lunes, 30 de marzo de 2026

POEMAS DE MANGALESH DABRAL - POESÍA DESDE LA INDIA


Los desaparecidos

 

En los urinarios, y otros lugares frecuentados en esta ciudad

Aún nos topamos con carteles de la gente desaparecida

Que calladamente salió de su casa hace muchos años

A la edad de diez o doce

Se les muestra dueños de una altura promedio

Tez como de trigo u oscura pero nunca clara

Llevan pantuflas de goma

La cicatriz en el rostro de alguna vieja herida

Sus madres aún los lloran

Finalmente se menciona que quienquiera

Que dé noticias sobre los desaparecidos

Recibirá una adecuada recompensa

 

Pero nadie puede identificarlos

Ya no se parecen a las imágenes desvaídas

En esos carteles

Sobrescrita ahora su tristeza inicial

Por el soportar del sufrimiento

Sus rostros reflejan las estaciones cambiantes de la ciudad

Comen poco duermen poco hablan poco

Sus domicilios siguen cambiando

Enfrentando los días buenos y los malos con ecuanimidad

Habitan su propio mundo

Mirando con ligera curiosidad

Los carteles que los registran desaparecidos

Que sus padres siguen circulando de vez en cuando

Donde siguen teniendo

Diez y doce años.

 

 

Manifiesto para asesinos

 

Sí, sabemos

lo arteros y taimados que somos

Sabemos

cuántas mentiras hemos dicho

Sabemos

a cuánta gente hemos matado

a cuántos golpeado

a cuántos hostigado sin razón

Y no,

no hemos perdonado a las mujeres o los niños.

 

Cuando la gente llora y gime

les robamos sus hogares

A la vista de todos ocurre nuestro trajín

y sin ser visto

Nadie sabe mejor que nosotros

los detalles cruentos de nuestros actos.

 

Por eso no nos preocupan

los que saben la verdad sobre nosotros

Sabemos

que nuestra estrategia depende de los muchos

que saben muy poco de nosotros

o no tienen la más remota idea

Y los muchos que sí saben

convienen en que es para bien esto que hacemos

Y quisieran ellos

poder hacer lo mismo.

 

Versiones de Adriana Díaz Enciso, a partir de las versiones del hindi al inglés de Akhil Katyal («Los lugares que quedan»),  Asad Zaidi («Los desaparecidos ») y Daisy Rockwell   («Manifiesto para asesinos.

Tomado de:

https://luvina.com.mx/poemas-mangalesh-dabral/

 

 

Este número no existe

 

Este número no existe.

Dondequiera que vaya, marque el número que marque,

en el otro extremo una voz extraña dice

“este número no existe, este número no existe”.

No hace mucho, llamando este número, yo solía contactar a gente

que decía “por supuesto que te reconocemos,

hay espacio para ti en este universo”.

 

Pero ahora este número no existe, es un número antiguo,

y quedan muy pocas personas en las viejas direcciones

donde, al sonido de pasos, se abrían unas puertas.

Ahora uno tiene que tocar el timbre y esperar con aprehensión

a que finalmente aparezca alguien.

Es posible que quien esté ahí haya cambiado

o diga “yo no soy la persona con quien solías hablar,

este no es el número donde escucharíamos tu dolor”.

 

Dondequiera que vaya, los mapas los números las caras parecen cambiadas.

Desparramados en las alcantarillas flotan unos diarios antiguos

con sus nombres que se desvanecen lentamente en el agua.

Ahora hay otros números, más que nunca, números con y sin cables.

Pero en ellos se da otro tipo de conversación,

solo transacciones comerciales, compraventa, voces como si fueran extraños.

Siempre que voy, marco desesperadamente un número

y pido hablar con la voz que solía decir

“la puerta está abierta, puedes quedarte aquí,

ven un rato solo por el gusto, en cualquier momento y en este universo”.

 

 

El acompañamiento

 

Soportando el monolito que es la voz del cantante principal,

la suya propia es hermosa, delicada y tremolante.

Él es el hermano menor del cantante.

O su aprendiz.

O un pariente lejano que viaja a pie para aprender a cantar

bajo la batuta de barítono del cantante principal.

Desde los viejos tiempos, el eco de su propia voz

resuena en la sonoridad propia de su maestro.

Y cuando el cantante se perdió en la intrincada jungla de las alturas melódicas

o se extravió en el vacío de las notas sin tocar,

desviándose por los alcances más lejanos de la escala,

es el acompañante quien sostiene la melodía

y recoge los objetos que dejó atrás el cantante principal,

lo que le hace recordar su infancia

cuando no era más que un novato.

Cuando en los registros más altos cede la voz del cantante

abandonado por la inspiración y con el fervor desvaneciéndose,

su voz se desprende como ceniza que cae.

Es entonces cuando el tono del acompañante surge

de algún lugar en su voz para fusionarse con el del cantante.

O puede ser que se una simplemente al canto

para recordarle al cantante que no está solo,

y que una vez más se puede cantar esta canción,

la misma raga que ya se ha cantado antes.

Y que el titubeo que se escucha en su voz

o su intento deliberado de evitar las notas más altas

no debería tomarse como señal de incompetencia

sino muestra de su propia humanidad.

Tomado de:

https://periodicodepoesia.unam.mx/texto/la-misma-raga-que-ya-se-ha-cantado-antes/

 

 

En los huesos de nuestros ancestros

 

Vivimos en los huesos de nuestros ancestros

 

escogemos una palabra

y la sintaxis de un siglo pasado

se altera,

abrimos una puerta

y el sonido hace eco en algún lugar de una casa antigua

 

vivimos como gusanos

bajo una gruesa capa de plantas

 

dejamos a nuestros hijos

con nuestros ancestros

cuando vamos a trabajar.

 

Llevamos en canastos

nuestras cargas y el tiempo.

Nos alimentamos simplemente,

bebemos agua fría y caminamos

a lo largo del sendero hacia la eternidad

desvaneciéndonos gradualmente

fuera de la escena

tanto que si alguien mirara

no podría saber

que alguna vez existimos.

 

Vivimos en los huesos de nuestros ancestros

 

 

 

Mallikarjun Mansur

 

Marcando su propio ritmo

Mallikarjun Mansur entra

tarde

y marcha antes de tiempo

antes de un tiempo lleno de confusiones, plagado de heridas,

que se está volviendo cada vez más intrascendente,

un tiempo que lo sigue

cuando se arrastra

indigente y lisiado

y pide limosna con manos extendidas

jadeante

Mallikarjun Mansur

de edad avanzada pero con la frente en alto

se inclina sobre

la muerte

pone una mano en su hombro

se detiene y enciende un beedi

luego comienza a caminar una vez más hacia un nuevo

destino

 

sus santas manos no toman nada para ellas

sólo dan dondequiera que vayan

y así va alegremente por el ancho mundo

si Dios

viniera por aquí

no podría

hacerse una idea de Mallikarjun Mansur

Tomado de:

https://luvina.com.mx/poemas-ashok-vajpeyi/

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