Ignorancia
Cómo llora este viento en las ramas,
aun sin saberlo.
¿Cómo puede llorar este viento,
aun sin saberlo?
Y el lucero que tiembla en la noche,
cómo alumbra en su tierra a los vivos,
aun sin saberlo.
¿Cómo puede alumbrar a los vivos,
aun sin saberlo?
(Seca el viento en mis ojos mi lágrima,
y el lucero ilumina mi frente,
aun sin saberlo.)
El amor prisionero
Llevo un amor tan hermoso
como un mar dentro del pecho.
Llevo un amor como un mar
en el pecho prisionero.
Llevo el mar de un gran amor
y no encuentro en qué ponerlo.
¡Tanto cielo, tanto cielo,
y mi amor prisionero!
Viento
Con qué ternura me envuelve
entre la arboleda el viento.
No podrá alcanzarme nunca
aunque ciña así mi cuerpo.
¡Quién pudiera en la arboleda
dejar sin remordimiento
tirada su vida libre,
que se la llevara el viento!
Aunque nunca ha de alcanzarme,
por más que ciña mi cuerpo,
silencioso, en la arboleda,
me sigue envolviendo el viento.
Labio
El labio fiel, si me abraso
de un ardor que aún no sabía
qué sustancia es la que ansía,
me sale oportuno al paso,
él mismo sediento acaso;
y por fin me viene a dar
ese jugoso manjar
donde bebe ávidamente
esta sed que solamente
otra sed puede saciar.
Lluvia
En la tarde inquietante
de obstinada agonía
todo el tiempo he esperado,
alegre en esa luz ahogada,
de cara al viento turbio,
animoso en el fúnebre sofoco.
Acosada, la hora insostenible
jadeaba ya apenas.
Y de pronto la lluvia se abatió
como expresión de un júbilo
demasiado aplazado.
En un desorden de alborozo,
ágil ahora danza la hermosura
de esta furtiva tierra de intemperie.
Y como perdonados, sonreímos…
Ser de intemperie
¿Qué podrá evocar el Nómada
que no sea desnudez y no esté a la intemperie? La fuerza que ha abrazado es
tener siempre sus casas recorridas por el viento, su lecho siempre en alta mar,
su corazón distante siempre entre lluvias y neblinas. Y sin partidas, en una
sucesión interminable de llegadas, pues ha visto en el río de los días que
ninguna jornada pudo ser la primera, y sabe que no existe para él reposo, que
todo descanso apoya sobre alguna raíz su peso. Nacido en los caminos, su
destello es saber que todos han venido sin saberlo de otro sitio, que donde
ponen su origen es allá donde empieza su ignorancia, que se hermanan de otro
modo que el que creen. Su tiniebla, el terror que no sembrar por fin en la
tierra sus huesos.
Tomado de:
https://akantilado.wordpress.com/2011/11/08/tomas-segovia-poemas/
Contra mi tacto evocador me afano...
Contra mi tacto evocador me
afano.
Con los más duros y ásperos
pertrechos
he trabajado hasta dejar
deshechos
por el hierro los dedos de
esta mano.
Los quiero embrutecer, pero
es en vano;
en sus fibras más íntimas,
maltrechos,
aún guardan la memoria de
tus pechos,
su tibia paz, su peso
soberano.
Ni violencias ni cóleras
impiden
que fieles y calladas a
porfía
mis manos sueñen siempre en
su querencia,
ni mil heridas lograrán que
olviden
que acariciaron largamente
un día
la piel del esplendor y su
opulencia.
Desnuda aún, te habías levantado...
Desnuda aún, te habías
levantado
del lecho, y por los muslos
te escurría,
viscoso y denso, tibio
todavía,
mi semen de tu entrada
derramado.
Encendida y dichosa, habías
quedado
de pie en la media luz, y en
tu sombría
silueta, bajo el sexo
relucía
un brillo astral de mercurio
exudado.
Miraba el tiempo absorto, en
el espejo
de aquel instante, una
figura suya
definitiva y simple como un
nombre:
mi semen en tus muslos, su
reflejo
de lava mía en luz de luna
tuya
alba geológica en mujer y
hombre.
Dicho a ciegas
Di si eran éstas las
palabras
Míralas bien
Córtalas con cuidado
Y vamos a guardarlas
Sepultadas debajo de la casa
Tesoro rescatado
Devuelto al culto
Palabras guarecidas
Mantenidas en vida
Que de secreto se alimentan
Reverenciadas en su
catacumba
Ocultas mientras dure afuera
la locura lasciva del lenguaje
Para sólo sacarlas
Cuando pisemos el silencio
soberano
En la omnisciente noche de
la afasia
Y antes de que la clave se
nos borre
Mirarlas un instante en su
esplendor
Carne verbal viviente en el
silencio
Inmaculadas concepciones
Rompedoras del círculo
vicioso
Otra vez mediadoras
Para que se hagan mutuos
mediadores
Dos que dicen tú y yo
Antes de que la noche del
amor los borre
Mas todo está fundado si al
borrarse se hablan.
Dime mujer dónde escondes tu misterio...
(Para Luci
Fernández de Alba, que se sorprendió)
Dime mujer dónde escondes tu
misterio
mujer agua pesada volumen
transparente
más secreta cuanto más te
desnudas
cuál es la fuerza de tu
esplendor inerme
tu deslumbrante armadura de
belleza
dime no puedo ya con tantas
armas
mujer sentada acostada
abandonada
enséñame el reposo el sueño
y el olvido
enséñame la lentitud del
tiempo
mujer tú que convives con tu
ominosa carne
como junto a un animal bueno
y tranquilo
mujer desnuda frente al
hombre armado
quita de mi cabeza este
casco de ira
cálmame cúrame tiéndeme
sobre la fresca tierra
quítame este ropaje de
fiebre que me asfixia
húndeme debilítame envenena
mi perezosa sangre
mujer roca de la tribu
desbandada
descíñeme estas mallas y
cinturones de rigidez y miedo
con que me aterro y te
aterro y nos separo
mujer oscura y húmeda
pantano edénico
quiero tu ancha olorosa
robusta sabiduría
quiero volver a la tierra y
sus zumos nutricios
que corren por tu vientre y
tus pechos y que riegan tu carne
quiero recuperar el peso y
la rotundidad
quiero que me humedezcas me
ablandes me afemines
para entender la feminidad
la blandura húmeda del mundo
quiero apoyada la frente en
tu regazo materno
traicionar al acerado
ejército de los hombres
mujer cómplice única
terrible hermana
dame la mano volvamos a
inventar el mundo los dos solos
quiero no apartar nunca de
ti los ojos
mujer estatua hecha de
frutas paloma crecida
déjame siempre ver tu
misteriosa presencia
tu mirada de ala y de seda y
de lago negro
tu cuerpo tenebroso y
radiante plasmado de una vez sin titubeos
tu cuerpo infinitamente más
tuyo que para mí el mío
y que entregas de una vez
sin titubeos sin guardar nada
tu cuerpo pleno y uno todo
iluminado de generosidad
mujer mendiga pródiga puerto
del loco Ulises
no me dejes olvidar nunca tu
voz de ave memoriosa
tu palabra imantada que en
tu interior pronuncias siempre desnuda
tu palabra certera de
fulgurante ignorancia
la salvaje pureza de tu amor
insensato
desvariado sin freno
brutalizado enviciado
el gemido limpísimo de la
ternura
la pensativa mirada de la
prostitución
la clara verdad cruda
del amor que sorbe y devora
y se alimenta
el invisible zarpazo de la
adivinación
la aceptación la comprensión
la sabiduría sin caminos
la esponjosa maternidad
terreno de raíces
mujer casa del doloroso
vagabundo
dame a morder la fruta de la
vida
la firme fruta de luz de tu
cuerpo habitado
déjame recostar mi frente
aciaga
en tu grave regazo de
paraíso boscoso
desnúdame apacíguame cúrame
de esta culpa ácida
de no ser siempre armado
sino sólo yo mismo.
El extranjero
No le toques los pechos
Extranjero
A esta sombra con fiebre que
esta noche
Anocheció tan hembra
Por los linderos de los
residentes
Todo el verano es de ellos
Escúchalos dichosamente
extraviados
Sin saber cómo hacer
Para entender bajo sus
propias voces
Este lamento de la plenitud
Que tan claro se oye en tu
silencio
Y tienes que vagar a solas
Por las quietas afueras de
su fiesta
Y poner sólo ecos distantes
En tu ramo nocturno en la
sombra cortado
Y bañarte tan solo en
murmullos de espumas
No saben que su amo
Tiene en ti un siervo más
Que también el verano te
devuelve un rato
Tu corazón con llaga
Nadie sabe aquí el nombre
De tu amor extranjero
Y tienes que alejarte al
borde de la noche
A decirlo a sus muertos
Que duermen allá afuera y
que piensan en ti
Tras sus pesados párpados
cerrados.
El quemado
De la mañana a la tarde
me consumes, sol; me secas
con tu gran ojo sin alma;
pero así la noche al fin
halla en mí el duro carbón
que no podrá disolver,
y al corazón seco vuelve,
sombría y fresca, la savia
que blanca le sorbió el día.
En brazos de la noche
Está ya oscurecida la
hermosura;
los árboles desnudos
se mecen en la sombra,
y un gran silencio vela
suspendido.
En brazos de la noche
se guarda y perpetúa la
promesa del día,
la prometida plenitud del
día
que cumple en sólo
prometerse
un don que nos inclina,
y nos fuerza, y nos basta.
De noche la hermosura a
solas habla;
a solas en el aire solo
late oculto el ardor de su
promesa
sin cesar renovada.
Y a través de la noche,
desde el oscuro fondo de su
entraña,
nos guía y acompaña
heridos de esperanza, al
nuevo día,
nuevamente a cumplir bajo el
sol nuevo
su plenitud igual y
suficiente
de prometida nuestra sin
fin, siempre la misma.
En las fuentes
Quién desteje el amor
Ése es quien me desteje
No es nadie
El amor se deshace solo
Como la trenza del río
destrenzada en el mar
No estoy de amor tejido
Estoy tejido de tejerlo
De sacar de mis íngrimos
telares
Este despótico trabajo
Eternamente abandonando
el fleco que se aleja
A la disipación y su bostezo
idiota
Y sólo escapo de su horror
Recogiéndome todo sin recelo
En el lugar donde nace la
trama.
Encarnaciones
Hundido el rostro en tu
cabello, aspiro
el sofocante aliento de la
noche
que allí estancado humea y
flota como el sueño.
Todo el inmenso espacio
pesadamente yace
sobre esta tibia tierra
adormecida,
sobre el cuarto y el lecho y
nuestros miembros,
y la casi secreta agitación
que mueve nuestros pechos.
No respiramos aire,
respiramos silencio;
un gran silencio inmóvil
que cubre nuestra piel
desnuda
como oscuros aceites.
Y de pronto,
siento que mi ternura me
desborda y anega,
que también con la sombra te
acaricio,
y te abrazo también con el
espacio,
y te rozo los labios con el
aire;
que toda esta solícita
violencia
es también este vasto
silencio conmovido
que arrojado de bruces
encima de nosotros
se asoma a nuestro amor,
y lo recorre entero un
estremecimiento,
sollozo cálido, ala del
destino.
Entre los tibios muslos te palpita...
Entre los tibios muslos te
palpita
un negro corazón febril y
hendido
de remoto y sonámbulo latido
que entre oscuras raíces se
suscita;
un corazón velludo que me
invita,
más que el otro cordial y
estremecido,
a entrar como en mi casa o
en mi nido
hasta tocar el grito que te
habita.
Cuando yaces desnuda toda,
cuando
te abres de piernas ávida y
temblando
y hasta tu fondo frente a mí
te hiendes,
un corazón puedes abrir, y
si entro
con la lengua en la entrada
que me tiendes,
puedo besar tu corazón por
dentro.
Tomado de:
http://amediavoz.com/segovia.htm
Viejo aire joven
Así era aquel aire bien
lavado
Corriendo siempre en una
clara playa
Presente o rediviva
Que empapaba la piel de una
vez toda
Con su amplia mano única
Y que bebíamos como el agua
fresca
De una sed más diáfana
Así bebíamos también el
tiempo
Como otro vasto soplo en el
que restallaba
La alta bandera izada de
nuestra libertad
Gran ala abierta siempre en
la inminencia
Pero sujeta al mástil
Y no sin alegría
Con un fuerte cordel
sentimental y serio.
Incolor
La tarde está más pálida
Que la más sola de las almas
célibes
Pálida como está pálido
El sudario luïdo de un amor
de la infancia
Y sin embargo en este aire
yerto
Algo sigue latiendo un poco
Despacio y frío veraz y
tenue
Como un pequeño corazón de
agua
Si no de sangre
Siempre me asombra
Que en su incolor mayor la
vida
Siga siendo tan seria y tan
amiga
Allá con él
Detrás de los ramajes
Retorcidos y artítricos del
escuálido invierno
Se calla tercamente
El oprimido cielo magullado
Y estoy allá con él
Con él frunciendo el
implacable ceño
Sin ceder sin pactar sin
entibiarme
Sin perdonar sin perdonar
Sin olvidar un punto todo el
mal
El degüello el desuello el
descuartizamiento
Que le hacen sin cesar al
mundo
Delante de sus ojos o de
nuestros ojos
Delante de estos ojos
De nuestros rostros
cejijuntos
Pero yo allá con él allá con
él
Remoto solitario oscuro
magullado
Transido pero inmune a las
complicidades.
Tomado de:
https://circulodepoesia.com/2024/07/poesia-mexicana-tomas-segovia/

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