Los desaparecidos
En los urinarios, y otros lugares frecuentados en esta
ciudad
Aún nos topamos con carteles de la gente desaparecida
Que calladamente salió de su casa hace muchos años
A la edad de diez o doce
Se les muestra dueños de una altura promedio
Tez como de trigo u oscura pero nunca clara
Llevan pantuflas de goma
La cicatriz en el rostro de alguna vieja herida
Sus madres aún los lloran
Finalmente se menciona que quienquiera
Que dé noticias sobre los desaparecidos
Recibirá una adecuada recompensa
Pero nadie puede identificarlos
Ya no se parecen a las imágenes desvaídas
En esos carteles
Sobrescrita ahora su tristeza inicial
Por el soportar del sufrimiento
Sus rostros reflejan las estaciones cambiantes de la
ciudad
Comen poco duermen poco hablan poco
Sus domicilios siguen cambiando
Enfrentando los días buenos y los malos con ecuanimidad
Habitan su propio mundo
Mirando con ligera curiosidad
Los carteles que los registran desaparecidos
Que sus padres siguen circulando de vez en cuando
Donde siguen teniendo
Diez y doce años.
Manifiesto para asesinos
Sí, sabemos
lo arteros y taimados que somos
Sabemos
cuántas mentiras hemos dicho
Sabemos
a cuánta gente hemos matado
a cuántos golpeado
a cuántos hostigado sin razón
Y no,
no hemos perdonado a las mujeres o los niños.
Cuando la gente llora y gime
les robamos sus hogares
A la vista de todos ocurre nuestro trajín
y sin ser visto
Nadie sabe mejor que nosotros
los detalles cruentos de nuestros actos.
Por eso no nos preocupan
los que saben la verdad sobre nosotros
Sabemos
que nuestra estrategia depende de los muchos
que saben muy poco de nosotros
o no tienen la más remota idea
Y los muchos que sí saben
convienen en que es para bien esto que hacemos
Y quisieran ellos
poder hacer lo mismo.
Versiones de Adriana Díaz Enciso, a partir de las
versiones del hindi al inglés de Akhil Katyal («Los lugares que quedan»), Asad Zaidi («Los desaparecidos ») y Daisy
Rockwell («Manifiesto para asesinos.
Tomado de:
https://luvina.com.mx/poemas-mangalesh-dabral/
Este número no existe
Este número no existe.
Dondequiera que vaya, marque el número que marque,
en el otro extremo una voz extraña dice
“este número no existe, este número no existe”.
No hace mucho, llamando este número, yo solía contactar
a gente
que decía “por supuesto que te reconocemos,
hay espacio para ti en este universo”.
Pero ahora este número no existe, es un número antiguo,
y quedan muy pocas personas en las viejas direcciones
donde, al sonido de pasos, se abrían unas puertas.
Ahora uno tiene que tocar el timbre y esperar con
aprehensión
a que finalmente aparezca alguien.
Es posible que quien esté ahí haya cambiado
o diga “yo no soy la persona con quien solías hablar,
este no es el número donde escucharíamos tu dolor”.
Dondequiera que vaya, los mapas los números las caras
parecen cambiadas.
Desparramados en las alcantarillas flotan unos diarios
antiguos
con sus nombres que se desvanecen lentamente en el
agua.
Ahora hay otros números, más que nunca, números con y
sin cables.
Pero en ellos se da otro tipo de conversación,
solo transacciones comerciales, compraventa, voces como
si fueran extraños.
Siempre que voy, marco desesperadamente un número
y pido hablar con la voz que solía decir
“la puerta está abierta, puedes quedarte aquí,
ven un rato solo por el gusto, en cualquier momento y
en este universo”.
El acompañamiento
Soportando el monolito que es la voz del cantante
principal,
la suya propia es hermosa, delicada y tremolante.
Él es el hermano menor del cantante.
O su aprendiz.
O un pariente lejano que viaja a pie para aprender a
cantar
bajo la batuta de barítono del cantante principal.
Desde los viejos tiempos, el eco de su propia voz
resuena en la sonoridad propia de su maestro.
Y cuando el cantante se perdió en la intrincada jungla
de las alturas melódicas
o se extravió en el vacío de las notas sin tocar,
desviándose por los alcances más lejanos de la escala,
es el acompañante quien sostiene la melodía
y recoge los objetos que dejó atrás el cantante
principal,
lo que le hace recordar su infancia
cuando no era más que un novato.
Cuando en los registros más altos cede la voz del
cantante
abandonado por la inspiración y con el fervor
desvaneciéndose,
su voz se desprende como ceniza que cae.
Es entonces cuando el tono del acompañante surge
de algún lugar en su voz para fusionarse con el del
cantante.
O puede ser que se una simplemente al canto
para recordarle al cantante que no está solo,
y que una vez más se puede cantar esta canción,
la misma raga que ya se ha cantado antes.
Y que el titubeo que se escucha en su voz
o su intento deliberado de evitar las notas más altas
no debería tomarse como señal de incompetencia
sino muestra de su propia humanidad.
Tomado de:
https://periodicodepoesia.unam.mx/texto/la-misma-raga-que-ya-se-ha-cantado-antes/
En los huesos de nuestros ancestros
Vivimos en los huesos de nuestros ancestros
escogemos una palabra
y la sintaxis de un siglo pasado
se altera,
abrimos una puerta
y el sonido hace eco en algún lugar de una casa antigua
vivimos como gusanos
bajo una gruesa capa de plantas
dejamos a nuestros hijos
con nuestros ancestros
cuando vamos a trabajar.
Llevamos en canastos
nuestras cargas y el tiempo.
Nos alimentamos simplemente,
bebemos agua fría y caminamos
a lo largo del sendero hacia la eternidad
desvaneciéndonos gradualmente
fuera de la escena
tanto que si alguien mirara
no podría saber
que alguna vez existimos.
Vivimos en los huesos de nuestros ancestros
Mallikarjun Mansur
Marcando su propio ritmo
Mallikarjun Mansur entra
tarde
y marcha antes de tiempo
antes de un tiempo lleno de confusiones, plagado de
heridas,
que se está volviendo cada vez más intrascendente,
un tiempo que lo sigue
cuando se arrastra
indigente y lisiado
y pide limosna con manos extendidas
jadeante
Mallikarjun Mansur
de edad avanzada pero con la frente en alto
se inclina sobre
la muerte
pone una mano en su hombro
se detiene y enciende un beedi
luego comienza a caminar una vez más hacia un nuevo
destino
sus santas manos no toman nada para ellas
sólo dan dondequiera que vayan
y así va alegremente por el ancho mundo
si Dios
viniera por aquí
no podría
hacerse una idea de Mallikarjun Mansur
Tomado de:

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