lunes, 7 de mayo de 2018

POEMAS DE MEIRA DEL MAR


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(21 de agosto de 1922, Barranquilla, Colombia - 18 de marzo de 2009, Barranquilla, Colombia)

(Olga Isabel Chams Eljach, conocida por el seudónimo de Meira Delmar, ​ fue una poetisa​ colombiana de ascendencia libanesa)


Muerte mía 

(Del libro Secreta isla)

La muerte no es quedarme
con las manos ancladas
como barcos inútiles
a mis propias orillas,
ni tener en los ojos,
tras la sombra del párpado
el último paisaje
hundiéndose en sí mismo.

La muerte no es sentirme
fija en la tierra oscura
mientras mueve la noche
su gajo de luceros,
y mueve el mar profundo
las naves y los peces,
y el viento mueve estíos,
otoños, primaveras.

¡Otra cosa es la muerte!

Decir tu nombre una
y otra vez en la niebla
sin que tornes el rostro
a mi rostro, es la muerte.
Y estar de ti lejana
cuando dices "La tarde
vuela sobre las rosas
como un ala de oro".


La muerte es ir borrando
caminos de regreso
y llegar con mis lágrimas
a un país sin nosotros
y es saber qué pregunta
mi corazón en vano
por tu melancolía

Otra cosa es la muerte.

Soledad 

(Del libro Alba de olvido)

Nada igual a esta dicha
de sentirme tan sola
en mitad de la tarde
y en mitad del trigal;
bajo el cielo de estío,
y en los brazos del viento,
soy una espiga más.

Nada tengo en el alma.
Ni una pena pequeña,
ni un recuerdo lejano
que me hiciera soñar...
Sólo tengo esta dicha
de estar sola en la tarde
¡con la tarde no más!

Un silencio muy largo
va cayendo en el trigo,
porque ya el sol se aleja
y ya el viento se va;
¡quién me diera por siempre
esta dicha indecible
de ser, sola y serena,
un milagro de paz!

Soneto marinero 


Digo tu nombre, mar, tu nombre ardido
de soles y de júbilo creciente,
y el corazón enamorado siente
más clara la presencia del latido.

Velero que navega repetido
por los quietos espejos de la frente,
regresa tu paisaje lentamente
como si retornara del olvido.

Y surge tu comarca marinera
con una trashumante primavera
de espumas en la mano de cristal.

Y tu voz de colores, y tu alada
corona de blancura trabajada
en gaviotas y pétalos de sal.

Ofelia 


Con paso de gacela vulnerada
cantando vienes por el bosque umbrío
coronada de juncos, ramos , lirios.

Oculto entre los árboles
un silencio de pájaros anuncia
tu presencia,
y te llama el arroyo con los lentos
ademanes del sauce.

Enajenada sigues recogiendo
las últimas violetas. En tus manos
la postrera corona es la más bella.

Pronto la linfa sentirá tu peso
de seda,
y un breve instante flotará en su espejo
tu memoria.

Soneto en vano 

(Del libro Reencuentro)

¿A dónde iré que no me alcance el vuelo
de tu mirada que en azor se muda,
y la noche de sueños me desnuda
con el brillo quemante del desvelo?

¿En qué sitio del aire, el mar, el cielo,
encontrará mi corazón ayuda,
la clara mano que mi mal acuda
y en dulcedumbre me convierta el duelo?

La frente pensativa me rodeas
de lejanas memorias. Me recreas
los rostros del amor enceguecido.

Y es inútil que huya de tu acecho
si te oigo vivir dentro del pecho
con la vida sin muerte del olvido.

Alabanza del día 

(Del libro Verdad del sueño)

Por ti la mariposa en el liviano
paisaje de la brisa detenida.
Y en cada mariposa, repetida,
la danza de colores del verano.

El cielo más azul y más cercano;
más alta la canción y más ardida
la frente de la rosa sostenida
en la palma dorada de tu mano.


Ordenas el azahar, la luz, el vuelo
de la alondra en el alba, y el desvelo
de los ángeles niños del rocío.

El tiempo te rodea, dulcemente.
Y pasas sin pasar, extrañamente,
lo mismo que la música de un río.

Verde mar 

(Del libro Verdad del sueño)

1

De tanto quererte, mar,
el corazón se me ha vuelto
marinero.
Y se me pone a cantar
en los mástiles de oro
de la luna, sobre el viento.
Aquí la voz, la canción.
El corazón a lo lejos,
donde tus pasos resuenan
por las orillas del puerto.
De tanto quererte mar,
ausente me estas doliendo
casi hasta hacerme llorar .

2

¡Mar!
Y es como si, de pronto,
se hiciera claridad.
Ángeles desnudos. Ángeles
de brisa con luz. Cantar
del agua que danza una
zarabanda de cristal.

Islas, olas, caracolas.
Grito blanco de la sal...

Y el corazón, de latido
en latido, dice ¡Mar!

Corazón 

(Del libro Verdad del sueño)

Este es mi corazón. Mi enamorado
corazón, delirante todavía.
Un ángel en azul de poesía
le tiene para siempre traspasado.

En él, como en un río sosegado,
el cielo es de cristal y melodía.
Y a su dulce comarca llega el día
con un paso de niño iluminado.

Este es mi corazón. La primavera
que inaugura las rosas, vana fuera
sin su espejo de gozo repetido.

Y vano el tiempo del amor, que mueve
las alas de los sueños, y conmueve
la sangre con su canto sostenido


Instante 


Ven a mirar conmigo
el final de la lluvia.
Caen las últimas gotas como
diamantes desprendidos
de la corona del invierno,
y nuevamente queda
desnudo el aire.

Pronto un rayo de sol
encenderá los verdes
del patio,
y saltarán al césped
una vez más los pájaros.

Ven conmigo y fijemos el instante
-mariposa de vidrio-
en esta página.

Cedros 


Mis ojos niños vieron
-ha mucho tiempo- alzarse
hasta la nube un vuelo
de sucesivos verdes
que el aire en torno
embalsamaban
con tranquila insistencia.

El silencio se oía como una
música suspendida de repente,
y en mi pecho crecía
el asombro.

La voz del padre, entonces,
inclinóse a mi oído
para decirme, quedo:
"Son los cedros del Líbano
hija mía.

Mil años hace, acaso
mil más, que medran
a las plantas de Dios.
Guarda su imagen
en la frente y la sangre.
Nunca olvides
que miraste de cerca
la Belleza".

Y desde aquella hora
tan lejana,
algo en mí se renueva
y estremece
cuando topo en las hojas
de algún libro
su memoriosa estampa

Este amor 

(Del libro Reencuentro)

Como ir casi juntos
pero no juntos,
como
caminar paso a paso
y entre los dos un muro
de cristal,
como el viento
del Sur que si se nombra
¡Viento del Sur! parece
que se va con su nombre,
este amor.

Como el río que une
con sus manos de agua
las orillas que aparta,
como el tiempo también,
como la vida,
que nos huyen viviéndonos,
dejándonos
cada vez menos nuestros
y más suyos,
este amor.

Como decir mañana
y estar pensando nunca,
como saber que vamos
hacia ninguna parte
y sin embargo nada
podría detenernos,
como la mansedumbre
del mar, que es el anverso
de ocultas tempestades,
este amor.

Este
desesperado amor.

Mediodía 


Canta la luz aire arriba
como una alondra.
Y por la rama de su canto sube
el mediodía.

Quieren los ojos seguirlo
pero no llegan.
Como el amor, el sol,
de tanto, ciega.

Romance de Barranquilla


(Del libro Sitio del amor)

Porque nació frente al alba
y en el sitio de la brisa,
le dieron un nombre claro
de flor o de lluvia fina.
Un nombre para decirlo
en medio de la sonrisa,
enamorados los ojos
y el corazón: ¡Barranquilla!
Porque nació frente al alba
¡y el alba es buena madrina!

Con lino de sol y sombra
tejieron años los días
y una mañana sin nubes
despertó moza la niña.

Con los cabellos al viento,
la dulce piel encendida,
y el andar sin descanso
tal aire de gallardía
que el alma de las palmeras
arrodillóse vencida...
Porque nació frente al alba
¡y el alba es buena madrina!

Breves jazmines alados
--casi de luz detenida--
crecen con gracia delgada
cuando sus pasos atisban...
La tarde cuida su gozo,
la noche su sueño cuida,
y ella se viste con seda
de flores amanecidas
sobre la cumbre del árbol
tan solo para vestirla...

Seda dorada del roble
con hebras de melodía,
seda de la acacia roja,
seda de las campanillas
que tienen fugaz el aire
y como el aire palpitan...
Rodea sus altas sienes
un vuelo de golondrinas
y abre jacintos de oro
su diestra mano clarísima.
Porque nació frente al alba
¡Y el alba es buena madrina!

El mar de gritos azules,
el mar del habla encendida,
le trae canciones remotas
y barcas de otras orillas.
El río, tenaz viajero,
con largo asombro la mira,
y le regala blancura
de garzas estremecidas
que suben a la comarca
donde la estrella se inicia.
Y el viento pirata, el viento
de clara estirpe marina,
le ciñe el talle redondo
con brazos de lejanía,
¡y se la lleva consigo
donde la tierra limita
con el batir de campanas
de la triunfal alegría!

Porque nació frente al alba,
y porque el alba madrina,
le dio aquel nombre que pide,
para decirlo, sonrisa...
El nombre que puede ser
de flor o de lluvia fina,
y que también lleva el Ángel
de júbilo: ¡Barranquilla!

Nueva Presencia 

(Del libro Secreta Isla)

Venías de tan lejos como de algún recuerdo.

Nada dijiste. Nada. Me miraste los ojos.
Y algo en mí, sin olvido, te fue reconociendo.

Desde una azul distancia me caminó las venas
una antigua memoria de palabras y besos,

y del fondo de un vago país entre la niebla
retornaron canciones oídas en el sueño.

Mi corazón, temblando, te llamó por tu nombre.
Tú dijiste mi nombre... Y se detuvo el tiempo.

La tarde reclinaba su frente pensativa
en las trémulas manos de los lirios abiertos,

y a través de las nubes los pájaros errantes
abrían sobre el campo la página del vuelo.

Con los hombros cargados de frutas y palomas
interminablemente pasaba el mismo viento,

y en el instante claro de los bronces mi alma,
llena de ángelus, era como un sitio en el cielo.

Una vez, antes, antes, yo te había perdido.
En la noche de estrellas, o en el alba de un verso.

Una vez. No sé dónde... Y el amor fue, tan sólo,
encontrarte de nuevo

Elegía de Leyla Kháled 

(De el libro Reencuentro)

Te rompieron la infancia, Leyla Kháled

Lo mismo que una espiga
o el tallo de una flor,
te rompieron
los años del asombro y la ternura,
y asolaron la puerta de tu casa
para que entrara el viento del exilio.

Y comenzaste a andar,
la patria a cuestas,
la patria convertida en el recuerdo
de un sitio que borraron de los mapas,
y dolía más hondo cada hora,
y volvía más triste del silencio,
y gritaba más fuerte en el castigo.

Y un día, Leyla Kháled, noche pura,
noche herida de estrellas, te encontraste
los campos, las aldeas, los caminos,
tatuados en la piel de la memoria,
moviéndose en tu sangre roja y viva,
llenándote los ojos de sed suya,
las manos y los hombros de fusiles,
de fiera rebeldía los insomnios.

Y comenzaron a llamarte nombres
amargos de ignominia,
y te lanzaron voces como espinas
desde los cuatro puntos cardinales,
y marcaron tu paso con el hierro
del oprobio.

Tú, sorda y ciega, en medio
de las ávidas zarpas enemigas,
ardías en tu fuego, caminante
de frontera a frontera,
escudando tu pecho contra el odio
con la incierta certeza del regreso
a la tierra luctuosa de que fueras
por mil manos extrañas despojada.

Te vieron los desiertos, las ciudades,
la prisa de los trenes, afiebrada,
absorta en tu destino guerrillero,
negándote al amor y los sollozos,
perdiéndote por fin entre la sombra.

Nadie sabe, no sé cuál fue tu rumbo,
si yaces bajo el polvo, si deambulas
por los valles del mar, profunda y sola,
o te mueves aún con la pisada
felina de la bestia que persiguen.

Nadie sabe. No sé. Pero te alzas
de repente en la niebla del desvelo,
iracunda y terrible, Leyla Kháled,
oveja en lobo convertida, rosa
de dulce tacto en muerte transformada.

Huésped sin sombra 

(Del libro Reencuentro)

Nada deja mi paso por la tierra.
En el momento del callado viaje
he de llevar lo que al nacer me traje:
el rostro en paz y el corazón en guerra.

Ninguna voz repetirá la mía
de nostálgico ardor y fiel asombro.
La voz estremecida con que nombro
el mar, la rosa, la melancolía.

No volverán mis ojos renacidos
de la noche a la vida siempre ilesa,
a beber como un vino la belleza
de los mágicos cielos encendidos.

Esta sangre sedienta de hermosura
por otras venas no será cobrada.
No habrá manos que tomen, de pasada,
la viva antorcha que en mis manos dura.

Ni frente que mi sueño mutilado
recoja y cumpla victoriosamente.
Conjuga mi existir tiempo presente
sin futuro después de su pasado.

Término de mí misma, me rodeo
con el anillo cegador del canto.
Vana marea de pasión y llanto
en mí naufraga cuanto miro y creo.

A nadie doy mi soledad. Conmigo
vuelve a la orilla del pavor, ignota.
Mido en silencio la final derrota.
Tiemblo del día. Pero no lo digo.


Raíz Antigua 

(Del libro Secreta Isla)

No es de ahora este amor.

No es en nosotros
donde empieza a sentirse enamorado
este amor, por amor, que nada espera.
Este vago misterio que nos vuelve
habitantes de niebla entre los otros.
Este desposeído
amor, sin tardes que nos miren juntos
a través de los trigos derramados
como un viento de oro por la tierra;
este extraño
amor,
de frío y llama,
de nieve y sol, que nos tomó la vida,
aleve, sigiloso, a espaldas nuestras,
en tanto que tú y yo, los distraídos,
mirábamos pasar nubes y rosas
en el torrente azul de la mañana.

No es de ahora. No.
De lejos viene
--de un silencio de siglos--,
de un instante
en que tuvimos otro nombre y otra
sangre fugaz nos inundó las venas,
este amor por amor,
este sollozo
donde estamos perdidos en querernos
como en un laberinto iluminado. 


Canción Lejana


Y yo también como la tarde
toda me tornaré dichosa
para quererte y esperarte.
Iluminada de tus ojos
vendrá la luna,
vendrá la luna por el aire.

Tú me querrás inmensamente.
Mi corazón será infinito
para la angustia de tu frente.
Yo te daré los sueños míos:
amor, dolor, sencillamente.

Después será la enamorada sonrisa,
el beso, la memoria llena de ti, maravillada.
Y el gozo azul de estar contigo
fuera del tiempo, sin palabras.

De golondrina en golondrina
nos llegará la primavera
de la mirada pensativa.

Y un mismo cauce de dulzura
tendrán las rosas y los días.
Yo te daré los sueños míos:
amor, dolor, sencillamente. 



domingo, 6 de mayo de 2018

POEMAS DE AMILCAR OSORIO


                            Resultado de imagen para amilcar osorio

STANZA

parece que ante fue un garaje a donde vinieran
los carros a dormitar, parece que antes fue una
floristería de flores venenosas y dispersas. Parece
que antes también fue una botica de cosméticos
o algo por el estilo.

pero, en realidad, fue la morada de algunos pétalos,
de palabras inciertas, regalos y amores indecisos
todos.

parece que ahora es algo así como un recuerdo,
como algo que se alquila o se venera.



CUERPO CELESTE


Con aplicación reverente
va fundando besos
por todo mi cuerpo:
aquí uno frio y rápido
como un Aldebarán apagado,
aquí uno más ardiente, Betelgeuse,
aquí un mordisco, aquí una luna,
aquí otro y otro aquí, asteroides,
aquí las Pléyades, y en el pecho
la vagante supernova,
una binaria azul en las caderas,
uno de cráteres abiertos en la boca,
cúmulos estelares en la frente,
hasta convertirme en la equivocada
constelación de la Medusa
fija en el firmamento de esta noche.


DEL LADO DE LOS SUEÑOS


esta noche, la noche ha pasado su buen rato
recorriendo las avenidas desoladas,
visitando el purulento río
que parte la ciudad como su tajo de podre:
incógnita e indiscreta ha subido
las turbias escaleras que conducen
a hoteles y residencias donde los pederastas
hacen el amor con los muchachos;
impúdica y con aire despreocupado
se ha ido por callejones de cuchillos,
por crudas luces que caen a las calles
como empujadas desde las cantinas
y los lupanares de gritos recedidos.

Esta noche, en tanto, yo me he ido yendo solo
por las encrucijadas del lado de los sueños,
alejado de los sobresaltos, por un mundo
muelle y quieto, cercano e impalpable,
por unos estanques de luz sin precedentes,
por unos giros desconocidos y vagos,
para caer, de súbito, al amanecer,
entre sus brazos de aurora boreal.


A. P. V.  y  J. J.


Llora sobre mi corazón la lluvia
de su canato de muchacho desolado.
Lloro contenido de duras gotas,
trizas de mica tibia sobre el desierto
de este pecho que agita sus dunas
alejando cada vez los oasis:
lágrimas que se hunden en la piel
buscando las cisternas de la ternura,
lagrimas que buscan la sangre
para convertirse en rosas fijas.
“¡Llora sobre Rahoon!”, llora aunque sea sobre mí.


ÉTUDE IV

La palabra “garulla” —del demótico,
la entendía y pronunciaba
de manera muy precisa.
Sabía yo lo que significaba
pero no de la manera tan precisa
como él la sabía y solía musitarla.

Hoy, yo diría,
si no fue de manera
muy “garulla” (del demótico —preciso)
como se ha alejado
hacia las costas del Long Island Sound.



LA ALCOBA ESTREMECIDA

El muchacho al alba
sobre el lecho sentado
sus pies calza y deja
caer sobre las sábanas
aromas de su espliego,
antes de irse al colegio.

A quienes a muerte
han condenado les sucede,
y a los que perdieron
la guerra y a aquellos
después de recibir
en la mejilla el beso
de la despedida, se quedan
soñando en su lecho
con el muchacho
que al amanecer deja
la alcoba estremecida.



EL MUCHACHO DEL METROPOLITANO


—reproducción Romana


Una mano le queda,
a medio empuñar,
en la nalga izquierda.

Perdió la cabeza,
por algún pederasta,
en otros tiempos.

Los pies se le gastaron
viniendo al museo
—los muñones de mármol.

Los brazos, tal vez,
los agotó nadando
para venir a América,
o en un abrazo
despidiéndose.

El tronco curvado
a la manera curva
de los que saltan
o se ofrecen.
La parte del cuello
por donde la bajaron
vino y aire.

El pubis herido
en la parte
de los genitales
benevolentemente,
como para que no
reprodujera igualdades.


FORMINX

Entre su cuerpo y el mío
es una luna su muerte.


IV

En el cuenco de mis manos
ya no caben sus hombros.
Midón: “Calló el dueño,
calló el invitado,
calló el blanco crisantemo”.

Cerca de Perigord le comparé
a un “summer´s day” que se mutó
en esta tenebra: “Je suis le tenebreux,

le veuf, l´inconsolable”.
Un mausoleo le he levantado
en la memoria y que “juzguen
los dioses como se le ha amado”.



TORSO


El pedazo que queda
consiste en los tobillos,
el epigastrio, las caderas,
el bajo vientre.

Las nalgas y la espalda
están recostadas al muro.

No se sabe si es un despojo
de las guerras dorias
o un muchacho del gimnasio.

Pero muerto como vivo
es una mera estatua.

PASAJE

Una muchacha se inclina
sus senos inquietos
sus nalgas desiertas

el tren pasa exhibiendo
sus vagones de carga
la silueta de los hombres
en los techos veloces

recoge la muchacha
algo que ha dejado
caer involuntariamente
una semilla redonda
un anillo un frasco de perfume
las curvas de su cabellera

las barcas en la arena
mecidas por los muchachos
que saltan en los mástiles
el tren es un flautista
corriendo apresurado
a la caída de la tarde

las nubes se ven por la ventana
descansa sus nalgas la muchacha
-los médanos, las barcas-
en donde saltan los muchachos

yergue sus senos agitados
y respira el olor del tren
que viene con el viento vespertino.

SOLFATARA

Pulsa el corazón al templo
de los lampos rosados
que la insomne luz de neón
esparce por los muros del cuarto.

El amor de ese incendio
que incesante se agita
en el lugar callado, lejos.

Nuestros labios necrorosados
por los besos insistentes
que se alejan y se acercan
-no rosas sino grietas
de planetas en pavesas,
siderales fallas y perennes.

DEL LADO DE LOS SUEÑOS

Esta noche, la noche ha pasado su buen rato
recorriendo las avenidas desoladas,
visitando el purulento río
que parte la ciudad como su tajo de podre:
incógnita e indiscreta ha subido
las turbias escaleras que conducen
a hoteles y residencias donde los pederastas
hacen el amor con los muchachos;
impúdica y con aire despreocupado
se ha ido por callejones de cuchillos,
por crudas luces que caen a las calles
como empujadas desde las cantinas
y los lupanares de gritos recedidos.

Esta noche, en tanto, yo me he ido yendo solo
por las encrucijadas del lado de los sueños,
alejado de los sobresaltos, por un mundo
muelle y quieto, cercano e impalpable,
por unos estanques de luz sin precedentes,
por unos giros desconocidos y vagos,
para caer, de súbito, al amanecer,
entre sus brazos de aurora boreal.

FORMINX

Entre su cuerpo y el mío
es una luna su muerte.

EL TIEMPO DEL AMOR

Termina la fiesta
si apenas empieza.
Y se van ya
los amados que no llegan.
¡Faltan tanto!
Apenas mana el vino
vacías ya las copas,
vacías las botellas.
Los labios se entreabren
y ya se ha ido el beso.
El amor no es efímero,
es efímero el tiempo.




sábado, 5 de mayo de 2018

POEMAS DE MASCHA KALÉKO


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(7 de junio de 1907, Chrzanów, Polonia - 21 de enero de 1975, Zúrich, Suiza)

LA PEQUEÑA DIFERENCIA


U
n inmigrante alemán
hablaba con Mister Goodwill:
“Cierto, da igual,
dije ahora land en vez de país,
dije patria en vez de homeland
poem en vez de poema.
Es cierto estoy muy happy:
Pero feliz no soy.”

Traducción de Geraldine Gutiérrez-Wienken
extraídos de 
EL NACIONAL

DE VIAJE


Me voy de viaje otra vez
Con mi silenciosa
Compañera, la soledad.

Nos quedamos las dos solas
Y no tenemos más nada en común
Que este punto en común.

El extranjero es consuelo y tristeza
Y engaño como todo. Con el tiempo
Parece sueño nomás y soledad.

Traducción de Geraldine Gutiérrez-Wienken
extraídos de EL NACIONAL


EN EL EXILIO


T
uve una patria bonita hace tiempo –
Así cantó ya el refugiado Heine.
La suya estaba a la orilla del Rin,
La mía en la arena de la Marca de Brandenburgo.

Todos nosotros teníamos una (¡ver arriba!).
Se la devoró la peste, se deshizo en la caída.
Oh, rosita del matorral,
A ti te rompió la fuerzaatravésdelaalegría.

Los ruiseñores enmudecieron,
Buscaban un domicilio seguro,
Sólo chillan los buitres
En lo alto, sobre filas de tumbas.

Eso no será nunca, lo que fue,
Si es que llega a ser de otra manera.
Aunque la querida campanita suene,
Aunque ninguna espada tintinee.

En ocasiones siento, como si
El corazón se me rompiera.
Tengo a veces nostalgia.
Lo único que no sé, es de qué.

Traducción de Geraldine Gutiérrez-Wienken
extraídos de EL NACIONAL




LOS PRIMEROS AÑOS

Abandonada
por la noche me lancé
a una barca
y alcancé una orilla.
Contra la lluvia, me apoyé en las nubes.
Contra el viento airado, en colina de arena.
No se podía confiar en nada,
sólo en la sorpresa.
Comí las frutas florecientes de la añoranza,
bebí del agua que da sed.
Extranjera, muda en regiones extrañas,
me helé de frío en los años lúgubres.
Como patria me elegí el amor.

(de Tres Maneras de estar sola, Editorial Renacimiento.
Traducción de Inmaculada Moreno)


¡Precaución-ante la precaución!


Un no se qué oscuro me lleva
a ignorar los peligros.
En una casa hecha de vidrio
me siento y tiro piedras.

Memento

No me da miedo mi propia muerte,
Sólo la muerte de mis seres queridos.
¿Cómo voy a vivir cuando ellos ya no estén?
Sola en la niebla voy tanteando por la muerte
Y de buen grado me dejo llevar a la oscuridad.
Partir no duele ni la mitad que quedarse.
Bien lo sabe aquel que se enfrentó a lo mismo –
Y que me perdonen quienes lo padecen.
Pensad: la propia muerte tan sólo se muere;
Mas con la muerte de otros hemos de vivir.

Vieja Receta

Tómate la existencia como tiempo de prueba,
sin quejas, sin preguntas.
Sube calladamente la sombría escalera,
porque, después de todo, resulta más liviano
cargar la propia cruz
que irla arrastrando.


Melancolía del otoño


A mí no se me marchitan los jardines.
No los tengo.
Ni tampoco una casa donde los vientos giman.
El nubarrón más negro no me daña,
pues rara vez miro ya al cielo.
Ya no pretendo estrellas áureas.
Me conformo con una lamparita.
No me engaña la dicha,
ni desengaña una espera.
No me duele el otoño,
a mí no se me marchitan los jardines.


Carta desde una tierra vehemente


Desde esta tierra extrema yo te escribo
a la sombra de un árbol que ayer aún no estaba
pues aquí crece todo de repente.
Apenas surge un plan, ya se ha cumplido.
Demasiado vehemente es nuestra tierra.
Yo no sé bien si tú
podrías adaptarte a este clima,
admito que yo misma con frecuencia lo temo.
Quema el sol como cólera encendida,
y él madura el grano, tuesta el grano
a su gusto. No puede una fiarse:
hoy representa amor, mañana odio.
A partir de una nada, de una fuente,
nace de pronto un río que veloz
inunda el campo todo entero
y de nuevo decrece en un instante.
Aquello que deseas se cumple sin demora,
pues los deseos tienen un poder evidente
-no deseo maldades, menos mal,
se metería una si no en un mar de sangre-.
Tú miras con deseo a una mujer
y así ya eres un hombre
y tu deseo engendra un hijo.
Es aquí cada cual igual que el viento,
que esparce sus semillas sin tiempo a preguntar
si han echado raíces.
Observas con cariño alguna estrella
y entonces brilla y te obedece
y lleva tu talento a su apogeo.
Te colma hasta tal punto de venturas
que te corta el aliento. ¡Vente ya!
Sé mi invitado. Aunque es difícil
adaptarse, a aquel que lo consigue
le salta el corazón y se le rompe.


"Señal”

Cuando nosotros tres
cruzamos la calle
el semáforo se puso en rojo.
Rodeados por una jauría
de coches desbocados
agarré el brazo del que iba a mi derecha.
No el brazo del otro:
del que yo llevaba un anillo.
Cuando nos encontramos
los cuatro
al otro lado del cruce
todos lo sabíamos:
El uno. El otro.
El silencio.
Y yo.


PARISIAN SNAPSHOT

Entonces, ciudad legendaria, este eres tú:
Fuera de la Gare du Nord, los escenarios de la película comienzan.
Todavía soy nuevo, y no puedo parlez-vous:
Paris - ¡sé amable y llévame a tu corazón!
Ahora, mientras duermo camino a casa, vuelves -
Las iglesias masivas, cafés minúsculos,
Yo en el zinc con mi café au lait,
Las caminatas a lo largo del Sena donde las lámparas de gas se queman.
Ustedes niñas arregladas en asientos de Métro,
Cavalier con sombrero de paja y barba de antes de la guerra.
Pero está esa escena del Louvre que mi mente repite:
'Oye, mira, esta foto! Rembrandt? Algo raro …'
Amanecer en Montmartre sin sonido,
El tabby dormido en el alféizar de la ventana;
Una musette Bal al amanecer, abandonada, relajarse,
Con flores marchitas y tazas vacías alrededor ...
Te encontré diferente de las cosas que había leído:
La guía dejó de lado esto y lo otro de ti.
Pero millones te quieren, Paris - y, dicho eso,
¡Por favor, cuente MK entre el número también!

AMOR JOVEN (JUBILADO)

Llovió, llovió y llovió durante toda la noche.
Pensé: esto no augura nada bueno.
Al mediodía, el inspector de impuestos vino a llamar.
Y más tarde, en la noche, te conocí.
Solo reconocí tu cara con atención.
Has cambiado mucho en todos estos años, ya veo.
Y ya me pasó lo suficiente.
Mi optimismo puesto en su pensión.
¿Qué estoy haciendo? No mucho. Parece
La rutina diaria simplemente continúa sin fin.
Y he desmantelado todos mis sueños juveniles.
Ya han quedado atrás. Ahora están demasiado apretados para mí ...
Sus interminables preguntas ... ¿Estoy contento ahora?
Estoy enamorado, ¿qué más me ha pasado?
No te pregunto nada. Pero puedo leer tu frente.
El tiempo fue ... Pero eso es mucho tiempo desde la historia.
Ahora eres un gran candidato corporativo con dos hijos.
Usted elige la banalidad sin remordimiento.
Una vez que se estableció en un curso diferente,
Pero optó por el seguro y saludable.
Te veo, y nuestros viejos tiempos de antaño,
Y cómo el tiempo gotea a través de nuestras manos como la arena.
Y no soy niño en estos días, lo entiendo.
Ya no creo en las maravillas,
Las espléndidas esperanzas que compartimos hace mucho tiempo
Son pequeños y fríos y muy cortos de emociones.
- Pienso en las fábricas de Dios siempre cambiantes:
A veces realmente pueden moler muy rápido.