viernes, 27 de marzo de 2026

POEMAS DE ROGELIO ECHAVARRÍA - LO RECORDAMOS UN DÍA DESPUÉS DE CONMEMORAR 100 AÑOS DE SU NATALICIO -


El transeúnte

Todas las calles que conozco

son un largo monólogo mío,

llenas de gentes como árboles

batidos por oscura batahola.

O si el sol florece en los balcones

y siembra su calor en el polvo movedizo,

las gentes que hallo son simples piedras

que no sé por qué viven rodando.

Bajo sus ojos —que me miran hostiles

como si yo fuera enemigo de todos—

no puedo descubrir una conciencia libre,

de criminal o de artista,

pero sé que todos luchan solos

por lo que buscan todos juntos.

Son un largo gemido

todas las calles que conozco.

 

 

Ved

Ved al ciego que va voceando su haz de prensa

y a su pequeña hija miseranda, engendrada

la misma noche que hoy tiene diez años.

(Todos engendramos nuestros lazarillos).

Vedlo

vendiendo luz a los que pasan

por un valor de cobre de rutina.

 

De las floristerías sale un olor a muerto

mas él conoce sólo la tez de los jazmines

que riega la pequeña en su jardín errante;

y el pulso que adivina las piedras del camino

pide, torpe, a los cielos su última moneda.

 

En esta encrucijada en que se anuda

el tránsito en urbano remolino,

los dedos de la niña tejen el verde paso

y, náufrago en los hombros de los rudos peatones,

el ciego les perdona a los hombres no verlo,

mientras sigue buscando sus pupilas caídas

entre el polvo de estrellas sin distancia.

 

 

A la lluvia

Demonio de la lluvia –látigo de lujuria–

no rompas con tus dientes vidriosos el abrigo

del tibio pecho, lo único tibio del humilde;

no nos traigas el frío de la tan alta nube,

no persigas al perro sin puerta con tus piedras,

no rompas el pulmón del obrero que canta

siguiendo el pie descalzo de sus hijos sin cielo,

no mancilles las barbas secas del pordiosero,

no llegues hasta donde no pueden evitarte.

 

Deja tu voz pluvial para el cultivo de los ríos,

para la faz de las persianas donde hay dueño,

para el paraguas, que es tu flor arcaica.

 

Demonio-dios, que envidias y que amas

las multitudes y caes ruidoso sobre todos,

disuelve ya a Babel y permite que asome

el sol como un henchido seno de leche pródiga.

 

 

La libertad

La libertad no me encadena pero nunca me deja libre,

la libertad sigue mis pasos y me oculta todas las puertas,

la libertad está en mi casa y tiene un nombre

de alas clavadas que lloran: la soledad…

 

La soledad, mi solidaria en el teatro y en el parque,

la soledad en la sopa fría y en los comensales del restaurante,

la soledad a la mesa sentada, en la barra en el bar

y en la moneda disoluta y en mi corazón impar.

 

La libertad está prohibida por los jueces y por el día,

la libertad quema su lámpara y mi novia es la libertad,

la libertad que separa a los hombres de su pan,

la libertad que nunca nos comprende: la soledad…

 

La soledad es una mendiga que come con los cinco sentidos,

la soledad, angustia de Dios,

la soledad no sé qué es, por eso estoy tan solo

y pregunto a los que han muerto por mí:

¿qué es la libertad?

 

 

Lugar común

Ya que no todos podemos ser

poetas

comprender lo sublime

o exaltar lo sencillo

hablemos francamente

confesemos nuestro fracaso

de hombres sin alas

de hojas muertas en el estío

nuestros empeños ciegos

sin metáforas vanas

nuestra identificación con todos

o con casi todos

y si alguien nos entiende

y fecunda nuestra impotencia

eso también es poesía

o por lo menos una gota

en la sed del infierno

cotidiano.

 

 

Oscuro sueño

Me asaltan en la noche y me ofenden

fantasmas transparentes y fríos

me toman por los cabellos me hunden

en un pozo oscuro y febril

y cuando me dispongo a gritar

a abrir los brazos y a pedir palabras

el sol se aloja con su gota de hielo

en mis ojos de negra y eterna lechuza.

 

 

Vida corriente

La misma luz del sol el mismo sol y el mismo desayuno

-recuelo tibio y pan duro de recoleta

el mismo beso y el mismo sombrero.

 

El periódico y siempre paralela

la calle a lado y lado su lectura

mismas letras igual nomenclatura

marcha del hambre sobre el capitolio

gobierno de los mismos misma guerra

siempre hacia el paredón o hacia el telonio.

 

Y el carro colectivo y su destino

de alfoz a plaza en alternada meta

a la misma hora con la misma gente

en la esquina de siempre pero siempre

fatal itinerario y rauda suerte

la misma ruta la misma rutina

alguien viene de lejos y aún le queda

alguien apenas entra ya se apea

alguien se baja acá y alguien avanza

alguien de pie adelante atrás sentado

alguien triste distraído humilde

estrecho holgado libre perseguido

a éste dónde lo he visto qué más vale

uno habla dos replican ella otea

yo en silencio tú sueñas él dormita

soledad recordando compañías

Juan rozagante pedro deslardado

pobre al trabajo rico a su mercado

un hombre una mujer una familia

viejos al parque niños a la escuela

ruanas y diores chompas prendedores

ajos y gasolinas anís espliego

no se puede fumar apague el fuego

una mano en bolsillo equivocado

calderón calderilla tango roto

tocata y fuga en son de vallenato

y moto con andante inmoderato

una limosna un corrido protesta

el agente y el árbol cuánto falta

déjeme por favor perdón señora

el seguro de muerte en la cabrilla

cómo no te había visto adiós y ciao

de dónde viene aunque subió en la esquina

adónde va aunque vaya aquí conmigo

tan pronto como estamos ya no estamos

es que la vida es este bus corriendo

que de pronto paró y hemos llegado.

Tomado de:

https://www.revistapalimpsesto.com/rogelio-echavarria-poemas/

 

 

Contravía

El río de mi vida corre al revés

o yo voy a contrapelo

a la misma velocidad

por eso la playa es siempre la misma

no paso no avanzo

pero si dejo de remar

me lleva la corriente

-el río sabe su camino

aún en la oscuridad-

y me pierdo sin regreso.

 

 

Paisaje

 

El viento abre las puertas

y la luz las ventanas

y en el patio, la plaza

principal de la casa,

el breve del arriete

madura brevedades.

La esposa teje flores

contra la mala suerte

y su hilo infinito

me aleja de la muerte.

 

En mi pueblo de nubes

los cohetes retumban

entreipal de la casa,

el breve del arriete

madura brevedades.

La esposa teje flores

contra la mala suerte

y su hilo infinito

me aleja de la muerte.

 

En mi pueblo de nubes

los cohetes retumban

entre fríos algodones.

¡Es tan vecino el cielo !

 

El trueno es el recibo

lento al oído alerta

del incrédulo ciego.

 

Las ranas piden rey

y sol las aves

y los molinos hacen aspa-vientos.

 

La noble tierra te devuelve dulces

frutas por el estiércol

que le arrojas

y flores vivas en el pozo

de las aguas muertas.

 

 

Pequeño nocturno

La noche

-no hay luna que me lleve de la mano-

me abarca y abre el reino

donde yo seré el solo único.

Todas las cosas

se refugian bajo la tierra.

Allí el agua purga sus pecados

y los muertos abren los ojos.

Los amantes cambian sus cuerpos

y el silencio los hace iguales.

Los pájaros yacen, cansados

de sostener el cielo.

 

 

El transeúnte

Todas las calles que conozco

son un largo monólogo mío,

llenas de gentes como árboles

batidos por oscura batahola.

O si el sol florece en los balcones

y siembra su calor en el polvo movedizo,

las gentes que hallo son simples piedras

que no sé por qué viven rodando.

Bajo sus ojos —que me miran hostiles

como si yo fuera enemigo de todos no

puedo descubrir una conciencia libre,

de criminal o de artista,

pero sé que todos luchan solos

por lo que buscan todos juntos.

Son un largo gemido

todas las calles que conozco.

 

 

Polvo

El sol, esta mañana, escancia la humedad de la noche,

las mujeres lavan su cuerpo de la sombra del lecho,

tibieza de los sexos y azúcar del amor.

Las calles amanecen entre rotas ventanas.

Pasan los que recogen la basura

y llevan al olvido cuanto los hombres tocan.

Si las noches fueran más largas

las mujeres se ahorcarían en sus cabellos, llamas oscuras

que multiplican la pesadilla o el espasmo.

Pues esta niña que se asoma al día por el espejo

parece recién salida del paraíso.

Si las noches fueran más largas

el polvo afirmaría su dominio sobre todas las cosas.

Y o siempre duermo con mi única fiel compañera,

que me acaricia el rostro con sus manos de hollín.

El hombre se defiende de la muerte

en la noche, y todas las mañanas

debe luchar contra el puñado de ávida ceniza

que le adelanta a su sepulcro

la vida.

Tomado de:

https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/Antologia/rogelio.html

 

 

Tránsito

 

¿Qué importa dónde se nace

ni dónde se muere,

si con la muerte regresamos

a la cuna y con el nacer

aseguramos nuestra muerte?

Mas hemos de guardar de lo pasajero el perfume,

ceñirnos la espinada túnica de la rosa

a los hombros, amando la ignorancia

de las cosas que pasan y quedan sin saberlo.

 

Debemos mirar a cada hombre y llamarlo y tomarlo

de la mano y preguntarle de dónde viene, desde cuándo,

nunca hasta dónde va, porque lo mismo

sabe que yo, que tú, que nadie.

 

O si lo sabe es un loco como aquel

que creía que lo sabía.

O si canta viendo que los gusanos lo esperan

entre su cuerpo, dejadlo…

 

Dejadlo que siga cantando, porque está ebrio.

(Desde mi ventana los veo, a los ebrios, a quienes

les crece la barba de pudor y descuido.

Los veo mientras ellos me ven girar como una luna).

 

O cuando voy por la avenida —yo también entre ellos y

la que fuera niña mía es mujer de quien yo ignoraba,

y la mujer de quien yo ignoraba es mía sin saber por qué…

 

O en la ventanilla de trenes

que gritan con su pluma de humo;

en los buses, en los ascensores

—savia ciega de la ciudad—,

entre los que leen los periódicos

orgullosos y cabizbajos

y entre poetas que esconden su oscuro telegrama …

 

¿Qué soy sino —por fin— el que viaja con otros

que no saben de dónde vienen

más que evacuados de una mujer,

ni a dónde van

si no a ocupar el sitio que su sombra señala?

 

 

Declaración de amor

 

Mírame: yo soy el que ves siempre a la orilla de tu lecho

y con quien habrás de rasgar el velo que cubre los sueños.

Soy el diseminado, que tiene en ti el último centro.

Busco una soledad que prolongue la mía.

 

Cuando empezaste a soportar el tibio peso de los senos

—el pulso de tu corazón goteaba con mayor presteza

al oír mis pasos y ascendía casta leche a tus labios—;

cuando comprendiste que tu piel posee el don de renovar las lunas

y empezó a sangrar esa herida cuyo bálsamo eficaz poseo;

hoy que confundes la malicia con la sabiduría

y con sus nocturnos secretos te ofende el viento de los parques,

me llego a ti, ciega de no haber visto lo que empaña al mundo,

a modelar tu barro núbil y orearlo al sol de mis sudores.

 

Mi brazo atiza el fuego de las columnas de humo

que contienen el peligro del cielo sobre la ciudad.

Y mis manos no aman las joyas, ni una onza de oro,

pero el llanto endulzó su ajado pergamino

y su caricia es noble y alta.

 

Recibe todas las armas de mi agradecimiento

por ahorrarme hasta el día necesario tu cuerpo,

por la justeza de la orla de tu falda,

por la honradez de tus manos y la mina sellada de tus costados:

que las ferias están ebrias de lo que ocultas,

llenas hasta la hartura de belleza gratuita.

 

Busca en mí el principio de tus goces desconocidos

o la prolongación de los que han sido fuente de esperanza

y borremos de los calendarios los días de huelga

porque nuestra lámpara sin alternativas

desconocerá los cambios del tiempo tras la puerta.

 

Oh tú mi siempre-viva, mi siempre-amiga,

por quien la salud acepta duras vigilias

como el avaro que nunca regresa de su exilio.

 

¿No ves que si no fuera por ti

la mujer sería vendida y exportada en grandes barcos,

apenas marcada con una tiza roja

para que los braceros de los puertos

sepan que es frágil?

 

Aparta, aparta del quicio las grandes letras del periódico

que traen hasta nosotros fechas violentas;

ignora la abierta noche de la ciencia

que hace malditos a los hombres,

la razón del pasado y la gran voz profética:

que en tu casa tendrás mimo para tu más nimia palabra.

 

Porque ya es hora de alabar la ignorancia voluntaria

que cifra el universo en el tambor de hilo.

 

Dame tu historia en este mundo para nosotros preparado

en que de pronto nos hallamos con las manos asidas

como si el miedo de las gentes nos unciera uno al otro.

No temas seguir buscándome, ya que sabes

que cuando se me toca no es posible apresarme.

 

¡Ah, sí! Soy el que verás siempre a la orilla de tu lecho.

Háblame con tu voz que tiene un dejo de feliz tristeza,

paisaje con árboles sobre los cuales ha llovido.

 

Porque yo soy el más solo entre los solos

y desde hoy tendremos una misma estrella en el plato,

hasta el día en que el fruto necesite nuestro agrio bagazo

para el fuego del aderezo,

como la caña del maíz a finales del año

después de haber pagado el dolor de la herencia.

¡Oh flor de mi más alta confianza!

 

 

Única

 

Oh tú a quien siempre hablo cuando todo ha dejado de oírme,

cuando todos han dejado de oírme, oh tú que me oyes más que mi corazón.

No sé por qué te busco siempre, tal vez porque eres la unidad

de todas y sin embargo en ninguna te alcanzo.

 

Es el amor, sobre el que nadie o muy pocos pueden

poner su bandera definitiva,

es el amor, sobre el que nada tengo adquirido ni esperado,

el amor, que hace su propio mundo cada vez, sus fronteras

que el tiempo, sólo el tiempo derrumba.

 

¿Por qué destruye los cuerpos para luego

rehacerlos tan perfectos que puedan sufrir nuevamente

la muerte de que fueron salvados

y a la que siempre viven condenados?

 

¡Oh tú, oh tú! ¿cómo llamarte?

¿cómo llamarte? ¡Única!

Que después del último llanto me viste curado y me hieres,

que después de la última herida me sanas y me reconcilias…

¿dónde hallarte definitivamente quieta y mía, cuándo

contemplarte secos los ojos que no quieren cambiar sus aguas?

Tomado de:

https://calamoliteratura.wordpress.com/2016/05/02/rogelio-echavarria-poemas/

 

 

Epitafio

Al fin voy a dormir

despacio

y solo.

 

 

Poética

¿Qué es poesía? preguntas.

Hago luz y —discreta

y sorprendida— huye

la poesía: ¡esa sombra!

Tomado de:

https://www.lacoladerata.co/cultura/versos/in-memoriam-rogelio-echavarria/

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