sábado, 28 de marzo de 2026

POEMAS DE JOSÉ MANUEL GUILARTE - DESDE VENEZUELA LA POESÍA CON AIRE DE NOVEDAD -


PPP [Primerísimo primer plano]2

 

Los ojos –enormes– se elevan sobre la tensión muscular que no evita tragar grueso, debajo de labios carnosos, adolescentes y cerrados a cualquier explicación que pretenda abrirse paso [¿por miedo? ¿qué es el miedo sino creer?] por entre los pasillos desolados de un hombre que contempla fijamente el vientre abultado, tan inexcusable como la aclaratoria que busca escapar a este forcejeo. Una nueva ojeada se desvía y el abdomen asume su protagonismo frente al novio de cejas contrariadas. ​​

 

¿Y las de ella? ¿Sostienen párpados a punto de caer?

 

Una sonrisa [un ángel, una contraoferta] aplacará la rigidez, allí donde el futuro esposo repondrá las arras. También el honor menguado. El desierto, un hijo y su bitácora.

 

 

Dance on a Vulcano3

 

¿Te han sodomizado alguna vez?

¿Por quién te gustaría, por Obama o por Chávez?

De tu respuesta depende que Naomi Campbell

exhiba tu guardarropa

antes de bailarle a Gaddafi

y tus neurosis queden en manos

de Sean, Danny o María Conchita

a la vez que Leni o Stone o Godard

filman el chapuzón de tus hijos.

 

 

¿O te conformarás

 

con las tomas abiertas, con la pulcritud anodina de los volúmenes, con la sobria parquedad de las tomas/? Jorge Volpi

 

¿A quién confiarás tu sinfonía?

¿Quién asumirá la vara de tu infamia?

¿A qué vaca sagrada dedicarás tus memorias?

¿Cuán ancha,

larga es su miseria?

¿Te aferrarás a su vestidura,

peliagudo como un hijo,

y no la soltarás

por el resto de la tarde?

¿Abdicarás a su sombra?

2      

O Pier Paolo Pasolini (primera escena de El Evangelio según San Mateo, 1961. La joven Madonna es Margherita Caruso).

 

3      

Basado en un diálogo de Week-end (1967), de Jean-Luc Godard.

Tomado de:

https://letralia.com/letras/poesialetralia/2021/06/21/cuatro-poemas-de-j-m-guilarte/

 

 

Tamara de Lempicka,2 óleo sobre madera, 35 x 26 cm

La garçonné no reparó en la huelga

de tranvías porque siempre

que acudía al teatro lo hacía en automóvil,

un modelo de carreras para la portada

de Die Dame: así resultará más hermoso

que la Victoria de Samotracia.

Encima del volante, Tamara despliega

el guante izquierdo y controlador.

De la rúbrica TJL, surge Tadeusz Łempicki

—prendado de Tamara Junosza—

al igual que la huella de otra mano zurda,

con anillo marital y boceto descolorido,

como el que recogerá sus cenizas

en el cráter del Popocatépetl.

 

 

 

Hundertwasser,3 serigrafía, 49,5 x 67 cm

[lado B] La expropiación frustrada

de los Cadillacs en la Textilera

Ariguanabo se sostiene,

contrariando al Che Guevara,

en las razones de la “aristocracia obrera”.

El sinuoso arsenal de carros deviene

sellos preformados sobre el asfalto,

un silabario anterior al alfabeto

que los marca y petrifica,

placas de letras y cifras blancas

reflectantes sobre fondo negro.

A lo largo del espiral sendero,

proliferan signos de la savia urgente, refractaria.

 

 

Nirvana para pirómanos

 

 

Sílabas son incandescencias.

Octavio Paz

 

 

Levantemos los escombros y escudriñemos la densidad del vino con el que hermosas poetas se nutren en las cuadras gastronómicas antes de proclamar la ingenuidad de sus mentores. El ascenso de las llamas no desmiente los humedales que se arraigan.

 

El síndrome de Sansón. Lo sufres luego de que te arrancan los ojos.

 

He visto fogatas diseminadas en siglos,

el horror de las castas,

el ardor de los caudillos,

un remolino que devuelve causas y efectos.

 

 

Amigos, han quemado al infeliz Chausson. Antes de partir hacia América, en los buques españoles de aventureros solían ajusticiar a sodomitas y demás seres indeseables, luego de untarlos con brea, para alejar la mala suerte.

 

 

Mi abuela vio cómo su padre se perdía en la niebla de una montonera.

 

 

 

Atacamos la esencia de la propiedad,

no a los propietarios.

El fuego es la efigie de la superioridad moral,

capucha de ángeles prófugos de una bóveda desprendida.

Las columnas de humo se multiplican

como travesuras de Prometeos finiseculares

que privilegian la comida saqueada

 

y la destrucción de autobuses.

[lo que te hacía menos bobo, deducía el doctor Chirinos]

Otras piras acogen cauchos, árboles y basura

para matizar diferencias de clase.

 

Desde el fuero de las barricadas, creímos que Rimbaud

viajaba en las cenizas de viejas páginas

de Life, testigos de un rarísimo esplendor.

En los antiguos cines las películas burbujeaban

como un aceite que expande sus hongos

blanquecinos antes de perforarnos.

 

Correteamos tímidamente entre los hierros

retorcidos y la granizada de los bosques.

Dioses ingenuos emergen con heridas y discursos

que nunca arrimaremos a las brasas.

El fuego que prometimos se escabulle

entre incertidumbres de libros sobrevivientes,

arrogantes, que jamás

ni nunca

nunca

arrimaremos a las brasas.

 

 

Chicago Fire, “One hundred”, temporada 5, episodio 8

Se piensa que los accidentes de tránsito

provienen del descuido exclusivo,

la ebriedad, drogas, anomalías mecánicas

y errores de cálculo con escasísimos

márgenes para el fallo. Todo ello es mentira.

O digamos, una media verdad.

 

Los cientos de miles de muertos cada año,

los millones de heridos y mutilados

en las carreteras y avenidas se hilvanan

como vástagos del modelo de desarrollo

basado en la preponderancia del motor,

cuya velocidad no deja cabida

a la equivocación

o a la mala fortuna de la piedrita

que rebota impenitente contra el parabrisas.

 

Hace más de dos siglos las cabezas nobles

rodaban predecesoras de sus verdugos.

Llegados al futurismo de Isadora Duncan,

la tarea se acentuó en una estola glamorosa.

Entre los restos de un choque múltiple

bomberos del siglo XXI escudriñan

oráculos en un capullo de cristal.

El cráneo rapado emerge hasta los hombros

porque alguien ha obviado

el uso del cinturón de seguridad.

Desde la ofrenda de un dron la escena

se esfuerza en decorar una postal de Chicago

aunque el chofer entiende

que vienen a liberarlo de una guillotina.

Gruesos tajos delimitan el cuello lacerado

y enganchado a un plato

ausente de Roy Batty, lágrimas,

Salomé y el deseo cabelludo.

La víctima debe relajarse y soltar los brazos

pero ha contado con suerte:

los rescatistas culminarán la operación

con prontitud. Dentro de pocos minutos

el bar Molly’s celebrará su aniversario

y el cuerpo de bomberos se dispondrá

a emular los brindis con los que Al Capone,

frecuente y flagrante, pretendió alargarse

en la notoriedad de una centuria.

 

2Basado en el Autorretrato [Tamara en el Bugatti verde] (1929; incluye Retrato de un hombre inacabado, 1928), de Tamara de Lempicka.

3Basado en La glorieta (1995; incluye Automóvil con gotas de lluvia II, 1957, y El jardín de los muertos felices, 1953), de Friedensreich Hundertwasser.

Tomado de:

https://letralia.com/letras/poesialetralia/2021/06/21/cuatro-poemas-de-j-m-guilarte/

 

 

Rabito

a Marialba Da Silva, in memóriam

 

El plástico es ánima que rebota

sin ambages de durazno, agua o leche descremada.

Lo juro por la avenida y sus orillas.

El trayecto no está exento de restricciones

mientras resquicios de asfalto se ufanan

en ostentar venias urgentes.

 

Rabito parece olvidar que junto a las costillas cortas

la columna alargada atribula su espina dorsal

y por ello ninguna condición es más importante

que la de permanecer con vida.

Un dilema de pedigrí que corre junto a la botella

y el hilo raudo de máquinas.

El envase despunta y Rabito insiste en asaltarlo

sobre piruetas de patas breves.

Sin darnos cuenta el fondo automotor engulle más afanes

poco antes de que el cilindro se desvanezca

en tanto apremia una lógica anticipada

desde la fragilidad de las mascotas.

El Spazio no lo arrastra ni un poco, pero Rabito chilla

y mi memoria es un testigo alevoso que versiona traumas

mediante alegatos de café:

 

¿Se rompió o no el cuello?

Polémica de pelo corto, liso y brillante.

 

Rabito asoma el hocico, ensangrentado.

Su ama lo alcanzará, lo acunará firmemente

y desaparecerá también.

 

 

El linchamiento

A los policías les enseñan a contener

los embates de la luna en explanadas

y a no intervenir en el ámbito

de taxistas secuestrados

al librarlos de sus captores.

El chofer aprendió que «Mía es la venganza»

es un lema de penosa recordación.

Los colegas lo ayudarán a culminar la labor

que comenzó cuando advirtieron

fisuras abominables.

 

Golpes

patadas

empellones. El orden de los factores

que no pretende alterar el deceso de un maleante.

Alguna vez su aliado escuchó algo como «ojo por ojo».

Se lo vaciarán, y también los dientes,

apenas intente escapar.

 

 

La teoría se muerde la cola

Dijo que incluso había serpientes que se tragaban enteras

y que si uno veía a una serpiente en el acto de autotragarse

más valía salir corriendo pues al final siempre ocurría

algo malo, como una explosión de la realidad.

 

Roberto Bolaño

«El Gusano»

 

 

 

Me gustan las anécdotas transmitidas

con aplomo y seguridad en aquellas

situaciones que te obligan a mentir.

La cantidad de apetitos nunca será suficiente

sin la verosimilitud que acaricie

el punto en que venzas al polígrafo.

Guiarás a tus oyentes a requerir

tu relato con fervor, porque te mimetizarás

con tu personaje y su contexto.

La ficción no tardará en hacerse parte

de tus huesos. Hará metástasis junto a tu público.

 

La remisión llegará con radiaciones encriptadas

en el mantra de una fórmula.

 

I

El atardecer recorre pilotines como pauta de una jauría.

Los obreros adelantan la jornada y los carros aceleran

para salvarse del contraflujo.

La densidad en las autopistas incluye agilidades

que carecen de recompensa.

 

 

El último de la fila

Si estás de último en la fila y deseas ausentarte por un rato,

mejor espera a que alguien llegue después de ti

y acceda a cuidar tu lugar,

sin advertir la sal derramada.

Al tenerte adelante, podrá mirarte fijamente.

 

Si te impacientas y no quieres aguardar

deberás contar con el que te da la espalda.

Quizás no te recuerde cuando regreses.

 

Si prefieres permanecer en la cola advertirás al joven

que llegará detrás de ti, coincidirá con su profesora

de lengua rusa y la presentará a sus padres.

El viejo disertará la nostalgia por Stalin.

La profe lucirá una estampa que reza NO PASARÁN

y volará en silencio hacia Brodsky,

Padura y Politkovskaya,

como excusa para mirarte fijamente.

 

 

A nice pair

                                                            a Fina Ugueto, de nuevo

 

I

El alejamiento nos hizo sordos, circunscritos

al aullido de los helicópteros.

¿Qué haces en medio del bulevar, con las libretas

abiertas de un curso de odontología?

En otro tiempo te desposaría con mi rutina

y buenas maneras. Ahora tus compañeras te rodean

y se bastan a sí mismas en su empeño

por ayudarte a consagrar el olvido.

El capullo de féminas te recubre como un corazón

que dejó de arder desde el momento

en que decidí contemplar desde muy arriba

el sinuoso camino de tus pasos que se alejan,

para no dejarte volver.

 

II

Madonna se casó con Guy Ritchie en el castillo de Skibo,

a las afueras de la población escocesa de Dornoch.

Los antepasados de la novia trabajaron en las fábricas

de acero de Pennsylvania para el magnate

Andrew Carnegie, quien restauró el castillo en 1897.

En su retirada, el rostro de Veronica Ciccone se asoma

por la ventana trasera del coche nupcial, esforzado

en ahuyentar fantasmas de antiguos paparazzis.

La carroza se aleja victoriosa de la sede decimonónica,

y deja atrás a los fieles amigos y los comentarios

acerca del diseño de Stella McCartney,

que envuelve la esencia de una novia reincidente,

para no dejarla volver.

Tomado de:

https://poesia.uc.edu.ve/madonna-y-la-teoria-de-las-colas/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario