sábado, 28 de marzo de 2026

POEMAS DE JOSÉ MANUEL GUILARTE - DESDE VENEZUELA LA POESÍA CON AIRE DE NOVEDAD -


PPP [Primerísimo primer plano]2

 

Los ojos –enormes– se elevan sobre la tensión muscular que no evita tragar grueso, debajo de labios carnosos, adolescentes y cerrados a cualquier explicación que pretenda abrirse paso [¿por miedo? ¿qué es el miedo sino creer?] por entre los pasillos desolados de un hombre que contempla fijamente el vientre abultado, tan inexcusable como la aclaratoria que busca escapar a este forcejeo. Una nueva ojeada se desvía y el abdomen asume su protagonismo frente al novio de cejas contrariadas. ​​

 

¿Y las de ella? ¿Sostienen párpados a punto de caer?

 

Una sonrisa [un ángel, una contraoferta] aplacará la rigidez, allí donde el futuro esposo repondrá las arras. También el honor menguado. El desierto, un hijo y su bitácora.

 

 

Dance on a Vulcano3

 

¿Te han sodomizado alguna vez?

¿Por quién te gustaría, por Obama o por Chávez?

De tu respuesta depende que Naomi Campbell

exhiba tu guardarropa

antes de bailarle a Gaddafi

y tus neurosis queden en manos

de Sean, Danny o María Conchita

a la vez que Leni o Stone o Godard

filman el chapuzón de tus hijos.

 

 

¿O te conformarás

 

con las tomas abiertas, con la pulcritud anodina de los volúmenes, con la sobria parquedad de las tomas/? Jorge Volpi

 

¿A quién confiarás tu sinfonía?

¿Quién asumirá la vara de tu infamia?

¿A qué vaca sagrada dedicarás tus memorias?

¿Cuán ancha,

larga es su miseria?

¿Te aferrarás a su vestidura,

peliagudo como un hijo,

y no la soltarás

por el resto de la tarde?

¿Abdicarás a su sombra?

2      

O Pier Paolo Pasolini (primera escena de El Evangelio según San Mateo, 1961. La joven Madonna es Margherita Caruso).

 

3      

Basado en un diálogo de Week-end (1967), de Jean-Luc Godard.

Tomado de:

https://letralia.com/letras/poesialetralia/2021/06/21/cuatro-poemas-de-j-m-guilarte/

 

 

Tamara de Lempicka,2 óleo sobre madera, 35 x 26 cm

La garçonné no reparó en la huelga

de tranvías porque siempre

que acudía al teatro lo hacía en automóvil,

un modelo de carreras para la portada

de Die Dame: así resultará más hermoso

que la Victoria de Samotracia.

Encima del volante, Tamara despliega

el guante izquierdo y controlador.

De la rúbrica TJL, surge Tadeusz Łempicki

—prendado de Tamara Junosza—

al igual que la huella de otra mano zurda,

con anillo marital y boceto descolorido,

como el que recogerá sus cenizas

en el cráter del Popocatépetl.

 

 

 

Hundertwasser,3 serigrafía, 49,5 x 67 cm

[lado B] La expropiación frustrada

de los Cadillacs en la Textilera

Ariguanabo se sostiene,

contrariando al Che Guevara,

en las razones de la “aristocracia obrera”.

El sinuoso arsenal de carros deviene

sellos preformados sobre el asfalto,

un silabario anterior al alfabeto

que los marca y petrifica,

placas de letras y cifras blancas

reflectantes sobre fondo negro.

A lo largo del espiral sendero,

proliferan signos de la savia urgente, refractaria.

 

 

Nirvana para pirómanos

 

 

Sílabas son incandescencias.

Octavio Paz

 

 

Levantemos los escombros y escudriñemos la densidad del vino con el que hermosas poetas se nutren en las cuadras gastronómicas antes de proclamar la ingenuidad de sus mentores. El ascenso de las llamas no desmiente los humedales que se arraigan.

 

El síndrome de Sansón. Lo sufres luego de que te arrancan los ojos.

 

He visto fogatas diseminadas en siglos,

el horror de las castas,

el ardor de los caudillos,

un remolino que devuelve causas y efectos.

 

 

Amigos, han quemado al infeliz Chausson. Antes de partir hacia América, en los buques españoles de aventureros solían ajusticiar a sodomitas y demás seres indeseables, luego de untarlos con brea, para alejar la mala suerte.

 

 

Mi abuela vio cómo su padre se perdía en la niebla de una montonera.

 

 

 

Atacamos la esencia de la propiedad,

no a los propietarios.

El fuego es la efigie de la superioridad moral,

capucha de ángeles prófugos de una bóveda desprendida.

Las columnas de humo se multiplican

como travesuras de Prometeos finiseculares

que privilegian la comida saqueada

 

y la destrucción de autobuses.

[lo que te hacía menos bobo, deducía el doctor Chirinos]

Otras piras acogen cauchos, árboles y basura

para matizar diferencias de clase.

 

Desde el fuero de las barricadas, creímos que Rimbaud

viajaba en las cenizas de viejas páginas

de Life, testigos de un rarísimo esplendor.

En los antiguos cines las películas burbujeaban

como un aceite que expande sus hongos

blanquecinos antes de perforarnos.

 

Correteamos tímidamente entre los hierros

retorcidos y la granizada de los bosques.

Dioses ingenuos emergen con heridas y discursos

que nunca arrimaremos a las brasas.

El fuego que prometimos se escabulle

entre incertidumbres de libros sobrevivientes,

arrogantes, que jamás

ni nunca

nunca

arrimaremos a las brasas.

 

 

Chicago Fire, “One hundred”, temporada 5, episodio 8

Se piensa que los accidentes de tránsito

provienen del descuido exclusivo,

la ebriedad, drogas, anomalías mecánicas

y errores de cálculo con escasísimos

márgenes para el fallo. Todo ello es mentira.

O digamos, una media verdad.

 

Los cientos de miles de muertos cada año,

los millones de heridos y mutilados

en las carreteras y avenidas se hilvanan

como vástagos del modelo de desarrollo

basado en la preponderancia del motor,

cuya velocidad no deja cabida

a la equivocación

o a la mala fortuna de la piedrita

que rebota impenitente contra el parabrisas.

 

Hace más de dos siglos las cabezas nobles

rodaban predecesoras de sus verdugos.

Llegados al futurismo de Isadora Duncan,

la tarea se acentuó en una estola glamorosa.

Entre los restos de un choque múltiple

bomberos del siglo XXI escudriñan

oráculos en un capullo de cristal.

El cráneo rapado emerge hasta los hombros

porque alguien ha obviado

el uso del cinturón de seguridad.

Desde la ofrenda de un dron la escena

se esfuerza en decorar una postal de Chicago

aunque el chofer entiende

que vienen a liberarlo de una guillotina.

Gruesos tajos delimitan el cuello lacerado

y enganchado a un plato

ausente de Roy Batty, lágrimas,

Salomé y el deseo cabelludo.

La víctima debe relajarse y soltar los brazos

pero ha contado con suerte:

los rescatistas culminarán la operación

con prontitud. Dentro de pocos minutos

el bar Molly’s celebrará su aniversario

y el cuerpo de bomberos se dispondrá

a emular los brindis con los que Al Capone,

frecuente y flagrante, pretendió alargarse

en la notoriedad de una centuria.

 

2Basado en el Autorretrato [Tamara en el Bugatti verde] (1929; incluye Retrato de un hombre inacabado, 1928), de Tamara de Lempicka.

3Basado en La glorieta (1995; incluye Automóvil con gotas de lluvia II, 1957, y El jardín de los muertos felices, 1953), de Friedensreich Hundertwasser.

Tomado de:

https://letralia.com/letras/poesialetralia/2021/06/21/cuatro-poemas-de-j-m-guilarte/

 

 

Rabito

a Marialba Da Silva, in memóriam

 

El plástico es ánima que rebota

sin ambages de durazno, agua o leche descremada.

Lo juro por la avenida y sus orillas.

El trayecto no está exento de restricciones

mientras resquicios de asfalto se ufanan

en ostentar venias urgentes.

 

Rabito parece olvidar que junto a las costillas cortas

la columna alargada atribula su espina dorsal

y por ello ninguna condición es más importante

que la de permanecer con vida.

Un dilema de pedigrí que corre junto a la botella

y el hilo raudo de máquinas.

El envase despunta y Rabito insiste en asaltarlo

sobre piruetas de patas breves.

Sin darnos cuenta el fondo automotor engulle más afanes

poco antes de que el cilindro se desvanezca

en tanto apremia una lógica anticipada

desde la fragilidad de las mascotas.

El Spazio no lo arrastra ni un poco, pero Rabito chilla

y mi memoria es un testigo alevoso que versiona traumas

mediante alegatos de café:

 

¿Se rompió o no el cuello?

Polémica de pelo corto, liso y brillante.

 

Rabito asoma el hocico, ensangrentado.

Su ama lo alcanzará, lo acunará firmemente

y desaparecerá también.

 

 

El linchamiento

A los policías les enseñan a contener

los embates de la luna en explanadas

y a no intervenir en el ámbito

de taxistas secuestrados

al librarlos de sus captores.

El chofer aprendió que «Mía es la venganza»

es un lema de penosa recordación.

Los colegas lo ayudarán a culminar la labor

que comenzó cuando advirtieron

fisuras abominables.

 

Golpes

patadas

empellones. El orden de los factores

que no pretende alterar el deceso de un maleante.

Alguna vez su aliado escuchó algo como «ojo por ojo».

Se lo vaciarán, y también los dientes,

apenas intente escapar.

 

 

La teoría se muerde la cola

Dijo que incluso había serpientes que se tragaban enteras

y que si uno veía a una serpiente en el acto de autotragarse

más valía salir corriendo pues al final siempre ocurría

algo malo, como una explosión de la realidad.

 

Roberto Bolaño

«El Gusano»

 

 

 

Me gustan las anécdotas transmitidas

con aplomo y seguridad en aquellas

situaciones que te obligan a mentir.

La cantidad de apetitos nunca será suficiente

sin la verosimilitud que acaricie

el punto en que venzas al polígrafo.

Guiarás a tus oyentes a requerir

tu relato con fervor, porque te mimetizarás

con tu personaje y su contexto.

La ficción no tardará en hacerse parte

de tus huesos. Hará metástasis junto a tu público.

 

La remisión llegará con radiaciones encriptadas

en el mantra de una fórmula.

 

I

El atardecer recorre pilotines como pauta de una jauría.

Los obreros adelantan la jornada y los carros aceleran

para salvarse del contraflujo.

La densidad en las autopistas incluye agilidades

que carecen de recompensa.

 

 

El último de la fila

Si estás de último en la fila y deseas ausentarte por un rato,

mejor espera a que alguien llegue después de ti

y acceda a cuidar tu lugar,

sin advertir la sal derramada.

Al tenerte adelante, podrá mirarte fijamente.

 

Si te impacientas y no quieres aguardar

deberás contar con el que te da la espalda.

Quizás no te recuerde cuando regreses.

 

Si prefieres permanecer en la cola advertirás al joven

que llegará detrás de ti, coincidirá con su profesora

de lengua rusa y la presentará a sus padres.

El viejo disertará la nostalgia por Stalin.

La profe lucirá una estampa que reza NO PASARÁN

y volará en silencio hacia Brodsky,

Padura y Politkovskaya,

como excusa para mirarte fijamente.

 

 

A nice pair

                                                            a Fina Ugueto, de nuevo

 

I

El alejamiento nos hizo sordos, circunscritos

al aullido de los helicópteros.

¿Qué haces en medio del bulevar, con las libretas

abiertas de un curso de odontología?

En otro tiempo te desposaría con mi rutina

y buenas maneras. Ahora tus compañeras te rodean

y se bastan a sí mismas en su empeño

por ayudarte a consagrar el olvido.

El capullo de féminas te recubre como un corazón

que dejó de arder desde el momento

en que decidí contemplar desde muy arriba

el sinuoso camino de tus pasos que se alejan,

para no dejarte volver.

 

II

Madonna se casó con Guy Ritchie en el castillo de Skibo,

a las afueras de la población escocesa de Dornoch.

Los antepasados de la novia trabajaron en las fábricas

de acero de Pennsylvania para el magnate

Andrew Carnegie, quien restauró el castillo en 1897.

En su retirada, el rostro de Veronica Ciccone se asoma

por la ventana trasera del coche nupcial, esforzado

en ahuyentar fantasmas de antiguos paparazzis.

La carroza se aleja victoriosa de la sede decimonónica,

y deja atrás a los fieles amigos y los comentarios

acerca del diseño de Stella McCartney,

que envuelve la esencia de una novia reincidente,

para no dejarla volver.

Tomado de:

https://poesia.uc.edu.ve/madonna-y-la-teoria-de-las-colas/

viernes, 27 de marzo de 2026

POEMAS DE ROGELIO ECHAVARRÍA - LO RECORDAMOS UN DÍA DESPUÉS DE CONMEMORAR 100 AÑOS DE SU NATALICIO -


El transeúnte

Todas las calles que conozco

son un largo monólogo mío,

llenas de gentes como árboles

batidos por oscura batahola.

O si el sol florece en los balcones

y siembra su calor en el polvo movedizo,

las gentes que hallo son simples piedras

que no sé por qué viven rodando.

Bajo sus ojos —que me miran hostiles

como si yo fuera enemigo de todos—

no puedo descubrir una conciencia libre,

de criminal o de artista,

pero sé que todos luchan solos

por lo que buscan todos juntos.

Son un largo gemido

todas las calles que conozco.

 

 

Ved

Ved al ciego que va voceando su haz de prensa

y a su pequeña hija miseranda, engendrada

la misma noche que hoy tiene diez años.

(Todos engendramos nuestros lazarillos).

Vedlo

vendiendo luz a los que pasan

por un valor de cobre de rutina.

 

De las floristerías sale un olor a muerto

mas él conoce sólo la tez de los jazmines

que riega la pequeña en su jardín errante;

y el pulso que adivina las piedras del camino

pide, torpe, a los cielos su última moneda.

 

En esta encrucijada en que se anuda

el tránsito en urbano remolino,

los dedos de la niña tejen el verde paso

y, náufrago en los hombros de los rudos peatones,

el ciego les perdona a los hombres no verlo,

mientras sigue buscando sus pupilas caídas

entre el polvo de estrellas sin distancia.

 

 

A la lluvia

Demonio de la lluvia –látigo de lujuria–

no rompas con tus dientes vidriosos el abrigo

del tibio pecho, lo único tibio del humilde;

no nos traigas el frío de la tan alta nube,

no persigas al perro sin puerta con tus piedras,

no rompas el pulmón del obrero que canta

siguiendo el pie descalzo de sus hijos sin cielo,

no mancilles las barbas secas del pordiosero,

no llegues hasta donde no pueden evitarte.

 

Deja tu voz pluvial para el cultivo de los ríos,

para la faz de las persianas donde hay dueño,

para el paraguas, que es tu flor arcaica.

 

Demonio-dios, que envidias y que amas

las multitudes y caes ruidoso sobre todos,

disuelve ya a Babel y permite que asome

el sol como un henchido seno de leche pródiga.

 

 

La libertad

La libertad no me encadena pero nunca me deja libre,

la libertad sigue mis pasos y me oculta todas las puertas,

la libertad está en mi casa y tiene un nombre

de alas clavadas que lloran: la soledad…

 

La soledad, mi solidaria en el teatro y en el parque,

la soledad en la sopa fría y en los comensales del restaurante,

la soledad a la mesa sentada, en la barra en el bar

y en la moneda disoluta y en mi corazón impar.

 

La libertad está prohibida por los jueces y por el día,

la libertad quema su lámpara y mi novia es la libertad,

la libertad que separa a los hombres de su pan,

la libertad que nunca nos comprende: la soledad…

 

La soledad es una mendiga que come con los cinco sentidos,

la soledad, angustia de Dios,

la soledad no sé qué es, por eso estoy tan solo

y pregunto a los que han muerto por mí:

¿qué es la libertad?

 

 

Lugar común

Ya que no todos podemos ser

poetas

comprender lo sublime

o exaltar lo sencillo

hablemos francamente

confesemos nuestro fracaso

de hombres sin alas

de hojas muertas en el estío

nuestros empeños ciegos

sin metáforas vanas

nuestra identificación con todos

o con casi todos

y si alguien nos entiende

y fecunda nuestra impotencia

eso también es poesía

o por lo menos una gota

en la sed del infierno

cotidiano.

 

 

Oscuro sueño

Me asaltan en la noche y me ofenden

fantasmas transparentes y fríos

me toman por los cabellos me hunden

en un pozo oscuro y febril

y cuando me dispongo a gritar

a abrir los brazos y a pedir palabras

el sol se aloja con su gota de hielo

en mis ojos de negra y eterna lechuza.

 

 

Vida corriente

La misma luz del sol el mismo sol y el mismo desayuno

-recuelo tibio y pan duro de recoleta

el mismo beso y el mismo sombrero.

 

El periódico y siempre paralela

la calle a lado y lado su lectura

mismas letras igual nomenclatura

marcha del hambre sobre el capitolio

gobierno de los mismos misma guerra

siempre hacia el paredón o hacia el telonio.

 

Y el carro colectivo y su destino

de alfoz a plaza en alternada meta

a la misma hora con la misma gente

en la esquina de siempre pero siempre

fatal itinerario y rauda suerte

la misma ruta la misma rutina

alguien viene de lejos y aún le queda

alguien apenas entra ya se apea

alguien se baja acá y alguien avanza

alguien de pie adelante atrás sentado

alguien triste distraído humilde

estrecho holgado libre perseguido

a éste dónde lo he visto qué más vale

uno habla dos replican ella otea

yo en silencio tú sueñas él dormita

soledad recordando compañías

Juan rozagante pedro deslardado

pobre al trabajo rico a su mercado

un hombre una mujer una familia

viejos al parque niños a la escuela

ruanas y diores chompas prendedores

ajos y gasolinas anís espliego

no se puede fumar apague el fuego

una mano en bolsillo equivocado

calderón calderilla tango roto

tocata y fuga en son de vallenato

y moto con andante inmoderato

una limosna un corrido protesta

el agente y el árbol cuánto falta

déjeme por favor perdón señora

el seguro de muerte en la cabrilla

cómo no te había visto adiós y ciao

de dónde viene aunque subió en la esquina

adónde va aunque vaya aquí conmigo

tan pronto como estamos ya no estamos

es que la vida es este bus corriendo

que de pronto paró y hemos llegado.

Tomado de:

https://www.revistapalimpsesto.com/rogelio-echavarria-poemas/

 

 

Contravía

El río de mi vida corre al revés

o yo voy a contrapelo

a la misma velocidad

por eso la playa es siempre la misma

no paso no avanzo

pero si dejo de remar

me lleva la corriente

-el río sabe su camino

aún en la oscuridad-

y me pierdo sin regreso.

 

 

Paisaje

 

El viento abre las puertas

y la luz las ventanas

y en el patio, la plaza

principal de la casa,

el breve del arriete

madura brevedades.

La esposa teje flores

contra la mala suerte

y su hilo infinito

me aleja de la muerte.

 

En mi pueblo de nubes

los cohetes retumban

entreipal de la casa,

el breve del arriete

madura brevedades.

La esposa teje flores

contra la mala suerte

y su hilo infinito

me aleja de la muerte.

 

En mi pueblo de nubes

los cohetes retumban

entre fríos algodones.

¡Es tan vecino el cielo !

 

El trueno es el recibo

lento al oído alerta

del incrédulo ciego.

 

Las ranas piden rey

y sol las aves

y los molinos hacen aspa-vientos.

 

La noble tierra te devuelve dulces

frutas por el estiércol

que le arrojas

y flores vivas en el pozo

de las aguas muertas.

 

 

Pequeño nocturno

La noche

-no hay luna que me lleve de la mano-

me abarca y abre el reino

donde yo seré el solo único.

Todas las cosas

se refugian bajo la tierra.

Allí el agua purga sus pecados

y los muertos abren los ojos.

Los amantes cambian sus cuerpos

y el silencio los hace iguales.

Los pájaros yacen, cansados

de sostener el cielo.

 

 

El transeúnte

Todas las calles que conozco

son un largo monólogo mío,

llenas de gentes como árboles

batidos por oscura batahola.

O si el sol florece en los balcones

y siembra su calor en el polvo movedizo,

las gentes que hallo son simples piedras

que no sé por qué viven rodando.

Bajo sus ojos —que me miran hostiles

como si yo fuera enemigo de todos no

puedo descubrir una conciencia libre,

de criminal o de artista,

pero sé que todos luchan solos

por lo que buscan todos juntos.

Son un largo gemido

todas las calles que conozco.

 

 

Polvo

El sol, esta mañana, escancia la humedad de la noche,

las mujeres lavan su cuerpo de la sombra del lecho,

tibieza de los sexos y azúcar del amor.

Las calles amanecen entre rotas ventanas.

Pasan los que recogen la basura

y llevan al olvido cuanto los hombres tocan.

Si las noches fueran más largas

las mujeres se ahorcarían en sus cabellos, llamas oscuras

que multiplican la pesadilla o el espasmo.

Pues esta niña que se asoma al día por el espejo

parece recién salida del paraíso.

Si las noches fueran más largas

el polvo afirmaría su dominio sobre todas las cosas.

Y o siempre duermo con mi única fiel compañera,

que me acaricia el rostro con sus manos de hollín.

El hombre se defiende de la muerte

en la noche, y todas las mañanas

debe luchar contra el puñado de ávida ceniza

que le adelanta a su sepulcro

la vida.

Tomado de:

https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/Antologia/rogelio.html

 

 

Tránsito

 

¿Qué importa dónde se nace

ni dónde se muere,

si con la muerte regresamos

a la cuna y con el nacer

aseguramos nuestra muerte?

Mas hemos de guardar de lo pasajero el perfume,

ceñirnos la espinada túnica de la rosa

a los hombros, amando la ignorancia

de las cosas que pasan y quedan sin saberlo.

 

Debemos mirar a cada hombre y llamarlo y tomarlo

de la mano y preguntarle de dónde viene, desde cuándo,

nunca hasta dónde va, porque lo mismo

sabe que yo, que tú, que nadie.

 

O si lo sabe es un loco como aquel

que creía que lo sabía.

O si canta viendo que los gusanos lo esperan

entre su cuerpo, dejadlo…

 

Dejadlo que siga cantando, porque está ebrio.

(Desde mi ventana los veo, a los ebrios, a quienes

les crece la barba de pudor y descuido.

Los veo mientras ellos me ven girar como una luna).

 

O cuando voy por la avenida —yo también entre ellos y

la que fuera niña mía es mujer de quien yo ignoraba,

y la mujer de quien yo ignoraba es mía sin saber por qué…

 

O en la ventanilla de trenes

que gritan con su pluma de humo;

en los buses, en los ascensores

—savia ciega de la ciudad—,

entre los que leen los periódicos

orgullosos y cabizbajos

y entre poetas que esconden su oscuro telegrama …

 

¿Qué soy sino —por fin— el que viaja con otros

que no saben de dónde vienen

más que evacuados de una mujer,

ni a dónde van

si no a ocupar el sitio que su sombra señala?

 

 

Declaración de amor

 

Mírame: yo soy el que ves siempre a la orilla de tu lecho

y con quien habrás de rasgar el velo que cubre los sueños.

Soy el diseminado, que tiene en ti el último centro.

Busco una soledad que prolongue la mía.

 

Cuando empezaste a soportar el tibio peso de los senos

—el pulso de tu corazón goteaba con mayor presteza

al oír mis pasos y ascendía casta leche a tus labios—;

cuando comprendiste que tu piel posee el don de renovar las lunas

y empezó a sangrar esa herida cuyo bálsamo eficaz poseo;

hoy que confundes la malicia con la sabiduría

y con sus nocturnos secretos te ofende el viento de los parques,

me llego a ti, ciega de no haber visto lo que empaña al mundo,

a modelar tu barro núbil y orearlo al sol de mis sudores.

 

Mi brazo atiza el fuego de las columnas de humo

que contienen el peligro del cielo sobre la ciudad.

Y mis manos no aman las joyas, ni una onza de oro,

pero el llanto endulzó su ajado pergamino

y su caricia es noble y alta.

 

Recibe todas las armas de mi agradecimiento

por ahorrarme hasta el día necesario tu cuerpo,

por la justeza de la orla de tu falda,

por la honradez de tus manos y la mina sellada de tus costados:

que las ferias están ebrias de lo que ocultas,

llenas hasta la hartura de belleza gratuita.

 

Busca en mí el principio de tus goces desconocidos

o la prolongación de los que han sido fuente de esperanza

y borremos de los calendarios los días de huelga

porque nuestra lámpara sin alternativas

desconocerá los cambios del tiempo tras la puerta.

 

Oh tú mi siempre-viva, mi siempre-amiga,

por quien la salud acepta duras vigilias

como el avaro que nunca regresa de su exilio.

 

¿No ves que si no fuera por ti

la mujer sería vendida y exportada en grandes barcos,

apenas marcada con una tiza roja

para que los braceros de los puertos

sepan que es frágil?

 

Aparta, aparta del quicio las grandes letras del periódico

que traen hasta nosotros fechas violentas;

ignora la abierta noche de la ciencia

que hace malditos a los hombres,

la razón del pasado y la gran voz profética:

que en tu casa tendrás mimo para tu más nimia palabra.

 

Porque ya es hora de alabar la ignorancia voluntaria

que cifra el universo en el tambor de hilo.

 

Dame tu historia en este mundo para nosotros preparado

en que de pronto nos hallamos con las manos asidas

como si el miedo de las gentes nos unciera uno al otro.

No temas seguir buscándome, ya que sabes

que cuando se me toca no es posible apresarme.

 

¡Ah, sí! Soy el que verás siempre a la orilla de tu lecho.

Háblame con tu voz que tiene un dejo de feliz tristeza,

paisaje con árboles sobre los cuales ha llovido.

 

Porque yo soy el más solo entre los solos

y desde hoy tendremos una misma estrella en el plato,

hasta el día en que el fruto necesite nuestro agrio bagazo

para el fuego del aderezo,

como la caña del maíz a finales del año

después de haber pagado el dolor de la herencia.

¡Oh flor de mi más alta confianza!

 

 

Única

 

Oh tú a quien siempre hablo cuando todo ha dejado de oírme,

cuando todos han dejado de oírme, oh tú que me oyes más que mi corazón.

No sé por qué te busco siempre, tal vez porque eres la unidad

de todas y sin embargo en ninguna te alcanzo.

 

Es el amor, sobre el que nadie o muy pocos pueden

poner su bandera definitiva,

es el amor, sobre el que nada tengo adquirido ni esperado,

el amor, que hace su propio mundo cada vez, sus fronteras

que el tiempo, sólo el tiempo derrumba.

 

¿Por qué destruye los cuerpos para luego

rehacerlos tan perfectos que puedan sufrir nuevamente

la muerte de que fueron salvados

y a la que siempre viven condenados?

 

¡Oh tú, oh tú! ¿cómo llamarte?

¿cómo llamarte? ¡Única!

Que después del último llanto me viste curado y me hieres,

que después de la última herida me sanas y me reconcilias…

¿dónde hallarte definitivamente quieta y mía, cuándo

contemplarte secos los ojos que no quieren cambiar sus aguas?

Tomado de:

https://calamoliteratura.wordpress.com/2016/05/02/rogelio-echavarria-poemas/

 

 

Epitafio

Al fin voy a dormir

despacio

y solo.

 

 

Poética

¿Qué es poesía? preguntas.

Hago luz y —discreta

y sorprendida— huye

la poesía: ¡esa sombra!

Tomado de:

https://www.lacoladerata.co/cultura/versos/in-memoriam-rogelio-echavarria/