En una ciudad de damas
En una ciudad de damas
de sirvientes ceremoniosos,
hacer y deshacer da paz
y la sensación de existir.
Un perro ladra y la radio,
la luz de junio nos ahoga
una carcasa de estaño
sigue otro cadáver.
La vida parece una cuerda
siempre dispuesta a estrangularte,
mira a tu alrededor y verás
gente tropezando y saludando.
El tiempo una vorágine
y caminamos al borde
bailando, distraídos
de cien pensamientos mezquinos.
Amor, puedes
también reír.
muchas veces nos reímos por nada
alguien que conocía
se reía para bajar de peso.
Y se hinchó durante años
de risas abundantes
pesándose cada día
con las lágrimas en los ojos.
Como un árbol
sabio
que ni muere ni vive
eres un estorbo para cualquiera
tu sombra no le gusta a nadie.
Delicadas en boca
grandes orugas te descarnan,
es el placer de los sabios
sentirse devorado.
Tu universo es
un ojo
hipermétrope y muy curioso
no puede quedarse quieto
a menos que esté dormido.
Y tu vida arde
maliciosa en los ojos
mientras el mundo consume
años y maldiciones.
Mirábamos la nieve en
el patio.
los pajares incrustados de carámbanos
un gorrión picoteando el poco o la nada
de un alféizar desnudo
mientras unas manos celosas sentían
trampas oxidadas, guantes viejos
restos de muérdago.
Era nieve y hollín, la vida en sus primeros pasos…
Anna, compré un
terreno,
tengo un caballo, un látigo y levanto polvo.
y llamo al vecino y le toco el hombro.
O tal vez otro, un sueño más pequeño,
Tú y yo juntos vivimos en una habitación
y tenemos cristales contra el viento y la lluvia
y una almohada un poco grande que basta para dos,
mira mi cara tengo los ojos marrones.
Tomado de:
Hablamos diferentes idiomas.
Hablamos diferentes idiomas.
usando el mismo idioma,
tu con la furia del místico
yo lleno de dudas y prudencia.
Y a veces nos parece lógico
hacer un poco de teatro,
tú tocando el bombo
yo con los oídos tapados.
El siguiente, es decir, el que pasa
El siguiente, es decir, el que pasa.
hermoso feo, ese tipo
que tiene los pies planos y un perro
que ladra como una vieja
un tranvía que carga y descarga
toneladas de cabezas y piernas
—dar un centavo por cada pensamiento
sería abrir un banco—
una nariz que huele negocios
y se queja por un resfriado
—a suerte esta estreñida— refunfuña
un bebedor lunático
un ojo que parece abrirse
en las nalgas de un cartel
e indignado desciende y encuentra
pies que apenas pueden sostenerlo
mientras que según las estadísticas
el aire que respiramos
acorta nuestras vidas y nuestra inteligencia
incluso cuando reímos.
Tomado de:

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