miércoles, 22 de noviembre de 2017

POEMAS DE TÉOPHILE GAUTIER





(Théophile Tarbes, Francia, 1811 - París, 1872)

El arte


Sí, es más bella la obra trabajada
con formas más rebeldes, como el verso,
o el ónice o el mármol o el esmalte.

¡Huyamos de postizas sujeciones!
Pero acuérdate, oh Musa, de calzar,
un estrecho coturno que te apriete.

Rehúye siempre cualquier ritmo cómodo
como un zapato demasiado grande
en el que todo pie puede meterse.

Y tú, escultor, rechaza la blandura
del barro al que el pulgar puede dar forma,
mientras la inspiración flota lejana;

es mejor que te midas con carrara
o con el paros * duro y exigente,
que custodian los más puros contornos;

o pídele quizá a Siracusa
su bronce en que resalta firmemente
el rasgo más altivo y delicioso;

con la delicadeza de tu mano
descubre dibujando en una veta
de ágata el perfil del dios Apolo.

Huye, pintor, de la acuarela y fija
el color demasiado desvaído
en el horno de los esmaltadores.

Haz que sean azules las sirenas
y retuerzan de cien modos distintos
los heráldicos monstruos sus figuras;

en el lóbulo triple de su nimbo,
la Virgen con el Niño, en cuya mano
hay la esfera con una cruz encima.

Todo pasa. Tan sólo el arte fuerte
posee la eternidad. Únicamente
el busto sobrevive a la ciudad.

Y la moneda rústica y austera
que un labriego ha encontrado bajo tierra,
recuerda que existió un emperador.

Hasta los mismos dioses al fin mueren.
Mas los versos perfectos permanecen
y duran más que imágenes de bronce.

Artista, esculpe, lima o bien cincela;
que se selle tu sueño fluctuante
en el bloque que opone resistencia.


El hipopótamo


El hipopótamo de vientre enorme
suele vivir en selvas como Java,
y allí en el fondo de las cuevas hay
monstruos que no se pueden ni soñar.

La boa que se agita entre silbidos,
el tigre que tan bien sabe rugir,
el búfalo enfadado que resopla;
él sólo duerme o pace siempre en calma.

El kris y la azagaya no le asustan,
contempla al hombre sin darse a la huida,
se ríe del cipayo y de sus balas
que no hieren su piel y que rebotan.

Por eso yo soy como el hipopótamo;
me protege mi fuerte convicción,
armadura que me hace invulnerable,
y así por el desierto ando sin miedo.


El traje rosa


Adoro la túnica rosa
en que va tu hermosura envuelta;
es el tibor de tu garganta;
es de tu cuerpo ánfora esbelta.

Frágil como una rosa thé,
leve como un ala de abeja,
toda te ciñe y te circunda
con rauda caricia bermeja.

A la seda tu piel trasmite
sus estremecimientos cálidos:
a tu piel la seda devuelve
reflejo de carmines pálidos.

-¿ Quién urdió la mágica tela
con hilos de tu carne misma,
en un misterio donde suman
luz, seda y piel un móvil prisma?

-¿Son los iris de la alborada;
o los nácares de Afrodita;
o los rubíes de tu seno
lo que en tu clámide se agita?

-¿Quizá las hebras se tiñeron
en tus corales de pudor,
cuando desnuda contemplabas
de tus líneas el esplendor?

Tú, despojada de esos velos
-soñada encarnación del arte-
ser podrías ante Canova
cual otra Venus Bonaparte.

No sé si eres urna de ónice
donde ávidos goces van presos,
o si lo que tu cuerpo ciñe
es una túnica de besos.

Versión de Carlos López Narváez


Humo


Bajo los árboles hay
una choza corcovada;
con el tejado vencido,
rotas paredes y musgo
en el umbral de la puerta.

Ciega está por sus postigos
la ventana, pero igual
que cuando hace mucho frío
se ve como un tibio aliento
de la casa que respira.

Un tirabuzón de humo
gira en hilillos azules
y así del alma encerrada
en aquel tugurio lleva
noticias frescas a Dios.


Las palomas


En el collado aquel de los sepulcros
una palmera y su penacho verde
se yerguen donde acuden las palomas
a anidar por la noche y guarecerse.

Con el alba desertan de las ramas:
como un collar que se desgrana, vemos
-blancas, dispersas, en el aire azul-
que algún tejado buscan aún más lejos.

Todas las noches es un árbol mi alma
donde se posan con las alas trémulas
enjambres blancos de visiones locas
para echar a volar cuando clarea.
Versión de Carlos Pujol



Lied


Es rosada la tierra en el abril,
como la juventud, como el amor;
y casi no se atreve, siendo virgen,
a enamorarse de la Primavera.

En junio, con un pálido semblante
y el corazón turbado de deseos,
con el Verano de tostada piel
se apresura a ocultarse en los trigales.

En agosto, bacante color cobre,
al Otoño le ofrece sus dos pechos,
con su piel atigrada se revuelca
y hace brotar la sangre de las vides.

En diciembre es la anciana que se encorva,
empolvada de blanco por la escarcha;
en sus sueños quisiera despertar
al Invierno que ronca junto a ella.
Versión de Carlos Pujol


Lo que dicen las golondrinas


Aquí y allá se ven las secas hojas
sobre campos de hierba amarillenta;
desde el alba a la noche el viento es fresco,
éste es el fin del tiempo de verano.

Veo abrirse las flores que conserva
el jardín como un último tesoro:
quiere lucir la dalia su divisa,
la maravilla su dorada toca.

La lluvia en el estanque hace burbujas;
y tienen conciliábulos extraños
las golondrinas sobre los tejados:
¡Ya ha llegado el invierno con sus fríos!

Se reúnen por cientos con el fin
de llegar a un acuerdo sobre su éxodo.
Una dice: «Qué bien se está en Atenas,
viéndolo todo desde la muralla.

Todos los años voy allí y anido en
metopas del mismo Partenón.
En los frisos mi nido disimula
el hueco de una bala de cañón.»

Otra dice: «Yo tengo mi cuartito
en Esmirna, en el techo de un café;
sus granos de ámbar cuentan los hayíes
en el umbral que recalienta el sol.

Entro y salgo, avezada como estoy
a los rubios vapores de las pipas,
y entre mares humosos rozo siempre
los turbanes y feces al pasar.»

Ésta dice: «Yo habito en un triglifo,
en el frontón de un templo, allá en Baalbek;
allí me poso y me sujeto, encima
de mis crías de pico puntiagudo.»

Otra dice: «Sabed mi dirección:
Rodas, palacio de los caballeros;
cada invierno mi tienda se alza allí
en capiteles de negros pilares.»

Y la quinta: «Yo voy a descansar,
pues la edad no permite largos vuelos,
en las blancas terrazas que hay en Malta,
entre el azul del agua y el del cielo.»

La sexta: «¡Hay que ver qué bien se está
en El Cairo y sus altos minaretes!
Recubro con el barro un ornamento
y mi cuartel de invierno ya está listo.»

«Pues yo tengo mi nido», dice la última
«donde está la segunda catarata;
el exacto lugar está indicado
en el psen de un monarca de granito».

«Mañana cuántas leguas», dicen todas,
«nuestra bandada habrá dejado atrás,
pardas llanuras, picos blancos, mares
azules con bordados espumosos».

Entre tanto chillido y aleteo,
sobre estrechas cornisas de la altura,
conversan entre sí las golondrinas
viendo cómo la herrumbre invade el bosque.

Comprendo las palabras que se dicen
porque al fin el poeta es como un pájaro;
pero, ay, está cautivo, y sus impulsos
se rompen contra redes invisibles.

¡Alas quiero tener, dadme unas alas!,
como dice aquel cántico de Rückert,
para volar con ellas hacia el oro
del sol, hacia la primavera verde.



Paisaje


No se mueve ni una hoja,
no hay ni un pájaro que cante,
sobre el rojizo horizonte
de vez en cuando un relámpago;

a un lado algunos espinos,
surcos a medio anegar,
lienzos grises de murallas,
sauces nudosos plegados;

al otro un campo limita
una zanja llena de agua,
y hay una vieja cargada
con un fardo muy pesado;

luego el camino se pierde
entre colinas azules,
y lo mismo que una cinta
se alarga en pliegues sinuosos.


Pastel


No me canso de veros en los marcos ovales,
amarillos retratos de beldades de antaño
en la mano unas rosas quizá ya un poco pálidas,
como es propio de flores de cien años atrás.

El invierno al rozar vuestras frescas mejillas
marchitó lo que en ellas era lirio y clavel,
ahora sólo lucís algún lunar de barro,
y aquí estáis en los muelles, ensuciados, manchados.

Aquel dulce reinado de las bellas pasó;
tanto la Parabère como la Pompadour *
sólo indóciles súbditos hoy tendrían tan sólo,
y en sus mismos sepulcros también yace el amor.

Pero, oh viejos retratos olvidados, aún
os conmueve aspirar vuestra flor sin perfume,
y podéis sonreír, melancólicamente
recordando a galanes hace un siglo difuntos.
Versión de Carlos Pujol


Soneto japonés

Por subrayar, glorioso, de tu frente la albura
el Japón dio a tus ojos su más límpido añil;
la porcelana blanca no tiene la blancura
de tu cuello tan suave como terso marfil.
En tu rostro sedátil suave lampo fulgura;
es tu voz como el eco de las auras de abril,
y cuando te levantas, sonriendo, en mi negrura
eres luna de nácar que me alumbra sutil.
Hay núbiles anhelos en tu mirar de raso;
tu boca tiene púrpura de nubes en ocaso
y es tu nariz risueña la de gentil musmé.
Pareces una frágil sombrilla japonesa
y cerca de ti aspiro, mi lánguida princesa,
algo tan dulce y raro como el olor del té.
Versión de Carlos Pujol

 

Tristeza en mar


Vuelan como jugando las gaviotas;
y los blancos corceles de la mar,
encabritados sobre el oleaje,
sus despeinadas crines dan al aire.

Cae la tarde y una fina lluvia
apaga las hogueras de la noche;
a su paso el vapor escupe hollín
y abate su penacho largo y negro.

Más pálido que el cielo sin color,
me dirijo a la tierra del carbón,
donde reinan la niebla y el suicidio;
-Hace un tiempo ideal para matarse.

Siento ahogarse mis ávidos deseos
en el abismo amargo que blanquea;
se arremolina el agua, danza el barco,
el viento cada vez se hace más fresco.

¡Está tan dolorida el alma mía!
El océano se hincha, suspirando,
y su desesperado pecho me parece
como un amigo fiel que me comprende.

¡Penas de amor perdidas, adelante,
esperanzas truncadas, ilusiones
apeadas de alturas ideales,
podéis saltar hasta los surcos húmedos!

¡Id al mar, sufrimientos del pasado
que volvéis nuevamente para hurgar
en vuestras cicatrices mal cerradas
intentando otra vez que lloren sangre!

Id al mar los fantasmas de mis sueños,
congojas de mortales palideces
en este corazón con siete espadas
como lleva la Madre dolorosa.

Cada fantasma se sumerge y lucha
durante unos momentos con el agua
que lo cubre al final de su voluta
y lo engulle lanzando un gran sollozo.

¡Oh, pesado equipaje, lastre de alma,
tesoros miserables y queridos
hundíos y después de este naufragio
yo mismo os seguiré al fondo del mar!


Último deseo

Hace ya tanto tiempo que te adoro,
dieciocho años atrás son muchos días...
eres de color rosa, yo soy pálido,
yo soy invierno y tú la primavera.

Lilas blancas como en un camposanto
en torno de mis sienes florecieron,
y pronto invadirán todo el cabello
enmarcando la frente ya marchita.

Mi sol descolorido que declina
al fin se perderá en el horizonte,
y en la colina fúnebre, a lo lejos,
contemplo la morada que me espera.

Deja al menos que caiga de tus labios
sobre mis labios un tardío beso,
para que así una vez esté en mi tumba,
en paz el corazón pueda dormir.

Versión de Carlos Pujol

viernes, 17 de noviembre de 2017

POEMAS DE JAMES LAUGHLIN

Resultado de imagen para JAMES LAUGHLIN
(30 de octubre de 1914,Pittsburgh, Pensilvania, Estados Unidos - 12 de noviembre de 1997, Norfolk, Connecticut, Estados Unidos)


 EL DESLUMBRAMIENTO DEL AMOR
Procede frecuentemente
de la llamarada de
la luz, cuando un asteroide
pasa demasiado cerca.
También existe la
radiación más suave
cuando nos separamos
y entramos en el sueño
pensando uno en el otro.
ESTABAS DORMIDA
Cuando me metí en la cama
acurrucándome todo
cual niño bajo la manta
y cuando llegué a tu la-
do con el mayor sigilo
te moviste sin llegar
a despertarte una mano
pusiste bajo mi cara
igual que si sostuvieras
un tazón o un balón.
para Ann
MEDIO A OSCURAS
tu cara sigue siendo muy hermosa
hay una radiación que es diferente
y llega con el sueño me despierto
y acariciando tu mejilla noto
tu aliento entre mis dedos inseguros
tus ojos ahora están cerrados pero
yo sospecho que pueden ver y están
mirando el porvenir y contemplando
el futuro hasta un punto tan distante
como el final de nuestro tiempo juntos.
LA PREGUNTA SIN RESPUESTA
Se hace fácil complacerte
cuando aseguras que entero
tu cuerpo quiere tocar
todo el mío desde la
frente hasta los pies mas ¿qué
pasa con el alma? ¿cómo
dar con el alma? ¿cuál es
su punto? ¿dónde reside?


LA IMPORTANCIA DEL SILENCIO
Porque hay algunas cosas
para las que no hay nombres
no tienes que ponerte
a inventarlos los términos
que tomas de los viejos
poetas son bonitos
para leerlos en páginas
pero los que yo quiero
escuchar y sentir
los únicos que quiero
proceden de tus labios
proceden de tus manos.
LA DANZA DE LA PIEL
Sobre su carne la piel
danza no intentes hablar
de la danza de la piel
no digas nada de nada
quieto sin más siéntela
moverse quieto sin más.
MASILLA QUISIERA SER
en tus manos deberías
convertirme en la perso-
na que tú de verdad amas
yo no tengo espejo para
verme (lo único que veo
es a ti) con esos finos
dedos debes modelarme
como te guste que sea.
ALTAR DEL AMOR
Déjame postrarme ante
el altar del amor deja
que haga una genuflexión
en este lugar sagrado
es inútil que argumentes
que es normal ese fulgor
y común a todo tu
sexo para mí es el punto
justo para el sacramento
el altar donde se cumple
el ritual de los Misterios.
ATRAÍDO POR LA LUZ
Esta cálida tarde un bicho diminuto
volando ha penetrado por la ventana abierta.
Después de aterrizar en mi cabeza, está
explorando mi pelo, haciéndome cosquillas.
Como un buen jain,* no intento matarlo. Criatura
de Dios. ¿No tengo suerte a mis 79
años por conservar bastante pelo para
resultar atractivo a un bicho diminuto?
Tú, a quien ahora estoy dirigiendo estas líneas,
¿sigues pensando en mí allá lejos, en Londres,
tan distante de aquí como te hallas ahora?
Tú sigues siendo para mí la luz.
para Vanessa
* Un jain puede ser un monje o un seglar del jainismo, la segunda religión heterodoxa de la India, después del budismo. Fundada en el siglo VI a.c., esta comunidad se interesa por el ascetismo y la no violencia. Para esta doctrina, basada en un panteísmo pananimista, el mayor pecado que puede cometer un hombre es hacer daño a un ser vivo. Aunque el jainismo prevé su propia desaparición como religión, el poema de Laughlin atestigua su conocimiento en los Estados Unidos. [N. del T.]
UNA SUGERENCIA
Estaría bien que pudieras
dejar de hablar mientras besas
que me encantan los poetas
y sus cataratas de
palabras mas cada cosa
a su tiempo por favor.
DOS CUCHARAS
Hecho ya el amor tenemos
sueño nos acurrucamos
juntos como dos cucharas
adaptada cada una
bien a la otra mi brazo
te rodea está mi mano
sosteniendo tu seno
y puedo sentir incluso
tu pie en los dedos del mío
tu pelo largo se extiende
entre tu espalda y mi pecho
te hablo bajito al oído
aprietas por un momento
mis dedos ya nos dormimos.
EL ESTANQUE PROFUNDO
Quiero que te zambullas en mi vida
igual que si estuvieras buceando
dentro del mar en un profundo estanque
que nada se te oculte aguanta la
respiración y nada bajo el agua
para explorar las grietas una a una
en rocas y coral avanza entre
las plantas submarinas preguntando
a las extrañas criaturas que
te puedas encontrar y que los peces
charlen contigo sobre mí pregunta
al calamar gigante y a la raya
de aguijón venenoso que ellos pueden
darte muchos detalles sobre mí
tal vez algunos no te guste oírlos
que nada se te pase has de saber
cómo era yo antes de tu llegada.
LARGA Y LÁNGUIDA
Una tarde robada entera ante nosotros
sin prisa sin agobios saboreando cada
sensación quizá empieza con una repetida
mímesis de recuerdos de nuestra adolescencia
lo que tú aprendiste del chico de la puerta
de al lado lo que a mí me enseñó la señora
divorciada sin prisa sin agobios cómo esto
de hacer el amor puede después de tanto tiempo
de manera tan vívida retornar todavía
podemos sentir ciertas caricias oír ciertos
tonos de voz incluso rememorar algunas
palabras que cruzamos hacer el amor es
algo acumulativo nada de lo que entonces
fue bueno está realmente perdido pues aún
puede seguir habiendo nuevos descubrimientos
caminitos ocultos dirigidos al goce
sin prisa sin agobios tiempo para poder
dormitar un momento entre abrazo y abrazo
tiempo de bromear también un poco por-
que existe asimismo ese aspecto de lo
ridículo en el acto de copular. Mejor
que todo sea tierno y delicado
y generoso igual que nuestra tarde va
veloz por su camino a la vez larga y lánguida.
ANIMA MEA
Después de que acabamos
de hacer el amor una
muchacha de ojos grandes
y aliento tibio se
puso a hablar de mi alma
silencio yo le dije
silencio y precaución
si tengo alma es tan sólo
caja de vanidades
atada con pedazos
de cuerda estremecidos.
AMOR QUE LLEVA REGALOS
El poeta dispara tantas cartas
a Lucina, como una catapulta,
son tan incomparables sus imágenes…
¡Quisiera él que esto signifique
que habrá una conjunción de corazones!
LA ESTRELLA DEL ATARDECER
Llegaste
como un pensamiento cuando yo
había dejado atrás tanto pensar.
Llegaste como una
canción cuando yo había terminado
de cantar.
Llegaste cuando el sol
acababa de empezar
su ocaso.
Eras la estrella de mi atardecer.
EL FARO
Tú eres mi faro. Incesantes
tus rotaciones irradian
sobre el mar, sobre la tierra.
Por ellas se guían los pájaros
y los viajeros perdidos
en los páramos. Mi brújula
y mi luz, eso eres tú.
MIGAJAS DE AMOR
Tus cartas, infrecuentes
pero dulces y erráticas
en lo que cuentan, son
migajas de amor. ¿Qué
haría yo sin ellas?
Son mi alimento cuando
siento hambre de ti
desde tan lejos. Toma
tu lápiz por favor
tan a menudo
como puedas, una postal
al menos, y no olvides,
las infantiles fotos
en las que estamos juntos
cogiéndonos las manos.
HABITACIÓN A OSCURAS
La noche: habitación
oscurecida para los amantes.
Se fue el sol y con él las distracciones
e inquietudes diurnas.
Ahora estamos a oscuras y tan juntos
como les corresponde a unos amantes.
Cuando estamos dormidos
o cuando despertamos,
no se interpone nada entre nosotros.
Nos calma y nos protege
la oscuridad de nuestra habitación.
Las dos primeras líneas proceden
de «Queja» de William Carlos Williams.
UN LENGUAJE SECRETO
Ojalá yo pudiera conversar con tu cuerpo
sin tantas precauciones. Quiero decir en un
idioma tan sincero como el que su belleza
merece. Por supuesto, cada vez que nosotros
hacemos el amor, está presente allí
la comunicación de la caricia, dedos
sobre la carne, labios adentro de la carne,
pero seguramente tiene que haber alguna
variedad de lenguaje, cuerpo en el otro cuerpo,
que es más profundo incluso que tanta superficie
de contacto, un idioma que aún no he aprendido
o no lo he aprendido lo suficientemente
bien, por más que lo he intentado.
¿Algún día
dominaré ese idioma secreto para ti?

DULCE NIÑEZ
Por qué no pretender que
somos dos niños que juegan
cada uno con el otro
sin comprender de verdad
lo que estamos haciendo, sólo que es
divertido, nos hace sentir bien
y tenemos una urgente
curiosidad cada uno
por estudiar cada parte
del otro. Dulce niñez,
tiempo feliz de la inocencia,
vuelve a nosotros, trae
otra vez una hora de los días
en que todo era tierno y era nuevo.
NUNCA HAY NUNCA
en amor lo que una vez
fue bello puede volver
siempre cuando la tormenta
escampa o se lleva el viento
las nubes no te apresures
ni cierres tu corazón
nunca hay nunca en el amor.
POEMAS DE AMOR CLÁSICOS
EL PÁJARO DEL TIEMPO INTERMINABLE
Tus dedos me acarician como el ala de un pájaro,
lo mismo que las plumas del pájaro que vuelve
cada centena de años a rozar una cima
allá en el Himalaya hasta que está la roca
gastada totalmente, y acabados los kalpas.
Kalpas: en el hinduismo, un eón.
LA LLEGADA DE LA PRIMAVERA
Se acerca la estación primaveral,
¿quién me ayudará a reunirme con mi amada?
Cómo describiré la belleza de la amada
que está inmersa en todas las bellezas,
que colorean todas las pinturas del universo…
-Kabir (1440-1818),
abreviado, traducción de Ezra Pound a partir
de la versión inglesa de Kali Mohan Ghose.
LA GRULLA
¡Fuera, grulla, del jardín!
No le contaste a mi amor,
el príncipe de la playa,
el tormento que padezco.
¡Fuera, grulla, del jardín!
-del Tamil de Shilappadikaram,
siglo III d.C, traducción de
Alain Danielou.
LOS AMANTES
Radha observó al dios Krisna, que la deseaba sólo a ella,
que largamente había querido un devaneo
con ella. Su cara
estaba poseída de deseo. Mostraba su pasión
por estremecimientos de sus ojos brillantes.
Eran como un estanque de lotos con un par
de aguzanieves que jugaran.
-del Gita-Govinda hindú (siglo XII),
traducción de Keyt.
RECUERDO DE ELLA
No puede ser que pase un solo día aburrido
ningún hombre que tenga algún recuerdo de ella,
por ella es el principio y nacimiento de
todo gozo y aquel
que se ponga a alabarla,
por muy bien que hable de ella
¡está mintiendo!
-del trovador Peire Vidal (1175-1205),
traducción del provenzal de Paul Blackburn.
LA VISITA DE EROS
Filodemo recuerda cómo fue:
primero emborrachamos el candil
del dormitorio con aceite. Y luego
lo dejamos que él solo se apagara.
Sabíamos que hay veces
en las que Eros no quiere testigos.
Hicimos uso de la cama, esa
amiga del amante, para que fuera ella
la que nos enseñara los secretos
de Afrodita, las cosas
de las que rara vez nos atrevemos
a hablar.


jueves, 16 de noviembre de 2017

POEMAS DE DELMORE SCHWARTZ

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(8 de diciembre de 1913,Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos - 11 de julio de 1966, Nueva York, Nueva York, Estados Unidos

El conocimiento del verano


El conocimiento del verano no es la veracidad del invierno,
ni la del otoño, ni su fruición, visión o reconocimiento:
no es la gracia de mayo, joven y echando hojas verdes,
radiante con sus hojas blancas,
no es la astucia ni el conocimiento del dorado otoño
ni la oscura madurez del viñedo,
tampoco es la atormentada, empapada y lluviosa ciencia del nacimiento,
abril, o sus dolores de parto,
ni la ciencia en las convulsiones del útero, o en las enmarañadas arterias
rotas y abiertas, raíces que se abren paso desde la oscura marga:
la agonía de la primera muestra de dolor es peor que la muerte,
o peor que pensar en ella:
sin amapolas, sin preparativos, sin iniciación o ilusión,
solo el comienzo, tan lejos de todo conocimiento o cualquier conclusión,
de toda indecisión o cualquier apariencia.
El conocimiento del verano es verde, campestre,
es la sabiduría de crecer y el reconocimiento flexible
de la plenitud, corpulencia y redondez de la madurez,
es la inteligencia del ave y la erudición que los árboles adquieren
cuando la savia asciende hasta la hoja, hasta la flor,  hasta el fruto,
esos que la raíz nunca ve y que se imagina en la oscuridad
y en la ignorancia de la sabiduría invernal.
-La sabiduría de la fruta no es la misma que posee la raíz
en sus indómitas tinieblas de ambición, ese estado de fe más allá de concebir
una experiencia o la satisfacción que ofrece la fruición.
El conocimiento del verano no es una imagen del saber
tampoco es el conocimiento de la tradición o el aprendizaje.
No es la sabiduría adquirida en las altas serranías,
no es la imagen del jardín, de manantiales ocultos
en las lejanas montañas.
No es la mirada fija en un marco de oro,
no son las deliberadas y atesoradas frases de los sentimientos;
es la inteligencia del gato, del ciervo, del consumado follaje,
la flor de nieve y la fruta redonda.
Es lo que sabe el fénix de la vid y la uva al final del verano,
cuando la uva se hincha y la manzana enrojece:
es la ciencia de la manzana madura, avanzando hacia la plenitud
de ese momento en que cae en la podredumbre y muerte.
Pues el conocimiento del verano es tanto el de la muerte como el del nacimiento,
es tanto el de la muerte como el del suelo
de toda esa abundante, floreciente llama del renacimiento.
Es el conocimiento de la veracidad del amor y la del crecimiento:
el conocimiento antes y después del conocimiento:
pues, en cierta forma, el conocimiento del verano no es absoluto:
es instintivo, la naturaleza consumada, un nuevo nacimiento
una nueva muerte para renacer, inmensamente surgir de las llamas
del cambiante octubre, del ardiente noviembre,
las imponentes y decadentes llamas
creciendo cada vez más vívidas y altas
en el consumo y aniquilación del fuego otoñal.





Cuando observas tras la ventana acuarela


Cuando observas vanamente desde la ventana acuarela
todo  y nada están allí, y es muy claro, sin exagerar.
También es clara la pulcra impresión  de un verdadero libro
marchando tal si fuera a una auténtica conclusión,
a cosechar del ilimitado, inmenso azul del cielo
la noche de los vivos y el día de los muertos.

Conduzco toda una noche
hacia la manzana que ha cosido la luz del sol.
Mi simple yo no es más que un discurso
suplicando el desbordamiento de esa enorme taza,
mi  oscurecido cuerpo, la mente quieta como un friso.
El resto son solo conceptos tan complejos como una enfermedad.



El fantasma de Sócrates me ronda


El fantasma de Sócrates hoy me ronda,
notoria muerte lo ha dejado salir,
se me acerca con una torpe reverencia
diciendo con su gastada voz
que desconozco, ignoro
que los maquinales caprichos del anhelo
son todas esas elecciones conscientes.
La mariposa enjaulada en su enérgica luz
es mi único día en la enorme noche del mundo.
El amor no es amor
es un niño chupándose el dedo
mordiéndose el labio.
¡Pero tómalo todo, quizá haya más que eso!
Desde el infinito cielo hasta el desfondado piso
con la pesada cabeza y la punta del dedo
no todo es falso, obsceno y escaso.
Sócrates está junto a mí, inmóvil,
demuestra confianza a mi titubeante placer
y mientras señala el severo azul del cielo
-¡Viejo Noúmeno, hazte realidad, realízate!



Oh Amor, dulce animal


Oh Amor, oscuro animal
con tu rareza vas
como cualquier demente o patán:
tranquilizas a la niña
que  habita, desde hace muchos años,
su soledad,
niña aterrorizada por una mirada
que nunca fue para ella.
Para ella
cepillas tu pesado pelaje.
Despacio y por horas
la observas como a un libro.
Sus atributos son tales
que nadie se atreve a observarla demasiado.
Dile cómo sabes
que nada puede ser tomado
cuando nada ha sido ofrecido:
para ti el tiempo ha sido perdonado:
y ya advertido por el infierno, por el cielo
no puedes estar equivocado.


La mente percibe el Corazón en un leve oleaje


En un leve oleaje,
los peces se lanzan tal dedos centrífugos,
deseos lascivos,
y los placeres se alzan
al cerrarse los ojos.
A través del agua lúcida:
el pequeño guijarro, el lecho de arcilla clara,
la argentada concha. Todo es aparente, superficial.
¿Quién pedirá más atardeceres agostizos?
¿Quién cavará las minas y perseguirá las sombras?
“Yo lo hare” respondió un Corazón perforado
“levántate, haragán” (tembloroso labio inferior,
pálido rostro con su pedregosa ira),
“viejo error es la idea de sentarse quieto,
en el pasto, tendido, a la orilla del río,
bajo el transito, las consumibles sensaciones
una pausa en el tiempo
donde la tarde se quedaría.
No, la noche llega pronto
con sus montañas grises, con desolación,
a menos que el Amor erija su ciudad.”


  

El reino de la poesía


Es como la luz.
Es la luz,
útil como la luz,
tan amable y encantadora…

… La poesía es sin duda
más interesante, más valiosa
y ciertamente mas encantadora
que las cataratas del Niágara, que el Gran Cañón, que el océano atlántico
y muchos otros fenómenos naturales.
Es tan útil y bella como la luz.
Es absurdamente precisa,
Capaz de decir lo que no podemos llevar a las montañas
porque sí, un poema puede llevarse a todas partes.
Es enormemente complaciente,
pues, en poesía, se puede expresar, en broma o en serio:

“La poesía es superior a la esperanza,
pues la poesía es la paciencia y las vívidas imágenes de la ilusión.
La poesía es superior a la emoción, es mucho más exquisita;
es superior al éxito y a la victoria.
La poesía perdura en una beatitud tranquila.
Por mucho tiempo, tan fabulosa hazaña,
ha subido y bajado como fuegos artificiales.
La poesía es el animal más poderoso, más encantador
que cualquier bosque, jungla, arca, circo o zoológico pueda poseer.”

La poesía magnifica y enaltece la realidad:
la poesía explica que la realidad es tan magnífica como tonta:
la poesía es, de alguna forma, omnipotente;
la realidad es diversa y rica, es poderosa y vívida,
pero esto no es suficiente
porque a veces es también tonta
y erráticamente inteligente:
sin poesía, la realidad seria muda e incoherente,
seria rudimentaria como un rugido o la grandilocuencia del trueno:
sus peroratas se aproximan a las oraciones del incesante océano:
pues la gloria y el brillo de la realidad, sin la poesía
se destiñen como los ruborosos dramas del ocaso
los tristes ríos y tristes ventanas de la mañana.

En poesía se puede decir: Pandemonio.
La poesía es jovial y justa. Recita:

“El ocaso alude a una corrida de toros.
Un brazo entumido finge ser una soda, efervescente.”

La poesía, como Lázaro, resucita del sepulcro.
Transforma al león en una esfinge o en una niña.
Le da a esa niña el esplendor del latín.
Transforma el agua en vino en cada boda de Canaán en Galilea.
Es verdad que la poesía creó al unicornio, al centauro y al fénix.
Por tanto es verdad que la poesía es un Arca eterna, un autobús
que contiene, acarrea y engendra todos los animales de la mente.
De allí que le dio y le sigue dando una voz al perdón.
Por eso es que la historia de la poesía es una historia de júbilo,
es la historia del misterioso amor
pues la poesía provee espontánea, abundante
y libremente los cariñosos nombres
y diminutivos que el amor requiere
y sin ellos el misterio del amor no puede ser dominado.

La poesía es como luz, es la luz.
Brilla sobre todo, como el cielo azul, con la misma justicia azul.
La poesía es el sol de nuestra consciencia.
Es también el suelo para los frutos del conocimiento
en la huerta de la existencia:
Nos muestra los placeres de la ciudad.
Ilumina los esquemas de la realidad.
Es la razón de la sabiduría y la risa.
Agudiza los silbidos del ingenio.
Es como la mañana y sus flautas, cantando y encantando.
Es el nacimiento y renacimiento
del primogénito y eterno amanecer.

La poesía es ágil como los tigres, lista como los gatos,
vívida como naranjas,
sin embargo, es inmortal: eternamente verde y floreciente;
mucho tiempo después que los faraones y césares cayeran
la poesía perdura y brilla más que los diamantes
pues es la práctica de la posibilidad.
Es:
La realidad de la imaginación,
la garganta de la exaltación,
el cortejo de la posesión,
el movimiento de la intención
y el sentido de la mañana.
El elogio de la poesía es la claridad en las altas montañas.
Las alturas de la poesía son la exaltación de las montañas.
¡Es el consumo de la consciencia en el campo matinal!

EL OSO PESADO QUE CONMIGO VA

“el estar consigo del cuerpo”
El oso pesado que conmigo va,
Embadurnado el rostro de una múltiple y variada miel,
Zafio y dando tumbos aquí y allí,
Acaparando cada sitio con su peso,
Ese bruto hambriento y golpeador
Enamorado de los dulces, del sueño y de la ira,
Factótum desquiciado que todo lo deshace,
Que trepa el edificio y patea el balón,
Que en la ciudad del odio boxea con su hermano. 
Junto a mí jadea, ese pesado animal,
Ese oso pesado que conmigo duerme,
Y que dormido aúlla por un mundo hecho de azúcar,
Por un dulzor tan íntimo como el abrazo del agua,
Aúlla en sueños porque la cuerda
Tiembla mostrándole el oscuro abismo que hay debajo.
Este exhibicionista de pomposo andar está aterrado,
Embutido en su traje de gala, reventándole los pantalones,
Y tiembla cuando piensa que su carne tiritante
Se deshará por fin hasta convertirse en nada.
Este animal del que no puedo escapar conmigo va,
Y me ha seguido desde que el negro útero me sostenía,
Moviéndose conmigo, distorsionándome los gestos,
Una caricatura, una henchida sombra,
El payaso estúpido de los designios de mi ser,
Que ofende y obnubila con su propia oscuridad,
Que alienta oculto en el vientre y en los huesos,
Opaco, demasiado próximo, mi secreto, y aún así desconocido,
Que se yergue para abrazar a ésa a la que amo,
Con la que quisiera caminar, de no estar él tan cerca,
Groseramente la manosea, a pesar de que me bastaría
Tan sólo una palabra para desnudar mi corazón y mostrarme como soy,
Pero él se tambalea, y lo ofusca todo, y exige su alimento,
Bajo su custodia babeante arrastrándome con él,
Entre los cientos de millones de su especie,
Y el desenfreno de la gula en todas partes.


Las Resacas



Las primeras tienen
su cosa, es cierto. Otra vez
con el trago en la mano,
uno se siente a gusto de sentirse
tan mal, de tener ese cuerpo,
de ser al fin el blanco
de miradas y risas (comentarios
jocosos, vacilones), ya sabes,
de sufrir como un hombre.

Luego vienen las otras,
las de siempre, las clásicas,
sin el encanto de la novedad,
las que uno ya conoce en su justa
medida, aburridas y tercas,
pegajosas, las que apenas
sorprende, las que una mañana
te avisan que ojo al parche,
pero tú ni te enteras.

Las últimas resacas,
las auténticas, las de verdad,
las que ni risas ni miradas
que valgan, las del vómito
encima, las del asco
y las lágrimas, las del miedo
a vivir y a morir de repente,
las de las más absoluta soledad,

esas, amigo mío, mejor
que no las tengas que pasar.


En la cama desnuda, en la caverna de Platón

En la cama desnuda, en la caverna de Platón,
Luces reflejadas se deslizaban lentamente sobre la pared,
Carpinteros martillaban bajo la ventana ensombrecida,
El viento agitó las cortinas toda la noche,
Una flota de camiones extendida cuesta arriba, rechinando,
Con la carga cubierta, como siempre.
El techo se encendió una vez más, el diagrama inclinado
Se deslizó lentamente hacia delante.
Al escuchar los pasos del lechero,
Su esfuerzo en la escalera, el tintineo de las botellas,
Me levanté de la cama, encendí un cigarrillo,
Y caminé hacia la ventana. La calle empedrada
Destacaba la quietud en la que permanecen los edificios,
La vigilia de los postes de luz y la paciencia del caballo.
El capital puro del cielo del invierno
Me hizo volver a la cama con ojos exhaustos.
La extrañeza crecía en el aire inmóvil. La vaga película
Se agrisó. Sacudiendo vagones, cataratas de cascos
Sonaban a lo lejos, cada vez más fuerte y más cerca.
Un auto tosió al arrancar. La mañana fundiendo
El aire suavemente, levantó sillas semicubiertas
Del fondo de los mares, iluminó el espejo,
Volvió visible la cómoda y la pared blanca.
El pájaro gritó tentativamente, silbó, gritó,
Trinó y silbó, así! Perplejo, todavía húmedo
Por el sueño, afectuoso, hambriento y frío. Así, así
Oh hijo del hombre, la noche ignorante, el afán
De la mañana temprana, el misterio de comenzar
una y otra vez.
Mientras que la historia no perdona.


Consideremos dónde están los grandes hombres


Consideremos dónde están los grandes hombres
que obsesionarán al niño cuando sepa leer:
Joyce enseña en Trieste en una escuela Berlitz,
aprende a pronunciar los juegos de palabras en Finnegan's Wake...
Eliot trabaja en un banco, y allí aprende
las utilidades y las pérdidas,
la muerte de las ciudades...
Pound brama en contra de él, encuentra lo que los expatriados
pueden hallar,
una confusión de culturas de todos los tiempos,
como una muestra de Picasso.
Rilke soporta
la no oída música del silencio y de la soledad
en vacíos castillos que grandes caballeros abandonaron
(como Beethoven, hachando de la memoria
los inefables bosques de los últimos cuartetos).
Trotsky, también en el exilio, pasea por Londres
con Lenin, le escucha decir semi verdades de exiliado:
"Mira: ésta es la Westminster de ellos", como si
los rasgos del padre fueran el alma entera del hijo...
También Yeats, como Rilke, con maneras de antiguos señores,
busca lo permanente entre la pérdida
cotidiana y desesperada del amor, de los amigos,
de cada uno de los pensamientos con que comenzó su época...
Kafka trabaja en una oficina en Praga, aprende
qué burocrática es la vida,
qué lejos está Dios,
en una escuela de teología de empleados...
Perse, diplomático en Asia,
descubre la violenta energía con la cual
la civilización se crea a sí misma y marcha...
Sin embargo, con esas imágenes él no puede ver
la apatía moral luego del Pacto de Munich,
el forzado silencio de la línea Maginot,
y además no puede prever la caída de Francia...
También Mann, en Davos-Platz, encuentra en los enfermos
el triunfo del artista y del intelecto...
Por toda Europa estos desterrados descubren en el arte
lo que es el exilio: también el arte se convierte en exilio,
un secreto y un código estudiado en secreto,
proclamando la agonía de la vida moderna:
este niño aprenderá de la vida de estos grandes hombres,
participará de su soledad,
y quizás, al final, en una noche
como ésta, volverá al punto de partida, a su nombre
mostrándose a sí mismo como tal, entre sus amigos.