miércoles, 25 de febrero de 2026

POEMAS DE JUAN ANTONIO VASCO - INICIOS DEL SURREALISMO ARGENTINO -


CLARA ES UN ROBOT FRENÉTICO

 

 

 

       Se disfraza de mujer con misteriosa habilidad, pero es

un robot de la peor especie.

 

         Lo adviertes cuando se acomoda los rizos con tubos

de cartón tripas de rollo de papel toilette.

 

         Si se traba chirria y hasta que no le quitas de la máquina

el cuerpo extraño no vuelve a sus modales

de ameba servicial.

 

         Se sabe que cultiva hábiles intenciones contra cualquier

sistema y eso le proporciona su ternura de rosada mucosa

que no permite escapatória.

 

         Si la amas chapúzala en la vida para verla alborotar

peinarse y arrojarse como un calamar herido por sobre

casi todo lo que existe.

 

                                               (de Pasen a ver, 1982)

 

 

CONFUSIÓN Y LENGUAJE

       Partes nobles igual a partes pudendas

la nobleza da mucha vergüenza

confusión confusión

algarabía beréber bárbaro blablabla

“un penado se cortó las partes nobles con una hojilla

[de afeitar

con intenciones de quitarse la vida

noticiero de radio veintenueve de julio de mil

[novecentos setenta y tres

 

        la vida partes nobles

la muerte partes pudendas

 

        el penado tenía vergüenza de las únicas partes nobles

[que le quedaban

de nobles se convirtieran em pudendas

incapaz de soportar la vergüenza se les cortó

tenía vergüenza de la vida el pobre sinvergüenza de

[la vida

 

 

(de Pasen a ver, 1982)

Tomado de:

https://www.antoniomiranda.com.br/Iberoamerica/argentina/juan_antonio_vasco.html

 

 

Nada de historias

 

Ninguna solemnidad ningún corcel ningún futuro

ningún mapa ningún congreso de buscadores

de piojos ningún desayuno que no sea mortal

ninguna convalecencia de la opinión pública

ningún divorcio que no sea decretado por los amantes

ningún desembarco en tierra de ladrones

NINGÚN HOMBRE CON EL VIENTRE

ABIERTO DE UN TAJO TIENE INTERÉS

EN LA PERPETUACIÓN DE LA ESPECIE

Así que nada de historias ningún consuelo

ningún símbolo para el asco ningún pacto secreto

ningún receptor de televisión sintonizando

en mi reino no es de este mundo.

 

de Cambio de horario, 1954

Tomado de:

https://campodemaniobras.blogspot.com/2011/06/juan-antonio-vasco-nada-de-historias.html

 

 

LA TUMBA DE LOS AMANTES

 

La melodía de un fagot que regresa cargado de laureles,

el aire apenas tibio que exhalan las tumbas de los amantes,

todo está en su lugar.

El halo de aceite que marca el lugar donde una vez estuvieron sus pechos,

esa cera del insomnio manipulada por las manos de un amante

, un mercader de especies vírgenes, virgen de nuevo.

Cae la calma, desplegando su serpiente de caramelo sobre la faz del crepúsculo.

Juntos una vez más, lamidos por el hierro de la barca que desaparece en el olvido de las palabras del deseo,

rezan, poniendo las cuatro manos en el vacío que deja la muerte al alzar el vuelo sobre los techos de arcilla.

Ya lo saben todo cuando Dios desciende de su silla con el gran silbato de hueso,

porque el retiro se celebra en la habitación donde ardieron, arrojados a la pira del pudor.

Sin embargo, cada primavera que regresa cargada de cadenas

cava allí en el lugar donde tuvieron amor

y los despierta de nuevo

con gargantas llenas de remordimiento.

 

 

EL ARPA DE MADERA

 

I.

 

Un país de espléndida piel de botella

pasa desnudo como una mujer

junto a los edificios del mar.

Sus alegres pechos arenosos conservan inextinguible la marca de los dientes,

dientes adornados con ébano,

dientes que sonríen al sol.

Hermoso país de piel hinchada por la velocidad de sus hijos,

camisa de serpiente que agita la humedad,

tambor precipitado desde la colina hacia el mar con su guijarro dentro,

la piedra de la buena fortuna y la música de la piel.

 

II.

 

¿Saben que aplastaron el reloj de pulsera con una montaña?

Señalan al norte con nubes de humo seco

de fuego

de conversación

y dejan pasar al extraño

a las colinas contorneadas por el sol desde sus pies de luz aplastada hasta la cima.

Allí verás

subir de ventana en ventana

mejillas o vientres frenéticos de calor.

Son las colinas del coro por cuyos ojos de buey emergen niños amarillos de inocencia

con las cabezas raspadas por duros palitos de yuca.

Allí verás a los santos de piel del tamaño de la palma colgando en los corredores

incensados ​​como humo de ron.

Cabezas reducidas por el patriotismo bebiendo jarabe de luciérnaga,

buenos amigos de un crepúsculo,

buenos ciudadanos de su horno de paja de alto fuego atravesado por el bastón del hechicero.

 

III.

 

También hay grandes hormigueros donde se esconden las mujeres.

Se oye el arpa de madera que resuena sobre los árboles como la lluvia sobre los aviones.

Allí, se suda entre las espinillas

y se aprende a no esperar nada más que la escasa cuota de calor del año.

Botín:

palanganas redondas de placer efímero,

instrumentos de serenatas

y una gota de agua por honor.

Oh, mensajero acostumbrado a la espesura de la memoria,

no se siembra en la piel.

Y, sin embargo, a veces el pelaje frondoso de estas momias recuerda las medidas del Vals sobre las Olas

o el bambú de agua de coco que se acumula entre dos pechos de mujer oprimidos por el deseo,

derramando amor sobre lo que se ve,

lo único que existe.

Aquí, lo que se ve,

lo único que existe.

 

 

Epitafio de un limpio (1967)

 

Quiero dejar escrito

pintado en la pared

todo el bien que me han hecho

los ríos de agua fría

el mar caliente

el sol desnudo

las ciudades con olor de ceniza

 

Mis amigos

con una bengala en cada mano

para mí

carpintero de la nostalgia

mudo de padre y madre

me dan la bienvenida

y mis mujeres

la vida

en Londres bajo la lluvia

en Caracas bajo el sol

 

Puedo llorar a mares

me voy porque me voy

no porque quiera

la pasarela del Samborombón

ya no se pasa

y la esquina rosada de Barinas

ya no se cruza

el avión ya no toca en Grano de Oro

el ferry no fondea en Palmarejo

la chalana no amarra en Soledad

 

Me voy

me llevo todo

 

me voy limpio

hablando en español

con mi boca de tierra

 

(Del Libro PASEN A VER – Universidad de Mérida, Venezuela, 1982)

 

 

 

En la Casa de Postas

                                               A Enrique Molina

 

El pájaro que se quita sus plumas de hierro

para marcar los rostros de las muchachas con un

            signo que reluce más allá de los días que

            habitamos

esa comedia timidez hecha con restos de faros

            marinos

con el alambre del desprecio rizado en menudos

            ornamentos

esa presencia de hombre partido en dos

todo junto pulverizado guardado en un puño desde

            una noche hasta la otra

bajo la humedad de los besos cuyo sutil vapor

            invade las alcobas

una inagotable corriente de caricias

tu presencia exasperada hasta las lágrimas

entre los bambúes que oscilan en el viento

tu presencia exasperada de niño con un ojo saltado

rodando en el polvo como la esmeralda vomitada

            por un ajusticiado

Eres el agua negra donde toda blasfemia alcanza

            la transparencia del deseo

Tomado de:

https://www.generacionabierta.com.ar/2006/07/juan-antonio-vasco/

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