domingo, 28 de febrero de 2016

POEMAS DE IVAN TUBAU



(España, 1937)


Cuatro Rubaiyyat de Cambridge


Queremos alcanzar el alma de la piel.
Queremos empaparnos de gozo y de sudor.
Mañana Dios dirá, si hay Dios y si se digna
decir alguna cosa. Bésame el corazón.


* * * * *

                                                                      A Merce

Nos teñiremos pelos, almas y corazones.
Juraremos amor eterno si es preciso
para ser algo más felices un instante.
Ni la mejor mentira, amor, es la verdad.

* * * * *
                                                  «Une orange sur la table
                                                  ta robe sur le tapis
                                                  et toi dans mon lit.»
                                                                   Jacques Prévert


Son un placer muy dulce los dieciocho años.
Juntos lo celebramos, amor, esta mañana.
Cuando llegue la noche, si Dios y Prévert quieren,
me dejarás probar tus nuevos diecinueve.


* * * * *

                                                                  En Sinera de Munt
Cuando yo no esté aquí se habrá acabado el mundo
y no habrá nunca más olor de madreselva
ni el perfume tenaz de entrepierna mojada
ni el aroma del vino ni el azul de la mar.

De "Vendrán meses con erre" 1982-1991

La rosa y la metáfora
1
Aunque seas aún
una metáfora
                            Rosa,
me place tocar
tu muslo con la mano.

5
                                      «A rose is a rose is a rose is a rose.»
                                                                                Gertrudis Stein


Eres Rosa la rosa más rosa
de todas las rosas de aquí y de París
Rosa por delante rosa por detrás
con pezones rosa y mejillas rosa
con labios de rosa bajo nariz rosa
y labios de rosa bajo ombligo rosa
un agujerito de color de rosa
una blusa rosa y unas bragas rosa
un alma de rosa bajo la piel rosa
y una voz de Rosa de color de rosa.

6
                                                                    1984
Hube de conocerte,
                                          Rosa,
para saber lo que era
un ser equidistante
del propio nacimiento
y del fin del milenio.

7
                                  «Lénine, Trotsky, Rosa, Mao...»
                                                                         Edgar Morin
                                                      Journal de Californie


Rosa,
           la más perfumada
de los jardines
de Luxemburgo.

De "Vendrán meses con erre" 1982-1991




PERRO VIEJO


Ladra poco,
sin pasión,
no se si con pereza,
sucintamente,
con eficacia
y economía.

Tampoco sé
si ladras así porque eres sabio y sabes
que toda pasión es indeseable
    -mejor será decir innecesaria-
y la eficacia mayor cuanto más parca y controlada.

o porque te han domados
con canina eficacia
para ladra así.


Hoy llueve todo el día y el termómetro

Hoy llueve todo el día y el termómetro
marca fuera dos grados sobre cero.
Seguramente vale
la pena que la humanidad,
recorriendo a través de los siglos,
las abominaciones
y los millones de años luz en el camino
que lleva a la calefacción central
pueda ofrecer a un estornino
posado en la ventana, justo encima
del radiador,
los dieciocho grados del confort.

Lleva un buen rato tras el cristal. He abierto
la ventana pero no quiere entrar. No deja de mover
el pico emitiendo sonidos. ¿Qué debo hacer, Liz
Taylor? No sé ornitología, soy de letras y nací
en la ciudad. Cuando se vaya dentro de once minutos
no sabré si cantaba feliz o chillaba desesperado.
Ayúdame, Liz Taylor, tú que sabes de pájaros heridos




El holograma



               

Coge, mi dulce amigo

–ya hemos hecho el amor–,

el negativo de la fotografía

de nuestro día de sol en la playa.

 

Corta por la mitad ese negativo,

positiva los trozos:

en uno estaré siempre yo tan solo,

tú estarás en el otro solo siempre.

 

Pero tenemos una holografía.

Desgárrala en siete o mil pedazos

y pon uno cualquiera bajo el láser:

ahí estamos, al sol, juntos, los dos.

 

Cada ínfimo trozo de holograma

contiene entera y compacta la escena

donde tú y yo somos para siempre

un solo instante de amor de verano.

 

Si preguntas a un sabio te dirá

que es la inseparabilidad

de la experiencia cuántica: dos granos

de luz de un todo universal.

 

No es verdad que algún dios nos haya hecho

según su imagen y semejanza:

cada átomo tuyo, mío, nuestro,

era ya Dios entero, como la holografía. 

LA ISLA

Me gustaría
saber por qué
siente la gente
fascinación
por esos trozos 
de tierra firme
como excrecencias
dentro del mar
a las que solo
puede llegar
surcando el aire
o tras navegar.
Me gustaría
saber por qué
es Formentera
la predilecta
de cierta gente
guapa y selecta
que solo puede
llegar allí
en barco propio
o acarreando
la impedimenta
y el frenesí.
Me gustaría
saber por qué
la gente rica
rica muy rica
compra una isla
muy pequeñita
para sentarse
en aquel sillón
frente a la misma
televisión
que contemplaba

en su gran mansión.

Poesía 


No te quiero pura 
ni purificada o purificadora 
ni purista 
dioses 
ni depuradora 
ni depurativa 

El amor existe si haciéndolo estamos 
mientras mestizamos 
salivas mezclamos 
cunilinqüizamos y felacionamos 

Yo te quiero impura 
y verde y madura 
promiscua y cachonda 
y dulce lesbiana puta sabihonda 

Yo te quiero impura 
mojándolo todo 
y haciendo el amor 
como yo te hago. 



PATRIA


Nací
En un tiempo triste y en un triste país
Donde las cosas bellas tenían nombres feos
Donde pecado
Era el nombre que daban al amor y donde
Tristes gentes hablaban de la guerra y se tocaban
El sexo en las tinieblas y con prisas furtivas
En la noche del sábado tras haber contraído
Matrimonio buscando
Patrimonio y remedio
A la concupiscencia o a la sífilis.

Nací en un tiempo triste
Y en un triste país
Donde la gente iba vestida
De negro casi siempre
Y llevaba bigotes cuadrados en el alma. Donde
Ya no servían los nombres de las cosas
Porque las cosas estaban prohibidas
O eran obligatorias: levantar el brazo
Con la mano extendida
Para que los brazos no pudieran
Abrazar y las manos
Llegaran siempre tarde a la caricia.

Nací en un tiempo triste y en un triste
País
Donde los niños se llamaban flechas
O pelayos cuando eran ya mocitos
Y llevaban camisa
Azul y la cabeza
Rapada por la parte de dentro y por defuera:
Mitad monje y soldado les decían
Que tenían que ser cuando crecieran
Y hubieran de avanzar gallardamente
Por Dios hacia el Imperio o viceversa.

Nací en un tiempo triste y en un triste país
Donde las niñas
Se llamaban Begoña y aceptaban
Mansamente un futuro
De monjas o matronas gordezuelas
Cuando la superiora colocaba
Duros sostenes sobre sus tetas tiernas
Y más duros aún sobre la parte
Más tierna del cerebro para que las ideas
No desbordaran nunca el límite preciso
De su destino de mujer: virgen o madre
Y si fuera posible las dos cosas.

Nací
En un tiempo triste y en un triste país:
Abjuro para siempre
Jamás de aquella patria
Donde un millón de muertos velaban el cadáver
De los supervivientes.


EL HOMBRE QUE FUE VIERNES


Un día me contabas
Como quien cuenta un cuento
La historia de aquel hombre
Rubio y de ojos azules
Que bajaba los viernes
De sus altas montañas
Para hacerte el amor
Y volvía a marcharse.

Prohibid
la música y el mar y los atardeceres:
dan placer.


LA CLAU QUE OBRE EL PANY



Escribo poemas
para que descubras
que no soy el mismo
que escribe poemas.



‘Atlantas

Son suyas las praderas de Ripoll
y de Setcases y de Sant Joan
y el mar de Bellaterra y las montañas
más altas de la sierra del Montsant.
Algunos llaman patria a los paisajes
y a las lenguas e incluso al indumento
de los antepasados y a su historia
y a la muerte de antiguos enemigos.
Piensan ellos que son suyas las patrias
porque las llevan en el pasaporte
o que son suyas todas las mujeres
que ante el juez han firmado unos papeles.
Pero él sabe que es suya aquella playa
de Sausalito que pisó una tarde
y el tranvía de cable y la bahía
de San Francisco y la Jack London Place.
Son suyas esta lengua que aquí escribe
y aquella con la cual dice Je t´aime
o Help Ich liebe dich Ti voglio bene
Ves-te´n a fer punyetes Obrigado.
Él sabe que son suyas para nunca
todas las calles por las que pasó
y que su matria son las cien mujeres
que aún habitan su cuerpo y su memoria.
El mundo está preñado todavía
de Atlantas que le esperan, de praderas
abiertas como libros que desean
ser leídos un día con los pies.

sábado, 27 de febrero de 2016

La estática geometría lúdica de Rayo - Las2orillas

La estática geometría lúdica de Rayo - Las2orillas: Mientras los artistas valoran su evolución coherente, el maestro de Roldanillo se quedó en su estilo con su lúdica función de las formas, colores y sombras

POEMAS DE ANGELO POLIZIANO


(Montepulciano, 1454- Florencia, 1494)

Balada V


Mirad que Amor me hizo un don ingrato,
pues me condujo a enamorarme en Prato.

Enamorado estoy de una doncella
a quien sólo de tarde en tarde veo.
Ni artes ni ruegos válenme con ella,
que envidia y celos miran mi deseo.
De cosecha esperanza no destella,
mas de tener sembrado el campo trato.
Mirad si amor me hizo un don ingrato,
que me condujo a enamorarme en Prato.




Balada VIII


Quien quiera ver la célica morada,
de mi Hipálita, busque la mirada.

De los ojas de Hipólita desciende
el Ángel del Amor en llama viva;
el pecho frío como un ascua enciende
y el ánima tan dulcemente aviva
que cuando de la tierra se desprende
dice: "Al Edén he sido transportada".
Quien quiera ver la célica morada,
de mi Hipólita busque la mirada.

Versión de Carlos López Narváez




Balada XIII


¡Bienvenga Mayo
justador y gayo!

Bienvenga Primavera
que prende los amores.
¡Muchachas! en hilera
con vuestros amadores.
¡Bienvenga Mayo
justador y gayo!

La que en beldad florece
sea de amor la sierva,
porque no reverdece
la edad como la yerba.
No se niegue superba
del sol al tibio rayo
con su amador en Mayo.
Versión de Carlos López Narváez



Desgracia de amor

Llorad, piedras, mi dura maladanza:
es de otro la mies de mi labranza.
Siembro mi campo y otro la cosecha;
cubre mis horas la fatiga en vano;
es de otro el ave que mi sed acecha;
sólo la pluma quédame en la mano.
Otros calman la sed que me despecha;
otros ascienden, yo desciendo al llano:
llorad, piedras, mi dura maladanza:
es de otros la mies de mi labranza.
Versión de Carlos López Narváez



Estancias para un torneo


En indecisos años tempraneros,
vellidorando el rostro adolescente,
sin probar del amor, dulces y fieros
los afanes que prueba quien lo siente
Julio vivió sus días placenteros.

Siempre, más leve que la hoja al viento,
alterna, sin cesar, gozo y tormento;
sigue al que huye, burla al que lo ronda,
y viene y va como en el mar la onda.

Cándida Ella y de candor vestida,
con su traje de flores y de hierba;
la crencha de oro en rizos esparcida,
su frente enmarca de humildad superba.
Ríen en su redor Natura y Vida
porque todo lo endulza y desacerba,
y en su porte de regias suavidades
la mirada deshace tempestades.

El ámbito en contorno se hace ameno
al giro de sus luces amorosas;
de júbilo celeste el rostro pleno
destella con el tinte de las rosas.
El aura cede a su rumor divino
y el ave copia de su voz el trino.

No: yo no soy la que tu mente ofusca,
digna de alta, de celeste palma;
allá del Arno en la ribera etrusca
juré fidelidad en cuerpo y alma.

Si tranquila sonríe, la mirada
viste de placidez el firmamento;
el ave, el bosque, a la presencia amada
susurran con el más dulce lamento.
Es, por el prado yendo sosegada,
ritmo grácil de amor el paso lento;
y la verdura, tras la blanda huella
con matices innúmeros destella.

Cortejo fiel tus hijos acompaña,
¡oh Madre del Amor, Venus, divina!
Céfiro, de rocío el prado baña
y en él sus mil aromas disemina.
A su paso, en la vega y la montaña,
Flora sonríe blanca y purpurina;
polícroma la grama reverdece
y en su propia hermosura resplandece.

Entre tus armas encontré reclusa
la imagen que me enciende y arrebata;
si la hórrida faz de la Medusa
he visto cómo al blando Amor maltrata;
si de pavor mi ánima confusa
en tu seguro asilo se recata;
si amor contigo a excelsitud me llama,
guíame, Diosa, al puerto de la fama.

Versión de Carlos López Narváez



Oídme un poco, amantes


¡Ay! Oídme un poco, amantes,
si soy bien desventurado.
Una mujer me ha sujetado,
y ahora no quiere. oír mis quejas.

Una mujer el corazón me ha quitado,
y ahora ni lo quiere ni me lo devuelve;
me ha ceñido el cuello con un lazo ;
me abrasa, me enciende:
Cuando grito no me escucha;
cuando lloro, ella se ríe;
si me sana ni me mata;
y me tiene por suyo aun en tanto dolor.
¡Ay! Oídme...

Es mucho más bella que el sol,
más cruel que una serpiente:
Sus bellas maneras y sus palabras
de dulzura el alma llenan:
Cuando ríe, al momento
todo el cielo se serena.
Ésta mi bella sirena
me hace morir con sus cantos.
¡Ay! Oídme...
Aquí tienes mis huesos, aquí mi carne,
aquí mi corazón, aquí mi vida:
¡Oh cruel! ¿qué tratas de hacer con ellos?
Aquí tienes mi alma desmayada.
¿Por qué renuevas mis heridas
y te muestras ávidas de mi sangre?
Esta bella víbora sorda,
¿quién será que más la encante?
¡Ay! Oídme...
Versión de Carlos López Narváez



Yo te doy gracias, Amor

Yo te doy gracias, Amor,
de toda pena y tormento,
y de hoy más estoy contento de todo dolor.
Contento estoy de cuanto he podido sufrir,
Señor, en tu hermoso reino;
ya que por tu merced, sin mérito mío,
me has dado tan gran prenda,
ya que me has hecho digno
de tan bienaventurada sonrisa,
que al paraíso ha llevado mi corazón.

Yo te doy gracias, Amor.
Al paraíso mi corazón han llevado
los bellos ojos risueños,
donde yo te vi, Amor, estar escondido
con tus llamas ardientes.
¡Oh, lindos ojos lucientes
que el corazón me habéis quitado!

Yo te doy gracias, Amor.
Ya temía yo por mi vida:
Mi señora vestida de blanco
con sonrisa amorosa me socorrió
gozosa, bella y honesta:
Matizada tenía la cabeza
de rosas y alhelíes,
y sus ojos al sol vencen en su esplendor.
Yo te doy gracias, Amor.
Versión de Carlos López Narváez

viernes, 26 de febrero de 2016

Poemas de Efraín Jara Idrovo


( Ecuador, 1926)

INVOCACIÓN A LA VIDA


¡Ven a mí, agitación universal,
inmunda Vida amada!
¡Envuélveme en la velocidad de tus llameantes torbellinos,
quebrántame con terrores y relámpagos,
mis huesos pon a sonar
con el sonido demente del festín de las moscas,
ábreme en llaga y abandóname en un pozo de sal!

¡Amor, que los buitres perciban mi poderosa hedentina!
¡Que el perro muerto ola flor pisoteada
me pongan a llorar!
¡Qué en los barrancos calcinados de mis ojos se frustre
la frescura insidiosa de las semillas de las apariencias!
¡Que se agriete mi corazón
igual que los labios del sediento
y mi sexo despierte con un alarido,
como si un enorme cangrejo lo aprisionara entre sus pinzas!

Hiende los muros, ¡Amor,
puta Vida adorada!
Arrásalos con tu cola de planetas enloquecidos;
piedra a piedra demuele
las construcciones del conocimiento.
Dame la sabiduría del puñal,
que sólo cree en la sangre;
la seguridad de la serpiente,
que únicamente fía del veneno;
la libertad del viento que se persigue a sí mismo,
como el alucinado.

Rompe los candados de la locura
y entrégame sus cofres de mariposas aturdidas;
redímeme las gotas corrosivas del antes y el después,
de las esperas
y sus vientres ahítos de relojes congelados;
permite que las relaciones
entre la muerte y yo, sean, apenas,
las del hombre solitario que acaricia su gato.

Y, sobretodo, concédeme que nada me sea indiferente,
que cuanto se desnude en mi ojo
remonte al mundo con nitidez de lámpara o espada;
que todo deje un reguero de vísceras en la conciencia:
la agonía del escorpión dentro del círculo de fuego,
el paladar del prójimo
azotado por las espinas del hambre,
el pequeño fragmento de madera roído por el océano…
Porque si nada de esto
me tritura los testículos, Amor,
es porque hay sitios de mi alma que no conozco todavía…


TRES DESIGNIOSEN INTENSIDADES AGUDAS

su pasión
su posición
(¿suposición?) 

mi posesión
su pasión
su presión
su precisión

mi supresión
su pasión
su misión
sin remisión

mi sumisión

CIRCULO FATAL

del fuerte es la suerte
la suerte del fuerte
la muerte es la suerte
la muerte del fuerte
la muerte muerde
muerde la muerte
muerde la suerte
la suerte muerde
fuerte muerde la muerte
la muerte muerde la suerte
la muerte muerde fuerte
suerte es la muerte del fuerte
la suerte de la muerte del fuerte
la muerte es la suerte del fuerte
la muerte de la suerte del fuerte
la muerte muerde la suerte del fuerte
la muerte del fuerte muerde la suerte
suerte de la muerte
muerte de la suerte
¡coño!
y no hay etcétera
no hay etcétera



EN LA ALFOMBRA, SENTADA, ESTÁS DESNUDA



Lo mismo que la antorcha, estás desnuda,
perfección de la llama es tu belleza.
Perfección, desnudez, abstractas, hablan
no a los sentidos, al entendimiento.

Primor y perfección suman belleza,
delicado equilibrio de las formas:
serenidad de las constelaciones,
glacial incandescencia del diamante.

En la alfombra, sentada, estás desnuda;
repliegas contra el pecho las rodillas:
sin ofrendarte exhibes tu inocencia.

Ausente, me sonríes, como en sueños.
Desnuda eres irreal de tan perfecta.
¡No veo el cuerpo, miro tu hermosura!


GRACIAS POR DARME, AMOR, TU AIROSA FLECHA.


Gracias por darme, Amor, tu airosa flecha
que me ensangrienta en horas ya de ocaso:
lapso en que al corazón ronda el misterio
con su respiración de leopardo...

Tiempo y conocimiento no menguaron
mi intrepidez, mecida entre relámpagos.
La intemperie es mi patria, no el sosiego.
Amo la intensidad, no lo que dura.

Y gracias por Preciosa. Hallé en sus ojos
al enigma enfrentado en el espejo:
si hay que morir, que sea enamorado.

Desde que hundí mi rostro entre sus senos
nostalgia apenas soy de su tersura,
nunca más voluntad ni pensamiento.


Estructuras para una elegía (fragmento), de Sollozo por Pedro Jara


" Desesperado revoloteo del instante
nosotros
los insensatos
los alimentadores de desmesuras y de tumbas
los que nos desvelamos
por saber qué hacemos aquí
anhelamos la inmensidad del océano
y sólo nos pertenece la indecisión de la lágrima
pedropiélago te quise
te tuve pedrogota
pedromar te ansié
te perdí pedroespuma
como a la playa la marea debías sobrepasarme
pero tu muerte crecía más rápido que mi amor
delicada espina de erizo
sombrilla errante de la medusa
agonía de terciopelos del deslizamiento del pez
chillido de la gaviota entre el fragor dula rompiente
todo se ahonda
se hunde
se difunde
parecías forjado con la tenacidad del arrecife
farallón olvidado del tiempo
indeclinable jabalina del albatros
¡pero fuiste aleteo de golondrina en el vendaval!
imaginé disparándose tus huesos
con la gracia tenaz de las columnas
con la agresiva terquedad de las madréporas
¡pero fuiste apenas resplandeciente estertor
del róbalo aventado en las arenas!
ay pedroesteladealgas
ay pedrosalpicaduradeola
en el rutilante acantilado de la vida "

Sollozo por Pedro Jara



(Estructuras para una elegía)
I
1.1
el radiograma decía
"tu hijo nació. Cómo hemos de llamarlo"
yo andaba entonces por las islas
dispersa procesión del basalto
coágulos del estupor
secos ganglios de la eternidad
eslabones de piedra en la palma del océano
rostros esculpidos por el fuego sin edad
soledad
terquedad relampagueante de la duración
enconado olor seminal de los esteros
andaba
anduve
y dije
mientras vociferaban la sangre y las gaviotas
se llamará pedro
pedrohuesosdepedernal
pedrorrisadepiedra
piedra inflamada por la lumbre de meteoros de la vida


1.2
el radiograma decía
"tu hijo nació, envía su nombre"
yo andaba entonces por el archipiélago
renegrida osamenta del basalto
sílabas del silencio
sillares de la eternidad
guirnalda de piedra en el pecho del océano
coloquio de cíclopes sin edad
soledad
orfandad deslumbrante del espacio
desgarramiento de túnicas del viento
andaba
anduve
y dije
en tanto aullaban el sexo y las focas
te llamarás pedro
pedrovenasderroca
pedrollamadepiedra
piedra enardecida por el aliento de leones de la vida


1.3
el radiograma decía
"tu hijo nació. Cómo lo llamaremos"
yo andaba entonces por las galápagos
cetrinas encías del basalto
alvéolos del desamparo
dentadura de la eternidad
diadema de piedra en la testa del océano
mantos de lava sin edad
soledad
oquedad fulgurante del tiempo
hervor continuo de astros al pie de los acantilados
andaba
anduve
y dije
entre el bramido de los sueños y las olas
te llamaré pedro
pedroespinazodepeña
pedropiedrasinedad
piedra tenaz e incandescente que ha de sobrevivirme


II

2.1
¡hijo mío!
mordido implacablemente por los nitratos de los días
parecías tallado en diamante
hechoparaempiedradurar
hechoparaperdurar
entre las proliferaciones de herrumbre del tiempo
pero todo cuanto arde en la sangre o la inteligencia
suena a caída de hojas y aniquilamiento
ay cinceles de piedra para hendir la roca
ay impacto sordo de fruto del golpe de las masas
ay facciones abrasadas por la lengua de la caducidad
rostros de piedra
rastros de piedra
semblantes de piedra rapa-nui
pómulos curtidos por la soledad del mundo
friso del desamparo
cuencas imperturbables donde se agazaja el tiempo
como un pequeño animal despavorido
sienes de piedra
mandíbulas de piedra
pedrobasalto o pedroisladepascua
piedras contaminadas por la pasión del hombre
piedras corroídas por las sales del exterminio
piedras que han ido aligerando el volumen
en el polvo sollozante de les adioses


2.2
¡hijo mío!
azotado salvajemente por la desesperación de las olas
Parecía cincelado en granito
hechoparaempiedraendurar
hechoparaperdurar
entre la frenética agitación de las aguas
pero todo cuanto se enciende en el corazón o el tacto
se infecta de perecimiento
ay puntas de obsidiana de las armas de mis abuelos
ay graznido de halcón de las hachas arrojadizas
ay lajas de las calzadas imperiales
rótulas de piedra
vértebras de piedra
escalones de piedra de macho-picchu
cresta en la que afilan su alfanje las centellas
balcón arisco del cóndor
goterón de silencio donde anida el tiempo
como flor entre los costillares triturados del trueno
fémures de piedra
párpados de piedra
pedroasperón o pedromachu-picchu
piedras dejadas de la mano del hombre
piedras caldeadas por los tizones de la agonía
piedras que han ido desvaneciendo el afuera
en el polvo de las despedidas


2.3 
¡hijo mío!
desgarrado despiadadamente por las uñas de la sombra
parecías labrado en pedernal
hechoparaempiedramadurar
hechoparaperdurar
entre la silenciosa violencia de las cenizas
pero todo cuanto toca la mano o el amor
empieza a vacilar y desmenuzarse
ay guijarros vueltos silbo de dardo por la honda
ay hornacinas de donde el cierzo expulsó al guerrero
ay volúmenes arrancados al sueño de la geología
muros de piedra
hombros de piedra
dinteles de piedra de inga-pirca
proa despedazada en los arrecifes de lo perecedero
encordadura del aguacero
gran ábside donde golpea el viento
como un muñón de cólera
torso de piedra
cejas de piedra
pedropórfido o pedroinga-pirca
piedras contagiadas por el desvelo del hombre
piedras carcomidas por los líquenes del exterminio
piedras que han ido consumiendo su presencia
devoradas por la supuración de la muerte


III

3.1
desesperado revoloteo del instante
nosotros
los insensatos
los alimentadores de desmesuras y de tumbas
los que nos desvelamos
por saber qué hacemos aquí
anhelamos la inmensidad del océano
y sólo nos pertenece la indecisión de la lágrima
pedropiélago te quise
te tuve pedrogota
pedromar te ansié
te perdí pedroespuma
como a la playa la marea debías sobrepasarme
pero tu muerte crecía más rápido que mi amor
delicada espina de erizo
sombrilla errante de la medusa
agonía de terciopelos del deslizamiento del pez
chillido de la gaviota entre el fragor dula rompiente
todo se ahonda
se hunde
se difunde
parecías forjado con la tenacidad del arrecife
farallón olvidado del tiempo
indeclinable jabalina del albatros
¡pero fuiste aleteo de golondrina en el vendaval!
imaginé disparándose tus huesos
con la gracia tenaz de las columnas
con la agresiva terquedad de las madréporas
¡pero fuiste apenas resplandeciente estertor
del robalo aventado en las arenas!
ay pedroesteladealgas
ay pedrosalpicaduradeola
en el rutilante acantilado de la vida


3.2
fulminante incandescencia de lo efímero
nosotros
los desatinados
los alimentados con desvaríos _v frustraciones
los que nos obstinamos
por justificar el júbilo de estar aquí
codiciamos la vastedad del bosque
y sólo nos pertenece la vacilación de la hoja
pedroselva te quise
te retuve pedropecíolo
pedrofronda te ansié
te perdí pedrohojarasca
como al girasol la semilla debían sobrevivirme
pero tu sangre corría más rápido que mi desvelo
quebradiza aguja de pino
titubeante pupila de la resina
frenesí de mariposas de la lámpara del polen
trino de ruiseñor entre el estruendo de la catarata
todo se ahonda
se hunde
se refunde
parecías erguido con la reciedumbre del olivo
encina olvidada del tiempo
orla inabarcable del vuelo del gavilán
¡pero fuiste colibrí en el embudo del huracán!
concebí perfilándose tu frente
con la dulce pertinacia de las cortezas
con el agria avidez de las raíces
¡pero fuiste apenas crujido de ala de ángel
de la espiga pisoteada por el casco!
ay pedrohuelladegarza
ay pedrorrasguñodeviento
en el resplandeciente promontorio de la vida


3.3
incesante remolino del ahora
nosotros
los obcecados
los urdidores de discordias y silogismos
los que nos desesperamos
por descifrar los signos de la incertidumbre
ambicionamos la imperturbabilidad de la montaña
y solo nos pertenece la postración del polvo
pedromegalito te quise
te tuve pedroguija
pedrorroca te ansié
te perdí pedroarena
como a la colina la luna debías desbordarme
pero tu angustia cundía más rápido que mi dolor
trizada lámina de lapislázuli
deslumbradora llaga del diamante
relampagueante éxtasis de la vena aurífera
arrullo de paloma entre la vociferación del alud
todo se hunde
se funde
se confunde
parecían implantado con la serenidad del nevado
filón olvidado del tiempo
majestuosa rúbrica del vuelo del gerifalte
¡pero fuiste empeño de mariposa en la tempestad!
pretendí recortándose tus hombros
con la poderosa simplicidad de las cumbres
con la perseverancia de las murallas
¡pero fuiste apenas súbito centelleo
del guijarro machacado en el torrente!
ay pedrocráterextinguído
ay pedrodesmoronamiento-de arena
en el desfiladero insondable de la vida


IV

4.1
en verdad
¿fue verdad?,
¿eras tú el que pendía de la cadena del higiénico
como seco mechón de sauce sobre el río?
ser ido
ser herido
sal diluida
suicida
ah surco de paloma del pensamiento
borrado por el sonido atronador del desdén
ah soberbia del astro que manda al diablo su órbita
ah pertinaz repudiador de lo establecido
pedrogorralrevés
pedromuertealospájaros
pedrorrompelosvidrios
y el eterno brazo entablillado
pedro fermentación de vísceras de la vida
¡sólo que ya no estás!
sólo que al cerrarte los párpados
para velar el relámpago congelado en tus ojos
ya no te reconocía
¿eras tú en verdad?
¿eso de helada indolencia de témpano?
¿eso de pavesas que la desesperación insta a soplar?
¿eso que se desmorona en las tinieblas para siempre?


4.2
en verdad
¿fue verdad?
¿eras tú quien colgaba de la cadena del higiénico
como polea inútil de una construcción abandonada?
ser ido
ser sido
sol de huida
suicida
ah recinto de espejos del pensamiento
empañado por el vaho de amapolas de la pasión
ah fascinación siniestra por el ojo de remolino del vacío
ah sempiterno impugnador de los acatamientos
pedrocalzoncillos al revés
pedrocabezarrasurada
pedroceroengramática
y los faldones de la camisa afuera
pedro ofuscación de enredaderas de la vida
¡sólo que ya no estás!
sólo que al ponerte las manos sobre el pecho
para devolverte a la inocencia delirante de la materia
ya no te reconocía
¿eras tú en verdad?
¿eso de vana crispación de mano de náufrago?
¿eso de cenizas que el viento no tardará en dispersar?
¿eso que devoró su reserva de lumbre en una sola fulguración?


4.3
en verdad
¿fue verdad?
¿eras tú el suspendido de la cadena del higiénico
como un péndulo paralizado en la eternidad?
ser ido
ser sido
ser huida
suicida
ah palacio de cristal de la inteligencia
invadido por las emanaciones coléricas del instinto
ah obstinación de mariposa por el otro lado del espejo
ah perpetuo opositor a lo constituido
pedrocálcetinesalrevés
pedroojosemplomados
pedrochaquetasestrafalarias
y los cuadernos extraviados
pedro exasperación de jaguares de la vida
¡sólo que ya no estás!
sólo que al mirarte por última vez
antes de entregarte a la humedad y a la disipación
ya no te reconocía
¿eras tú en verdad?
¿eso de melancelía de estandartes abatidos?
¿eso de inmovilidad que antecede al furor subterráneo?
¿eso de luto y gérmenes ya alimento de los tréboles?


V

5.1 
pedro ya no
tan sólo piedra
grumo devuelto a las opresivas láminas del esquisto
al congelado silencio de la cantera
nunca más la aventura únicamente a la ventura
al ensañamiento vesánico de las depredaciones
a lo que sólo deja residuos nunca huellas
nunca sonido de enramadas y raíces en el pecho
estela de tizones del tiempo
pero refulges en mí
como una espada al fondo dé un arroyo
pero suspiras en mí
amas todavía en mí
golpeas en el corazón
como un animal anhelante de otra oportunidad
¡hijo mío!
somos fervor de espuma de un piélago insondable.


5.2
pedro ya no
tan sólo estalactita
mineral devuelto a la rapacidad del polvo
a la vulva del huracán de la metamorfosis
nunca más la aventura
únicamente la desventura
a la vengativa eficacia de la disgregación
a lo que sólo exige espacio
nunca tiempo
nunca aleteo de petreles y golondrinas en las sienes
reguero de brasas de la perseverancia
pero rutilas en mí
como una ola que por fin hace playa en el corazón
pero parpadeas en mí
alientas todavía en mí
animas en la sangre
como una semilla ávida de nuevas germinaciones
¡hijo mío!
somos el murmullo de un follaje inmarcesible


5.3
pedro ya no
tan sólo cuarzo
bloque devuelto al estupor de palomas de la roca
a la desaforada perversidad de los ácidos
nunca más la aventura
únicamente la envoltura
a la tosudez metálica de lo inerte
a lo que sólo impone sombras
nunca formas
nunca arterias de diamantes y de rosas en la frente
pisada de ascuas de la duración
pero fosforecer en mí
como el meteoro cuando irrumpe en la atmósfera
pero sueñas en mí
vives todavía en mí
ardes en la memoria
como las viejas tonadas de la tribu en los labios de los adolescentes
¡hijo mío!
somos los ecos de un tañido inextinguible.

El Lecho
Este es un lecho,
digo.
Y sé que no fue un lecho,
sino
un acantilado
batido por espumas y hogueras
de delirio;
bosque donde el amor
atronó;
con torrentes de espadas
y tropeles
de animales en llaga.

DESNUDEZ MAS PRIMOR SUMAN PUREZA


Lo mismo que la antorcha, estás desnuda:
perfección de la llama es tu belleza.
Desnudez, perfección, abastractas, hablan
no a los sentidos, a la inteligencia.

Desnudez más primor suman belleza:
auroral inocencia de las formas,
serenidad de las constelaciones,
glacial incandescencia del diamante...

En la alfombra, sentada, estás desnuda;
pliegas las piernas contra el pecho: entregas
al ojo tu esplendor, sin ofrendarte.

Ausente, me sonríes, como en sueños.
Desnuda eres irreal, de tan perfecta,
¡no veo el cuerpo, miro tu hermosura!

TRÍPTICO


III

Y de este ardiente amor, rabioso y triste,
como el ojo del tigre que agoniza,
¿qué quedará? ¿Qué logrará salvarse
del desapego y de la desmemoria?

Amor no niega al tiempo: los amantes
truecan en apariecia su transcurso;
arrobados, lo abrevian o dilatan.
¡Sus instantes demoran lo que siglos!

Fingen la eternidad, pero los días
ni a los amantes ni al amor perdonan:
sueños del polvo, han de rendirse al polvo.

De ti, de mí, ni quedará el gusano.
Mas este amor, que no confió en palabras,
airoso, en canto ha de sobrevivirnos...