LA LLAMADA
El Sonido del teléfono
desde la habitación de mi compañero de piso
me atrapa en el rellano, a medio camino
escaleras abajo, la mano en el asa
no basta para parar
el ímpetu de la maleta. Necesito
magullarme la cadera para detenerla.
De la caja de cosas desechadas
-- signos de que una vez estuve aquí –
agarro el teléfono, lo enchufo
en el pasillo, y me siento
sobre el montón de listines apoyados a la pared.
Hola mama, contesto.
Me voy a otro sitio,
cada vez más lejos de donde partí.
A lo largo de las siete horas de diferencia horaria,
temo
que nunca la volveré a ver.
Quiero decir en voz alta que estoy perdiendo
un centro al que puedo volver,
pero no lo hago.
Ella habla también de un modo aplanado
por lo no dicho, acercándose mucho sólo
al separarnos, cuando dice
que parta sana y salva.
A lo largo de la creciente distancia
oigo su voz alejarse de mí.
Hago que me deje
Para poder sosegarme.
TRÍPTICO DE LA GUERRA: SILENCIO, GLORIA, AMOR
I.
RECAPITULACIÓN
La madre pidió que se quedara.
Miró a su hija silenciosa.
Te esperaba.
La calma del rostro de la niña era otra calma.
Sus manos yacían intocadas por la muerte.
El lavador de cadáveres
rasgó su largo vestido negro.
Azules cuentas de plegaria cayeron
al suelo en lenta recapitulación.
El lavador de cadáveres empezó a cantar
una oración para madres e hijas.
La madre dijo:
¿Quién me esperará?
II.
PADRE RECIBE NOTICIAS: SU HIJO MURÍO EN LA INTIFADA
Cuando oyó la noticia, el señor Karim se quedó
silencioso.
No miró a la cámara,
tampoco a la gente que acarreaba su pena.
Sintió deslizarse una mano de su mano,
un breve separarse,
y por este motivo rechazó el consuelo de la gloria.
II.
Contamos nuestras historias de guerra como historias de
amor,
inocente como los huevos.
Pero volveremos a encontrarnos con la memoria
y la muralla en torno a la ciudad,
siempre por primera vez.
EL ARTE DE DEJAR
De todo lo que no quiero conocer
la muerte me susurra este terrible secreto:
nunca conoceré la alegría
excepto en su partida.
Nunca te conoceré
excepto en las huellas
cuando te hayas ido.
El calor es dejar
la camisa, colgada
del respaldo de la silla.
Lentamente te va devolviendo
todo lo que de ti tenía.
NADA MÁS
Una alfarera entrega el don de un cuenco hecho por ella.
El cuenco es perfecto, se excusa,
y nada más.
Un maestro japonés le ha enseñado
a hacer cuencos que son perfectos
porque tienen una leve, deliberada imperfección.
El cuenco es perfecto, nada más.
Nuestro cuenco encaja deliciosamente en la mano.
La historia lo llena como un segundo don.
Un viejo alfarero con el que compartimos el relato, se
ríe
y revela el tercer don. La falta de imperfección del
cuenco
es su secreta imperfección.
https://www.lamajadesnuda.com/gabeba-baderoon/
Aliento
El lenguaje es aliento,
es tacto, es baba,
es el silencio antes de hablar.
Ruso
Una mujer aprendiendo ruso describe
la nueva inclinación de su cabeza,
su pecho, sus manos,
la tensión de su labio superior
como picaduras de abeja alrededor de la boca,
los cambios musculares de su lengua
una invasión desde adentro.
Árabe
Te enseño a decir la primera letra de mi nombre,
un sonido entre la g y la h,
para el cual no hay letra en inglés.
Inhala,
toma un sorbo de agua,
exhala.
El sonido del aliento dejando la garganta
es el comienzo de mi nombre.
Tomado de:
https://franciscocenamor.blogspot.com/2026/01/poema-del-dia-aliento-de-gabeba.html
Mi lengua se enternece con el otro nombre
En el patio de la casa de mi madre, chasquidos de ropa
tendida
por encima de los chiles y el romero silvestre.
Kapokbos, arbusto de algodón, mi lengua
se enternece con el otro nombre del romero.
Brinjal, pimientos colorados y pawpaw crecen
en ese estrecho canal entre la
cocina y la pared que separa
nuestra casa de la de los Severo. En el borde
del césped, junto a los dormitorios, un witolyf procura
alcanzar en éxtasis los cables de la luz.
En un rincón a socaire de la casa
no crece nada.
Aquí el sonido colapsa.
De madrugada las sombras
mojan unas tejas apiladas
contra la pared de cemento.
En el frío y el silencio
mi hermano está creando un jardín.
Limpia de cascotes la tierra
y los arrima contra la medianera.
Luminosas puntas de speldekussing, alfiletero, puntúan
la rocalla.
Horas y horas excava un hueco en una piedra para
capturar
el agua que ha goteado de una canilla toda mi vida.
A su alrededor, botterblom enrojece la arena gris.
Un cerco hecho de juncos filtra
El viento entre la casa y la pared.
Y plantar: margaritas de hielo agachan los copetes de
sus cabezas
hacia su propia sombra.
De noche, él se sienta en una lata de pintura,
en la presencia de cosas que crecen.
La luz rebasa el borde del cuenco de piedra
Y luego se vuelve a recomponer en luna.
Todo va encontrando su lugar.
Tomado de:
https://franciscocenamor.blogspot.com/2026/01/poema-del-dia-aliento-de-gabeba.html
Fotografías antiguas
En mi escritorio hay una fotografía tuya.
tomada por la mujer que te amaba entonces.
En algunas fotos cae su sombra
en primer plano. En este,
Su cuerpo no está tan lejos del tuyo.
¿Mantuviste la cabeza de esa manera?
¿Porque le encantó?
Ella no es invisible, no
mi enemigo,
ni siquiera el pasado.
Creo
Me encantan las cosas que ella amaba.
De todas tus fotografías antiguas, quería
Este por su devenir. Creo
Estabas empezando
girar un poco la cabeza,
Tus ojos mirando ligeramente hacia un lado.
¿Fue este el comienzo de la partida?
Proteas de cojín verde
Las proteas de cojín verde crecen
en mi memoria, balanceándose débilmente
En el viento de hoy. El recuerdo me atrapa.
A través de los alfileteros rosas que compré esta mañana
de la tía en el doek junto al Kwikspar
quien añadió una protea rey al ramo,
todos picos y alfileres en rojos y granates,
Tan regio que cuando era niño no sabía
Estaban vivos
y no los regaron.
Mi madre está recordando
Me los recuerda.
¿Te acuerdas?, me pregunta ella, y entonces lo hago.
¿Proteas de cojín verde tan pequeñas?
Ella lentamente hace que sus dedos giren y florezcan.
flores verdes del tamaño de monedas grandes
que encontramos aquí entre las rocas y la arena gris
bajo altos árboles innombrables en la memoria,
alcanzando
sus raíces en los cimientos de la casa,
Hilos sutiles que se estiran cada vez más cerca.
Todos los enredos, enganches y balanceos,
Las proteas verdes de cojín se clavan en mi mente,
se espesan puntada a puntada
a un lugar que no era, pero que es de nuevo.
La arena gris del recuerdo ahora ferviente de color,
Las flores verdes trepan por la rocalla
y nosotros, que no conocíamos sus orígenes,
moverlos a otra parte del jardín,
y se retiran, y luego se retiran
De memoria hasta ahora, una nueva especie de verde
floreciente e impasible.
Murieron, recuerda.
No les gusta que les muevan las raíces.
¿Te acuerdas?, pregunta ella.
y las monedas verdes brotan en el primer arbusto
nos preceden desde hace mucho tiempo y sin cuidado los
arrancamos.
de sus rocas originales y mueren
Un poco y luego completamente.
¿Por qué los trasladamos a otro lugar?
¿Nosotros que fuimos trasladados hasta aquí?
¿Te acuerdas?, pregunta ella.
Tomado de:

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