miércoles, 6 de enero de 2016

POEMAS DE JUAN SÁNCHEZ PELÁEZ


                                                     (Venezuela, 1922- 2003)





FILIACION OSCURA


No es el acto secular de extraer candela frotando una piedra.
No.
Para comenzar una historia verídica es necesario atraer en sucesiva ordenación de
      ideas las 7 ánimas, el purgatorio y el infierno.

Después, el añelo humano corre el señalado albur.
Después, uno sabe lo que ha de venir o lo ignora.
Después, si la historia es triste acaece la nostalgia. Hablamos del cine mudo.
No hay antes ni después; ni acto secular ni historia verídica.
Una piedra con un nombre o ninguno. Eso es todo.

Uno sabe lo que sigue. Si finge, es sereno. Si duda, caviloso.
En la mayoría de los casos, uno no sabe nada.

Hay vivos que deletrean, hay vivos que hablan tuteándose,
                         y hay muertos que nos tutean, pero uno no sabe nada; l
En la mayoría de los casos, uno no sabe nada.





Otra vez otro instante



- I -


Por
desvarío entre mis sílabas
La noche me guía.

Por mi vigilia en la boca
El oro de vicios amuletos.

A gatas, de espaldas a una presa invisible,
El taciturno de hinojos en un abrazo hipotético.


- II -


Esta promesa hecha al azar y enfática: la línea del
corazón no merma la unidad.

El rayo de sangre no es fisura íntima, esquiva a los
jeroglíficos que teje la memoria.


- III -


En el paraje del fruto vano y el acíbar
Haga esto
Aquello
No atisbe al vecino
Cállese
No vaya por los azulejos
En los balcones no mire el sol
Y la lluvia
Cae lenta
Y me cubre con las dos manos el rostro.


- IV -


a Mateo Manaure 


Sin la inhibición de paisajes nuevos,
en el augur el asentado en las cimas,
con diez luciérnagas como una mano,
en el gran día enfático, suelo que arraiga con altísimas flautas.


- V -


Cielo sin recorrido, tierra áspera, voz infusa, dilatoria,
Pueblo taciturno que aviva su fuego entre mis cejas,
madre de noche sanguínea,

En lo inamovible
Sobre dudas y certezas,
Franqueo la línea de mi desarrollo.

De salir y atravesar la ciudad
La perplejidad de las cosas en vigilia

A domeñar excesos, a impulso virginal en el polvo de origen
De salir y atravesar la ciudad
De subir y descender el muro
Sigue el tinte humano
A ras de estuerzo
Por dual unidad
La pupila con creces bajo misterio sin nombre.

En disertas endechas para evadirme sin sospechoso
acorde y arco
Hasta el sonido frío.


- VI -


El tiempo ceñudo y frío y no otro. El tiempo en carroza
fúnebre y sin ver mis girasoles.

Pongo la mano en el grito del árbol. Entrego al hambre
de crecer una herida abierta o una estrella.

El peso único de esa noche cae del fruto. Mientras con
señas fijas una vez ausentes, la piel de fósforo que hay
en mis nudillos discurre en las bahías.


- VII -


Hago estado de ser hago estado de nacer

La rosa trágica del muslo suelta al cautivo

El pillaje de formas salva ese espacio abierto

El habla tuya y mía en altísimos muros, en anchas
márgenes de reflexión.

Desapareces y advienes, imagen mía en el vidrio, susurro
alternativo y constante.

El verdor en lontananza: gusanos de seda, orugas, cerco
de umbelas.

El sol que recibe de frente la gran noche.

El íngrimo resbala lleno de mí, a estribillos de sangre
y música tenaz.


- VIII -


Híspido, pero con mil alambres; ¡qué tensión en la pólvora!
Mi altura de ceño y sello.
Mi cigarra en el crepúsculo, mi picaflor en los visillos.
Mi áspid en el tatuaje.
Mi desvelo en la casa de nadie.

IX


Soplo el grano, paso el dedo en la llama. Me envanece la
palabra que hallo, que busco en vilo, riberas arriba o
abajo, absorto, pleno (de mí, del rumor), ahíto y solo.


- X -


Yo voy por mi laúd, descalzo
El poeta se ausenta en el árbol de mi mudez.
Recoge a la zaga, en confines, mis fetiches vacíos.
La ciega de amor en su cima no ve mis girasoles.
Miseria en mis viajes por tan exiguo equipaje.
El ímpetu, la evidencia abrupta de mi ausencia.
Por el náufrago ruega mi bella de brazos cruzados.


- XI -


Y todas las chimeneas nostálgicas
Y todo el pajarillo de existir
Y todo el verde ribazo marítimo
(En las bahías el zumbido de una flor)
Y todo cómplice
Preciso
Creciente
Y uno exclama
Y se envanece
Al margen
De rodillas en el país.


- XII -


La memoria es una copa frágil, te han dicho, y
avizorabas (con todo lo que nutre el olvido) tu sombra
En el parloteo fugaz.


- XIII -


Oídme:
Qué barbaridad la de palmotear el caballo flaco.
Inquiere lo imprevisto, se demuda y oye caer granizo.
Apto en su abandono, estría de ceniza.
Atisba, hiende la rugosidad o el polvo.
Parte con pájaros y soles minúsculos
Hasta el camino recto.


- XIV -


A caza de un hilo fijo para sostener la tiniebla.
A causa de mi guardián bajo llave que suscita el libre albedrío.
Al margen de mi imagen.
Al margen de vuestros soles.
En la queja comunicable a tientas de no ser lastimados.
Al acecho de no ser en trunco día la perdida revelación.
En el amor irreductible a mi puño, el amor con aureola
de perfil y sibilino en mi sien,
En la siesta de la serpiente y el locuaz,
La gran araña del viento en mi pecho, la helada flor en
mis umbrales.

PROFUNDIDAD DEL AMOR


Las cartas de amor que escribí en mi infancia eran memorias
de un futuro paraíso perdido. El rumbo incierto de mi
esperanza estaba signado en las colinas musicales de mi
país natal. Lo que yo perseguía era la corza frágil, el lebrel
efímero, la belleza de la piedra que se convierte en ángel.

Ya no desfallezco ante el mar ahogado de los besos.
Al encuentro de las ciudades:
Por guía los tobillos de una imaginada arquitectura
Por alimento la furia del hijo pródigo
Por antepasados, los parques que sueñan en la nieve, los
árboles que incitan a la más grande melancolía, las puertas
de oxígeno que estremece la bruma cálida del sur, la mujer
fatal cuya espalda se inclina dulcemente en las riberas
sombrías.

Yo amo la perla mágica que es esconde en los ojos de los
silenciosos, el puñal amargo de los taciturnos.
Mi corazón se hizo barca de la noche y custodia de los
oprimidos.
Mi frente es la arcilla trágica, el cirio mortal de los caídos,
la campana de las tardes de otoño, el velamen dirigido hacia
el puerto menos venturoso
o al más desposeído por las ráfagas de la tormenta.
Yo me veo cara al sol, frente a las bahías mediterráneas, voz
que fluye de un césped de pájaros.

Mis cartas de amor no eran cartas de amor sino vísceras de
soledad.

Mis cartas de amor fueron secuestradas por los halcones
ultramarinos que atraviesan los espejos de la infancia.

Mis cartas de amor son ofrendas de un paraíso
de cortesanas.

¿Qué pasará más tarde, por no decir mañana? murmura el
viejo decrépito. Quizás la muerte silbe, ante sus ojos
encantados, la más bella balada de amor.

RETRATO DE LA BELLA DESCONOCIDA


En todos los sitios, en todas las playas, estaré esperándote.
Vendrás eternamente altiva
Vendrás lo sé, sin nostalgia, sin el feroz desencanto de los
años
Vendrá el eclipse, la noche polar
Vendrás, te inclinas sobre mis cenizas, sobre las cenizas del
tiempo perdido.
En todos los sitios, en todas las playas, eres la reina del
universo.

¿Qué seré en el porvenir? Serás rico dice la noche irreal.
Bajo esa órbita de fuego caen las rosas manchadas del
placer.
Sé que vendrás aunque no existas.
El porvenir: lobo helado con su corpiño de doncella
marítima.
Me empeño en descifrar este enigma de la infancia.
Mis amigos salen del oscuro firmamento
Mis amigos recluidos en una antigua prisión me hablan
Quiero en vano el corcel del mar, el girasol de tu risa
El demonio me visita en esta madriguera, mis amigos son
puros e inermes.

Puedo detenerme como un fantasma, solicitar de mis
antepasados que vengan en mi ayuda.

Pregunto: ¿Qué será de ti?
Trabajaré bajo el látigo del oro.
Ocultaré la imagen de la noche polar.

¿Por qué no llegas, fábula insomne?

POSESIÓN


El mundo pesa inicuo y solemne en mis raíces.
Acepto tus manos, tu dicha, mi delirio.
Si vuelves tú, si sueñas, tu imagen en la noche
me reconocerá.
Mi sangre de magia fluye hacia ti, bajo la
profecía del alba.

DIÁLOGO Y RECUERDO


Encumbrado a ti,

¿El relámpago de mi respiración?
¿El vuelo marítimo de un cisne o un zamuro?

¿Qué signo mío Te iba a despertar?

¿Los buscadores de oro?
¿La campana salobre mecida por el huracán?

Dejadme la pureza del estío y el canto del manantial
sobre los pinos en una hora alta
de paz y alegría.

Huérfano, y sin trompeta, y la mujer que abre su entrecejo
y es una potestad engañosa y el día que es una nube
efímera, y tú que vienes en el Fasto, Es lo natural,
Simplemente reposas o desvarías.

Desde el instante mío:
El que tañe en la raíz del húmedo fósforo
El de pulposo corazón, El que dilapida con
Ojos de ironía la escritura visible,

El de la parodia chirle, El de batir las
palmas, El supliciado, El que huye y tropieza
Con la máscara y el atavío,
El que amaina en la médula,
En algún lugar del camino, con ese regusto anticipado
del pueblo en que ibas a poner pie,

En la ruta, a remolque. Nulo. A
Tiro de fusil.



Extraño es en torno nuestro
el manantial que nos lleva

extrañas las uvas rojas
que todavía morderemos

raros
los vastos momentos en abril
donde puedan coincidir
tu rumbo y el mío
a la orilla de árboles frondosos
y países que nos son queridos

el vigilante de los crudos inviernos
nos acecha
e ignoramos el peso de nuestros brazos
si podrán ser útiles o no
si el tiempo será fresco o caluroso en abril
o si el granado en flor nos sostendrá serenos en la inquietud.




DOCE VIGILIAS


Doce vigilias
nombramos en silencio:
son nuestras amigas o hermanas

ellas cumplen una promesa:
son nuestras amigas del mañana,
son nuestras hermanas al despedirnos

a ninguna hora pertenecen:
a las tres horas de lo infinito
el universo es de todos y de nadie

en doradas verbenas
escucharemos ritmos alegres
si madura el sol de nuestra sangre;

váyanse niñas, oyéndose a sí mismas, atribuladas
o no sobre nuestros hombros
las vigilias sin hacernos daño.



A VECES LAS MONTAÑAS


A veces las montañas
se esconden
y un caballo aparece intacto
bajo innumerables estrellas
en su lomo de rocío,

ahí es llama inmóvil
y sin jinete que lo guíe
sus flancos son faroles,

—respira, respira
ahuyenta el miedo,

—anda quieto: largo límpido
en el horizonte de la llanura,

—vuela y nos abandona:
hace una pausa de leguas y leguas,
vuelto una ofrenda de huesos fieles y cordilleras,

por eso
bebe del seno húmedo de la tierra entera;

el surco que tiene
es nuestro ombligo,
su batalla: el aire de intensas vibraciones,
en escasez o abundancia
somos el largo camino
y la vida breve,

mientras un caballo
entre nosotros y el resplandor

reclina todo su cuerpo sobre piedras tibias.

martes, 5 de enero de 2016

POEMAS DE MARÍA ENRIQUETA CAMARILLO


camarillo
(México, 1875- 1968)


Dos casas

-¿Se puede?- dijo mi amiga.
-¡Entra!- exclamé sonriendo-;
mi jardinillo y mi casa
para ti están abiertos…
Y es verdad, que cuando cruza
por la vereda del huerto,
inquieta, cual pajarillo
que pasa dando aleteos,
aunque deshoje las rosas
con su vestido ligero,
y aunque pise las violetas
y desgaje algún almendro,
jamás el mastín le ladra
ni la riñe el jardinero.
-Es raro que hoy me preguntes
si puedes pasar- agrego.
-Porque soy tan indiscreta
te extraña, ¿verdad?… por eso.
Y una sonrisilla suave
oculta con el pañuelo…
Mas así, indiscreta y todo,
la verdad es que la quiero.
Curiosilla encantadora
que alas tienes y gorjeos:
como el azul chupamirto
nebe miel y caza insectos,
vienes tú a probar mis vinos
y a sorprender mis secretos.
¡Entra, pues! tomas las llaves
de los armarios de cedro,
abre los cajones, busca,
escudriña dentro de ellos…
Ven al salón: esas flores
que miras en los floreros,
cortadas son por mis manos
de los arbustos del huerto;
mi balcón sólo se abre
para dar entrada al viento.
Mira bien la chimenea:
rastro ninguno hay de fuego…
Aquí están todas las cartas
que me ha traído el cartero.
…¿Qué hago en las tardes? Escribo;
aquí están todos mis versos.
¿Qué hago en las noches? Trabajo,
dibujo, descanso, leo…
¿Mis libros? Ya los conoces,
mas…, otra vez puedes verlos:
no hallarás entre sus páginas
ningún disecado pétalo…
Aquella puerta escondida
del tapiz entre el rameo,
¿adónde da? Ya lo sabes,
se abre hacia el costurero.
Y agrega:  -En ese pasillo
¡cómo ha de silbar el viento!…
Y mira los tragaluces
y le parece alto el techo…
-En las noches, ¿no te asalta
algunas veces el miedo?
-No hay por qué -yo le respondo-,
en el jardín cuida el perro.
…¿Siempre con el mismo gusto
mis manjares saboreo?
¿Hay siempre en mis labios risa?
¿Hay siempre en mis ojos sueño?
-Sí – le repito-, y la noche
es para dormir, y duermo.
…Y mira el cojín de raso
y el diván de terciopelo,
y el piano y la romanza,
y en la mesa el libro abierto,
la taza de té, humeante,
los pastelillos, los versos,
una labor comenzada,
las flores en el florero…
Entonces, ya convencida
de que no hay ningún misterio,
de que canto, de que río,
de que bordo, escribo y leo,
mi amiga, tranquilizada,
satisfecha, ante el espejo
se pone sus guantes de perla,
sus collares, su sombrero,
me estrecha, alegre, la mano,
baja la escalera, presto,
y con su roja sombrilla
-que es un girasol abierto-,
huye por el jardinillo
deshojando los almendros…

¡Ah, mariposa dorada!
no profanarán tus vuelos
las veredas misteriosas
que hay en el callado huerto
de esa otra casa que llamo
casa de mi pensamiento.
En esa mansión oculta,
en la que sólo yo entro,
no resonarán tus pasos…
La luz de tus ojos negros
no ha de rasgar la tiniebla
de sus grandes aposentos…
No medirás las alturas
de sus muros y techos,
no abrirás allí cajones,
no sorprenderás secretos:
no deshojarás las rosas
de los callados senderos…
Amiga: en aquella casa
donde es un dios el silencio,
no has de visitarme nunca,
porque en ella no te espero.
Mas no lo sospechas… vuelve,
vuelve aquí a buscarme presto.
Vendrás a abrir los cajones,
y a escudriñar dentro de ellos;
responderé a tus preguntas,
te tocaré algún scherzo,
sacaré de la despensa,
para brindar, vino añejo…
Yo sé que vendrás en vano,
y estoy tranquila por eso.
¡Vuelve a visitarme, vuelve
que tus pesquisas no temo!
…Hoy, mientras en esta casa
te recibí, sonriendo,
en la otra, en la de arriba,
estaba velando a un muerto…

FIELES AMIGAS



¡Buen tiempo hacía!
que no os veía!...
¡Cuánto mis ojos
os extrañaban!
Tarde por tarde
os esperaba....

¡Ya estáis aquí
junto de mi alma!...
¡Venid a mí,
amigas mías,
queridas lágrimas!...




LUZ Y SOMBRA



Al teñirse de arrebol
la esfumada lejanía,
dicen todos;__"Nace el sol.
¡Es de día!"

Cierra el sol su rojo broche,
y al tender la sombra el manto,
sube al cielo, como un canto,
este grito,__"¡Es de noche!"

Mas no están siempre en razón
los que al ver el infinito,
lanzan en coro ese grito.
Yo, para saber lo cierto,
vuelvo mi vista a un balcón;
si está ese balcón abierto
y alzada la celosía,
digo al instante:__¡Es de dia!"
Mas si le miro cerrado
como flor que aprieta el broche,
mi corazón, desolado,
clama en voz baja,__"'Ea de noche!"...




Al mar



Mientras tu canto resuena,
yo pienso en la patria mía...
Por sólo enterrar mi pena
en tus orillas de arena,
vine de mi serranía.

Vine por dejar mis males
en tus hondos arenales...
Mas, a tu abierto horizonte,
prefiero mi oscuro monte,
y a tus algas, mis rosales...

No cambio mis negras frondas
por tus aguas de colores;
mas vine a oír sus rumores,
porque dicen que tus ondas
curan los males de amores...



Así dijo el agua



En tanto que caía mansamente,
díjome el chorro en el pilón derruido:
«Del jardín de tu dueño aquí he venido;
hoy canté mis canciones en su fuente.

El rumor celestial de mi corriente
cosas tan dulces murmuró en su oído,
que el dueño de tu amor, agradecido,
ha puesto en mí sus labios reverente...»

Dijo así en el pilón. El sol ardía,
eran de fuego sus fulgores rojos...
Y yo que en fiera sed me consumía,

al tazón me incliné y bebí, de hinojos,
ese beso que él puso en la onda fría,
y que nunca pondrá sobre mis ojos...



A una sombra


Sólo te vi un instante ...
Ibas como los pájaros:
sin detener el vuelo,
sin mirar hacia abajo...
Cuando quise apresarte
en la red de mis manos,
sólo llevaba el viento
un perfume de nardo,
y ya lejos, dos alas,
borrábanse en ocaso...
¡Oh, visión que brillaste
como fugaz relámpago!
¡Oh, visión peregrina
que, cual ave de paso,
cruzaste por el cielo
de mis soñares vagos!
Tras de ti, cual mariposas,
mis anhelos volaron,
y aun no tornan del viaje
que soy fiel y te amo.
Te amo con la locura
porque en tu vuelo rápido,
no viste que se alzaban
hacia ti mis dos manos...
Porque ante mí pasaste
como sueño fantástico,
porque ya te extinguiste
como los fuegos fatuos.
¡Oh, aparición divina,
bella porque has volado!
¡No retornes del viaje!
Yo, con pasión te amo,
porque fuiste en el cielo
de mis soñares vagos,
solamente dos alas
y un perfume de nardo...



Renunciación


Sacó la red el pescador, henchida,
y en tanto que, feliz, del mar se aleja,
en voz más dulce que la miel de abeja
el Señor a seguirle le convida.

-Quien por buscarme, su heredad olvida,
será en mi hatillo preferida oveja-,
dice, y el pescador las redes deja
y vase tras Jesús con alma y vida.

Yo que ni redes ni heredades tengo,
que no sé de riquezas ni de honores,
que ignoro los orgullos de abolengo,

yo dejo, por seguirte, mis amores...
Eran mi bien, Señor... A ti ya vengo
más pobre que los fieles pescadores...



Vana invitación


-Hallarás en el bosque mansa fuente
que al apagar tu sed, copie tu frente.

Dijo, y le respondí: -No tengo antojos
de ver más fuente que tus dulces ojos;
sacian ellos mi sed; son un espejo
donde recojo luz y el alma dejo...

-Escucharás, entonces, los latidos
del gran bosque en los troncos retorcidos;
o el rumor de la brisa vagorosa
que huye y vuela cual tarda mariposa...

-Bástame oír tu voz; tiene su acento
gritos de mar y susurrar de viento.

-Hay allí flores, como el sol, doradas,
y otras níveas cual puras alboradas.

-En tu mejilla rosa está el poniente,
y la blanca alborada está en tu frente.

-Hay allí noches profundas y tranquilas...
-Esas noches están en tus pupilas.

-Hay sombra en la maleza enmarañada...
-Hay sombra en tu cabeza alborotada...

-Lo que se siente ¡allí, no lo has sentido.
-A tu lado el amor he presentido.

-¡Ven! Ese bosque misterioso y quieto
va a decirte al oído su secreto...

-¡Es en vano el afán con que me llamas!
¡Si tú ya me dijiste que me amas!...

-Hay un árbol inmenso, majestuoso,
de altísimo follaje rumoroso;

en él, como serpiente, está enredada
una gigante yedra enamorada...

-Tú eres ese árbol majestuoso y fuerte:
¡deja que en ti me apoye hasta la muerte!



Abre el libro


Abre el libro en la página que reza:
'Donde se ve que Amor sólo es tristeza',
y con tu voz de oro
que tiene sortilegios peregrinos,
¡ahuyenta, como pájaro canoro,
la sombra de esa frase, con tus trinos!...
Porque es tu voz tan dulce y lisonjera,
que si dices que Amor tiene dolores,
el dolor se resuelve en primavera,
y todas sus espinas echan flores...
¡Deja escapar tu voz, oh, dueño mío!,
y haz de esa frase triste sólo un canto:
tú puedes, con las lágrimas y el llanto,
hacer notas y perlas de rocío.
Es tu voz el crisol en que se funde
la invencible tristeza;
tan pronto como empieza
su acento a levantarse, luz de aurora
en el viento sus ráfagas difunde,
y en los abismos el dolor se hunde...
¡Es tu palabra eterna triunfadora!
Abre ya el tomo, y con tu voz suave,
destruye ese sofisma peregrino.
Seremos, mientras hablas, tú, cual ave,
y yo, como viajero absorto y grave
¡que se para a escucharte en el camino!...



Lejos


¡Lejos!... Ya no me miras ni te miro...
Tal se alejan las hojas en su giro
llevadas por los vientos inclementes...
Mas no se apartan los que están ausentes:
puede unir la luna con sus reflejos
a todos los que aman desde lejos.
Yo te amaré por siempre con el mismo
afán; y tú también, en tu lirismo,
evocarás mi imagen desde aquellas
regiones. Así se aman las estrellas,
y así las mariposas en su anhelo,
sueñan subir para llegar al cielo...
¡Feliz quien lo anhela nunca alcanza!
ese podrá vivir con su esperanza.

...No oiré tu voz desde esta lejanía,
ni tú tampoco escucharás la mia.
No todos los amores
tienen, como la mar, dulces rumores:
hay amores que viven ignorados,
hay amores callados...
¡Oh! ¡Salve a quien enlaza con ternura
lo que vive en silencio o que murmura;
al que lleva hacia el sol las golondrinas,
al que junta la hiedra con las ruinas!
¡Oh, tierno amor que en nuestro pecho existe
con toda la dulzura de lo triste!
¡Él ha de recoger tus juramentos
cuando lleve hacia ti mis pensamientos!

...Los que ven, dos a dos, cruzar las aves
por los abiertos horizontes suaves,
no han visto en su abandono y sus congojas
al ave entre los árboles sin hojas...
Yo estaré así, cual ave entristecida
que va, sola, cruzando por la vida.
Y allá... tu corazón, viudo y sombrío,
que llora eternamente por el mio,
vivirá, del amor en el santuario,
cual monje escondido y solitario...


El Relato del Romero


-Era tan linda la estrella
que vi -dijo el peregrino-
que absorto caí de hinojos
en medio de aquel camino...

Y le respondí: -Los ojos de ella,
tienen reflejo más fino
que el de la más fina estrella.

-Vi también -dijo el viajero-
cómo el viento iba alfombrando
con azahar el sendero;
al ir la flor revolando
iba en el aire dejando
perfumes y transparencia...

-Ella -interrumpí al viajero-
tiene más fragante esencia
que la flor del limonero.
Me mira por un instante
con asombro el caminante,
y luego dice: La brisa
que jugaba en rededor,
poniendo en blando temblor...

-Así, así es su sonrisa.
-La nieve del ventisquero-
sigue contando el romero-,
la nieve que allá en la altura...
-Así, así es su blancura.
-Mas ¡basta ya de mentir!-
exclama con arrebato
el peregrino al oír
que interrumpo su relato-.
¡Basta! ¡Que no puede haber
ninguna diosa o mujer
más hermosa que una estrella!
Y yo, entre la luz suavísima
que mi lámpara destella:
-¡Ella sí!- clamé -. ¡Sólo ella!...
Y señalé a la Purísima.


 Abre el libro

Abre el libro en la página que reza: 
'Donde se ve que Amor sólo es tristeza’, 
y con tu voz de oro 
que tiene sortilegios peregrinos, 
¡ahuyenta, como pájaro canoro, 
la sombra de esa frase, con tus trinos!... 
Porque es tu voz tan dulce y lisonjera, 
que si dices que Amor tiene dolores, 
el dolor se resuelve en primavera, 
y todas sus espinas echan flores... 
¡Deja escapar tu voz, oh, dueño mío!, 
y haz de esa frase triste sólo un canto: 
tú puedes, con las lágrimas y el llanto, 
hacer notas y perlas de rocío. 
Es tu voz el crisol en que se funde 
la invencible tristeza; 
tan pronto como empieza 
su acento a levantarse, luz de aurora 
en el viento sus ráfagas difunde, 
y en los abismos el dolor se hunde... 
¡Es tu palabra eterna triunfadora! 
Abre ya el tomo, y con tu voz suave, 
destruye ese sofisma peregrino. 
Seremos, mientras hablas, tú, cual ave, 
y yo, como viajero absorto y grave 
¡que se para a escucharte en el camino!...