sábado, 7 de marzo de 2015

POEMAS DE POE

LA DURMIENTE (THE SLEEPER)

At midnight in the month of June,
I stand beneath the mystic moon.
An opiate vapour, dewy, dim,
Exhales from out her golden rim,
And, softly dripping, drop by drop,
Upon the quiet mountain top.
Steals drowsily and musically
Into the univeral valley.
The rosemary nods upon the grave;
The lily lolls upon the wave;
Wrapping the fog about its breast,
The ruin moulders into rest;
Looking like Lethe, see! the lake
A conscious slumber seems to take,
And would not, for the world, awake.
All Beauty sleeps! -- and lo! where lies
(Her easement open to the skies)
Irene, with her Destinies!
A medianoche, en el mes de junio,
permanezco de pie bajo la mística luna.
Un vapor de opio, como de rocío, tenue,
se desprende de su dorado halo,
y, lentamente manando, gota a gota,
sobre la cima de la tranquila montaña,
se desliza soñolienta y musicalmente
hasta el universal valle.
El romero cabecea sobre la tumba;
la lila se inclina sobre la ola;
abrazando la niebla en su pecho
las ruinas se van a dormir.
Parecido a Leteo, ¡mira!, el lago
parece que se entrega a un sueño consciente
y no despertaría por nada del mundo.
¡Toda la belleza duerme! Y ¡mira dónde reposa
Irene, con sus destinos!
Oh, lady bright! can it be right --
This window open to the night?
The wanton airs, from the tree-top,
Laughingly through the lattice drop --
The bodiless airs, a wizard rout,
Flit through thy chamber in and out,
And wave the curtain canopy
So fitfully -- so fearfully --
Above the closed and fringed lid
'Neath which thy slumb'ring sould lies hid,
That o'er the floor and down the wall,
Like ghosts the shadows rise and fall!
Oh, lady dear, hast thous no fear?
Why and what art thou dreaming here?
Sure thou art come p'er far-off seas,
A wonder to these garden trees!
Strange is thy pallor! strange thy dress!
Strange, above all, thy length of tress,
And this all solemn silentness!
¡Oh, ilustre señora!, ¿cómo puede estar bien
esta ventana abierta a la noche?
El aire travieso, desde la cima de los árboles,
pasa riendo a través de la reja.
Aires incorpóreos, revoltoso brujo,
entran y salen de tu aposento revoloteando,
y mueve el dosel de las cortinas
tan caprichosamente -tan temerariamente-
por encima de la cercana y orlada cobertura
bajo la cual tu alma adormecida reposa escondida,
que, sobre el suelo y por las paredes abajo,
¡como fantasmas las sombras suben y bajan!
¡Oh, querida señora!, ¿no tienes miedo?
¿Por qué y qué estás tú soñando aquí?
¡Seguro que vienes de allende lejanos mares,
atraída por este jardín!
¡Extraña es tu palidez! ¡Extraño tu vestido!
¡Extraña, sobre todo, la longitud de tu trenza,
todo ese silencio solemne!
The lady sleeps! Oh, may her sleep,
Which is enduring, so be deep!
Heaven have her in its sacred keep!
This chamber changed for one more holy,
This bed for one more melancholy,
I pray to God that she may lie
Forever with unopened eye,
While the dim sheeted ghosts go by!
¡La señora duerme! ¡Oh, que pueda su dormir
que permanece, ser tan profundo
que el cielo la tenga bajo su sagrada protección!
Este aposento se preparó para otra más santa,
esta cama para otra más melancólica.
¡Rezo a Dios para que repose
con los ojos cerrados para siempre,
mientras los pálidos amortajados fantasmas pasan!
My love, she sleeps! Oh, may her sleep,
As it is lasting, so be deep!
Soft may the worms about her creep!
Far in the forest, dim and old,
For her may some tall vault unfold --
Some vault that oft hath flung its black
And winged pannels fluttering back,
Triumphant, o'er the crested palls,
Of her grand family funerals --
Some sepulchre, remote, alone,
Against whose portal she hath thrown,
In childhood, many an idle stone --
Some tomb from out whose sounding door
She ne'er shall force an echo more,
Thrilling to think, poor child of sin!
It was the dead who groaned within.
¡El amor mío duerme! ¡Oh, que pueda ella dormir,
tan profundamente como largo sea tu sueño!
¡Que los gusanos se deslicen hacia ella suavemente!
En lo profundo del bosque, oscuro y viejo
puede aparecer algún alto cofre para ella,
algún cofre que se abra frecuentemente
su negra tapa como unas alas,
triunfantes, sobre los pináculos de los palios,
de los grandiosos funerales de su familia
-algún sepulcro, remoto, solitario,
contra cuya tapa ella ha tirado
muchas piedras distraídas en su niñez-.
Alguna tumba de cuya chirriante puerta
ella no pueda forzar nunca más un eco,
temblando al pensar, ¡pobre niña de pecado!,
que eran los muertos que gemían dentro.


EL VALLE DE LA INQUIETUD (THE VALLEY OF UNREST)

Once it smiled a silent dell
Where the people did not dwell;
They had gone unto the wars,
Trusting to the mild-eyed stars,
Nightly, from their azure towers,
To keep watch above the flowers,
In the midst of which all day
The red sun-light lazily lay.
Now each visiter shall confess
The sad valley's restlessness.
Nothing there is motionless -
Nothing save the airs that brood
Over the magic solitude.
Ah, by no wind are stirred those trees
That palpitate like the chill seas
Around the misty Hebrides!
Ah, by no wind those clouds are driven
That rustle through the unquiet Heaven
Uneasily, from morn till even,
Over the violets there that lie
In myriad types of the human eye -
Over the lilies there that wave
And weep above a nameless grave!
They wave: - from out their fragrant tops
Eternal dews come down in drops.
They weep: - from off their delicate stems
Perennial tears descend in gems.
Una vez sonrió un silencioso valle
donde nadie habitaba;
se habían ido las guerras,
confiando a las estrellas de suaves ojos
cada noche, desde sus azules torres,
la vigilancia sobre las flores,
en medio de las cuales todo el día
la roja luz del sol descansaba perezosa.
Ahora cada visitante confesará
la inquietud del triste valle.
Nada es allá inmóvil,
nada salvo el aire que cavila
sobre la mágica soledad.
¡Ah! ¡Ningún viento mueve aquellas nubes,
que susurran a través del sin sosiego cielo,
inquietamente, desde la mañana hasta la noche,
sobre las violetas allí yacen
en incontables tipos para el ojo humano,
sobre los lirios que allí se agitan
y lloran sobre una desconocida tumba!
Ondean: de sus fragantes cabezas
el eterno rocío se derrama gota a gota.
Lloran: de sus delicados tallos
lágrimas perennes descienden como joyas.


LAS CAMPANAS (THE BELLS)

Este poema es especialmente rítmico y musical, así que incluso la ubicación de los versos en las líneas es relevante. No intenté reproducir aquí esas sangrías, pues las líneas quedarían muy largas y se cortarían; para los curiosos, aquí hay un escaneo de las páginas: 1234.
I.

HEAR the sledges with the bells -
Silver bells!
What a world of merriment their melody foretells!
How they tinkle, tinkle, tinkle,
In the icy air of night!
While the stars that oversprinkle
All the heavens, seem to twinkle
With a crystalline delight;
Keeping time, time, time,
In a sort of Runic rhyme,
To the tintinnabulation that so musically wells
From the bells, bells, bells, bells,
Bells, bells, bells -
From the jingling and the tinkling of the bells.
I

Escuchad las campanas de los trineos.
¡Campanas de plata!
¡Qué mundo de diversiones anuncia su melodía!
¡Cómo tintinean, tintinean, tintinean,
en el aire helado de la noche!
Mientras las estrellas que centellean
por todo el cielo parecen parpadeantes
con cristalina delicia;
guardando el compás, compás, compás,
como en un rúnico ritmo,
en el campanilleo que surge tan musicalmente
de las campanas, campanas, campanas, campanas,
campanas, campanas, campanas,
del sonar y repicar de las campanas.
II.

Hear the mellow wedding-bells
Golden bells!
What a world of happiness their harmony foretells!
Through the balmy air of night
How they ring out their delight! -
From the molten-golden notes,
And all in tune,
What a liquid ditty floats
To the turtle-dove that listens, while she gloats
On the moon!
Oh, from out the sounding cells,
What a gush of euphony voluminously wells!
How it swells!
How it dwells
On the Future! - how it tells
Of the rapture that impels
To the swinging and the ringing
Of the bells, bells, bells -
Of the bells, bells, bells, bells,
Bells, bells, bells -
To the rhyming and the chiming of the bells!
II

Escuchad las dulces campanas nupciales.
¡Campanas de oro!
¡Qué mundo de felicidad su armonía anuncia
en el fragante aire de la noche!
¡Cómo transmiten por doquier su delicia!
Más allá de las fundidas notas de oro
y todas en armonía
qué líquida canción flota
para la tórtola que escucha, mientras se regocija
con la luna.
Oh, de las sonoras celdas,
¡qué borbotón de alegría surge voluminosamente!
¡Cómo se dilata!
¡Cómo resta
en el futuro! ¡Cómo dice
la gran alegría que excita
el balanceo y el tañido
para la tórtola que escucha, mientras se regocija
de las campanas, campanas, campanas,
de las campanas, campanas, campanas, campanas,
campanas, campanas, campanas,
al ritmo y repique de las campanas!
III.

Hear the loud alarum bells -
Brazen bells!
What tale of terror, now, their turbulency tells!
In the startled ear of night
How they scream out their affright!
Too much horrified to speak,
They can only shriek, shriek,
Out of tune,
In a clamorous appealing to the mercy of the fire,
In a mad expostulation with the deaf and frantic fire,
Leaping higher, higher, higher,
With a desperate desire,
And a resolute endeavor
Now - now to sit, or never,
By the side of the pale-faced moon.
Oh, the bells, bells, bells!
What a tale their terror tells
Of Despair!
How they clang, and clash, and roar!
What a horror they outpour
On the bosom of the palpitating air!
Yet the ear, it fully knows,
By the twanging
And the clanging,
How the danger ebbs and flows;
Yet, the ear distinctly tells,
In the jangling
And the wrangling,
How the danger sinks and swells,
By the sinking or the swelling in the anger of the bells -
Of the bells -
Of the bells, bells, bells, bells,
Bells, bells, bells -
In the clamour and the clangour of the bells!
III

Escuchad las sonoras campanas de alarma.
¡Campanas de bronce!
¡Qué historia de terror cuenta ahora su turbulencia!
En el sobresaltado oído de la noche,
¡cómo chillan su espanto!
Demasiado asustadas para hablar,
sólo pueden chillar, chillar,
fuera de tono,
llamando clamorosamente a la misericordia del fuego,
en una loca discusión con el sordo y frenético fuego,
que sube más arriba, más arriba, más arriba,
con su desesperado deseo,
y un resuelto esfuerzo
ahora -ahora ponerse, o nunca,
al lado de la pálida cara de la luna.
¡Oh, las campanas, campanas, campanas!
¡Qué historia cuenta su terror
de desesperación!
¡Cómo rechinan, chocan y rugen!
¡Qué horror vuelcan
en el pecho del aire palpitante!
El oído comprende completamente,
por el tañido,
y el rechinar,
cómo se abate e hincha el peligro;
el oído distingue claramente
en el doblar
y en el balancear
cómo se abate e hincha el peligro
por la fatiga o el aumento de la ira de las campanas-
de las campanas-
de las campanas, campanas, campanas, campanas,
campanas, campanas, campanas,
¡en el clamor y estrépito de las campanas!
IV.

Hear the tolling of the bells -
Iron bells!
What a world of solemn thought their monody compels!
In the silence of the night,
How we shiver with affright
At the melancholy meaning of their tone!
For every sound that floats
From the rust within their throats
Is a groan.
And the people - ah, the people -
They that dwell up in the steeple,
All alone,
And who, tolling, tolling, tolling,
In that muffled monotone,
Feel a glory in so rolling
On the human heart a stone -
They are neither man nor woman -
They are neither brute nor human -
They are Ghouls: -
And their king it is who tolls: -
And he rolls, rolls, rolls, rolls,
Rolls
A pæan from the bells!
And his merry bosom swells
With the pæan of the bells!
And he dances, and he yells;
Keeping time, time, time,
In a sort of Runic rhyme,
To the pæan of the bells -
Of the bells: -
Keeping time, time, time,
In a sort of Runic rhyme,
To the throbbing of the bells -
Of the bells, bells, bells -
To the sobbing of the bells: -
Keeping time, time, time,
As he knells, knells, knells,
In a happy Runic rhyme,
To the rolling of the bells -
Of the bells, bells, bells: -
To the tolling of the bells -
Of the bells, bells, bells, bells,
Bells, bells, bells -
To the moaning and the groaning of the bells.
IV

Escuchad el tañido de las campanas.
¡Campanas de hierro!
¡Qué mundo de solemnes pensamientos su monotonía impone!
En el silencio de la noche,
¡cómo nos estremecemos de miedo
con la melancólica amenaza de su tono!
Cada sonido que flota
de sus oxidadas gargantas,
es un gemido.
Y la gente -ah, la gente-
que está encima del campanario,
sola,
y que dobla, dobla, dobla,
en ese ahogado único tono,
encuentra una gloria al tirar
una piedra en el corazón humano.
No son hombre ni mujer.
Tampoco bestias ni humanos:
son vampiros;
su rey es quien dobla:
y repica, repica, repica,
repica
un himno con las campanas
¡y su pecho alegre se dilata
con el himno de las campanas!
Y baila y grita;
guardando el compás, compás, compás,
en un rúnico ritmo,
al himno de las campanas.
De las campanas:
guardando el compás, compás, compás,
en una especie de rúnico ritmo,
al palpitar de las campanas;
de las campanas, campanas, campanas,
al sollozo de las campanas.
Guardando el compás, compás, compás,
mientras toca, toca, toca,
en un féliz ritmo rúnico,
al tañido de las campanas:
de las campanas, campanas, campanas,
al doblar de las campanas,
de las campanas, campanas, campanas, campanas,
campanas, campanas, campanas,
al quejido y lamento de las campanas.

viernes, 6 de marzo de 2015

SOBRE LA AUTORIDAD

SOBRE LA AUTORIDAD

En estos últimos días, se ha hablado mucho sobre el respeto a la autoridad, representada esta en la policía nacional, para mí no es relevante que sea contra la policía nacional, es más bien, que ni los civiles, ni los militares se respetan, o como explicar, que la policía ha herido a casi un centenar de indígenas, que reclaman con justicia, el reintegro de sus terrenos ancestrales, entonces quien respeta a quien?

Acaso, nuestros indígenas no son merecedores del respeto y admiración de todos?

POEMAS DE MILTON

Información biográfica

    Nombre: John Milton
    Lugar y fecha nacimiento: Cheapside, Londres (Inglaterra), 9 de diciembre de 1608
    Lugar y fecha defunción: Bunhill, Londres (Inglaterra), 8 de noviembre de 1674 (65 años)
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    El paraíso perdido (fragmento)
      Canta celeste Musa la primera desobediencia del hombre.
      Y el fruto de aquel árbol prohibido cuyo funesto manjar
      Trajo la muerte al mundo y todos nuestros males
      Con la pérdida del Edén, hasta que un Hombre, más grande,
      Reconquistó para nosotros la mansión bienaventurada.
      En la secreta cima del Oreb o del Sinaí tú inspiraste
      A aquel pastor que fue el primero en enseñar a la escogida grey
      Cómo en su principio salieron del caos los cielos y la tierra;
      Y si te place más la colina de Sión o el arroyo de Siloé
      Que se deslizaba rápido junto al oráculo de Dios,
      Allí invocaré tu auxilio en favor de mi osado canto;
      Que no con débil vuelo pretendo remontarme
      Sobre el monte Aonio al empeñarme en un asunto
      Que ni en prosa ni en verso nadie intentó jamás.
      Y tú singularmente ¡Oh Espíritu! que prefieres
      A todos los templos un corazón recto y puro,
      Inspírame tu sabiduría. Tú estabas presente desde el principio
      Y desplegando como una paloma tus poderosas alas
      Cubriste el vasto abismo haciéndolo fecundo,
      Ilumina mi oscuridad; realza y alienta mi bajeza
      Para que desde la altura de este gran propósito
      Pueda glorificar a la Providencia eterna
      Justificando las miras de Dios para con los hombres.
      Di ante todo, ya que ni la celestial esfera
      Ni la profunda extensión del infierno ocultan nada a tu vista,
      Di qué causa movió a nuestros primeros padres,
      Tan favorecidos del cielo en su feliz estado,
      A separarse de su Creador e incurrir en la única prohibición
      Que les impuso siendo señores del mundo todo.
      ¿Quién fue el primero que los incitó a su infame rebelión?
      La infernal Serpiente. Ella con su malicia animada
      Por la envidia y el deseo de venganza
      Engañó a la Madre del género humano.
      Por su orgullo había sido arrojada del cielo
      Con toda su hueste de ángeles rebeldes
      Y con el auxilio de éstos, no bastándole eclipsar
      La gloria de sus próceres, confiaba en igualarse
      Al Altísimo si el Altísimo se le oponía.
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    El paraíso perdido (fragmento)
      ¡Salud, mundo infernal! Y tú, profundo Averno,
      Recibe a tu nuevo señor, cuyo espíritu
      No cambiará nunca, ni con el tiempo, ni en lugar alguno.
      El espíritu vive en sí mismo, y en sí mismo
      Puede hacer un cielo del infierno, o un infierno del cielo.
      ¿Qué importa el lugar donde yo resida,si soy el mismo que era,
      Si lo soy todo, aunque inferior a aquel
      A quien el trueno ha hecho más poderoso?
      Aquí, al menos, seremos libres,
      Pues no ha de haber hecho el Omnipotente este sitio
      Para envidiárnoslo, ni querrá, por lo tanto, expulsarnos de él;
      Aquí podremos reinar con seguridad, y para mí,
      Reinar es ambición digna, aun cuando sea sobre el infierno,
      Porque más vale reinar aquí, que servir en el cielo.
      Pero, ¿dejaremos a nuestros fieles amigos,
      A los partícipes y compañeros de nuestra ruina,
      Yacer anonadados en el lago del olvido?
      ¿No hemos de invitarlos a que compartan con nosotros
      Esta triste mansión, o intentar una vez más,
      Con nuestras fuerzas reunidas, si hay todavía algo que
      Recobrar en el cielo, o más que perder en el infierno?"
    Arriba

    El paraíso perdido (fragmento)
      La potestad suprema le arrojó de cabeza, envuelto en llamas,
      Desde la bóveda etérea, repugnante y ardiendo,
      Cayó en el abismo sin fondo de la perdición,
      Para permanecer allí cargado de cadenas de diamante,
      En el fuego que castiga; él, que había osado desafiar
      Las armas del Todopoderoso, permaneció tendido
      Y revolcándose en el abismo ardiente, junto con su banda infernal,
      Nueve veces el espacio de tiempo que miden el día y la noche
      Entre los mortales, conservando, no obstante, su inmortalidad.
      Su sentencia, sin embargo, le tenía reservado mayor despecho,
      Porque el doble pensamiento de la felicidad perdida y de un dolor perpetuo
      Le atormentaba sin tregua.
      Pasea en torno suyo sus ojos funestos, en que se pintan la consternación
      Y un inmenso dolor, junto a su arraigado orgullo y a su odio inquebrantable.
      De una sola ojeada y atravesando con su mirada un espacio tan lejano
      Como es dado a la penetración de los ángeles, vio aquel lugar triste,
      Devastado y sombrío; aquel antro horrible y cercado que ardía
      Por todos lados como un gran horno.
      Aquellas llamas no despedían luz alguna; pero las tinieblas visibles
      Servían tan solo para descubrir cuadros de horror,
      Regiones de pesares, oscuridad dolorosa, en donde la paz y el reposo
      No pueden habitar jamás, en donde ni siquiera penetra la esperanza.
    Arriba

    El paraíso perdido. Libro segundo (fragmento)
      En un trono de excelsa majestad, muy superior
      En esplendidez a todas las riquezas de Ormuz y de la India,
      Y de las regiones en que el suntuoso Oriente
      Vierte con opulenta mano sobre sus reyes
      Bárbaros perlas y oro, encúmbrase Satán,
      Exaltado por sus méritos a tan impía eminencia;
      Y aunque la desesperación lo ha puesto en dignidad
      Tal como no podía esperar, todavía ambiciona mayor altura;
      Y tenaz en su inútil guerra contra los cielos
      No escarmentado por el desastre,
      Da rienda así a su altiva imaginación:
      "¡Potestades y dominaciones, númenes celestiales!
      Pues no hay abismo que pueda sujetar
      En sus antros vigor tan inmortal como el nuestro,
      Aunque oprimido y postrado
      Ahora no doy por perdido el cielo.
      Después de esta humillación, se levantarán
      Las virtudes celestes más gloriosas y formidables que
      Antes de su caída, y se asegurarán
      Por sí mismas del temor de una segunda catástrofe.
      Aunque la justicia de mi cerebro
      Y las leyes constantes del cielo me designaron
      Desde luego como vuestro caudillo,
      Lo soy también por vuestra libre elección,
      Y por los méritos que haya podido contraer
      En el consejo o en el combate; de modo que nuestra pérdida
      Se ha reparado, en gran parte al menos,
      Dado que me coloca en un trono más seguro,
      No envidiado y cedido con pleno consentimiento.
      En el cielo el que más feliz es por su elevación
      Y su dignidad, puede excitar la envidia
      De un inferior cualquiera; pero aquí,
      ¿Quién ha de envidiar al que, ocupando el lugar más alto,
      Se halla más expuesto, por ser vuestro antemural
      A los tiros del Tonante, y condenado a sufrir
      Lo más duro de estos tormentos interminables?
      Donde no hay ningún bien que disputar,
      No puede alzarse en guerra facción alguna,
      Pues nadie reclamará, seguramente,
      El bienestar del infierno; nadie tiene escasa participación
      En la pena actual, para codiciar por espíritu de ambición,
      Otra más grande. Con esta ventaja, pues,
      Para nuestra unión, esta fe ciega e indisoluble concordia,
      Que no se conocerán mayores en el cielo,
      Venimos ya a reclamar nuestra antigua herencia,
      Más seguros de triunfar que si nos
      Lo asegurase el triunfo mismo.
      Pero cuál sea el medio mejor,
      Si la guerra abierta o la guerra oculta,
      Ahora lo examinaremos; hable quien
      Se sienta capaz de dar consejo."
    Arriba

    El paraíso perdido. Libro tercero (fragmento)
      ¡Salve sagrada luz hija primogénita del cielo
      Ooh destello inmortal del eterno Ser!
      ¿Por qué no he de llamarte así, cuando Dios es luz,
      Y cuando en inaccesible y perpetua luz tiene su morada,
      Y por consiguiente en ti, resplandeciente
      Efluvio de su increada esencia?
      Y si prefieres el nombre de puro raudal de éter,
      ¿Quién dirá cuál es tu origen, dado
      Que fuiste antes que el sol, antes que los cielos,
      Cubriendo a la voz de Dios, como con un manto,
      El mundo que salía de entre las profundas
      Y tenebrosas hondas, arrancado
      Al vacío informe e, inconmensurable?
      Vuelvo ahora a ti nuevamente con más atrevidas alas,
      Dejando el Estigio lago, en cuya negra mansión
      He permanecido sobrado tiempo. Mientras volaba
      Cruzando tenebrosas regiones y no menos
      Sombríos ámbitos, canté el Caos y la eterna Noche
      En tonos desconocidos a la cítara de Orfeo.
      Guiado por una musa celestial, osé descender
      A las profundas tinieblas, y remontarme de nuevo;
      Arduo y penoso empeño. Seguro ya, vuelvo a ti,
      Siendo tu influencia vivificadora; pero tú no iluminas estos ojos
      Que en vano buscan tu penetrante rayo sin descubrir
      Claridad alguna: a tal punto ha consumido
      Sus órbitas invencible mal, o se hallan cubiertas de espeso velo.
      Más alentado por el amor que me inspiran
      Sagrados cantos, recorro sin cesar
      Los sitios frecuentados por las Musas,
      Las claras fuentes los umbríos bosques,
      Las colinas que dora el sol; y a ti sobre todo,
      ¡Oh Sión!, a ti, y a los floridos arroyos
      Que bañan tus santos pies y se deslizan
      Con suave murmullo, me dirijo durante la noche.
      Ni olvido tampoco a aquellos dos,
      Iguales a mi en desgracia (¡así los igualará en gloria!),
      El ciego Tamiris y el ciego Meónides,
      Ni a los antiguos profetas Tiresias y Fineo,
      Deleitándome entonces con los pensamientos
      Que inspiran de suyo armoniosos metros,
      Como el ave vigilante que canta en la oscura sombra,
      Y oculta entre el espeso follaje hace oír sus nocturnos trinos.
      Así con el progreso del año vuelven las estaciones.
    Arriba

    El paraíso perdido. Libro cuarto (fragmento)
      Mientras esto decía, ardían en enrojecido fuego
      Los angélicos escuadrones, y desplegando en circular ala
      Sus falanges, lo rodeaban, apuntándole con sus lanzas;
      Como cuando en los campos de Ceres,
      Maduras para la siega, se mecen
      Las apiñadas espigas, inclinándose a uno y otro lado,
      Según de donde se agita el viento,
      Y el labrador las contempla con inquietud,
      Temiendo que todos aquellos haces
      En que cifra su mayor logro,
      No vengan a convertirse en inútil paja.
      Alarmado Satán en vista de aquella actitud,
      Hizo sobre sí un esfuerzo,
      Y dilató sus miembros hasta adquirir las desmedidas
      Proporciones y fortaleza del Atlas o el Tenerife.
      Toca su cabeza en el firmamento y lleva en su casco
      El Horror por penacho de su cimera;
      Ni carece tampoco de armas,
      Dado que empuña una lanza y un escudo.
      Tremenda lid se hubiera suscitado entonces,
      Que no sólo el Paraíso sino la celeste
      Bóveda hubiera conmovido en torno,
      Y aún, puesto en grave conflicto todos los elementos
      A impulsos de choque tan irresistible,
      Si previendo aquella catástrofe no hubiera el Omnipotente
      Suspendido en el cielo su balanza de oro,
      Que desde entonces vemos brillar entre Astrea y el Escorpión.
      En aquella balanza había pesado Dios todo lo creado;
      La tierra esférica en equilibrio con el aire;
      Y ahora pesa del mismo modo los acontecimientos,
      La suerte de las batallas y de los imperios.
      Puso a la sazón en contrapeso el resultado de la fuga y el del combate,
      Y el segundo subió rápidamente hasta dar en el fiel que lo señalaba;
      Y entonces dijo Gabriel a su Enemigo:
      "Conozco, Satán, tus fuerzas como tú dices conoces las mías:
      Ni unas ni otras nos pertenecen; Dios nos las ha prestado".
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    Paraíso perdido. Libro décimo (fragmento)
      Súpose al punto en el cielo el acto de odio y desesperación
      Consumado por Satán en el Paraíso, y cómo,
      Disfrazado de serpiente había seducido a Eva,
      Y ésta a su marido, para comer el funesto fruto,
      Pues, ¿qué cosa puede ocultarse a la vigilancia
      De Dios que lo ve todo, ni engañar su previsión
      Que a todo alcanza? Sabio y justo el Señor
      En cuanto dispone, no había impedido a Satán
      Que tentase el ánimo del Hombre, a quien dotó
      De suficiente fuerza y entera libertad para descubrir
      Y rechazar las astucias de un enemigo o de un falso amigo.
      Que bien conocían nuestros primeros padres,
      Y no debieron olvidar jamás la suprema prohibición
      De no tocar a aquel fruto, por más que a ello los incitaran,
      Pues por desobedecer este mandato,
      Incurrieron en tal pena (¿qué menor podían esperarla?)
      Y su crimen, por suponer otros varios,
      Bien merecía tan triste suerte.
      Silenciosos y compadecidos del Hombre,
      Se apresuraron a ascender desde el Paraíso
      Al Cielo los ángeles custodios.
      De aquel suceso colegían lo desventurado que iba a ser,
      Y se maravillaban de la sutileza de un enemigo
      Que así les había ocultado sus furtivos pasos.
      Luego que tan funestas nuevas llegaron a las puertas
      Del cielo desde la tierra, contristaron a cuantos las oyeron.
      Pintóse esta vez en los semblantes celestiales
      Cierta sombría tristeza, que mezclada con un sentimiento
      De piedad, no bastaba, sin embargo,
      A turbar su bienaventuranza. Rodearon los eternos moradores
      A los recién llegados en innumerable multitud,
      Para oír y saber todo lo acaecido; y ellos se dirigieron
      Al punto hacia el supremo trono, como responsables
      Del hecho, a fin de alegar justos descargos
      En favor de su extremadavigilancia,
      Que fácilmente podían probar; cuando el Omnipotente
      Y eterno Padre, desde lo interior de su misteriosa nube,
      Y entre truenos hizo así resonar su voz:
      "Ángeles aquí reunidos, y vosotros Potestades
      Que volvéis de vuestra infructuosa misión,
      No os aflijáis ni turbéis por esas novedades de la tierra,
      Que aún con el más sincero celo, no habéis podido precaver
      Ya os predije no ha mucho tiempo lo que acaba de suceder;
      Cuando por primera vez, salido del infierno,
      El Tentador atravesó el abismo.
      Entonces os anuncié que prevalecerían sus intentos;
      Que en breve realizaría su odiosa empresa;
      Que el Hombre sería seducido y se perdería,
      Dando oídos a la lisonja y crédito a la impostura
      Contra su Hacedor. Ninguno de mis decretos ha concurrido
      A la necesidad de su caída; no he comunicado
      El más leve impulso al albedrío de su voluntad,
      Que siempre he dejado libre y puesta en el fiel de su balanza.
      Pero al fin ha caído. ¿Qué resta hacer más que dictar la
      Mortal sentencia que su transgresión merece,
      La muerte a que queda sujeto desde este día?
      Presume que la amenaza será vana e ilusoria, porque no ha
      Sentido ya el golpe inmediatamente como temía;
      Pero en breve verá que el aplazamiento no es perdón,
      Lo cual experimentará hoy mismo.
      No ha de quedar burlada mi justicia
      Como lo ha quedado mi bondad.
      Pero, ¿a quién enviaré por juez?
      ¿A quién sino a ti, Hijo mío,
      Que en mi lugar riges el universo,
      A ti que ejerces, transmitido por mí,
      Todo juicio en los cielos, en la tierra y en los infiernos?
      Con esto se persuadirán de que procuro conciliar
      La misericordia con la justicia al enviarte a ti,
      Amigo del Hombre, mediador suyo,
      Designado para servirle de rescate
      Y ser voluntariamente su Redentor,
      Como estás destinado a convertirte en hombre
      Y a ser juez de su humillación."

miércoles, 4 de marzo de 2015

Avelina Lésper: TURNER PINTA A TURNER.

Avelina Lésper: TURNER PINTA A TURNER.:  “¿Dónde está el barco?” Pregunta irritado un hombre que ve la pintura de Turner titulada Snow Storm –Steam boat off a Harbour’s mouth -. ...