sábado, 7 de marzo de 2026

POEMAS DE CARL SANDBURG - POESÍA PARA PASAR TIEMPOS DE GUERRA -


A un muerto

 

Sobre la línea de los muertos te hemos llamado

para que vengas a nosotros con una palabra,

un susurro apaleado sobre lo que sucede

allí donde estás, sobre la línea de los muertos

sordo a nuestras llamadas, sin voz propia.

 

No han contestado las sombras que parpadean,

ni han enviado tus labios una señal

sobre si habla el amor y crecen las rosas

y rompe el sol el alba

salpicando el mar de carmesí.

 

Versión de Miguel Martínez-Lage

 

 

El camino y la meta

 

He de recorrer

la senda al crepúsculo

por donde vagan las sombras del hambre

y transitan los fugitivos del dolor.

He de recorrerla

en silencio, de mañana,

y ver deslizarse la noche en el alba,

oír cómo se levantan lentos los vientos poderosos

allí donde son altos los árboles que jalonan el camino

y se comban cargados.

 

Los pedruscos rotos a ambas orillas

no vendrán a conmemorar mi ruina.

Será el pesar la gravilla que triture.

Buscaré en el cielo

esbeltas aves de ala rápida

que rolan donde el viento y los truenos

empujan a las procesionarias de la lluvia.

 

El polvo del camino recorrido

me manchará las manos y la cara.

 

Versión de Miguel Martínez-Lage

Tomado de:

http://amediavoz.com/sandburg.htm

 

 

 

La niebla

 

 

La niebla llega

con pisadas de gato.

 

Se sienta

sobre sus ancas

silenciosas

para observar

el puerto y la ciudad.

Luego se marcha.

 

 

Bajo la luna de agosto

 

 

Bajo la luna de agosto

las suaves gotas de plata

caen, resplandecientes,

sobre jardines nocturnos;

y la muerte, burlona gris,

viene susurrándote

como una bella amiga

que te recuerda.

 

Bajo las rosas del verano

el fragante carmesí se oculta

durante el crepúsculo,

entre hojas silvestres

coloradas; y el amor,

con manos pequeñitas,

viene a tocarte

con miles de recuerdos

y te plantea preguntas bellas

que no tienen respuesta.

 

 

Extravío

 

 

Solo y desolado

paso la noche

en un lago.

La niebla se arrastra

y la llovizna serpentea.

El pitido de un barco

llama y llora sin parar

como un niño perdido,

entre lágrimas y desazón,

que trata de alcanzar

el pecho y los ojos

de un puerto.

 

 

Mag

 

 

Que Dios hubiera impedido nuestro encuentro, Mag.

Que nunca hubieras abandonado tu trabajo por venirte

conmigo.

Que nunca hubieras tenido permiso ni vestido blanco

para casarte el día que perseguimos al juez

y le dijimos que nos amaríamos y nos cuidaríamos

siempre y tanto como perduran el sol y la lluvia.

Sí, ahora deseo que tú vivieras lejos,

y que yo fuera un bulto entre puñetazos

a mil quinientos kilómetros de aquí, muerto

y despedazado.

 

Que los niños nunca hubieran venido.

Nunca hubiera pagado por la casa, el carbón.

la ropa. Que nunca hubiera visto al abarrotero

cobrando frijoles y ciruelas.

Que Dios nunca me hubiera dejado verte, Mag.

Que Dios les hubiera impedido nacer a los niños.

 

 

El pasto

 

 

Amontonen los cuerpos en Austerlitz y Waterloo.

Remuévanlos con una pala y déjenme trabajar—

Yo soy el pasto. Todo lo cubro.

 

Amontonen los cuerpos en Gettysburg, Ypres y Verdun.

Remuévanlos con una pala y déjenme trabajar.

Pasarán dos o diez años y los pasajeros

preguntarán al conductor:

¿Qué lugar es éste?

¿Dónde estamos?

 

Yo soy el pasto.

Déjenme trabajar.

 

 

Astilla

 

 

El canto del último grillo

cruza por el frío

de la primera nevada,

y así se despide de nosotros.

Esa astilla delgada que canta.

 

 

La frialdad de los sepulcros

 

 

Cuando Abraham Lincoln fue enterrado en su tumba se

olvidó de las víboras y hasta de su asesino... metido

entre la tierra, en la frialdad de su sepulcro.

Ulises Grant dejó de pensar en sus enemigos y en Wall

Street. Los pagos de contado y las fianzas se hicieron

cenizas... entre el polvo, en la frialdad de su sepulcro.

 

¿Y el cuerpo de Pocahontas, tan hermoso como un álamo,

tan dulce como una caña roja de noviembre o como una

papaya de mayo, demuestra su asombro? ¿Hay algo que

recuerde... entre el polvo, en la frialdad de su sepulcro?

 

Piensa en cualquier persona de la calle, en quien está

comprando ropa o comestibles; en los que alaban a los

héroes; en los que soplan cornetitas y arrojan confeti...

Si los amantes se pierden... quién alcanza algo más de

lo que tienen los amantes... entre el polvo... en la

frialdad de los sepulcros.

 

 

Plegaria del acero

 

 

¡Colócame en un yunque! ¡Oh Dios!

Golpéame, martíllame en una pezuña de cabra.

Déjame atisbar en viejas paredes desvencijadas.

Permíteme sostener y destruir los viejos cimientos.

 

¡Colócame en un yunque! ¡Oh Dios!

Golpéame, martíllame en un perno de acero.

Introdúceme a las vigas de los rascacielos.

Sujétame, con remaches al rojo vivo,

en todas las vigas centrales.

Déjame ser el gran clavo que sostiene

al rascacielos en una noche triste

tapizada con blancas estrellas.

 

 

Ejército expedicionario de los Estados Unidos

 

 

Colgaremos en la pared un rifle oxidado, corazón,

con ranuras onduladas y escamitas de óxido.

Durante la oscuridad una araña tejerá su nido plateado

en el hueco más tibio de ese rifle.

También habrá óxido en el gatillo y en la mira.

Ninguna mano pulirá ese rifle colgado en la pared.

Los dedos índices y pulgares, distraídamente,

apuntarán, por pura casualidad, cerca del rifle.

Se hablará de las cosas medio olvidadas en el deseo

de olvidar.

Le dirán a la araña: sigue, sigue, estás haciendo

muy buen trabajo.

 

 

Tal vez

 

 

Tal vez él me crea, tal vez no.

Tal vez me case con él, tal vez no.

Tal vez el viento de la pradera,

el viento del mar, tal vez,

alguien en algún lugar

tal vez lo diga.

Pondré mi cabeza en su hombro y

cuando me pregunte le diré que sí,

tal vez.

 

 

Isla de Patmos

 

 

Los carruajes invisibles

en el alto cielo

Transportan arcángeles

(también invisibles).

He visto esos carruajes. Tú también,

o no sabes de lo que te has perdido.

He conversado con los arcángeles. Y tú

también, o no sabes lo que has perdido.

Yo camino con los arcángeles

por dondequiera que voy. Y tú también,

o no sabes de lo que te has perdido.

Yo soy un jirón de humo. También tú.

Necesito de los arcángeles, como tú,

a no ser que prefieras seguir perdiendo.

Yo invento a los arcángeles que necesito.

Como lo haces tú.

Somos aurigas con alas y vestidos con

túnicas blancas, y manejamos

los carruajes de los elegidos.

 

 

¿Era un sueño sonando?

 

 

¿Era un sueño sonando

o un sonido soñando?

¿Puede uno que suena sonar un sueño

o un soñador soñar un sonido?

 

El sonido en un sueño

golpea fuerte al que sueña.

 

En este momento la luna, sobre Indiana,

es el sonido de fuego de un fantasma que sueña.

 

 

El enjuague del mar

 

 

El mar enjuaga sin fin.

Se repite y se repite el enjuague del mar.

¿Sólo conoce las viejas canciones?

¿Eso es todo lo que sabe el mar?

¿Solo canciones de

vieja potencia?

¿Eso es todo?

El enjuague del mar se repite y

se vuelve a repetir.

 

 

Felicidad

 

 

Pedí que me dijeran qué es la felicidad

a los maestros que hablan

del significado de la vida

y a los dirigentes famosos que ordenan

trabajar a miles de hombres,

pero ellos sólo movieron sus cabezas y

sonrieron pensando que

yo los creía unos tontos.

Tiempo después, un domingo en la tarde,

vagué por el río Desplains y vi

a un grupo de húngaros bajo los árboles

con sus mujeres y sus niños

y un barril de cerveza y un

acordeón.

 

 

Puertas que se abren y cierran

 

 

Nunca regreses.

Te digo adiós mientras te veo cerrar la puerta.

La desesperanza abre puertas que llaman y

esperan y te dejan entrar para— ¿por

cuántos centavos al día? ¿Cuántos

centavos para ojos y dedos que se están desvelando?

 

Te digo adiós porque te cortaron las venas,

en la oscuridad y calladamente, día con día,

y gota por gota te has desangrado. Has

terminado siendo una joven envejecida.

Nunca regreses.

 

 

Luz blanca

 

 

Tu luz blanca destella sobre la noche helada,

oh Luna del poniente púrpura y callado.

Recuérdame como a uno de tus amantes en

tus sueños.

 

 

Acertijos de ratas

 

 

Ahí había una rata gris que

me miraba con sus verdes ojos

sacándolos de su agujero

 

"¡Hola, rata! —le dije—

¿Será posible que yo llegue a hablar

en el lenguaje de las ratas?"

 

Y aquellos verdes ojos pestañearon,

pestañearon desde el agujero.

 

"Vuelve —le dije—.

Dime algunos acertijos.

Las ratas han de tener

sus acertijos".

 

Aquellos verdes ojos me pestañearon

y, del agujero, salió un susurro:

"¿Quién crees que eres y por qué

rata eres? ¿Dónde dormiste la noche

pasada y por qué es que estornudas

los martes? ¿Por qué la sepultura

de una rata no es más profunda

que la del hombre?"

 

La rata ojiverde chicoteó su cola

y, tras el gris agujero, desapareció.

 

 


 Ratas de callejón

 

Hay quienes, a ciertos bigotudos, los llaman

"lilos" y, con máscaras verbales,

chisporrotean sobre las barbas como:

"de candado", "cerradas", "de chivo".

 

Metáforas como ésas se sueltan de sus labios

mientras llora la calle y los gorriones

persiguen al polvo de avena esparcido

en las banquetas.

¡Já-ja-já, esas metáforas! —y ¡Já-ja-já,

esos muchachos que la policía llamó

"La Sucia Docena" y pusieron sus nombres

en las primeras planas de los periódicos;

y ese mismo día, dos de ellos gruñeron

en la "fiesta de la corbata" (ahorcados)

...así dirían aquéllos

con sus metáforas a flor de labios.

 

 

Rojo y blanco

 

 

Nadie corta rosas rojas cuando aúlla el viento invernal y

La nieve blanca cae entre cercas y puertas rechinantes.

Nadie mira las soñadoras esculturas de nieve cuando las

rosas.

del verano florecen rojas y suaves en jardines y rincones.

¡Ah!, yo he amado a las rosas rojas; ¡Ah!, y a la nieve

blanca—

designios que sueñan al invierno y al verano —son

la nieve y las rosas.

 

 

Bosquejo

 

 

Las sombras de los barcos

se mecen encima,

sobre el brillo azul claro

del tardo y suave redoblar

de la marea.

 

La larga playa color de lana,

donde el cielo se moja,

forma un brazo de arena

sobre un trecho de sal.

 

Los pliegues infinitos y diáfanos

del agua, seductores,

se deslizan y se van.

Las migajas de las olas

y las blancas burbujas reventadas

lavan la playa.

 

Se mecen encima,

sobre el brillo azul claro,

las sombras de los barcos.

 

 

Transcurrir

 

 

La arena del mar

se torna roja

cuando llega y tiembla

la puesta del Sol.

La arena del mar

se torna amarilla

cuando, incierta,

la Luna se inclina

 

 

Enrojecer

 

 

Enrojece el lento rescoldo en la punta

del cigarro. La ceniza, gris, almidona

y cubre todo el silencio del fuego.

(Un gran hombre, amigo mío, está muerto;

y, mientras yace en su ataúd su

flama apagada, yo estoy sentado

entre sombras que me oprimen, y

fumo observando que mis pensamientos

vienen y van).

 

 

Un resguardo

 

 

Pasé entre muchas paredes horrendas,

por portales donde las mujeres miraban

con sus ojos profundos y hambrientos,

entre sombras fantasmas de manos famélicas.

Al salir de esas paredes horrendas, de

pronto, yo estaba en las afueras de la ciudad:

en la quebrada azul de un lago

con grandes olas que se rompían bajo el sol.

La ribera curvada me roció con el agua.

Se formó una tormenta de gaviotas flotantes:

multitudes de magnas alas grises

y blancos pechos en vuelo, girando

con toda la libertad en el espacio abierto.

 

 

El puente de la calle Clark

 

 

Hay polvo en los pies y

en las ruedas de las carretas.

Pasan carretas y gente.

Todo el día veo

ruedas y pies.

 

Ahora...

...sólo hay neblina y estrellas,

un policía solitario,

dos bailarinas cabareteras,

y más estrellas

y más neblina.

Ya no hay ruedas ni pies,

ni polvo ni carretas.

 

Hay voces que cuestan

dólares; y

gotas de sangre

...

Voces de corazones

desgarrados

... Voces que cantan

y cantan

... Voces de plata

que cantan y son

más suaves que las estrellas,

más suaves que la neblina.

 

 

Tullido

 

 

En cierta ocasión miré a un tullido.

Respiraba con lentitud sus últimos días

de blanca peste.

Miraba con sus ojos cavernosos,

pidiendo aire.

Gesticulaba con desesperación

moviendo sus manos desgastadas.

Más tarde, en la casa oscura

y polvorienta de un barrio, me dije

que hubiera preferido ser un alto girasol,

en un jardín campestre, que levanta

su rostro café-dorado ante el verano,

bañado por la lluvia

y cubierto por el rocío,

mezclado entre amapolas

y montones de malvas;

mirando maravillado, noche tras noche,

las claras procesiones en silencio

que hacen las estrellas.

 

 

El tranvía de la calle Halsted

 

 

Vengan caricaturistas,

vengan conmigo

a viajar de pie

en el tranvía

de la calle Halsted,

a las siete de la mañana.

 

Tomen sus lápices

y dibujen estos rostros.

 

Traten de dibujar estas caras torcidas;

a ese cuidador de cerdos en la esquina

—su jeta—; a esa muchacha obrera

con overol —sus mejillas perdidas

 

Encuentren con sus lápices

un modo de grabar

sus memorias con esos

rostros vacíos, fatigados.

 

Después de dormir,

en la húmeda aurora,

en el alba fría,

esos rostros están

con los deseos cansados

y los sueños vacíos.

 

 

Jack

 

 

Jack fue un negro garboso y baquetón.

Durante 30 años trabajó en el ferrocarril, 10 horas

al día, y sus manos se volvieron más duras

que las suelas de sus zapatos.

Se casó con una mujer fuerte y tuvieron 8 hijos y

la mujer murió y los niños crecieron y se

largaron y le escribieron cartas al viejo

cada dos años.

Murió en una pobre casa, sentado en un banco bajo

el sol contando sus recuerdos a otros viejos

cuyas mujeres murieron y sus hijos se largaron.

Mostró gozo en su rostro al morir igual que mostró

gozo durante el tiempo en que vivió —él fue

un negro garboso, arrogante y baquetón.

 

 

Soterrado

 

 

I

 

Soy la contracorriente

que mueve mareas poderosas

y derriba los pilares

de lo que más aprecias.

 

II

 

Soy el insomne

lento devorador

que pudre o aherrumbra

igual tus ligamentos

que los grandes furgones.

 

III

 

Soy la Gran Ley,

más antigua que tú

y que tus

muy orgullosos

ascendientes.

 

Estoy sordo

todos los días,

aunque digas

"sí" o "no".

 

Soy el desmenuzante

mañana.

 

 

Pérdidas

 

 

Tengo un amor,

un niño,

un banjo

y unas sombras.

(Pérdidas de Dios.

Todo se va

y, algún día,

nos quedamos

tan sólo

con las sombras).

 

 

Altgeld

 

 

Escucha el tic-tac del Gran Reloj antiguo.

John P. Altgeld dijo que el Gran Reloj

antiguo sigue funcionando.

Taconea por tu camino hacia el infierno,

luego regresa y toma un millón de dólares.

¿Para qué?

Atrasado y adelantado,

día y noche;

un año más, uno menos,

John P. Altgeld dijo que el Gran Reloj antiguo

sigue funcionando.

 

 

Circo del aire

 

 

¿Había muchos espejos giratorios?

¿Se juntaban las luces plateadas y rosas?

Los jinetes llegaron llorando (resuélvanme

este enigma).

Los jinetes, montando horquillas de oro, lloraron y

siguieron su marcha mientras los planes truculentos

(de caza y combate, helicópteros y bombarderos)

llegaron,

bañados en luz, arrojando banderas—

¿Cada jinete recogió un espejo giratorio?

¿Cada jinete se trenzó con el plateado y el rosa

 

 

La cerca

 

 

Ya terminaron de construir la casa de piedra frente

al lago y los albañiles comienzan a construir

la cerca.

Las barras de la cerca son de acero y terminan en picos

que pueden matar de una estocada a quienquiera

que

caiga en ellos.

Esta cerca es toda una obra maestra que le cerrará el

paso a la chusma, a los vagabundos, a los

hambrientos y a todos los niños que buscan un

lugar para sus juegos.

Nadie traspasará las picudas barras de acero; excepto

la Muerte, la Lluvia y el Futuro.

 

 

Multitudes

 

 

Vagué por las montañas y presencié la bruma azul y los

acantilados rojos, y me maravillé.

En la playa, frente al prolongado impulso de la maniobra

sinfín de la marea, permanecí en silencio.

Bajo las estrellas, en la pradera, al ver que el río

Dipper se torcía en el horizonte de los

pastizales, me invadieron los pensamientos.

Hombres grandiosos, espectáculos de guerra y trabajo.

soldados y obreros, madres con sus niños en

brazos — todo esto lo he palpado, y he sentido

las grandes emociones de la gente.

Y luego, un día, miré verdaderamente a la Pobreza,

millones de pobres, pacientes y fatigados; más

pacientes que los acantilados, que las mareas y

las estrellas; innumerables, tan pacientes como

la oscuridad de la noche — también miré todos

los residuos, todas las ruinas postradas de las

naciones.

Tomado de:

https://materialdelectura.unam.mx/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/302-151-carl-sandburg?showall=1

 

 

FELICIDAD

 

Les pedí a profesores que enseñan el significado de la vida que me dijeran qué es la felicidad.    

Y consulté a famosos empresarios que dirigen el trabajo de cientos de hombres.

Todos sacudieron sus cabezas y me sonrieron como si estuviera tratando de bromear con ellos.

Y luego una tarde de domingo vagué a lo largo del río Des Plaines

Y vi un grupo de húngaros bajo los árboles con sus mujeres y niños y un barril de cerveza y un acordeón.

Tomado de:

https://hablardepoesia.com.ar/2019/02/16/carl-sandburg-tres-poemas/

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