martes, 7 de julio de 2015
lunes, 6 de julio de 2015
TEXTOS DE HENRY DAVID THOREAU
¿INDEPENDENCIA?
Mi vida es más cívica y libre
que cualquier cuerpo político.
Guarda príncipe tus posesiones
y tu poder circunscrito,
no son tan amplios como mis sueños,
ni tan ricos como esta hora.
¿Qué me ofreces que yo no tenga?
¿Qué puedes tomar de lo que tengo?
¿Puedes defender lo que no tiene peligro?
¿Puedes heredar la desnudez?
El oído de los tiempos es sordo a todas la necesidades verdaderas,
los estados estériles no proporcionan ningún alivio con su botín
-pero un alma libre –gracias a Dios-
puede ayudar por sí misma.
Asegúrate de que tu destino
queda aparte de su estado
-no ligado con cualquier banda-
incluso los nobles de la tierra
en campamentos con vestido de oro
no ocuparán en él ningún lugar
porque tiene más señorío que ellos.
Y busca una guerra más noble.
una melodía más hermosa resuena en su trompeta,
un reflejo más brillante irradia su armadura.
La vida a la que aspiro
nadie me la propone-
ningún trato en el comercio público
utiliza su marca.
(Traducción Guillermo Ruiz)
Henry David Thoreau
Ningún ser humano, pasando la edad irracional de la niñez, querrá conscientemente matar a alguna criatura que mantiene su vida de la misma tierra que él.
Henry David Thoreau
Mi vida es más cívica y libre
que cualquier cuerpo político.
Guarda príncipe tus posesiones
y tu poder circunscrito,
no son tan amplios como mis sueños,
ni tan ricos como esta hora.
¿Qué me ofreces que yo no tenga?
¿Qué puedes tomar de lo que tengo?
¿Puedes defender lo que no tiene peligro?
¿Puedes heredar la desnudez?
El oído de los tiempos es sordo a todas la necesidades verdaderas,
los estados estériles no proporcionan ningún alivio con su botín
-pero un alma libre –gracias a Dios-
puede ayudar por sí misma.
Asegúrate de que tu destino
queda aparte de su estado
-no ligado con cualquier banda-
incluso los nobles de la tierra
en campamentos con vestido de oro
no ocuparán en él ningún lugar
porque tiene más señorío que ellos.
Y busca una guerra más noble.
una melodía más hermosa resuena en su trompeta,
un reflejo más brillante irradia su armadura.
La vida a la que aspiro
nadie me la propone-
ningún trato en el comercio público
utiliza su marca.
(Traducción Guillermo Ruiz)
Henry David Thoreau
Ningún ser humano, pasando la edad irracional de la niñez, querrá conscientemente matar a alguna criatura que mantiene su vida de la misma tierra que él.
Henry David Thoreau
“¡Un viajero! Me encanta ese título. Un viajero ha de ser venerado como tal. Su profesión es el mejor símbolo de nuestra vida. Ir de… a…; es la historia de todos nosotros.”
“No importa lo lejos que viajes ni adonde –normalmente, cuanto más lejos, peor- sino lo atento que estés.”
“Esta calma, esta soledad, esta naturaleza agreste, son una especie de eupatorio o consuelda para mi intelecto. Eso es lo que salgo a buscar. Como si encontrara siempre en esos lugares un compañero extraordinario, sereno, inmortal, infinitamente alentador aunque invisible, y paseara con él.”
Diarios, Henry David Thoreau.
Henry David Thoreau
Caminar (fragmento)
" Cuando salgo de casa a caminar sin saber todavía a dónde dirigir mis pasos y sometiéndome a lo que el destino decida en mi nombre, me encuentro por raro y extravagante que pueda parecer, con que, final e inevitablemente, me encamino al sudoeste, hacia un bosque, un prado, un pastizal abandonado o una colina que haya en esa dirección. Mi aguja es lenta en fijarse: oscila unos pocos grados, no siempre señala directamente al sudoeste, es cierto, y tiene criterio propio respecto a esta variación, pero siempre se estabiliza entre el oeste y el sudoeste. El futuro me tiende ese camino, y la tierra parece, por ese lado, más inagotada y generosa. El esquema que perfilarían mis caminatas no sería un círculo, sino una parábola o, mejor, como una de esas órbitas cometarias que se consideran curvas de no retorno, abriéndose en este caso hacia el oeste y en la que mi casa ocuparía el lugar del sol. A veces doy vueltas de un lado para otro, incapaz de decidirme, durante un cuarto de hora, hasta que resuelvo, por milésima vez, caminar hacia el suroeste o el oeste. En dirección a levante sólo voy a la fuerza; pero hacia el oeste camino libremente. Ningún asunto me lleva allí. Me resulta difícil creer que pueda encontrar paisajes bellos o suficiente naturaleza salvaje y libertada tras el horizonte orienta. No me emociona la perspectiva de dirigirme hacia él; en cambio, me parece que el bosque que veo en el occidental se extiende sin interrupción hacia el sol poniente y que no alberga ciudades lo bastante grandes como para molestarme. Dejadme vivir donde quiera; aquí está la ciudad, allá la naturaleza; cada vez abandono más la primera para retirarme al estado salvaje. No haría tanto hincapié en ello si no creyese que algo similar constituye la tendencia predominante entre mis compatriotas. Debo caminar hacia Oregón, no hacia Europa. El país está moviéndose en la misma dirección; no cabría decir que la humanidad progresa de este a oeste. En unos pocos años hemos asistido, en la colonización de Australia, al fenómeno de una emigración hacia el sudeste; pero esto nos parece un movimiento retrógrado y, a juzgar por el carácter moral y físico de la primera generación de australianos, el experimento todavía no ha tenido éxito. Los tártaros orientales piensas que al oeste del Tíbet no hay nada. <>, dicen; <>. Habitan un oriente sin remedio.
Nosotros vamos al este a comprender la historia y a estudiar las obras del arte y de la literatura, rehaciendo los pasos de la raza; al oeste, nos dirigimos como hacia el futuro, con espíritu de iniciativa y aventura. El Atlántico es el río Leteo, al atravesar el cual hemos tenido la oportunidad de olvidar el Viejo Mundo y sus instituciones. Si esta vez no tenemos éxito, quizá haya a la izquierda otra posibilidad para la raza, antes de llegar a las orillas de la Estigio: en el Leteo del Pacífico, que es tres veces más ancho.
Ignoro si resulta muy significativo o hasta qué punto constituye una prueba de singularidad que un individuo coincida en sus paseos más insignificantes con el movimiento general de la raza, pero sé que algo semejante al instinto migratorio de aves y cuadrúpedos —que, como se sabe, en ciertos casos ha afectado a la familia de las ardillas, empujándolas a un desplazamiento generalizado y misterioso, durante el que se las ha visto, dicen cruzar los ríos más anchos, cada una en su rama, con la cola desplegada como una vela, y tender puentes sobre los arroyos más estrechos con los cadáveres de sus compañeras—; que algo así como el furor que ataca al ganado doméstico en primavera, y que se atribuye a un gusano que tienen en el rabo, afecta tanto a las naciones como a los individuos, de forma permanente o de cuando en cuando. No es que grazne sobre nuestra ciudad una bandada de gansos salvajes, pero hasta cierto punto trastorna el valor actual de los bienes inmuebles; y, si yo fuera agente de la propiedad, probablemente tomara en cuenta semejante perturbación.
Cuando muchos más parten en peregrinación
Y viajan buscando costas desconocidas. "
Caminar (fragmento)
" Cuando salgo de casa a caminar sin saber todavía a dónde dirigir mis pasos y sometiéndome a lo que el destino decida en mi nombre, me encuentro por raro y extravagante que pueda parecer, con que, final e inevitablemente, me encamino al sudoeste, hacia un bosque, un prado, un pastizal abandonado o una colina que haya en esa dirección. Mi aguja es lenta en fijarse: oscila unos pocos grados, no siempre señala directamente al sudoeste, es cierto, y tiene criterio propio respecto a esta variación, pero siempre se estabiliza entre el oeste y el sudoeste. El futuro me tiende ese camino, y la tierra parece, por ese lado, más inagotada y generosa. El esquema que perfilarían mis caminatas no sería un círculo, sino una parábola o, mejor, como una de esas órbitas cometarias que se consideran curvas de no retorno, abriéndose en este caso hacia el oeste y en la que mi casa ocuparía el lugar del sol. A veces doy vueltas de un lado para otro, incapaz de decidirme, durante un cuarto de hora, hasta que resuelvo, por milésima vez, caminar hacia el suroeste o el oeste. En dirección a levante sólo voy a la fuerza; pero hacia el oeste camino libremente. Ningún asunto me lleva allí. Me resulta difícil creer que pueda encontrar paisajes bellos o suficiente naturaleza salvaje y libertada tras el horizonte orienta. No me emociona la perspectiva de dirigirme hacia él; en cambio, me parece que el bosque que veo en el occidental se extiende sin interrupción hacia el sol poniente y que no alberga ciudades lo bastante grandes como para molestarme. Dejadme vivir donde quiera; aquí está la ciudad, allá la naturaleza; cada vez abandono más la primera para retirarme al estado salvaje. No haría tanto hincapié en ello si no creyese que algo similar constituye la tendencia predominante entre mis compatriotas. Debo caminar hacia Oregón, no hacia Europa. El país está moviéndose en la misma dirección; no cabría decir que la humanidad progresa de este a oeste. En unos pocos años hemos asistido, en la colonización de Australia, al fenómeno de una emigración hacia el sudeste; pero esto nos parece un movimiento retrógrado y, a juzgar por el carácter moral y físico de la primera generación de australianos, el experimento todavía no ha tenido éxito. Los tártaros orientales piensas que al oeste del Tíbet no hay nada. <
Nosotros vamos al este a comprender la historia y a estudiar las obras del arte y de la literatura, rehaciendo los pasos de la raza; al oeste, nos dirigimos como hacia el futuro, con espíritu de iniciativa y aventura. El Atlántico es el río Leteo, al atravesar el cual hemos tenido la oportunidad de olvidar el Viejo Mundo y sus instituciones. Si esta vez no tenemos éxito, quizá haya a la izquierda otra posibilidad para la raza, antes de llegar a las orillas de la Estigio: en el Leteo del Pacífico, que es tres veces más ancho.
Ignoro si resulta muy significativo o hasta qué punto constituye una prueba de singularidad que un individuo coincida en sus paseos más insignificantes con el movimiento general de la raza, pero sé que algo semejante al instinto migratorio de aves y cuadrúpedos —que, como se sabe, en ciertos casos ha afectado a la familia de las ardillas, empujándolas a un desplazamiento generalizado y misterioso, durante el que se las ha visto, dicen cruzar los ríos más anchos, cada una en su rama, con la cola desplegada como una vela, y tender puentes sobre los arroyos más estrechos con los cadáveres de sus compañeras—; que algo así como el furor que ataca al ganado doméstico en primavera, y que se atribuye a un gusano que tienen en el rabo, afecta tanto a las naciones como a los individuos, de forma permanente o de cuando en cuando. No es que grazne sobre nuestra ciudad una bandada de gansos salvajes, pero hasta cierto punto trastorna el valor actual de los bienes inmuebles; y, si yo fuera agente de la propiedad, probablemente tomara en cuenta semejante perturbación.
Cuando muchos más parten en peregrinación
Y viajan buscando costas desconocidas.
domingo, 5 de julio de 2015
POEMAS DE X -504
Conversación con W. W.
Viejo, no te burles,
que Dios hizo lo que pudo.
Además, el sapo no es la medida de Dios, evidentemente, pues el elefante es un monstruo más grande, con su larga nariz,
y el hombre un monstruo todavía más grande, portador a dos manos de su alto falo,
de cuya punta beben las jirafas del crimen, y quien, no contento con su estatura,
ha levantado estatuas suyas gigantescas sobre altísimos pedestales,
pero entonces se han levantado también estatuas de Dios igualmente altas y arrogantes,
ya que El no quiere ser menos que el hombre.
¿Y has visto en cambio a los sapos u otros animales levantándose a sí mismos monumento alguno o siquiera una tumba?
Sólo tienen estatuas los animales que el hombre ha tomado por compañeros, como el caballo,
y eso porque aparece montado encima de él para hacer más alto su pedestal;
y el perro por la comprensión sexual que hay entre los tres: Dios, perro y hombre.
Y las figuras de águilas y de leones porque el hombre siempre ha aspirado a ser un animal feroz y de rapiña;
eso, claro, lo sabemos,
pero la hormiga no reconocería un monumento a su laboriosidad,
ni la abeja un monumento a la hormiga,
y menos la rana: no la nombres,
la pobre rana que se pasa gritando en las lagunas para decir que está allí,
igual que tú,
y que Dios, que es el que más grita.
Pobrecito Dios; ¡y tú burlándote!
Si creó a los poetas, ¿por qué no podía crear también a la rana?
¿No creó a la tortuga?
¿Y al armadillo que es una tortuga torturada?
¿Es que Dios no creó sino sólo monstruos?
¿Y qué otra cosa podía hacer?
Dices que tu amante no es un monstruo, pero yo le veo diez uñas afiladas,
y un pene como una sanguijuela pegado a ti toda la noche;
no charles, Walt,
tómate esa cerveza sin mojarte la barba,
viejo marrullero,
andando empeloto por las calles de Manhattan delante de los aprendices
durante un sueño que tuviste una noche cuando te acostaste un poco ebrio.
¿Conque la rana es una obra maestra de Dios, no?
¡Entonces yo también!
Y si yo soy una obra maestra de Dios entonces Dios tiene que ser muy pequeño,
un artista muy malo, francamente.
Ruego a Nzamé
"El sapo es una obra maestra de Dios"
Walt Whitman
Walt Whitman
Viejo, no te burles,
que Dios hizo lo que pudo.
Además, el sapo no es la medida de Dios, evidentemente, pues el elefante es un monstruo más grande, con su larga nariz,
y el hombre un monstruo todavía más grande, portador a dos manos de su alto falo,
de cuya punta beben las jirafas del crimen, y quien, no contento con su estatura,
ha levantado estatuas suyas gigantescas sobre altísimos pedestales,
pero entonces se han levantado también estatuas de Dios igualmente altas y arrogantes,
ya que El no quiere ser menos que el hombre.
¿Y has visto en cambio a los sapos u otros animales levantándose a sí mismos monumento alguno o siquiera una tumba?
Sólo tienen estatuas los animales que el hombre ha tomado por compañeros, como el caballo,
y eso porque aparece montado encima de él para hacer más alto su pedestal;
y el perro por la comprensión sexual que hay entre los tres: Dios, perro y hombre.
Y las figuras de águilas y de leones porque el hombre siempre ha aspirado a ser un animal feroz y de rapiña;
eso, claro, lo sabemos,
pero la hormiga no reconocería un monumento a su laboriosidad,
ni la abeja un monumento a la hormiga,
y menos la rana: no la nombres,
la pobre rana que se pasa gritando en las lagunas para decir que está allí,
igual que tú,
y que Dios, que es el que más grita.
Pobrecito Dios; ¡y tú burlándote!
Si creó a los poetas, ¿por qué no podía crear también a la rana?
¿No creó a la tortuga?
¿Y al armadillo que es una tortuga torturada?
¿Es que Dios no creó sino sólo monstruos?
¿Y qué otra cosa podía hacer?
Dices que tu amante no es un monstruo, pero yo le veo diez uñas afiladas,
y un pene como una sanguijuela pegado a ti toda la noche;
no charles, Walt,
tómate esa cerveza sin mojarte la barba,
viejo marrullero,
andando empeloto por las calles de Manhattan delante de los aprendices
durante un sueño que tuviste una noche cuando te acostaste un poco ebrio.
¿Conque la rana es una obra maestra de Dios, no?
¡Entonces yo también!
Y si yo soy una obra maestra de Dios entonces Dios tiene que ser muy pequeño,
un artista muy malo, francamente.
Ruego a Nzamé
Dame una palabra antigua para ir a Angbala,
con mi atado de ideas sobre la cabeza.
Quiero echarlas a ahogar al agua.
con mi atado de ideas sobre la cabeza.
Quiero echarlas a ahogar al agua.
Una palabra que me sirva para volverme negro,
quedarme el día entero debajo de una palma,
y olvidarme de todo a la orilla del agua.
quedarme el día entero debajo de una palma,
y olvidarme de todo a la orilla del agua.
Dame una palabra antigua para volver a Angbala,
la más vieja de todas, la palabra más sabia.
Una que sea tan honda como el pez en el agua.
la más vieja de todas, la palabra más sabia.
Una que sea tan honda como el pez en el agua.
¡Quiero volver a Angbala!
El deseo
Hoy tengo deseo de encontrarte en la calle,
y que nos sentemos en un café a hablar largamente
de las cosas pequeñas de la vida,
a recordar de cuanto tú fuiste soldado,
o de cuando yo era joven y salíamos a recorrer juntos
la ciudad, y en las afueras, sobre la yerba, nos echábamos
a mirar cómo el atardecer nos iba rodeando.
Entonces escuchábamos nuestra sangre cautelosamente
y nos estábamos callados.
Luego emprendíamos el regreso y tú te despedías siempre
en la misma esquina hasta el día siguiente,
con esa despreocupación que uno quisiera tener toda la[vida,
pero que sólo se da en la juventud,
cuando se duerme tranquilo en cualquier parte sin un pan
entre el bolsillo,
y se tienen creencias y confianzas
así en el mundo como en uno mismo.
Y quiero además aún hablarte,
pues tú tienes dieciocho años y podríamos divertirnos esta
noche con cerveza y música,
y después yo seguir viviendo como si nada...
o asistir a la oficina y trabajar diez o doce horas,
mientras la Muerte me espera en el guardarropa para
ponerme mi abrigo negro a la salida,
yo buscando la puerta de emergencia,
la escalera de incendios que conduce al infierno,
todas las salidas custodiadas por desconocidos.
Pero hoy no podré encontrarte porque tú vives en otra ciudad.
Mientras la tarde transcurre
evocaré el muro en cuyo saliente nos sentábamos
a decir las últimas palabras cada noche
o cuando fuimos a un espectáculo de lucha libre y al salir
[comprendí que te amaba,
y en fin, tantas otras cosas que suceden...
y que nos sentemos en un café a hablar largamente
de las cosas pequeñas de la vida,
a recordar de cuanto tú fuiste soldado,
o de cuando yo era joven y salíamos a recorrer juntos
la ciudad, y en las afueras, sobre la yerba, nos echábamos
a mirar cómo el atardecer nos iba rodeando.
Entonces escuchábamos nuestra sangre cautelosamente
y nos estábamos callados.
Luego emprendíamos el regreso y tú te despedías siempre
en la misma esquina hasta el día siguiente,
con esa despreocupación que uno quisiera tener toda la[vida,
pero que sólo se da en la juventud,
cuando se duerme tranquilo en cualquier parte sin un pan
entre el bolsillo,
y se tienen creencias y confianzas
así en el mundo como en uno mismo.
Y quiero además aún hablarte,
pues tú tienes dieciocho años y podríamos divertirnos esta
noche con cerveza y música,
y después yo seguir viviendo como si nada...
o asistir a la oficina y trabajar diez o doce horas,
mientras la Muerte me espera en el guardarropa para
ponerme mi abrigo negro a la salida,
yo buscando la puerta de emergencia,
la escalera de incendios que conduce al infierno,
todas las salidas custodiadas por desconocidos.
Pero hoy no podré encontrarte porque tú vives en otra ciudad.
Mientras la tarde transcurre
evocaré el muro en cuyo saliente nos sentábamos
a decir las últimas palabras cada noche
o cuando fuimos a un espectáculo de lucha libre y al salir
[comprendí que te amaba,
y en fin, tantas otras cosas que suceden...
sábado, 4 de julio de 2015
Poemas de Kapuściński
A LA MUERTE DE UN POETA
Quizá antes de morir
Se acercaba a la estantería
Donde estaban sus libros de poemas
apenas unas briznas de hierba
le atormentaba una cosecha tan nimia
invisible
para una mirada rápida
Pero aquella que dejaron
tras una paciente vida
los vecinos de Spinoza
talladores de diamantes
(La Haya, Ámsterdam)
no es cierto que cabía apenas
en la mano de un niño?
DOS POETAS
Qué bellos poemas escribían
aquellos dos viejos señores
el señor Jaroslaw Iwaszkiewicz
y el señor Adam Wazyk
aún parece que los veo
andando por la calle
el señor Jaroslaw se apoya sobre un bastón
el señor Adam va medio encorvado
los pájaros cantan
en el parque vecino
Desde que estás...
Desde que estás
todo cambia de color
tiene un matiz más:
tú
desde que estás
cambian los sonidos:
están llenos de tu voz
desde que estás
los bosques y los árboles
huelen a ti
desde que estás
toco el mundo
un mundo completo
y único
1994
Escribí piedra
escribí casa
escribí ciudad
rompí la piedra
demolí la casa
destruí la ciudad
sobre el papel huellas de la lucha
entre
la creación y el exterminio
De "Leyes naturales" 2oo6 (Poesía completa - Bartleby Editores 2008)
Versión de Abel A. Murcia Soriano
Un mundo para los verdes (Świat dla zielonych)
Instante (Chwila)
Quizá antes de morir
Se acercaba a la estantería
Donde estaban sus libros de poemas
apenas unas briznas de hierba
le atormentaba una cosecha tan nimia
invisible
para una mirada rápida
Pero aquella que dejaron
tras una paciente vida
los vecinos de Spinoza
talladores de diamantes
(La Haya, Ámsterdam)
no es cierto que cabía apenas
en la mano de un niño?
DOS POETAS
Qué bellos poemas escribían
aquellos dos viejos señores
el señor Jaroslaw Iwaszkiewicz
y el señor Adam Wazyk
aún parece que los veo
andando por la calle
el señor Jaroslaw se apoya sobre un bastón
el señor Adam va medio encorvado
los pájaros cantan
en el parque vecino
Al despedirnos me dio la mano...
Al despedirnos me dio la mano
los dedos eran flácidos como las hojas mustias-
un tórrido día de un cálido verano
me atravesó el frío del otoño
Al despedirnos me dio la mano
los dedos eran flácidos como las hojas mustias-
un tórrido día de un cálido verano
me atravesó el frío del otoño
De "Taccuino D'Appunti 2004 (Poesía completa - Bartleby Editores 2008)
Versión de Abel A. Murcia Soriano
Versión de Abel A. Murcia Soriano
Desde que estás...
Desde que estás
todo cambia de color
tiene un matiz más:
tú
desde que estás
cambian los sonidos:
están llenos de tu voz
desde que estás
los bosques y los árboles
huelen a ti
desde que estás
toco el mundo
un mundo completo
y único
1994
De "Leyes naturales" 2oo6 (Poesía completa - Bartleby Editores 2008)
Versión de Abel A. Murcia Soriano
Versión de Abel A. Murcia Soriano
Escribí piedra...
Escribí piedra
escribí casa
escribí ciudad
rompí la piedra
demolí la casa
destruí la ciudad
sobre el papel huellas de la lucha
entre
la creación y el exterminio
De "Leyes naturales" 2oo6 (Poesía completa - Bartleby Editores 2008)
Versión de Abel A. Murcia Soriano
Me he alejado tanto de mí mismo...
Me he alejado tanto de mí mismo
que ya no sé decir nada
sobre mí
ni lo que siento
cuando me mojo bajo la lluvia
ni cuando me convierto
en una brizna de hierba seca
quemada por el sol
no sé encontrarme
a mí mismo
describir a este personaje
nombrarlo
asegurar
que existe
que ya no sé decir nada
sobre mí
ni lo que siento
cuando me mojo bajo la lluvia
ni cuando me convierto
en una brizna de hierba seca
quemada por el sol
no sé encontrarme
a mí mismo
describir a este personaje
nombrarlo
asegurar
que existe
De "Leyes naturales" 2oo6 (Poesía completa - Bartleby Editores 2008)
Versión de Abel A. Murcia Soriano
Versión de Abel A. Murcia Soriano
Un mundo para los verdes (Świat dla zielonych)
No me gusta el color rojo
-dice un entusiasta de la ecología
sentado en su fiat 126
junto al semáforo rojo de la Avenida de Jerusalén-
es el color de la prohibición:
para no te muevascuando veas una mancha roja en la acera
pasa de largo
si pisas la sangre
tus zapatos serán una prueba: serás cómplicequé distinto es el color verde
el color de la permisión
el color de los prados
de los espacios abiertos:
respira
adelante
vuelanuestro futuro será verde
sólo los que están verdes
no piensan en el miedo
sobre sus cabezas verdes se ponen caperuzas rojas
y ya no temen a los lobos
Conversación con J. (Rozmowa z J.)
Pregunté
si A. se había suicidadono se puede llamar así
respondió
fue una despedidaA. se fue alejando poco a poco
la cosa duró cierto tiempo
primero se le vio cada vez menos
fue desapareciendo
perdiendo el contacto
al principio
uno no se fija en esas cosasun día lo encontré en la calle
aquí
dijo tocándose la cabeza
aquí no tengo nadase fue
encogido
como metido en un sacoa alguien le dijo
que lo que veía
era cada vez más pequeño
que encogía
después se desintegraba
por esa razón
iba perdiendo todo apoyoal final
quedaron sólo
unos puntos repartidos por el espaciogiraron un tiempo
en el aire
como copos de nieve
hasta desaparecerel mundo empezó a rodar
hacia la nadasiguió sus pasos
Muerte (Śmierć)
Está aquí al lado
anda por aquí
no para de dar vueltas
siempre en movimiento
con su propia lista de direccionestiene un corazón fuerte
no se queja del cansancio
no se deprime
no tiene tiempo para la hipocondríaun dechado de saludtiene una vista perfecta
no se puede contar con que no se dé cuenta
tiene una memoria formidable
no hay que esperar que puede que se olvidees aplicada
se concentra
es muy precisa
Instante (Chwila)
Fuiste entrañable
instante fugaz
te señaló una estrella
naciste con la luzfuiste único
pasaste de repente
volvió el vacío
no quedó ni rastro
viernes, 3 de julio de 2015
"Pájaro y pajarero", de Henrik Ibsen
¡Cruel pillete! Con ramaje de mimbrera
tramé el lazo en un instante...;
hasta diez no tuve contado,
cuando un tierno pajarillo
en mis manos prisionero aleteaba...
Y con pérfida alegría,
encerrado en una jaula, a mi cuarto lo conduje,
y gocé aterrorizando a mi cautivo
con miradas furibundas y con jestos de amenaza...
Cuando el juego ya dejó de divertirme,
satisfechas mis feroces crueldades,
a la jaula coloqué sobre la mesa
para abrir con precaución su puertecilla...
¡Con qué májica viveza de sus alas hace uso
aquel pájaro enjaulado a quien se ofrece
libertad y alegre vida!
Raudamente hacia la luz dirije el vuelo,
pero cae tras el choque con los vidrios...
¡Pobre pájaro cautivo; ahora quedas bien vengado!
que es ahora el cazador quien prisionero,
encerrado está en la jaula;
en la jaula donde en vano
poseído de terror se ajita triste...
¡Ay! También una mirada furibunda en él se fija,
tras la reja de su cárcel;
y ese ojo pavoroso le da miedo
y le hace estremecerse de temores y de espanto...
Y si el mísero imajina que la cárcel está abierta,
tras la dulce libertad se precipita,
mas, sus alas
lo conducen a estrellarse con los vidrios...
tramé el lazo en un instante...;
hasta diez no tuve contado,
cuando un tierno pajarillo
en mis manos prisionero aleteaba...
Y con pérfida alegría,
encerrado en una jaula, a mi cuarto lo conduje,
y gocé aterrorizando a mi cautivo
con miradas furibundas y con jestos de amenaza...
Cuando el juego ya dejó de divertirme,
satisfechas mis feroces crueldades,
a la jaula coloqué sobre la mesa
para abrir con precaución su puertecilla...
¡Con qué májica viveza de sus alas hace uso
aquel pájaro enjaulado a quien se ofrece
libertad y alegre vida!
Raudamente hacia la luz dirije el vuelo,
pero cae tras el choque con los vidrios...
¡Pobre pájaro cautivo; ahora quedas bien vengado!
que es ahora el cazador quien prisionero,
encerrado está en la jaula;
en la jaula donde en vano
poseído de terror se ajita triste...
¡Ay! También una mirada furibunda en él se fija,
tras la reja de su cárcel;
y ese ojo pavoroso le da miedo
y le hace estremecerse de temores y de espanto...
Y si el mísero imajina que la cárcel está abierta,
tras la dulce libertad se precipita,
mas, sus alas
lo conducen a estrellarse con los vidrios...
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