sábado, 3 de septiembre de 2022

POEMAS DE ELISABETH MULDER


El pulpo

Una noche soñé que un pulpo me quería.

¡Oh la indecible angustia de aquella aberración!

Nunca he sufrido tanto; cuando amaneció el día

dijérase que había perdido la razón.

 

¿Alguien ha visto un pulpo acercársele quedo,

asqueroso y lascivo, monstruoso y feroz?

Por vez primera supe qué es ser presa del miedo,

qué es hundirse en la sima de una demencia atroz.

 

Él caminaba siempre, y yo huía, yo huía;

sus tentáculos eran como una maldición

caída del infierno sobre la carne mía

que crispaba el espanto de la alucinación.

 

¡Qué terror! Se me helaban los gritos en la boca.

¡Qué terror! No acertaba ni auxilio a demandar.

Y él avanzaba siempre, y yo, como una loca,

ni siquiera sabía hacia dónde escapar.

 

Un tentáculo horrible sobre mí iba a caer

como una helada mano blancuzca y amarilla,

cuando al fin dando un grito que sacudió mi ser

desperté sollozando de aquella pesadilla

 

que me hizo conocer el infierno del pánico,

el dolor de lo innoble, el terror de lo infecto

encarnado en lo inmundo de aquel pulpo satánico,

tenebroso y maldito, misterioso y abyecto.

Tomado de:

https://www.archiletras.com/poemassentidos/el-pulpo-de-elisabeth-mulder/

 

 

Sinfonía en rojo

Roja, toda roja…

Roja, toda roja vi siempre la vida;

como una inmensa hoguera

donde quemaba bien

mi pobre corazón, rojo también.

Todo rojo el camino,

todo rojo el sendero

a seguir

y el día a vivir.

Y rojo el mundo entero.

Rojo de amor.

Y de dolor y de horror…

En este vasto incendio

(brasa, flama, carbunclo),

que todo centelleante apareció

en esa luminaria,

¿qué había de ser yo,

alma furtiva

y temeraria?

¿Qué habría de ser yo

sino una llama viva?

 

 

La zarpa

Noce de estío, que en inquietud me sume…

Una flor lentamente se deshoja

entre intensas oleadas de perfuma;

y hay una luna grande, hiriente y roja.

La brisa espesa muerde perversamente

con el hábito tibio de un suspiro,

y acaricia la boca febrilmente

con el ávido beso de un vampiro.

No hay estrellas. El cielo es esta noche

la misteriosa comba inmaculada

prendida únicamente con el broche

de una luna de faz congestionada.

Quizás mañana habrá tormenta;

acaso en esa obscuridad se está preñando

el rayo y la tormenta paso a paso,

y el torrente pluvial que ha de ir saciando

esta ansia intensa de humedad que encierra

una agria emanación calenturienta

que sube de la entraña de la tierra

seca y resquebrajada, ardorosa y sedienta.

Nocturno de estío. Hora febril y palpitante

en que el silencio y la fragancia arrullan

y toda la existencia se hace un interrogante

y en la calma tan sólo los sentidos aúllan.

Mañana habrá tormenta. Esta noche expectante

me deja dolorida de emoción

como una zarpa alucinante

que me fuera exprimiendo el corazón.

 

 

Yo misma

¡Si pudiera salir de mí

 

Acaso me salvaría!

 

Tal vez se marchitaría

 

Como una flor

 

el dolor

 

en que mi vida se abisma

 

si no diera a lo exterior

 

tan gran parte del horror

 

de mí misma

 

Un misterioso capuz

 

me oculta a la vida extraña

 

que fuera de mí florece.

 

Al acercarme a la luz

 

Me transformo en niebla huraña

 

que la tamiza y empaña

 

hasta que la luz fenece.

 

¡No poder nunca ver nada

 

como los otros lo ven!

 

Tener luz propia: alborada;

 

Y sombra propia: la nada,

 

Y en este luchar eterno

 

Por apartarme de mí

 

ser esclava del infierno

 

fatal donde me sumí

 

por ignorar lo que hacía.

 

¡Si pudiera salir de mí

 

acaso me salvaría!

 

¡Pero no puedo!

 

En vano mi alma buscó

 

algo distinto a su «yo»

 

en la misteriosa prisma

 

de la vida donde ahondó,

 

porque tan sólo encontró

 

un reflejo de si misma.

 

¡Y fue una imagen tan triste

 

La que acertara a mirar

 

que ahora el alma se resiste

 

a volverla a contemplar!

 

¡Y ahora es tarde!

 

Es ella sola, yo sola,

 

lo que en la vida he de ver.

 

¡Estandarte que tremola

 

sobre la hoguera y la ola,

 

sobre el dolor y el placer;

 

mi sombra, que huye de mí

 

cuando avanzo hacia una cosa,

 

mi sombra, ¡Oh  fatalidad!,

 

compás, pauta, ritmo, norma,

 

mi sombra, que a todo da

 

los contornos de mi forma!

 

Y es triste, cuando uno ama

 

Lo externo, vivir así:

 

sin más noche que su noche,

 

sin más llama que su llama,

 

en febril

 

agitación,

 

arrimándose al candil

 

de su propio corazón

 

que se alimenta de su pena.

 

¡Es triste vivir así

 

cuando uno adora la ajena

 

palpitación!

 

¡Prisionera!

 

Prisionera en la demente

 

Personal limitación

 

del plano en que me coloco.

 

Y es tal la concentración

 

en que me llego a abismar,

 

que aunque me adelante un poco

 

sólo consigo avanzar

 

las rejas de mi prisión.

 

Como figuras lastimosas

 

vuelven a mí todas mis penas.

 

Soy de esas almas misteriosas

 

esposadas con sus esposas

 

y atadas con sus cadenas.

 

Yo soy mi propio carcelero.

 

Soy mi tirano y mi señor.

 

Yo soy el propio constructor

 

del patíbulo donde muero.

 

Abrasada en mi misma llama

 

y asfixiada en mi mismo humo,

 

en vano la paz mendigo

 

porque ha de morir conmigo

 

el fuego en que me consumo.

 

Mi cuerpo es tan sólo un cirio.

 

¡Oh fuego, blasón y emblema

 

de esta existencia que quema

 

con convulsión de delirio!

 

Mientras viva no veré extinto

 

el fuego de mis hogueras,

 

como no escaparé del recinto

 

de mis fronteras.

 

Sin otro que mi sol,

 

sin otra losa que mi losa

 

para ocultar mi existencia;

 

sin otro estol que mi estol

 

para seguir mi demencia

 

terrible y maravillosa,

 

soy igual que una alquimista

 

portentosa

 

filtrando de su crisol

 

el extracto de su esencia

 

misteriosa.

 

Soy la eterna sombra, que avanza

 

ante mí quiero ir lejos.

 

Soy la noche de mi esperanza.

 

¡Soy un reflejo de reflejos!

 

Y es triste vivir así

 

cuando hecho polvo de rubí

 

todo mi ser disgregaría…

 

¡Si pudiera salir de mí

 

acaso me salvaría

Tomado de:

http://latribu.info/uncuartopropio/feminismo/sisterhood/poemas-de-elisabeth-mulder/

 

 

Canción de marinero en la noche

La noche trae mi esperanza

rodando sobre la arena.

¡Mejilla de estrella virgen,

garganta de luna llena!

La noche trae mi esperanza

con la ropa medio puesta,

¡espalda de nardo fresco,

vientre en flor de primavera!

Ola, un puñado de sal

para ungir a mi morena,

la de los senos tan suaves

como capullos de seda,

la de los nuslos de plata

como agujones de estela.

Gaviota que bate el viento

comiéndose los planetas,

cuando piques en el mar

para besar las sirenas,

tráeme ranas de coral

que ciñan a mi morena

por la hebra de su cintura

al lecho de playa en fiesta.

Ya cae otra estrella herida,

Ya huye cantando otra vela,

ya va entornando la luna

sus grandes ojos de enferma…

¡La noche trae mi esperanza

rodando sobre la arena!

 

 

En el cristal inquieto de una fuente

En el cristal inquieto de una fuente

me he mirado

con un gesto miedoso.

El cristal me ha devuelto mi silueta cansada,

un cielo gris de otoño, vacilante y brumoso,

y el verde ensombrecido de mi vaga mirada.

Y así, los ojos en los ojos posados tristemente

hemos permanecido.

Mi imagen temblorosa en el cristal…

Luego me he ido.

¡Una pobre hoja más, desconsolada

en el parque otoñal!

 

 

¿Y no más?

¿Es posible?

¿Esto sólo

y no más?

¿Este lodo

amasado

con oro,

este lloro

apagado,

esto, todo,

y no más?

 

¿Esta angustia,

este miedo,

esta vida

ya mustia,

ya herida

de penas

apenas

nacida

al acaso;

este ritmo,

este modo,

este paso,

esto, todo,

y no más?

 

¿Esto sólo

que ahora es

por siempre

jamás?

¡Imposible,

imposible!

¡Después

ha de haber más!

Tomado de:

https://poesiaenlared.wordpress.com/category/elisabeth-mulder/

 

 

La dulce música

 

Fuente,desgrana tu pena

 

en esta tarde azulada.

 

Rima tu copla encantada

 

en esta tarde serena.

 

Bella amiga, mi hada buena,

 

di tu mágica balada.

 

¡Canta tu dulce tonada

 

que es toda gracia llena!

 

Y la fuente me escuchó:

 

y su romance cantó en el suave atardecer.

 

Y cada gota caía

 

como divina harmonía

 

en el fondo de mi ser.

Tomado de:

https://www.lapajareramagazine.com/elisabeth-mulder

 

 

 

viernes, 2 de septiembre de 2022

POEMAS DE SAMUEL FERGUSON


El lamento de Deidre por los hijos de Usnach.

 

Los leones* han marchado de la colina,

y me han dejado sola —sola—

Cavad la tumba, ancha y profunda.

¡Porque estoy enferma, y débil dormiría!

 

Los halcones de los bosques han volado*,

y me han dejado sola —sola—

cavad la tumba, profunda y ancha,

y dejadnos yacer lado a lado.

 

Los dragones de las rocas están durmiendo*,

sueño que no despiertan nuestros lamentos:

cavad la tumba y disponedlo;

echadme sobre el cuerpo de mi amor verdadero.

 

Echad sus lanzas y brillantes hebillas*

al lado de los guerreros correctamente;

delante de mí muchos días los Tres

me llevaron sobre sus hebillas de eslabones.

 

Sobre el suelo de la baja tumba pones,

bajo sus cabezas, la azul espada;

muchas veces los nobles Tres

enrojecieron por mí las azules hojas.

 

Poned los collares, convenientemente,

de sus grises mastines a sus pies;

muchas veces para mí trajeron ellos

con su ladrido al rojo y alto ciervo.

 

¡Oh! Escuchad mi verdadero amor cantando,

dulce como el sonido de las trompetas tocando:

como el balanceo del océano creciendo

gira su profunda voz alrededor de nuestro sitio.

 

¡Oh! Escuchad los ecos retumbando

alrededor de nuestro verde y bello casco,

cuando los Tres, con altísimos coros,

pasan a la silenciosa alondra sobre nosotros.

 

Eco ahora, duerme, mañana y noche

¡solamente la alondra encanta el firmamento!

Los labios de Ardan están escasos de aliento,

la lengua de Nessa tiene el frío de los muertos*.

 

Venado, triunfante en la montaña y el valle,

salmón, saltando del lago a la fuente,

garza, en el aire libre os podéis calentar

¡Los hijos de Usnach no os harán más daño!

 

El soporte de Erin* no lo sóis más,

gobernantes de la cresta de la guerra;

vuestro destino nunca más será

mantener la resplandeciente batalla de pie.

 

¡Aflijida estoy! por el fraude y el agravio,

falsos traidores y poderosos tiranos,

cayó el clan de Usnach, comprado y vendido,

¡Para el festejo de Barach y el oro de Conor!*

 

¡Tristeza para Eman, techo y muro!

¡Tristeza para la Rama Roja, tierra y salón!

¡Diez veces mayor tristeza y negro deshonor

para el falso y sucio clan de Conor!

 

Cavad la tumba, ancha y profunda,

enferma estoy, y débil dormiría.

Cavad la tumba y disponedlo,

echadme sobre el cuerpo de mi amor verdadero. *

 

 

Para no sobrecargar el poema con notas decidimos explicar aquí los pasajes más oscuros de El lamento de Deidre.

 

 

* (1) Los leones son, evidentemente, las huestes enemigas que han dejado el campo de batalla tras la victoria.

* (2) Los halcones del bosque que se han marchado es una señal temporal, es decir, Samuel Ferguson nos da a entender que la batalla ha tenido lugar varios días atrás, ya que las aves carroñeras han saciado su apetito.

* (3) Los dragones de las rocas son los espíritus que habitan los túmulos; almas de los guerreros caídos en antiguas batallas.

* (4) En adelante, la Reina da órdenes sobre la preparación de las tumbas de los guerreros, los cuales siempre eran enterrados con sus armas, e incluso con sus perros, como luego se verá.

* (5) Ardan y Nessa son dos héroes del clan de Usnach, muy conocidos en el ciclo de poemas celtas, tanto irlandeses como escoceses.

* (6) Erin es uno de los nombres de Irlanda.

* (7) La Reina habla de la traición de Barach y Conor, clanes con quien el reino de Usnach mantenía ciertos tratados que evidentemente, no fueron respetados.

* (8) El amor verdadero donde la Reina quiere reposar es el suelo de Usnach.

Tomado de:

http://elespejogotico.blogspot.com/2008/05/poemas-tristes-el-lamento-de-deidre.html

 

 

 

El espino de las hadas [*]

          Una balada del Ulster

 

«Levántate, querida Anna nuestra, de la fatigosa rueca;

porque tu padre está en la colina, y tu madre dormida;

sube al despeñadero y bailemos en la tierra de las aspas

alrededor del espino de las hadas, en el precipicio».

En la puerta de Anna Grace así lloraban las doncellas,

tres hermosas hadas alegres en mantos del campo;

y Anna hizo la rueca y la fatigosa rueda a un lado,

era la más bella de las cuatro, pensé.

Ellas brillan por el resplandor de la serena noche,

lejos, con sus suaves movimientos de cuello y los tobillos desnudos;

la resbalosa corriente en sus durmientes cantos abandonan,

y los despeñaderos en el aire etéreo:

y tomadas de la mano, y cantando mientras van,

las doncellas por las laderas han tomado un intrépido camino,

hasta que llegan al lugar en donde crecen los serbales en solitaria belleza,

junto al gris espino de las hadas.

 

 

 

El espino se yergue entre las cenizas, alto y esbelto,

como una matrona con sus dos nietas gemelas en su regazo;

las bayas del serbal se agrupan sobre su baja cabeza, gris y oscura

en rojos besos, grato de ver.

Las cuatro alegres doncellas se han formado en fila,

entre cada una de las hermosas parejas un majestuoso tallo,

y lejos en ondulantes laberintos, como aves la superficie van rozando,

¡oh, nunca las aves cantaron como ellas!

Pero solemne es el silencio de la plateada niebla

que engulle sus voces en un reposo sin ecos,

y soñadora la noche ha detenido las embrujadas laderas,

e iluso crece el crepúsculo.

Y hundiéndose una por una, como cantos de alondra desde el cielo,

cuando la sombra del halcón navega por el bosque despejado,

están calladas las voces de las doncellas, mientras se agachan debajo de él

en el aleteo de su repentino pavor.

Sobre el aire, por debajo del boscoso suelo,

y desde los mostajos entre el viejo espino blanco,

un poder de imperceptible encanto por sus seres respira,

y se hunden juntas en el campo.

Juntas se hunden silenciosas, escabulléndose de lado a lado,

lanzan sus hermosos brazos sobre sus encorvados cuellos bellamente,

luego en vano esfuerzan sus desnudos brazos ocultándolos

porque sus encogidos cuellos de nuevo están desnudos.

Así, todas abrazadas y postradas, con sus cabezas unidas en reverencia,

suaves sobre el latido de su seno –el único sonido humano–

escuchan los sedosos pasos del silencioso gentío feérico,

como un río en el aire, flotando alrededor.

 

 

 

Ningún grito alguna puede elevar, ninguna plegaria alguna puede decir,

sino salvaje, salvaje es el terror de las tres enmudecidas–

porque sienten a la hermosa Anna silenciosamente enajenada,

por aquel a quien ellas no se atreven ver.

Sienten sus trenzas enlazadas con sus bucles de oro

y sus elásticos rizos caen mientras su cabeza se separa;

sienten resbalar sus brazos desde sus enajenados brazos desdoblados,

pero quizás no buscan ver la razón:

porque pesado en sus sentidos el imperceptible encanto se expande

por toda la noche de angustia y peligroso asombro;

y ni el miedo ni la sorpresa pueden abrir sus trémulos ojos,

o sus miembros del gélido suelo levantar,

hasta que la tierra vacía de noches haya girado su rociado lado

con cada montaña embrujada y cada copioso valle debajo;

cuando, mientras la neblina se disuelve en la amarilla marea de la mañana,

el éxtasis de las doncellas disuelta se va.

Entonces, vuela el lúgubre árbol tan veloz como ellas,

y en vano cuentan su triste historia a sus impacientes amigos–

ellas desfallecieron y murieron en un año y un día,

y nunca más Anna Grace fue vuelta a ver.

Nota

 

[*] De acuerdo con el imaginario irlandés, el espino es muy importante para la vida de las hadas, ya que además de ser sagrado e inviolable, marca su hábitat, y el solo hecho de cortarlo acarrearía una serie de calamidades. La sabiduría popular señala que este árbol florece a partir del 1 de mayo y anuncia la llegada del verano.

Tomado de:

https://ginebramagnolia.wordpress.com/2009/06/18/samuel-ferguson-poemas-irlandeses/

 

 

Las bellas colinas de Irlanda

 

Un lugar ABUNDANTE es Irlanda para la alegría hospitalaria,

Uileacan dubh O!

Donde el fruto sano brota de la espiga de cebada amarilla;

Uileacan doblaje O!

Hay miel en los árboles donde se expanden sus brumosos valles,

y los senderos del bosque en verano son avivados por las aguas que caen,

allí hay rocío al mediodía, y manantiales en la

arena amarilla,

en las bellas colinas de la sagrada Irlanda.

 

Rizado y con tirabuzones, y trenzado hasta las

rodillas—Uileacan dubh ¡Oh!

Cada capitán que viene navegando por el Mar de Irlanda;

Uileacan doblaje O!

Y haré mi viaje, si la vida y la salud permanecen,

Hacia ese país placentero, esa hebra fresca y fragante,

Y deja tu jactanciosa valentía, tu riqueza y alto

mando,

Por las bellas colinas de la santa Irlanda.

 

Grandes y rentables son las pilas sobre el suelo,

Uileacan dubh O!

La mantequilla y la nata abundan maravillosamente;

Uileacan doblaje O!

Los berros en el agua y las acederas están a la mano,

Y el cuco canta diariamente su suave nota musical, Y el audaz zorzal canta con tanta valentía su canción en los grandes

bosques, En las bellas colinas de la santa Irlanda.

 

 

Paul Veronese: (Tres sonetos)


I

 

 

, Pablo, deja que tus rostros desde el lienzo se vean

tal vez menos claros que la lata de Pietro,

menos vivos que en los tintes de Tiziano,

o aquel que tomó las dos coronas de laurel:

Sin embargo, no recibirás una dura reprensión

de mí, quien, mientras con ojo ávido examino las

pompas pintadas de Brera y el Vaticano,

el primer deleite que diste y nunca abandonaste.

Porque en tu propia Verona, hace mucho tiempo,

Antes de una obra maestra de geniales arcadas,

hice un amigo; y tal amigo era raro.

Para él, amo el glorioso espectáculo de tu terciopelo,

Tus brillos de seda entre balaustradas de mármol,

Tu espacio para respirar y tu aire translúcido.

 

 

II

 

 

Amados por sí mismos, también. A menudo, como veo,

Abajo de la suntuosa penumbra de la galería con cortinas,

una luz del día separada que brilla en la habitación,

allí encuentro todavía tus agrupaciones múltiples

de santos clérigos, de nobles serios y audaces,

esclavos morenos, valientes galanes, doncellas en su flor,

con lo que de persa y El telar de Ligaria

puede asociarse mejor con la cúpula de mármol y el oro:

allí encuentra tu perro, cuyos dientes los dientes del tiempo desafían

a arrancar el nombre de las hojas menos duraderas

de la amada Canossa: allí, en cínica facilidad,

tu mono: y bajo el cielo nacarado

ver hermosas damas agitan sus pañuelos,

y desde los aireados miradores prestan dulces miradas.

 

 

III

 

 

Se equivocan los que dicen este largo verso retraído

De los frentes de palacio palladianos, este brocado de los

telares de Génova, este

resplandeciente plato de Milán con incrustaciones de oro, que se combinan

para extender un brillo suave a través del gran diseño,

muestran, pero en una mascarada ficticia cariñosa

la fiesta real del leproso Simón hizo

para ese gran invitado, de antaño, en Palestina.

Cristo camina todavía entre nosotros; En la mesa liberal

Desprecia no sentarse: ninguna Magdalena afligida

Pero de estos queridos pies recibe amablemente su beso

Ahora, como entonces; y tú, sé honorable,

Quien, por el poder de tu majestuosa escena,

Haces descender esa época y la mezclas con esta.

Tomado de:

https://mypoeticside.com/poets/samuel-ferguson-poems

jueves, 1 de septiembre de 2022

POEMAS DE ELENI VAKALÓ


CONFESIÓN

 

Y de ningún modo como intento poético

Pues es necesario

Que sufra

Aun mucho más

Por eso

Podría defenderme

Ahora lo llamo soledad

Al respecto agrego a mis recuerdos que una vez tuve un perro.

Pensaba que no había nada más hermoso que ser perro.

Le pegan y obedece.

Hace bastante tiempo.

Y todo cuanto de esto hoy

Dejé

Sobreentender

No fue por amor

Lo hice deliberadamente

Porque uno se hunde en el bosque

Sólo para poder salir

Por alguna parte

(Momento de profunda aspiración)

Este poema

Es mi última acción revolucionaria

Antes de someterme

A los consejos de otras razas.

Tomado de:

http://rincondepoetasmajo.blogspot.com/2012/08/eleni-vakalo.html

 

 

CÓMO SE VOLVIÓ UNA MALA PERSONA

 

Les diré cómo ocurrió

Así en este orden

 

Un pequeño y buen hombre encontró en su camino

a un golpeado

 

No muy lejos de él estaba en el suelo y

se compadeció

 

Tanto se compadeció

Que después tuvo miedo

 

Antes de acercarse a él y agacharse

para tocarlo, lo pensó mejor

 

Qué quieres para qué le buscas

 

Alguien más habrá de tantos aquí cerca

que del infeliz se compadezca

 

Y mejor no decir

Que siquiera lo he visto

 

Y como tuvo miedo

Así pensó

 

¿Acaso no es culpable?, ¿a quién golpean

sin que tenga la culpa?

Y bien se lo merece pues quiso jugar con

las autoridades

 

Empezó entonces él también

A golpearlo encima

 

Principio del cuento buenos días tengan ustedes.

 

 

EDUCACIÓN VEGETAL

 

La educación de las plantas es distinta a la de los hombres.

Que no se mueven que no se suicidan

No es la única diferencia

Las plantas son permanentemente revolucionarias

Bastaría pensar cómo crecen en las noches de luna.

 

Leído en PALABRAS PESADAS

Tomado de:

https://libroemmagunst.blogspot.com/2011/06/eleni-vakalo-2-poemas-2.html

 

 

Primer episodio

 

El

  ojo

    de

        mi padre

 

Mi padre tenía un ojo de vidrio.

 

Los domingos que se quedaba en casa sacaba de su bolsillo

otros ojos, los pulía con el extremo de su manga y llamaba

a mi madre para que eligiera.

Mi madre reía.

 

Las mañanas mi padre estaba complacido. Jugaba con el ojo

en la palma de su mano antes de ponérselo y decía que

era un buen ojo. Pero yo no quería creerlo.

 

Echaba un oscuro chal sobre mis hombros como si tuviera

frío y era para espiar. Al final un día lo vi llorar. No tenía

ninguna diferencia con un ojo de verdad.

 

Tomado de El bosque, 1954

 

 

 

Comentarios sobre la poesía

 

El Ojo de mi padre lo escribí hace exactamente veinte años.

 

    Mi padre tenía un ojo de vidrio

    Mi amiga tiene sólo un seno

 

    Los domingos que se quedaba en casa sacaba de su

bolsillo otros ojos, los pulía con el extremo de su manga y

llamaba a mi madre para que eligiera.

    Mi madre reía

    Mi madre se rió tranquila me imagino ahora, después de

veinte años, que conozco la nostalgia de mamar el pecho.

 

    Las mañanas mi padre estaba complacido

    Jugaba con el ojo en la palma de su mano antes de

ponérselo y decía que era un buen ojo.

    Se ponían armadura

    En el lugar de su pecho mi madre tiene, de ese lado del

arco, la fea cicatriz.

 

Tomado de Del mundo, 1978

Tomado de:

https://www.jornada.com.mx/2009/02/08/sem-eleni.html

 

 

El fin de la casa

 

 

Un día mi hijo mayor dijo

"Esta noche volveré tarde a casa".

 

Hice dormir a los pequeños

y creo que entonces miré nuestra casa

por primera vez.

 

Era vieja

y en el invierno con la lluvia habría goteras.

 

 

 

Poesía griega moderna, Buenos Aires, 1997

Trad. Horacio Castillo

Tomado de:

https://patriciadamiano.blogspot.com/2008/12/mis-poetas-griegos-hoy-3-eleni-vakalo.html