto, 
de flor en flor- 
la hypaticas, ampliamente extendida 
bajo la luz 
crecer desmayo 
los pétalos alcanzan hacia el interior, 
las puntas azules se doblan 
hacia el corazón más azul 
y las flores se pierden.

Los cornejo-brotes siguen siendo blanco, 
pero las sombras dardo 
de las raíces- cornejo- 
pelos de punta negros desde la raíz hasta la raíz, 
cada hoja 
corta a otra hoja en la hierba, 
sombra sombra busca, 
entonces tanto la hoja 
y hoja de sombras se pierden.