jueves, 19 de marzo de 2026

POEMAS DE BEN CLARK - VOCES JÓVENES ANGLO-ESPAÑOLAS -


A escribir de otra suerte

Yo, que he sobrevivido a los abrazos

férreos de turismos y que luzco en el hombro

tres cicatrices rectas —las palas de la hélice

de una lancha maldita—; yo, que suelo

encontrarme dinero y que una vez

visité por sorpresa a un conocido

y entré en su casa abierta

y lo encontré dormido y sosegado

pero vivo –el idiota–

junto a media botella de líquido de frenos;

yo, primero del clan en nacer bajo el sol

y el primero de toda la familia

que ha podido leer en castellano

el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías; yo,

que recibí el regalo de la vista

y que he podido usarlo para ver

la escultura de Apolo y Dafne de Bernini;

y finalmente yo, colmo de colmos,

que usurpo tu mirada en este instante,

apreciado lector, lectora, yo,

que de entre mil poetas más notables

he obtenido la ofrenda de tu tiempo,

puedo decirte ahora

que la suerte no existe para nadie

que no haya sido amado mientras ama.

 

 

Poema adentro

Cuando escribo me acerco a las respuestas,

soy resiliente y listo como un tordo

cuando escribo despacio

sobre el papel que, luego, en unas horas,

o puede que, en un año, leeré

con desesperación y con urgencia

porque no sabré nada de la vida,

porque seré el de siempre; el que no soy

en este instante cuando escribo «coma»

cuando escribo este verso, con confianza,

valiente y muy tranquilo,

porque aquí tengo todas las respuestas

y no existe otro golpe que los ritmos

en desfile y jamás se ha muerto nadie

dejando un verso a medias. O eso creo.

Dudo, y dudar presagia ya el final,

el retorno del hombre sin propósito,

el hombre torpe y solo

que en vano buscará en estas palabras

el sentido de todo lo que hay fuera.

 

 

Las marcas de cantero

De los templos antiguos tan solo me interesan

las marcas de cantero,

de las pandemias graves con nombre propio solo

las colillas pisadas frente a los hospitales.

Mis neblinosos años de estudiante

los pasé descifrando el braille infecto

de los chicles pegados debajo del pupitre.

Para cenar elijo restaurantes

donde el menú contenga faltas de ortografía.

Del amor me fascinan

los llaveros que nadie se decide a tirar

y de los coches viejos, claro, el número

triunfante del odómetro.

De las cafeterías

las puertas abolladas de los frigos,

de los rodajes multimillonarios

las pinzas de la ropa que sujetan

los cables de los técnicos de luz.

De mis propios poemas me interesa la sombra

que a veces aparece debajo de los versos

si llevo muchas horas.

Me gusta la informática;

las carpetas ocultas en un lápiz

de memoria perdido debajo del sofá.

De los amigos fieles, las manías,

de la familia muerta, las certezas,

de las playas los cubos de basura

rebosantes con latas

puestas en equilibrio por encima.

Me interesan muy poco el porvenir

y el miedo. No me gustan

los cubiertos de plástico

ni las guerras de drones.

Si tengo que escoger,

querré siempre en mi equipo al traductor

ineficaz de todos los carteles

de los ferris del mundo. Me interesan

de nuestras vidas breves solamente

los signos lapidarios,

los recuerdos difusos de las noches

que no sabemos bien si sucedieron.

 

 

¿Desea guardar?

Everything not saved will be lost

Escribo sobre trece versos de la Odisea

desenterrados hoy tras diecisiete siglos

de no decir ni mu.

Sabe esta arcilla a tiempo y a milagro.

 

Escribo en un archivo que almacena la nube

porque me aterroriza que se borre,

que nadie sepa nunca que hoy escribo

los versos del futuro en mi portátil.

 

Por eso estás leyendo esto en papel:

el maestro impresor ha ordenado los tipos

y una improbable imprenta

 

convirtió la pantalla en un objeto

hermoso e independiente.

Y ahora puedo dormir un poco más tranquilo.

 

[Se lo advirtió Nintendo al niño que me habita:

todo lo que no guardes acabará perdido.]

Tomado de:

https://www.casapais.org/la-fiesta-junto-al-rio/cinco-poemas-ben-clark

 

 

Revolución

Contra todo florecen los almendros.

Protesta radical e inquebrantable.

Este siglo veloz sin concesiones

ya no tiene un talón

visible; más que un ojo tiene mil

y no hay David que pueda ya vencerlo.

Escasean los héroes

en esta era de plasma

y, con todo, florecen los almendros.

Creer en el amor tampoco sirve

–contra el amor las flores han marchado–,

de amor están repletas las cunetas;

entre los vivos sólo

persiste el verde amor por el dinero.

Mienten las dependientas el catorce

y por eso florecen los almendros.

Por el sapo dorado, el tigre persa,

por el león del cabo y el dodo,

el pingüino gigante,

el águila de Haast y el tilacín,

la paloma viajera, el pájaro carpintero

Imperial, por el ciervo de Schomburgk

llevan su luto blanco los almendros.

Porque hoy en día existen los esclavos

–las flores lo repiten: ¡hay esclavos!–

y lugares oscuros

y cárceles sin nombre

donde la vida es sólo un agujero.

Con la voz de los mudos se resisten

a callar los almendros.

Hay un dolor oculto en primavera,

nada sabe del hombre, de su historia

de guerras y desastres,

también este dolor es algo hermoso,

hermoso, ambiguo y brevemente eterno;

es la pena inefable

que hace estallar de amor a los almendros.

En este florecer tan subversivo

se han ido las pasiones de otros años,

se ha ido la esperanza

con la escarcha de enero y con el agua

que tímido se adentra en un febrero

que es testigo del cambio y del combate:

contra todo florecen los almendros. La Hoja de Arena

¿Y tú qué opinas?

Tomado de:

https://www.lahojadearena.com/poemas-de-ben-clark/

 

 

SELF SERVICE

 

Para Sara

 

Yo nunca he pretendido nada más:

estar vivo y consciente cuando mueras;

porque yo no me fío,

porque al final no hay nadie más que uno

mismo y su tozudez y, claro está,

su amor.

Haz con tu vida lo que quieras,

no te estoy proponiendo ningún pacto.

 

La gente es cada vez más y más joven

y no es justo exigirle lo imposible.

 

Así que me reafirmo y me prometo

y me cuido y procuro no morir

para hacerte vivir un poco más,

 

en mí.

Tomado de:

https://airenuestro.com/2020/02/24/poemas-escogidos-ben-clark-2/

 

 

Mi hijo, el poeta

mi propio corazón una ciudad con un terrorista

 

atrincherado en el despacho del alcalde.

 

Stephen Dunn

 

Si Padre llega tarde no es porque tenga miedo

ni porque arranque al fin la primavera

y con ella los coches deshuesados

que ponen rumbo al mar.

 

Si Padre llega tarde

a la tercera planta, Sala 6,

cardiología,

será por un despiste o porque quiere,

porque, con todo, es dueño —todavía—

de estas pequeñas cosas que no importan.

 

Y dicen nuestro nombre y me sonríe,

victorioso y anciano y en sus ojos

danza un pirata dueño de un secreto.

 

La doctora es más joven que el poeta

y el pirata me apunta con la pata

de palo y el secreto se posa en su hombro izquierdo:

 

 

Este es mi hijo, barbulla y ya no quedan

mesas libres en ninguna terraza y menudo día

para ser otra cosa; millonario

con camisa pistacho; surfer; mendigo al sol

con los ojos cerrados, sonriendo.

 

Un día para estar en otro sitio.

Un día sin tener que hablar de nada.

 

Este es mi hijo, el poeta.

Y el secreto aletea en la consulta

repitiendo la frase, poseído

por la ira de las arenas insomnes y por el blanco

impoluto de la bata. Mi hijo, repite mi padre

y el secreto regresa a su hombro izquierdo

y nadie dice nada en la tercera

planta de la sala 6. Cardiología.

 

 

Arte

The disease had sharpened my senses

 

Edgar Allan Poe

 

 

 

La doctora dibuja un corazón

que no tiene forma de corazón.

Un corazón enfermo, un vienés

que baila mal el vals; la bomba atómica

del hombre que hay sentado a mi derecha.

 

 

Y juntos contemplamos al culpable.

Y juntos contemplamos a la víctima.

Su representación (esto no es…).

La doctora dibuja un corazón

y explica que la muerte llegará

 

aquí, o aquí, o aquí, o aquí

aunque puede que no, puede que no.

 

La doctora no sabe dibujar

pero traza sin miedo,

y al hablar por teléfono sombrea

los bordes con un gesto de fastidio.

«Ya lo decía Hipócrates…», nos dice,

y antes de despedirnos guarda el esbozo enfermo

en un cajón con llave.

 

 

La vela

 

Y yo era del sol y el sol era bueno

y yo era de las nubes y del mar

y así estaba bien.

Y tú eras el acero y la montaña

y el tiempo consumido y el futuro.

 

Y yo era de las muelas bucaneras

y de los huesos rotos y del parche

del ojo vago y tú eras de las noches

cuando se iba la luz; la vela amable

y milagrosa tú, mi mundo mago.

 

 

Difusión simple

 

Es extraño vivir, pertenecer

al reducido mundo en movimiento.

 

Es extraño vivir y beber zumos

sobre arenas doradas en septiembre,

hablar con el objeto de tu amor

—porque vive también

a pesar de que sea algo improbable—.

 

 

Es extraño vivir y caminar tranquilo

sobre la piel reseca de los muertos,

no estar con ellos, no ser uno de ellos

—ni siquiera pensarlos todo el rato—.

 

Los muertos son millones y uno solo;

un cuerpo que se encoge. Nada más.

Es sencillo entender su podredumbre

 

y el engranaje simple de su olvido.

Pero existir. Estar. Desafiar

con tu sola presencia al gran ejército

de la noche requiere un pensamiento

abrumador, inútil, complicado.

 

Y sin embargo es fácil contentarse

con esta extraña dicha que es saberse

y descubrirse día a día en el reflejo;

celebrar las miserias porque son

cuando todo podría no ser más,

y salir al tedioso mundo infame

armado con el don de estar cansado

y dolorido. Ser. Pertenecer

al diminuto imperio del aliento.

Tomado de:

https://msur.es/artes/ben-clark/


martes, 17 de marzo de 2026

POEMAS DE CIARAN CARSON - EN SAN PATRICIO -


PAPEL PICADO EN BELFAST

 

De pronto, mientras el escuadrón antimotines entraba, empezaron a llover

signos de exclamación,

tuercas, clavos, llaves de auto. Tipos de imprenta rotos. Y la explosión

misma – un asterisco en el mapa. Esta línea con guiones, una rápida

descarga de fuego. . .

Yo trataba de completar una oración en mi cabeza, pero no dejaba de

tartamudear,

todos los callejones y bocacalles bloqueados por puntos y dos

puntos.

 

Conozco este laberinto tan bien – Balaclava, Raglan, Inkerman,

Odessa –

¿Por qué no puedo escapar? Cada movimiento está puntuado. Crimea.

Calle sin salida otra vez.

Un vehículo blindado, malla metálica antiataque, cascos antidisturbios.

Walkie-talkies. ¿Cómo me llamo?

¿De dónde vengo? ¿A dónde estoy yendo?

Una ráfaga de signos de pregunta.

 

 

HOGAR

 

A toda velocidad desde

el aeropuerto bajo

el camino de montaña

 

más allá del alambre de púa

con bolsas de plástico                                                                                                                                                    enganchadas

 

campos de chatarra

y granjas

de cardos

 

desde el borde

de la planicie

mis ojos se enfocan

 

en la claridad

de las calles

de Belfast

 

astilleros

cúpulas

teatros

 

un helicóptero

del Ejército Británico

posicionado

 

inmóvil

por fin

 

veo todo

 

 

VAMOS ENTONCES

 

por la vuelta al alambrado

del campo minado

 

de la mano

con ojos para nada

 

más que nosotros mismos

solos

 

sin inmutarnos por

las trampas y pozos

 

de la tierra baldía

hasta que

 

te agachás

y arrancás

 

un capullo

de eufrasia

 

(Versiones Patricia Ogan Rivadavia)

Tomado de:

https://alpialdelapalabra.blogspot.com/2025/11/ciaran-carson-poemas.html

 

 

MANO ENSANGRENTADA[1]

 

Tu hombre, dice el Hombre, caminará dentro del bar de esta manera, sus dedos

imitan un par de piernas, una cojea, tu sabes muy bien

qué hacer. Hunde los dedos en su cabeza. Pretende que es un juego de niños.

La mano podría ser la boca de un caballo, un conejo o un perro. Cinco palmas.

Las paredes oyen: las sombras que tú proyectas son las sombras que intentas sacudirte.

 

Extingo la luz de la vela entre mi índice y mi pulgar ¿Fue cortada la mano izquierda

desde la muñeca y arrojada a las orillas de Ulster? ¿Existió

Ulster? ¿O la Mano Derecha de Dios diciendo Alto a esto y No a aquello?

Mi pulgar es el percutor de una pistola. El pulgar hacia arriba. El pulgar hacia abajo.

 

 

[1] El título del poema hace referencia a la mitología irlandesa (el ciclo Fenian), a la mano roja que figura en las banderas y escudos que representan Ulster, y también a los grupos paramilitares (Red Hand Defenders).

Traducción de Mijail Lamas

Tomado de:

https://circulodepoesia.com/2017/01/poesia-irlandesa-ciaran-carson/

 

 

Una noche fuera

 

Cada jueves al apretar el botón de latón de la alambrada galvanizada

Una figura aparece un momento al final del iluminado pasaje de hormigón,

Luego desaparece. La puerta chirría al abrirse y da un portazo

     /justo detrás de nosotros.

Entonces atravesamos la robusta puerta giratoria de polietileno

     /semi-opaca que deben haber traído

De un hospital. En el bar, de nuevo la mirada inquisitiva.

Siete whiskys después, la banda entonaba el Four Green Fields.

Desde algún sitio más allá de los muros de ladrillo

     /nos llegaba el ritmo roto

De una ametralladora. Un coro rasgado. Así la frase de la noche

Está puntuada completamente por rondas de bebidas, de balas, de aplausos.

Tomado de:

https://campodemaniobras.blogspot.com/2010/06/ciaran-carson-dos-poemas.html

 

 

MIEDO

 

Temo las vastas dimensiones de la eternidad.

Temo el espacio entre el andén y el tren.

Temo el inicio de una campaña asesina.

Temo las palpitaciones que produce el exceso de té.

 

Temo la pistola desenfundada de un rapparee.

Temo que los libros no sobrevivan a la lluvia ácida.

Temo a la regla, a la pizarra y al bastón.

Temo al Jabberwock, sea lo que sea.

 

Temo las malas decisiones de un árbitro.

Temo que el único recurso sea alegar locura.

Temo las implicaciones de los honorarios de un abogado.

 

Temo a los gremlins que han colonizado mi cerebro.

Tengo miedo de leer la letra pequeña de la garantía.

¿Y qué más temo? Déjame empezar de nuevo.

Tomado de:

https://ciudadsiglocero.wordpress.com/2025/09/27/poemas-de-ciaran-carson/

lunes, 16 de marzo de 2026

POEMAS DE TOMÁS SEGOVIA - VOCES DESDE MÉXICO -


Ignorancia

 

Cómo llora este viento en las ramas,

aun sin saberlo.

¿Cómo puede llorar este viento,

aun sin saberlo?

 

Y el lucero que tiembla en la noche,

cómo alumbra en su tierra a los vivos,

aun sin saberlo.

¿Cómo puede alumbrar a los vivos,

aun sin saberlo?

 

(Seca el viento en mis ojos mi lágrima,

y el lucero ilumina mi frente,

aun sin saberlo.)

 

 

El amor prisionero

 

Llevo un amor tan hermoso

como un mar dentro del pecho.

 

Llevo un amor como un mar

en el pecho prisionero.

 

Llevo el mar de un gran amor

y no encuentro en qué ponerlo.

 

¡Tanto cielo, tanto cielo,

y mi amor prisionero!

 

 

Viento

 

Con qué ternura me envuelve

entre la arboleda el viento.

No podrá alcanzarme nunca

aunque ciña así mi cuerpo.

 

¡Quién pudiera en la arboleda

dejar sin remordimiento

tirada su vida libre,

que se la llevara el viento!

 

Aunque nunca ha de alcanzarme,

por más que ciña mi cuerpo,

silencioso, en la arboleda,

me sigue envolviendo el viento.

 

 

Labio

 

El labio fiel, si me abraso

de un ardor que aún no sabía

qué sustancia es la que ansía,

me sale oportuno al paso,

él mismo sediento acaso;

y por fin me viene a dar

ese jugoso manjar

donde bebe ávidamente

esta sed que solamente

otra sed puede saciar.

 

 

Lluvia

 

En la tarde inquietante

de obstinada agonía

todo el tiempo he esperado,

alegre en esa luz ahogada,

de cara al viento turbio,

animoso en el fúnebre sofoco.

 

Acosada, la hora insostenible

jadeaba ya apenas.

 

Y de pronto la lluvia se abatió

como expresión de un júbilo

demasiado aplazado.

En un desorden de alborozo,

ágil ahora danza la hermosura

de esta furtiva tierra de intemperie.

Y como perdonados, sonreímos…

 

 

Ser de intemperie

 

¿Qué podrá evocar el Nómada que no sea desnudez y no esté a la intemperie? La fuerza que ha abrazado es tener siempre sus casas recorridas por el viento, su lecho siempre en alta mar, su corazón distante siempre entre lluvias y neblinas. Y sin partidas, en una sucesión interminable de llegadas, pues ha visto en el río de los días que ninguna jornada pudo ser la primera, y sabe que no existe para él reposo, que todo descanso apoya sobre alguna raíz su peso. Nacido en los caminos, su destello es saber que todos han venido sin saberlo de otro sitio, que donde ponen su origen es allá donde empieza su ignorancia, que se hermanan de otro modo que el que creen. Su tiniebla, el terror que no sembrar por fin en la tierra sus huesos.

Tomado de:

https://akantilado.wordpress.com/2011/11/08/tomas-segovia-poemas/

 

 

Contra mi tacto evocador me afano...

 

Contra mi tacto evocador me afano.

Con los más duros y ásperos pertrechos

he trabajado hasta dejar deshechos

por el hierro los dedos de esta mano.

 

Los quiero embrutecer, pero es en vano;

en sus fibras más íntimas, maltrechos,

aún guardan la memoria de tus pechos,

su tibia paz, su peso soberano.

 

Ni violencias ni cóleras impiden

que fieles y calladas a porfía

mis manos sueñen siempre en su querencia,

 

ni mil heridas lograrán que olviden

que acariciaron largamente un día

la piel del esplendor y su opulencia.

 

 

Desnuda aún, te habías levantado...

 

Desnuda aún, te habías levantado

del lecho, y por los muslos te escurría,

viscoso y denso, tibio todavía,

mi semen de tu entrada derramado.

 

Encendida y dichosa, habías quedado

de pie en la media luz, y en tu sombría

silueta, bajo el sexo relucía

un brillo astral de mercurio exudado.

 

Miraba el tiempo absorto, en el espejo

de aquel instante, una figura suya

definitiva y simple como un nombre:

 

mi semen en tus muslos, su reflejo

de lava mía en luz de luna tuya

alba geológica en mujer y hombre.

 

 

Dicho a ciegas

 

Di si eran éstas las palabras

Míralas bien

Córtalas con cuidado

Y vamos a guardarlas

Sepultadas debajo de la casa

Tesoro rescatado

Devuelto al culto

Palabras guarecidas

Mantenidas en vida

Que de secreto se alimentan

Reverenciadas en su catacumba

Ocultas mientras dure afuera

         la locura lasciva del lenguaje

Para sólo sacarlas

Cuando pisemos el silencio soberano

En la omnisciente noche de la afasia

Y antes de que la clave se nos borre

Mirarlas un instante en su esplendor

Carne verbal viviente en el silencio

Inmaculadas concepciones

Rompedoras del círculo vicioso

Otra vez mediadoras

Para que se hagan mutuos mediadores

Dos que dicen tú y yo

Antes de que la noche del amor los borre

Mas todo está fundado si al borrarse se hablan.

 

 

Dime mujer dónde escondes tu misterio...

 

                   (Para Luci Fernández de Alba, que se sorprendió)

 

Dime mujer dónde escondes tu misterio

mujer agua pesada volumen transparente

más secreta cuanto más te desnudas

cuál es la fuerza de tu esplendor inerme

tu deslumbrante armadura de belleza

dime no puedo ya con tantas armas

mujer sentada acostada abandonada

enséñame el reposo el sueño y el olvido

enséñame la lentitud del tiempo

mujer tú que convives con tu ominosa carne

como junto a un animal bueno y tranquilo

mujer desnuda frente al hombre armado

quita de mi cabeza este casco de ira

cálmame cúrame tiéndeme sobre la fresca tierra

quítame este ropaje de fiebre que me asfixia

húndeme debilítame envenena mi perezosa sangre

mujer roca de la tribu desbandada

descíñeme estas mallas y cinturones de rigidez y miedo

con que me aterro y te aterro y nos separo

mujer oscura y húmeda pantano edénico

quiero tu ancha olorosa robusta sabiduría

quiero volver a la tierra y sus zumos nutricios

que corren por tu vientre y tus pechos y que riegan tu carne

quiero recuperar el peso y la rotundidad

quiero que me humedezcas me ablandes me afemines

para entender la feminidad la blandura húmeda del mundo

quiero apoyada la frente en tu regazo materno

traicionar al acerado ejército de los hombres

mujer cómplice única terrible hermana

dame la mano volvamos a inventar el mundo los dos solos

quiero no apartar nunca de ti los ojos

mujer estatua hecha de frutas paloma crecida

déjame siempre ver tu misteriosa presencia

tu mirada de ala y de seda y de lago negro

tu cuerpo tenebroso y radiante plasmado de una vez sin titubeos

tu cuerpo infinitamente más tuyo que para mí el mío

y que entregas de una vez sin titubeos sin guardar nada

tu cuerpo pleno y uno todo iluminado de generosidad

mujer mendiga pródiga puerto del loco Ulises

no me dejes olvidar nunca tu voz de ave memoriosa

tu palabra imantada que en tu interior pronuncias siempre desnuda

tu palabra certera de fulgurante ignorancia

la salvaje pureza de tu amor insensato

desvariado sin freno brutalizado enviciado

el gemido limpísimo de la ternura

la pensativa mirada de la prostitución

la clara verdad cruda

del amor que sorbe y devora y se alimenta

el invisible zarpazo de la adivinación

la aceptación la comprensión la sabiduría sin caminos

la esponjosa maternidad terreno de raíces

mujer casa del doloroso vagabundo

dame a morder la fruta de la vida

la firme fruta de luz de tu cuerpo habitado

déjame recostar mi frente aciaga

en tu grave regazo de paraíso boscoso

desnúdame apacíguame cúrame de esta culpa ácida

de no ser siempre armado sino sólo yo mismo.

 

 

El extranjero

 

No le toques los pechos Extranjero

A esta sombra con fiebre que esta noche

Anocheció tan hembra

Por los linderos de los residentes

Todo el verano es de ellos

Escúchalos dichosamente extraviados

Sin saber cómo hacer

Para entender bajo sus propias voces

Este lamento de la plenitud

Que tan claro se oye en tu silencio

Y tienes que vagar a solas

Por las quietas afueras de su fiesta

Y poner sólo ecos distantes

En tu ramo nocturno en la sombra cortado

Y bañarte tan solo en murmullos de espumas

No saben que su amo

Tiene en ti un siervo más

Que también el verano te devuelve un rato

Tu corazón con llaga

Nadie sabe aquí el nombre

De tu amor extranjero

Y tienes que alejarte al borde de la noche

A decirlo a sus muertos

Que duermen allá afuera y que piensan en ti

Tras sus pesados párpados cerrados.

 

 

El quemado

 

De la mañana a la tarde

me consumes, sol; me secas

con tu gran ojo sin alma;

pero así la noche al fin

halla en mí el duro carbón

que no podrá disolver,

y al corazón seco vuelve,

sombría y fresca, la savia

que blanca le sorbió el día.

 

 

En brazos de la noche

 

Está ya oscurecida la hermosura;

los árboles desnudos

se mecen en la sombra,

y un gran silencio vela suspendido.

 

En brazos de la noche

se guarda y perpetúa la promesa del día,

la prometida plenitud del día

que cumple en sólo prometerse

un don que nos inclina,

y nos fuerza, y nos basta.

 

De noche la hermosura a solas habla;

a solas en el aire solo

late oculto el ardor de su promesa

sin cesar renovada.

 

Y a través de la noche,

desde el oscuro fondo de su entraña,

nos guía y acompaña

heridos de esperanza, al nuevo día,

 

nuevamente a cumplir bajo el sol nuevo

su plenitud igual y suficiente

de prometida nuestra sin fin, siempre la misma.

 

 

En las fuentes

 

Quién desteje el amor

Ése es quien me desteje

No es nadie

El amor se deshace solo

Como la trenza del río

      destrenzada en el mar

No estoy de amor tejido

Estoy tejido de tejerlo

 

De sacar de mis íngrimos telares

Este despótico trabajo

Eternamente abandonando

      el fleco que se aleja

A la disipación y su bostezo idiota

Y sólo escapo de su horror

Recogiéndome todo sin recelo

En el lugar donde nace la trama.

 

 

Encarnaciones

 

Hundido el rostro en tu cabello, aspiro

el sofocante aliento de la noche

que allí estancado humea y flota como el sueño.

Todo el inmenso espacio pesadamente yace

sobre esta tibia tierra adormecida,

sobre el cuarto y el lecho y nuestros miembros,

y la casi secreta agitación

que mueve nuestros pechos.

No respiramos aire, respiramos silencio;

un gran silencio inmóvil

que cubre nuestra piel desnuda

como oscuros aceites.

                                  Y de pronto,

siento que mi ternura me desborda y anega,

que también con la sombra te acaricio,

y te abrazo también con el espacio,

y te rozo los labios con el aire;

que toda esta solícita violencia

es también este vasto silencio conmovido

que arrojado de bruces encima de nosotros

se asoma a nuestro amor,

y lo recorre entero un estremecimiento,

sollozo cálido, ala del destino.

 

 

Entre los tibios muslos te palpita...

 

Entre los tibios muslos te palpita

un negro corazón febril y hendido

de remoto y sonámbulo latido

que entre oscuras raíces se suscita;

 

un corazón velludo que me invita,

más que el otro cordial y estremecido,

a entrar como en mi casa o en mi nido

hasta tocar el grito que te habita.

 

Cuando yaces desnuda toda, cuando

te abres de piernas ávida y temblando

y hasta tu fondo frente a mí te hiendes,

 

un corazón puedes abrir, y si entro

con la lengua en la entrada que me tiendes,

puedo besar tu corazón por dentro.

Tomado de:

http://amediavoz.com/segovia.htm

 

 

Viejo aire joven

 

Así era aquel aire bien lavado

Corriendo siempre en una clara playa

Presente o rediviva

Que empapaba la piel de una vez toda

Con su amplia mano única

Y que bebíamos como el agua fresca

De una sed más diáfana

 

Así bebíamos también el tiempo

Como otro vasto soplo en el que restallaba

La alta bandera izada de nuestra libertad

Gran ala abierta siempre en la inminencia

Pero sujeta al mástil

Y no sin alegría

Con un fuerte cordel sentimental y serio.

 

 

Incolor

 

La tarde está más pálida

Que la más sola de las almas célibes

Pálida como está pálido

El sudario luïdo de un amor de la infancia

 

Y sin embargo en este aire yerto

Algo sigue latiendo un poco

Despacio y frío veraz y tenue

Como un pequeño corazón de agua

Si no de sangre

 

Siempre me asombra

Que en su incolor mayor la vida

Siga siendo tan seria y tan amiga

 

 

Allá con él

 

Detrás de los ramajes

Retorcidos y artítricos del escuálido invierno

Se calla tercamente

El oprimido cielo magullado

 

Y estoy allá con​​ él

Con él frunciendo el implacable ceño

Sin ceder sin pactar sin entibiarme

Sin perdonar sin perdonar

Sin olvidar un punto todo el mal

El degüello el desuello el descuartizamiento

Que le hacen sin cesar al mundo

Delante de sus ojos o de nuestros ojos

Delante de estos ojos

De nuestros rostros cejijuntos

 

Pero yo allá con él allá con él

Remoto solitario oscuro magullado

Transido pero inmune a las complicidades.

Tomado de:

https://circulodepoesia.com/2024/07/poesia-mexicana-tomas-segovia/