domingo, 7 de septiembre de 2014

MATAMOS EL TIGRE…
PERO ¡¡ NOS QUIEREN ASUSTAR CON EL CUERO!!

Recordé este viejo refrán, mientras veía un noticiero, y esto me llevó a una reflexión:
MATAMOS EL TIGRE
Luego de más de sesenta años de conflicto armado y de más de cinco millones de víctimas, que es lo que han estimado algunas fuentes. No me queda más sino un sinsabor en la boca.

Y, es que luego de ver que finalmente la guerrilla y el gobierno se han sentado a dialogar, la reflexión es que hemos matado al tigre, porque luego de tantos años de violencia lograr que estos dos actores finalmente se sienten a dialogar es como si se hubiera matado al tigre, el tigre es la guerra. Porque han sido las manifestaciones y el clamor de un pueblo que finalmente las partes han accedido a dialogar, y no es que diga que la ciudadanía ha obligado a dialogar, es simplemente  el curso normal de un conflicto estancado, que cuando la guerra se extiende por tanto tiempo, y el baño de sangre y las consecuencias van quedando tan explícitas no queda otro camino que el diálogo;  a esto finalmente hemos llegado lo que es para todos una gran satisfacción. Ver a los contendientes sentados en una mesa y no disparándose es toda una ilusión para un país sumido por tantas décadas en el dolor de la guerra.

La guerra que a su vez y si lo miramos bien es más fácil hacerla, pues formar combatientes y sembrar odios es más sencillo que educar y edificar para el bien común.
A esto me refiero con matamos el tigre, con el hecho que ahora existe una mesa en donde se han sentado a exponer y tratar de solucionar las diferencias es un indicativo claro de que ambos bandos se han agotado en medio de una larga guerra que lo único que ha dejado es un campo ensangrentado y unas ciudades cada vez menos viables…

¡¡NOS QUIEREN ASUSTAR CON EL CUERO!!

Para nadie es un secreto, que firmar un documento no es un apagar la luz para encenderla y ver el paraíso, no, para nada, la paz es un proceso que apenas iniciará con una firma y que de ahí en adelante será un largo camino de construcción y reconstrucción, y no solo de lo material, esto implica desde la construcción de una nueva mentalidad, pasando por la identidad nacional.

El cuero, que no va a ser algo fácil de destrabar, pues estamos educados más para el conflicto que para la paz. Es en este momento cuando realmente se inicia un proceso de paz, que no implica únicamente el silencio de las armas sino todo un cambio fundamental en la sociedad y en los procesos de construcción de sociedad. No, realmente no va a ser fácil, ni mucho menos inmediato. Es bueno aclarar que tal vez pasen muchos años y muchas etapas, desde el mismo momento del silencio de las armas, a un estado de tranquilidad y sosiego que se pudiera llamar la paz, porque la paz no es simplemente un estado de no conflicto, es algo aun más profundo que tiene que ver con equidad social, igualdad de oportunidades y una construcción humana más compleja. Desde el mismo campo de la educación, y la estructura de la familia, se ha de iniciar un cambio, no solo en la palabra, sino en el quehacer cotidiano de los ciudadanos. Es esta la parte más compleja, como nos reeducaremos para convivir en un nuevo modelo social que cambie los valores de la guerra y la confrontación por un estilo de vida basada en el diálogo y el respeto por la diferencia y ante todo por la solidaridad y la equidad, que en última son las causas de los conflictos. Hasta la moral se cambia, porque estos nuevos ciudadanos y familias van a iniciar en un nuevo punto, donde ojalá las oportunidades nos toquen a la mayoría y esto permita superar no solo la pobreza en términos de cosas sino la pobreza de pensamiento. Sea esta nueva ciudadanía comprensible, tolerante y respetuosa, y que ante todo esté comprometida con la conservación de un estado de cosas que impida un renacer de la guerra. Y, es que tal vez esto sea lo que nos asusta, perder privilegios, porque nos creemos merecedores de muchas cosas y naturalmente será difícil sino imposible para muchos no perder sino también acceder a una sociedad en construcción, estamos en esto, un proceso de construcción que necesariamente partirá de una firma, de un cese al fuego, o como quiera que decidan frenar la guerra, para nadie es un secreto, que todo en la vida tiene un costo, y lo más importante es que estemos claros si estamos dispuestos, bien sea para continuar el conflicto y reencontrarnos dentro de cinco millones de víctimas más adelante o para aportar a la paz, ambos tienen un gran costo, pero en el segundo caso se evitarían más víctimas. Por esto tal vez nos han querido vender la idea de la hecatombe, porque para muchos el diálogo se considera una derrota, cuando realmente lo podemos considerar como lo que es “Una Negociación”, y es que en casos en los que realmente no hay vencedores ni vencidos y entonces se dialoga, y no ser vencido es otra manera de triunfo para el bando que sea. Y, por qué es mejor, silenciar los fusiles, si es que con tantas víctimas el país está sumido en una crisis, solo basta imaginarse el gran avance posible en tiempos de paz si hemos logrado algo en tiempos de guerra… pensemos en los nuevos ciudadanos, en su formación, y en la capacidad de resolver los problemas más allá del facilismo de la violencia. Entonces, tal vez sea el momento de avanzar, con la frente en alto, y con las manos abiertas dispuestas a recibir no solo a los excombatientes sino a los ejércitos de jóvenes que ya no irán a la guerra sino que estarán llenando las aulas escolares y las universidades prestos a investigar y crear, más allá de los cuarteles y los campamentos en las montañas, esperemos ver la nueva Patria, la nueva sociedad, no le tengamos miedo a la paz, los señores de la guerra son los únicos temerosos de construir un nuevo país, el país de los nuevos hombres y mujeres, un país multicolor, multiétnico con todos como ciudadanos libres y pacíficos construyendo realmente un futuro. Tampoco es que la paz sea una pesadilla, ni que vayan a dejar pobres a los ricos, es solo otra forma de vida, y sin muertos, será mejor



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