martes, 12 de mayo de 2026

POEMAS DE JORGE ROJAS -RECORDAMOS SU FECHA DE MUERTE-

Acción de gracias por el beso

 

Gracias, amor, de nuevo tu criatura

se inclina al vasallaje de tu peso.

Encadenado estoy, me tienes preso

entre la red sin par de tu hermosura.

 

Gracias, amor, por esta cosa pura

que a través de la carne te alza ileso.

poder la boca convertirse en beso

es ser el fruto sólo la dulzura.

 

No importa, amor, que el labio ante el abismo

del gozo haya quedado silencioso

si es casi el pasmo como el verso mismo.

 

Gracias, pues tu lenguaje me ha enseñado

que en el silencio todo es más hermoso

y lo callado es más que lo cantado.

 

 

Aire de entonces

 

El aire de un abrazo de ríos sin deseo.

Los árboles, un aire vegetal de palomas.

La tarde era un ligero movimiento del párpado,

y la escarcha, la espuma fácil de tu sonrisa.

 

La veleta era el viento clavado en una espina.

Tu niñez, la distancia que había entre los lirios.

Orilla de tu sueño y pestañas de música

era entonces el ojo limpio de la mañana.

 

Venías de más lejos que un hombre de un olvido.

En tu lejana sangre había brumas y mástiles.

Entonces yo era triste y miraba el silencio

creyendo que el silencio era la oscuridad.

 

Todo mi afán de viajes ancló sobre tu piel

que iba bajo el sol sosteniendo la luz;

proa, el pecho hendía dulcemente los días

y el corazón sabía cómo es de azul el mar.

 

Por cada rosa un sitio en el aire tus hombros

dejaban redondeado por dónde tú pasabas,

y el viento en tus cabellos era sólo un pañuelo

estampado de aromas y soplos de colores.

 

Tus ojos no tenían color que yo pudiera

decir como palabras: «saúz»  o  «golondrina».

corrías como el agua y el agua de tu risa

subía a los tejados a hacer la tarde clara.

 

Hoy que ni los espejos saben cómo mirabas

cuando tu edad de lino te daba a las rodillas;

yo te recuerdo y digo simplemente las cosas

como si las sacara de una gota de agua.

 

Era entonces el tiempo dulce de nuestro encuentro.

La saeta era un rumbo sin ¡ay! en la llegada.

El jazmín, un recuerdo de olor en tu memoria.

Y el bronce era una brisa con olor de campana.

 

 

Angustia del amor

 

Bajo mi piel, ¡qué viento enloquecido,

por valles de la sangre y sus colinas,

estremece un rosal, de más espinas

que de fragantes rosas florecido!

 

¡Qué agreste furia, qué hórrido sonido

de árbol cayendo y ciegas golondrinas

convoca su ulular entre las ruinas

de un efímero beso consumido!

 

¡Qué amargo mar su desatado llanto

encrespa entre mi ser! ¡Qué tolvanera

de angustia envuelve el hálito del canto!

 

¡Amor, fugaz Amor! Sin ti no fuera,

dentro de mí, un vértice de espanto

la hora, en cada instante pasajera.

 

 

Confidencia

 

Somos el uno para el otro, ¡mujer!

Nuestros corazones se encuentran

en la misma palabra del libro que leemos,

va nuestra mano trémula,

en busca de una misma rosa.

 

A veces no me atrevo a mirarte

pues tus ojos límpidos

no soportarían el resplandor que me ciega.

Y de repente nuestros labios se juntan

y no los separa ni el rayo.

 

Y nuestra propia muerte tiene que esperar

hasta que nuestros cuerpos

den paso a cualquier otro designio.

 

 

Crepúsculo

 

Intuyo tu presencia.

Silencio de tu voz.

Vives en el paisaje.

Pura prolongación.

 

Nos llaman. Despertamos.

Van tus cabellos sueltos

-estandartes de sol-

comandando los vientos.

 

Los caballos galopan

y la tarde agoniza.

¿Brisa? Ciclón al frente

de rosas amarillas.

 

 

Cuerpo en la oscuridad

 

Te adivino tendida

bajo la leve túnica

de aroma que te cubre,

mientras el sueño mide

el espacio profundo

que hay del párpado al alma.

 

Respiración y nieve

hacen bajo el perfume

invisibles colinas;

la oscuridad me llena,

la ansiedad de tus formas:

montes de lilas pálidas,

desmayadas palomas.

 

Trino de amanecer,

sombra de arbusto fresco,

eres nueva en mis manos

sólo por el milagro

del mundo en las tinieblas.

 

¡Qué rosas de tu cuerpo

florecen al hallazgo

múltiple de mis dedos!

Te palpo y eres mía

y mis manos son cestas

para el fruto del tacto

maduro ya, en la rama

trémula del deseo.

 

 

Declaración de amor

 

¡Oh! mi enemiga,

a medida que me cuentas tu vida

cómo hierve dentro de mí un veneno dulce,

un humor amargo, una uva terrible.

No he debido saber ni de dónde venías.

¿Qué más daba, un remoto país

o un reciente amante?

Quiero exterminar todos los sitios

donde estuvo tu corazón o tu piel.

 

Mas, oh encadenado, sólo puedo volver añicos

este mapa de colores que pinté cuando niño.

¿Qué más debo destruir? ¿Nada más?

 

Sí, también, cada día, morderé en tus labios

todos los besos que ahí han quedado

junto a los nombres de las ciudades.

 

 

El agua

 

Beso sin labio, novia en tu desvelo

esperando una boca que te beba;

y niña aún si un cántaro te lleva

arrullada en los brazos bajo el cielo.

 

Llueve, y el mundo goza de tu vuelo;

danza la espiga, ábrese la gleba

y es más dulce cantar cuando se prueba

tu líquido que sabe a nuestro suelo.

 

Saltando entre los juncos extraviada

en busca de la sed, corza ligera,

has quedado en mi mano aprisionada.

 

No importa que quien te haga prisionera

te dé su forma, corre alborozada

persiguiendo tu forma verdadera.

 

 

El amor

 

Estar nuestro querer

gozándose en sí mismo

al pasmo de un instante

no soñado. Vivido.

 

Sin pedir ni dar nada

ver mi fondo en tu fondo.

Ser objeto e imagen

como el agua del pozo.

 

Beatitud de lo cierto:

aquiescencia de Dios.

Nesciencia de la duda:

presencia de tu amor.

 

 

Ella

 

Poma en sazón. Y el tallo estremecido

de la vida se alza tan ileso

que parece tan sólo el claro peso

de la luz el volumen florecido.

 

Nada más dulcemente sometido

que el aire a su existir, hay algo en eso,

como de pulpa prodigando el beso

de aroma su contorno diluido.

 

El aroma no es más que la distancia

entre la fruta y ella. Si muriera,

¿ya para qué el perfume? Sin fragancia,

 

¿para qué la manzana? Si pudiera

ella ocultar su cálida sustancia

el cuerpo de las frutas no existiera.

Tomado de:

http://amediavoz.com/rojas.htm

 

 

Verdad de ti

Aquí quedó la forma de tu huida.

Como la flor tronchada, en el vacío

queda erguida en perfume, el canto mío

te levanta en el aire, florecida.

 

El tallo de mi voz tiene tu vida

en su rama invisible, como un río

levísimo de llanto o de rocío

la más lejana estrella sostenida.

 

Como el mar que se fue queda evidente

en el empuje manso de la ola

dibujada en la arena, dulcemente

 

te me vas y te quedas -forma sola

de tu no ser- presente en mi presente

como erguida en perfume la corola.

 

 

CREPÚSCULO

Intuyo tu presencia.

Silencio de tu voz.

Vives en el paisaje.

Pura prolongación.

 

 

Nos llaman. Despertamos.

Van tus cabellos sueltos

-estandartes de sol-

comandando los vientos.

 

Los caballos galopan

y la tarde agoniza.

¿Brisa? Ciclón al frente

de rosas amarillas.

 

 

Niña

Niña en el tacto de la luz te siento

diluida en palabras, gesto, risa,

levemente agitada por la brisa

que dan las alas de mi pensamiento.

 

Niña que pasas con el movimiento

sin curso de la flor, lleva tu prisa

un amoroso tiempo de sonrisa

en cada eternidad de tu momento.

 

Niña que traspasándome la frente,

como flechas de sol un claro río,

haces pensar en ti tan dulcemente.

 

 

LA SOLEDAD

Siempre la soledad está presente

donde estuvo la voz y fue la rosa,

en todo lo de ayer su pie se posa

y le ciñe su sombra dulcemente.

 

El recuerdo que está bajo la frente

tuvo presencia. Fuente rumorosa

fue su paso en la tierra, cada cosa

lleva su soledad tras su corriente.

 

 

Es soledad la miel que dora el seno

y soledad la boca que conoce

su entregado sabor de fruto pleno.

 

Cada instante que pasa, cada roce

del bien apetecido, queda lleno

de soledad, al tránsito del goce.

 

 

Angustia del amor

Bajo mi piel, ¡qué viento enloquecido,

por valles de la sangre y sus colinas,

estremece un rosal, de más espinas

que de fragantes rosas florecido!

 

¡Qué agreste furia, qué hórrido sonido

de árbol cayendo y ciegas golondrinas

convoca su ulular entre las ruinas

de un efímero beso consumido!

 

¡Qué amargo mar su desatado llanto

encrespa entre mi ser! ¡Qué tolvanera

de angustia envuelve el hálito del canto!

 

 

¡Amor, fugaz Amor! Sin ti no fuera,

dentro de mí, un vértice de espanto

la hora, en cada instante pasajera.

 

 

Narciso

Ojos de mar y senos como olas;

largos muslos de río, y cabellera

fluvial bajo la espalda, ella era

toda de agua y líquidas corolas.

 

buena para la sed; y verdes colas

de sirena cruzábanle la esfera

de la pupila; el sueño se volviera

delfín para gozar su amor a solas.

 

Sexo y canción, yo estuve de rodillas,

doblado, como un junco, aún me veo

sobre sus transparentes maravillas.

 

El agua se entreabrió y un aleteo

de cristales cruzó por sus orillas

y allí cayeron cántico y deseo.

Tomado de:

https://www.isliada.org/poetas/jorge-rojas/

 

 

MOMENTOS DE LA DONCELLA

 

 

 

A Yolanda Oreamuno

 

 

 

I

 

 

EL SUEÑO

 

 

Dormida así, desnuda, no estuviera

más pura bajo el lino. La guarece

ese mismo abandono que la ofrece

en la red de su sangre prisionera.

 

Y ese espasmo fugaz de la cadera

y esa curva del seno que se mece

con el vaivén del sueño y que parece

que una miel tibia y tácita lo hinchiera.

 

Y esa pulpa del labio que podría

nombrar un fruto con la voz callada

pues su propia dulzura lo diría.

 

Y esa sombra de ala aprisionada

que de sus muslos claros volaría

si fuese la doncella despertada.

 

II

 

 EL ESPEJO

 

Retrata el agua dura su indolencia

en la quietud sin peces ni sonidos;

y copian los arroyos detenidos

sus rodillas sin mancha de violencia.

 

Sumida en esa fácil transparencia,

ve sus frutos apenas florecidos,

y encima de su alma, endurecidos

por curva miel y cálida presencia.

 

Con un afán de olas, blandamente,

cada rayo de luz quiere primero

reflejarla en la estática corriente.

 

Y el pulso entre sus venas prisionero

desata su rumor y ella se siente

a la orilla de un río verdadero.

 

 III

 

 LA MUERTE

 

Igual que por un ámbito cerrado

donde faltara el aire de repente

volaba una paloma por su frente

y por su sexo apenas sombreado.

 

Y por su vientre de cristal –curvado

como un vaso de lámpara- caliente

el óleo de su sangre, dulcemente,

quedó de su blancura congelado.

 

Sus claras redondeces, abolidas,

bajo la tierra al paladar del suelo,

entregaron sus mieles escondidas.

 

Y alas y velas sin el amplio cielo

de su mirada azul, destituidas

fueron del aire y fueron de su vuelo.

Tomado de:

https://www.casadepoesiasilva.com/sin-categoria/jorge-rojas/

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