sábado, 14 de febrero de 2026

POEMAS DE SHOLEH WOLPÉ - DESDE IRÁN -


CUENTA I

 

El hogar es un diente que nos falta.

La lengua busca

rigidez,

pero solo encuentra

ausencia.

 

 

CUENTA II

 

Altas, rígidas, afiladas.

Intenta llegar al otro lado

a pesar de las espinas salvajes.

 

Nosotros, que marchamos de casa adolescentes,

niños que cruzamos fronteras y fuimos despedazados

por mil lenguas dentadas,

nosotros, que llevamos heridas que florecen

bajo la piel cicatrizada,

¿en quiénes nos hemos convertido?

 

Me pregunto si casa

    será mi fantasma,

si llevará mi ropa interior

guardada en la antigua cómoda

que compré hace veinte años,

si habrá anidado en mi blusa colgada

en una percha que no me atrevo a tirar.

Acaso esté extraviada entre filas de libros

ordenados alfabéticamente en un idioma

en el que no nací. O aquí, en el borde

de esta taza desportillada

que mi último amor olvidó.

 

Llevo semillas en la boca. Planto

cúrcuma, cardamomo y diminutos

pepinos aromáticos en el jardín.

Los riego con la lluvia que arranco

de las canciones de la abuela.

Crecerán, lo sé, por encima

de las murallas de espinos.

Se abrirán paso, ilesos.

 

Me fui de casa a los trece.

No había vivido lo suficiente como para saber

no amar.

Casa era el mar Caspio, los bazares bulliciosos,

el aroma del kebab y el arroz, los almuerzos

de los viernes, los picnics junto a los arroyos.

Nunca quise irme tan lejos.

 

Dijeron: Vuelve

y morirás.

 

El exilio es una maleta con el asa rota.

Lleno cien cuadernos de garabatos,

los arrojo al fuego y vuelvo a empezar,

esta vez me tatúo las palabras en la frente,

esta vez escribo solo para no olvidar.

 

La complacencia se contagia como un catarro.

Nado a contracorriente para dejar mis huevos púrpuras.

Dicen: Saca sustento de esta tierra,

pero mira cómo cuelgan mis frutos en espiral

y huelen a cuadernos viejos y a encaje.

 

¿Qué es un árbol trasplantado

sino un ser en el tiempo,

resignado a la adopción?

 

Los espíritus apremian, los espíritus se van,

lloran y se lamentan en la puerta del templo,

donde pendo al borde de un abismo.

Tal vez los espíritus solo acuden en el exilio.

 

Pero incluso esto es una ilusión.

 

 

CUENTA III

 

Querida América,

solías colarte en mi cuarto,

¿lo recuerdas?

 

Yo tenía once y tú venías

noche tras noche, a Teherán, te deslizabas

desde la vieja radio de mi escritorio,

pasabas por la pila de deberes de matemáticas, sobre

la desgastada alfombra persa, y me arremetías

con tus golpes de rock and roll.

 

Te quería más que al chicle,

más que a los plátanos importados

que vendían en la calle por un ojo de la cara.

 

Pensaba que eras azur, América,

como el vestido nuevo de mamá, y kumquats,

y naranja, cielo y amapolas.

 

Soñaba contigo, América, soñaba

contigo cada noche con la ferocidad de un niño

extraviado hasta que te volviste real como la carne.

 

Y cuando llegué,

me embestiste

como una carcajada.

Tomado de:

https://www.zendalibros.com/5-poemas-de-sholeh-wolpe/

 

 

Es un mundo de hombres

 

Soy mujer. Eso es todo.

Es pecado mirarme:

por eso llevo un velo.

Mi voz tienta y yo debo

guardar silencio.

Es un crimen el pensamiento

y otro los libros: su alimento.

Tengo que soportarlo todo

y morir sin escándalo

sin una queja.

Solo entonces

me admitirá Dios a su lado

y tendida en el mármol de una nube, desnuda,

pondré uvas en la boca de los santos,

serviré vino de doradas urnas,

les hablaré de amores al oído.

 

Versión de Aurelio Asiain

Tomado de:

https://aurelioasiain.com/2016/09/09/sholeh-wolpe-es-un-mundo-de-hombres/

 

 

Diario de cuarentena: día 68

 

Él dice fresas; yo digo

semillas. Él dice iris; yo digo

sexo.

Él dice fe; yo me persigno con alcohol.

 

A dos meses del aislamiento Covid ya estoy metida

a fondo en esta existencia de pantalla verde Zoom y

WhatsApp, únicos testigos de mis gruñidos a pleno

pulmón,

de la ronda de moscas nerviosas

que ataco con mi raqueta eléctrica amarilla.

 

¡Con solo dos pilas AA electrocuto a estas plagas zumbantes!

¿Quién les dio permiso de

congregarse bajo mi fresno en este

patio de ciudad?

¿No se han enterado?

Las reuniones están estrictamente prohibidas.

 

Él dice, ¿no tienes compasión? Yo digo, ¡divirtámonos!

 

Si yo no las devuelvo a su creador, alguna otra razón lo

hará. De todos modos ya nada tiene sentido—

                                                   ¿o acaso lo tiene?

 

Esta mosca, la que estoy a punto de aniquilar,

deambula por un impecable haz de luz.

Blanco perfecto.

Como nosotros. Ahora. Para la raqueta dorada de Dios.

 

¡Zas!

 

 

 

Él dice locura, yo digo que por

supuesto al principio siempre es algo

insignificante,

como las gotitas de sirope de arce en la

balaustra azul que separa nuestro huerto de

frutales

del de nuestro vecino; acribillando la

línea de hormigas despistadas con el

chorro brutal de nuestra manguera—

implacable, infinita, irracional.

Tomado de:

https://diecisiete.org/wp-content/uploads/2020/06/wolpe%CC%81.pdf

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