martes, 24 de febrero de 2026

POEMAS DE SILVIA GUERRA - POESÍA DESDE URUGUAY -


Antes, después

Avenir de lo oscuro, oscuramente un golpe, sordo en lo

Abreviado de alrededor que llega: como un mar, como verso, como

Recuerdo antiguo y propio, como olor de la infancia.

Y el color que lo invade, siempre invade entre intersticios

Del tiempo en la tez en el aire, en las ínfimas

Líneas que circundan los ojos. El color del otoño

desaprensivamente, la mano por la espuma ante el diluvio.

Así la mar se torna en femenino oceánica y los barcos

Nocturnos sobre el capote de la sombra crecen se agigantan y

Tratan de hacer visible algo en el recuerdo de alguien,

Se esmeran por llegar por llevar o traer, sólo en los filos laterales

Del viento

Se vuelve a gota, a primera inocencia.

 

 

Cloto

Afuera, en el cóncavo espejo que es Ahora

un fino entretejido se suspende: alguien

habla de dos, otros de cifras que son inmensas cantidades.

La ascendencia se pierde en estratos

que no tienen demasiada importancia.

Se nombran los caminos los pazos los pequeños jilgueros.

Se camina sonriendo por la empinada cuesta

con las botas sucias del barro del camino.

Se llenan los carrillos los rojos los sonrientes

de un aire

que ahí arriba se dice que es purísimo.

Y se habla de la guerra. Del color de la guerra.

Y aparecen los muertos, en fila, con el plato vacío

me preguntan algo que no entiendo, no entiendo que me dicen

no entiendo que hago ahí, por qué me siguen.

Y yo no sé que hacer, y ellos tampoco.

 


I

 

Como borde, bordar este tramado

Todos los días un poco, un poco más gotea

arma la rama, nido entrama

sobre el hilado que se extiende

no sutura. Pero no, viene de fuera.

De dentro viene enrevesando trama

hay que entender que inunda

que golpea las paredes, que resiste.

Hay que entender que gime que se rompe

que heroico es hacer del ánima brocado

que se expanda, y lo demás dejarlo

Como olvido

Como distancia, entre lo posible

y lo inherente.

 


II

 

Inclina oscura testa de alado halo rodeada

y empieza la tarea, que es ardua

de vegetal acuático y profundo.

Hila, con la cara de otra

traspasada. El cordero se mueve, se retuerce

avanza, sobre un plano verde

pradera natural entre pestañas.

Cree. Cordero cree que puede

estirar el hocico, morro, pasto cree

O no sabe

O confía.

Bailan los osos turbios con caretas enormes

al gozo de la llama y por la cuerda

que rítmicamente

otros, azotan contra el piso.

Bailan los osos balanceando sombra

gozo, para que los niños rían.

Y el cordero, que espera.

 

Finos dedos de seda

hilan, la bolsa de mercado.

 


V

 

Volver

a la condición de perro

inapresable, de pelaje lamido

de matadura rosa. Decir Nada

Resume. Decir la lengua mía

deshaciendo sustancia pegajosa

chocolate trufado. Una lengua

que aquí venga con la condición

terrosa del olvido en sordo resplandor

El maleficio. Vidriado ojo

que atravesado de placer percibe la roja curvatura

el anzuelo sangrado la enardecida linfa

y una vez más la cera, líquida inflamable

espesa que se cuece.

 


VI

 

La vela que gotea sobre el mantel bordado.

La piel, pétalo sobre la fuente abandonada.

A un hombre le sangra la nariz rota de un golpe

en un ring de suburbio,

con las paredes húmedas

pintadas de naranja. Una mujer se levanta de una sala

a la que no habrá de volver dejando atrás

la infancia y la muñeca. El racimo y el sueño.

Y no haber nadie

Nadie que espere en ningún sitio.

Apenas si se barren los restos de la cena.

Apenas si se nombra el porvenir.

Apenas el ala violeta del sombrero.

El tacto, apenas.

 


VII

 

Nada la sombra.

Nada el inquietante punto transbordado

moviéndose. Alejada del plato y del ruido

del hambre, de la noción siquiera

de carencia.

Creciendo desde un nódulo de atrincherada madera

verde y populosa temblando desdice coyunturas

corre por un tronco más o menos liso y pide agua

miel de palma

rebozo. Página dónde apuntar

olvido.

La costa varía apenas un poco cada día y transforma

los dibujos en la arena. Y es tan frágil la línea,

y tan azules los ahogados.

 

 

VIII

 

Podría ponerse en contra de la luz, del ventanal

para un juicio final, para el ocaso.

El ocaso en jirones de rosado cielo recortado

de dorado perímetro silente

para un incendio oscuro y agobiado.

Y nada se verá. Ni se sabrá tampoco nada.

Ni hoy ni mañana ni nunca.

Todo permanecerá como hasta entonces,

como hasta el entonces en que un loco

director descubra, levantando la tapa de otro seso

el roto cardenal, el silente ejercicio

la incesante paradoja de descomposición y olvido.

Y filmará entre aullidos

escena tras escena

como no fueron nunca en realidad

en esa recortada realidad de los hechos

transidos, fragmentarios.

Y estará ardiendo, mientras tanto,

el siempre ardiente

oscuro

corazón inadvertido.

Tomado de:

https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/65_66/guerra.html

 

 

1-

 

 

Venía obstruyendo desde atrás en demasía adentrando ese tiempo que se agolpa

en lo blando de las articulaciones. Y así por el camino en bicicleta entre los ceibos,

así en el empedrado y la mañana.

 

Estaba un poco más allá la fuente el surtidor, los topacios guardados de la fragua del viento, los anillos que quedan de cualquier extorsión. Sin embargo hay un hilo que la busca, un tiento debajo de las lonjas apiladas y que la luz transmite.

 

 

 

Quedan las piras, una sobre otra, el alto pelo para la tarde próxima. Esta mañana la luz filtra en las hojas y la tarde modifica sus tallos. Una granada presa en grutas toscas muda la materia reciente en una gloria verde atiborrada entre la clorofila.

 

Es mejor el resguardo de esa hora que confunde en las sienes. Recogerse.

 

El silencio es mejor. Vale la noche, vale el crepúsculo doliente, vale el pasar reiteradamente en las ventanas removidas y ser en ese instante luz en la pared

 

siguiente. Contra la nuca todo lo que resta:  los posibles espasmos en las hojas

 

el halo que desprende la emoción.

 

Asciende entre las pausas y los hiatos en sombra de ascensor ahogando estridencia y

Mediodía poniendo trapos a los celos proyectando las demás cabelleras esparcidas

y espasmos, pero el rumor persiste, crea un submundo, o un Aire, crece apenas. Un espacio en que moverse desde el pálido papel hasta el sitio en que la carnadura de la voz va al recinto del asma y un todavía puede insinuarse, Aún, rozando el bazo enroscando en un humo como si fuera de cacao a otros anfibios que caen en la maraña de la noche, liban de ahí, entre el olor y el sueño.

 

 

2-

 

No quedaba tan claro como viene. Si es del anudamiento o es del pasmo,

Nunca sabrá el olvido lo que cubre. Balanceándose como un vestido de

verano en la azotea insinuaba opulencia en el verde, advenimiento

de lo casto produciéndose, océano desde sí más a la espuma. Recorría la costa

alta la luz buscando entre las rocas veletas animales del plancton partículas de

seres que la noche ilumina. Hasta ahí, el canto era otra cosa.

 

Después la oscuridad pone su marcha y en la pregunta aplasta

lo que emerge. El mar como un fondo o apego

algo que llama. Siempre a llorar por esas mismas partes de cielo,

esos recortes de la costa en las desembocaduras.  Hay un borde en

el que crecen pinos insignes con piñones oscuros que perfuman el viento.

Una superposición de mareas, una alborada saca polvo del astro: debería

el tiempo respetar esas cosas y las líneas dibujarse en otra dimensión.

 

Cables trenzados, rayas que no cesan. Las mujeres se agolpan. Los vestidos

se achatan, quién quiere remontar esa subida, si son los monos famélicos que

desde la cima tiran piedras. El traje en la ventana se ventila y guarda, entre las

fibras, las temperaturas de la brisa.

 

Puede ser que la muerte se introduzca esta tarde.

 

Puede ser que se anime o que no le convenga. Como esas rutas

que atraviesan los campos es el mismo campo compungido que

atraviesa la estepa aunque a esa altura ya haya surtidores, agua en

baldes de lata, remansos en la sombra. Lo que queda de ahí es viento

amable que a veces trae perfume de fruta, de hojas de limonero, de

árboles de duraznos agrupados. Así la medianera, así el silencio de

la distracción y la distancia.

 

Pasa una nueva altura sobre sandalias libres que lleva de otro modo la minucia.

Y se desprende la blusa en la frescura del color violeta. Pasa la luz ahora y filtra

lo que el sol dejó en la fruta, más perfume viscoso, el tiempo apremia. Sólo el alrededor que queda en los cordófonos cuando pica la tarde entre las aves.

 

Arma la rama que dice sólo ahora. Los vegetales se deletrean entre los dedos.

Las yemas que apaciguan al tacto del socaire. A la textura de su crecimiento.

Y mira desde atrás de una ventana sobre la faz del mundo: unos carros que giran,

unas norias atadas. También hay otras cosas, embarcaderos, marcos en plata empujada

y el tornasol erróneo e imperfecto de esa agua que pasa contra el cielo.

 

 

 

3-

 

 

Caerse de la cuna. De sí caerse. Darse cuenta de ahí como el color asciende. Se mezcla con los otros más rubor y menos tolerancia. Cero. La copa que se llena al revés sobre el ras es que agota la línea del absurdo. Comba. La edad, comba. El cielo, comba. La noche inmensa recoge en la negrura un poco húmeda, cóncava, los bichos de la luz, las barboletas, los escarabajos diminutos del verano. Hay una estridencia pequeña en la negrura última de ese terciopelo que responde. Se hunde ahí, en la noche. Avanza en la concavidad. Mas la cuna. Mas la cuna de la que se cae, eso es de día. Un día para caerse de las cosas terrenas, atrás el estrellado cielo que se comba, atrás la humedad de la noche que se acerca con los pies del relente. Atrás el estupor. Que resta. Resta, resta. En el conglomerado las avispas doradas clavan el aguijón. Son alfileres. Son avispas. En el calor del día las avispas. Angosta el paso la evidencia que cae. La menudencia de las migas. Pierde peso. El peso, pierde. La gravedad trasunta las horas las redes diminutas de las células. Enjambres otoño abejas. Sólo el sueño proyecta con su sombra las palabras que nombran a las cosas, las extiende, las guarda. O las resguarda. Ahí. Donde escuece extiende cuela existe extiende. Ahí. Contra todo lo que pueda preverse. Duele dura distinto por completo: otro, Otra.

 

 

4-

                                                           Para mi hija Amparo, por lingüista, por hija

 

Una joven venada, una potranca el agua arracimada donde la horqueta

Del sauce la predijo. Los hilos que parecen paralelos se adelgazan apenas

y nadie se despide del ojo único que brama allá en la roca. Son instancia

gemidos abluciones. Intentos. Son intentos. A veces una convergencia

natural, un cierto aire de familia, y la navegación con boya del hasta

dónde las marcas del incendio, del abismo, de la obsesión, del rito. Un

paso más cualquier navegación encalla, una palabra, y el cuerpo cae, traslúcido

del alba sobre un pasto mojado. Una verde pradera humedecida y el espectro

que apenas se vislumbra ahí, boqueando. Son figuras que casi no pueden percibirse.

La contundencia, es, entonces, implacable. Trae la boca abierta y crece maúlla

arrastra entre las bolsas una especie de dicha de constancia y de dicha, en bolsas

de plástico calado que dejan entrever esos lingotes. Y todo más allá se ordena

clasificado, externo, encastrado, muchas veces perfecto sobre una mesa larga

con ruedas que pueden servir para alcanzar un libro cuando alguien se despierta

en mitad de la noche o para disecar cualquier ser vivo en caso que la duda asalte. Y si la noche cae, aquel espectro que apenas balbuceaba olvidado a unos centímetros

del pasto, puede resplandecer plateado, fino, helado como escarcha fulgurante, puede

oírse sonar en láminas metálicas delgadas y hasta verse la combustión de turba en las

partículas del asma. Se agitan de manera horizontal las pequeñas hojas de las tipas

antiguas a punto de arrancarse designadas con rayas a amarillas. Contra el espejo

musitó una boca que decía de dios en las vocales, que dios estaba ahí, en las vocales que dejaban sitio, que eran las que daba el aire, que el respiro era dios, que el alma el soplo.

La chata superficie del espejo apenas conteniendo el hálito, apenas empañada devolvía

semejanza, daba letra, volvía legible el plomo, renacía.

Tomado de:

https://www.vallejoandcompany.com/2014/12/25/poemas-de-silvia-guerra/

 

 

LÁQUESIS

 

Es un prisma. Es un prisma que gira.

Es un prisma que fragmenta la luz, la descompone.

Es un sueño la luz.

Es un sueño la luz que se repite.

Es un espacio verde, que se hiciera

Hay dos amordazados en la luz

en el preciso verde.

Gira una vez el prisma y se hizo tarde.

Gira una vez la luz y hay un zapato suspendido en la esquina

un montón de arañitas verdes, casi transparentes que caminan

incendiándose el lomo, sobre una tela casi transparente que no

deja respirar a los que de una manera casi transparente

empiezan a quemarse.

Afuera, alguien salta tratando de mirar por la ventana

un golpe apenas en el vidrio, una marca de sangre.

Y es la luz, los irisados tonos de la angustia

Ese silencio bordado de la tela

Crujiendo, desde la lluvia verde, casi transparente.

 

 

LA ESPERANZA

 

Siempre. Como un punto blanco y arrasante

una luz, de pura esencia necesaria. Incandescente.

Cegada por la luz, la boca abierta

palpita algo en el valle, ruido de agua

Hojas de eucalipto perfumado

Algo de paz se recoge sobre el oro esparcido

Algo, parecido a la misericordia

Queda.

 

 

VERBIGRACIA

 

Hilos. Invertebrados. Largas madejas.

Tubérculos oscuros.

Leguminosas.

Rizoma.

Emerge hacia la superficie. Corre

como cordel, pequeños bulbos

Familia se escribe con minúscula, es un yuyo.

Ovario ínfero, es el que duele por el rema, es

lo que queda. Una semilla sin endoesperma,

el almacenamiento es en depósitos, el

almacenamiento es como el tiempo, no es de nadie

Está, permanece, gotea en los galpones.

Entra y sale la gente los animales las demás semillas,

todo. Él permanece humedecido en la penumbra quieto.

Los cotiledones son oleosos en el ovario ínfero, el embrión

de la semilla es recto. Gineceo

es la posición del ovario

Puede decirse infinitos

La dispersión es por el viento

O los insectos.

 

(De Nada de nadie, 2001)

 

 

OJO DE AGUA

 

En el campo tranquilo duerme el alba

está tu nombre ahí merodeando la sombra

como eco rozando con la vara los metálicos

mimbres que en ramalazos traen estrías de

luz en el rielar quietísimo del agua recostada

en las hojas de los álamos dulces. Llega hasta

aquí como la misma sombra y al músculo

enaltece sin nombrarlo, otro golpe en el pulso,

finísimo ramaje enardecido, algún pájaro canta

o gorjea, lejos –avisando– agorero. En algún sitio

empieza la lluvia, deliciosa.

Y cuando el blanco del albor tiña las líneas

y suene entre las hojas el aire del estanque

es Alma, estremecida pronunciando

mi amor la sola línea. Sin pájaro

Tu nombre.

 

(De Pulso, 2011)

 

 

25

 

Hacia adelante una explanada se descubre

a ambos lados de la senda. Las escaleras y

lo escarpado de la roca se guarda en la atmósfera

sobre el campo que parece vacío. No vienen

porque no te concierne. Los pasillos terminan en un

cerrojo que está del otro lado. Lo que queda

son hojas batiéndose, removiéndose dentro con

el aire que a veces se nota combado y fabuloso.

Salirse de la voluntad es algo así como dejar la

ropa doblada y junta. Un hábito de monja encapuchada

hace llagas en la piel más suave. Lo brioso del caballo entre

verbenas, las maderas devolviendo la gravedad de los sonidos.

La cavilación se da entre ahí.

Sí, la anacahuita sabe algo entre ese ramaje desparejo.

Se licúa todo esto de la línea y el presente encandila de frente.

El útero tiene esa voz que canta al campo abierto. Añoranza

de años es lo extraño cuando la pierna te convoca. Las valvas

sostienen la corriente en la orilla como un filtro sonoro sin ese

acantilado desde arriba. Entra de lleno el amarillo retumbando

para durar en el atrás de cada ojo.

 

 

30

 

Por ejemplo: el calor. En cualquier parte del día

Incendia la columna, llena de agua pliegues, recovecos

de los que se desconocía su existencia. Sí. Sí.

Aparecen membranas mientras va cantando el día

Y todo lo que está, florece. Olores. De las flores, orín,

olor del corazón bombeando negro apretujado ya falto

en su raíz. Sí, Olor del miedo cuando joven la grupa

por el monte fulgía. Sí. Y más acá paisajes, con aviones,

los ríos dibujándose en el mapa. Todo el ras de la tierra

en polvareda. Más miedo despertado en los incidentes de

la tarde. Ah. La definición se ve impelida el tiempo

pasa sucediéndose en tramos, extremos, la música disuelve

los huesos de los hombros, los pequeños omóplatos. Esa es

la unción de los pezones incipientes un día, raya, la foto

mantiene la espalda en presente infinito frente al agua.

Ahora en la voz, ahora en el cuello que se cede, en el calor.

Traicionero. El cuadro de Brueghel desplegado en las tablas

donde pasa a la vez, todo. Simultáneo. El calor,

los montes de hace un rato desprendiendo olor a matorral,

un poco de sangre en la corteza colándose hacia abajo. No

hay resultados, todo es,

al mismo tiempo.

 

 

31

 

Sin intención. Digamos despoblada.

Interna, adentro, exclusa, inexplicable. Sí.

Inexplicable y sigue. Sigue sigue. Siempre,

esa palabra que perdura, que le saca el tiempo

a lo demás, queda en la línea inerme de presente

que es blanca. Cielos rayados en la noche, campos

cruzados a traviesa. El dolor en pañuelitos ciegos

guardados en el cofre. Ah. Adviene, inmensa ola.

Curva la noche igual siempre apabulla, entre tanto,

el adentro prospera en el gerundio nadie sabe hacia dónde.

Porque se puede presentar cardumen y empezar a manar

sangre de golpe. Puede ser. El ruido de un gong, una figura

inmensa o aureolada. Explaya, expande. Y deja de importar,

las demás cosas, el plato con las hojas de menta la lengua

los ojos que llegaron presurosos a ver qué sucedía, si había

ayuda posible, dónde. Era. En la premura de las horas, ese

instinto secreto que guía a los mamíferos a su alimento

primordial. A las madres detrás de los camiones que reclutan

los hijos, Deméter caminando por días sin parar y sin agua

cuando la tierra se cierra detrás de los aullidos. Ah. Y los

coros con las manos unidas. No hay bendición ninguna en

ese rito, solo repetición, idolatría, sólo el mando que eleva

la continuación al infinito. Entre tanto, y dentro, interno misterio,

indescifrable. Atrás silencio. Y atrás, lluvia que cae.

 

(De Todo comienzo, 2016)

Tomado de:

https://www.revistaaltazor.cl/silvia-guerra-2/

 

 

Atropo

 

Ni mía.

Ni de nadie. Nada.

Yescas, hojillas. Viento de hoja seca.

En la mañana azul, la blanca brisa y el perverso anhelo

El ir queriendo, la cabeza la cara con eczemas, al viento.

Baja por esa correntada nítida y precisa

en el perfil, en el miedo atroz de la figura.

El agua en la mirada que se enfrenta y es un rostro sin alma

que se escapa para llenar ese otro rostro de silencio

para llenarlo con el hilo libado de los sueños, en la niebla.

La sombra sin atrás, sin cuerpo que refleje, la pura sombra.

La sombra pura que maltrecha de sí logra extenderse, asirse

sobre un suelo, cubrir la heroica superficie agreste

Beber hacia el desierto como un canto como un sonido largo,

una oquedad nimbándose desde el cobre central, dulcísimo

metal, que envuelva.

Y afuera entre las casas, dispersamente lejos

conjuntos de hábitos, manteles, pequeños telares enardecidos

de gardenias. Y afuera lejos, la tarde que se curva

las primeras estrellas. ¿Para siempre?

Tomado de:

https://web.uchile.cl/publicaciones/cyber/16/escritoras8.html

lunes, 23 de febrero de 2026

POEMAS DE ALDO ALCOTA - SURREALISMO CHILENO SIGLO XXI -


EL REGRESO DEL TOPO

A Fernando Arrabal

 

He desertado

como el Héroe Pánico

He cerrado mi boca

En el boulevard de las pantorrillas

Pirámides con acordeón

Cierra tu boca bello topo

Y descubre las dos palomas

Que escupen sobre la vértebra del

TEATRO

Desatando golpes escondidos

Desatando mareas de ninfas

Sobre las preguntas

Acaso esa pipa de luz

Contestará al aire veloz

O a las consultas de tu madre

O interpretará una danza con traje inhóspito

De polvo

Sobre castillos de oro

 

 

Se abre el pecho del hombrecito

El regreso impaciente

Volver a desertar castraría dibujos

El regreso del salvaje

L’Afrance

Cabellera pronosticando mariposas

Con sexo rayado sobre hoja de papel

Cierra tu boca y regresa

 

Elevación del crepúsculo

Al hechizo máximo del sol.

 

 

La habitación

Habitación persistencia del sonambulismo,

días cerrados y la palabra fantasma se descontrola

sudando en un invento, vestigio reptil.

 

Habitación sonambulismo,

leche negra para un caballo

pidiendo otro tango, guaracha

o un vals necrófilo, en Finlandia tal vez.

 

Habitación desplumada

creadora de un amor inquietante,

un pajarillo bisutería usurpa el ruido de las sillas,

nadie las mueve pero se mueven.

Un retoque de una brocha en la pared,

nadie lo hace pero lo hacen.

 

 

En el pasillo suena una máquina hiladora que no se ve.

La habitación guarda un silencio de ahorcado imaginario.

 

 

EFEMÉRIDE

El inquietante desfile

En los relieves histéricos

Con medallas sobre el pecho

Iluminado

Por un prefacio de violadas

Allí

El dandy se convierte

En mujer ideal

Única en afeites

Erectos

Sacrificados en el coliseo

En presencia del escritor autómata

Que con tradición relojera

Mantiene numerosas afinidades

Con el montaje de lo deseos.

 

 

NUIT

 

A Andrea Köhler

 

Busco tu olor

En las páginas de un libro

Traduzco noches

Traduzco voces lejanas

Traduzco ansiedades de aire

Permanezco recostado contando hormigas de vapor

El humo

El humo de tu olor

Me anima a descifrar colibríes en la página

Que me entregan una ruta

 

Voy sin saber donde se esconde tu olor

sumergido en el oído de un silencioso místico

 

Tu olor es un fino guante

Acariciando una piedra.

Tu olor se hace real

Cuando te imagino.

 

Es de noche

Tu olor muerde la fuente de leche

Y todo acaba en un solo punto

Ahí estamos

Observando nuestros cataclismos lunares

Diálogo de ternura felina

Recítame un verso

Que pueda musicalizar

Con los coleópteros de tus adivinanzas.

Tomado de:

https://www.isliada.org/poetas/aldo-alcota/

 

 

02:35 hrs.

 

noche en un rompecabezas el insomnio de los días y de las tardes y de las noches con Godzilla traducidas a cuadros de feria con monigotes and payasos borrachos de cera

 

canción de cuna

 

una manzana en el suelo de una habitación vacía

 

noche cansaçd

a ¿..........?

 

un televisor avec imágenes de La Moneda bombardeada en 1973

 

un televisor amb imágenes de las cuevas del Yucatán

 

un televisor con la Edad de oro de Luis Buñuel

 

un suspiro en un guante de boxeo

 

Agustín Espinosa

 

Tenerife

 

Duchamp era diaguita

 

casting de mestizas

 

el “tener derecho” cavila perversiones y revive lenguas arcanas en su cabeza cosas y más cosas tatuadas en los pies de una mutante afrodisíaca y sud-acá de dos cabezas

 

el “tener derecho” fornica con los espíritus de varias muertas, besando manos de muñecas podridas recién salidas de una fábrica inundada

 

el “tener derecho” cuenta antes de dormir los tacos agujas que ha visto en el Club Salamandra

 

el “tener derecho” se emociona con el amor entre un enano surfista y unas siamesas budistas unidas por el pecho

 

Proteger de la luz solar. Preservar de olores agresivos. Conservar en lugar limpio, fresco y seco. Por su seguridad, no reutilizar el envase.

 

el “tener derecho” decide pagar a una puta de cristal y ella se disfraza de la mujer que el “tener derecho” imaginó siempre y que nunca nació

 

fotografías de Chichén Itzá decoran las paredes de una habitación vacía

 

Bon diaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa...(habitación 8) flesh

 

 

 Sacar la lengua

 

 

a una musa la confunden con una medusa

a una medusa la confunden con una musa

 

Nota: las páginas de la enciclopedia están al revés

 

 

Vociferan que hay unos que copian las ideas de otros

ideas en una botella de aceite

para la fritanga nocturna

riendo con arena en la boca

leyendo anuncios en los culos de las vacas locas

 

Nota: no se sabe si ésto es poesía o mierda escrita

 

 

“...lo que ha visto Campanita es a un aprendiz de comediante en un burdel exigiendo aplausos mientras se lava los dientes con perfume de su novia en una comedia de legs legs que Campanita disfruta por la página cincuenta y tantos después del buen viaje París Barcelona Nueva York Sevilla de la rostro Bambi Reina Mariana comiendo lentejas en el Museo del Prado decidiendo memorizar algún cuadro del genial Alberto Gironella* de padre catalán y madre yucateca...”

 

*Una de sus obras lleva por título, como la frase de André Breton, La belleza convulsiva, donde aparece la imagen de la cantante surrealista Madonna.

 

“una musa medusa sandunga” dijo la musa fuck suck huaipe cahuin

 

 

 

Letras de insomnio

 

y el Sombrerero Loco cuenta ranas en los dedos de las putas

mimetizando al happy happy happy en la lengua de la noche

y sirve el té al Conejo de las Nieves

que tras su larga caminata había pisado huevos

en el jardín de las delicias

huevos relatando leyendas de ebrios y ninfómanas

 

a esta hora, cientos de ventanas crean un sonido y un color que serán guardados en un frasco de mermelada

 

 

Monga: Silencio!

 

una holandesa vende sus tetas y sus amuletos en La Rambla de Barcelona

 

Colón acaba de descubrir tierras alrededor de lo simple

eso simple escondido en la almohada de la adivinanza

Obra de Aldo Alcota

 

 

 

Fragmentos del libro Guayacán

 

 

Perra Romana defeca en su jardín floreado y se saca su placa de colmillos. Piezas dentales puestas sobre un ajedrez canino, celebrando jaque mate, una City Can de caca, esculpida con la técnica de la soberbia soberana. Y en esa ciudad pasea Niño Perro, masticando un cachalote, masticando, masticando, andando y masticando, masticando mastín en la calle del Paseo Marítimo de Shangai Guayacán Diaguita cuenta euros y dólares, acompañado de un cholo esquizoide que ríe con una bolsa en su cabeza y silbando a los traficantes de mordiscos, orinando guías turísticas para perros.

Verduras a la venta en Shangai Guayacán. El énfasis de las lobas con pezuñas afrancesadas, mirando a los taiwaneses que llevan un trasatlántico cosido a sus testículos. Cabra Española mastica hierba frente a la cara del inca chasqui que lleva un computador sobre su espalda, tarareando canciones fermentadas.

 

...

 

 

Viviendo bajo el puente de Guayacán, Niño Perro realiza collages con restos de comida y cajas de fósforos. Revista amarilla con el rostro de Moctezuma Rauschenberg. La recorta, la pega en una teta de Perra Romana. Artista famoso con el ágorex en la narices, caminado por el ágora académico con Sócrates interrogando a un quiltro.

Tomado de:

https://derramepoesia.blogspot.com/2008/09/poesa-de-aldo-alcota.html