El sueter de Fedorio
En los bordes raídos del suéter
de Fedorio
se arremansan la vida y sus historias.
Jamás
me atrevería a proponerle restañar
esos hilos desgastados
reavivar los colores
las zonas percudidas como un abecedario
para ciegos.
Quitárselo
sería desollarlo.
El suéter de Fedorio
es una hogaza
un libro de bitácora un sol un campanario
alguna melodía que se canta
sin que nadie la escuche.
Su intemperie
anuda cuanto ha sido algo más
que un adiós
menos que un llanto
algo que sólo cabe en el hueco secreto
de la mano.
Si otra piel respira
debajo del mandala de su suéter gastado
será sólo el sudario
que busca convertirse en el revés cereal
de esa coraza
hilada por los pájaros.
Sellos de posesión
Cuerpo de mujer
Conspiración del universo
para que el horizonte
se desnude.
Quasar
Aquel falo de estrellas
que siempre pareció comenzar
en tu boca.
Pecados
Hay pecados rebeldes
que no desaparecen hasta violar
alguna garza azul.
La niña extraña
Tenía un grillo entre las sienes
y sabía decir mariposa.
Lo demás lo ignoraba.
Un día descubrió que Dios no era una alondra.
Otro día
les dijo a las simientes
que sería más lindo brotar alas.
Al fin
se convenció de que en el mundo
hay demasiadas cosas sabias.
Y se fue despacito,
caminando,
caminando hasta el alba.
Tigres
Dicen
que el territorio de las hembras
es menor.
Pero el olor a hembra atraviesa el verano
y el celo
es territorio prometido
para tigres
y albatros.
Desiertos
Los hombres azules
frontera de las altas dunas.
No hablan de la sed
con quien la desconoce.
Como alimento
intercambian silencios de arena.
Parecen separarnos horizontes
eternos.
Ignoran
que con ellos convive otra sed.
Exhausta
Sin oasis.
La de nuestros desiertos.
Liberación
Las manos.
Sometida extremadura
de la avidez y de la servidumbre.
Si pudiera
las dejaría partir
desarraigadas
sabiamente inexpertas
como el tacto feliz de los amantes
buscándose en la oscuridad.
Tomado de:
https://www.poeticous.com/ana-emilia-lahitte?locale=es
Autorretrato
Me miro en el espejo.
Una mujer avanza
desnuda,
sin heridas aparentes.
Es una hembra espléndida
en épocas de celo,
tal vez.
Pero ya muerta.
En carne y sombra altiva
despoja sus silencios.
En silencio,
un idioma de albatros
la sustenta.
Se yergue luego
intacta,
con dignidad de hiedra.
Y aferrada a sus muros
de lumbre y soledades,
espera.
Cetrería
Liebre, venado, faisán.
No me atrae la caza,
ni me gusta alinear la carne roja
en bandejas de plata.
Pero el halcón
acaba de traerme tus ojos
Amo la cetrería.
Mañana
ha de traerme tu mirada.
Fe
Ha de haber
algo más.
Tiene que haberlo.
¿Detrás del llanto?
No.
Detrás del último
instante
en que creemos.
Tomado de:
https://lospoetasnovanalcielo.blogspot.com/2021/07/ana-emilia-lahitte.html
EL ADOLESCENTE
Este dolor
que herrumbra nuestras lágrimas
nunca tendrá sentido para el adolescente
sabiamente cegado por el alba.
-
No muere aún.
Él cree que no muere
aunque presienta y goce sin saberlo
señales de ancestral artesanía:
nacer de sí nacerse aniquilarse
inventar el adiós
para ese extraño que él será en el vacío
cuando otro ser intacto lo suplante
y reclame los rostros de lo humano.
-
Pero él no lo sabe.
Sus párpados son lámparas de trébol.
Mandrágoras de sol
trenzan guirnaldas con su sangre inocente.
¿Por qué ha de saberlo?
Es un ángel que se atreve a existir.
Sus enigmas de pan fundan espigas.
Con pájaros de trigo
sus venas aposentan cataclismos.
-
Todo le es natural como su sombra
ese jaguar
que marcha a su costado
sin herirlo jamás.
Todo es tan libre semental desnudo.
Todo
menos el hueco de las lágrimas
donde se oculta Dios
y lo reclama
desde obsesivas cárceles de origen.
-
Mientras
la noche crece. Lo contempla.
Lo aguarda en su bellísima morada.
AMANTES CLANDESTINOS
Uno va internándose
en la fatiga horizontal que llega
a seducir los huesos
y el silencio
como si fuesen huéspedes fugaces
o amantes clandestinos.
Y un día
nos sorprende descubrirnos
dueños de una morada
abierta a la intemperie de toda soledad.
Vamos tendiéndonos
junto a nuestra sombra arropándonos con ella.
Hay un cambio de piel
que nos desnuda.
Y la fatiga invade.
Murmura otros idiomas
que no son extranjeros pero emplean
sin voz
otras palabras.
Para no herirnos.
Para no decirnos que hemos comenzado
a habitar el adiós.
DAGUERROTIPO
...aún los que están solos llevan en sí
su pareja encarnizada,
en cada espejo yace un doble,
un adversario que nos refleja y nos abisma...
Octavio Paz
Ninguna carne
es hierba detrás del horizonte.
Él está allí
apenas reclinado en esa ambigüedad
que burila el trasfondo de los daguerrotipos.
Tiene mi misma frente
mi criolledad austral de hace dos siglos.
Quizá debí decir tengo su frente.
O es la nuestra una frente mortal
única y sola.
Los huesos de las sienes
arrasan transparencia desde una eternidad
que ya conozco
invadida por él y por su sombra.
Cada vez que entablo batalla con sus ojos
él me arrastra hacia bosques de silencio
donde el adiós flagela mis espaldas.
El lugar de mi cuerpo
es un desierto que media entre las vísceras
y el humo.
Sin lecho
conocemos la feroz inocencia de los astros.
Pero alguien vigila.
Tras los rasgos hay un rostro vedado
que no fue nuestro rostro
sino el del extraño que en pavor germinal
de nuestros muertos cavó guaridas
sin jamás rozarnos.
Ahora
en el exilio de su marco dorado
su herrumbre cautelosa apacigua lo humano
sin que el alma acuda a rescatarnos
de la única muerte que vivimos
en soledad de dioses.
Tal vez
y su espejismo o su isla de piel
o su naufragio.
El de todos los rostros
que se ciegan en esplendor de un sol
deshabitado.
ALTRI TEMPI
Las salas enfundadas como inmensas corolas. y un
secreto soleado:
el país de los patios. (Se decía glicina, heliotropo,
diamela,
como ahora se dice ADN, sidaico). Aquel cielo privado
con chicos y canarios y huertos y murales de macetas
pintadas
era de veras cielo. (Entonces, lo ignorábamos).
Nunca imaginamos que lo fuese, hasta ahora, en que
hemos
cumplido nuestros propios infiernos). Aquellos cielos
bajos, a ras de tierra, humanos. Todavía a salvo. Allí
donde ser niño
era tener abuelos en la casa y amarlos,
dejándolos vivir libres de vaciaderos de viejos:
adiestrados espectros que siempre se demoran demasiado
en morir y dejar limpio el mundo,
que ya no tiene patios, ni destino, ni tiempo.
Ser niño era pedirles que nos dieran la mano, porque
teníamos miedo.
Y volver a pedirles que nos contaran cuentos (que eran
verdad,
ahora lo sabemos) Y llorar junto a ellos penitencias y
encierros:
“había que educarnos”... (Se decía señor y plegaria
respeto, con limpio olor a incienso y a sopa
obligatoria,
a almidones y ungüentos).
Se decía Maestro, y en el cuaderno único cabía el
universo.
El padre, con arrestos de patriarca doméstico, “tenía
autoridad”
y la madre dulzura, por amor o por tedio.
Lo cierto es que la casa nunca estaba vacía
(la mesa familiar, otra inútil reliquia) y la abuela,
el abuelo
-una especie de puerto del buen regreso-
eran sencillamente viejos: con todos los derechos a
morir
en su casa, en su cama, en su llaga, en su pulso, en su
tiempo.
Sin adiós intensivo. Sin pactos terminales de abandono
y silencio.
En fin, sólo fantasmas de cielos y otros tiempos.
ALGUNAS MANERAS DE ENSAYAR EL ADIÓS
1
Cada latido,
pendular, descalzo, regresa al universo.
2
Somos lo que no vemos.
Somos lo que ignoramos. La sombra es la única
constancia
del aún estar después de haber huído.
4
Amo
el temblor radiante de mi propia intemperie.
5
La desnudez
fue siempre mi guarida secreta.
6
Costó tanto
inventarse, cavarse, mutilarse,
antes de regresar al fondo del espejo.
10
Lo importante es la sed.
Ser un mismo desierto.
13
Fascina
Este límite
Donde el haber vivido se desprende
como la piel de una serpiente.
18
Sí,
las heridas son el mejor manuscrito.
32
Envejecer es esto,
recordar vagamente la piel de los amantes.
37
Sólo creo
en los ángeles heridos,
en su examen de luz en los infiernos.
38
La duda es un extraño paraíso
donde Dios puede al fin dejar de ser eterno.
42
Amo secretamente el casos que me ama.
44
Es difícil morir.
Más difícil aún saber si estamos vivos.
Tomado de:
https://www.poesiacastellana.es/poemas.php?id=Lahitte+%2C+Ana+Emilia

