lunes, 9 de marzo de 2026

POEMAS DE CHARLES BUKOWSKI - REALISMO SUCIO DESDE ESTADOS UNIDOS -


El día que tiré una cuenta de banco por la ventana

 

Y, yo dije, puedes tomar tus tíos y tías ricos

y abuelos y padres

y todo su asqueroso petróleo

y sus siete lagos

y sus pavos salvajes

y los búfalos

y todo el estado de Texas

queriendo decir, tu explosión de graznidos

y tus caminatas de sábado a la noche par la rambla

y tu pequeña biblioteca selecta

y tus políticos coimeros

y tus artistas intelectuales

puedes tomar todo esto

y tu periódico semanario

y tus famosos tornados

y tus sucias inundaciones

y todos tus gatos maullantes

y tu suscripción a Life

y, nena,

refriégatelos.

Yo puedo manejar un pico y un hacha (pienso)

y puedo ganar

25 dólares con una changa (tal vez)

claro, tengo 38 años

pero un poco de tintura puede arrancar el gris

de mi cabeza;

y todavía puedo escribir un poema (a veces)

no te olvides nunca de eso y aun cuando

no me haga ganar nada,

es mejor que esperar a la muerte y al petróleo

y asesinar pavos salvajes

y esperar que el mundo comience,

muy bien, atorrante, dijo ella,

vete.

 

¿qué? dije yo.

afuera.  has dicho tu última fanfarronada.

estoy cansada de tus malditas fanfarronadas:

siempre actúas como un

personaje

de una pieza de O'Neill.

 

pero yo soy diferente, nena,

no puedo cambiar.

 

eres diferente, ¡muy bien!

¡Dios, qué diferente

no golpees la puerta

cuando salgas.

 

pero, nena, yo amo tu

dinero!

 

ni una vez has dicho

que me amabas a mí!

 

¿qué quieres

un mentiroso o

un amante?

 

no eres ni lo uno ni lo otro,

¡afuera, vago, afuera!

 

¡ ... pero, nena!

 

¡vuelve a O'Neill! 

 

caminé hacia la puerta,

la cerré suavemente y me fui

pensando: todo lo que ellos quieren

es un indio de madera

que dice sí y no

y se para cerca del fuego

y no hace mucho lío.

pero te estás poniendo viejo, mi querido,

la próxima vez juégala

más cerca

del chaleco.

 

Versión de Marcelo Covian

 

 

Fuera de los brazos de un amor...

 

fuera de los brazos de un amor

y ya en los brazos de otra.

 

me he salvado de morir en la cruz

por una dama que fuma marihuana

escribe cantos y cuentos,

y es mucho más amable que la última,

mucho mucho más amable,

y su sexo es tan bueno o mejor.

 

no es placentero ser puesto en la cruz y dejado ahí,

más placentero es olvidar a un amor que no

cumplió

como todo amor

finalmente

no perdura...

 

más placentero hacer el amor

en la playa en Del Mar

en la habitación 42 y después de todo

sentado en la cama

tomando buen vino, hablando y tocando

fumando.

 

escuchando las olas...

 

he muerto muchas veces

creyendo y esperando, esperando

en una habitación

contemplando un cieloraso agujereado

esperando la llamada, una carta, un golpecito, un sonido...

 

volviéndome salvaje adentro

mientras ella bailaba con extraños en clubes nocturnos...

 

fuera de los brazos de un amor

y ya en los brazos de otra

no es placentero morir en la cruz,

más placentero es escuchar tu nombre susurrado en

la oscuridad.

 

Versión de Rafael Díaz Borbón

 

 

La casa

 

Construyen una casa

media cuadra abajo

y yo me levanto aquí

con las persianas bajas

a escuchar los ruidos,

los martillos clavando las puntillas,

tac, tac, tac, tac,

y luego escucho los pájaros y

tac tac tac

y voy a acostarme,

tiro las cobijas hasta la garganta;

han estado construyendo esta casa

por un mes y pronto tendrá

su gente... durmiendo, comiendo,

amando, moviéndose por todas partes,

pero algo

ahora

no es correcto,

parece una locura,

hombres caminando en su techo con puntillas en la boca

y leo acerca de Castro y Cuba,

y por la noche camino por

y las nervaduras de la casa muestran

y adentro veo gatos caminando

la manera como los gatos caminan,

y luego un muchacho que pasa en una bicicleta

y aún la casa está sin terminar

y en la mañana los hombres

regresan

caminando por todas partes en la casa

con sus martillos

y parece que la gente no construye casas

nunca más,

parece que la gente debiera parar de trabajar

y sentarse en cuartos pequeños

en segundos pisos

bajo luces eléctricas sin persianas;

parece que hay mucho para olvidar

y mucho para no hacer

y en farmacias, mercados, bares,

la gente está cansada, no quieren

moverse y yo me paro en la noche

y miro a través de esta casa y la

casa no desea que se construya;

a través de sus lados veo las colinas moradas

y las primeras luces del atardecer,

y hace frío

y abotono mi chaqueta

y me paro allá a mirar la casa

y los gatos se para y me miran

hasta cuando me siento desconcertado

y me muevo hacia el norte por la acera

donde habré de comprar

cigarrillos y cerveza

y retornaré luego a mi cuarto.

 

Versión de Rafael Díaz Borbón

 

 

La intelectual

 

Ella escribe

continuamente

como un largo pulverizador

rociando

el aire,

y discute

continuamente;

no hay nada

que yo pueda decir

que no es en verdad

algo más,

luego,

paro de hablar;

y finalmente

discute con ella misma

afuera de la puerta

diciendo

algo como-

no estoy tratando de

impresionarme a mí misma

a partir de ti.

 

pero conozco

estará de

de regreso, ellas siempre

Vuelven.

 

y

a las 5 p. m.

estuvo golpeando a la puerta.

la dejo entrar

 

no me demoraré, dijo

si no lo deseas.

está bien, dije,

voy a tomar un

baño.

 

fue a la cocina y

comenzó con los

platos.

 

como estar casado,

aceptas

todo

como si así

hubiera sido.

 

Versión de Rafael Díaz Borbón

 

 

La tigresa

 

terribles discusiones.

y, por último, acostados pacíficamente

en su larga cama

estampada

en rojo con frescos diseños de flores,

mi cabeza y vientre abajo

cabeza a los lados

bañados por opaca luz

mientras ella se baña silenciosa en la

otra habitación,

todo va más allá de mí,

como la mayoría de las cosas,

escucho la música clásica en el radiecito,

ella se baña, oigo el ruido del agua.

 

 

Los mejores de la raza

 

No hay nada que

discutir

no hay nada que

recordar

no hay nada que

olvidar

es triste

y

no es

triste

parece que la

cosa más

sensata

que una persona puede

hacer

es

estar sentada

con una copa en la

mano

 

Versión de Rafael Díaz Borbón

 

 

Melancolía

 

la historia de la melancolía

nos incluye a todos.

me retuerzo entre las sábanas sucias

mientras fijo mi mirada

en las paredes azules

y nada.

me he acostumbrado tanto a la melancolía

que

la saludo como a una vieja

amiga.

ahora tendré 15 minutos de aflicción

por la pelirroja que se fue,

se lo diré a los dioses.

me siento realmente mal

realmente triste

entonces me levanto

PURIFICADO

aunque no haya resuelto

nada

(...)

hay algo mal en mí

además de la

melancolía

 

 

Oh sí

 

hay cosas peores que

estar solo

pero a menudo toma décadas

darse cuenta de ello

y más a menudo

cuando esto ocurre

es demasiado tarde

y no hay nada peor

que

un demasiado tarde

 

 

Pájaro azul

 

hay un pájaro azul en mi corazón que

quiere salir

pero soy duro con él,

le digo quédate ahí dentro, no voy

a permitir que nadie

te vea.

 

hay un pájaro azul en mi corazón que

quiere salir

pero yo le echo whisky encima y me trago

el humo de los cigarrillos,

y las putas y los camareros

y los dependientes de ultramarinos

nunca se dan cuenta

de que esté ahí dentro.

 

hay un pájaro azul en mi corazón que

quiere salir

pero soy duro con él,

le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres

hacerme un lío?

¿es que quieres

mis obras?

¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros

en Europa?

 

hay un pájaro azul en mi corazón

que quiere salir

pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir

a veces por la noche

cuando todo el mundo duerme.

le digo ya sé que estás ahí,

no te pongas

triste.

 

luego lo vuelvo a introducir,

y él canta un poquito

ahí dentro, no le he dejado

morir del todo

y dormimos juntos

así

con nuestro

pacto secreto

y es tan tierno como

para hacer llorar

a un hombre, pero yo no

lloro,

¿lloras tú?

 

Versión de Rafael Díaz Borbón

 

 

Pobreza

 

es el hombre que tú nunca has visto quien

te mantiene alerta,

el que ha de venir

algún día.

 

él no se encuentra en las calles o

en los edificios o en los

estadios,

o si está allá

lo he pasado por alto de algún modo.

 

él no es uno de nuestros presidentes

u hombres de estado o actores.

 

me pregunto si se encuentra allí.

 

bajo las calles

paso delante de farmacias y hospitales y

teatros y cafés

y me pregunto si él se encuentra ahí.

 

he mirado casi durante medio siglo

y él no ha sido visto.

 

un hombre vivo, verdaderamente vivo,

digamos cuando desciende la mano

al encender un cigarrillo

ves sus ojos

como los ojos de un tigre mirando fijamente

al pasar en el viento.

 

pero cuando las manos bajan

es siempre los

otros ojos

los que están allá

siempre siempre.

 

y pronto será demasiado tarde para mí

y habré vivido una vida

con farmacias, gatos, sábanas, saliva,

periódicos, mujeres, puertas y otros surtidos,

pero en ninguna parte

un hombre vivo.

 

Versión de Rafael Díaz Borbón

 

 

Verdad

 

una de las mejores líneas de Lorca

es,

"agonía, siempre

agonía…"

piensa en esto cuando

mates una

cucaracha o

recojas una hoja para

afeitarte

despertando en la mañana

para

enfrentar el

sol

Tomado de:

http://amediavoz.com/bukowski.htm

 

 

¿Así que quieres ser escritor?

 

Si no te sale ardiendo de dentro,

a pesar de todo,

no lo hagas.

A no ser que salga espontáneamente de tu corazón

y de tu mente y de tu boca

y de tus tripas,

no lo hagas.

Si tienes que sentarte durante horas

con la mirada fija en la pantalla del computador

o clavado en tu máquina de escribir

buscando las palabras,

no lo hagas.

Si lo haces por dinero o fama,

no lo hagas.

Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,

no lo hagas.

Si tienes que sentarte

y reescribirlo una y otra vez,

no lo hagas.

Si te cansa solo pensar en hacerlo,

no lo hagas.

Si estás intentando escribir

como cualquier otro, olvídalo.

 

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,

espera pacientemente.

Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

 

Si primero tienes que leerlo a tu esposa

o a tu novia o a tu novio

o a tus padres o a cualquiera,

no estás preparado.

 

No seas como tantos escritores,

no seas como tantos miles de

personas que se llaman a sí mismos escritores,

no seas soso y aburrido y pretencioso,

no te consumas en tu amor propio.

Las bibliotecas del mundo

bostezan hasta dormirse

con esa gente.

No seas uno de ellos.

No lo hagas.

A no ser que salga de tu alma

como un cohete,

a no ser que quedarte quieto

pudiera llevarte a la locura,

al suicidio o al asesinato,

no lo hagas.

A no ser que el sol dentro de ti

esté quemando tus tripas, no lo hagas.

Cuando sea verdaderamente el momento,

y si has sido elegido,

sucederá por sí solo y

seguirá sucediendo hasta que mueras

o hasta que muera en ti.

No hay otro camino.

Y nunca lo hubo.

 

 

Lanzar los dados

 

Si vas a intentarlo, ve hasta el final.

De otra forma ni siquiera comiences.

 

Si vas a intentarlo, ve hasta el final.

Esto puede significar perder novias,

esposas,

parientes,

trabajos y,

quizá tu cordura.

 

Ve hasta el final.

Esto puede significar no comer por 3 o 4 días.

Esto puede significar congelarse en la banca de un parque.

Esto puede significar la cárcel.

Esto puede significar burlas, escarnios, soledad…

La soledad es un regalo.

Los demás son una prueba de tu insistencia, o

de cuánto quieres realmente hacerlo.

Y lo harás,

a pesar del rechazo y de las desventajas,

y será mejor que cualquier cosa que hayas imaginado.

 

Si vas a intentarlo, ve hasta el final.

No hay otro sentimiento como ese.

Estarás a solas con los dioses

y las noches se encenderán con fuego.

 

Hazlo, hazlo, hazlo.

Hazlo.

Hasta el final,

hasta el final.

 

Llevarás la vida directo a la perfecta carcajada.

Es la única buena lucha que hay.

 

 

El incendio de un sueño

 

La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles

ha sido destruida por las llamas.

Aquella biblioteca del centro.

Con ella se fue

gran parte de mi juventud.

Estaba sentado en uno de aquellos bancos

de piedra cuando mi amigo

Baldy me preguntó:

«¿vas a alistarte en

la brigada Lincoln?».

«Claro», contesté

yo.

Pero, al darme cuenta de que yo no era un idealista político

ni un intelectual

renegué de aquella

decisión más tarde.

Yo era un lector

entonces

que iba de una sala a

otra: literatura, filosofía,

religión, incluso medicina y geología.

Muy pronto

decidí ser escritor,

pensaba que sería la salida

más fácil

y los grandes novelistas no me parecían

demasiado difíciles.

Tenía más problemas con

Hegel y con Kant.

Lo que me fastidiaba

de todos ellos

es que

les llevara tanto

lograr decir algo

lúcido y/o interesante.

Yo creía

que en eso

los sobrepasaba a todos

entonces.

Descubrí dos cosas:

a) que la mayoría de los editores creía

que todo lo que era aburrido

era profundo.

b) que yo pasaría décadas enteras

viviendo y escribiendo

antes de poder

plasmar

una frase que

se aproximara un poco

a lo que quería

decir.

Entretanto

mientras otros iban a la caza de

damas,

yo iba a la caza de viejos

libros,

era un bibliófilo, aunque

desencantado,

y eso

y el mundo

configuraron mi carácter.

Vivía en una cabaña de contrachapado

detrás de una pensión de 3 dólares y medio

a la semana

sintiéndome un

Chatterton

metido dentro de una especie de

Thomas

Wolfe.

Mi principal problema era

los sellos, los sobres, el papel

y el vino,

mientras el mundo estaba al borde

de la Segunda Guerra Mundial.

Todavía no me había

atrapado

lo femenino, era virgen

y escribía entre 3 y

5 relatos por semana

y todos

me los devolvían, rechazados por

el New Yorker, el Harper’s,

el Atlantic Monthly.

Había leído que

Ford Madox Ford solía empapelar

el cuarto de baño

con las notas que recibía rechazando sus obras

pero yo no tenía

cuarto de baño, así que las amontonaba

en un cajón

y cuando estaba tan lleno

que apenas podía

abrirlo

sacaba todas las notas de rechazo

y las tiraba

junto con los relatos.

La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles

seguía siendo

mi hogar

y el hogar de muchos otros

vagabundos.

Discretamente utilizábamos los

aseos

y a los únicos que

echaban de allí

era a los que

se quedaban dormidos en las

mesas

de la biblioteca; nadie ronca como un

vagabundo

a menos que sea alguien con quien estás

casado.

Bueno, yo no era realmente un

vagabundo, yo tenía tarjeta de la biblioteca

y sacaba y devolvía

libros,

montones de libros,

siempre hasta el límite de lo permitido:

Aldous Huxley, D. H. Lawrence,

E. E. Cummings, Conrad Aiken, Dos Passos, Turgénev, Gorki,

H. D., Nietzsche,

Schopenhauer,

Steinbeck,

Hemingway,

etc.

Siempre esperaba que la bibliotecaria

me dijera: «qué buen gusto tiene usted,

joven».

Pero la vieja

puta

ni siquiera sabía

quién era ella,

cómo iba a saber

quién era yo.

Pero aquellos estantes contenían

un enorme tesoro: me permitieron

descubrir

a los poetas chinos antiguos

como Tu Fu y Li Po

que son capaces de decir en un

verso más que la mayoría en

treinta o

incluso en cientos.

Sherwood Anderson debe de haberlos

leído

también.

También solía sacar y devolver

los Cantos

y Ezra me ayudó

a fortalecer los brazos si no

el cerebro.

Maravilloso lugar

la Biblioteca Pública de Los Ángeles

fue un hogar para alguien que había tenido un

hogar

infernal

arroyos demasiado anchos para saltarlos

lejos del mundanal ruido

contrapunto

el corazón es un cazador solitario

James Thurber

John Fante

Rabelais

de Maupassant

algunos no me

decían nada: Shakespeare, G. B. Shaw,

Tolstoi, Robert Frost, E Scott

Fitzgerald

Upton Sinclair me llegaba

más

que Sinclair Lewis

y consideraba a Gogol y a

Dreiser tontos

de remate

pero tales juicios provenían más

del modo en que un hombre

se ve obligado a vivir que de

su razón.

La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles

muy probablemente evitó

que me convirtiera en un

suicida,

un ladrón

de bancos,

un tipo

que pega a su mujer,

un carnicero o

un motorista de la policía

y, aunque reconozco que

puede que alguno sea estupendo,

gracias

a mi buena suerte

y al camino que tenía que recorrer,

aquella biblioteca estaba

allí cuando yo era

joven y buscaba

algo

a lo que aferrarme

y no parecía que hubiera mucho.

Y cuando abrí el

periódico

y leí la noticia sobre el incendio

que había destruido

la biblioteca y la mayor parte de

lo que en ella había

le dije a mi

mujer:

«yo solía pasar horas y horas

allí…».

El oficial prusiano

el atrevido muchacho de trapecio

tener y no tener

no puedes retornar a tu hogar.

Tomado de:

https://www.zendalibros.com/los-mejores-poemas-de-charles-bukowski/