SOBRE EL MUELLE
Sobre el silencioso muelle a medianoche,
enredada entre los altos cabos del mástil,
cuelga la luna. Lo que parecía estar tan lejos
no es más que un globo, olvidado por un niño después
del juego.
EL DIQUE
(Fantasía de un caballero rendido en una fría, amarga
noche)
Hace tiempo, en finuras de violín hallaba el éxtasis,
en un brillo de tacones dorados sobre el duro
pavimento.
Ahora veo
que la calidez es la materia misma de la poesía.
Oh, Dios, empequeñece
la vieja manta del cielo, carcomida por estrellas,
para poder arroparme con ella y descansar en paz.
EL POETA
Sobre una mesa amplia, lisa, se recostaba extático,
en un sueño.
Había vivido en los bosques, y hablado y caminado con
los árboles.
Había dejado el mundo
y de regreso trajo esferas y pétreas imágenes
de coloridas gemas, duras y definidas.
Con ellas jugaba, en un sueño,
sobre la mesa lisa.
Tomado de:
https://www.fronterad.com/wp-content/uploads/img/nro206/lanube/nube.html
IMÁGENES
Viejas casas que fueron andamios
con obreros que silban.
*
Su falda se elevaba como una bruma oscura
de las columnas de amatista.
*
Ruidos revoloteaban
como murciélagos en el crepúsculo.
*
Los vuelos de su falda se retiran
como el oleaje en los acantilados.
Tomado de:
https://materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/los-imaginistas-68.pdf
El malecón
Hubo un tiempo en que, en la finura de los violines,
hallé el éxtasis,
en el destello de tacones dorados sobre el duro
pavimento.
Ahora veo
que el calor es la sustancia misma de la poesía.
Oh Dios, haz pequeño
el viejo manto del cielo, roído por las estrellas,
para que pueda envolverme en él y yacer al abrigo.
Una mujer alta
Sólida y apacible es la ciudad de Horton,
conocida es toda amistad y constante.
Por caminos fijos camina cada hombre.
Ha llegado una mujer alta a la ciudad de Horton…
En medio de todos, en secreto, aprieta mi mano.
Cuando todos miran, parece prometer.
Hay un jardín secreto
y un arroyo fresco…
Así mira a todos los hombres.
La misma promesa a muchos ojos.
Pero cuando se inclina hacia delante, en una
habitación,
y por aparente accidente sus pechos rozan los míos,
entonces el eje del mundo se retuerce.
Horizonte urbano
En un día de verano, en la ciudad,
donde las chimeneas inquietan a los cúmulos,
Flora pasa desdeñosa
y alza su falda azul con volantes: el cielo.
Así veo su enagua blanca de nubes,
claro encaje de Valenciennes, tramado por capuchas
retorcidas,
rasgado por chimeneas, encaje roto, deshilachado y
hendido.
¡De noche!
¡De noche!
Todo el terror está ahí.
Ramas del árbol muerto
recortadas en el filo de la colina.
Venas oscuras, enfermas,
sobre el cuerpo blanco y muerto del cielo.
El gancho de hierro desgarrador
de la despiadada Mara.
Manoseando nubes suaves en rebelión.
Marca de los dioses obscenos
sobre su ganado en vuelo,
que vaga por la pradera del cielo.
El hombre en la cofa (vigía)
Extraño me suena el viento que sopla
junto al mástil, en la noche solitaria.
Tal vez sea el mar silbando — fingiendo alegría
para ocultar su miedo,
como un muchacho del pueblo
que pasa temblando junto al cementerio.
En la tierra silenciosa
En la tierra silenciosa
hay un fuego secreto y desconocido.
De pronto las rocas se fundirán
y los viejos caminos engañarán.
A través del camino familiar
hay una hendidura profunda. Debo detenerme y
retroceder.
En la tierra fresca
hay un fuego secreto.
Susan Ann y la inmortalidad
Con la cabeza inclinada,
miraba la tierra, fija y alerta,
como el conejo al armiño,
hasta que la tierra fue cielo,
cielo que era verde,
y pasaban nubes pardas,
como hojas de castaño arqueando el suelo.
Tomado de:

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