lunes, 16 de marzo de 2026

POEMAS DE TOMÁS SEGOVIA - VOCES DESDE MÉXICO -


Ignorancia

 

Cómo llora este viento en las ramas,

aun sin saberlo.

¿Cómo puede llorar este viento,

aun sin saberlo?

 

Y el lucero que tiembla en la noche,

cómo alumbra en su tierra a los vivos,

aun sin saberlo.

¿Cómo puede alumbrar a los vivos,

aun sin saberlo?

 

(Seca el viento en mis ojos mi lágrima,

y el lucero ilumina mi frente,

aun sin saberlo.)

 

 

El amor prisionero

 

Llevo un amor tan hermoso

como un mar dentro del pecho.

 

Llevo un amor como un mar

en el pecho prisionero.

 

Llevo el mar de un gran amor

y no encuentro en qué ponerlo.

 

¡Tanto cielo, tanto cielo,

y mi amor prisionero!

 

 

Viento

 

Con qué ternura me envuelve

entre la arboleda el viento.

No podrá alcanzarme nunca

aunque ciña así mi cuerpo.

 

¡Quién pudiera en la arboleda

dejar sin remordimiento

tirada su vida libre,

que se la llevara el viento!

 

Aunque nunca ha de alcanzarme,

por más que ciña mi cuerpo,

silencioso, en la arboleda,

me sigue envolviendo el viento.

 

 

Labio

 

El labio fiel, si me abraso

de un ardor que aún no sabía

qué sustancia es la que ansía,

me sale oportuno al paso,

él mismo sediento acaso;

y por fin me viene a dar

ese jugoso manjar

donde bebe ávidamente

esta sed que solamente

otra sed puede saciar.

 

 

Lluvia

 

En la tarde inquietante

de obstinada agonía

todo el tiempo he esperado,

alegre en esa luz ahogada,

de cara al viento turbio,

animoso en el fúnebre sofoco.

 

Acosada, la hora insostenible

jadeaba ya apenas.

 

Y de pronto la lluvia se abatió

como expresión de un júbilo

demasiado aplazado.

En un desorden de alborozo,

ágil ahora danza la hermosura

de esta furtiva tierra de intemperie.

Y como perdonados, sonreímos…

 

 

Ser de intemperie

 

¿Qué podrá evocar el Nómada que no sea desnudez y no esté a la intemperie? La fuerza que ha abrazado es tener siempre sus casas recorridas por el viento, su lecho siempre en alta mar, su corazón distante siempre entre lluvias y neblinas. Y sin partidas, en una sucesión interminable de llegadas, pues ha visto en el río de los días que ninguna jornada pudo ser la primera, y sabe que no existe para él reposo, que todo descanso apoya sobre alguna raíz su peso. Nacido en los caminos, su destello es saber que todos han venido sin saberlo de otro sitio, que donde ponen su origen es allá donde empieza su ignorancia, que se hermanan de otro modo que el que creen. Su tiniebla, el terror que no sembrar por fin en la tierra sus huesos.

Tomado de:

https://akantilado.wordpress.com/2011/11/08/tomas-segovia-poemas/

 

 

Contra mi tacto evocador me afano...

 

Contra mi tacto evocador me afano.

Con los más duros y ásperos pertrechos

he trabajado hasta dejar deshechos

por el hierro los dedos de esta mano.

 

Los quiero embrutecer, pero es en vano;

en sus fibras más íntimas, maltrechos,

aún guardan la memoria de tus pechos,

su tibia paz, su peso soberano.

 

Ni violencias ni cóleras impiden

que fieles y calladas a porfía

mis manos sueñen siempre en su querencia,

 

ni mil heridas lograrán que olviden

que acariciaron largamente un día

la piel del esplendor y su opulencia.

 

 

Desnuda aún, te habías levantado...

 

Desnuda aún, te habías levantado

del lecho, y por los muslos te escurría,

viscoso y denso, tibio todavía,

mi semen de tu entrada derramado.

 

Encendida y dichosa, habías quedado

de pie en la media luz, y en tu sombría

silueta, bajo el sexo relucía

un brillo astral de mercurio exudado.

 

Miraba el tiempo absorto, en el espejo

de aquel instante, una figura suya

definitiva y simple como un nombre:

 

mi semen en tus muslos, su reflejo

de lava mía en luz de luna tuya

alba geológica en mujer y hombre.

 

 

Dicho a ciegas

 

Di si eran éstas las palabras

Míralas bien

Córtalas con cuidado

Y vamos a guardarlas

Sepultadas debajo de la casa

Tesoro rescatado

Devuelto al culto

Palabras guarecidas

Mantenidas en vida

Que de secreto se alimentan

Reverenciadas en su catacumba

Ocultas mientras dure afuera

         la locura lasciva del lenguaje

Para sólo sacarlas

Cuando pisemos el silencio soberano

En la omnisciente noche de la afasia

Y antes de que la clave se nos borre

Mirarlas un instante en su esplendor

Carne verbal viviente en el silencio

Inmaculadas concepciones

Rompedoras del círculo vicioso

Otra vez mediadoras

Para que se hagan mutuos mediadores

Dos que dicen tú y yo

Antes de que la noche del amor los borre

Mas todo está fundado si al borrarse se hablan.

 

 

Dime mujer dónde escondes tu misterio...

 

                   (Para Luci Fernández de Alba, que se sorprendió)

 

Dime mujer dónde escondes tu misterio

mujer agua pesada volumen transparente

más secreta cuanto más te desnudas

cuál es la fuerza de tu esplendor inerme

tu deslumbrante armadura de belleza

dime no puedo ya con tantas armas

mujer sentada acostada abandonada

enséñame el reposo el sueño y el olvido

enséñame la lentitud del tiempo

mujer tú que convives con tu ominosa carne

como junto a un animal bueno y tranquilo

mujer desnuda frente al hombre armado

quita de mi cabeza este casco de ira

cálmame cúrame tiéndeme sobre la fresca tierra

quítame este ropaje de fiebre que me asfixia

húndeme debilítame envenena mi perezosa sangre

mujer roca de la tribu desbandada

descíñeme estas mallas y cinturones de rigidez y miedo

con que me aterro y te aterro y nos separo

mujer oscura y húmeda pantano edénico

quiero tu ancha olorosa robusta sabiduría

quiero volver a la tierra y sus zumos nutricios

que corren por tu vientre y tus pechos y que riegan tu carne

quiero recuperar el peso y la rotundidad

quiero que me humedezcas me ablandes me afemines

para entender la feminidad la blandura húmeda del mundo

quiero apoyada la frente en tu regazo materno

traicionar al acerado ejército de los hombres

mujer cómplice única terrible hermana

dame la mano volvamos a inventar el mundo los dos solos

quiero no apartar nunca de ti los ojos

mujer estatua hecha de frutas paloma crecida

déjame siempre ver tu misteriosa presencia

tu mirada de ala y de seda y de lago negro

tu cuerpo tenebroso y radiante plasmado de una vez sin titubeos

tu cuerpo infinitamente más tuyo que para mí el mío

y que entregas de una vez sin titubeos sin guardar nada

tu cuerpo pleno y uno todo iluminado de generosidad

mujer mendiga pródiga puerto del loco Ulises

no me dejes olvidar nunca tu voz de ave memoriosa

tu palabra imantada que en tu interior pronuncias siempre desnuda

tu palabra certera de fulgurante ignorancia

la salvaje pureza de tu amor insensato

desvariado sin freno brutalizado enviciado

el gemido limpísimo de la ternura

la pensativa mirada de la prostitución

la clara verdad cruda

del amor que sorbe y devora y se alimenta

el invisible zarpazo de la adivinación

la aceptación la comprensión la sabiduría sin caminos

la esponjosa maternidad terreno de raíces

mujer casa del doloroso vagabundo

dame a morder la fruta de la vida

la firme fruta de luz de tu cuerpo habitado

déjame recostar mi frente aciaga

en tu grave regazo de paraíso boscoso

desnúdame apacíguame cúrame de esta culpa ácida

de no ser siempre armado sino sólo yo mismo.

 

 

El extranjero

 

No le toques los pechos Extranjero

A esta sombra con fiebre que esta noche

Anocheció tan hembra

Por los linderos de los residentes

Todo el verano es de ellos

Escúchalos dichosamente extraviados

Sin saber cómo hacer

Para entender bajo sus propias voces

Este lamento de la plenitud

Que tan claro se oye en tu silencio

Y tienes que vagar a solas

Por las quietas afueras de su fiesta

Y poner sólo ecos distantes

En tu ramo nocturno en la sombra cortado

Y bañarte tan solo en murmullos de espumas

No saben que su amo

Tiene en ti un siervo más

Que también el verano te devuelve un rato

Tu corazón con llaga

Nadie sabe aquí el nombre

De tu amor extranjero

Y tienes que alejarte al borde de la noche

A decirlo a sus muertos

Que duermen allá afuera y que piensan en ti

Tras sus pesados párpados cerrados.

 

 

El quemado

 

De la mañana a la tarde

me consumes, sol; me secas

con tu gran ojo sin alma;

pero así la noche al fin

halla en mí el duro carbón

que no podrá disolver,

y al corazón seco vuelve,

sombría y fresca, la savia

que blanca le sorbió el día.

 

 

En brazos de la noche

 

Está ya oscurecida la hermosura;

los árboles desnudos

se mecen en la sombra,

y un gran silencio vela suspendido.

 

En brazos de la noche

se guarda y perpetúa la promesa del día,

la prometida plenitud del día

que cumple en sólo prometerse

un don que nos inclina,

y nos fuerza, y nos basta.

 

De noche la hermosura a solas habla;

a solas en el aire solo

late oculto el ardor de su promesa

sin cesar renovada.

 

Y a través de la noche,

desde el oscuro fondo de su entraña,

nos guía y acompaña

heridos de esperanza, al nuevo día,

 

nuevamente a cumplir bajo el sol nuevo

su plenitud igual y suficiente

de prometida nuestra sin fin, siempre la misma.

 

 

En las fuentes

 

Quién desteje el amor

Ése es quien me desteje

No es nadie

El amor se deshace solo

Como la trenza del río

      destrenzada en el mar

No estoy de amor tejido

Estoy tejido de tejerlo

 

De sacar de mis íngrimos telares

Este despótico trabajo

Eternamente abandonando

      el fleco que se aleja

A la disipación y su bostezo idiota

Y sólo escapo de su horror

Recogiéndome todo sin recelo

En el lugar donde nace la trama.

 

 

Encarnaciones

 

Hundido el rostro en tu cabello, aspiro

el sofocante aliento de la noche

que allí estancado humea y flota como el sueño.

Todo el inmenso espacio pesadamente yace

sobre esta tibia tierra adormecida,

sobre el cuarto y el lecho y nuestros miembros,

y la casi secreta agitación

que mueve nuestros pechos.

No respiramos aire, respiramos silencio;

un gran silencio inmóvil

que cubre nuestra piel desnuda

como oscuros aceites.

                                  Y de pronto,

siento que mi ternura me desborda y anega,

que también con la sombra te acaricio,

y te abrazo también con el espacio,

y te rozo los labios con el aire;

que toda esta solícita violencia

es también este vasto silencio conmovido

que arrojado de bruces encima de nosotros

se asoma a nuestro amor,

y lo recorre entero un estremecimiento,

sollozo cálido, ala del destino.

 

 

Entre los tibios muslos te palpita...

 

Entre los tibios muslos te palpita

un negro corazón febril y hendido

de remoto y sonámbulo latido

que entre oscuras raíces se suscita;

 

un corazón velludo que me invita,

más que el otro cordial y estremecido,

a entrar como en mi casa o en mi nido

hasta tocar el grito que te habita.

 

Cuando yaces desnuda toda, cuando

te abres de piernas ávida y temblando

y hasta tu fondo frente a mí te hiendes,

 

un corazón puedes abrir, y si entro

con la lengua en la entrada que me tiendes,

puedo besar tu corazón por dentro.

Tomado de:

http://amediavoz.com/segovia.htm

 

 

Viejo aire joven

 

Así era aquel aire bien lavado

Corriendo siempre en una clara playa

Presente o rediviva

Que empapaba la piel de una vez toda

Con su amplia mano única

Y que bebíamos como el agua fresca

De una sed más diáfana

 

Así bebíamos también el tiempo

Como otro vasto soplo en el que restallaba

La alta bandera izada de nuestra libertad

Gran ala abierta siempre en la inminencia

Pero sujeta al mástil

Y no sin alegría

Con un fuerte cordel sentimental y serio.

 

 

Incolor

 

La tarde está más pálida

Que la más sola de las almas célibes

Pálida como está pálido

El sudario luïdo de un amor de la infancia

 

Y sin embargo en este aire yerto

Algo sigue latiendo un poco

Despacio y frío veraz y tenue

Como un pequeño corazón de agua

Si no de sangre

 

Siempre me asombra

Que en su incolor mayor la vida

Siga siendo tan seria y tan amiga

 

 

Allá con él

 

Detrás de los ramajes

Retorcidos y artítricos del escuálido invierno

Se calla tercamente

El oprimido cielo magullado

 

Y estoy allá con​​ él

Con él frunciendo el implacable ceño

Sin ceder sin pactar sin entibiarme

Sin perdonar sin perdonar

Sin olvidar un punto todo el mal

El degüello el desuello el descuartizamiento

Que le hacen sin cesar al mundo

Delante de sus ojos o de nuestros ojos

Delante de estos ojos

De nuestros rostros cejijuntos

 

Pero yo allá con él allá con él

Remoto solitario oscuro magullado

Transido pero inmune a las complicidades.

Tomado de:

https://circulodepoesia.com/2024/07/poesia-mexicana-tomas-segovia/

sábado, 14 de marzo de 2026

POEMAS DE ROSAMARÍA ROFFIEL - OTRAS FORMAS DCEL AMOR DESDE MÉXICO -


TUS SABORES

 

Para Julia

 

 

Tu sexo me sabe a naranja

a campo

a miel

 

Me sabe a volcán que se alza

a leyenda

a raíz que se prende a su ser

a puño cerrado

a patria

a ti

 

Tu sexo me sabe a mujer.

 

 

ALGUNA QUE OTRA VEZ

 

Hasta mi noche llegas

y te recuerdo fiera

celosa en mi caverna

 

y te recuerdo sirena

nadando entre mis pechos

 

y te recuerdo tierna

como paloma, tierna

 

y te recuerdo fuego

encendida de deseo

 

y te recuerdo plena,

antes del miedo

 

 

CÁNTICO

 

Me gustan las mujeres esdrújulas

sin brújula

sin mítica

con tónica

 

las que aman con las vísceras

las células

las glándulas

 

las rítmicas

intrépidas

impúdicas

 

las pérfidas

ingrávidas

poéticas

las mágicas

las lésbicas

lunáticas

 

Me gustas tú, Andrómeda,

erótica

magnífica

política

MUJÉRICA

Tomado de:

https://saficas.blogspot.com/2008/07/rosamara-roffiel.html

 

 

“Sobrevivientes”

 

Yo conozco tu locura porque también es la mía

somos locas rebeldes

locas de estar vivas

locas maravillosas

estrafalarias, floridas

ovejas negras

descarriadas sin remedio

vergüenza de la familia

piezas de seda fina

amazonas del asfalto

guerrilleras de la vida

locas de mil edades

llenas de rabia y gritos

buscadoras de verdades

locas fuertes

poderosas

locas tiernas

vulnerables

cada día una batalla

una norma que rompemos

un milagro que creamos

para poder seguir siendo

locas solas

tristes

plenas

mujeres locas, intensas

locas mujeres ciertas.

 

 

“10 en conducta”

 

La tarde se acaba

y nosotras,

una vez más,

como buenas amantes

se va cada una

a su casa.

 

 

“Quise ser hombre”

 

Una vez quise ser hombre

para casarme con mi hermana

que ya lleva tres divorcios.

Para amar a mis amigas

que en cada relación mueren un poco.

Quise ser hombre

para fecundar sus vientres,

no de hijos, sino de poesía,

vino tinto, relojes parados,

unicornios azules.

Para decirle a Josefina

cuanto admiro su forma de entregarse.

Para escribirle a Rosi

esas cartas que no llegan nunca.

Llamar por teléfono a Pilar

que espera tantas tardes.

Llenar de caricias prolongadas

el espacio de Beatriz,

que vive sola

y le tiene miedo a los temblores.

Quise ser hombre,

para amarlas a todas y no sentir más

el frío de sus lágrimas en mi playera,

ni mirarlas apagarse,

ni presenciar sus funerales

en sus ataúdes de treinta años.

Quise ser hombre

para invitarlas a volar el periférico,

a bailar descalzas porque el América

le ganó al Guadalajara,

para llevarlas del brazo hasta una cama

donde no tengan que fingir orgasmos.

Pero soy mujer y, aunque puedo

compartir con ellas la poesía,

escribirles cartas,

llamarlas por teléfono,

llenarlas de caricias prolongadas,

volar el periférico,

bailar descalzas,

secar su llanto,

tocar su alma…

No es suficiente.

No les alcanza.

Porque, desde niñas, aprendieron

que los hombres son un premio al que hay que amar,

sin importar si ellos las aman.

Tomado de:

https://culturacolectiva.com/arte/letras/poemas-de-rosamaria-roffiel-para-entender-el-amor-entre-mujeres/

 

 

ESO SÍ QUE NO

 

Yo puedo todo menos eso.

Puedo decaerme un poco

permitir que la nostalgia se me acerque

jugar con la idea de suicidarme

quizás hasta llorar a gritos

tomarme dos tequilas

o meterme en la cama a la una de la tarde.

Todo, menos sentarme

a esperar junto al teléfono.

 

de Amora, Col. Sentido Contrario, Hoja Casa Editorial, México, 1999

Tomado de:

https://libroemmagunst.blogspot.com/2019/01/rosa-maria-roffiel-3-poemas-3.html