jueves, 3 de agosto de 2017

POEMAS DE THOMAS KINSELLA

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(4 de mayo de 1928, Inchicore, Irlanda)

Wyncote, Pensilvania: Glosa


Un sinsonte, posado en una rama
tras la ventana donde escribo,
engulle un fresco brote carmesí,
se sacude unas pocas gotas
lustrosas de su ala, y sale
al encuentro del cielo anubarrado.

Otra tormenta que se acerca.
Bajo esa luz de cobre
mis papeles parecen luminosos.
Y yo debo ponerlos desde ahora
bajo un cuidado aún más atento.


Confines de la tierra

Olí el extraño Atlántico
Finistère....
                      Finisterre....

La superficie del mar se oscureció. La tierra a mis espaldas,
y  todas sus células y cistas, se oscurecieron.
Desde una roca pelada sobre la cúspide del mojón de piedras
espié el horizonte hacia el noroeste
y sentí esa minúscula imperfección nuevamente.
Donde el último rayo hundido se retiraba.
Un punto de luz.

Un gusano de lo posible
meneándose desde la espina dorsal
deslizándose hacia el cerebro.

Vacilamos ante ese mar más ancho
pero nuestras cabezas cantaron con propósito
y paz predadora.

¿ De quién era ésta sangre excitada que
busca torpemente nuestros movimientos?
 ¿ De quién este hambre fantasmal
que atraviesa los túneles de nuestros pensamientos llenos de pasajes
que huelen a muerte y arcilla  y  débiles metales
y grandes piedras en la oscuridad?

A  corta distancia en  la bahía
el fuerte oleaje nos tomó  a su merced,
grises, agitadas pendientes de agua
deslizándose  debajo nuestro, desmoronándose,
arrastrándose  hacia adelante, gigantescas.

Empujados mar adentro durante un día y una noche
nos sostuvimos con firmeza, entumecidos por la constante 
fuerza del viento oceánico.
Nos acercamos el uno al otro, como si fuéramos uno,
y nos volvimos hacia adentro, el caos salino
rodando en silencio a nuestro alrededor,
y escuchamos a nuestras propias bocas
mascullando en el ardor provocado
por las pequeñas gotas de agua marina:

Viento maléfico estate quieto
dulce madre 
sobre las salvajes aguas 
derrama paz


la que nos dio nuestro descontento
la que encontramos y desencontramos
en cuya sombra anhelante 
erigimos nuestros  soportes
y nos asentamos satisfechos
y construimos y estamos todavía
insatisfechos, cuya mirada desorbitada
y  sagrado aullido  hemos raspado
mudos sobre  placas de piedra
remolinos de agua abriéndose sobre
remolinos de aguas que se cierran
y bailes taladrados en la piedra
en espiral ángulo y rulo
ondas de río  rampa de  tierra
círculo del sol  curva de la luna...
en cuyo generoso favor alimentamos nuestro hambre
desenraizados y llegamos
en el infierno de la ballena
                                 garganta de vendaval
hoyo de sal
                            oscuridad en ningún lado
reina de la  calma
                          derrama paz
La pesadilla concluyó finalmente.
En la mañana, bajo una brisa soleada,
cabos desnudos se elevaron frescos desde las olas.
Penetramos una bahía profunda, abierta
a todas la corrientes del océano.
Estábamos meas allá de lo que nadie había estado 
y mareados por el agotamiento y el alivio
-- tres veces calculamos equivocadamente y casi fuimos empujados
sobre la misma roca.

                                    ( Yo había sentido todo esto  antes)
Timoneamos a lo largo de una pared de piedra
y penetramos un  tranquilo corredor de roca en el que resonaban
los ecos de las olas y nuestras voces bajas.
Yo me paré en la proa. Nos acercamos cuidadosamente a una pendiente de                                   
                                                                                                              /piedra.

Me sujeté. "Padre nuestro..." alguien dijo
y hubo pequeñas risas. Estuve parado
buscando  por un momento las palabras correctas.
Ellos se callaron. Elegí una vez más las viejas palabras
y descendí del barco. Al recibir el impacto sólido
un poder soñador se soltó en la base de mi espina dorsal
y se desenredó  deslizándose hacia arriba a través de mi médula.
El agua marina fluyó sobre la roca, retirándose
con un siseo femenino, tirando de mi talón.
Mi lengua se trabó.

¿ Quién
          es un aliento
que hace el viento
que hace la ola
que hace ésta voz?

¿ Quién
      es el toro de las siete cicatrices
el halcón sobre el acantilado
el salmón hundido en el charco de agua
el charco hundido en su tierra
la furia del animal
la fibra de la flor
una lagrima de el sol?

¿Quién
   es la palabra que pronunciada
   libera la lanza
         y derrama el terror
 enciende la chispa
         y se  quema en el cerebro?

Cuando  los hombres se reúnen en la colina
mudos como   piedras en la oscuridad 
                 (la embarcación golpeaba detrás mío)
¿Quién es el hombre de toda luz?
¿ Quién se dirige de lleno hacia
las interesantes condiciones de la luna?
¿Quién toquetea el hoyo hundido del sol?:
   ( Yo fui hacia adelante, extendiendo la mano)

-Versión Merceditas Lennon, Esteban Moore-


Lágrima


Me hicieron entrar a verla.
Un fleco de cuentas de azabache
tintineó en mis oídos
al traspasar la cortina.

Me envolvió una penumbra morada.
Mi corazón se contrajo
ante el olor de órganos en desuso
y un riñón putrefacto.

El negro delantal donde solía
hundir mi cara
estaba doblado al pie de la cama
en la última y tenue luz de la ventana.

(Ve y dile adiós)
y fui empujado
hacia abismos insondables.
Me paré delante de ella.

Miraba el techo fijamente
y se empolvaba una mejilla, distraída,
reclinada contra el espaldar,
descansando hasta el próximo ataque.

Las mantas estiradas
casi hasta su boca,
que las líneas de mal genio
subrayaban todavía. Su cabello gris

suelto igual que el de una joven,
por toda la almohada,
mezclado con las sombras
que le cruzaban la frente

y en la boca y los ojos, como una red,
sujetando su cabeza contra la cama
y cayendo enmarañado hacia la sombra
que carcomía el piso a mis pies.

No me podía mover al principio, ni lo deseaba,
por miedo a que pudiera darse vuelta y me indicara
(la madre de mi padre)
con voz apremiante

—con algún feroz susurro lisonjero—
que me escondiese una última vez
contra ella, y me enterrara
en su fango reseco.

¿Debía besarla? Cuando besara
la humedad que avanzaba
por las paredes floreadas
de aquella fosa.

Pero debía besarla.
Me arrodillé junto al cuerpo en el lecho de muerte
y hundí mi cara en el frío y el olor
de su delantal negro.

Rapé y almizcle, los pliegues contra mis párpados
me transportaron a un sitio abandonado
que olía a ceniza: paredes y techos desconocidos
crujían pareciendo respirar.

Me vi revolviendo cenizas apagadas
buscando algún vestigio
de calor, cuando a lo lejos
en las bóvedas, oí caer

una gota. Y encontré
lo que estaba buscando
— ni fuego, ni calor,
ni alivio alguno,

sino su voz, suave, hablándole a alguien
sobre mi padre: “Dios lo ayude, derramó
grandes lágrimas allí junto a la máquina
por la pobrecita.” Gotas

brillantes sobre la tapa de madera
por mi hermanita. El lamento mío de
cachorro cesó pronto,
con toda temprana conjetura

de la triste monotonía y el tedioso pesar
y permanece amargo en riguroso cautiverio.
¡Cómo lo sentía ahora —
su corazón latiendo en mi boca!

Resolló entrecortadamente,
empujó las mantas
y se estremeció con un gesto de cansancio.
Me incorporé

y dejé la habitación
prometiéndome que
la besaría realmente
cuando estuviera realmente muerta.

Mi abuelo alzó apenas la vista del hogar
cuando asomé por la puerta, encogió los hombros
y volvió a clavar en el fuego
la mirada ausente.

Me quedé un momento a su lado,
incómodo, y me fui al taller.
Todavía había luz allí
y sentí que volvía a respirar.

La vejez puede digerir
cualquier cosa: la conmoción
ante las puertas del Cielo — la lucha que afrontamos
durante toda la vida.

Qué largo y duro se hace
hasta llegar al Cielo, a menos que uno,
como la pequeña Agnes,
se desvanezca con lágrimas tempranas.



LOS DESPOSEIDOS 


Ahora el lago está desierto, 
pero el agua es siempre limpia y transparente;
los cabos cubiertos de laurel,
los pequeños estuarios llenos de conchillas,
con deliciosos prados donde las olas 
se escurren sobre masas de flores y de césped.

Era como un milagro, una larga bucólica, hace tiempo. 
La intoxicación de una vida deslizándose
ante el cielo: la primavera, una llanura de flores; 
racimos de uvas y castañas
formadas en lo más profundo del otoño; nuestras cálidas noches 
transcurriendo a la luz de las estrellas.
                                     Habíamos establecido la paz,
tras haber aprendido a practicar la virtud
sin aguardar recompensa — que debemos ser virtuosos 
sin esperanza. (La Ley es justa; obsérvala,
mantenla, y traerá contento.)

Entonces, por la orilla, entre las tortugas
de ojos mansos y brillantes, con alondras
revoloteando a Su lado —tan livianas
que no doblarían una brizna de pasto
al posarse en ella— vino hacia nosotros
y levantó Su mano sin llaga:
                                     Estas bellezas,
estas flores terrenales que crecen y se abren, ¿qué son? 
¡El espectáculo de vuestra humillación!

Si un hombre decide entrar al reino de la paz
no dejará de luchar hasta que falle,
y habiendo fallado estará aturdido,
y tras estar aturdido gobernará,
y tras haber gobernado descansará.

                                     Nuestro sueño se agrió.
Despertamos, y empezamos a anhelar
la restitución de nuestra casa.
Una mañana, en un lento paroxismo de ira,
hallamos Su cadáver tendido en el umbral.** 

Traducción: Gerardo Gambolini

miércoles, 2 de agosto de 2017

POEMAS DE NICOMEDES SANTA CRUZ

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(4 de junio de 1925, Distrito de La Victoria, Lima, Perú - 5 de febrero de 1992, Madrid, España)


CÓMO HAS CAMBIADO PELONA



Cómo has cambiado, pelona,
cisco de carbonería.
Te has vuelto una negra mona
con tanta huachafería.

Te cambiaste las chancletas
por zapatos taco aguja,
y tu cabeza de bruja
la amarraste con peinetas.
Por no engordar sigues dietas
y estás flaca y hocicona.
Imitando a tu patrona
has aprendido a fumar.
Hasta en el modo de andar
cómo has cambiado, pelona.

Usas reloj de pulsera
y no sabes ver la hora.
Cuando un negro te enamora
le tiras con la cartera.
¡Qué...! ¿También usas polvera?
permite que me sonría
¿Qué polvos se pone usía?:
¿ocre? ¿rosado? ¿rachel?
o le pones a tu piel
cisco de carbonería.

Te pintaste hasta el meñique
porque un blanco te miró
«¡Francica, botá frifró
que son comé venarique...!»
Perdona que te critique,
y si me río, perdona.
Antes eras tan pintona
con tu traje de percala
y hoy, por dártela de mala
te has vuelto una negra mona.

Deja ese estilo bellaco,
vuelve a ser la misma de antes.
Menos polvos, menos guantes,
menos humo de tabaco.
Vuelve con tu negro flaco
que te adora todavía
Y si no, la policía
te va a llevar de la jeta
por dártela de coqueta
con tanta huachafería.

CONGO LIBRE


A Patricio Lumumba

Mi madre parió un negrito
al divorciarse de su hombre,
es congo, congo, conguito,
Y Congo tiene por nombre.

Todos piden que camine
y lo parieron ayer.
Otros, que se elimine
sin acabar de nacer...

¡Ay Congo,
Yo sí me opongo!

El mundo te mira absorto
por tu nacimiento obscuro.
Te consideran aborto
por tu gatear inseguro.

¡Ay Congo,
Cuánto rezongo!

Yo he visto blancos nacer
en condiciones iguales,
y sus tropiezos de ayer
se consideran normales.

Mi Congo, congolesito
que Congo tiene por nombre,
hoy día es sólo un negrito
mañana será un gran hombre:
A las Montañas Mitumba
llegará su altiva frente,
Y el caudaloso Luaba
Tendrá en sanguíneo torrente.

¡Sí Congo,
Y no supongo!

África ha sido la madre
que pariera en un camastro
Al niño Congo, sin padre,
Que no desea padastro.

¡África, tierra sin frío,
madre de mi obscuridad;
cada amanecer ansío,
cada amanecer ansío,
cada amanecer ansío
tu completa libertad!

EL CAFÉ


A Hugo Guerrero Marthineitz.

Tengo tu mismo color
Y tu misma procedencia.
Somos aroma y esencia
Y amargo es nuestro sabor.
Tú viajaste a Nueva York
Con visa en Bab-el-Mandeb,
Yo mi Trópico crucé
De Abisinia a las Antillas.
Soy como ustedes semillas.
Son un grano de café.

En los tiempos coloniales
Tú me viste en la espesura
Con mi liana a la cintura
Y mis abóreos timbales.
Compañero de mis males,
Yo mismo te trasplanté.
Surgiste y yo progresé:
En los mejores hoteles
Te dijeron ¡qué bien hueles!
Y yo asentí “¡uí, mesié!”.

Tú: de porcelana fina,
Cigarro puro y cognac.
Yo de smoking, yo de frac,
Yo recibiendo propina.
Tú a la Bolsa, yo a la ruina;
Tú subiste, yo bajé...
En los muelles te encontré,
Vi que te echaban al mar
Y ni lo pude evitar
Ni a las aguas me arrojé.

Y conocimos al Peón
Con su “café carretero”,
Y hablando con el Obrero
Recorrimos la nación.
Se habló de revolución
Entre sorbos de café:
Cogí el machete... dudé,
¡Tú me infundiste valor
Y a sangre y fuego y sudor
Mi libertad conquisté...!

Después vimos al Poeta:
Lejano, meditabundo,
Queriendo arreglar el mundo
Con una sola cuarteta.
Yo, convertido en peseta,
Hasta sus plantas rodé:
¡Qué ojos los que iluminé,
Que trilogía formamos
Los pobres que limosneamos
El Poeta y su café...!

Tengo tu mismo color
Y tu misma procedencia,
Somos aroma y esencia
Y amargo es nuestro sabor...
¡Vamos hermanos, valor,
El café nos pide fe;
Y Changó y Ochún y Agué
Piden un grito que vibre
Por nuestra América Libre,
Libre como su café!


Guitarra llama a cajón

Guitarra llama a cajón,
Cajón a la voz primera.
Escuchen con atención,
¡aquí está la Marinera...!

La Marinera de Lima
tiene influencia afro-hispana,
la “primera de jarana”
en copla o cuarteta rima.
Inicia el toque la prima
pero es más lindo un bordón.
Aún no entra la canción
porque, como requisito,
antes que el cantor dé un grito
guitarra llama a cajón.

Los que escuchan hacen palmas
y se cuadran las parejas,
por lo general son viejas
—mejor aún si son zambas—.
Tan sólo mueven las gamas
y un poquito la cadera.
Todo esto mientras se espera
pues nadie baila sin canto.
Sigue llamando entretanto
cajón a la voz primera.

El canto inicia el paseo
con un saludo en el cruce,
media vuelta los conduce
a otro cruce y al careo.
Tras lateral contoneo
vuelta y trocar posición...
Como dicha operación
se da al fin de cada estrofa,
en vez de bailar por mofa
escuchen con atención.

Como quien sudor enjuga
un momento se reposa,
prosigue la Resbalosa
y viene después la Fuga:
El bailarín se apechuga,
ella sube la pollera.
Como peruana bandera
blanco y rojo, dos pañuelos
dicen en airosos vuelos
¡aquí está la Marinera...!

JOHANESBURGO


Al maestro Nicolás Guillén

Una voz ancestral,
un tambor africano
y un verso elemental
peruano.

El negro en el Perú
actualmente no sufre,
ya no hay esclavitud
ni azufre.

Le dieron tibio baño
en tina de jabón
porque en su ama dio el germen
que no tuvo el patrón.

Del seno de mi abuela
a mi madre brindó,
el hijo del amito
mamó, mamó, mamó.

Y mi abuelo con su amo
en la Casa ´e Jarana
cantujaron de alirio,
cantujaron replana.

Y en la casa ´e jarana
-con el Amito Viejo-
bailaron mis hermanas
zamacueca y festejo.

El padre de mi amito
de mi abuela gustó
y mi abuelo a su amita burló.

Yo le dijera “primo”
a ese blanco travieso
de cabello enrizao
y de labio muy grueso...

El negro en el Perú
actualmente no sufre,
ya no hay esclavitud
ni azufre.

Más ha sufrido el negro
nuestro hermano de Cuba
descendiente directo
nagó, yoruba.

Más ha sufrido el negro
muerto en Santo Domingo
por los diarios abusos del gringo.

Más ha sufrido el negro
cantor de Panamá
que el negro jaranista
de acá.

Más ha sufrido el negro
labrador de Haití
que el zambo guaragüero
de aquí.

Más ha sufrido el negro
del morro y la favela
que mi padre y mi madre
y mi abuela.

En fin, más sufre el negro
de Harlem a Lousiana
que nuestra gente negra
peruana...

Y al “problema del negro”
—segregación racial—
el mundo permanece
neutral.

Quiero aguda mi rima
como punta de lanza.
Que otra mano la esgrima
si alcanza.

Yo jamás con voz hurgo
perentoria.
Yo ja... ¡Johanesburgo!
¡Pretoria!

Cuando en Johannesburgo
llegue el “Día de Sangre”
yo quiero estar allí,
compadre.

Cuando en Johannesburgo
llegue el “Día de Sangre”
debemos estar todos
¡Hijos de negra madre!

Con la voz ancestral
el machete en la mano
y el verso elemental
hermano.

MUERTE EN EL RING


¿Qué hemos de hacer nosotros los negros
que no sabemos ni leer?
Fregar escupideras en los grandes hoteles
encerar y barrer
manejar ascensores
en el Gran Club servirles de beber
o hacer que el cadillac sea más lujoso
vistiendo la librea de chofer.
Tenemos la respuesta siempre lista:
en París “oui, monsieur”
y en Georgia, en Lousiana o en Virginia
un eterno “yes sir...”

Los negros, pobres negros de este mundo
¿qué cosa hemos de hacer
debiendo de comer todos los días
(y a veces sin comer)?
Bajar la testa reverente
y a lo mismo de ayer.

Hasta que llega un blanco y “nos descubre”
nos mete al ring
y aquí comienza para mal de males
el principio del fin

Footing, training, sombra;
saco, pera, soga;
upper cuta
hook
cross.
Duchazos, masajes,
fotos, reportajes.
¡Okey, boss...!

El cañaveral de mi lejana tierra
me dio estos fuertes bíceps.
Los buques cargueros de todos los muelles
me dieron envidiable complexión.
Y corriendo, voceando millones de diarios
fortalecí
muslo
pierna
y
pie.

Ahora, en el Madison Square Garden
de New York,
dice mi manager:
¡No whisky!
¡No tobacco!
¡No girls!
(No money)

Negros acomodadores
ubican a los blancos en ring side.
Perder esta pelea
significa volver con ellos:
Con Blackie de Maniatan.
Con Brown de Alabama
Con “Nando” Rodríguez de Puerto Rico
...y entonces
no whiksy
no tobacco
no girls
no money
and
¡knock-out!

My challenger
es negro, como yo
Si pierde le espera lo mismo
(Aquí los únicos que nunca pierden
son nuestros managers y el promotor).

Comienza el round, voy hacia el centro
—en este plan voy a perder—
este es el round numero trece
¡voy a demostrarle quién es quién!
Me está llevando hacia una esquina,
si caigo aquí me cuentan diez.
¡Virgen del Cobre estoy perdido!
No puedo ver
No... pue.. do... ver...

EPÍLOGO

La gente aplaude al que me mata
El referee no dice “break”.
Que mi mujer no sepa nada...
Mi nombre es BENNY “KID” PARET.


MEME NEGUITO


A Ignacio Villa
(Bola de Nieve)

¡Ay canamas camandonga!
¿qué tiene mi cocotín?
mi neguito chiquitín,
acuricuricandonga...
Epéese a que le ponga
su chupón y su sonaja.
Meme meme, buenalhaja,
pepita de tamarindo.
Duéimase mi nego lindo:
¡meme meme, há-ha há-ha...!

Su mare no vino ayé,
su mama se fue antianoche;
dicen que subió enun coche...
¡pero tiene que volvé!
Su maire é buena mujé,
-a veces medio marraja-.
Yo no sé si nos ultraja
¡pero si resutta cieito...!
(Mejó tú no etés despieito)
¡meme meme, há-ha há-ha...!

¡Mi cocotín, mi coquito!
si hay frío ¿po qué tu quemas?
Con tu ojo abieito no duemas,
¿Po qué tá quieto, neguito?
¡Míame, nego bonito!
¿Po qué tu cabeza baja...?
¿Quele su leche con miaja?
¿Quele jugá con lo michi?
¿Qué le pasa? ¿quele pichi?
¿meme meme? ¿há-ha há-ha...?

¡Ay canamas camandonga!
¿qué tiene mi cocotín?
Mi neguito chiquitín,
acuricuricandonga...
Epéese que le ponga...
que le ponga su motaja.
Meme meme ahí en su caja
Pepita de tamarindo.
Duéimase mi nego lindo:
¡Meme meme, há-ha... há ... ha...

Muerte, si otra muerte hubiera

Muerte, si otra muerte hubiera
Que de ti me libertara
a esa muerte pagara
porque a ti, muerte te diera.

(Anónimo)

La Señora Silenciosa,
La Veterana Infalible.
La Muerte, cosa terrible,
La Muerte... ¡tremenda cosa!
Qué fuerza tan misteriosa,
implacable, traicionera:
Llegas al que no te espera,
huyes del que te reclama,
ríes del pobre que clama:
¡Muerte, si otra muerte hubiera...!

Quisiera librar al mundo
de tu macabra misión.
Quisiera darte prisión
en un abismo profundo.
Quisiera, por un segundo,
contemplarte cara a cara
y que el Cosmos me dotara
de indestructible poder
conjugando un verbo Ser
que de ti me libertara.

Muerte, yo te desafío,
tu presencia no me extraña,
me burlo de tu guadaña
y de tus huesos me río.
Muerte, no le temo al frío
Que los corazones para.
Muerte, si otra te matara,
al saberte ya destruida,
con la prenda más querida
a esa Muerte pagara.

Muerte que todo lo callas
estás en todo lugar,
en las nubes, en el mar,
en los campos de batalla.
Cada bala de metralla
es tu palabra certera...
Si de otra muerte muriera,
si otra muerte me llevase
a esa Muerte pagase
porque a ti, muerte te diera.

Voz

¿Quién es aquel pajarillo
que canta sobre el limón?
Anda y dile que no cante,
Que me duele el corazón...

(Folklore)

Surge mi voz, y el invierno
se convierte en primavera:
florece la enredadera
y brota el narciso tierno.
Baja mi voz al averno
y el fuego se torna frío.
Al Dios del Cielo le envío
unas décimas de amor
y dice Nuestro Señor:
—¿Quién es aquel pajarillo...?

Ilumina el horizonte
el fuego de mi palabra
y piensa el pastor de cabras
que se está incendiando el monte:
Trunca su vuelo el sisonte,
quiebra su nota el gorrión;
enardecido el halcón
grazna con ruido agorero
y queda mudo el jilguero
que canta sobre el limón.

Luego, mi canto sonoro
bajo la tierra se interna
perforando una caverna
que termina en un tesoro:
Queda descubierto el oro,
el platino y el diamante.
Ruge Júpiter tonante,
luchan Neptuno y Eolo
y Orfeo le dice a Apolo:
—¡Anda y dile que no cante...!

Entonces calla mi voz
y hay un silencio profundo
como si no hubiera mundo
o ya no existiera Dios.
Nadie cosecha el arroz,
nadie apaña el algodón.
Y tirado en un rincón
cuando termina mi canto,
derramo tan triste canto
que me duele el corazón...


RITMOS NEGROS DEL PERÚ


A don Porfirio Vásquez A.

Ritmos de la esclavitud
Contra amarguras y penas.
Al compás de las cadenas
Ritmos negros del Perú.

De África llegó mi abuela
vestida con caracoles,
la trajeron lo` epañoles
en un barco carabela.
La marcaron con candela,
la carimba fue su cruz.
Y en América del Sur
al golpe de sus dolores
dieron los negros tambores
ritmos de la esclavitud

Por una moneda sola
la revendieron en Lima
y en la Hacienda “La Molina”
sirvió a la gente española.
Con otros negros de Angola
ganaron por sus faenas
zancudos para sus venas
para dormir duro suelo
y naíta`e consuelo
contra amarguras y penas...

En la plantación de caña
nació el triste socavón,
en el trapiche de ron
el negro cantó la zaña.
El machete y la guadaña
curtió sus manos morenas;
y los indios con sus quenas
y el negro con tamborete
cantaron su triste suerte
al compás de las cadenas.

Murieron los negros viejos
pero entre la caña seca
se escucha su zamacueca
y el panalivio muy lejos.
Y se escuchan los festejos
que cantó en su juventud.
De Cañete a Tombuctú,
De Chancay a Mozambique
llevan sus claros repiques
ritmos negros del Perú.

Al compás del socabón




Al compás del socabón
con décimas del Perú,
conserva la tradición
Nicomedes Santa Cruz.

I

Durante el siglo pasado
Y comienzos del presente
Era cosa muy frecuente
Un cantar improvisado:
Décimas de Pie forzado
Le llamaba la afición,
Y sólo en nuestra nación
La Décima o Espinela
Se acompañó con la vihuela
al compás del socabón.

II

Una glosa la interpretan
cuatro décimas o pies,
el verso número diez
es uno de la cuarteta;
y sin ser un gran poeta
ni nacer con tal virtud
con gusto y solicitud
en esas noches de invierno
puede llenarse un cuaderno
con Décimas del Perú.

III

Si rima con mucho esmero
la consonancia hará el resto:
Décimo, Séptimo y Sexto;
Quinto y Cuarto con Primero;
versos de igual terminación;
para mayor perfección
rime Octavo con Noveno
y con cada verso bueno
conserva la tradición.

IV

Octosilábica, hispana,
Fue la décima genuina,
Insuperable, divina
Es la décima peruana.
Si algún día alguien me gana
O si me llevase Jesús,
Que no se extinga la luz
En ese cantar tan nuestro.
Lo pide... un servidor vuestro:
Nicomedes Santa Cruz.

martes, 1 de agosto de 2017

3 POEMAS DE OSVALDO RODRÍGUEZ MUSSO

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26 de julio de 1943, Valparaíso, Chile - 18 de marzo de 1996, Bardolino, Italia

VALPARAÍSO


Yo no he sabido nunca de su historia,
un día nací allí sencillamente,
el viejo puerto vigilo mi infancia
con rostro de fría indiferencia,
porque no nací pobre y siempre tuve
un miedo inconcebible a la pobreza.

Yo les quiero contar lo que he observado
para que nos vayamos conociendo
el habitante encadenó las calles;
la lluvia destiñó las escaleras,
un manto de tristeza fue cubriendo
los cerros con sus calles y sus niños.

Y vino el temporal y la llovizna
con su carga de arena y desperdicio,
por ahí paso la muerte tantas veces,
la muerte que enlutó a Valparaíso
y una vez más el viento como siempre,
limpió la cara de este puerto herido.

Pero este puerto amarra como el hambre,
no se puede vivir sin conocerlo,
no se puede dejar sin que nos falten,
la brea, el viento sur, los volantines,
el pescador de jaibas que entristece
nuestro paisaje de la costanera.



Soneto para Violeta Parra


Tanto amor, tanta vida y tanto tiempo,
entrado tan bien en tantas cosas,
una vida de amor y la argumentación,
transparente, durable, ligero.

Alguien canta con formas ancestrales
viejos dulces canciones de la amargura
son los secretos de las montañas y los mares
melodías de nacimiento y muerte.

Amazon Chile y su viento
abandonar a su piel y su sonrisa
como un canto de los pájaros sedientos,

No puede ser fiel a su memoria
y borrar la tragedia de esta historia
con una canción de amor que es eterno


Primero de Mayo en la Plaza del Pueblo 


En la plaza del pueblo
01 de mayo 71.
Tienes que cantar para todos los trabajadores
que se reúnen aquí.
Así se despiertan muy temprano
de lo contrario no se llega a la gente
Cuadrado permanece vacío.
Inmediatamente oyen los altavoces
que ellos llaman voluntarios
para transportarlos.
Usted tiene que llevar varios corredores
hasta el punto de partida
Trabajo de maratón
que en la colina de Playa Ancha
Se va a extenderse.
Después de haber completado este paso se comienza de nuevo
y la gente viene.
Aquí vienen los hombres del puerto
con sus herramientas de trabajo,
la plaza se cubre con banderas,
Todavía la gente vino
con banderas y pañuelos.
Saludando a los estudiantes
que llena la plaza
con clarinetes y canciones,
los sonidos del tambor y clarinete
Él llama a todos a luchar.
Cantando una canción que dice:
que ahora nadie ni nada nos detendrán.