PPP [Primerísimo primer plano]2
Los ojos –enormes– se elevan sobre la tensión muscular
que no evita tragar grueso, debajo de labios carnosos, adolescentes y cerrados
a cualquier explicación que pretenda abrirse paso [¿por miedo? ¿qué es el miedo
sino creer?] por entre los pasillos desolados de un hombre que contempla
fijamente el vientre abultado, tan inexcusable como la aclaratoria que busca
escapar a este forcejeo. Una nueva ojeada se desvía y el abdomen asume su
protagonismo frente al novio de cejas contrariadas.
¿Y las de ella? ¿Sostienen párpados a punto de caer?
Una sonrisa [un ángel, una contraoferta] aplacará la
rigidez, allí donde el futuro esposo repondrá las arras. También el honor
menguado. El desierto, un hijo y su bitácora.
Dance on a Vulcano3
¿Te han sodomizado alguna vez?
¿Por quién te gustaría, por Obama o por Chávez?
De tu respuesta depende que Naomi Campbell
exhiba tu guardarropa
antes de bailarle a Gaddafi
y tus neurosis queden en manos
de Sean, Danny o María Conchita
a la vez que Leni o Stone o Godard
filman el chapuzón de tus hijos.
¿O te conformarás
con las tomas abiertas, con la pulcritud anodina de los
volúmenes, con la sobria parquedad de las tomas/? Jorge Volpi
¿A quién confiarás tu sinfonía?
¿Quién asumirá la vara de tu infamia?
¿A qué vaca sagrada dedicarás tus memorias?
¿Cuán ancha,
larga es su miseria?
¿Te aferrarás a su vestidura,
peliagudo como un hijo,
y no la soltarás
por el resto de la tarde?
¿Abdicarás a su sombra?
2
O Pier Paolo Pasolini (primera escena de El Evangelio
según San Mateo, 1961. La joven Madonna es Margherita Caruso).
3
Basado en un diálogo de Week-end (1967), de Jean-Luc
Godard.
Tomado de:
https://letralia.com/letras/poesialetralia/2021/06/21/cuatro-poemas-de-j-m-guilarte/
Tamara de Lempicka,2 óleo sobre madera, 35 x 26 cm
La garçonné no reparó en la huelga
de tranvías porque siempre
que acudía al teatro lo hacía en automóvil,
un modelo de carreras para la portada
de Die Dame: así resultará más hermoso
que la Victoria de Samotracia.
Encima del volante, Tamara despliega
el guante izquierdo y controlador.
De la rúbrica TJL, surge Tadeusz Łempicki
—prendado de Tamara Junosza—
al igual que la huella de otra mano zurda,
con anillo marital y boceto descolorido,
como el que recogerá sus cenizas
en el cráter del Popocatépetl.
Hundertwasser,3 serigrafía, 49,5 x 67 cm
[lado B] La expropiación frustrada
de los Cadillacs en la Textilera
Ariguanabo se sostiene,
contrariando al Che Guevara,
en las razones de la “aristocracia obrera”.
El sinuoso arsenal de carros deviene
sellos preformados sobre el asfalto,
un silabario anterior al alfabeto
que los marca y petrifica,
placas de letras y cifras blancas
reflectantes sobre fondo negro.
A lo largo del espiral sendero,
proliferan signos de la savia urgente, refractaria.
Nirvana para pirómanos
Sílabas son incandescencias.
Octavio Paz
Levantemos los escombros y escudriñemos la densidad del
vino con el que hermosas poetas se nutren en las cuadras gastronómicas antes de
proclamar la ingenuidad de sus mentores. El ascenso de las llamas no desmiente
los humedales que se arraigan.
El síndrome de Sansón. Lo sufres luego de que te
arrancan los ojos.
He visto fogatas diseminadas en siglos,
el horror de las castas,
el ardor de los caudillos,
un remolino que devuelve causas y efectos.
Amigos, han quemado al infeliz Chausson. Antes de partir
hacia América, en los buques españoles de aventureros solían ajusticiar a
sodomitas y demás seres indeseables, luego de untarlos con brea, para alejar la
mala suerte.
Mi abuela vio cómo su padre se perdía en la niebla de
una montonera.
Atacamos la esencia de la propiedad,
no a los propietarios.
El fuego es la efigie de la superioridad moral,
capucha de ángeles prófugos de una bóveda desprendida.
Las columnas de humo se multiplican
como travesuras de Prometeos finiseculares
que privilegian la comida saqueada
y la destrucción de autobuses.
[lo que te hacía menos bobo, deducía el doctor Chirinos]
Otras piras acogen cauchos, árboles y basura
para matizar diferencias de clase.
Desde el fuero de las barricadas, creímos que Rimbaud
viajaba en las cenizas de viejas páginas
de Life, testigos de un rarísimo esplendor.
En los antiguos cines las películas burbujeaban
como un aceite que expande sus hongos
blanquecinos antes de perforarnos.
Correteamos tímidamente entre los hierros
retorcidos y la granizada de los bosques.
Dioses ingenuos emergen con heridas y discursos
que nunca arrimaremos a las brasas.
El fuego que prometimos se escabulle
entre incertidumbres de libros sobrevivientes,
arrogantes, que jamás
ni nunca
nunca
arrimaremos a las brasas.
Chicago Fire, “One hundred”, temporada 5, episodio 8
Se piensa que los accidentes de tránsito
provienen del descuido exclusivo,
la ebriedad, drogas, anomalías mecánicas
y errores de cálculo con escasísimos
márgenes para el fallo. Todo ello es mentira.
O digamos, una media verdad.
Los cientos de miles de muertos cada año,
los millones de heridos y mutilados
en las carreteras y avenidas se hilvanan
como vástagos del modelo de desarrollo
basado en la preponderancia del motor,
cuya velocidad no deja cabida
a la equivocación
o a la mala fortuna de la piedrita
que rebota impenitente contra el parabrisas.
Hace más de dos siglos las cabezas nobles
rodaban predecesoras de sus verdugos.
Llegados al futurismo de Isadora Duncan,
la tarea se acentuó en una estola glamorosa.
Entre los restos de un choque múltiple
bomberos del siglo XXI escudriñan
oráculos en un capullo de cristal.
El cráneo rapado emerge hasta los hombros
porque alguien ha obviado
el uso del cinturón de seguridad.
Desde la ofrenda de un dron la escena
se esfuerza en decorar una postal de Chicago
aunque el chofer entiende
que vienen a liberarlo de una guillotina.
Gruesos tajos delimitan el cuello lacerado
y enganchado a un plato
ausente de Roy Batty, lágrimas,
Salomé y el deseo cabelludo.
La víctima debe relajarse y soltar los brazos
pero ha contado con suerte:
los rescatistas culminarán la operación
con prontitud. Dentro de pocos minutos
el bar Molly’s celebrará su aniversario
y el cuerpo de bomberos se dispondrá
a emular los brindis con los que Al Capone,
frecuente y flagrante, pretendió alargarse
en la notoriedad de una centuria.
2Basado en el
Autorretrato [Tamara en el Bugatti verde] (1929; incluye Retrato de un hombre
inacabado, 1928), de Tamara de Lempicka.
3Basado en La
glorieta (1995; incluye Automóvil con gotas de lluvia II, 1957, y El jardín de
los muertos felices, 1953), de Friedensreich Hundertwasser.
Tomado de:
https://letralia.com/letras/poesialetralia/2021/06/21/cuatro-poemas-de-j-m-guilarte/
Rabito
a Marialba Da Silva, in memóriam
El plástico es ánima que rebota
sin ambages de durazno, agua o leche descremada.
Lo juro por la avenida y sus orillas.
El trayecto no está exento de restricciones
mientras resquicios de asfalto se ufanan
en ostentar venias urgentes.
Rabito parece olvidar que junto a las costillas cortas
la columna alargada atribula su espina dorsal
y por ello ninguna condición es más importante
que la de permanecer con vida.
Un dilema de pedigrí que corre junto a la botella
y el hilo raudo de máquinas.
El envase despunta y Rabito insiste en asaltarlo
sobre piruetas de patas breves.
Sin darnos cuenta el fondo automotor engulle más afanes
poco antes de que el cilindro se desvanezca
en tanto apremia una lógica anticipada
desde la fragilidad de las mascotas.
El Spazio no lo arrastra ni un poco, pero Rabito chilla
y mi memoria es un testigo alevoso que versiona traumas
mediante alegatos de café:
¿Se rompió o no el cuello?
Polémica de pelo corto, liso y brillante.
Rabito asoma el hocico, ensangrentado.
Su ama lo alcanzará, lo acunará firmemente
y desaparecerá también.
El linchamiento
A los policías les enseñan a contener
los embates de la luna en explanadas
y a no intervenir en el ámbito
de taxistas secuestrados
al librarlos de sus captores.
El chofer aprendió que «Mía es la venganza»
es un lema de penosa recordación.
Los colegas lo ayudarán a culminar la labor
que comenzó cuando advirtieron
fisuras abominables.
Golpes
patadas
empellones. El orden de los factores
que no pretende alterar el deceso de un maleante.
Alguna vez su aliado escuchó algo como «ojo por ojo».
Se lo vaciarán, y también los dientes,
apenas intente escapar.
La teoría se muerde la cola
Dijo que incluso había serpientes que se tragaban
enteras
y que si uno veía a una serpiente en el acto de
autotragarse
más valía salir corriendo pues al final siempre ocurría
algo malo, como una explosión de la realidad.
Roberto Bolaño
«El Gusano»
Me gustan las anécdotas transmitidas
con aplomo y seguridad en aquellas
situaciones que te obligan a mentir.
La cantidad de apetitos nunca será suficiente
sin la verosimilitud que acaricie
el punto en que venzas al polígrafo.
Guiarás a tus oyentes a requerir
tu relato con fervor, porque te mimetizarás
con tu personaje y su contexto.
La ficción no tardará en hacerse parte
de tus huesos. Hará metástasis junto a tu público.
La remisión llegará con radiaciones encriptadas
en el mantra de una fórmula.
I
El atardecer recorre pilotines como pauta de una jauría.
Los obreros adelantan la jornada y los carros aceleran
para salvarse del contraflujo.
La densidad en las autopistas incluye agilidades
que carecen de recompensa.
El último de la fila
Si estás de último en la fila y deseas ausentarte por un
rato,
mejor espera a que alguien llegue después de ti
y acceda a cuidar tu lugar,
sin advertir la sal derramada.
Al tenerte adelante, podrá mirarte fijamente.
Si te impacientas y no quieres aguardar
deberás contar con el que te da la espalda.
Quizás no te recuerde cuando regreses.
Si prefieres permanecer en la cola advertirás al joven
que llegará detrás de ti, coincidirá con su profesora
de lengua rusa y la presentará a sus padres.
El viejo disertará la nostalgia por Stalin.
La profe lucirá una estampa que reza NO PASARÁN
y volará en silencio hacia Brodsky,
Padura y Politkovskaya,
como excusa para mirarte fijamente.
A nice pair
a Fina Ugueto, de nuevo
I
El alejamiento nos hizo sordos, circunscritos
al aullido de los helicópteros.
¿Qué haces en medio del bulevar, con las libretas
abiertas de un curso de odontología?
En otro tiempo te desposaría con mi rutina
y buenas maneras. Ahora tus compañeras te rodean
y se bastan a sí mismas en su empeño
por ayudarte a consagrar el olvido.
El capullo de féminas te recubre como un corazón
que dejó de arder desde el momento
en que decidí contemplar desde muy arriba
el sinuoso camino de tus pasos que se alejan,
para no dejarte volver.
II
Madonna se casó con Guy Ritchie en el castillo de Skibo,
a las afueras de la población escocesa de Dornoch.
Los antepasados de la novia trabajaron en las fábricas
de acero de Pennsylvania para el magnate
Andrew Carnegie, quien restauró el castillo en 1897.
En su retirada, el rostro de Veronica Ciccone se asoma
por la ventana trasera del coche nupcial, esforzado
en ahuyentar fantasmas de antiguos paparazzis.
La carroza se aleja victoriosa de la sede decimonónica,
y deja atrás a los fieles amigos y los comentarios
acerca del diseño de Stella McCartney,
que envuelve la esencia de una novia reincidente,
para no dejarla volver.
Tomado de:

