martes, 14 de abril de 2026

POEMAS DE ANA EMILIA LAHITTE - DESDE ARGENTINA -


El sueter de Fedorio

En los bordes raídos del suéter

de Fedorio

se arremansan la vida y sus historias.

 

Jamás

me atrevería a proponerle restañar

esos hilos desgastados

reavivar los colores

las zonas percudidas como un abecedario

para ciegos.

 

Quitárselo

sería desollarlo.

 

El suéter de Fedorio

es una hogaza

un libro de bitácora un sol un campanario

alguna melodía que se canta

sin que nadie la escuche.

 

Su intemperie

anuda cuanto ha sido algo más

que un adiós

menos que un llanto

algo que sólo cabe en el hueco secreto

de la mano.

 

Si otra piel respira

debajo del mandala de su suéter gastado

será sólo el sudario

que busca convertirse en el revés cereal

de esa coraza

hilada por los pájaros.

 

 

Sellos de posesión

Cuerpo de mujer

 

Conspiración del universo

para que el horizonte

se desnude.

 

Quasar

 

Aquel falo de estrellas

que siempre pareció comenzar

en tu boca.

 

Pecados

 

Hay pecados rebeldes

que no desaparecen hasta violar

alguna garza azul.

 

 

 

La niña extraña

Tenía un grillo entre las sienes

y sabía decir mariposa.

Lo demás lo ignoraba.

Un día descubrió que Dios no era una alondra.

Otro día

les dijo a las simientes

que sería más lindo brotar alas.

Al fin

se convenció de que en el mundo

hay demasiadas cosas sabias.

Y se fue despacito,

caminando,

caminando hasta el alba.

 

 

 

Tigres

Dicen

que el territorio de las hembras

es menor.

 

Pero el olor a hembra atraviesa el verano

y el celo

es territorio prometido

para tigres

y albatros.

 

 

 

Desiertos

Los hombres azules

frontera de las altas dunas.

 

 

No hablan de la sed

con quien la desconoce.

 

 

Como alimento

intercambian silencios de arena.

 

 

Parecen separarnos horizontes

eternos.

 

 

Ignoran

que con ellos convive otra sed.

Exhausta

Sin oasis.

 

La de nuestros desiertos.

 

 

Liberación

Las manos.

Sometida extremadura

de la avidez y de la servidumbre.

 

 

Si pudiera

las dejaría partir

desarraigadas

sabiamente inexpertas

como el tacto feliz de los amantes

buscándose en la oscuridad.

Tomado de:

https://www.poeticous.com/ana-emilia-lahitte?locale=es

 

 

Autorretrato

 

Me miro en el espejo.

 

Una mujer avanza

desnuda,

sin heridas aparentes.

Es una hembra espléndida

en épocas de celo,

tal vez.

Pero ya muerta.

 

En carne y sombra altiva

despoja sus silencios.

En silencio,

un idioma de albatros

la sustenta.

 

Se yergue luego

intacta,

con dignidad de hiedra.

Y aferrada a sus muros

de lumbre y soledades,

espera.

 

 

Cetrería

 

Liebre, venado, faisán.

 

No me atrae la caza,

ni me gusta alinear la carne roja

en bandejas de plata.

 

Pero el halcón

acaba de traerme tus ojos

 

Amo la cetrería.

 

Mañana

ha de traerme tu mirada.

 

 

Fe

 

Ha de haber

algo más.

 

Tiene que haberlo.

 

¿Detrás del llanto?

 

No.

Detrás del último

instante

en que creemos.

Tomado de:

https://lospoetasnovanalcielo.blogspot.com/2021/07/ana-emilia-lahitte.html

 

 

EL ADOLESCENTE

 

Este dolor

que herrumbra nuestras lágrimas

nunca tendrá sentido para el adolescente

sabiamente cegado por el alba.

-

No muere aún.

Él cree que no muere

aunque presienta y goce sin saberlo

señales de ancestral artesanía:

nacer de sí nacerse aniquilarse

inventar el adiós

para ese extraño que él será en el vacío

cuando otro ser intacto lo suplante

y reclame los rostros de lo humano.

-

Pero él no lo sabe.

Sus párpados son lámparas de trébol.

Mandrágoras de sol

trenzan guirnaldas con su sangre inocente.

¿Por qué ha de saberlo?

Es un ángel que se atreve a existir.

Sus enigmas de pan fundan espigas.

Con pájaros de trigo

sus venas aposentan cataclismos.

-

Todo le es natural como su sombra

ese jaguar

que marcha a su costado

sin herirlo jamás.

Todo es tan libre semental desnudo.

Todo

menos el hueco de las lágrimas

donde se oculta Dios

y lo reclama

desde obsesivas cárceles de origen.

-

Mientras

la noche crece. Lo contempla.

Lo aguarda en su bellísima morada.

 

 

AMANTES CLANDESTINOS

 

Uno va internándose

en la fatiga horizontal que llega

a seducir los huesos

y el silencio

como si fuesen huéspedes fugaces

o amantes clandestinos.

Y un día

nos sorprende descubrirnos

dueños de una morada

abierta a la intemperie de toda soledad.

 

Vamos tendiéndonos

junto a nuestra sombra arropándonos con ella.

 

Hay un cambio de piel

que nos desnuda.

 

 

Y la fatiga invade.

Murmura otros idiomas

que no son extranjeros pero emplean

sin voz

otras palabras.

 

Para no herirnos.

Para no decirnos que hemos comenzado

a habitar el adiós.

 

 

DAGUERROTIPO

 

...aún los que están solos llevan en sí

su pareja encarnizada,

en cada espejo yace un doble,

un adversario que nos refleja y nos abisma...

 

Octavio Paz

 

Ninguna carne

es hierba detrás del horizonte.

 

Él está allí

apenas reclinado en esa ambigüedad

que burila el trasfondo de los daguerrotipos.

Tiene mi misma frente

mi criolledad austral de hace dos siglos.

Quizá debí decir tengo su frente.

O es la nuestra una frente mortal

única y sola.

 

Los huesos de las sienes

arrasan transparencia desde una eternidad

que ya conozco

invadida por él y por su sombra.

Cada vez que entablo batalla con sus ojos

él me arrastra hacia bosques de silencio

donde el adiós flagela mis espaldas.

El lugar de mi cuerpo

es un desierto que media entre las vísceras

y el humo.

Sin lecho

conocemos la feroz inocencia de los astros.

 

Pero alguien vigila.

Tras los rasgos hay un rostro vedado

que no fue nuestro rostro

sino el del extraño que en pavor germinal

de nuestros muertos cavó guaridas

sin jamás rozarnos.

 

Ahora

en el exilio de su marco dorado

su herrumbre cautelosa apacigua lo humano

sin que el alma acuda a rescatarnos

de la única muerte que vivimos

en soledad de dioses.

 

Tal vez

y su espejismo o su isla de piel

o su naufragio.

El de todos los rostros

que se ciegan en esplendor de un sol

deshabitado.

 

 

ALTRI TEMPI

 

Las salas enfundadas como inmensas corolas. y un secreto soleado:

el país de los patios. (Se decía glicina, heliotropo, diamela,

como ahora se dice ADN, sidaico). Aquel cielo privado

con chicos y canarios y huertos y murales de macetas pintadas

era de veras cielo. (Entonces, lo ignorábamos).

Nunca imaginamos que lo fuese, hasta ahora, en que hemos

cumplido nuestros propios infiernos). Aquellos cielos

bajos, a ras de tierra, humanos. Todavía a salvo. Allí donde ser niño

era tener abuelos en la casa y amarlos,

dejándolos vivir libres de vaciaderos de viejos:

adiestrados espectros que siempre se demoran demasiado

en morir y dejar limpio el mundo,

que ya no tiene patios, ni destino, ni tiempo.

 

Ser niño era pedirles que nos dieran la mano, porque teníamos miedo.

Y volver a pedirles que nos contaran cuentos (que eran verdad,

ahora lo sabemos) Y llorar junto a ellos penitencias y encierros:

“había que educarnos”... (Se decía señor y plegaria

respeto, con limpio olor a incienso y a sopa obligatoria,

a almidones y ungüentos).

Se decía Maestro, y en el cuaderno único cabía el universo.

El padre, con arrestos de patriarca doméstico, “tenía autoridad”

y la madre dulzura, por amor o por tedio.

Lo cierto es que la casa nunca estaba vacía

(la mesa familiar, otra inútil reliquia) y la abuela, el abuelo

-una especie de puerto del buen regreso-

eran sencillamente viejos: con todos los derechos a morir

en su casa, en su cama, en su llaga, en su pulso, en su tiempo.

Sin adiós intensivo. Sin pactos terminales de abandono y silencio.

En fin, sólo fantasmas de cielos y otros tiempos.

 

 

ALGUNAS MANERAS DE ENSAYAR EL ADIÓS

 

1

Cada latido,

pendular, descalzo, regresa al universo.

 

2

Somos lo que no vemos.

Somos lo que ignoramos. La sombra es la única constancia

del aún estar después de haber huído.

 

4

Amo

el temblor radiante de mi propia intemperie.

 

5

La desnudez

fue siempre mi guarida secreta.

 

6

Costó tanto

inventarse, cavarse, mutilarse,

antes de regresar al fondo del espejo.

 

10

Lo importante es la sed.

Ser un mismo desierto.

 

13

Fascina

Este límite

Donde el haber vivido se desprende

como la piel de una serpiente.

 

18

Sí,

las heridas son el mejor manuscrito.

 

32

Envejecer es esto,

recordar vagamente la piel de los amantes.

 

37

Sólo creo

en los ángeles heridos,

en su examen de luz en los infiernos.

 

38

La duda es un extraño paraíso

donde Dios puede al fin dejar de ser eterno.

 

42

Amo secretamente el casos que me ama.

 

44

Es difícil morir.

Más difícil aún saber si estamos vivos.

Tomado de:

https://www.poesiacastellana.es/poemas.php?id=Lahitte+%2C+Ana+Emilia

viernes, 10 de abril de 2026

POEMAS DE JOUMANA HADAD - POESÍA DESDE LÍBANO SE ESCRIBE EN TIEMPOS DE GUERRA-

Cuando me hice fruta

 

Hombre y mujer fui concebida bajo la sombra de la luna,

Pero Adán fue sacrificado en mi nacimiento,

Inmolado a los mercenarios de la noche.

Y para colmar el vacío de mi otra esencia

Madre me bañó en aguas del misterio,

Me instaló en la orilla de cada montaña,

Moldeó la luz y la penumbra

Para hacer de mí mujer-centro y mujer-lanza,

Traspasada y gloriosa,

Ángel de los placeres innominados.

 

 

 

Extranjera crecí y ninguno cosechó mi trigo.

Diseñé mi vida en una hoja blanca,

Manzana a la que ningún árbol dio a luz.

Y la horadé y salí,

En parte vestida de rojo y en parte de blanco.

No solo estuve en el tiempo o fuera de él

Porque maduré en los dos bosques

Y recordé antes de nacer

Que soy un tumulto de cuerpos,

Que dormí largo tiempo,

Que viví largo tiempo,

Y cuando me hice fruta

Supe lo que me esperaba.

 

 

 

Pedí a los magos que cuidaran de mí,

Y entonces me llevaron consigo.

Dulce era mi risa

Azul mi desnudez

Tímido mi pecado.

Volaba sobre la pluma de un ave

Y me hacía almohada a la hora del delirio.

Cubrieron mi cuerpo de amuletos,

Y untaron mi corazón con la miel de la demencia.

Protegieron mis tesoros

Y los ladrones de mis tesoros,

Me obsequiaron historias y silencios,

Desataron mis raíces.

 

 

Y desde aquel día me voy

Me hago nube de cada noche

Y viajo.

Soy la única en decirme adiós

La única en acogerme.

El deseo es mi camino y la tormenta mi compás,

Y en el amor no echo anclas.

Gemela de las mareas,

De la ola y de la arena

Del candor y de los vicios de la luna,

Del amor

Y de la muerte del amor.

Durante el día mi risa es de los otros

Y la cena solo a mí me pertenece.  . 

Quien sabe mi ritmo me conoce

Me sigue

No me alcanza.

Traducción de Renato Sandoval

Tomado de:

https://www.laotrarevista.com/2010/03/joumana-haddad-libano-1970/

 

 

Sombras apenas

 

Yo pretendo que soy yo misma

Pero desconocidas criaturas viven en mí.

Ojos que no son míos ven el mundo por mí,

Y otros cuerpos se pasean con mi vida.

 

Yo pretendo que soy yo misma

Pero yo soy la conocida, encubierta.

Ni mis minas han sido descubiertas

Ni mis metales pulidos.

Lo que aparece de mí

Son sombras apenas que tú lanzas

Y ellas actúan por mí.

 

Son meras ideas que tú inventaste.

Tú puedes pensar que vivo aquí,

Pero no he llegado todavía, ni estoy a punto de hacerlo.

Para cruzar hacia ti no existe espacio para mí,

Ni luna para hacer una cita,

Ni noche para descender desde la luz del día.

 

Yo pretendo que soy yo misma

Pero vago en mi inexistencia.

El ocio sigue siendo una invitación allí,

El caos pastorea las estaciones todavía.

El tiempo allí no se ha convertido en tiempo todavía,

Ni las formas han llegado todavía a convertirse en formas.

Los labios son labios por naturaleza,

Y las nubes no persiguen a las lluvias de ellos.

 

Libre, yo desaparezco en mi espejismo.

No tengo identidad de la cual desistir,

Ni pertenencia para peligrar por ella.

Multiplico hasta extenuar los números

Y soy ignorante de ellos como de sus nombres lo es el mar.

Nadie me llama,

Nadie me conoce.

Solamente palabras

Lentamente me hacen.

 

Yo pretendo que soy yo con ustedes todos

Pero otras criaturas viven en mí.

Y si no he nacido todavía

Si mi ilusión me ha precedido para ti

Es porque he preferido retrasarme un poco

Hasta que llegue mi momento

Y entonces aquellas otras criaturas que he sido desaparecerán

Y yo me convertiré en mí misma.

 

 

Tu país, esa noche ardiente

 

 

        1

¿Quién eres extranjera?

Tus máscaras borrando los rasgos de tormentos

son tu ventana ciega.

Con la avidez del relámpago robas el sueño

y de la lujuria de tus sueños te estremeces

Entregada al infierno de la carne,

tu fisura se abre sobre el vaso.

Cómo puede reposar tu soledad al fondo del corazón

a pesar de los días que hormiguean de nombres,

cómo puede revestir tu tristeza los párpados

y tu tarde profunda arrancar la mirada de la sima?

 

 

        2

 

¿Quién eres tú, extraño recuerdo a la caricia,

raíces extrañas a la huida,

relajamiento oscuro como la densidad de la nube,

recogimiento semejante a sí mismo?

 

Tu carne ávida se sacia en su deseo

desierto extasiado en su arena sedienta.

Estrecha es tu tierra estrecha,

pero más vasta que el torso del amante.

Y una gota de tu desnudez basta

para que llueva la luna.

 

 

        3

 

No te engendró un árbol,

ninguna estación te maduró.

Tus puertas están cerradas

pero tú eres tierna como un placer que se abre.

Tu cabeza

en lo profundo

en lo profundo

se impregna de imágenes.

 

 

        4

 

Tu cielo, que permanece alto,

endulza el aburrimiento,

lo rocía de un gusto vencido,

tal el horizonte que sabe.

 

Di cómo tu imaginario guarda la esencia,

cómo al alba se cicatrizan tus deseos

y encienden tu sed de desnudo.

¡Cómo puede tener para cada salida del sol

su cuchillo, extranjera,

cómo te atreves! 

 

 

        5

 

Te pierdes en tu noche

y en los lugares de paso,

en cuanto a tu sombra ella busca tus manos múltiples

y oscila contigo bajo el arco de la voluptuosidad.

Extranjera tú eres

y tu lo sabes,

tú te rompes sobre tu reflejo,

después esperas la conclusión del viaje.

 

 

        6

 

Tu país es esta noche ardiente

y no hay soles para apagarla.

Tus brazos ebrios bailan al borde de la presencia

cada vez que una mano se dispone a partir.

 

Tu país no tiene nombre,

ni fin tampoco.

Tu alma, cada vez que se acerca el instante de llegada

lo aleja.

 

 

        7

Tú llevas tu soledad que corre en las llanuras

en busca de pájaros para el bosque

Tu soledad ligera

tal un seno que no ha atravesado el umbral de lo imaginario.

 

¿Dónde apoyas tu estrella cuando las tinieblas te tocan,

dónde brillas, astro peregrino?

 

 

        8

Tu palidez te guarda, extranjera en desorden

y en la sombra tus rostros deshechos te esperan,

tu humor alfombra el sendero secreto

y en la noche tu alma

llora la realización de su delirio.

 

Las tristezas no son tu manantial.

Tampoco son el estuario,

sino el viaje que hace el oro del alma.

 

        9

 

¿Extranjera, alma mía, quién eres?

Se te toma por la rebelde,

y no eres más que lubricidad que se traspasa.

Lo que se toma por rechazo

no es más del vértigo del extravío.

 

Y el exceso de las máscaras borra tu rostro.

Tomado de:

https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/71_72/haddad.html

 

 

Geología del “yo”

 

Soy el 6 de diciembre de mil novecientos setenta;

soy la hora justo después del mediodía.

Los gritos de mi madre alumbrándome

y sus gritos alumbrándola.

Su útero soltándome para emerger por mí misma,

su sudor alcanzando mi potencialidad.

Soy los ojos de mi familia sobre mí,

las miradas del padre, del abuelo, de las tías.

Soy todas sus perspectivas posibles;

las cortinas corridas, y las paredes detrás de esas,

y soy la que no tiene nombre, ni mano, por lo que viene detrás.

Soy las expectativas sobre mí, los sueños malogrados,

los vacíos suspendidos como amuletos en torno a mi cuello.

Soy el abrigo rojo ceñido, que lloraba al llevarlo,

y todas las constricciones que aún me hacen llorar.

Soy las tablas de multiplicar que aún ahora no domino.

El dos que suma uno, siempre uno.

Y soy la teoría de las líneas curvas, nunca juntas.

Soy mi fe, de niña, en que la Tierra giraba en torno a mi corazón

y mi corazón, en torno a la Luna.

Soy la mentira de Papá Noel,

que aún hoy creo.

Soy la mentira de Dios,

que no creo más.

Soy la astronauta que soñaba ser algún día,

las arrugas de mi abuela que se suicidó;

mi frente apoyada en su regazo ausente.

Soy chantaje, mi vicio inaugural.

Soy guerra

y el cadáver del hombre que los combatientes arrastraron ante mí,

y su pierna intentando seguirlo.

Soy la adolescencia de mi pecho derecho,

la sabiduría del izquierdo,

el poder de ambos bajo una camiseta ajustada

y luego mi conciencia de su poder: el inicio de la caída.

Soy mi aburrimiento rápido, mi primer cigarrillo, mi atrasada obstinación,

las estaciones pasadas.

Y soy la nieta de la niña que fui;

su falta de mi rabia,

mis decepciones, mis triunfos,

mis laberintos, mis mentiras,

mis cicatrices y mis virajes erróneos.

Tomado de:

https://akantilado.wordpress.com/2011/09/25/un-poema-de-joumana-haddad/

 

 

El Retorno de Lilith

 

Yo soy Lilith, la diosa de dos noches que vuelve de su exilio. Soy Lilith, la mujer destino, ningún macho escapa a mi suerte y ningún macho quisiera escapar.

 

Soy las dos lunas Lilith, la negra no está completa sino por la blanca. Ya que mi pureza es la chispa del desenfreno y mi abstinencia el inicio de lo posible.

 

Soy la mujer paraíso que cayó del paraíso y soy la caída paraíso.

 

(…Texto a dos voces, siento no haber podido tomar nota)

 

Soy la mujer destino y los convidados al festín me llaman la hechicera alada de la noche, la diosa de la tentación y del deseo, me han nombrado patrona del placer gratuito y de la masturbación y liberada de la condición de madre para que sea el destino inmortal.

 

Soy Lilith el secreto de los dedos que insisten, el pueblo, el sendero. Divulgo los sueños, destruyo ciudades de hombres con el diluvio, no reúno dos de cada especie para mi arca, más bien los transformo a todos para que el sexo se purifique de toda pureza.

 

(Canto a dos voces...)

 

El sino de los condenados y la diosa de dos noches, la unión del sueño y de la vigilia. Yo, la puerta feto perdiéndome me gané mi vida, regreso de mi exilio para ser la esposa de los siete días y las cenizas de mañana.

 

Soy la leona seductora y regreso para cubrir de vergüenza a las prisas y reinar sobre la tierra. Regreso para sanar la costilla de Adán y liberar a cada hombre de su Eva.

 

Yo soy Lilith y vuelvo de mi exilio para heredar la muerte de la madre que he criado.

Tomado de:

https://batalladepapel.blogspot.com/2010/05/poesia-de-joumana-haddad.html