sábado, 8 de agosto de 2026

Ciudades flotantes Raquel Martín de Almagro


 

 

  Ciudades flotantes

Raquel Martín de Almagro


 

 

 CIUDADES FLOTANTES o el devenir cotidiano

 

En la brevedad, la profundidad del texto, cada poema nos lleva de la mano por un laberinto de emociones, soledades, amor y la desolación de las partidas, el amanecer en medio de la soledad, también es la brevedad de los momentos con el otro, esa soledad acompañada, la indiferencia, todo líquido, veloz, como ínsulas, recorridas y recordadas. Estas palabras de la poeta son un llamado a navegarnos en medio de la cotidianidad, a reconocer la poesía del instante, a reconocer el poema desde el alba hasta el sueño compartido en pareja, la contemplación y maravilla del otro que también despierta. Es la poesía precisa, contundente y sin recorridos inútiles, la poesía contundente.

Texto de Fausto Marcelo Ávila Para este Blog.

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

 

Teñir cada espacio. Remover las cenizas. Rota tu luz,

roto el camino

que me conduce al lugar que habitas.

 

 

Desde lo alto

dos sombras erguidas alzan su presencia, confunden la luz abrazan la duda.


 

 

 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

Olvidar sería perder

la proporción del pasado, sabernos huecos, exiliados del lugar

a dónde pertenecemos.

 

 

El lado oscuro

teje la mortaja del bosque. Las manos de los árboles ascienden como llamas hasta tocar las grietas de luz que socavan la ausencia.


 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

 

 

 

Todo lo que amé ahora se difumina

en días falsos y soleados seguidos de noches frías como losas negras.

 

El tiempo traspasa el aire se detiene sobre los tejados

dialoga entre brumas con el vacío.


 

 

 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

Despierto

y el letargo me trae

la respuesta imprevista.

 

 

Suspendida sobre un lecho verde dejo penetrar la mañana, embozo las sombras,

intuyo el pozo de asfalto,

la aproximación de los árboles.


 

 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

 

El tiempo se ha detenido

y cuelgo de la rama del árbol más alto. Los rayos de luz atraviesan la eternidad.

 

Mengua la distancia entre los cuerpos.

 

 

La casa sumergida

como una herida abierta en la maleza se adormece en el ocaso,

descansa el cielo sobre los tejados.


 

 

 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

Habitas un lugar primitivo desalojado de sombras y dobleces.

 

El silencio

apenas reconforta, el ruido necesario

invade la sangre a ciegas, con pequeños pasos.

 

La ciudad se funde, desliza entre sus dedos

el crepitar de la luz del mediodía.


 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

 

 

El agua

no recibe nuestro reflejo al mismo tiempo.

 

 

Siempre hay un espacio donde no cabemos juntos.

 

Se instala el vacío

sobre la tierra sepultada,

queda difuminado el hálito del viento, la lengua azul,

el hielo de las promesas.


 

 

 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

Desde dentro

las nubes abrazan lo posible.

 

 

El gesto teñido de esperanza,

la vaguedad de las formas previas al encuentro.

 

 

La luz

no agota el horizonte,

el blanco espacio que desocupa la mirada acoge la gris promesa fría del camino.


 

 

 

 

 

***

 

 

 

 

 

 

La ausencia

es una gasa de nieve desangra la mañana

existe un espacio que me refleja, silencia la herida

intuye el camino.


 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

 

 

Dos cuerpo opacos abandonados a la sombra

recortan historias sobre el cielo amarillo.

Tejen y destejen las dudas habitan con asombro los rincones por donde nadie pasa.

La hierba crece alta entre los dedos, arranca secretos al agua.


 

 

 

 

 

 

***

 

 

 

 

 

A veces no sabía como ir hacia ti.

Ni sabía qué palabras pronunciar.

 

 

Iba dejándome por los rincones, toda párpados y boca

toda luna redonda y abismo.

 

 

Desnuda y sin otra piel sin otra mirada.

 

Me abandonaba a la tarde

respirando entre las grietas


 

 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

 

Flotar entre el vaivén inconcluso de las palabras. Luz desplegada como velas sobre el infinito mar de tejados. La ciudad como un barco persigue olas de sombra, mece el ocaso.


 

 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

 

La plenitud es abrazar todo lo que roza tu cuerpo

Pensar en las mínimas posibilidades y las certezas diarias.

Golpear con mi presencia

el abandono de las terrazas, acompasar mi ritmo al tuyo y transitar el vacío

sin escalas.

La perfección es ver

como se desprenden las flores de los árboles mientras llueve

y caen sobre tu techo.


 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

 

 

Somos el recuerdo de dos seres que murieron hace mil años.

Somos la sombra del musgo que crecía junto al muro.

El sostén de la piedra desnuda y limpia.

El hilo que tejía el cielo y la tierra, el destino impoluto y exagerado.

 

La balanza inaccesible

en la que medíamos la otredad, el pulso ante la vida,

el ocaso cerca del mar al que regresamos.


 

 

 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

Conjuro todas y cada una

de las palabras que conozco. Guardo el silencio bajo los ojos, en las palmas de las manos.

 

No hay cobijo.

 

 

Digo casa y hago en el pecho un lugar donde refugiarme.

Digo pan y es mi boca la que me alimenta.

 

 

Fui nombrando cada palabra y las gasté todas

hasta encontrarme en el laberinto.


 

 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

 

El exilio somete al cuerpo

a la presión de los minutos, horas y días, se desvanece en el horizonte,

atraviesa el costado con sus agudas agujas, ocupa y llena el cuerpo de otra,

la misma, la que calla y vela.

 

 

Lleno y tránsito verde, luz negra y quieta.

 

El exilio

somete, expulsa y hiere con sus úlceras impasibles

ante el vendaval de los tiempos.


 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

 

 

 

El silencio de los días festivos invita al cuerpo

a remover la pasión

con que saltamos los muros de todas las contradicciones.

 

Albergamos más esperanza de la que podemos sostener recobrando territorios, habitaciones blancas

frente a una plaza.

La ciudad que nos acogió desde que imaginamos abrazar lo imposible.


 

 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

 

A lo lejos la montaña altiva, inalcanzable, esconde un secreto

agotador, doloroso, inevitable.

El sol es incesante en su búsqueda hacia la cumbre,

sus dedos avanzan iluminando el camino.

Abajo la cueva las grietas,

la penumbra que acoge el silencio necesario, sobre la ciudad que duerme,

el zumbido que impulsa el ascenso.

El gesto puro

de los que aman sin hacer ruido.


 

 

 

 

 

 

*** 

 

 

 

 

 

El tiempo es cruel

cuando atravieso mi cuerpo con nuevas palabras,

cuando el gatillo de la duda aprieta y la luz me ciega.

Quería ver dentro de mí, asomarme a la ventana

y beber lentamente del pozo del alma.


 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

 

 

No soy animal de costumbres.

No tengo hábito

de tenderme en un reloj de arena mirando cómo se escurren los minutos entre los dedos.

No puedo vaciar el mar ni sellar mis labios.

Tengo el aire de la siesta repleto de deseo.

Acostumbro a merodear

entre los recuerdos que aún no existen.

Visito las calles de la ciudad cuando todo se sumerge cuando los caminos se cruzan,

en el instante en el que he vaciado mi anhelo y despojado toda tristeza.


 

 

 

 

 

 

 

 ***

 

 

 

 

El viaje es el pretexto perfecto para encontrarte frente al espejo repitiendo los gestos que amas y odias por igual motivo.

Terrazas de luz, catedrales de nubes soportando la ascensión

de las formas en las ciudades flotantes.