viernes, 26 de septiembre de 2025

POEMAS DE EFRÉN REBOLLEDO -DESDE MÉXICO-


LOS BESOS

Dame tus manos puras: una gema

Pondrá en cada falange transparente

Mi labio tembloroso, y en tu frente

Cincelará una fúlgida diadema.

Tus ojos soñadores, donde trema

La ilusión, besaré amorosamente,

Y con tu boca rimará mi ardiente

Boca un anacreóntico poema.

Y en tu cuello escondido entre las gasas

Encenderé un collar, que con sus brasas

Queme tus hombros tibios y morenos,

Y cuando al desvestirte lo desates,

Caiga como una lluvia de granates

Calcinando los lirios de tus senos.

De Cuarzos

 

 

LA VEJEZ DEL SÁTIRO

A Luis Barreda

Junto con los silvanos juguetones

Animó las florestas sosegadas,

Y enseñó a las sonoras enramadas

A repetir sus rústicas canciones.

A la sombra de verdes pabellones

Desfloró pudorosas hamadriadas,

Y corrió tras las ninfas asustadas

Al par de los centauros garañones.

Hoy el soplo glacial de los inviernos

Ha doblado las puntas de sus cuernos,

Su flauta de carrizos está muda,

Y lleno de pesares y congojas,

Al mirar una náyade desnuda

Suspira de impotencia entre las hojas.

De Cuarzos

 

 

JORIS KARL HUYSMANS

A Alberto Leduc

¡Oh maestro sañudo! yo he creído tus males,

He probado tu estilo de implacable ironía,

Y sufriendo torturas y disgustos iguales

Hacia ti me dirijo por fatal simpatía.

Con el jugo de tu Arte dilaceras mi herida,

Me haces ver la existencia más penosa y más larga,

Y a través de tus frases adivino tu vida

Desbordante de absintio y de bilis amarga.

Soñador encerrado en tu torre severa

Tienes sueños de raras pesadillas poblados,

O contemplas la Luna descubriendo en su esfera

Las montañas abruptas y los mares helados.

Perturbado hondamente por tu espíritu extraño

Tienes sed de creencias y piadosas verdades,

Y negando tu siglo, taciturno y huraño

Resucitas la pompa de extinguidas edades.

En la Edad Media mira tu malsano exotismo

Misas negras horribles y rituales austeros,

Y renueva la magia del potente exorcismo

Y convoca Aquelarres y revive hechiceros.

Mas ni el vil sacrilegio ni la paz de la Trapa

Tu marasmo disipan ni te inspiran ternura,

Por tu senda prosigues al pasar cada etapa,

Más cruel, más enfermo de incurable amargura.

En la Mística llena de prestigio sagrado

Desentierras prodigios y grandiosos misterios,

Y en los templos silentes entretienes tu enfado

Con cristianos fervores y olorosos sahumerios.

Pero nunca un destello de cordial alegría

Ilumina tu boca que contrae el disgusto,

Y caminas aislado por la ruta sombría

Destilando tus cóleras de misántropo adusto.

Yo adivino la pena de tu alma proscrita,

Como tú guardo el luto de extinguidas edades,

Y me alienta, ¡oh Maestro!, tu ambición infinita

De pasadas creencias y piadosas verdades.

[1900]

De Poemas no coleccionados

 

 

TÚ NO SABES LO QUE ES SER ESCLAVO

Tú no sabes lo que es ser esclavo

De un amor imperioso y ardiente,

Y llevar un afán como un clavo,

Como un clavo metido en la frente.

Tú no sabes lo que es la codicia

De morder en la boca anhelada,

Resbalando su inquieta caricia

Por contornos de carne nevada.

Tú no sabes los males sufridos

Por quien lucha rendido y que ruega,

Y que tiene los brazos tendidos

Hacia un cuerpo que nunca se entrega.

Y no sabes lo que es el despecho

De pensar en tus formas divinas

Revolviéndose solo en su lecho

Que el insomnio ha sembrado de espinas.

De Hilo de Corales

 

 

CARO VICTRIX (1916)

POSESIÓN

Se nublaron los cielos de tus ojos,

Y como una paloma agonizante,

Abatiste en mi pecho tu semblante

Que tiñó el rosicler de los sonrojos.

Jardín de nardos y de mirtos rojos

Era tu seno mórbido y fragante,

Y al sucumbir, abriste palpitante

Las puertas de marfil de tus hinojos.

Me diste generosa tus ardientes

Labios, tu aguda lengua que cual fino

Dardo vibraba en medio de tus dientes.

Y dócil, mustia, como débil hoja

Que gime cuando pasa el torbellino,

Gemiste de delicia y de congoja.

 

 

EL BESO DE SAFO

Más pulidos que el mármol transparente,

Más blancos que los blancos vellocinos,

Se anudan los dos cuerpos femeninos

En un grupo escultórico y ardiente.

Ancas de cebra, escorzos de serpiente,

Combas rotundas, senos colombinos,

Una lumbre los labios purpurinos,

Y las dos cabelleras un torrente.

En el vivo combate, los pezones

que se embisten, parecen dos pitones

Trabados en eróticas pendencias,

Y en medio de los muslos enlazados,

Dos rosas de capullos inviolados

Destilan y confunden sus esencias.

 

 

ANTE EL ARA

Te brindas voluptuosa e impudente,

Y se antoja tu cuerpo soberano

Intacta nieve de crestón lejano,

Nítida perla de sedoso oriente.

Ebúrneos brazos, nunca transparente,

Aromático busto beso ufano,

Y de tu breve y satinada mano

Escurren las caricias lentamente.

Tu seno se hincha como láctea ola,

El albo armiño de mullida estola

No iguala de tus muslos la blancura,

Mientras tu vientre al que mi labio inclino,

Es un vergel de lóbrega espesura,

Un edén en un páramo de lino.

 

 

TRISTÁN E ISOLDA

Vivir encadenados es su suerte,

Se aman con un anhelo que no mata

La posesión, y el lazo que los ata

Desafía a la ausencia y a la muerte.

Tristán es como el bronce, obscuro y fuerte

Busca el regazo de pulida plata,

Isolda chupa el cáliz escarlata

Que en crespo matorral esencias vierte.

Porque se ven a hurto, el adulterio

Le da un sutil y criminal resabio

A su pasión que crece en el misterio.

Y atormentados de ansia abrasadora,

Beben y beben con goloso labio

Sin aplacar la sed que los devora.

 

 

SALOMÉ

Son cual dos mariposas sus ligeros

Pies, y arrojando el velo que la escuda,

Aparece magnífica y desnuda

Al fulgor de los rojos reverberos.

Sobre su obscura tez lucen regueros

De extrañas gemas, se abre su menuda

Boca, y prodigan su fragancia cruda

Frescas flores y raros pebeteros.

Todavía anhelante y sudorosa

De la danza sensual, la abierta rosa

De su virginidad brinda al tetrarca,

Y contemplando el lívido trofeo

De Yokanán, el núbil cuerpo enarca

Sacudida de horror y de deseo.

 

 

EL VAMPIRO

Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos

Por tus candadas formas como un río,

Y esparzo en su raudal crespo y sombrío

Las rosas encendidas de mis besos.

En tanto que descojo los espesos

Anillos, siento el roce leve y frío

De tu mano, y un largo calosfrío

Me recorre y penetra hasta los huesos.

Tus pupilas caóticas y hurañas

Destellan cuando escuchan el suspiro

Que sale desgarrando mis entrañas,

Y mientras yo agonizo, tú, sedienta,

Finges un negro y pertinaz vampiro

Que de mi ardiente sangre se sustenta.

 

 

LA TENTACIÓN DE SAN ANTONIO

Es en vano que more en el desierto

El demacrado y hosco cenobita,

Porque no se ha calmado la infinita

Ansia de amar ni el apetito ha muerto.

Del obscuro capuz surge un incierto

Perfil que tiene albor de margarita,

Una boca encarnada y exquisita,

Una crencha olorosa como un huerto.

Ante la aparición blanca y risueña,

Se estremece su carne con ardores

Febriles bajo el sayo de estameña,

Y piensa con el alma dolorida,

Que en lugar de un edén de aves y flores,

Es un inmenso páramo la vida.

Tomado de:

https://www.google.com/url?sa=t&source=web&rct=j&opi=89978449&url=https://materialdelectura.unam.mx/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/113-046-efren-rebolledo%3Fshowall%3D1&ved=2ahUKEwjp5qeAr_aPAxW9SDABHSwICN8QFnoECBkQAQ&usg=AOvVaw1ICrvf9IC1RqgdhJPX_tif

 

 

CLARO DE LUNA

 

Como un cisne espectral, la luna blanca

en el espacio transparente riela,

y en el follaje espeso, Filomela

melifluas notas de su buche arranca.

 

Brilla en el fondo oscuro de la banca

tu peinador de vaporosa tela,

y por las frondas de satín se cuela

o en los claros la nívea luz se estanca.

 

Después de recorrer el mármol frío

de tu pulida tez, toco una rosa

que se abre mojada de rocío;

todo enmudece, y al sentir el grato

calor de tus caricias, mi ardorosa

virilidad se enarca como un gato.

Tomado de:

https://www.poesiaselecta.com/poeefrenrebolledo.html

 

 

La Señora Flor

A Justo Garrido

Se prosterna hasta besar la limpia estera,

y sentándose medrosa en sus talones

la Señora Flor, me mira zalamera

prometiéndome ignoradas emociones.

Yo sentado en un cojín tomo té verde

a la vera del hibachi4

 mortecino,

y en un bosque laberíntico se pierde

mi razón ante aquel cuerpo femenino.

En tus ojos hay tinieblas de misterio

Hana San,5

 y no comprendo tu lenguaje,

y no obstante me sometes a tu imperio

con tu exótico tocado y con tu traje.

Tal vez guardas un magnífico tesoro

de ternuras refinadas y felinas;

tal vez eres una bella estatua de oro

y me hechices con tus formas ambarinas.

 

 

4

 Artefacto tradicional japonés, generalmente en forma de

caja o cilindro, utilizado para guardar carbón caliente. 5

 San (さん) es una partícula honorífica que se agrega a los nombres o apellidos para referirse a una persona como Sr., Sra. o Srta.

 

 

 

Samurai17

A Amado Nervo

Se ciñe doble sable, y su apostura

revela la arrogancia sin medida

del soldado de sangre que su vida

consagra a la lealtad y la bravura.

Como el acero es su alma tersa y dura,

y antes la arrojará por la ancha herida

del harakiri cruel, que dar cabida

al dolo o deslustrar su estirpe pura.

Fanático observante del Bushido18

brilla por cortesano y comedido,

pero su sueño familiar y grato

es ir a los jardines de la guerra,

donde al caer enflorará la tierra

lo mismo que un cerezo del Yamato.

 

 

 

17 Samurái () quiere decir “el que sirve”. Miguel Ángel Feria, doctor en Literatura Comparada por la Universidad Complutense de Madrid, sugiere equiparar “Samurai” de Rimas japonesas con “Le samouraï” de José María de Heredia.

18 Bushido (武士道) o “la conducta del guerrero” del guerrero, exigía una entrega casi religiosa a la vida militar, en que las penalidades físicas regían y una muerte heroica en la batalla era lameta más honorable.

 

 

Croquis nocturno

Una canora flauta con sus melifluas gamas

los velos de la noche salpica de dulzura,

y con sus raros signos y sus inciertas llamas

polícromas linternas orlan la calle obscura.

Hondo silencio reina: pero hay en los umbrales

en el jardín umbroso y en los convexos puentes,

miradas que contemplan los líquidos cristales

las sombras caprichosas y el cielo refulgente.

Y el sueño que recama de luz las fantasías

sin desflorar los labios lo dice en glosas tiernas

la flauta que desgrana sus dulces melodías

en la ciudad obscura puntuada de linternas.

Tomado de:

http://www.dcsh.ugto.mx/editorial/images/publicaciones/Depto.letras/rimasjaponesas.pdf

jueves, 25 de septiembre de 2025

POEMAS DE SANTIAGO ESPINOSA - DESDE COLOMBIA -


Cuchilladas

…y el viento podría

Con otra sal enrojecer los ojos…

Giuseppe Ungaretti

Podría tu nombre

iluminar otros ojos

la lluvia, su escándalo lejano

en los sucios ventanales,

traer algo distinto

a las derrotas.

Pero escucha, detente.

Ahora el niño que fuiste

deja en la mesa los juguetes

y mira el verde en las montañas

detenidamente.

Va por la calle, la furia de tu urgencia

escoge sus caminos. Míralo

haciéndose a tus propias expresiones.

Escogiendo las canciones, los libros de segunda.

Va con la madre y su saco nuevo, a rayas.

Zapatos de otra era, uno detrás de otro.

Su golpe de segundos

por los parques, los cuartos al blanco,

y un suave rumor que se teje en los huesos.

El árbol se hizo a sus anillos.

Cambió la moda, cambiaron los tiranos.

Sonoro pasó el siglo en su barco de ebriedades

y otro cráneo adornó el anaquel.

Podría ser otra casa,

la abuela no debió haber muerto tan temprano.

Podría ser otro mar

el que sacude desde el fondo.

Pero persiste, no se doblega.

Ahora un hombre se afeita ante el espejo

en completa soledad.

Dibuja a su padre a cuchilladas.

 

 

Tormenta lejana

Un edificio. La habitación a oscuras

se alumbra con la secuencia del televisor,

como a través de una tormenta lejana.

Nada sabemos de ellos pero ahí están.

Todas las noches

comienza un mundo por sus manos.

El barco se hunde ante las costas

y no podemos hacer nada.

Miramos los vidrios

que se encienden o se apagan.

De pronto sean estas ráfagas de luz

la habitación donde termina un amor

y apenas escuchamos la última sílaba del ruido.

Pensarán ellos que somos nosotros

los fantasmas,

prendiendo las luces en los cuartos

o amándonos los sábados.

Y creerán que no están solos.

Y al otro lado de las ventanas

verán el resplandor,

parecido al encuentro de una música amiga.

Para Federico D. G.

 

 

Soliloquio de un raspachín

Con estas manos

planto semillas de viento.

Espero su floración

de limbos pardos

antiguos como el suelo.

Las hojas son los rostros

de los niños sin descanso

creciendo en la selva,

estrellas o corales

olvidados

que silban entre los árboles.

Desayuno. Pienso en el padre

de los lunes

frente a un pocillo roto,

repaso cicatrices.

Limpio las hojas secas

sobre una tablilla,

en calma,

como el que lava un aluvión de oro

en lo profundo de su casa.

En la semilla está el sol negro

de los puertos,

respirando a la distancia.

El viento llega a los bolsillos de la noche.

Recorre plazas que no conozco, avenidas desiertas.

Tiendas donde se paga una promesa

en la oficina de recaudos.

Descansa en la furia de las llaves,

traza dos líneas de fuego en la repisa del bar.

Construye palacios y destierra casas viejas,

casas de rejas blancas junto al espejo del lago.

 

Mi oficio es el oficio de mi padre.

Cuido la sal, el puño, mido los cristales,

espanto de mi casa pajarracos negros.

Con estas manos

he cosechado tempestades.

Tomado de:

https://www.google.com/url?sa=t&source=web&rct=j&opi=89978449&url=https://revistas.ucentral.edu.co/index.php/hojasUniv/article/download/2517/2325/6291&ved=2ahUKEwitrpnezvSPAxXvTDABHV6OACIQFnoECBkQAQ&usg=AOvVaw2i0qLPyFfzllNTjKT0w6Nb

 

 

LAS HORAS MUDAS

 

La niebla ha comenzado

a oscurecer

 

han apagado las luces

de la ciudad extranjera

 

y ya no vemos

las montañas ni el mar.

 

Ha desaparecido de repente

cualquier rastro sobre la carretera.

 

Dice un refrán que los amantes

están solos en el mundo,

 

antes del viaje definitivo.

 

Y no sabemos con certeza

si esto que vemos

es la respuesta,

 

la niebla en las montañas

 

un carro detenido

en la mitad de la carretera,

 

o si cada uno de nosotros

habrá de despertar

en dos orillas opuestas

 

ahora y en la hora

de los vientos.

 

 

DIARIO DEL INMIGRANTE

 

Papá o mamá, qué extraños estos árboles nudosos al pie de la colina. Qué extrañas las casas que observan desde la altura, a la espera de un silencioso asesino.

 

Qué extraña la quietud de los supermercados. La sensación de que estamos un poco muertos, apartados de todo lo que fuimos.

 

El ruido de cervezas en los puertos. Un punto que se pierde en las montañas. O a veces sentir entre los barrios, atravesando las calles peligrosas, que hemos llegado una vez más hasta el lugar del que partimos.

 

 

LOS CUERVOS Y EL SMOG

 

Son malos tiempos para los cuervos.

La gente los evade como intrusos

anacrónicos graznando desde los

techos con su oscuro chaquetón.

 

A veces se cuelan en los nidos

que no son suyos, aprovechando

la oscuridad. Y fingen los astutos

un canto andrógino y menos triste,

que responda verdaderamente

al gusto de los críticos.

 

La treta se descubre muy rápido:

oímos su canto sexual como dos negras

carcajadas en mitad de la noche,

algo operáticas e inoportunas.

 

Amanece, en las mesas de noche

comienzan a encenderse

los teléfonos

como una invocación.

 

Detrás de los tejados vemos

los cuervos que huyen

 

aparatosos,

atravesando los cielos

contaminados,

 

el nunca jamás,

hacia las bibliotecas

empolvadas

donde no hiere la luz,

 

volando con sus pesados

y oscuros chaquetones.

 

 

ALGO SOBRE LOS BEATLES

 

1

 

En el principio del amor

estuvieron los Beatles:

 

una mujer y un hombre

que han llegado

a la ciudad

escuchan a los Beatles

en la radio pensando

que todas sus historias

cabrían en este auto

sin pasaje de regreso,

que al otro lado

de la autopista

se encuentra

en realidad el cielo.

 

2                    

 

Los Beatles: esa modesta alegría

en lo profundo de los tristes.

 

Oyes su música y te dices

que arriba en algún punto

tiene que haber

un refugio

en los tejados.

 

Y los padres escuchan a los Beatles

y entienden en silencio el destello

de sus hijos y los hijos entienden

por los Beatles la nostalgia

de sus padres.

 

Aún separados y odiándose

los duendes los rodean.

 

3

 

Si el cielo es negro y vivimos a la espera

de la hora más larga. Si nadie responde

a los llamados y el mundo desvaría

sin sentido como una moneda.

Si algún día termina el amor

y pensamos que las raíces

se curvan sin propósito,

una canción de los Beatles

hablará de lo que estaba detrás.

 

Nacerá la alianza entre los seres

más absortos. Y esa guitarra

recordará tan suavemente

los pequeños y metálicos,

los misteriosos reinos de la luz.

 

4

 

Andaban los amigos por una carretera,

en la mitad del mundo. La ruta se extendía

entre los árboles y no había un eco

en qué apoyarse, solo el camino

entre la niebla. Pero sonaron los Beatles

en la radio y del cielo aparecieron los nevados.

 

Algo nos recordó en las cumbres que aquí estábamos,

que no éramos tan leves en el aire.

Y que aún quedaban millones de kilómetros

para llegar a algún lugar,

muchas canciones para volver a casa.

Tomado de:

https://www.zendalibros.com/4-poemas-de-santiago-espinosa/

 

 

El Señor de la Máquina

Para arreglar la calle mandaron la excavadora,

después a un empleado a que cuidara de la máquina

durante todo el feriado. Y ahí sigue.

Lejano embajador de una misión superior.

 

Lo vemos cuando él no nos observa.

Cuando nosotros nos marchamos

son sus ojos los que esperan,

atentos bajo el sol o el frío,

el pantalón azul y la cachucha

sentado en el puesto del conductor

a falta de un refugio más estable.

 

"El Señor de la Máquina", dicen los niños

de la cuadra. El hombre espera

al interior, insomne.

Tamborilea un ritmo pasado de moda

en el timón. Consciente de que sus hijos

y su esposa lo saben vigilando

los peligros, orgullosos.

 

Los hijos y la esposa del Señor de la Máquina.

Al otro lado de los radios., el sueño.

 

Él en su trono descapotado

entre el asfalto y las estrellas

y una canción en voz baja

para no despertar a los niños.

 

Hay una alianza antigua entre el hombre

y su herramienta. La máquina se inclina

largamente con su juego de dientes,

como un dragón cansado.

 

Para Ramón Cote

 

Esferas

Nunca temimos a los sismos,

nos habituamos a hablar sobre los sismos.

 

Mi padre señalaba los mapas con el nombre sonoro

de Kobe o San Francisco, Popayán o Tauramena.

Eran viajeros que llegaban desde el fondo de la tierra

con un código de Richter,

o un niño que nacía desde el calor hacia las rocas.

 

"Las placas se mueven bajo nosotros",

decía mi padre, "el tiempo es una caricia silenciosa".

 

E imaginábamos la lava desplazarse bajo los pies, roja y

naranja.

El desplome de los campanarios en el Tiempo del ruido.

Y un espasmo, un remezón de las cortezas más profundas

que hacía bailar todas las cosas, como si despertaran.

 

Guardábamos el mapa entre los anaqueles. La fotos se

hacían

turbias y nosotros caminábamos sobre el planeta.

El mundo era una esfera llena de voces

y murmullos, una canica redonda y traslúcida.

 

"Las placas se movían bajo nosotros.

El tiempo, una caricia silenciosa."

 

Cuando despertamos por el terremoto de Armenia

vimos las ruinas de la infancia en el televisor.

Vimos las madres y sus hijos llorar a la intemperie.

Los sismos se hicieron viejos

y perversos, y comenzamos a temerles.

 

Frente a la luz de las pantallas,

viendo el avance de las formas contra el tiempo,

el rostro de los padres comenzó a cuartearse

y fue grabado en sus semblantes

un mapa imperfecto y movedizo.

 

Pájaros barranqueros

Pájaros barranqueros

traen el péndulo del mar

 

grabado sobre las plumas

que les cubren la cabeza.

 

Reptiles siguen su vuelo

desde abajo,

con esplendor mortífero,

 

se disputan los cazadores

su heráldica sexual.

 

Ellos demoran la nieve

y me visitan

 

otra mañana,

 

llevan hasta mi casa

las migajas

de un paraíso clausurado

 

y esta belleza

que excava.

 

Para Naty

Tomado de:

http://www.lapoesiadelprojimo.com/2020/07/santiago-espinosa-colombia.html?m=1

 

 

deriva planetaria

Es como si los rostros durmieran

en la quietud de los autos

obstinados en las prisas del café

o junto a una mosca que rodea

torpemente la última luz del arroz.

Todo se obstina y pesa,

es el calentamiento global.

La habitación ha quedado vacía.

Por las ventanas

entra el viento quemado

de las naves del mundo.

Y sin embargo, se mueve.

 

 

abuelas

Mujeres de la casa,

muy rápido aprendimos la existencia

de un canon familiar:

la abuela paterna como un ave menuda

sobre las cosas,

nos mira con sus ojos serenos

en el agua de otro tiempo,

la madre de mi madre regresando

desde el ruido,

sus ojos como verdes candiles

en el centro de la fiesta.

Oigo los secadores que se prenden

en los baños de la infancia,

poblando la casa de mercados

y de estadios submarinos.

 

Miro a las abuelas y miro a las mujeres,

hablándoles a sus hijos del pasado y de los trenes,

hilando con sus historias el secreto

de Irlanda o Santander.

Sin saber quiénes somos ni hacia dónde vamos,

pienso que no tuve pasado sino un puñado de mujeres.

Mujeres despiertas como aves o candiles,

inventando desde sus pasos el rumor y los días.

Para Javier Bozalongo

 

 

el tamborero

Qué mira el tamborero

ahora que nos mira.

Qué mano o vértigo le nubla la mirada

Tiene un rumor de barcas en la noche

tranquila

orillas de niebla asomándose en los ojos

como el que sueña con un delta

de aves negras

hasta olvidarse de las palabras.

Insomne, concilia en la cabeza

los ritmos perdidos.

Y desde allá nos mira

con su camisa de fiesta

para hechizar la muerte.

 

 

tintas frescas

“Ah y es de nuevo la mañana.”

José Manuel Arango.

Interrumpiendo el sueño

con rumores y presagios

pasa la moto del periódico.

Implacable –es su trabajo–

va esquivando botellas, pétalos,

las ruinas de una noche larga.

Lleva en su carga

el día que comienza.

Las palabras

con sus muertos

a cuestas.

 

 

fantasmas

No, no habría por qué temer.

Nunca –por más que lo quiero–

he sentido que los ángeles

me toman por la espalda.

Dices que los abuelos, cuando mueren,

esconden medallitas en la almohada.

O que a veces se aparecen en los sueños

y agregan varias hojas a los diarios.

Pero de mí no se acordaron.

Se fueron sin extender la mano,

y no tuvieron que hablar

para recordarme su silencio.

–Sin embargo, en la noche,

los ruidos de la cocina se parecen a los pasos,

y las fotos de los muertos

me persiguen con los ojos. –

No, no los he visto.

Apaga la luz y no hagas ruido.

Pero antes un secreto:

todavía los espero.

 

 

el otro

Pasa un hombre

el niño

que fue

lo mira

con rabia.

Tomado de:

https://www.uexternado.edu.co/wp-content/uploads/2017/01/136.-Para-llegar.pdf

 

 

La casa ilusoria

 

Como un árbol

que se abre camino en la mitad del mar,

la casa, su olvidado lenguaje de peldaños,

de redes y vacíos luminosos,

nació en el sueño del arquitecto.

“Una casa”, se dijo,

“huella de la vida,

que tenga por rostro

la prudencia del anónimo…”

“Que interprete la montaña

sin cortes sin remedos.”

“Pura y aislada como la hoguera.”

Y de la casa surgieron moradores.

Sus altos muros

fueron perdiendo la extrañeza,

cuando por el pasillo circularon las visitas

haciendo de los rincones escondites,

refugios,

donde la hombría pudo llorar las deudas

de rejas para dentro

y habría de llegar el sexo

a la lengua de los niños.

Sonaron los estruendos de cada noticiero.

El abandono

en las caídas del fútbol.

También hubo películas dobladas

que hablaban del África,

de una aridez distinta

a la que comenzó en los muslos

y terminó en el trazo de los rostros.

Fueron muchos los recuerdos

que se robó la mansarda.

La capa adusta del abuelo,

Caracoles de ecos prófugos.

Los niños jugando a la guerra

con sombreros de copa

o emprendiendo la caza del Mohán

en la selva imaginada.

Mientras tanto, en la noche, los otros

oían a su conciencia traquear en la madera,

dando sus primeros pasos.

En medio de los aromas del melón, siempre distintos,

viendo la luz colarse en los vitrales,

por la ventana entró el sonido

de un antiguo clarinete,

poblando la casa de fantasmas

y de barcos que se hunden.

Con el adiós de los nardos, creciendo en la portada,

quizás solo hubo tiempo de mirarse a los ojos

para estrellar las copas de cara a la montaña.

Hubo tiempo de alzarlas

y volver a brindar por los ausentes.

La obra estaba completa.

Para Guiseppe Volpini.

 

 

 

 

 

El Carnicero

 

La materia

“diáspora de estrella”,

es para Don Orlando

 

kilos

peso tibio entre las manos.

Y el tiempo, del negro al blanco,

le zumba al oído

como moscas en la tarde.

Entre lomos, caderas,

blancos puñados de grasa,

pasan los días de Don Orlando.

Por eso alza las carnes al hombro

sin pensar en los cortejos.

Lee los mensajes de las fibras

sin detenerse en augurios.

No hubo pudor cuando

besó a su hijo entre placentas.

Cuando lo tuvo en los brazos,

y en los ojos del uno y del otro

la misma bruma,

sus manos, sin saberlo,

imitaron la balanza romana.

Las vísceras del hijo se velaron,

al ver la luz por el cuchillo de otros.

Don Orlando no hace conjeturas,

su madre le enseñó que era malo especular.

Y sin embargo

no olvida la bendición

antes de hacer los cortes.

Hay que lavarse bien las manos

sin importar el precio del jabón.

Tomado de:

https://www.elpollourbano.es/letras/2015/09/poesia-poemas-de-santiago-espinosa-2/