jueves, 26 de febrero de 2026

POEMAS DE FORREST GANDER - LA FILOSOFÍA Y LA REFLEXIÓN DESDE LA POESÍA CONTEMPORANEA DE U.S.A. -


Espectro del Mojave

Pero aquí, dijiste, en el momento de nuestra intrusión,

dijiste esta zona aquí no es una de las oraciones de la tierra

sino una superposición de balbuceos aquí donde caminamos

sobre esta grieta adormecida, un complejo, dijiste,

de tensiones justo aquí, y te inclinaste y tocaste

con tu dedo la tierra cálida, horadada por hormigas

mientras yo observaba la horquilla del arroyo a nuestro lado

y luego te levantaste y lo llevaste, tu dedo,

a mis labios, dijiste aquí, y me miraste

mientras el sabor, parte tú parte tierra, provocó un cambio a mi rostro. ~

 

 

Versión del inglés de Patricio Ferrari.

Tomado de:

https://letraslibres.com/revista/forrest-gander-espectro-del-mojave/

 

 

Sobre un enunciado de Fernanda Melchor

 

What is the most fucked-up thing to happen to you?

¿Qué es lo más cabrón que me ha pasado en la vida?

Arruinado por ocupaciones, arrugué mi vida, la dejé caer

y luego la sobreviví, balanceándome

en mi miseria como un ciprés en el viento. Observé

estrellas emergiendo de un huevo negro. Lucidez

de la pérdida. Alguien vino a decirme: la araña

que vibra sobre sus piernas largas en la esquina del techo

sobre mi escritorio ya no existe. Está acuñada

entre lo violento ininterrumpido

de un solo día y el vacío que descubrí

adentro de mí. Frente tensada con autocompasión.

Dije: Crees que me conoces, pero tú no

me conoces. Ella dijo,

Te conozco mosco, eres uno y la misma cosa.

Tomado de:

https://www.zendalibros.com/7-poetas-contemporaneos-de-eeuu-i/

 

 

Bosque carbonizado

 

El ojo que estaba abierto el viernes.

El presagio y el desollado oculto del presagio. Cintas de carne

pululando descendentes. Como un cardumen de sanguijuelas

desertando algún cataclismo oscuro.

Y un fantasma escamujado allí, Estigio, erecto.

Diciendo: aquí está la introducción del mundo.

Montado en una aguja de forma.

El desembarco de abismo. Chisporroteo fragmentario.

Y lo que pensaste que eran oscuros lagartijos de iluminación

eran pelos de un oso afeitado

ordeñado por su bilis en una jaula oxidada. Anidado

entre la malla de sonidos suaves translúcidos

caídos de tus labios, los

vestigios de alguien que respira.

 

 

Madonna del Parto

 

Y después oliéndolo,

sintiéndolo antes que

el sonido llegue incluso

a él, se arrodilla

al borde del acantilado y por

primera vez, gira su

cabeza hacia las ahora

visibles cascadas que

se precipitan sobre más de un cuarto

de milla de granito

escarpado a través del valle

y hace una pausa,

bajando los ojos

por un momento, incapaz

de resistir la

tranquilidad— vasta, sin trabas,

terrorífica y primordial. Ese

río desnudo

entronizado sobre

el macizo altar,

cipreses inclinados

congregándose a ambos

lados de la roca que brilla bajo el sol, un desgarro

en el continuo tejido del

bosque desde el cual se eleva—

mientras él trata de pararse, tambaleándose, medio

paralizado— un cambiante

arcoíris volatilizado por

una incesante explosión.

 

 

Dando un paso fuera de la luz

 

Blanqueando los

espacios entre

cada tronco, la niebla de-

línea, desde

una vasta gama de verde,

la silueta de

cada pino

sobre la ladera.

 

Tal vez es así,

solo que todo este tiempo fue

oscurecido ¿por qué

prisa, distracción? Niebla.

Un pino. Un cascanueces

que inquiere. Algo

cambia. Te encuentras

a ti mismo en otro

mundo al cual no

buscabas donde

aquello que ves es que

siempre has sido

tú los lobos

a la puerta. A la izquierda

 

entornada, entreabierta, tu propia

puerta. E irrumpes

como el Desaparecido,

te arrancas

tu ojo derecho el que

ha ofendido. Y tú

irrumpes como el Gran

Mentiroso hartándote

de tu propia carne

y como un No

Te Irás que tritura

tus tendones, roe

tu fémur. No puedes

dejar de irrumpir,

viniendo sobre ti

solo, vulnerable, en la

privacidad de tu muerte,

inclinándote para recoger

con un pañuelo una araña aplastada

 

en el piso de la habitación,

detectando a medias en tu plexo

solar las fuerzas

de aquello que aún no puede

ser atendido, descubriéndote

una vez más ya

habiendo estado dentro de algo

como una ecuación con

un resto, un objeto prohibido, un

recordatorio de la imposibilidad

de conciliación—

¿con qué? Una vez más. Perdónate

a ti mismo, dicen, pero

después de perdonar

lo que has vivido,

¿qué queda? No puedes

 

apartar el sorbo

del presente del

constante derrame de las horas

o incluso diferenciar

rastros de hormigas

corriendo a través de alguna

masiva red subterránea

de los despedazados

restos de una galaxia

retroiluminada por un resplandor estelar. Ya es hora

 

de cerrar la puerta piensas

pero tu rostro está cambiado,

tantas arrugas. Debes

de estar ya

en la siguiente etapa

en la que comienzas

a reconocer

tu cuerpo mortal,

ese nexo de tus varios

afiances al mundo, como

el repositorio de todo

aquello que no sabías

aceptaste, humano

y no, todo

cargado y reactivo

lo cual explica el temblor

en tus manos pues ahora

disciernes el

cuerpo de tu cuerpo—

como una quieta,

campana colgante

que atrapa y concentra

cada fantasmal reverberación

del ambiente.

Tomado de:

https://www.zendalibros.com/5-poemas-de-forrest-gander/

 

 

Epitafio

 

Escribir Me

exististe

no sería solo

una traducción sorda.

 

Porque no puedo

cruzar el pasaje

donde te vi –como

no serás vista

nunca más– contemplarme

como nunca más

seré visto.

 

Donde permanezco ahora

ante el trono de

gloria, lo escrito

debe permanecer oculto. ¿Dónde,

sino en la palabra misma?

 

Nacido inútil y

ciego, atado a las

obligaciones, pendiente

a la mirada del

animal interior,

me oculto detrás de

múltiples instrumentos

como detrás de una

escama de cocodrilo—

 

mientras el cianuro cae

de las nubes a

los ríos. Y en esto

también podría verse

una figuración

de lo humano,

otro gesto

íntimamente letal

de nuestra existencia común.

 

Aunque llevo

mi vida a la muerte, la

fealdad que origino

me sobrevive.

 

 

Hijo

 

No es el espejo lo que se cubre, sino

lo que queda sin decirse entre nosotros. Por qué

hablar sobre la muerte, lo irrevocable, sobre

cómo el cuerpo viene a desplegar la miríada de gusanos

 

como si fuera un concepto razonable no

abrasar la exquisita singularidad. Servirlo como

 

un elogio o un relato sobre mi sufrimiento

o el tuyo. Algún tipo de humillación personal.

 

 

Y así despertamos a un sol decapitado y los árboles

aún me hastían. El corazón de la caridad

 

carga su propio conjunto de genomas. Tú cargas

un enjambre de bacterias en el hueco de tu rodilla, y a través de mis entrañas

 

se retuercen los parásitos. ¿Quién fue alguna vez solo uno mismo?

En Leptis Magna, cuando tu madre y yo éramos jóvenes, nos encontramos

 

estatuas de dioses con sus rostros y pies rotos por vándalos. Excepto

por la hilera de cabezas guardianas de Medusa. Nadie tan valiente se atrevió a desfigurarlas.

 

Cuando ella hablaba, cuando tu madre hablaba, incluso

el galgo se paralizaba. Yo me paralizaba.

Tomado de:

https://rialta.org/forrest-gander-poemas-de-be-with/

miércoles, 25 de febrero de 2026

POEMAS DE JUAN ANTONIO VASCO - INICIOS DEL SURREALISMO ARGENTINO -


CLARA ES UN ROBOT FRENÉTICO

 

 

 

       Se disfraza de mujer con misteriosa habilidad, pero es

un robot de la peor especie.

 

         Lo adviertes cuando se acomoda los rizos con tubos

de cartón tripas de rollo de papel toilette.

 

         Si se traba chirria y hasta que no le quitas de la máquina

el cuerpo extraño no vuelve a sus modales

de ameba servicial.

 

         Se sabe que cultiva hábiles intenciones contra cualquier

sistema y eso le proporciona su ternura de rosada mucosa

que no permite escapatória.

 

         Si la amas chapúzala en la vida para verla alborotar

peinarse y arrojarse como un calamar herido por sobre

casi todo lo que existe.

 

                                               (de Pasen a ver, 1982)

 

 

CONFUSIÓN Y LENGUAJE

       Partes nobles igual a partes pudendas

la nobleza da mucha vergüenza

confusión confusión

algarabía beréber bárbaro blablabla

“un penado se cortó las partes nobles con una hojilla

[de afeitar

con intenciones de quitarse la vida

noticiero de radio veintenueve de julio de mil

[novecentos setenta y tres

 

        la vida partes nobles

la muerte partes pudendas

 

        el penado tenía vergüenza de las únicas partes nobles

[que le quedaban

de nobles se convirtieran em pudendas

incapaz de soportar la vergüenza se les cortó

tenía vergüenza de la vida el pobre sinvergüenza de

[la vida

 

 

(de Pasen a ver, 1982)

Tomado de:

https://www.antoniomiranda.com.br/Iberoamerica/argentina/juan_antonio_vasco.html

 

 

Nada de historias

 

Ninguna solemnidad ningún corcel ningún futuro

ningún mapa ningún congreso de buscadores

de piojos ningún desayuno que no sea mortal

ninguna convalecencia de la opinión pública

ningún divorcio que no sea decretado por los amantes

ningún desembarco en tierra de ladrones

NINGÚN HOMBRE CON EL VIENTRE

ABIERTO DE UN TAJO TIENE INTERÉS

EN LA PERPETUACIÓN DE LA ESPECIE

Así que nada de historias ningún consuelo

ningún símbolo para el asco ningún pacto secreto

ningún receptor de televisión sintonizando

en mi reino no es de este mundo.

 

de Cambio de horario, 1954

Tomado de:

https://campodemaniobras.blogspot.com/2011/06/juan-antonio-vasco-nada-de-historias.html

 

 

LA TUMBA DE LOS AMANTES

 

La melodía de un fagot que regresa cargado de laureles,

el aire apenas tibio que exhalan las tumbas de los amantes,

todo está en su lugar.

El halo de aceite que marca el lugar donde una vez estuvieron sus pechos,

esa cera del insomnio manipulada por las manos de un amante

, un mercader de especies vírgenes, virgen de nuevo.

Cae la calma, desplegando su serpiente de caramelo sobre la faz del crepúsculo.

Juntos una vez más, lamidos por el hierro de la barca que desaparece en el olvido de las palabras del deseo,

rezan, poniendo las cuatro manos en el vacío que deja la muerte al alzar el vuelo sobre los techos de arcilla.

Ya lo saben todo cuando Dios desciende de su silla con el gran silbato de hueso,

porque el retiro se celebra en la habitación donde ardieron, arrojados a la pira del pudor.

Sin embargo, cada primavera que regresa cargada de cadenas

cava allí en el lugar donde tuvieron amor

y los despierta de nuevo

con gargantas llenas de remordimiento.

 

 

EL ARPA DE MADERA

 

I.

 

Un país de espléndida piel de botella

pasa desnudo como una mujer

junto a los edificios del mar.

Sus alegres pechos arenosos conservan inextinguible la marca de los dientes,

dientes adornados con ébano,

dientes que sonríen al sol.

Hermoso país de piel hinchada por la velocidad de sus hijos,

camisa de serpiente que agita la humedad,

tambor precipitado desde la colina hacia el mar con su guijarro dentro,

la piedra de la buena fortuna y la música de la piel.

 

II.

 

¿Saben que aplastaron el reloj de pulsera con una montaña?

Señalan al norte con nubes de humo seco

de fuego

de conversación

y dejan pasar al extraño

a las colinas contorneadas por el sol desde sus pies de luz aplastada hasta la cima.

Allí verás

subir de ventana en ventana

mejillas o vientres frenéticos de calor.

Son las colinas del coro por cuyos ojos de buey emergen niños amarillos de inocencia

con las cabezas raspadas por duros palitos de yuca.

Allí verás a los santos de piel del tamaño de la palma colgando en los corredores

incensados ​​como humo de ron.

Cabezas reducidas por el patriotismo bebiendo jarabe de luciérnaga,

buenos amigos de un crepúsculo,

buenos ciudadanos de su horno de paja de alto fuego atravesado por el bastón del hechicero.

 

III.

 

También hay grandes hormigueros donde se esconden las mujeres.

Se oye el arpa de madera que resuena sobre los árboles como la lluvia sobre los aviones.

Allí, se suda entre las espinillas

y se aprende a no esperar nada más que la escasa cuota de calor del año.

Botín:

palanganas redondas de placer efímero,

instrumentos de serenatas

y una gota de agua por honor.

Oh, mensajero acostumbrado a la espesura de la memoria,

no se siembra en la piel.

Y, sin embargo, a veces el pelaje frondoso de estas momias recuerda las medidas del Vals sobre las Olas

o el bambú de agua de coco que se acumula entre dos pechos de mujer oprimidos por el deseo,

derramando amor sobre lo que se ve,

lo único que existe.

Aquí, lo que se ve,

lo único que existe.

 

 

Epitafio de un limpio (1967)

 

Quiero dejar escrito

pintado en la pared

todo el bien que me han hecho

los ríos de agua fría

el mar caliente

el sol desnudo

las ciudades con olor de ceniza

 

Mis amigos

con una bengala en cada mano

para mí

carpintero de la nostalgia

mudo de padre y madre

me dan la bienvenida

y mis mujeres

la vida

en Londres bajo la lluvia

en Caracas bajo el sol

 

Puedo llorar a mares

me voy porque me voy

no porque quiera

la pasarela del Samborombón

ya no se pasa

y la esquina rosada de Barinas

ya no se cruza

el avión ya no toca en Grano de Oro

el ferry no fondea en Palmarejo

la chalana no amarra en Soledad

 

Me voy

me llevo todo

 

me voy limpio

hablando en español

con mi boca de tierra

 

(Del Libro PASEN A VER – Universidad de Mérida, Venezuela, 1982)

 

 

 

En la Casa de Postas

                                               A Enrique Molina

 

El pájaro que se quita sus plumas de hierro

para marcar los rostros de las muchachas con un

            signo que reluce más allá de los días que

            habitamos

esa comedia timidez hecha con restos de faros

            marinos

con el alambre del desprecio rizado en menudos

            ornamentos

esa presencia de hombre partido en dos

todo junto pulverizado guardado en un puño desde

            una noche hasta la otra

bajo la humedad de los besos cuyo sutil vapor

            invade las alcobas

una inagotable corriente de caricias

tu presencia exasperada hasta las lágrimas

entre los bambúes que oscilan en el viento

tu presencia exasperada de niño con un ojo saltado

rodando en el polvo como la esmeralda vomitada

            por un ajusticiado

Eres el agua negra donde toda blasfemia alcanza

            la transparencia del deseo

Tomado de:

https://www.generacionabierta.com.ar/2006/07/juan-antonio-vasco/

martes, 24 de febrero de 2026

POEMAS DE SILVIA GUERRA - POESÍA DESDE URUGUAY -


Antes, después

Avenir de lo oscuro, oscuramente un golpe, sordo en lo

Abreviado de alrededor que llega: como un mar, como verso, como

Recuerdo antiguo y propio, como olor de la infancia.

Y el color que lo invade, siempre invade entre intersticios

Del tiempo en la tez en el aire, en las ínfimas

Líneas que circundan los ojos. El color del otoño

desaprensivamente, la mano por la espuma ante el diluvio.

Así la mar se torna en femenino oceánica y los barcos

Nocturnos sobre el capote de la sombra crecen se agigantan y

Tratan de hacer visible algo en el recuerdo de alguien,

Se esmeran por llegar por llevar o traer, sólo en los filos laterales

Del viento

Se vuelve a gota, a primera inocencia.

 

 

Cloto

Afuera, en el cóncavo espejo que es Ahora

un fino entretejido se suspende: alguien

habla de dos, otros de cifras que son inmensas cantidades.

La ascendencia se pierde en estratos

que no tienen demasiada importancia.

Se nombran los caminos los pazos los pequeños jilgueros.

Se camina sonriendo por la empinada cuesta

con las botas sucias del barro del camino.

Se llenan los carrillos los rojos los sonrientes

de un aire

que ahí arriba se dice que es purísimo.

Y se habla de la guerra. Del color de la guerra.

Y aparecen los muertos, en fila, con el plato vacío

me preguntan algo que no entiendo, no entiendo que me dicen

no entiendo que hago ahí, por qué me siguen.

Y yo no sé que hacer, y ellos tampoco.

 


I

 

Como borde, bordar este tramado

Todos los días un poco, un poco más gotea

arma la rama, nido entrama

sobre el hilado que se extiende

no sutura. Pero no, viene de fuera.

De dentro viene enrevesando trama

hay que entender que inunda

que golpea las paredes, que resiste.

Hay que entender que gime que se rompe

que heroico es hacer del ánima brocado

que se expanda, y lo demás dejarlo

Como olvido

Como distancia, entre lo posible

y lo inherente.

 


II

 

Inclina oscura testa de alado halo rodeada

y empieza la tarea, que es ardua

de vegetal acuático y profundo.

Hila, con la cara de otra

traspasada. El cordero se mueve, se retuerce

avanza, sobre un plano verde

pradera natural entre pestañas.

Cree. Cordero cree que puede

estirar el hocico, morro, pasto cree

O no sabe

O confía.

Bailan los osos turbios con caretas enormes

al gozo de la llama y por la cuerda

que rítmicamente

otros, azotan contra el piso.

Bailan los osos balanceando sombra

gozo, para que los niños rían.

Y el cordero, que espera.

 

Finos dedos de seda

hilan, la bolsa de mercado.

 


V

 

Volver

a la condición de perro

inapresable, de pelaje lamido

de matadura rosa. Decir Nada

Resume. Decir la lengua mía

deshaciendo sustancia pegajosa

chocolate trufado. Una lengua

que aquí venga con la condición

terrosa del olvido en sordo resplandor

El maleficio. Vidriado ojo

que atravesado de placer percibe la roja curvatura

el anzuelo sangrado la enardecida linfa

y una vez más la cera, líquida inflamable

espesa que se cuece.

 


VI

 

La vela que gotea sobre el mantel bordado.

La piel, pétalo sobre la fuente abandonada.

A un hombre le sangra la nariz rota de un golpe

en un ring de suburbio,

con las paredes húmedas

pintadas de naranja. Una mujer se levanta de una sala

a la que no habrá de volver dejando atrás

la infancia y la muñeca. El racimo y el sueño.

Y no haber nadie

Nadie que espere en ningún sitio.

Apenas si se barren los restos de la cena.

Apenas si se nombra el porvenir.

Apenas el ala violeta del sombrero.

El tacto, apenas.

 


VII

 

Nada la sombra.

Nada el inquietante punto transbordado

moviéndose. Alejada del plato y del ruido

del hambre, de la noción siquiera

de carencia.

Creciendo desde un nódulo de atrincherada madera

verde y populosa temblando desdice coyunturas

corre por un tronco más o menos liso y pide agua

miel de palma

rebozo. Página dónde apuntar

olvido.

La costa varía apenas un poco cada día y transforma

los dibujos en la arena. Y es tan frágil la línea,

y tan azules los ahogados.

 

 

VIII

 

Podría ponerse en contra de la luz, del ventanal

para un juicio final, para el ocaso.

El ocaso en jirones de rosado cielo recortado

de dorado perímetro silente

para un incendio oscuro y agobiado.

Y nada se verá. Ni se sabrá tampoco nada.

Ni hoy ni mañana ni nunca.

Todo permanecerá como hasta entonces,

como hasta el entonces en que un loco

director descubra, levantando la tapa de otro seso

el roto cardenal, el silente ejercicio

la incesante paradoja de descomposición y olvido.

Y filmará entre aullidos

escena tras escena

como no fueron nunca en realidad

en esa recortada realidad de los hechos

transidos, fragmentarios.

Y estará ardiendo, mientras tanto,

el siempre ardiente

oscuro

corazón inadvertido.

Tomado de:

https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/65_66/guerra.html

 

 

1-

 

 

Venía obstruyendo desde atrás en demasía adentrando ese tiempo que se agolpa

en lo blando de las articulaciones. Y así por el camino en bicicleta entre los ceibos,

así en el empedrado y la mañana.

 

Estaba un poco más allá la fuente el surtidor, los topacios guardados de la fragua del viento, los anillos que quedan de cualquier extorsión. Sin embargo hay un hilo que la busca, un tiento debajo de las lonjas apiladas y que la luz transmite.

 

 

 

Quedan las piras, una sobre otra, el alto pelo para la tarde próxima. Esta mañana la luz filtra en las hojas y la tarde modifica sus tallos. Una granada presa en grutas toscas muda la materia reciente en una gloria verde atiborrada entre la clorofila.

 

Es mejor el resguardo de esa hora que confunde en las sienes. Recogerse.

 

El silencio es mejor. Vale la noche, vale el crepúsculo doliente, vale el pasar reiteradamente en las ventanas removidas y ser en ese instante luz en la pared

 

siguiente. Contra la nuca todo lo que resta:  los posibles espasmos en las hojas

 

el halo que desprende la emoción.

 

Asciende entre las pausas y los hiatos en sombra de ascensor ahogando estridencia y

Mediodía poniendo trapos a los celos proyectando las demás cabelleras esparcidas

y espasmos, pero el rumor persiste, crea un submundo, o un Aire, crece apenas. Un espacio en que moverse desde el pálido papel hasta el sitio en que la carnadura de la voz va al recinto del asma y un todavía puede insinuarse, Aún, rozando el bazo enroscando en un humo como si fuera de cacao a otros anfibios que caen en la maraña de la noche, liban de ahí, entre el olor y el sueño.

 

 

2-

 

No quedaba tan claro como viene. Si es del anudamiento o es del pasmo,

Nunca sabrá el olvido lo que cubre. Balanceándose como un vestido de

verano en la azotea insinuaba opulencia en el verde, advenimiento

de lo casto produciéndose, océano desde sí más a la espuma. Recorría la costa

alta la luz buscando entre las rocas veletas animales del plancton partículas de

seres que la noche ilumina. Hasta ahí, el canto era otra cosa.

 

Después la oscuridad pone su marcha y en la pregunta aplasta

lo que emerge. El mar como un fondo o apego

algo que llama. Siempre a llorar por esas mismas partes de cielo,

esos recortes de la costa en las desembocaduras.  Hay un borde en

el que crecen pinos insignes con piñones oscuros que perfuman el viento.

Una superposición de mareas, una alborada saca polvo del astro: debería

el tiempo respetar esas cosas y las líneas dibujarse en otra dimensión.

 

Cables trenzados, rayas que no cesan. Las mujeres se agolpan. Los vestidos

se achatan, quién quiere remontar esa subida, si son los monos famélicos que

desde la cima tiran piedras. El traje en la ventana se ventila y guarda, entre las

fibras, las temperaturas de la brisa.

 

Puede ser que la muerte se introduzca esta tarde.

 

Puede ser que se anime o que no le convenga. Como esas rutas

que atraviesan los campos es el mismo campo compungido que

atraviesa la estepa aunque a esa altura ya haya surtidores, agua en

baldes de lata, remansos en la sombra. Lo que queda de ahí es viento

amable que a veces trae perfume de fruta, de hojas de limonero, de

árboles de duraznos agrupados. Así la medianera, así el silencio de

la distracción y la distancia.

 

Pasa una nueva altura sobre sandalias libres que lleva de otro modo la minucia.

Y se desprende la blusa en la frescura del color violeta. Pasa la luz ahora y filtra

lo que el sol dejó en la fruta, más perfume viscoso, el tiempo apremia. Sólo el alrededor que queda en los cordófonos cuando pica la tarde entre las aves.

 

Arma la rama que dice sólo ahora. Los vegetales se deletrean entre los dedos.

Las yemas que apaciguan al tacto del socaire. A la textura de su crecimiento.

Y mira desde atrás de una ventana sobre la faz del mundo: unos carros que giran,

unas norias atadas. También hay otras cosas, embarcaderos, marcos en plata empujada

y el tornasol erróneo e imperfecto de esa agua que pasa contra el cielo.

 

 

 

3-

 

 

Caerse de la cuna. De sí caerse. Darse cuenta de ahí como el color asciende. Se mezcla con los otros más rubor y menos tolerancia. Cero. La copa que se llena al revés sobre el ras es que agota la línea del absurdo. Comba. La edad, comba. El cielo, comba. La noche inmensa recoge en la negrura un poco húmeda, cóncava, los bichos de la luz, las barboletas, los escarabajos diminutos del verano. Hay una estridencia pequeña en la negrura última de ese terciopelo que responde. Se hunde ahí, en la noche. Avanza en la concavidad. Mas la cuna. Mas la cuna de la que se cae, eso es de día. Un día para caerse de las cosas terrenas, atrás el estrellado cielo que se comba, atrás la humedad de la noche que se acerca con los pies del relente. Atrás el estupor. Que resta. Resta, resta. En el conglomerado las avispas doradas clavan el aguijón. Son alfileres. Son avispas. En el calor del día las avispas. Angosta el paso la evidencia que cae. La menudencia de las migas. Pierde peso. El peso, pierde. La gravedad trasunta las horas las redes diminutas de las células. Enjambres otoño abejas. Sólo el sueño proyecta con su sombra las palabras que nombran a las cosas, las extiende, las guarda. O las resguarda. Ahí. Donde escuece extiende cuela existe extiende. Ahí. Contra todo lo que pueda preverse. Duele dura distinto por completo: otro, Otra.

 

 

4-

                                                           Para mi hija Amparo, por lingüista, por hija

 

Una joven venada, una potranca el agua arracimada donde la horqueta

Del sauce la predijo. Los hilos que parecen paralelos se adelgazan apenas

y nadie se despide del ojo único que brama allá en la roca. Son instancia

gemidos abluciones. Intentos. Son intentos. A veces una convergencia

natural, un cierto aire de familia, y la navegación con boya del hasta

dónde las marcas del incendio, del abismo, de la obsesión, del rito. Un

paso más cualquier navegación encalla, una palabra, y el cuerpo cae, traslúcido

del alba sobre un pasto mojado. Una verde pradera humedecida y el espectro

que apenas se vislumbra ahí, boqueando. Son figuras que casi no pueden percibirse.

La contundencia, es, entonces, implacable. Trae la boca abierta y crece maúlla

arrastra entre las bolsas una especie de dicha de constancia y de dicha, en bolsas

de plástico calado que dejan entrever esos lingotes. Y todo más allá se ordena

clasificado, externo, encastrado, muchas veces perfecto sobre una mesa larga

con ruedas que pueden servir para alcanzar un libro cuando alguien se despierta

en mitad de la noche o para disecar cualquier ser vivo en caso que la duda asalte. Y si la noche cae, aquel espectro que apenas balbuceaba olvidado a unos centímetros

del pasto, puede resplandecer plateado, fino, helado como escarcha fulgurante, puede

oírse sonar en láminas metálicas delgadas y hasta verse la combustión de turba en las

partículas del asma. Se agitan de manera horizontal las pequeñas hojas de las tipas

antiguas a punto de arrancarse designadas con rayas a amarillas. Contra el espejo

musitó una boca que decía de dios en las vocales, que dios estaba ahí, en las vocales que dejaban sitio, que eran las que daba el aire, que el respiro era dios, que el alma el soplo.

La chata superficie del espejo apenas conteniendo el hálito, apenas empañada devolvía

semejanza, daba letra, volvía legible el plomo, renacía.

Tomado de:

https://www.vallejoandcompany.com/2014/12/25/poemas-de-silvia-guerra/

 

 

LÁQUESIS

 

Es un prisma. Es un prisma que gira.

Es un prisma que fragmenta la luz, la descompone.

Es un sueño la luz.

Es un sueño la luz que se repite.

Es un espacio verde, que se hiciera

Hay dos amordazados en la luz

en el preciso verde.

Gira una vez el prisma y se hizo tarde.

Gira una vez la luz y hay un zapato suspendido en la esquina

un montón de arañitas verdes, casi transparentes que caminan

incendiándose el lomo, sobre una tela casi transparente que no

deja respirar a los que de una manera casi transparente

empiezan a quemarse.

Afuera, alguien salta tratando de mirar por la ventana

un golpe apenas en el vidrio, una marca de sangre.

Y es la luz, los irisados tonos de la angustia

Ese silencio bordado de la tela

Crujiendo, desde la lluvia verde, casi transparente.

 

 

LA ESPERANZA

 

Siempre. Como un punto blanco y arrasante

una luz, de pura esencia necesaria. Incandescente.

Cegada por la luz, la boca abierta

palpita algo en el valle, ruido de agua

Hojas de eucalipto perfumado

Algo de paz se recoge sobre el oro esparcido

Algo, parecido a la misericordia

Queda.

 

 

VERBIGRACIA

 

Hilos. Invertebrados. Largas madejas.

Tubérculos oscuros.

Leguminosas.

Rizoma.

Emerge hacia la superficie. Corre

como cordel, pequeños bulbos

Familia se escribe con minúscula, es un yuyo.

Ovario ínfero, es el que duele por el rema, es

lo que queda. Una semilla sin endoesperma,

el almacenamiento es en depósitos, el

almacenamiento es como el tiempo, no es de nadie

Está, permanece, gotea en los galpones.

Entra y sale la gente los animales las demás semillas,

todo. Él permanece humedecido en la penumbra quieto.

Los cotiledones son oleosos en el ovario ínfero, el embrión

de la semilla es recto. Gineceo

es la posición del ovario

Puede decirse infinitos

La dispersión es por el viento

O los insectos.

 

(De Nada de nadie, 2001)

 

 

OJO DE AGUA

 

En el campo tranquilo duerme el alba

está tu nombre ahí merodeando la sombra

como eco rozando con la vara los metálicos

mimbres que en ramalazos traen estrías de

luz en el rielar quietísimo del agua recostada

en las hojas de los álamos dulces. Llega hasta

aquí como la misma sombra y al músculo

enaltece sin nombrarlo, otro golpe en el pulso,

finísimo ramaje enardecido, algún pájaro canta

o gorjea, lejos –avisando– agorero. En algún sitio

empieza la lluvia, deliciosa.

Y cuando el blanco del albor tiña las líneas

y suene entre las hojas el aire del estanque

es Alma, estremecida pronunciando

mi amor la sola línea. Sin pájaro

Tu nombre.

 

(De Pulso, 2011)

 

 

25

 

Hacia adelante una explanada se descubre

a ambos lados de la senda. Las escaleras y

lo escarpado de la roca se guarda en la atmósfera

sobre el campo que parece vacío. No vienen

porque no te concierne. Los pasillos terminan en un

cerrojo que está del otro lado. Lo que queda

son hojas batiéndose, removiéndose dentro con

el aire que a veces se nota combado y fabuloso.

Salirse de la voluntad es algo así como dejar la

ropa doblada y junta. Un hábito de monja encapuchada

hace llagas en la piel más suave. Lo brioso del caballo entre

verbenas, las maderas devolviendo la gravedad de los sonidos.

La cavilación se da entre ahí.

Sí, la anacahuita sabe algo entre ese ramaje desparejo.

Se licúa todo esto de la línea y el presente encandila de frente.

El útero tiene esa voz que canta al campo abierto. Añoranza

de años es lo extraño cuando la pierna te convoca. Las valvas

sostienen la corriente en la orilla como un filtro sonoro sin ese

acantilado desde arriba. Entra de lleno el amarillo retumbando

para durar en el atrás de cada ojo.

 

 

30

 

Por ejemplo: el calor. En cualquier parte del día

Incendia la columna, llena de agua pliegues, recovecos

de los que se desconocía su existencia. Sí. Sí.

Aparecen membranas mientras va cantando el día

Y todo lo que está, florece. Olores. De las flores, orín,

olor del corazón bombeando negro apretujado ya falto

en su raíz. Sí, Olor del miedo cuando joven la grupa

por el monte fulgía. Sí. Y más acá paisajes, con aviones,

los ríos dibujándose en el mapa. Todo el ras de la tierra

en polvareda. Más miedo despertado en los incidentes de

la tarde. Ah. La definición se ve impelida el tiempo

pasa sucediéndose en tramos, extremos, la música disuelve

los huesos de los hombros, los pequeños omóplatos. Esa es

la unción de los pezones incipientes un día, raya, la foto

mantiene la espalda en presente infinito frente al agua.

Ahora en la voz, ahora en el cuello que se cede, en el calor.

Traicionero. El cuadro de Brueghel desplegado en las tablas

donde pasa a la vez, todo. Simultáneo. El calor,

los montes de hace un rato desprendiendo olor a matorral,

un poco de sangre en la corteza colándose hacia abajo. No

hay resultados, todo es,

al mismo tiempo.

 

 

31

 

Sin intención. Digamos despoblada.

Interna, adentro, exclusa, inexplicable. Sí.

Inexplicable y sigue. Sigue sigue. Siempre,

esa palabra que perdura, que le saca el tiempo

a lo demás, queda en la línea inerme de presente

que es blanca. Cielos rayados en la noche, campos

cruzados a traviesa. El dolor en pañuelitos ciegos

guardados en el cofre. Ah. Adviene, inmensa ola.

Curva la noche igual siempre apabulla, entre tanto,

el adentro prospera en el gerundio nadie sabe hacia dónde.

Porque se puede presentar cardumen y empezar a manar

sangre de golpe. Puede ser. El ruido de un gong, una figura

inmensa o aureolada. Explaya, expande. Y deja de importar,

las demás cosas, el plato con las hojas de menta la lengua

los ojos que llegaron presurosos a ver qué sucedía, si había

ayuda posible, dónde. Era. En la premura de las horas, ese

instinto secreto que guía a los mamíferos a su alimento

primordial. A las madres detrás de los camiones que reclutan

los hijos, Deméter caminando por días sin parar y sin agua

cuando la tierra se cierra detrás de los aullidos. Ah. Y los

coros con las manos unidas. No hay bendición ninguna en

ese rito, solo repetición, idolatría, sólo el mando que eleva

la continuación al infinito. Entre tanto, y dentro, interno misterio,

indescifrable. Atrás silencio. Y atrás, lluvia que cae.

 

(De Todo comienzo, 2016)

Tomado de:

https://www.revistaaltazor.cl/silvia-guerra-2/

 

 

Atropo

 

Ni mía.

Ni de nadie. Nada.

Yescas, hojillas. Viento de hoja seca.

En la mañana azul, la blanca brisa y el perverso anhelo

El ir queriendo, la cabeza la cara con eczemas, al viento.

Baja por esa correntada nítida y precisa

en el perfil, en el miedo atroz de la figura.

El agua en la mirada que se enfrenta y es un rostro sin alma

que se escapa para llenar ese otro rostro de silencio

para llenarlo con el hilo libado de los sueños, en la niebla.

La sombra sin atrás, sin cuerpo que refleje, la pura sombra.

La sombra pura que maltrecha de sí logra extenderse, asirse

sobre un suelo, cubrir la heroica superficie agreste

Beber hacia el desierto como un canto como un sonido largo,

una oquedad nimbándose desde el cobre central, dulcísimo

metal, que envuelva.

Y afuera entre las casas, dispersamente lejos

conjuntos de hábitos, manteles, pequeños telares enardecidos

de gardenias. Y afuera lejos, la tarde que se curva

las primeras estrellas. ¿Para siempre?

Tomado de:

https://web.uchile.cl/publicaciones/cyber/16/escritoras8.html