martes, 19 de mayo de 2026

POEMAS DE JULIO PAVANETTI GUTIÉRREZ -DESDE URUGUAY/ ESPAÑA-


TRÁNSITO

 

Alondra estremecida,

surcando túneles de ausencia,

ando en busca de los caminos

que el dolor no ha pisado.

 

Yo muerdo el tiempo

como hiciera el prudente Ulises,

con pasos cortos y graduales

que ya no resuenan con furia

sobre el asfalto de mi viaje a Ítaca.

 

Y no quiero recordar el fulgor

de las candelas apagadas

por las terribles tempestades,

yo prefiero acercarme a la luz cálida

de las que permanecen bien erguidas.

 

Con un pie en el infierno y otro en el paraíso,

me desplazo despacio, con el paso cansino,

entre monótonas garúas

que me resbalan por el alma,

igual que el eco en la montaña

busca su tránsito al silencio.

 

 

VERGÜENZA

 

Ojalá los poetas pudiéramos cantarle siempre

a la luna, a los amaneceres románticos, a la paz,

al amor, llenando nuestros poemas

de palabras hermosas, pero…

 

Cuando la televisión nos devuelve imágenes

del horror de ataques impúdicos,

mientras los gobiernos asisten, impasibles,

a una nueva masacre de inocentes;

cuando entre los escombros

–que manan del corazón de los viejos muertos–

se abren las pupilas espantadas de los niños de hoy,

y brota la sangre en las mismas calles

donde antes corría la vida…

 

¿Cómo cantarle a la belleza?

¿Cómo escribir un poema de amor

cuando se siente vergüenza

de pertenecer al género humano?

 

Frente a la Primera Avenida,

a la altura de la calle 45,

los diplomáticos caminan de prisa,

nadie se atreve a mirar la obra de Karl F. Reutersward.

 

¿Será que al cañón del gran revólver

del calibre 45 lo han desanudado?

 

Los pueblos se han hecho oír

 

manifestándose por las calles del mundo

contra la barbarie asesina.

Los gobiernos se hacen los sordos y los mudos,

no sólo no escuchan los reclamos de su gente,

sino que delinquen con su silencio y su permisividad.

 

En este poema no hay tropos:

La luz de la luna es metralla brillante,

los amaneceres son de fuego real.

 

¿La paz? sólo sueño, esperanza remota

de los corazones que tiemblan de terror.

 

¿El amor? la desesperada búsqueda

de una madre que no encuentra a su hijo

entre los restos de una escuela bombardeada.

 

¿Cómo cantarle, pues, a los tópicos de la poesía?

Tomado de:

https://circulodescritoresvenezuela.org/2022/06/05/seleccion-de-poemas-de-julio-pavanetti-gutierrez/

 

 

¡Por fin llegaste!

 

¿No es acaso fugaz, mutante y efímera la alegría

y su recuerdo nostálgico, sombrío, triste y doloroso?

¿Y no se escapa el dulce placer, que infinito parecía,

ágil y veloz como un haz de luz radiante y luminoso?

¿Por qué entonces vuelven amenazantes a mi memoria

todos aquellos recuerdos tristes de un placer lejano?

¿Por qué regresan envolventes, si creí que eran historia,

esculpidos deliciosamente con el cincel de tu mano?

¡Por fin llegaste luminosa como el sol del mediodía!

Estuve esperándote años con angustia doliente.

Se hicieron eternas las horas y muy largos los días,

empujando hasta el infinito sueños de amor ausente.

Llegaban en círculos sollozos de violines lejanos

que inundaban mi corazón de lánguida monotonía.

Eran días de ruidos sordos y cantos casi velados

y noches de falsa sonrisa e interna melancolía.

De súbito, en la tarde, unos ojos cuyos destellos

imitaban el color del cielo, luminoso y brillante,

se me aparecieron bruscamente, abrasando ellos,

a mis pálidas pupilas, escarchadas y distantes.

¡Por fin llegaste con persuasiva complacencia!

Con tus ojos como braseros quemando sin piedad.

Con tus alas de fuego inclinándose con cadencia

danzando ligeras entre mi rebosante felicidad.

Llegaste joven embriagándome con tu olor a rosas.

Cálida y hermosa, como un soplo de aire fresco,

con aires de indolencia y de belleza silenciosa.

Con un imprudente interés en mí, que no merezco.

Es ya inevitable; ni las tormentas más feroces,

podrán alejar tu sombra enlazada a mi sentimiento.

Amo esta complicidad que sólo conocen los dioses

y el riesgo que provoca tu cuerpo y tu pensamiento.

La brisa de la otra noche ha derribado el muro.

Ahora vuelvo a vivir, vuelvo a creer y soñar.

Ahora existe otro mañana, existe otro futuro,

otro camino por el que tu luz me ha de guiar.

Cerremos apenas nuestros ojos y enternecidos,

dejémonos acariciar por el aire dulce y mecedor.

Fundamos nuestros cuerpos y nuestros sentidos

y extasiados dejémosle libertad a nuestro amor.

 

 

DIÁLOGO VIRTUAL

 

”...y este silencio llega

con un lento estribillo...”

Aurora Luque

 

 

En aquella noche

dialogando con mi sombra,

descubrí que el silencio

no sólo tiene oídos,

sino que escucha

aún por detrás de sí mismo;

y ahora que lo sé,

mis palabras no están solas,

viajan hasta el viento

y se convierten en sonido.

Y en otra oscura noche,

con parecida calma

y un aire violáceo,

misterioso y pasivo,

comprendí que a veces

la vida real no alcanza.

 

 

DESARRAPADA

 

“...todo lo que he perdido

es mío, irremediablemente mío,

tan lejano de mí, que es desamparo”.

Mario Benedetti

 

 

Desarrapada, a hurtadillas, se coló la noche,

noche sin luz de luna que adormece el cuerpo y el alma,

alma desnuda que, como el cuerpo, reposa en calma,

calma infinita que arriba sin pregón ni derroche.

Derroche de pasiones que acaban parpadeando,

parpadeando como esa luz que anida en mis ojos,

ojos que tiritan al ver el cielo con cerrojos,

cerrojos obtusos que a la noche van desgajando.

Desgajando al trasluz menospreciadas cicatrices,

cicatrices oxidadas que acuden silenciosas,

silenciosas cual tristezas que irrumpen misteriosas,

misteriosas como peleas de amantes felices.

Felices, así fueron mis años en el pasado,

pasado que regresa como brasa inextinguible,

inextinguible, pertinaz, casi irreconocible,

irreconocible al igual que yo, transfigurado.

Transfigurado por los cambios, hoy casi soy nada,

nada me ilusiona, sobrevivo sin alegría,

alegría es palabra que ya me suena vacía,

vacía se ha quedado mi vida, desarrapada.

 

 

Callecita

 

(Dedicada a Heraclio Fajardo, la calle donde nací)

 

Callecita de mis sueños

Juveniles y escondidos

Callecita hoy te recuerdo

La distancia no es olvido

Callecita de mi barrio

Con subidas y bajadas

Callecita cuanto extraño

Tus farolas de madrugada

Callecita de hormigón

Veo intacta tu silueta

Del botija sos pulmón

Sos pelota y bicicleta

Callecita te recorro

Cuando juego a recordar

Callecita no te borro

Hoy te vuelvo a evocar

Luces tu mejor vestido

En el cumpleaños del club

Vos sos cómplice y testigo

De mil noviazgos de juventud

Vos sos la mejor cancha

Para los pibes del lugar

Y sos tablado de risa ancha

Cuando llega el carnaval

Callecita sos historia

En las voces que se fueron

En recuerdo a su memoria

Canto estos versos sinceros

Callecita un día frío

De julio me viste nacer

Callecita con tu abrigo

Me ayudaste a crecer

Callecita entre tus brazos

Yo quisiera descansar

Cobijarme en tu regazo

Volver años hacia atrás

Callecita una mañana

En silencio te dije adiós

Miré otra vez a mi ventana

Y me alejé lento de vos

Callecita fuiste llanto

Cuando me viste alejar

Que tu llanto se vuelva canto

Cuando pueda regresar

Callecita de mis desvelos

Que un día me viste partir

Callecita cuanto anhelo

En tus brazos poder morir

 

 

Errores de cálculo

 

Retiran sujeciones

Hora prevista

Despegue, vuelo

Objetivo a la vista

Comunicado

Pulsado botón

Alcanzado objetivo

Cumplida misión

 

Diecisiete en Aleksinac

El cinco de abril

¿Cuántos en Pristina

El nueve de abril?

Cincuenta y cinco

Grdelicka Klisura

El doce de abril

Esto es una locura

Estruendo

Zumbidos

Escombros

Heridos

Djakovica

Catorce de abril

Fueron setenta y cinco

Pudieron ser mil

Surdulica

Zona residencial

Veinte, el veintiocho

Esto es demencial

Sangre, gritos

Confusión

Muerte

Consternación

Cuarenta y siete

Puente de Luzane, autocar

Primero de mayo

Matar por matar

Quince en Nis

El siete de mayo

Tres en la Embajada china

El ocho de mayo

 

Korisa, trece de mayo

Campamento militar

Ochenta y siete civiles

Que allí no debían estar

Hospital Dragisa Misovic

Barrio Dedinje, Belgrado

Fueron cuatro pacientes

Un veinte de mayo soleado

El veintiuno de mayo

Cayeron diecinueve

Cárcel de Istok

Un preso no conmueve

Kosovo

Guerrilla independentista

Veintidós de mayo

Siete más para la lista

Treinta de mayo

Varvarin

Al menos once

Masacre sin fin

Surdulica, Uno de junio

Veinte ancianos

Asilo geriátrico

Trozos de piernas y manos

Suenan sirenas

Desesperación

¿Por qué al asilo?

¿Equivocación?

Rueda de prensa

Despreocupación

Son errores de cálculo

No hubo intención

 

 

Doscientos cincuenta y cuatro

Daños colaterales indeseados

Para ellos es sólo un número

Son errores no calculados

 

 

QUIERO... EN VEINTE VERSOS LIBRES

 

Quiero imaginar el decorado de tu paisaje

y pasear lento por las calles de tu soma.

Quiero poder visualizar tu rostro actual

y ensamblarlo en el que guarda mi retina.

Quiero empezar desde tu mismo cimiento

y recorrer palmo a palmo tu estructura.

Quiero alcanzar el sueño con tus arrullos

y despertar mis sentidos con tus caricias.

Quiero subir hasta lo alto de tus montes

y escalar despacio tus turgentes colinas.

Quiero descender a tu valle tembloroso

y sumirme en tu flor meliflua y palpitante.

Quiero escanciar el néctar de tus sabores

y embriagarme con tu perfume milenario.

Quiero viajar hasta al fondo de tus cuevas

y descubrir tus estalagmitas caprichosas.

Quiero zambullirme a tu arroyo profundo

y nadar a croll por tus corrientes interiores.

Quiero circular sosegado por tus honduras

y detenerme al llegar al límite de tu esencia.

 

 

VOLVIO POR UNA NOCHE

 

Volvió aquella sonrisa

En su forma más pura

Confundida con la brisa

Envuelta en una nube oscura

Volvió radiante, sin tiempo

Con su brillo más caro

Como recordando momentos

Que regresan del pasado

Volvió la mueca de alegría

Dibujada en su rostro infantil

Con la misma inocente picardía

Que aún gira en torno a mí

Volvió el recuerdo casi olvidado

De viejos carnavales compartidos

De disfraces y rostros pintados

De tambores y lejanos sonidos

Volvió breve por una noche

Danzando entre algodones

Resplandeciente como un broche

Entre sábanas de colores

Volvió y se fue como llegó

Como llega y se va el viento

Volvió, se fue y me dejó

Este agridulce sabor que siento

Volvió en sueños

Volvió por una noche

Volvió en silencio

Para amarme sin reproche

 

 

REGÉNESIS

 

Cuando se hayan apagado todos los ecos

tras la larga noche de los tiempos...

¿Latirán aún el día y el verbo?

¿Comenzará todo de nuevo?

 

 

Un Lugar llamado... mañana

 

Un Lugar llamado... mañana

 

Jamás olvidaré aquella noche, cuando en el andén observaba

La palma de tu mano apoyada quieta contra la última ventana

Como si tu mano pudiera detener el tiempo para no marcharte

Como si quisieras a mi mundo aburrido para siempre aferrarte

El tren comenzó a andar lento y dejó oír su quejumbrosa voz

Como dudando si arrancar y marcar ese espacio entre los dos

Pero al fin llegó el momento, una vez más triunfó la realidad

Y el tren, con su paso lento, se fue perdiendo en la oscuridad

Dejando tras de sí, huellas de un tiempo que nos fue hermoso

Las huellas de un tiempo inolvidable, mágico y maravilloso

E internándose con seguridad en la noche espesa e impoluta

Fue redescubriendo vagas e inesperadas cartas sobre la ruta

Cartas de distancia, recuerdos, melancolía y soledad para mí

Cartas de distancia, olvidos, regreso y continuidad para ti

Regresaste a tu mundo y a esa tu vida agitada y desordenada

Llena de misterios para mí pero que no cambiarías por nada

Yo permanecí a solas con los recuerdos de ese tiempo feliz

Tiempo único de juventud y placer que el tren alejó de mí

El ayer fue para mí una mezcla azul de verano y felicidad

El hoy no es más que un conjunto de invierno y soledad

Pero el ayer y el hoy tienen un secreto lugar de encuentro

Cierto es que tienen un lugar de abrazos y reconocimiento

Un lugar de fe y esperanza donde recuperar aquellas ganas

Cierto es que hay un lugar para los dos, se llama... mañana

 

 

Un sueño nada más

 

Estás y sé que no te tengo

Eres una ilusión nada más

Sé que eres sólo un sueño

Y que mañana ya no estarás

Me refugio en mis canciones

Me sumerjo en mis poesías

Forman un mundo de ilusiones

Pero son las únicas cosas mías

A veces se queda abierta

La ventana de mi tristeza

Y por ella se cuela cierta

Esta soledad con su pereza

El engaño me descompone

Me empuja hasta el encierro

Náufrago en mis ilusiones

Me enclaustro con mis desvelos

Sé que bailas para otros ojos

Sé que bailas para otra gente

Son escenas de rayos rojos

Y cantos de amor ausente

Se desvanece mi alegría

Cada vez que te vas lejos

Pues sé que llegará el día

Que nos quedemos sin regreso

Deshecho sin tu presencia

El encanto que nos envuelve

Envío al mar besos en tu ausencia

Pero una ola me los devuelve

La farsa me envía al lodo

Los misterios y tu desamor

El silencio lo devora todo

Con su ruido ensordecedor

 

Una noche te he visto acercar

Y mi llama comenzó a arder

Hurgaste pausada en mi litoral

Sin terminarlo de recorrer

No lograste poder atravesar

Mi tibia encrucijada genital

Comencé lento a despertar

Sólo fue un sueño, nada más

Tomado de:

https://www.poesiacastellana.es/poemas.php?id=Pavanetti+Guti%C3%A9rrez%2C+Julio+C%C3%A9sar

 

 

INCONCLUSO

Cuando se secan las orquídeas

  y el pez se queda sin océano,

cuando el vapor no gime en las calderas

y el sexo se transfigura en hartazgo.

 

Cuando los ríos besos no aparecen

 y su humedad se petrifica

en la desembocadura del mar

de la tranquilidad y del hastío.

 

Cuando el aire ahoga y -definitivas- 

las alas del amor se

pliegan,  truncando a ese vuelo conjunto, 

las palabras se quedan mudas,

imposibilitadas de entender

ese novel vacío

que produce la ávida prepotencia 

de lo inconcluso.

Tomado de:

http://www.lechasseurabstrait.com/revue/IMG/pdf/azahar_revista_133.pdf

viernes, 15 de mayo de 2026

POEMAS DE ALEJANDRO BURGOS BERNAL -PROSA POÉTICA DESDE COLOMBIA-


Seth (poética)

 

     Han sido meses y días y horas en que con desconsolada piedad me he dispuesto a la poesía como si ésta fuese un enigma, un enigma o una piedra. El significado de la vocación poética se me ha ido dando a través de una imagen: el corto viaje de Seth a las puertas del paraíso, su padre moribundo sobre la tierra agria y seca y cuatro generaciones de hombres que lo lloran y un árbol que crece en sus entrañas.

    Seth como emisario del padre enfermo recorre la distancia que separa el paraíso de la tierra infértil de su estirpe. Lleva consigo una aceitera con el fin de rogar al ángel guardián del paraíso que le de unas cuantas gotas del aceite de la misericordia, aceite que había de servir a su padre quien por vez primera en el tiempo del mundo enfrentaba la muerte. Mas no tuvo a bien el ángel dar un poco de ese aceite de lástima, no tuvo a bien salvar la vida con la piedad. En cambio del aceite el ángel dio a Seth una ramita de árbol: plantada y crecida en árbol daría la cura al moribundo. Mas antes que Seth volviera, la aceitera vacía y en mano una ramita, antes que volviera terminaba la batalla. Formas brillantes como dientes yacían en tierra cerca del cuerpo muerto, la espesura se cerraba, antes que Seth volviera todo hubo de ser perdido.

   Seth entonces –aceite onfacino fue aquello, aceite de almendra amarga sobre la herida- puso la ramita en la boca del padre muerto. De aquí, aquí crecería en árbol algún día.

    Fueron meses y días y horas en que con desconsolada piedad me dispuse a la poesía: no sabía –la imagen es siempre un enigma- y tal vez no me sea dado saberlo, y ha de ser milagrosa esta secreta vía, milagrosa esta cruz exigua, no sabía la cualidad de la poesía ni su manera. Supe –de piedra es la sombra del árbol- supe que el enigma de la poesía era como un cristal de roca: transparente y mutable y duro.

 

    Una herida

    dolorosa

    como un ojo,

    profunda y vertical

    como la lengua.

 

 

LIMINAR

                                

Estoy encerrado en un árbol.

El árbol grita a su manera.

 

Augusto Roa Bastos

                                                                                                          

                                                      

    Que lo estuve, y si lo estoy es un rumorío de ramas secas este articular elementos de transparencia. Encerrado en un árbol. En su grito a su manera, perenne manera, leñosa, elevada manera. Arborescido de poco más o menos sobre la ribera, ribaldo, arborezco de mezquina riba, non veo do ribar, no vi do ribar y le vendí mi alma. De poco más o menos a sur del puente, fábrica de piedra, ladrillo, madera y hierro. Que si grito, mas tan sólo si susurrase, polvúsculo en potencia de diafanidad, ahora menudencia de tierra, muy seca sequedad de fauces, hiena secaña; si grito exhalo sombras. Y en estornudos se me van las arbustivas pausas, obligaciones tonales en modo menor, debe ser mi manera de llover.

    Ripios de niebla, delgados, desiguales, sin pulir, teja techumbre de la obscurecida tierra, soy poco de voz y mis propias cosas, enclenques de común decir, de débil sentencia. Añublo sin olor del día, de la luz con sus tintas, de la luz de sus ojos, de la vida de su vida. Ya la vida peligro en José de Arimatea, anteomnia, pero fue en sombra de grandeza, más bien bermellón, más bien carmín fino, más bien sombra de Venecia; lo mío es sombra de hueso, color obscuro, blancor ofuscado, amarillo biliar, de entraña, de entraña enferma; si el oso enferma come hormigas. Mi sombra es hormiguera, roe retoños. Mi sombra, osario, no desmiente el hambre.

    De raso hago lugar, aldeorrio raído, arrasados los ojos, hinchados, de lágrimas guijarros, de lágrimas piedras, empedrando aldealrío, flor de cardo silvestre soy, buche del río, en mí cuaja culantro, maná sin olor a miel, mana cuajarón helado, mana rocío, sí, rocío, lluvia tenue por manda en razón del frío, ínfima región del aire, mi tierra, Santo Antonio Abad, mi tierra: ese blanco vellón leve.

 

 

Marisma (Cartas del Tío José)

 

 

    En ellas vivo desde mi infancia. Me fueron dadas a pocos días de mi nacimiento y somos dos o tres los pocos que poseemos propiedades tan pobres y desde tan temprano. En lo que a mi concierne poseo un cofrecito de hechura tumbada, sin forrar, color obscuro, en el que guardaban migajitas de una especie de pan agrio. Eran esas, según mi tío, las pocas cenizas de Lautréamont.

    En ellas vivo desde mi infancia y si bien poco menos que arena y barro de polvo, si bien son sólo migajitas, mi tío allí me bautizó y de éstas mis propiedades me heredó algunas venturas. Ínfimos milagros, se entiende, más bien deslumbramientos. Yo lo aprendí pronto y aprendí a habitarlas sin devoción, con su enfermiza calura transformándose en palabras duras y secas como ramas de dulcamara.

    En ellas vivo desde mi infancia, condesito ceniciento de un reino en seca.

    En ellas vivo y sólo de ellas sé.

    Cada tanto, sin orden, me llegan las cartas de mi tío como cuando amaina la mareta. Representan lo más cercano que me es posible a una visión de la realidad. En esas ocasiones llueve sobre mis propiedades, llueve una lloviznita áspera y tíbia, una pobre llovizna cenicienta. Yo en esos días quisiese como renunciar, como ofrecerme en inaudita caridad. Yo en esos días, la piel seca como cuero curtido, pobre hombre torcido como árbol, yo en esos días, no sé, como que me dan ganas de morir.

 

 

La segunda carta

 

    La segunda carta llegó desde Cimbra. Yo aprendía a comulgar con tu pan: un rito simple, natural como ese florecer de algas secas sobre las leñas podridas de mi costa. Crecía así el frágil territorio de los muertos. Crecía tu voz desde la herrumbre, el verdín del borde de las cosas.

 

    “¿Habías notado?, lluvia es que el templo esté encendido, qué tanto esplendor de café Santa Cruz, qué tanto esplendor de Rua das Flores, que tanto esplendor de domingo Mondego, camina para arriba, camina para abajo, tanto esplendor de portinho, de pastel de nata y café en la esquina, tanto esplendor mi cuarto, mi balcón, mi ventana, mi mañana amaneciendo, luces bajas, frío nuevo, tanto esplendor encendiéndose en el enramado derrumbe de los cielos, las hojas tan brillantes de un árbol de agua, las aguas amarillas de un otoño del sol que se sumerge. ¿Habías notado, condesito?, lluvia es que la iglesia se ilumine por dentro”.

 

    Bajabas, tío, bajabas de hospital en hospital. Todo en ti era claro. Te preguntabas cómo te era posible la voluntad, cómo aún la voluntad te era posible. Me prevenías: ¿por qué de la voluntad has hecho mirada?

    Lisboa no te fue casa, tío, Lisboa te fue hospital.

    Sus sábanas tan blancas y su excelente pescado.

Tomado de:

https://eugeniasancheznieto.blogspot.com/2016/02/alejandro-burgos-seth-poetica.html

 

 

Sobre la vocación

 

Dicho sea de paso: la poesía de Fernando Pessoa es

imágenes de Lisboa, es sólo imágenes de Lisboa

 

I. Simplicidad sin ostentación.

 

El condesito despierta en la ciudad de Lisboa, despierta en la puerta de cafés, bajo la lluvia entorrenciada de su sueño y a la vuelta de esquinas —Lourenço Santos Ltda. Camiseiros o tal vez la Tabaquería Pires en Rua da Prata esquina—como bajo paraguas metafísicos, cortando en la lluvia una flaca vigilia, una columna de sombra seca, a la vuelta de esquinas —y sólo a veces, sólo a veces… es que el sueño es triste— se va cruzando con sus vísperas como si hubiese querido renunciar a la lluvia o enflaquecer de caridad. Como si alguna expresión de realidad hubiese de persistir en el desamparo.

 

Como si hubiese velado toda la noche en oración.

 

 

 

II. Mientras que algo es bello es posible aferrar su esencia.

 

Ayunó el condesito, sin ser témporas ni vigilias. Hora tras hora fue su sombra. Se detuvo en los cafés, Lisboas sin Fernando —¿qué habrá sido de él? Fernando—, tabaquerías sin Alves ni marismas. Es fantástico cómo se tomaba una botella de aguardiente, de esas de antes con el tapón de vidrio… como si se quisiera matar. Pero no, no es eso, no es eso: a pecho abierto no se escuchan lamentos de mercado, una lejana vigilia sí, un corazón que nunca duerme, mas tan leve que ni tan siquiera es vida; a pecho abierto, desde el acabarse la de nona hasta ponerse el sol—oficio divino al fin y al cabo—, mirad, la Rua do Alecrim enneblinada.

 

Como si se pudiese morir de iniquidad.

Como si el alma fuese todo lo que es. El alma… la forma de las formas.

 

Me pregunto si, como San Ambrosio, eres

capaz de leer in immensum loqui.

 

 

 

III. Dios envió los clérigos, mas el diablo envió bufones.

 

La sangre en lluvia, el condesito, resplandor blanquecino de su ser. Sus ojos fríos como el mar miraron el Tajo desierto y mudo. Hojosos ramos en cortejo fúnebre: su madera es dura de color rojo como el fruto: Liliata rutilantium te confessorum turma circundet: iubilantium te virginum chorus excipiat… Sus flores verdes, a modo de ramilletes. Pavorosamente perdida, la ciudad.

 

Oh María, virgen santa, finalmente mi espíritu adivino…

Oh María, virgen santa… ¿sobre qué sangre caminar?

Como si hubiese teñido su sombra en veneno asirio, como en púrpura las lanas blancas.

 

 

 

IV. Yo no tengo caridad.

 

Lluvia es que el templo está encendido. Va iluminado por dentro el condesito, en disposición presbiterial: exorcista, acólito y ostiario. Tiene potestad para admitir los dignos y la ejerce entre difuntos: Agüedita, Nativa, Miguel…cuidado, cuidadito con ir por ahí, por donde acaban de pasar gangueando sus memorias dobladoras penas, hacia el silencioso corral: Almada, César, Samuel… holgazanes de arte e industria, no vaguéis de alma en alma, fingiendo pobreza, hurtando artificios.

No vaguéis de alma en alma pregonando cenizas.

 

Cuidado, cuidadito con ir por ahí salmodeando lección superior al desengaño. Como si Lisboa fuese casa santísima y misericordiosa.

Como si fuese, Lisboa.

 

 

 

V. “¿Usted sabe cuántos de los míos ardieron? En Pskov, en Novgorod…”.

 

Una dolorosa enfermedad, el condesito. Qué milagrosa manera ésta de caer, vestido como era de noble color, humilde y honesto. Persona devota sin duda, oyendo los divinos oficios en hábito sanguino. No hubo médico o medicastro —ni por filosofía natural, ni por física, ni por arte de astrología— que para esta enfermedad tuviese cura. Que el condesito llamaba a la muerte y decía: dulce, dulce muerte, ven a mí, que ya yo llevo puesto tu color.

 

Como si la mar tuviese vientre y Lisboa sólo sepulcros.

Como si la nada fuese en olor de hoja de olivo.

Tomado de:

https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Diario/01_11_11_08.html

 

 

Roma

 

Me pongo a mirar por la ventana y decido pintarme de azul hasta las uñas. Con un pincelito me pinto de azul muy poco a poco y me convierto en la aurora de mí mismo. Si hace sol, se agrietará la aurora como tierra; mas si llueve, si lloviese, me desvaneceré en mí como los ríos. Seré profundo entonces, profundo y abismado. Comerciaré con pieles y con peces, seré ajeno. Y si me fuese necesaria la renuncia —porque parto para Quito o porque sí— me refugiaré en la boca de los mares, criatura sin vientre y sin sepulcro.

 

(Tomado del libro Dulcamaras. Valencia, España: Germanía.

Premio Internacional de Poesía Gabriel Celaya, 2001)

Tomado de:

https://permutante.wordpress.com/2018/08/16/roma-un-poema-en-prosa-de-alejandro-burgos-bernal-bogota-colombia-1970/