viernes, 29 de octubre de 2021

POEMAS DE JOSÉ HEREDIA MAYA

 



Aunque sea reciente mi carné

 

Aunque sea reciente mi carné

yo nací hace milenios:

cuando despacio al paso de la bestia

el horizonte se horadaba.

 

Cuando la muerte

era un signo de Dios omnipotente

y no un signo de Dios exterminando

(es posible que no existiera Dios

todavía en la mente de los hombres).

 

Cuando los niños

jugaban con la luna

y todos con la misma se acostaban.

 

Cuando decir yo espiga

o Federico era lo mismo.

 

Cuando el mar y su canto era la miel

de todo oído y paladar bien hechos.

 

Cuando Ulises y Sancho no existían.

 

Cuando la Tierra era una estrella

y no un soporte

de mendigos de muertos

de famélicas madres de animales terribles

y no un soporte digo

de negros de amarillos y de blancos

y dentro de los blancos

moros indios y gitanos entre otros.

 

Cuando las cosas eran más de Dios

y más de todos.

 

Cuando nací ya hace milenios

aunque sea reciente mi carné

todo era mucho más hermoso

pero aquello duró

lo que un relámpago

o tal vez menos.

Tomado de:

http://www.rizoma-freireano.org/poema1616/aunque-sea-reciente-mi-carne-jose-heredia-maya

 

POEMA EN RITMO MENOR
DE «SONES SOLO»

Ah tierra pon tu cuerpo a tierra

tierra tierra gitano tierra comba

paraíso gitano luna siembra

siembra siembra gitano siembra sombra

Ah tierra pon tu cuerpo a tierra muerta

muerta gitano la esperanza muerta

gitano la esperanza muerta muerta

y la esperanza muerta muerta muerta

Ah pon tu cuerpo a tierra tierra tierra

y siembra siembra siembra siembra siembra-

te en el cuenco del ojo tierra tierra

en la limosna de las manos tierra

en la lengua el escupitajo ¡escúpeles

con asco el asco de tu tierra! MUERTA

 

SONETO POR MIRABRÁS

A Vicente Aleixandre

 

Llegó la tarde en sombra y campanada

y el arcángel, cansado del sendero,

suave, dulce, posóse en el alero

con cálido rumor de ala plegada.

Y todo fue silencio, apenas nada

sino blondo plumaje, aquel reguero,

predio de luz y aroma y ventisquero

de lirios en la sangre enamorada.

Aréola y pezón, cumbre del beso,

amarilla tristeza fue posible

envidiada del más festero trance.

Qué pámpano de tierna brisa el peso

del asta de tu ausencia, irrepetible

entre verdes magnolias a mi alcance.

 

 

NEGLIGENCIA

 

El arcángel del llanto no venía

para regar el huerto y la azucena

y ensombrar con sus alas a la arena

del circo en el dolor del mediodía.

Sabemos que el arcángel poseía

una amante andaluza, tan morena,

ojos grandes, la boca, donde entrena

su odio mortal el dios de la alegría.

El arcángel borracho por la calle,

los hombres esperando su llegada,

y tú, con la ternura por el talle,

azul prendida, dejas la sonrisa

que ascienda como pájaro o mirada

a las dulces mansiones de la brisa.

 

 

DE TANTA NOCHE PRESUMIDA Y SOLA

 

Nido frutal tu risa si ofreciera

como cálido mar de transparencia

grises barcos cargados con la herencia

fugaz del ave en sombra, sueño y cera.

Qué noctámbula flor de primavera

la fiesta que viviste con mi ausencia

en soledad convierte la querencia

que le tiene tu amor a la quimera.

Hermoso arcángel, bello de tan triste,

de tanta noche presumida y sola,

de tan tierno repudio a la amapola,

qué tránsito de amor, qué verde tallo

ofreces en la brisa y se resiste

a este momento azul en que me callo.

 

 

ARCÁNGELES HUMANOS

A Juan Béjary Mari Carmen,

Después de una visita a su estudio

 

Llega el dolor o la ternura

por estas, nuestras cosas idas.

por el dulce camino de los grises

vuelve el pincel del reino, vuelve

donde el amor o la tristeza vencen

y se hermanan con el estar simétrico

de dos muñecas como dos palomas

delicadas heridas en el vuelo,

torcaces en el vuelo heridas.

Y están y estamos pendientes

y abocados al sepia último que les dieras.

Como una piedra cayera una manzana

vence la gravedad y los colores

de la izquierda jardín quisiera ser

para Giocondas consumadas desde

una inmensa alcazaba donde habita

—perenne alféizar

para la levedad de un bucle—

la humana soledad que se comparte.

Qué hermoso arcángel, bello como triste,

recorriera envidiando

ya la luz, ya el paisaje de estos lienzos

con un abrazo enorme que rodea

al anillo exterior del universo.

Tomado de:

https://galefod.blogspot.com/2014/02/jose-heredia-maya.html

jueves, 28 de octubre de 2021

POEMAS DE PEDRO GEOFFROY RIVAS

 



Locuramor

 

      Locumaror gritando su batalla

      Desde un cielo sin luz, inexpresado.

      Me creciste de pronto en el costado

      Como una inmensa flor que me avalla.

    

      Una roja tormenta me restalla

      Dentro de cada poro enamorado,

      Me recorre un incendio desatado

      Y un trueno en cada glóbulo me estalla.

    

      Voy a decirte amor hasta los huesos,

      Voy a gritarte amor hasta el olvido.

      Se me quiebra la voz cuando te nombro.

    

      Me alimento soñando con tus besos.

      Y si sólo fue un sueño lo vivido

      Quiero vivir del sueño de tu asombro.

 

Tutecotzimit

 

 

      Bronce para campanas, tu nombre caudaloso        

      Me llega desde el fondo de los siglos, tu fuerte  

      Mano franca y abierta, tu mirar luminoso          

      Aclarando los duros caminos de la muerte.        

                                                        

      Bajando de quien sabe altísmos rosales,          

      Tu recuerdo perfuma mi esperanzado asombro.      

      Tu voz, llena del fresco rumor de los maizales,  

      Le prestará su acento al canto en que te nombro.  

                                                        

      Padre de la amistad, viejo oscuro y hermoso,      

      Que un día derribaste de su trono al odioso      

      Cuauhmíchin, el tirano que traicionó la fe,      

                                                        

      Es preciso que vuelvas: en cruentas bacanales,    

      Modernos Cuauhmíchines ofrendan macehuales      

      En el ara sangrienta del gran dios del café.

 

 

Vida, pasión y muerte del anti-hombre (v)

      Vivíamos sobre una base falsa,

      Cabalgando en el vértice de un asqueroso mundo de mentiras,

      Trepados en andamios ilusorios,

      Fabricando castillos en el aire,

      Inflamando vanas pompas de jabón,

      Desarticulando sueños.

    

      Y mientras,

      Otros amasaban con sangre nuestro pan,

      Otros tendían con manos dolorosas nuestro lecho engreído

      Y sudaban para nosotros la leche que sus hijos no tuvieron nunca.

    

      Ah, mi vida de antes sin mayor objeto

      Que cantar, cantar, cantar,

      Como cualquier canario de solterona beata.

      Ah, mis veinticinco años tirados a la calle.

      Veinticinco años podridos que a nadie le sirvieron de nada.

    

      Pobrecito poeta que era yo, burgués y bueno.

      Espermatozoide de abogado con clientela.

      Oruga de terrateniente con grandes cafetales y millares de esclavos.

      Embrión de gran señor, violador de mengalas y de morenas siervas

                                                                              

      Campesinas.

    

      Y me he muerto en la flor de los años y a media carcajada de la vida,

      Cuando era una promesa para varias familias

      Y una clara esperanza para dos o tres patrias.

      (¿Cuántas niñas cloróticas lloraron sobre esta mi muerte sin sentido?)

      (¿Cuántos borrachos repitieron entre hipos mis inútiles versos?)

      (¿Cuántos curas rezaron por el descanso eterno del alma que no tuve?)

    

      Y descendí también a los infiernos.

    

      He visto al hombre desnudo y tembloroso

      Purificarse en llamas de miseria.

      He visto al hombre en toda su terrible verdad,

      En su espantosa y sublime verdad,

      Revolcarse en los lodos de las más cruentas y salvadoras objeciones,

      Empinarse en los inicuos pedestales de las más íntimas y dolorosas

                                                                               

              Bajezas

      Y surgir transparente de los fuegos de su propia recriminación.

    

      Y también me levanté de entre los muertos.

    

      Violento, desatado,

      Como un huracán recién parido,

      Colgado de mi angustia,

      Despeñado en mis ímpetus,

      Con los ojos cuajados de asombro y la palabra apenas murmurada

      Dejando todavía acre sabor de sangre entre los labios,

      Cargado con el enorme peso de la respuesta única,

      Ardido en los crisoles de hondos regocijos,

      Resurrecto en la alegría fecunda y madrugada

      Que puso en mi cariño dos radiosas auroras proletarias.

      Y el camino fue ancho y la luz fue más viva.

 

Un poquito de muerte

 

 

      Has llegado a mi vida                                

      Con un siglo de retraso.                              

                                                            

      Precisamente cuando nadie podía ya salvarme.           

      (La última nave la quemé una noche,                  

      hace ya mucho tiempo,                                

      junto al puerto de una mujer dormida).                

                                                            

      Sin embargo mujer,                                    

      Faro y abismo,                                        

      Gracias te doy por la bondad obrada,                  

      Por la hora de luz y el minuto de vórtice.            

                                                            

      Toma un pedazo de alma                                

      De estos que voy dejando como quien da retratos.      

                                                            

      Cuando me vaya                                        

      Con el triste bagaje de pupilas                      

      Que me miraron silenciosamente,                      

      Tú también sentirás,                                  

      Como las otras,                                      

      Un poquito de muerte en el recuerdo.

Tomado de:

http://www.poemaspoetas.com/pedro-geoffroy-rivas

 

La búsqueda

 

Yo no encuentro la letra deseada

para mi canción,

ni encuentro los ojos que llevo

en el corazón.

 

Cuando escucho un canto me digo:

esa es mi canción.

Cuando veo unos ojos exclamo:

los del corazón.

 

Pero pasa el canto y se van los ojos

y aún siento en el alma vibrar la canción

y siento como arden dos negras estrellas

en el corazón.

Tomado de:

http://poesiabreve-briefpoetry.com/pedrorivas.html

 

CREACIÓN DEL HOMBRE

 

 

Del sagrado connubio de Xochipili y Xochiquetzal

nació un portentoso niño.

 

Y dijeron los Dioses:

“Daremos a la tierra este cuerpo divino

para que en ella sea fruto y flor de prodigios”.

 

Extendieron el cuerpo tierno y fresco

Por el monte y los valles.

 

El cabello se volvió blanco algodón.

De sus orejas brotaron dos árboles floridos.

Su nariz se convirtió en el chían.

Sus dedos se tornaron camotes.

Sus diez uñas dieron origen al maíz.

El resto del cuerpo se transformó en mil frutos.

 

Los Dioses lo llamaron cinteotl,

el que forja alimentos.

 

Y dijeron los Dioses:

“Hemos de crear al hombre”.

 

Cada uno de ellos recogió cuatro granos de maíz amarillo,

cuatro granos de negro,

cuatro granos del rojo,

cuatro granos del blanco.

 

Cuatro veces durante cuatro días

recogieron maíz los cuatro Dioses.

 

Enseguida molieron y amasaron los granos

y con la blanda pulpa conformaron un cuerpo.

 

Durante cuatro días lo expusieron al sol.

 

El quinto día,

el jaguar de la noche lo recontó en su espejo

y el murciélago rojo lo cubrió con su manto.

 

El sexto,

vino el Águila y acarició su frente.

 

El séptimo,

el Lagarto sopló sobre su boca.

 

Se irguió entonces el hombre

y comenzó a caminar sobre la Tierra.

Tomado de:

http://laberintodeltorogoz.blogspot.com/2010/10/creacion-del-hombre-pedro-geoffroy.html

 

Nostalgia de mujer

 

Nada me queda ajeno a tu presencia

porque todo lo abarcas en tu límite

debajo del gozoso milagro de tu piel

 

Los ternísimos metales que te habitan

y tu sangre, erizada de amapolas me preguntan a gritos por el lobo

que duerme desesperado en el fondo de mis uñas

y por el duro arcángel que preside mi sueño sin fatiga.

 

Tus cabellos me preguntan sus luciérnagas

cuando a mi lado inalterable y quieta,

ves pasar a lo lejos una cuidad en busca de habitantes

y un lento cementerio que pregona sus muertos

y reclama un oscuro cascabel y un pedazo de luna

para encender sus fuegos fantasmales.

 

Y nada te responde sino la minuciosa espiga

en que grana mi afán por adorarte.

Sola en el tiempo, sola y desolada

sin estatua ni abeja ni agua levantándote,

sin nada que no sean tus jugos esenciales,

tu devorada almendra, tus espadas tenaces

y la apagada lámpara en que vives

desde que no eras tú ni me buscabas.

Tomado de:

https://exegesisypoesia.wordpress.com/tag/pedro-geoffroy-rivas/

 

miércoles, 27 de octubre de 2021

POEMAS DE JUAN JOSÉ DOMENCHINA

 

(18 de mayo de 1898, Madrid, España - 17 de octubre de 1959 Ciudad de México, México)


Destierro

Es la noche sin fin, la desvelada

noche, que con sus filos de cuchilla

implacable recorta en amarilla

muerte, nuestra silueta enajenada.

 

Vivir, cuando vivir no vale nada,

equivale a sembrar, con la semilla

infecunda, el dolor, que tanto humilla;

de una existencia rota y postergada.

 

Y el insomnio repite inexorable

el paso de la vida irrevocable,

que, sin dejarse de sentir, se aleja.

 

¿Dónde nos llevará, tan sin camino,

tan juguete irrisorio del destino,

nuestra razón destartalada y vieja?

 

Distancias

Distancias.

En la vida hay distancias.

 

El hombre emite su aliento,

el limpio cristal se empaña.

 

El hombre acerca sus labios

al espejo…

pero se le hiela el alma.

 

(…Pero se le hiela el alma.)

 

Distancias.

En la vida hay distancias.

 

Hastío

Hastío -pajarraco

de mis horas-. ¡Hastío!

Te ofrendo mi futuro.

 

A trueque de los ocios

turbios que me regalas,

mi porvenir es tuyo.

 

No aguzaré las ramas

de mi intelecto, grave.

No forzaré mis músculos.

 

¡Como un dios, a la sombra

de mis actos -en germen,

sin realidad-, desnudo!

 

¡Como un dios-indolencia

comprensiva-, en la cumbre

rosada de mi orgullo!

 

¡Como un dios, solo y triste!

¡Como un dios, triste y solo!

¡Como un dios, solo y único!

 

La corporeidad de lo abstracto

Mujer. Palabra rubia,

de miel. Vaso de oro.

Persistencia monótona, de lluvia.

Silencio puro. Balbucir sonoro.

Mármol o bronce. Simulacro.

Corporeidad rotunda. Lanza

de emoción. Fuego sacro.

Cumbre de todos los instintos. Danza.

Médula de lo ignoto. Áurea vedija

incoercible. Vientre de los nombres.

Arca de la eternidad. Hija

del Hombre. Madre de los hombres.

 

Mis plantas, estas plantas…

Mis plantas, estas plantas de impreciso

paso sin huella, errantes por el suelo…

Ayer anduve firme, y hoy no suelo

sentirme las pisadas cuando piso.

 

Anduve firme cuando Dios lo quiso.

En mi solar dejaba sin recelo

bien asentado el pie que en vilo, en vuelo

hoy va, entre dos azares, indeciso.

 

Triste levitación de exasperado

y en revuelo pueril de ala partida

que cruza por la tierra, desterrado.

 

Tras su sombra, y sin huella, en una ardida

fuga de corto alcance alicortado,

sobre otra tierra ya, también perdida.

Tomado de:

https://www.isliada.org/poetas/juan-jose-domenchina/

 

UNA VEZ MAS TU PIEL...

 

 

...camisa de culebra en el camino...

J. J. D.

 

 

 

Una vez más tu piel, tu desprendida

piel de reptil, se pudre en el sendero,

junto al descamisado pordiosero

que nos viene a vender la nueva vida.

 

Con plantas sin raíces, mal prendida

a la derrota de su derrotero,

va el paso peregrino del romero

extático en su punto de partida.

 

El curso —intemporal, intempestivo—

de este tiempo que pierde su andadura

queda absorto en instantes sin motivo.

 

...Tu amanecer difuso nos augura

otro permanecer, otro cautivo

tiempo en espera, por la noche oscura.

 

DESTIERRO

 

 

Es la noche sin fin, la desvelada

noche, que con sus filos de cuchilla

implacable recorta en amarilla

muerte, nuestra silueta enajenada.

 

Vivir, cuando vivir no vale nada,

equivale a sembrar, con la semilla

infecunda, el dolor, que tanto humilla;

de una existencia rota y postergada.

 

Y el insomnio repite inexorable

el paso de la vida irrevocable,

que, sin dejarse de sentir, se aleja.

 

¿Dónde nos llevará, tan sin camino,

tan juguete irrisorio del destino,

nuestra razón destartalada y vieja?

 

MIS PLANTAS, ESTAS PLANTAS

 

 

Mis plantas, estas plantas de impreciso

paso sin huella, errantes por el suelo...

Ayer anduve firme, y hoy no suelo

sentirme las pisadas cuando piso.

 

Anduve firme cuando Dios lo quiso.

En mi solar dejaba sin recelo

bien asentado el pie que —en vilo, en vuelo—

hoy va, entre dos azares, indeciso.

 

Triste levitación de exasperado

—y en revuelo pueril de ala partida—

que cruza por la tierra, desterrado.

 

Tras su sombra, y sin huella, en una ardida

fuga de corto alcance alicortado,

sobre otra tierra ya, también perdida.

Tomado de:

https://diarioinca.com/poemas-de-juan-jose-domenchina

 

VÁNDALO AUGUSTO

 

Al fin, yo soy lo que mi ser abstracto,

de espectro múltiple y veraz, proyecta.

Concéntrico el fervor, la vida recta,

nada me mueve sino el dulce pacto.

 

Divina forma y aprehensión del acto

que encarna el verbo: furia de mi secta.

La vida inmune, virgen, está infecta.

El alma viva de mi carne es tacto.

 

Ascético rencor, turbios regímenes,

mística farsa de la pura frente:

sean de amor y de verdad mis crímenes.

 

No estanque, sino cima de torrente.

Vándalo augusto de floridos hímenes.

Doma de eternidad es el presente.

 

CURSO SOLAR

            7

 

En los almendros precoces

un candoroso aleluya.

 

Los tomillos tienen flor

y olor de niña desnuda.

 

Sólo los chopos más verdes

huelen a verdes de luna.

 

Los vericuetos del monte

suben y quieren que suba.

 

Como las vides, mi agraz

siente promesas de azúcar.

 

Los tomillos tienen flor

y olor de niña desnuda.

 

Sólo los chopos más verdes

huelen a verdes de luna

 

HALOS

 

Dios dejó en la ceniza

los pensamientos

que no pudo hacer luz.

 

Más allá del espectro,

la obra de Dios frustrada

prolonga su silencio,

perenniza su angustia

en un sordo y concéntrico

rencor, que es aureola

de todo lo perfecto.

 

DOLOR HUMANO

 

Aquí en mi jaula estoy, con mi jauría

famélica. El escaso nutrimento

de mi carne no sirve de sustento

a la voracidad en agonía

 

de este tropel devorador que ansía

mi cotidiano despedazamiento

y que ataraza, en busca de alimento,

mis huesos triturados, noche y día.

 

Pero no me lamento; no podría

dolerme yo, Señor, de mi tormento

junto a tu cruz, que blasfemar sería.

 

Múltiple fue tu compadecimiento,

—por todos tu sufrir—... y en mi agonía

no cabe más dolor que el que yo siento

 

PERFECTO PARA LA MUERTE

 

Sí, perfecto; recreado

en perpetuas soledades.

¡Llanura!: cinco verdades,

las del estigmatizado,

llagas vivas, en tu fuero

de altiplanicie señero,

viven de mirar lo inerte,

de oír y oler lo indistinto,

gustando y palpando instinto.

Perfecto, para la muerte.

Tomado de:

https://www.poesi.as/Juan_Jose_Domenchina.htm