lunes, 16 de febrero de 2026

POEMAS DE PABLO MORA - LAMENTANDO SU PARTIDA -


Regreso

Hoy entreabrí la puerta de la infancia

con la nostalgia vuelta hacia la cuna

y no encontré ni un rastro de la luna

que ayer nomás iluminó mi estancia.

 

Hoy me inundó la mar de la distancia

al evocar mi vegetal laguna

y en la vieja resaca una por una

fue anclando sus pisadas mi inconstancia.

 

Hoy me perdí en las ruinas de mi ayer

en busca de un alero, de un cimiento,

de un mango, un cafetal o mi nacer

 

y al verme en los umbrales de mi aliento

honda desolación cruzó mi ser:

oí que sollozaba mi lamento.

 

 

De Almácigo 2 (1980)

La mano

Salve, mano, alfarera de mis versos,

por quien recobran mis sonetos vida

en el cuarto anular de la partida

y en el sexto pulgar de sus reversos.

 

Salve, meñique, y sus acentos tersos

y tú esdrújulo índice en salida,

donde cabalga siempre en embestida

la furia de mis ritmos circunversos.

 

Mis dedos, mis cordiales camaradas,

silenciosos orfebres de mis rimas,

se saben de memoria mi universo.

 

Tal vez cuando se escuchen las palmadas

con que llame la muerte allá en sus simas

esté mi mano componiendo un verso.

 

De Almácigo 6 En tiempo de Paz (1993)



Empezamos

Empezamos midiendo con la mano

el patio, el cielo de la antigua escuela;

ahora solamente sopesamos

el llanto de la muerte en pie de guerra.

 

 

Cuando niños jugamos al castillo,

los sueños se mecían en las sienes,

diciembre -lumbre en colosal niñura-,

algo mejor para el mañana ignoto.

 

 

De nuevo niños -el reloj del tiempo-.

¡Que nunca se nos nuble el horizonte!

¡Que nunca más la nieve se enrojezca!

 

 

Ante el niño fundido en la trinchera:

¡Menos fuerza, Señor, para la guerra

y más valor para fraguar la paz!

 

 

Nada te detenga

ermitaño augusto

 

vigoroso camarada

 

esquiva naufragios y centellas

 

vuele libre tu alma centinela

 

 

 

Armémonos de nuevo contra la injusticia

 

Demos por sagrado el desorden de nuestro espíritu

 

por ineludible el insomnio y la noche que nos cruzan

 

 

 

Indispensable llegar a lo desconocido

 

Porque en el tiempo no fuiste un pájaro

 

sino un rayo en la noche de la especie

 

una persecución sin tregua de la vida

 

una raza que canta en la tormenta

 

relumbra vela brilla resplandece

 

para que el canto siempre permanezca

 

 

Penumbra

De un tiempo acá las noches no son mías,

las aspas del insomnio se han varado,

porque un lúgubre viento huracanado

me dejó solamente con mis días.

 

De tarde en tarde van mis rebeldías

tras el antiguo puño alucinado,

donde siempre sus furias han anclado,

y en alto empuñan nuevas acedías.

 

Del brazo del amor que la convida,

por calzadas de gritos en penumbra,

huérfana de la noche va mi vida

 

tras un amanecer que al fin alumbra

un día con la noche esclarecida

de azul mañana que la fe vislumbra.

De Almácigo 2 (1980)

Tomado de:

https://www.poemas-del-alma.com/pablo-mora.htm

 

 

Palermo

 

De regreso del campo, del Amparo

-fresco follaje que tocaba el cielo-

antes, mucho antes de llegar a casa,

pasábamos, silentes, por Palermo.

Para mí, Palermo era pura luna

-mansa finca dormida en la floresta-.

Desde Los Alpes nunca fui a Palermo

mientras Palermo me llevó a la luna.

Perfectamente yo podría decir

que, niño, Pablo visitó la Luna,

que de Palermo viene su locura.

 

Si no, de aquellos duendes que una tarde

-me dijeron- saldrían de la huerta

sin que nunca en la huerta aparecieran.

 

 

 

Hicimos la mochila

 

y nos volvimos vagabundos

Apoyamos las palabras sobre la sangre

Cargamos los dados en la apuesta

Arrestamos al viento al sol las mariposas

Supimos del alma del silencio

de la piedra que alguna vez fue estrella

del sagrado terror de la locura

Fuimos un retrato del alma de la tierra

Dejamos pasar la noche por encima de nosotros

mientras las islas no se cansaban de bañarse

Nos hicimos a la lluvia

Matamos la tristumbre

Rompimos alfileres paraguas y repisas

Inventamos ratos penas alegrías y tardanzas

Echamos un vistazo al mundo

Nos provocó quedarnos solos en la tierra

Faltó ponerle trampas a la muerte.

 

De Asombro al descubierto (1996)

 

 

 

Travesía

 

Amplio solar de pena y amargura,

recinto para el llanto y la alegría,

larga tonada, larga travesía.

Viejo estribillo en clave de ternura.

Duro aguijón para la suerte dura,

ardua vereda la de cada día,

ancho portón para la misma vía,

hondo estallido en tiempo de premura.

Ruta sin fondo en la lejana infancia,

donde el azul peregrinaba un día

sin darnos cuenta de su gris fragancia.

Lanza en ristre, con firme rebeldía

va nuestra vida en fúlgida arrogancia

componiendo su propia sinfonía.

 

De Almácigo 6 En tiempo de paz (1993)

 

 

Insomne lumbre

 

Que cada palabra lleve lo que dice. Rafael Cadenas. Expresar asombros y nochuras. Enterrar la muerte. Inventar la vida. Abrirle los postigos a la noche. Cerrar los ojos a la luna. Dar con el árbol del primer camino. Con la vereda que nos vio salir. Tomarle el pulso al hambre. Saber del diapasón del pobre. De las creencias de Dios y sus costumbres. De los rituales del viento y sus cofrades. De la imagen horrenda del futuro. De la luciérnaga y su antiguo enigma. Saber de la escritura de las piedras. De la alta transparencia de los mudos. Del colosal silencio de los grillos. Tantearle a los sueños sus luceros. Conocer las entrañas de las hojas. El corazón del bosque y sus vitrales. El páramo, sus cuitas y plegarias. Desenterrar el misterio de la rosa. Ahuyentar la sombra y sus reveses. Escapar del ladrido de la calle. Del hosco muñón del peregrino. Del puñal que en la acera nos espera. O del barco que acecha nuestras costas. Dar con el ámbar del primer arroyo. Traspapelar la terquedad del lunes. Aullar juntos delante de los cielos. Escucharle al pobre su alarido. Compartir esperanzas con el árbol. Esperar a que baile el arco iris. Sabernos vivos todavía bajo el granado trigal de la noche insomne. Registrar ventoleras, arrebatos y miserias. Expulsar el despojo mutilado. Ser libres así el fuego nos cercene. Quitar algunas comas al crepúsculo. Ver la noche sin que nadie contradiga. Morir de pie a pesar de los milagros. Eludir la risa ensangrentada. Salvar la luz, sin la cual la tierra gemiría de espanto. Dar con una migaja de soledad marina. Con el grano de arena que a las costas de la divina antigüedad nos ata. Atravesar, siempre a la intemperie, incertidumbres, agonías, interrogantes y tragedias. Dar forma al vacío de modo que éste sea posible; ojos al poema para que pueda cruzar la calle; alas a Dios para que pueda llegar al hombre. Robarle sin que sepa una sonrisa al sol en la arboleda. Mirar el cielo solamente en el momento necesario. Cruzar, no la aurora, sino el alma en que ampara su soñar. Ventilar, aupar, asolear la eternidad cada día. Verse en el cielo gris, en la trémula víspera del júbilo. Escuchar a la soledad y dirigirle la palabra. Llegar con los ojos abiertos a la mirada final. A punta de hombre, tempestad y grito. Por obra y gracia del asombro a secas. Por el relámpago final del hambre. Por la luciérnaga y su insomne lumbre. Contar con la vigilia para el día. Con porvenir para fraguar enigmas. Defender el milagro de la vida. La fogata que lleve al alumbraje. A tiro limpio, la bondad del hombre.

Tomado de:

https://www.lainsignia.org/2002/febrero/cul_010.htm

 

 

El luto

El luto humano anuncia grandes cementerios bajo la Luna. O bajo los soles de arena y viento, donde los seres de este mundo asistimos a un nuevo Apocalipsis.

 

Sombrío señorío sobre la vida y la ilusoria paz, el exterminio de todo lo que suspira y palpita, en soledad, en multitud, por mar, aire y polvo, en cita atroz.

 

Ya no somos lo que somos. Ya no hablamos por nosotros mismos. Ya piensas como ellos. Tienes la libertad que ellos te permiten o te dan. En sus manos está el salvoconducto. Está la muerte, la bola negra. Tu palabra la detendrá la maquinaria de los imperios.

 

Ya no somos lo que somos. Somos lo que ellos quieren que seamos. Desde las orillas del mundo, nuestra palabra corre el riesgo de no ser. El gran dilema, ser.

 

 

al alimón

Pedro Salinas – Pablo Mora

Mientras haya

en el mundo alguna puerta,

una gota en el alambre

o una lágrima en la estrella.

Mientras haya

alguna ventana abierta,

ojos que vuelven del sueño,

otra mañana que empieza.

Mientras haya

mar con olas trajineras,

trajinando en alegrías,

llevándolas o trayéndolas.

Mientras haya

un hombre asomado al tiempo,

en orfandad encendido,

alejándose y viniendo.

Mientras haya

lino para la hilandera,

árboles que se aventuren

y vientos para la vela.

Mientras haya

bosques que sueñen en árboles,

cielos en sueño hombrecitos

y amores en los amores.

Mientras haya

tanta fronda en la alameda,

tanto pájaro en las ramas,

tanto canto en la oropéndola.

Mientras haya

un colibrí mañanero,

un suspiro, un alarido,

un relámpago, un acecho.

Mientras haya

un mediodía que acepta

alegremente su sino

de ser la tarde que llega.

Mientras haya

un par de versos descalzos

tras una luna desnuda

al pie de un sol de venados.

Mientras haya

jazmines, claveles, rosas,

que se marchen al ocaso

y regresen a la aurora.

Mientras haya

polvo, barricada, fuego,

turpiales de medio luto

y soldados por el suelo.

Mientras haya

una mirada serena,

un día que se va yendo

y un recuerdo que se queda.

Mientras haya

celadas contra la muerte,

delfines surcando el mar

o un niño que el hambre lleve.

Mientras haya

lances, clarines, laureles,

timbales y clarinadas,

monteras sorteando muertes.

Mientras haya

pasos y pasos que dejan

tan seguros como en mármol

en la memoria sus huellas.

Mientras haya

trajes de luces, de seda,

jardines en las vocales

y gritos entre las piedras.

Mientras haya

amor, y amor que le quiera,

vida que pide más vida

o algún poema que vela.

Mientras haya

esperanzas y recuerdos,

alguien buscando imposibles,

enigmas bajo el misterio.

Mientras haya

en el mundo primavera,

una nube que se va

y un arrebol que se encienda.

Mientras haya

soles que al mundo lo alienten,

trajines para el ensueño

y amores para quien quiere.

Mientras haya

la querencia del poema,

unos versos que amanecen,

muchas palabras que esperan.

Mientras haya

un camino, una faena,

un mugido, una luciérnaga,

una palabra, una espera.

Mientras haya

memoria que le convenza

a esta tarde que se muere

de que nunca estará muerta.

Mientras haya

trasluces en las tinieblas,

claridades en secreto,

noches que lo son apenas.

Mientras haya

susurros por las estrellas,

atardecer que pregunta,

anochecer que contesta.

Mientras haya

tantas palabras que esperan,

invenciones, clareando,

amanecer de poema.

Mientras haya

alguien por la noche insomne,

siendo el insomne el delirio,

siendo la noche la insomne.

Mientras haya

alguien, diestro, toro, ruedo,

una capa, una muleta,

un capote, un burladero.

Mientras haya

un bramido, un rejoneo,

lidia, muletazo, vara,

algo nada más que siendo.

Mientras haya

ángeles que lleven cuernos,

volcanes, rayos, tormentas,

soles que afilen destellos.

Mientras haya

un camino para el tiempo,

una lumbre para el hombre,

una cuna para el viento.

Mientras haya

una brizna a todo ruedo,

una arena a sol y sombra,

un indulto en el pañuelo.

Mientras haya

sombras, sombras inventoras,

penumbras en las barreras

que hacen y deshacen formas.

Mientras haya

un Camborio, bien gitano,

juego de sombra y arena,

bajo una luna soñando.

Mientras haya

dos hacia el final a tientas,

dos de frente hacia la tumba,

dos hacia la muerte a ciegas.

Mientras haya

pena limpia, negra y sola,

hermana de sueño ajeno,

bajo el piafar de las horas.

Mientras haya

embestidas de la guerra,

lirio crecido en castigo,

madrugadas nazarenas.

Mientras haya

Albricias, Aldebaranes

y Arturos para elevar

Altaíres en los mares.

Mientras haya

al alimón en corridas,

al alimón con la noche,

al alimón con la vida.

Mientras haya

alguien nada más que yendo

al alimón, al quiebro, al cuarteo.

Mientras haya

lo que hubo ayer, lo que hay hoy

lo que venga.

Tomado de:

https://ciudadpoema.com/texto/pablo-mora/al-alimon.html

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