jueves, 12 de febrero de 2026

POEMAS DE GABEBA BADEROON - UNA VOZ DESDE SUDRÁFRICA -


LA LLAMADA

 

El Sonido del teléfono

desde la habitación de mi compañero de piso

me atrapa en el rellano, a medio camino

escaleras abajo, la mano en el asa

no basta para parar

el ímpetu de la maleta. Necesito

magullarme la cadera para detenerla.

De la caja de cosas desechadas

-- signos de que una vez estuve aquí –

agarro el teléfono, lo enchufo

en el pasillo, y me siento

sobre el montón de listines apoyados a la pared.

Hola mama, contesto.

Me voy a otro sitio,

cada vez más lejos de donde partí.

A lo largo de las siete horas de diferencia horaria, temo

que nunca la volveré a ver.

Quiero decir en voz alta que estoy perdiendo

un centro al que puedo volver,

pero no lo hago.

Ella habla también de un modo aplanado

por lo no dicho, acercándose mucho sólo

al separarnos, cuando dice

que parta sana y salva.

A lo largo de la creciente distancia

oigo su voz alejarse de mí.

Hago que me deje

Para poder sosegarme.

 

 

TRÍPTICO DE LA GUERRA: SILENCIO, GLORIA, AMOR

 

I.

 

RECAPITULACIÓN

 

La madre pidió que se quedara.

Miró a su hija silenciosa.

Te esperaba.

La calma del rostro de la niña era otra calma.

Sus manos yacían intocadas por la muerte.

El lavador de cadáveres

rasgó su largo vestido negro.

Azules cuentas de plegaria cayeron

al suelo en lenta recapitulación.

El lavador de cadáveres empezó a cantar

una oración para madres e hijas.

La madre dijo:

¿Quién me esperará?

 

II.

 

PADRE RECIBE NOTICIAS: SU HIJO MURÍO EN LA INTIFADA

 

Cuando oyó la noticia, el señor Karim se quedó silencioso.

No miró a la cámara,

tampoco a la gente que acarreaba su pena.

Sintió deslizarse una mano de su mano,

un breve separarse,

y por este motivo rechazó el consuelo de la gloria.

 

 

II.

 
SIEMPRE POR PRIMERA VEZ

 

Contamos nuestras historias de guerra como historias de

amor,

inocente como los huevos.

Pero volveremos a encontrarnos con la memoria

y la muralla en torno a la ciudad,

siempre por primera vez.

 

 

EL ARTE DE DEJAR

 

De todo lo que no quiero conocer

la muerte me susurra este terrible secreto:

nunca conoceré la alegría

excepto en su partida.

Nunca te conoceré

excepto en las huellas

cuando te hayas ido.

El calor es dejar

la camisa, colgada

del respaldo de la silla.

Lentamente te va devolviendo

todo lo que de ti tenía.

 

 

NADA MÁS

 

Una alfarera entrega el don de un cuenco hecho por ella.

El cuenco es perfecto, se excusa,

y nada más.

Un maestro japonés le ha enseñado

a hacer cuencos que son perfectos

porque tienen una leve, deliberada imperfección.

El cuenco es perfecto, nada más.

Nuestro cuenco encaja deliciosamente en la mano.

La historia lo llena como un segundo don.

Un viejo alfarero con el que compartimos el relato, se ríe

y revela el tercer don. La falta de imperfección del cuenco

es su secreta imperfección.

https://www.lamajadesnuda.com/gabeba-baderoon/

 

 

Aliento

El lenguaje es aliento,

es tacto, es baba,

es el silencio antes de hablar.

 

Ruso

Una mujer aprendiendo ruso describe

la nueva inclinación de su cabeza,

su pecho, sus manos,

la tensión de su labio superior

como picaduras de abeja alrededor de la boca,

los cambios musculares de su lengua

una invasión desde adentro.

 

Árabe

Te enseño a decir la primera letra de mi nombre,

un sonido entre la g y la h,

para el cual no hay letra en inglés.

 

Inhala,

toma un sorbo de agua,

exhala.

 

El sonido del aliento dejando la garganta

es el comienzo de mi nombre.

Tomado de:

https://franciscocenamor.blogspot.com/2026/01/poema-del-dia-aliento-de-gabeba.html

 

 

Mi lengua se enternece con el otro nombre

  

En el patio de la casa de mi madre, chasquidos de ropa tendida

por encima de los chiles y el romero silvestre.

Kapokbos, arbusto de algodón, mi lengua

se enternece con el otro nombre del romero.

Brinjal, pimientos colorados y pawpaw crecen

en ese estrecho canal entre la

cocina y la pared que separa

nuestra casa de la de los Severo. En el borde

del césped, junto a los dormitorios, un witolyf procura

alcanzar en éxtasis los cables de la luz.

 

En un rincón a socaire de la casa

no crece nada.

Aquí el sonido colapsa.

De madrugada las sombras

mojan unas tejas apiladas

contra la pared de cemento.

 

En el frío y el silencio

mi hermano está creando un jardín.

Limpia de cascotes la tierra

y los arrima contra la medianera.

Luminosas puntas de speldekussing, alfiletero, puntúan la rocalla.

Horas y horas excava un hueco en una piedra para capturar

el agua que ha goteado de una canilla toda mi vida.

A su alrededor, botterblom enrojece la arena gris.

Un cerco hecho de juncos filtra

El viento entre la casa y la pared.

Y plantar: margaritas de hielo agachan los copetes de sus cabezas

hacia su propia sombra.

 

De noche, él se sienta en una lata de pintura,

en la presencia de cosas que crecen.

La luz rebasa el borde del cuenco de piedra

Y luego se vuelve a recomponer en luna.

Todo va encontrando su lugar.

Tomado de:

https://franciscocenamor.blogspot.com/2026/01/poema-del-dia-aliento-de-gabeba.html

 

 

Fotografías antiguas

En mi escritorio hay una fotografía tuya.

tomada por la mujer que te amaba entonces.

 

En algunas fotos cae su sombra

en primer plano. En este,

Su cuerpo no está tan lejos del tuyo.

 

¿Mantuviste la cabeza de esa manera?

¿Porque le encantó?

 

Ella no es invisible, no

mi enemigo,

ni siquiera el pasado.

Creo

Me encantan las cosas que ella amaba.

 

De todas tus fotografías antiguas, quería

Este por su devenir. Creo

Estabas empezando

girar un poco la cabeza,

Tus ojos mirando ligeramente hacia un lado.

 

¿Fue este el comienzo de la partida?

 

 

Proteas de cojín verde

Las proteas de cojín verde crecen

en mi memoria, balanceándose débilmente

En el viento de hoy. El recuerdo me atrapa.

A través de los alfileteros rosas que compré esta mañana

de la tía en el doek junto al Kwikspar

quien añadió una protea rey al ramo,

todos picos y alfileres en rojos y granates,

Tan regio que cuando era niño no sabía

Estaban vivos

y no los regaron.

Mi madre está recordando

Me los recuerda.

 

¿Te acuerdas?, me pregunta ella, y entonces lo hago.

¿Proteas de cojín verde tan pequeñas?

Ella lentamente hace que sus dedos giren y florezcan.

flores verdes del tamaño de monedas grandes

que encontramos aquí entre las rocas y la arena gris

bajo altos árboles innombrables en la memoria, alcanzando

sus raíces en los cimientos de la casa,

Hilos sutiles que se estiran cada vez más cerca.

 

Todos los enredos, enganches y balanceos,

Las proteas verdes de cojín se clavan en mi mente,

se espesan puntada a puntada

a un lugar que no era, pero que es de nuevo.

La arena gris del recuerdo ahora ferviente de color,

Las flores verdes trepan por la rocalla

y nosotros, que no conocíamos sus orígenes,

moverlos a otra parte del jardín,

y se retiran, y luego se retiran

De memoria hasta ahora, una nueva especie de verde

floreciente e impasible.

Murieron, recuerda.

No les gusta que les muevan las raíces.

 

¿Te acuerdas?, pregunta ella.

y las monedas verdes brotan en el primer arbusto

nos preceden desde hace mucho tiempo y sin cuidado los arrancamos.

de sus rocas originales y mueren

Un poco y luego completamente.

¿Por qué los trasladamos a otro lugar?

¿Nosotros que fuimos trasladados hasta aquí?

¿Te acuerdas?, pregunta ella.

Tomado de:

https://poets.org/poem/background-or-how-look-mountain

martes, 10 de febrero de 2026

POEMAS DE NÉSTOR MUX - DESDE ARGENTINA -


Vals anónimo

 

Curioso vals

el de la existencia

 

nos llevó y nos trajo

 

del estado de gracia fugaz

dejó la culpa

 

envolvió los sueños

con los trapos de la ruina

 

nos amontonó –para alentarnos–

pero terminamos solos.

 

 

40 años después

 

¿Era sólo arrogancia

la de aquellos muchachos que juntos

desafiaban el mundo que ignoraban?

 

¿Es felicidad la de esta mujer y este hombre

que en su condición de conocedores

de la común existencia

se tantean como por primera vez?

 

Reencontrados

o por último, reencontrados de verdad.

 

La vida misteriosamente

parece seguir diciendo

algo por nosotros.

 

 

Presentación de libro

 

Son dos los que danzan.

José María Pallaoro

 

Marcelo Vernet pone su nuevo libro

a consideración de nosotros.

Gil Soria, fraternal, dice los versos

con una bufanda roja.

A los brindis, el pianista desgrana

Ojos negros de Vicente Greco

y nosotros salimos a bailar.

Apretados, uno al otro,

como en un naufragio inofensivo

El aliento íntimo de la música

parece convencernos que no es la primera vez

que nos lanzamos juntos.

De alguna manera venimos girando

desde el fondo de una historia

que no pudo destruirnos.

Y cuando los amigos condescienden al aplauso

sentimos alcanzar la orilla.

 

 

Mundos

 

Para sobrevivir es necesario

fuerza o ironía o cinismo.

Me inclino a creer que ella haya optado

por la fuerza porque al despertar

vuelve a empujar las cosas del día

y el mundo le retribuye esperanza.

 

 

Disculpas del irascible

 

En intimidad el irascible

entrega y recibe amor.

Afuera, en la realidad,

el irascible, como un derrotado,

grita contra el mundo.

Es posible que sangre por la herida.

Es posible que el amor

salve al irascible

 

 

Sueño con ella

 

Sin pudor alguno

entro a su casa

cargando artritis

prótesis dentaria

y tejido adiposo notorio.

 

Ella está detenida en el centro

de su juventud

y de su belleza invencible.

 

Y conversamos

como si nuestra historia

nunca se hubiera interrumpido.

Como si el mundo recomenzara.

 

 

Olores

 

En aquella época

mi padre se afeitaba

con una crema

de olor leve, único

y se iba a trabajar.

 

A veces sueño que lo espero

y que ese olor lo devuelve a casa.

 

 

Soñé que sentía

 

Soñé que sentía

el gusto

y el espesor de la esperanza

 

que volvía a escuchar

a los otros

como en un principio

 

que mal o bien, era parte de un todo

 

que lograba una página decente

 

que los brazos de ella

me abrazaban

y el corazón –sin temores–

ardía otra vez.

Tomado de:

https://lospoetasnovanalcielo.blogspot.com/2019/07/nestor-mux.html

 

 

Perros atados

 

Es posible que ese perro atado ladre

a estrellas que lo aturden con señales

o aúlle a quienes lo dejaron vigilando,

para nadie, una casa abandonada.

 

Los vecinos se quejan porque no pueden dormir,

escuchar la radio o lustrar sus automóviles.

 

Mientras tanto yo le adivino colmillos azules

como el amor o la muerte y lo imagino altivo

como algunos hombres o como muchos perros.

 

Porque su sonido tiene algo de delicada insensatez

o de agonía, y ese sonido me acompaña y me persigue.

Porque su ladrido se impone por sobre las voces

desafinadas y rancias de la gente

mezcladas como al fondo de una olla.

 

Y porque es posible que yo esté atado también,

pero sin su convicción para ladrar y aullar

ahora que siento finalmente que me han dejado solo

vigilando una luz casi deshabitada.

 

 

Remolques y memorias

 

Con el cascajo llevábamos

a los chicos a la escuela;

hacíamos las compras y las mudanzas

o cargábamos las hortensias desde el río.

 

Un día echó un humo desinflado

y se agotó provisoriamente en las afueras.

Con su automóvil, mi padre

lo traía con una cuerda

que no dejaba de cortarse

y yo insultaba a dios y al aire.

Él manejaba con el silencio natural que lo rodeaba

ya que sentía cumplir un deber más

de todos los que cumplía.

 

Me aseguran que el cascajo todavía recorre

los itinerarios modestos que le imponen.

Mi padre, cada tanto, me recorre

la memoria con su ausencia

y la cuerda apagada de otros días

con la que dejó de remolcarme.

 

 

Nadie le pide que escriba

 

Nunca llegará hasta la casa

en la que no es esperado.

 

 

No habla si no le piden opinión

porque entiende que la palabra

no modifica la historia

y en algunos casos puede ser

invasión al otro,

como de intruso que atropella la puerta.

 

Tampoco, nadie le pide que escriba.

No obstante, cuando nadie lo ve,

cuando todos están lejos

—con su confusión y sus convicciones,

con su sombra y sus jardines—

él coloca en la máquina el papel en blanco

como una forma de desobediencia,

de alivio o de revancha.

 

 

Almuerzo

 

Las voces queridas me llegan

desde muy lejos, confundidas.

 

Debajo de un álamo borroso

los amigos comemos, bebemos y reímos.

 

 

 

Uno de gorra o sombrero, me dice:

 

«¿Cómo estás entre nosotros

si todavía no te has muerto?»

Tomado de:

https://www.vallejoandcompany.com/2026/01/09/5-poemas-de-musica-imprecisa-2025-de-nestor-mux/

 

 

Ante La Radiografía Del Pie De Nuestro Hijo

 

Ahora no recordamos si el pie entonces

pateó una piedra o cayó de un árbol mientras jugaba

para quedar ante nosotros aprisionado en esta radiografía.

A pesar de no ofrecer la consistencia de la carne adherida

uno imagina una hoja seca con sus nervaduras

pugnando por flotar en las sombras de la placa.

Porque en su vida real este pie deberá pisar

en medio del amor y la desdicha,

en medio de la plenitud de la tierra y del precipicio,

luego de haber llegado hasta la casa

del único amigo que le quede en el mundo.

Y habrá de caminar con los sueños y el aliento

que tenga para construir su propia historia

complicado en la historia de los otros.

Este pie que continuará al mío

y empujará a ese otro pie que recomience

ya lejos de nosotros y del espacio breve

que ocupamos para comida del olvido.

Porque si bien la muerte y el tiempo

sólo respetarán nuestros huesos

uno no admite, mientras tanto, este recuerdo de mañana,

este simulacro pálido de la eternidad.

 

 

El espacio de cada uno

 

Porque cada hombre

debe continuar reclamándole

a la vida el propio espacio sagrado

que le corresponde desde el principio

 

probarnos a nosotros mismos

que la campana mutilada

de la razón y la inocencia

 

continúa volando en medio

de la infinita sordera de la tierra.

Tomado de:

https://poetasaltuntun.blogspot.com/2010/08/nestor-mux.html

 

 

Ropa tendida

 

 

En la cuerda ahora vuelan

camisas, sábanas, corpiños, repasadores,

y la indumentaria deportiva de los muchachos,

coincidiendo en un día de sol.

 

En otros días de utopías

hubiéramos hablado

de banderas de amor y de victoria.

 

Hoy, que hablamos menos,

la ropa tendida

nos señala con modestia

que juntos cada uno a su manera

aquí vivimos.

Tomado de:

https://poesiadelmondongo.blogspot.com/2014/09/

lunes, 9 de febrero de 2026

POEMAS DE THOMAS ERNEST HULME -DESDE LA GUERRA ESCRIBE UN POETA -


SOBRE EL MUELLE

Sobre el silencioso muelle a medianoche,

enredada entre los altos cabos del mástil,

cuelga la luna. Lo que parecía estar tan lejos

no es más que un globo, olvidado por un niño después del juego.

 

 

EL DIQUE

(Fantasía de un caballero rendido en una fría, amarga noche)

 

 

 

Hace tiempo, en finuras de violín hallaba el éxtasis,

en un brillo de tacones dorados sobre el duro pavimento.

Ahora veo

que la calidez es la materia misma de la poesía.

Oh, Dios, empequeñece

la vieja manta del cielo, carcomida por estrellas,

para poder arroparme con ella y descansar en paz.

 

 

EL POETA

Sobre una mesa amplia, lisa, se recostaba extático,

en un sueño.

 

Había vivido en los bosques, y hablado y caminado con los árboles.

Había dejado el mundo

y de regreso trajo esferas y pétreas imágenes

de coloridas gemas, duras y definidas.

Con ellas jugaba, en un sueño,

sobre la mesa lisa.

Tomado de:

https://www.fronterad.com/wp-content/uploads/img/nro206/lanube/nube.html

 

 

IMÁGENES

 

Viejas casas que fueron andamios

con obreros que silban.

 

*

 

Su falda se elevaba como una bruma oscura

de las columnas de amatista.

 

*

 

Ruidos revoloteaban

como murciélagos en el crepúsculo.

 

*

 

Los vuelos de su falda se retiran

como el oleaje en los acantilados.

Tomado de:

https://materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/los-imaginistas-68.pdf

 

 

El malecón

Hubo un tiempo en que, en la finura de los violines, hallé el éxtasis,

en el destello de tacones dorados sobre el duro pavimento.

Ahora veo

que el calor es la sustancia misma de la poesía.

Oh Dios, haz pequeño

el viejo manto del cielo, roído por las estrellas,

para que pueda envolverme en él y yacer al abrigo.

 

 

Una mujer alta

Sólida y apacible es la ciudad de Horton,

conocida es toda amistad y constante.

Por caminos fijos camina cada hombre.

 

Ha llegado una mujer alta a la ciudad de Horton…

En medio de todos, en secreto, aprieta mi mano.

Cuando todos miran, parece prometer.

Hay un jardín secreto

y un arroyo fresco…

Así mira a todos los hombres.

La misma promesa a muchos ojos.

Pero cuando se inclina hacia delante, en una habitación,

y por aparente accidente sus pechos rozan los míos,

entonces el eje del mundo se retuerce.

 

 

Horizonte urbano

En un día de verano, en la ciudad,

donde las chimeneas inquietan a los cúmulos,

Flora pasa desdeñosa

y alza su falda azul con volantes: el cielo.

Así veo su enagua blanca de nubes,

claro encaje de Valenciennes, tramado por capuchas retorcidas,

rasgado por chimeneas, encaje roto, deshilachado y hendido.

 

 

¡De noche!

¡De noche!

Todo el terror está ahí.

Ramas del árbol muerto

recortadas en el filo de la colina.

Venas oscuras, enfermas,

sobre el cuerpo blanco y muerto del cielo.

El gancho de hierro desgarrador

de la despiadada Mara.

Manoseando nubes suaves en rebelión.

Marca de los dioses obscenos

sobre su ganado en vuelo,

que vaga por la pradera del cielo.

 

 

El hombre en la cofa (vigía)

Extraño me suena el viento que sopla

junto al mástil, en la noche solitaria.

Tal vez sea el mar silbando — fingiendo alegría

para ocultar su miedo,

como un muchacho del pueblo

que pasa temblando junto al cementerio.

 

En la tierra silenciosa

En la tierra silenciosa

hay un fuego secreto y desconocido.

De pronto las rocas se fundirán

y los viejos caminos engañarán.

 

A través del camino familiar

hay una hendidura profunda. Debo detenerme y retroceder.

En la tierra fresca

hay un fuego secreto.

 

 

Susan Ann y la inmortalidad

Con la cabeza inclinada,

miraba la tierra, fija y alerta,

como el conejo al armiño,

hasta que la tierra fue cielo,

cielo que era verde,

y pasaban nubes pardas,

como hojas de castaño arqueando el suelo.

Tomado de:

https://www.isliada.org/poetas/t-e-hulme/