TIENE LA MEDIDA DE MI SUEÑO
los ojos de mi infancia
ama lo que yo amo
lo que no retorna
lo que no llega todavía
se levanta en mis párpados
y de ahí hace volar sus sueños
Se desplaza y permanece
siempre es ella en todas partes
saludando al universo
Llena todos los días del mundo
y aún no nace porque no tiene fin
La encuentro en el silencio en la absolución
pero ella está dispersa respirando en todo
Si algún día llego a penetrar su alma
le daré vendimias de su cuerpo
el hombre el pasto la niebla
YO EL ANTIGUO EL NUEVO
por el derecho que me da mi cráneo
hablo
en nombre de los que no tienen la segunda boca
para romper sus cápsulas de angustia
y digo
Nadie ha sido penetrado
el hombre
en su siniestra vocación de polvo
es intocable
Tercer poema de ausencia
Tú
has escondido la luz en alguna parte.
Vicente
Huidobro
Tú has escondido la luz en alguna parte
y me niegas el retorno,
sé que esta oscuridad no es cierta
porque antes de mis manos volaban las luciérnagas,
y yo te buscaba
y tú eras tú
y éramos unos ojos
en un mismo lecho
y nadie de nosotros pensaba en el eclipse,
pero nos hicimos fríos y conocidos
y la noche se hizo inaccesible
para bajarla juntos.
Tú has escondido la luz en alguna parte,
la has plantado en otros ojos,
porque desde que ya no existes
nada de lo que está junto a mí amanece.
ES TU NOMBRE Y ES TAMBIÉN OCTUBRE
es el diván y tus ungüentos
es ella tú la joven de las turbaciones
y son las palomas en vuelos secretos
y el último escalón de la torre
y es la amada acechando el amor en antemuros
y es lo dable en cada movimiento y los objetos
y son los pabellones
y el no estar del todo en una acción
y es el Cantar de los Cantares
y es el amor que te ama
y es un resumen de vigilia
de vigilancia sola al borde de la noche
al borde del soñador y los insomnios
y también es abril y noviembre
y los disturbios interiores de agosto
y es tu desnudez
que absorbe la luz de los espejos
y es tu capacidad
de hacerte mirar en las cosas
y eres tú y soy yo
y es un caminarte en círculo
dar a tus hechos dimensión de arco
y a solas con tu impulso decirte la palabra
TE AMO AHÍ CONTRA EL MURO DESTRUIDO
contra la ciudad y contra el sol y contra el viento
contra lo otro que yo amo y se ha quedado
como un guerrero entrampado en los recuerdos
Te amo contra tus ojos que se apagan
y sufren adentro esta superficie vana
y sospechan venganzas
y muertes por desolación o por fastidio
Te amo más allá de puertas y esquinas
de trenes que se han ido sin llevarnos
de amigos que se hundieron ascendiendo
ventanas periódicos y estrellas
Te amo contra tu alegría y tu regreso
contra el dolor que astilla tus seres más amados
contra lo que puede ser y lo que fuiste
ceremonia nocturna por lugares fantásticos
Te amo contra la noche y el verano
contra la luz y tu semejanza silenciosa
contra el mar y septiembre y los labios que te expresan
contra el humo invencible de los muertos
EPITAFIO PARA UN POETA
I
Antes de que las nieblas descendieran a tu cuerpo
antes del grumo de vacilación en los ojos de tu máscara
antes de la muerte de tus hijos primeros y de los bajos
fondos
antes de haber equivocado la tristeza y la penuria
y el grito salvaje en el candor de un hombre
antes de haber murmurado la desolación sobre
los puentes
y lo espurio de la cópula tras la ventana sin vidrios
casi cuando tus lagos eran soles
y los niños eran palabras en el aire
y los días eran la sombra de lo fácil
cuando la eternidad no era la muerte exacta que
buscábamos
ni el polvo era más verosímil que el recuerdo
ni el dolor era nuestra crueldad de ser divinos
entonces cuando se pudo haber dicho todo impunemente
y la risa como una flor de pétalos cayendo
entonces cuando no debías más que la muerte de un poema
eras tuyo y no mío y no te había perdido
HEREDAMOS EL DOLOR Y LO TRANSMITIMOS
Sangre y palabras
nos dejaron los viejos
sangre y palabras
dejamos a nuestros hijos
junto al fuego
cantamos a nuestros huesos
afilamos nuestros puños
los hacemos puñales
ya casi muertos
nos asesinamos
ya casi nada
nos sacamos los ojos
sangre y palabras
nos dejaron los viejos
sangre y palabras
dejamos a nuestros hijos
TURISTA DE 1934
En una cama del Hotel Genève
ella me preguntó por las montañas
que rodean la ciudad de México
yo contemplé los senos solitarios de su vida
que como picos blandos
se alzan a la caída de la noche
ella me contó que en el Mercado del Volador
compró joyas de hace cien años
a precios razonables
yo miré sus ojos
sin valor alguno
de aquí a cien años
ella me preguntó por el Salón México
donde los hombres bailan con overol y sombrero
y por el restaurante El Retiro
donde los aficionados al toreo
los domingos en la tarde
después de la corrida
corren a comer las entrañas de los toros muertos
yo la abracé en la noche íntima del cuarto
y dancé en su oscuridad
y comí en su vida
ella me habló de paseos por los suburbios
y me platicó de hombres a caballo
que silbaban a su paso en Coyoacán y Churubusco
yo sentí celos de lo que sus ojos vieron
y de lo que no vieron
finalmente al alba dormimos
como un cuerpo solo
sin plazas y sin calles
sin caras y sin nombres
rodeados por las sombras del país inmenso
PUTAS EN EL TEMPLO
a André P. de Mandiargues
Llegaron una mañana de septiembre
cuando ya se habían ido los turistas
En los cuartos arruinados abrieron sus maletas
se cambiaron los vestidos
y por un momento desnudas frente al templo
fueron aire carnalizado
Las golondrinas huyeron de sus cuerpos
al entrar ellas en el recinto oscuro
y sus voces gárrulas sonaron en los muros
como el ave más trémula en la tarde
Al ponerse el sol los hombres de los pueblos
vinieron a buscarlas
e hicieron el amor con ellas en camas plegadizas
que parecía iban a caer sobre las piedras
y después en la noche
A lo lejos se oyeron los perros los árboles
los hombres la pirámide y el llano
cantar el mismo murmullo de la vida
Y por semanas bebieron y amaron en la ciudad antigua
atravesando al moverse fantasmas y perros de la muer-te
hasta que una mañana la policía vino a arrestarlas
en un coche viejo
y se fueron de Uxmal bajo la lluvia
TEZCATLIPOCA, I
Esa sombra
esa discordia
ese ojo que traspasa piedras
esa rama seca en el árbol
esa llaga en el pecho de la niña
esa desilusión (disolución) en las cosas del hombre
esa rabia de perro del hombre
esa soledad en la cuchara en los muros
ese aire
esa aflicción
ese espejo
en el que han de desvanecerse las cosas
CRIMEN
La casa sin puerta. La ventana sin vidrios. El tejado
con las tejas rotas. La jaula con los alambres torcidos y sin pájaro. La vaca
en el lodo. El perro echado, lleno de moscas. El tapete roído. El barril de
pulque desfondado. El gallo sin cresta. La carretilla sin ruedas, recargada en
la pared. Un hombre flaco, barbón, con el pantalón parchado, los zapatos sin
calcetines, bebe de un jarro agujerado. Dos rancheros bajo un árbol, con los
sombreros sobre la frente, empuñan sus machetes.
Kilómetros y kilómetros de llano, de nadie, de cactos y
de polvo.
DE UN DÍA DE DICIEMBRE
Desde temprano
pesada de sueño la mujer
arrastró su cuerpo fatigado
por las horas iguales
y de gris en gris
llegó a la noche sin despertar
Todo su día fue oscurecer
ENTIERRO
En sucesión los coches funerarios
pasan junto al mercado de las flores
como si a la calle populosa la cruzara
un largo olor a muerto
Sólo por un momento
porque la tarde que huele a negro
a gasolina y grito
huele también a luz
TRISTEZA POSTCOITAL
Velozmente
en la noche
en cama estrecha
viendo pasar las luces
en el horizonte
pareja
hace rápidamente
el amor en el tren
(luego
sentado uno frente a otra
con las luces prendidas
tristeza postcoital)
ZONA ROJA
Como una ternera de carne amoratada
la hija del jardinero en la vitrina azul
HOW POOR A THING IS MAN
Nací en la Calle Pobreza
esquina con Injusticia
mis padres fueron Dignidad
y Mañana Tal Vez
siempre a la puerta del palacio
de la señora Rectitud
desde muy joven aprendí
a comer aire
y a apreciar lo Invisible
en la escuela de la Privación
Un día de lluvia
porque estaba allí
mojé mi puñal
en el pecho de un general
y pasé veinte años
en la casa de la Realidad
ahora soy libre
para correr las calles
de Nuestra Señora la Ciudad
acompañado de Desgracia y Vejez
EL REY NEZAHUALCÓYOTL PINTÓ EN SU CARA
siete líneas de vida
en cada raya iba el sonido
que hace la luz en el aire
y en el sonido el color
que hay en las cosas
pero un día la lluvia lavó en su cara
las siete líneas de vida
y el rey miró en el agua
los ojos de otro Netzahualcóyotl que lo miraba
(por sus miradas pasó la vida)
SUEÑO EN TENOCHTITLAN
1
Toda la noche
entre las casas blancas
atravesé el canal
los remos cortaban en el agua
el verde silencioso de los sauces
y revolvían las sombras de los templos
Del otro lado del canal
en una barca amarilla venías tú
con la cara pintada de rojo
y por un momento nuestras barcas
se cruzaron bajo el puente azul
y ya no pude seguir
tus ojos que me miraron
clavaron en mi corazón
flechas de luz
2
Tus ojos dejaron en el aire
pájaros azules
y tu cuerpo dejó a su paso
cuerpos luminosos
alrededor de ti todo se calmó
las gentes que pasaron por las calles
entraron una en otra
sin salir de sí mismas
yo atravesé tu cabeza transparente
yo levanté tus manos impalpables
yo bebí luz de tu pecho
yo
un gallo negro nos despertó
TEOTIHUACAN
Idos los hacedores de soles y de lunas
los constructores de templos y de tumbas
desvanecidos los dioses en los cerros
y perdidos los hombres en la noche
por la desierta calle sólo vaga un perro hambriento
con toda el hambre de la historia en sus entrañas
y todas las puertas cerradas a su paso
¿Quién siguiéndolo por la Calzada de los Muertos
atravesando los espectros que flotan en la tarde
entre serpientes mariposas y pájaros
al penetrar el espacio de la ciudad fantasma
no ha de llegar por siempre al destino del hombre?
Aquí donde se construyó una y otra vez
el templo sobre el templo y el hombre sobre sus cenizas
aquí en el poniente extremo
donde se precipitaron juntos sacerdotes y edades
y donde el quinto Sol se ha de hundir en la noche
terrestre
brilla todavía nuestro sol cotidiano
Muertos los dioses y deshechas sus obras
los siglos al final se hacen palabras
ruinas mordidas por la luz y el viento
y el hombre en su agonía no sabe
hacia dónde reclinar la cabeza
ni con qué voces dirigirse a la muerte
mientras por el valle desolado sólo pasa
el más inasible de los dioses el aire
FRAY GASPAR DE CARVAJAL RECUERDA EL AMAZONAS
Viejo y enfermo
no tengo miedo a la muerte:
ya morí muchas veces.
Por el río grande he navegado
y he visto sombras colgando de la luz
y ecos brotando del sonido sordo
que provoca el choque
de las aguas con el mar abierto.
De entre las ramas cálidas
de la máscara verde de la orilla
he visto surgir la flecha emponzoñada
y he visto caer del cielo
como aguja y tizón
el rayo y el calor.
Debajo de todo lecho
hay un esqueleto acostado
y en toda agua corre
una serpiente de olvido.
Más difícil es ser
un viejo que tiene frío
en las horas que preceden al alba
y sentir dolor de huesos
en la estación de lluvias
que seguir en un barco perdido
el cauce del río más caudaloso del mundo.
Como todo hombre,
día tras día he navegado
hacia ninguna parte
en busca de El Dorado,
pero como todo hombre
sólo he hallado
el fulgor extremo de la pasión extrema
de este río,
que por sus tres corrientes:
hambre, furor y cansancio,
desemboca en la muerte
VIENTOS DE PIEDRA
Cuando el viento huía por los llanos
el hombre vino y lo hizo piedra
cuando el sol caía por sus rayos
el hombre vino y lo hizo piedra
cuando la serpiente corría por el tiempo
el hombre vino y la hizo piedra
capturó a la muerte con los ojos
apresó a lo invisible con las manos
fijó la impermanencia en una forma
y en todas esas formas metió dioses
Pero el viento metido en una piedra
se hundió en el polvo y en la hierba
el sol del mediodía bajó a la noche
y la serpiente emprendió el vuelo
la muerte salió de su escultura
se fue a los caminos y a los pueblos
y desde entonces anda con cabeza humana
El hombre fantasma de sí mismo
fue demolido por sus propios dioses
De todo aquello hubo lo que quedó al principio:
unas piedras
MONTE ALBÁN
Aquí cayó la luz.
Aquí el olvido se hizo piedra,
ceniza y lodo,
hueso y cráneo.
Aquí el aire se hizo ave,
el vuelo árbol,
el hambre hombre,
el valle fuga
y el monte lluvia verde.
Aquí el hombre volvió al barro,
regreso al silencio,
se metió en la noche.
LAS MOMIAS
Solo entre las momias me pregunto
si el destino de toda carne no es el horror.
Su condición presente borra todo pasado
y sólo expresa una desolación
perpetuada en una mueca fija.
“¿Para esto hemos nacido?”, gritan en silencio,
“¿para que los viajeros del tiempo
vengan a ver el rostro de la Muerte?
¿Para que en el espejo de su porvenir
vean en qué ruina se convierten?
Lejos estamos de nosotras mismas
en una carroña que no duele.
Quiera Dios concedernos un día
el reposo anónimo del polvo.”
LLUVIA EN LA NOCHE
Llueve en la noche
sobre las calles húmedas y los tejados viejos
sobre los cerros negros
y los templos de las ciudades muertas
En la oscuridad oigo la música ancestral de la lluvia
su paso antiguo su voz disuelta
Ella hace caminos en el aire
más rápidos que los sueños del hombre
hace senderos en el polvo
más largos que los pasos del hombre
El hombre morirá mañana
morirá dos veces
una como individuo
y otra como especie
y entre los relámpagos y las semillas blancas
que atraviesan las sombras
hay tiempo para todo un examen de conciencia
tiempo para contarse la historia humana
Llueve
Lloverá en la noche
pero en las calles húmedas y en los cerros negros
no habrá nadie para oír la lluvia
UN DÍA UN HOMBRE OLVIDA
un mar un continente y un planeta
olvida las facciones de su padre
y las huellas de su propia mano
olvida el fulgor de sus ojos en otros ojos
y el sonido del agua en su cabeza
olvida el timbre de su voz y el ruido de su sueño
que despierta a otros pero no a sí mismo
olvida el traje y la casa que habitó
la calle y la ciudad que lo olvidaron
olvida el amor la revelación la muerte
el espejo que no devuelve ya su imagen
Un día un hombre se olvidará a sí mismo
olvidará que olvida
LAS PALABRAS NO DICEN lo
que dice un cuerpo
subiendo la colina al anochecer
las palabras no dicen lo que dice un colibrí en el aire
al mediodía
las palabras no dicen lo que dice un perro esperando a
su amo que nunca volverá
las palabras no dicen lo que dice el paso de la mujer y
el movimiento en el árbol de la mañana
las palabras no dicen lo que siente un fresno al ser
fulminado por un rayo
las palabras no dicen la sensación de nacer de amar y
de morir
las palabras son las sombras atadas a los pies de un
hombre que avanza demasiado rápido entre la
multitud
son párpados de sueño con que el hombre cubre el
amor que no alcanza a comprender
EL CUERPO DE LA MUJER ES INMENSO
el cuerpo de la mujer nunca se acaba
es profundo como un túnel
que mira hacia dentro de la tierra
Bloqueada en sus orillas
abrazada en sus ángulos
cubierta en sus bocas
por todos los cuerpos de este mundo
los labios no pueden sellarla
las manos no pueden asirla
el deseo no la penetra
el amor no la alcanza
Tomado de:
Anverso
No veo tu sonrisa entre mis labios
apurar la prolongada espera
en tu abandono de luciérnaga a la noche;
sólo tengo asida entre mis brazos
la inexpresable lucha
de penetrar en el bosque sin fondo de tu sueño
que empieza en la penumbra.
Sólo el afán de arañar las escamas de la tierra
y volcar la savia del origen
en tu canasto de riveras blandas,
para encontrarte a ti,
en el hueco de tus verdes plantaciones
como un todo revuelto entre mis manos.
Sólo mis párpados abiertos
confundidos en el incendio de absorberte
en tu acuario de humo,
bajo la soledad de unos cerebros desyelmados.
No veo tu presencia desdoblada
ahondarme y contenerme,
sólo mi furia de hombre
en las grietas de ti misma
persiguiéndote sin alcanzarte.
Sólo la noche posada en tus cabellos,
la noche raspándonos los ojos,
la noche uniéndonos y separándonos
como división eterna entre los cuerpos.
Asombro del tiempo
(Estela para la
muerte de mi madre Josefina Fuentes de Aridjis)
Ella la dijo: Todo sucede en sábado:
el nacimiento, la muerte,
la boda en el aire de los hijos.
Tu piel, mi piel llegó en sábado.
Somos los dos la aurora, la sombra de ese día.
Ella la dijo: Si tu padre muere,
yo también voy a morir.
Sólo es cosa de sábados.
Cualquier mañana los pájaros
que amé y cuidé van a venir por mí.
Ella estuvo conmigo. En mi comienzo.
Yo estuve con ella cuando murió, cuando nació.
Se cerró el círculo. Y no sé
cuándo nació ella, cuándo morí yo.
El rayo umbilical nos dio la vuelta.
Sobre la ciudad de cemento se alza el día.
Abajo queda el asombro del tiempo.
Has cerrado los ojos, en mí los has abierto.
Tu cara, madre, es toda tu cara, hoy que dejas la vida.
La muerte, que conocía de nombre, la conozco en tu
cuerpo.
Dondequiera que voy me encuentro con tu rostro.
Al hablar, al moverme estoy contigo.
El camino de tu vida tiene muchos cuerpos míos.
Juntos, madre, estaremos lejanos.
Nos separó la luna del espejo.
Mis recuerdos se enredan con los tuyos.
Tumbados para siempre, ya nada los tumba.
Nada los hace ni deshace.
Palpando tu calor, ya calo tu frío.
Mi memoria es de piedra.
Hablo a solas y hace mucho silencio.
Te doy la espalda pero te estoy mirando.
Las palabras me llevan de ti a mí y de mí a ti
y no puedo pararlas. Esto es poesía, dicen,
pero es también la muerte.
Yo labro con palabras tu estela.
Escribo mi amor con tinta.
Tú me diste la voz, yo sólo la abro al viento.
Tú duermes y yo sueño. Sueño que estás allí,
detrás de las palabras.
Te veo darme dinero para libros,
pero también comida.
Porque en este mundo, dicen,
son hermosos los versos,
pero también los frutos.
Un hombre camina por la calle.
Una mujer viene. Una niña se va.
Sombras y ruidos que te cercan
sin que tú los oigas, como si sucedieran
en otro mundo, el nuestro.
Te curan de la muerte y no te salvan de ella.
Se ha metido en tu carne y no pueden sacarla,
sin matarte. Pero tú te levantas, muerta,
por encima de ti y me miras desde el pasado mío,
intacta.
Ventana grande que deja entrar a tu cuarto la ciudad de
cemento.
Ventana grande del día que permite que el sol se asome
a tu cama.
y tú, entre tanto calor, tú sola tienes frío.
Así como se hacen años se hace muerte.
Y cada día nos hacemos fantasmas de nosotros.
Hasta que una tarde, hoy, todo se nos deshace
y viendo los caminos que hemos hecho
somos nuestros desechos.
Sentado junto a ti, veo más lejos tu cuerpo.
Acariciándote el brazo, siento más tu distancia.
Todo el tiempo te miro y no te alcanzo.
Para llegar a ti hay que volar abismos.
Inmóvil te veo partir, aquí me quedo.
El corredor por el que ando atraviesa paredes,
pasa puertas, pasa pisos,
llega al fondo de la tierra,
donde me encuentro, vivo,
en el comienzo de mí mismo en ti.
Número en cada puerta y tu ser pierde los años.
Tu cuerpo en esa cama ya sin calendarios.
Quedarás fija en una edad, así pasen los siglos.
Domingo 7 de septiembre, a las tres de la tarde.
Un día más, unos minutos menos.
En tu muerte has rejuvenecido,
has vuelto a tu rostro más antiguo.
El tiempo ha andado hacia atrás
para encontrarte joven. No es cierto
que te vayas, nunca he hablado tanto contigo.
Uno tras otro van los muertos, bultos blancos,
en el día claro.
Por el camino vienen vestidos de verde.
Pasan delante de mí y me atraviesan. Yo les hablo.
Tú te vuelves.
Pasos apesadumbrados de hombres
que van a la ceremonia de la muerte,
pisando sin pisar las piedras
de las calles de Contepec,
con tu caja al cementerio.
Tú lo dijiste un día:
todo sucede en sábado:
la muerte, el nacimiento.
Sobre tu cuerpo, madre, el tiempo se recuerda.
Mi memoria es de piedra.
México D.F.,
2 de septiembre de 1986
Contepec, Mich., 7 de septiembre de 1986
Ayer y hoy
Tu paso, como una sombra,
era difícil de seguir,
y al perderte en una esquina
sólo quedaba en mí, como en la calle,
un vago sentimiento de vacío.
Tu cimbreo, tu cintura
me estremecían
y el jardín parecía tener más rosas
y el verano calor,
pues en mis labios de niño aún no había
la palabra que define al amor.
La edad nos separaba,
como a dos cuerpos,
no de tamaños distintos,
sino de espacios diferentes.
Y mis manos asiéndote,
mis brazos abarcándote,
no podían asirte,
no podían alcanzar tu cuerpo, tu mirada.
Cae la lluvia sobre junio...
Cae la lluvia sobre junio
El espíritu de la mujer que ama
corre en tu cuerpo
se desnuda en las calles
La vida en los rincones
sostiene el equilibrio del mundo
con un algo de Dios que asciende de las ruinas
Los hijos del hombre hacen su universo
sobre un barco de papel que se destroza
pero la alegría no está precisamente allí
sino en la proyección de otro universo
Nada debe detenerse
volverá septiembre y después abril
y los amigos que no acudieron esta primavera
estarán con nosotros en un invierno previsible
Amo este tiempo
donde los perros son sagrados
y los insectos titubean en los vidrios
Te amo a ti por efímera por susceptible al frío
La ciudad se ilumina para nuevas proezas
Cuando la sombra duerme su cuerpo se
ilumina...
Cuando la sombra duerme su cuerpo se ilumina
su rostro reflejado atraviesa cristales
y finalmente se instala en todo brillo
Sus dedos trenzan en el aire
los bellos frutos de los días de mayo
Muda en la respiración muda de las cosas
la voz de una mujer pasa buscándola
Desnuda en el esplendor irreparable
sus ojos se abren como un río
de luz y de sonido
Déjame...
Déjame
estoy lleno de ti,
no te perderé,
llevo conmigo tu esperanza invicta
y los diluvios de tu claustro;
he visto levantarse de tus pupilas
el sentimiento inaugural del hombre,
pero todavía no tengo la sangre
y la tierra y la palabra
no me pertenecen
Déjame entrar a tu íntimo alfabeto...
Déjame entrar a tu íntimo alfabeto
para saber lo tuyo por su nombre
y a través de tus letras
hablar de lo que permanece
y también de auroras y de nieblas
Déjame entrar para aprenderte
y girar en tu órbita de voces
hablándote de lo que me acontece
describiéndote a ti
Quiero dar testimonio a los hombres
de tus enes y tus zetas
desnudarte ante ellos como una niña
para que todos se expresen con acento puro.
Donde el ensoñado y el soñado...
Donde el ensoñado y el soñado
van por un solo camino
se levanta un cuerpo
Por ese adentro de mujeres que hablan
de pasadas contiendas en las que no estuvimos
otro cuerpo se abre
y todo aquello que los cuerpos forman
es en la sombra
un brillo solitario
Ella violenta y pública...
Ella violenta y pública
en el peregrinaje lento de las horas
que resbalan coloreándose hacia el alba
ella
exterminada y recobrada
por batallones en su misma mano
faz que se dobla en el arco
haciéndose durar
plenitud quebranto inclinación
centro donde el esplendor se esparce
o se concentra con el instante a la deriva
con los fetiches
con los proscritos de las calles
con las mujeres que llaman con susurros
con los que esperan que lo oscuro amanezca
para que su techo sea un techo dorado
ella con lunas negras
pareja y cada uno de los oponentes
sobre el hallazgo y el trance
al fondo de su secreto brilla
alberga alas que la ascienden
ojos que develan sus brumas
la noche es su aurora
sacude en el pasmado al desertor
teje un manto de espanto en torno
de aquellos que niegan la justicia
Erótica
Globos
El deseo perfora
en la clara dureza de su cuerpo,
delgadeces empujan en su vientre
un temblor que si se agita salta,
ritmos balancean bajo su pecho
viva abundancia que el deseo persigue
con una sombra flaca.
Deseo
Dos llamas que apagan su calor
cuando están más fundidas,
y tienen más desolación
cuando parecen más unidas.
Pareja
Dos cuerpos que agotan su fervor
en otro cuerpo,
que es suyo y no es suyo
al mismo tiempo.
Es tu nombre y es también octubre...
Es tu nombre y es también octubre
es el diván y tus ungüentos
es ella tú la joven de las turbaciones
y son las palomas en vuelos secretos
y el último escalón de la torre
y es la amada acechando el amor en ante muros
y es lo dable en cada movimiento y los objetos
y son los pabellones
y el no estar del todo en una acción
y es el Cantar de los Cantares
y es el amor que te ama
y es un resumen de vigilia
de vigilancia sola al borde de la noche
al borde del soñador y los insomnios
y también es abril y noviembre
y los disturbios interiores de agosto
y es tu desnudez
que absorbe la luz de los espejos
y es tu capacidad de trigo
de hacerte mirar en las cosas
y eres tú y soy yo
y es un caminarte en círculo
dar a tus hechos dimensión de arco
y a solas con tu impulso decirte la palabra.
He de perseguir tu cuerpo...
He de perseguir tu cuerpo
hasta donde dos cuerpos pelean
tu callejón oscuro
y peligrosamente el día
tiene contacto con una luz que no le corresponde
para sentirse propio y poseído
hasta donde la demolición de los conjuros
no perdona el rumor de las palabras
he de perseguir tu cuerpo
hasta el fin de tus calles
donde los saludos forman esquina con el viento
y la seguridad imposible de manos conocidas
hace vivir deseos constelaciones
en el solo equilibrio de la sombra
La forma de tu ausencia
Ni un momento
he dejado de ver en este cuerpo
la forma de tu ausencia,
como una esfera que ya no te contiene.
Pero dos cosas constantes te revelan,
te tienen de cuerpo entero en el instante,
y son la cama y la mesa de madera,
hechas a la medida del amor
y del hambre
La noche muere sobre una manzana rota...
La noche muere sobre una manzana rota
La creación recomienza
El alba crece insuperable
compacta en sus disturbios
El hombre pulsa la memoria
abre el instante nuevo
con manos transparentes
Por todas partes la fantasía
de ser entre las horas
la proeza el grito la resurrección
También de la tierra húmeda
de los hechos ya ocultos
llega el movimiento
el segundo perpetuo
la presencia
Una palabra corta en dos tus labios
La perfecta dormida
En el hálito ardiente de su propio sonido quema
y en su ámpula germina la crisálida
La libélula transcurre bajo el sol
Rompe la quieta corriente del instante
el río que ha pasado comparece
al golpe del nuevo movimiento
Se recuesta en el agua el esplendor
Otras criaturas tañen las olas bajo el mar
Aire de su aire mueve la gaviota
el soplo el verbo el yo soy de esa muchacha
como los árboles etéreo
Nuevas existencias toman superficie
toman cuerpo en Sus ojos Los astros son pupilas
Siempre un poeta canta entre los muertos
Llamaré
hasta que las puertas de tu ciudad
fortificada con estatutos inviolables
me acojan como habitante
de la vida que en ti se desenvuelve
igual que la lluvia de silencio
sobre tu cabeza
Gradualmente me impregnaré de ti
hasta que sea humo en tu voz
luz en tus ojos
y haga sobre mis hombros tu futuro
Cuando llegue el otoño
te descubriré al rostro de los hombres
para que en tus vasos alimenticios
vengan a nutrirse de esperanza
Tomado de:
