jueves, 23 de abril de 2026

POEMAS DE GARCILASO INCA DE LA VEGA - VOCES DESDE LA HISTORIA -


Si de mi baja lira…

 

Si de mi baja lira

Tanto pudiese el son, que en un momento

Aplacase la ira

Del animoso viento,

Y la furia del mar y el movimiento;

 

Y en ásperas montañas

Con el süave canto enterneciese

Las fieras alimañas,

Los árboles moviese,

Y al son confusamente los trajese;

 

No pienses que cantado

Sería de mí, hermosa flor de Gnido,

El fiero Marte airado,

A muerte convertido,

De polvo y sangre y de sudor teñido;

 

Ni aquellos capitanes

En las sublimes ruedas colocados,

Por quien los alemanes

El fiero cuello atados,

Y los franceses van domesticados.

 

Mas solamente aquella

Fuerza de tu beldad sería cantada,

Y alguna vez con ella

También sería notada

El aspereza de que estás armada;

 

Y cómo por ti sola,

Y por tu gran valor y hermosura,

Convertida en viola,

Llora su desventura

El miserable amante en su figura.

 

Hablo de aquel cautivo,

De quien tener se debe más cuidado,

Que está muriendo vivo,

Al remo condenado,

En la concha de Venus amarrado.

 

Por ti, como solía,

Del áspero caballo no corrige

La furia y gallardía,

Ni con freno le rige,

Ni con vivas espuelas ya le aflige.

 

Por ti, con diestra mano

No revuelve la espada presurosa,

Y en el dudoso llano

Huye la polvorosa

Palestra como sierpe ponzoñosa.

 

Por ti, su blanda musa,

En lugar de la cítara sonante,

Tristes querellas usa,

Que con llanto abundante

Hacen bañar el rostro del amante.

 

Por ti, el mayor amigo

Le es importuno, grave y enojoso;

Yo puedo ser testigo

Que ya del peligroso

Naufragio fui su puerto y su reposo.

 

Y ahora en tal manera

Vence el dolor a la razón perdida,

Que ponzoñosa fiera

Nunca fue aborrecida

Tanto como yo dél, ni tan temida.

 

No fuiste tú engendrada

Ni producida de la dura tierra;

No debe ser notada

Que ingratamente yerra

Quien todo el otro de sí destierra.

 

Hágate temerosa

El caso de Anaxárate, y cobarde,

Que de ser desdeñosa

Se arrepintió muy tarde;

Y así, su alma con su mármol arde.

 

Estábase alegrando

Del mal ajeno el pecho empedernido,

Cuando abajo mirando

El cuerpo muerto vide

Del miserable amante, allí tendido.

 

Y al cuello el lazo atado,

Con que desenlazó de la cadena

El corazón cuitado,

Que con su breve pena

Compró la eterna punición ajena.

 

Sintió allí convertirse

En piedad amorosa el aspereza.

¡Oh tarde arrepentirse!

¡Oh última terneza!

¿Cómo te sucedió mayor dureza?

 

Los ojos se enclavaron

En el tendido cuerpo que allí vieron,

Los huesos se tornaron

Más duros y crecieron,

Y en sí toda la carne convirtieron;

 

Las entrañas heladas

Tornaron poco a poco en piedra dura;

Por las venas cuitadas

La sangre su figura

Iba desconociendo y su natura;

 

Hasta que finalmente

En duro mármol vuelta y trasformada,

Hizo de sí la gente

No tan maravillada

Cuanto de aquella ingratitud vengada.

 

No quieras tú, señora,

De Némesis airada las saetas

Probar, por Dios, ahora;

Baste que tus perfectas

Obras y hermosura a los poetas

 

Den inmortal materia,

Sin que también en verso lamentable

Celebren la miseria

De algún caso notable

Que por ti pase triste y miserable.

 

 

 

Sospechas que, en mis triste fantasía

 

Sospechas que, en mis triste fantasía

puestas, hacéis la guerra a mi sentido,

volviendo y revolviendo el afligido

pecho, con dura mano, noche y día;

 

ya se acabó la resistencia mía

y la fuerza del alma; ya rendido

vencer de vos me dejo, arrepentido

de haberos contrastado en tal porfía.

 

Llevadme a aquel lugar tan espantable,

do por no ver mi muerte allí esculpida

cerrados hasta aquí tuve los ojos.

 

Las armas pongo ya, que concedida

no es tan larga defensa al miserable;

colgad en vuestro carro mis despojos.

 

 

 

Por ásperos caminos he llegado

 

Por ásperos caminos he llegado

a parte de que miedo no me muevo;

y si ha mudarme o dar un paso pruebo,

allí por los cabellos soy tornado.

 

Mas tal estoy, que con la muerte al lado

busco de mi vivir consejo nuevo;

y conozco el mejor y el peor apruebo,

o por costumbre mala o por mi hado.

 

Por otra parte, el breve tiempo mío,

y el errado proceso de mis años,

en su primer principio y en su medio,

 

mi inclinación, con quien ya no porfío,

la cierta muerte, fin de tantos daños,

me hacen descuidar de mi remedio.

 

 

 

Soneto V

 

Escrito está en mi alma vuestro gesto,

y cuanto yo escribir de vos deseo;

vos sola lo escribiste, yo lo leo

tan solo, que aun de vos me guardo de esto.

 

En esto estoy y estaré siempre puesto,

que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,

de tanto bien lo que no entiendo creo,

tomando ya la fe por presupuesto.

 

Yo no nací sino para quereros;

mi alma os ha cortado a su medida:

por hábito del alma misma os quiero.

 

Cuanto tengo confieso yo deberos;

por vos nací, por vos tengo la vida,

por vos he de morir y por vos muero.

Tomado de:

https://ciudadseva.com/autor/garcilaso-de-la-vega/poemas/#google_vignette

 

 

Soneto IX

Señora mía, si yo de vos ausente
en esta vida turo y no me muero,
paréceme que ofendo a lo que os quiero,
y al bien de que gozaba en ser presente;

tras éste luego siento otro accidente,
que es ver que si de vida desespero,
yo pierdo cuanto bien bien de vos espero;
y ansí ando en lo que siento diferente.

En esta diferencia mis sentidos
están, en vuestra ausencia y en porfía,
no sé ya que hacerme en tal tamaño.

Nunca entre sí los veo sino reñidos;
de tal arte pelean noche y día,
que sólo se conciertan en mi daño.

 

 

Soneto X

¡Oh dulces prendas, por mí mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería,
Juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en mi muerte conjuradas!

¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas que en tanto bien por vos me vía,
que me habiáis de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?

Pues en una hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
lleváme junto el mal que me dejastes;

si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes, porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

 

 

Soneto XVII

Pensando que el camino iba derecho,
vine a parar en tanta desventura,
que imaginar no puedo, aún con locura,
algo de que esté un rato satisfecho.

El ancho campo me parece estrecho,
la noche clara para mí es escura;
la dulce compañía, amarga y dura,
y duro campo de batalla el lecho.

Del sueño, si hay alguno, aquella parte
sola, que es imagen de la muerte,
se aviene con el alma fatigada.

En fin que como quiera estoy de arte,
que juzgo ya por hora menos fuerte,
aunque en ella me vi, la que es pasada.

Tomado de:

https://www.zendalibros.com/sonetos-de-garcilaso-de-la-vega/

 

 

SONETO I

 

Cuando me paro a contemplar mi’stado

y a ver los pasos por dó me han traído,

hallo, según por do anduve perdido,

que a mayor mal pudiera haber llegado;

 

mas cuando del camino’stó olvidado,

a tanto mal no sé por dó he venido;

sé que me acabo, y más he yo sentido

ver acabar comigo mi cuidado.

 

Yo acabaré, que me entregué sin arte

a quien sabrá perderme y acabarme

si quisiere, y aún sabrá querello;

 

que pues mi voluntad puede matarme,

la suya, que no es tanto de mi parte,

pudiendo, ¿qué hará sino hacello?

Tomado de:

https://poemas.yavendras.com/garcilaso-de-la-vega/

 

 

Soneto XXVIII

 

Boscán, vengado estáis, con mengua mía,

de mi rigor pasado y mi aspereza

con que reprehenderos la terneza

de vuestro blando corazón solía.

Agora me castigo cada día

de tal salvatiquez y tal torpeza:

mas es a tiempo que de mi bajeza

correrme y castigarme bien podría.

Sabed que en mi perfecta edad y armado,

con mis ojos abiertos me he rendido

al niño que sabéis, ciego y desnudo.

De tan hermoso fuego consumido

 

 

Soneto XXXVIII

 

Estoy contino en lágrimas bañado,

rompiendo siempre el aire con sospiros,

y más me duele el no osar deciros

que he llegado por vos a tal estado;

que viéndome do estoy y en lo que he andado

por el camino estrecho de seguiros,

si me quiero tornar para huiros,

desmayo , viendo atrás lo que he dejado;

y si quiero subir a la alta cumbre,

a cada paso espántanme en la vía

ejemplos tristes de los que han caído;

sobre todo, me falta ya la lumbre

de la esperanza, con que andar solía

por la oscura región de vuestro olvido.

Tomado de:

https://psicologiaymente.com/cultura/poemas-de-garcilaso-vega

 

 

Soneto X- OOh dulces prendas por mí mal halladas...

 

¡Oh dulces prendas por mí mal halladas,

dulces y alegres cuando Dios quería!

Juntas estáis en la memoria mía,

y con ella en mi muerte conjuradas.

 

¿Quién me dijera, cuando las pasadas

horas en tanto bien por vos me vía,

que me habíais de ser en algún día

con tan grave dolor representadas?

 

Pues en un hora junto me llevastes

todo el bien que por término me distes,

llevadme junto al mal que me dejastes.

 

Si no, sospecharé que me pusistes

en tantos bienes, porque deseastes

verme morir entre memorias tristes.

 

 

Soneto XI- Hermosas ninfas, que, en el río metidas...

 

Hermosas ninfas, que, en el río metidas,

contentas habitáis en las moradas

de relucientes piedras fabricadas

y en columnas de vidrio sostenidas;

 

agora estéis labrando embebecidas,

o tejiendo las telas delicadas;

agora unas con otras apartadas,

contándoos los amores y las vidas;

 

dejad un rato la labor, alzando

vuestras rubias cabezas a mirarme,

y no os detendréis mucho según ando;

 

que o no podréis de lástima escucharme,

o convertido en agua aquí llorando,

podréis allá de espacio consolarme.

 

 

Soneto XII- Si para refrenar este deseo...

 

Si para refrenar este deseo

loco, imposible, vano, temeroso,

y guarecer de un mal tan peligroso,

que es darme a entender yo lo que no creo.

 

No me aprovecha verme cual me veo,

o muy aventurado o muy medroso,

en tanta confusión que nunca oso

fiar el mal de mí que lo poseo,

 

¿qué me ha de aprovechar ver la pintura

de aquél que con las alas derretidas

cayendo, fama y nombre al mar ha dado,

 

y la del que su fuego y su locura

llora entre aquellas plantas conocidas

apenas en el agua resfrïado?

 

 

Soneto XIII- A Dafne ya los brazos le crecían...

 

A Dafne ya los brazos le crecían

y en luengos ramos vueltos se mostraban;

en verdes hojas vi que se tornaban

los cabellos qu'el oro escurecían;

 

de áspera corteza se cubrían

los tiernos miembros que aun bullendo 'staban;

los blancos pies en tierra se hincaban

y en torcidas raíces se volvían.

 

Aquel que fue la causa de tal daño,

a fuerza de llorar, crecer hacía

este árbol, que con lágrimas regaba.

 

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,

que con llorarla crezca cada día

la causa y la razón por que lloraba!

 

 

Soneto XIV- Como la tierna madre, que el doliente...

 

Como la tierna madre, que el doliente

hijo le está con lágrimas pidiendo

alguna cosa, de la cual comiendo

sabe que ha de doblarse el mal que siente,

 

y aquel piadoso amor no le consiente

que considere el daño que haciendo

lo que le pide hace, va corriendo,

aplaca el llanto y dobla el accidente,

 

así a mi enfermo y loco pensamiento

que en su daño os me pide, yo querría

quitalle este mortal mantenimiento.

 

Mas pídemelo y llora cada día

tanto, que cuanto quiere le consiento,

olvidando su suerte y aun la mía.

Tomado de:

http://amediavoz.com/delavega.htm


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