sábado, 4 de abril de 2026

POEMAS DE LOLA MASCARELL - POESÍA DE LO COTIDIANO DESDE ESPAÑA -


PASAR

 

El alma de los días, la columna

vertebral que mantiene

encendido el afán de ir transitándolos

es que algo suceda, que algo pase

en la estanca quietud de su mudanza.

 

Cual si nada ocurriese cuando el trigo

que rodea las sendas del verano

se quiebra en una ráfaga de viento,

o esa torpe alegría

del agua cuando abren,

en la hora del riego,

las compuertas del mundo

y se escucha el rumor

de toda aquella sed que se termina,

o el giro de la luz, o el pentagrama

que las aves escriben en el cielo,

o una mesa tendida,

con el sol sobre el pan

y algún vaso de vino.

 

 

Es absurdo pensar lo que nos llena,

lo que colma los días,

lo que estalla cumpliendo ese deseo

de ser más, más intensos, más lejanos.

 

Quizás lo que nos salva

son los raros momentos

en que no pasa nada.

 

 

INTENSIDAD

 

Otra vez la mañana

enciende y señorea mis sentidos

en un rapto de luz que los suspende

más allá́ de las cosas. No hay tinieblas,

nada más que la luz, pura y sencilla.

 

Otra vez la mañana y los sentidos,

dejándose caer por la pendiente

de las cosas que brillan desusadas

porque nadie las vio de esta manera.

 

Amanece detrás de las cortinas.

Todo es sol arrasando la penumbra.

Y en la blanca pared nada profana

esta limpia indulgencia.

 

¿Qué silabas darán con su contorno

en la noche del alma, qué palabras

vendrán a darme aliento

sino aquellas que nunca fueron dichas?

 

 

RELIEVE

 

¿Por qué́ nos reconforta contemplar

el relieve azulado de la sierra

recortándose al fondo del paisaje,

qué promesas antiguas

dibuja en nuestras venas

u perfil afilado?

 

Y el olor de la leña,

¿de qué felicidad

misteriosa y atávica

nos hablan sus aromas, qué relato

de alimento y refugio,

de caza y salvación se nos aviva

en el humo sereno de la hoguera?

 

¿Qué cosas no sabemos aun sabiéndolas?

¿De qué rincón salvaje de nosotros

nos habla la montaña?

 

 

PECES

 

Miro la nervadura

de mis parpados dentro:

arterias rosas sobre el fondo blanco

de la inactividad.

 

Intento no pensar en lo que pienso,

en el modo veloz y escurridizo

con que escapan de mí los pensamientos.

 

Me pregunto si soy yo quien me piensa

o si es el pensamiento

ese pez que me mira

y luego se zambulle mar abajo.

 

He abierto los ojos.

 

Un puñado de escamas

se deshace en mi mano.

Tomado de:

https://www.zendalibros.com/5-poemas-de-lola-mascarell/

 

 

Préstame tu voz

 

El murmullo del bar

donde apuro otro quinto de cerveza

me sume en un extraño aturdimiento.

 

Huele a anís, a coñac,

a leña y a animal, a hojas de chopo

deshaciendo su huella contra el barro

de un río que no cesa de sonar.     

 

Dentro rugen las fichas​​

de un viejo dominó​​

y las voces que dicen​​

invierno, cortar leña, hacer conservas.

 

Son las voces de hombres y mujeres     

que ya no están aquí, pero que hablan

a través de los vivos con sus juegos,

sus formas de reír o de marcharse.

 

Estamos en el bar

esos muertos y yo,       

y un tubo de neón anula el tiempo.

 

 

La luz que cruza ahora la ventana​​

y llega hasta tu pie

y atraviesa la cuna

y avanza por el suelo del salón

no procede del cielo​​

que custodia la escena desde atrás:

esa luz que ahora toca

el milagro minúsculo del dedo

meñique de tu pie

procede de mi infancia​​

y avanza sin retorno

hacia ese lugar

donde yo ya no estoy,

pero te espero.

Tomado de:

https://circulodepoesia.com/2024/02/prestame-tu-voz-nuevo-libro-de-lola-mascarell/

 

 

OBJETOS

Está la silla en la que se sentaba

buscando el aire fresco

de la parte de atrás.

Es una buena silla.

Su silla favorita.

Aguanta en una esquina bajo el porche,

al lado del jazmín que tantas veces

ella misma podó.

También el costurero,

de pino y con dibujos floreados,

al que aún hoy recurro

cuando pierdo el botón de una camisa.

Asusta comprobar que el mismo hilo

con que coso mis prendas

fue elegido por ti,

que en tus días alegres de verano

vestiste el delantal que ahora me pongo.

Contemplo los objetos que decoran

el salón de mi casa y repaso sus huellas

e imagino qué cosas

podrán sobrevivirme y si sabrán

también llorar mi ausencia como llora

tu silla en la terraza.

Hay algo de mi muerte en cada objeto,

algo sólido, tonto, intrascendente,

tan breve y pasajero como yo,

que me agarra a la vida.

Tomado de:

https://fragmentsdevida.wordpress.com/2024/01/24/la-vida-y-la-muerte-269-poema-de-lola-mascarell/

 

 

Casa nuestra

El día ha terminado.

Inmersos en la tregua de la casa

conversamos sin prisa,

sin ninguna inquietud más que el anhelo

de estar en ese instante y compartir

las cosechas del día.

 

Está el balcón abierto

al patio de manzanas

y en la brisa nocturna,

tempranamente cálida,

se perciben compases de otras vidas:

cubiertos que se rozan,

el murmullo incesante de una tele,

la voz de una mujer

que habla por teléfono.

 

Todo va en esa calma

prendido en alfileres,

alzándose entre luces mientras cesa

el día al otro lado

y yo escucho tu voz que se deshace

al lado de mi voz,

el aire que golpea una colcha tendida,

un timbre que pregunta.

 

¿Cuántos antes que yo

sintieron una calma parecida,

cuántos vieron pararse

la vida en una balsa

de tiempo donde nada

parece fugitivo?

 

El día ha terminado y nuestra casa

prolonga en su quietud

un minuto de dicha sin dolor.

 

De pronto se ha encendido una ventana.

 

 

Y yo a ti

En el último acorde de la noche,

cuando ya la conciencia se deshace

satisfecha y disuelta en su descanso,

el juego de la voz dice muy quedo

un yo a ti que se queda balbuciendo

y que abre las compuertas de la infancia

otra vez con mi abuela a su regazo

y un te quiero que iba y que venía

de su voz a la mía respondiendo

y yo a ti que es el dicho que decía

mi abuelo cuando ella

le decía te quiero y que encerraba

la luz de resonancia en el pronombre,

de tú a ti a mi presente, a mis palabras,

que son tuyas también, de vuelta siempre,

mientras va deshaciendo la conciencia

su madeja de sueño y se me traba

al final de la frase

un más, que yo a ti más, un solo adverbio,

un más que nunca es siempre y es eterno.

 

 

Cala del francés

Entonces todo adquiere

un brillo inexplicable,

el mar se arremolina entre mis brazos,

hincha el viento las nubes que recorren

mi horizonte y el sol las colorea.

 

Más azul late en vilo el oleaje

y más blanda mi alma que se deja

mecer por este flujo de palabras,

de ritmos y de peces

y de tiempo vacío.

 

Todo desaparece si lo nombras

y a la vez es el nombre quien otorga

doble vida a las cosas.

 

A la arena que arde junto a mí,

a la sed de infinito que nos quema,

a la estanca quietud

de los días inmóviles.

 

El nombre es ese día ya remoto

en que cuentas las olas en la playa

prendido en la memoria.

 

En el mar todo es verbo.

Tomado de:

https://www.revistapalimpsesto.com/lola-mascarell-poemas/

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