PASAR
El alma de los días, la columna
vertebral que mantiene
encendido el afán de ir transitándolos
es que algo suceda, que algo pase
en la estanca quietud de su mudanza.
Cual si nada ocurriese cuando el trigo
que rodea las sendas del verano
se quiebra en una ráfaga de viento,
o esa torpe alegría
del agua cuando abren,
en la hora del riego,
las compuertas del mundo
y se escucha el rumor
de toda aquella sed que se termina,
o el giro de la luz, o el pentagrama
que las aves escriben en el cielo,
o una mesa tendida,
con el sol sobre el pan
y algún vaso de vino.
Es absurdo pensar lo que nos llena,
lo que colma los días,
lo que estalla cumpliendo ese deseo
de ser más, más intensos, más lejanos.
Quizás lo que nos salva
son los raros momentos
en que no pasa nada.
INTENSIDAD
Otra vez la mañana
enciende y señorea mis sentidos
en un rapto de luz que los suspende
más allá́ de las cosas. No hay tinieblas,
nada más que la luz, pura y sencilla.
Otra vez la mañana y los sentidos,
dejándose caer por la pendiente
de las cosas que brillan desusadas
porque nadie las vio de esta manera.
Amanece detrás de las cortinas.
Todo es sol arrasando la penumbra.
Y en la blanca pared nada profana
esta limpia indulgencia.
¿Qué silabas darán con su contorno
en la noche del alma, qué palabras
vendrán a darme aliento
sino aquellas que nunca fueron dichas?
RELIEVE
¿Por qué́ nos reconforta contemplar
el relieve azulado de la sierra
recortándose al fondo del paisaje,
qué promesas antiguas
dibuja en nuestras venas
u perfil afilado?
Y el olor de la leña,
¿de qué felicidad
misteriosa y atávica
nos hablan sus aromas, qué relato
de alimento y refugio,
de caza y salvación se nos aviva
en el humo sereno de la hoguera?
¿Qué cosas no sabemos aun sabiéndolas?
¿De qué rincón salvaje de nosotros
nos habla la montaña?
PECES
Miro la nervadura
de mis parpados dentro:
arterias rosas sobre el fondo blanco
de la inactividad.
Intento no pensar en lo que pienso,
en el modo veloz y escurridizo
con que escapan de mí los pensamientos.
Me pregunto si soy yo quien me piensa
o si es el pensamiento
ese pez que me mira
y luego se zambulle mar abajo.
He abierto los ojos.
Un puñado de escamas
se deshace en mi mano.
Tomado de:
https://www.zendalibros.com/5-poemas-de-lola-mascarell/
Préstame tu voz
El murmullo del bar
donde apuro otro quinto de cerveza
me sume en un extraño aturdimiento.
Huele a anís, a coñac,
a leña y a animal, a hojas de chopo
deshaciendo su huella contra el barro
de un río que no cesa de sonar.
Dentro rugen las fichas
de un viejo dominó
y las voces que dicen
invierno, cortar leña, hacer conservas.
Son las voces de hombres y mujeres
que ya no están aquí, pero que hablan
a través de los vivos con sus juegos,
sus formas de reír o de marcharse.
Estamos en el bar
esos muertos y yo,
y un tubo de neón anula el tiempo.
La luz que cruza ahora la ventana
y llega hasta tu pie
y atraviesa la cuna
y avanza por el suelo del salón
no procede del cielo
que custodia la escena desde atrás:
esa luz que ahora toca
el milagro minúsculo del dedo
meñique de tu pie
procede de mi infancia
y avanza sin retorno
hacia ese lugar
donde yo ya no estoy,
pero te espero.
Tomado de:
https://circulodepoesia.com/2024/02/prestame-tu-voz-nuevo-libro-de-lola-mascarell/
OBJETOS
Está la silla en la que se sentaba
buscando el aire fresco
de la parte de atrás.
Es una buena silla.
Su silla favorita.
Aguanta en una esquina bajo el porche,
al lado del jazmín que tantas veces
ella misma podó.
También el costurero,
de pino y con dibujos floreados,
al que aún hoy recurro
cuando pierdo el botón de una camisa.
Asusta comprobar que el mismo hilo
con que coso mis prendas
fue elegido por ti,
que en tus días alegres de verano
vestiste el delantal que ahora me pongo.
Contemplo los objetos que decoran
el salón de mi casa y repaso sus huellas
e imagino qué cosas
podrán sobrevivirme y si sabrán
también llorar mi ausencia como llora
tu silla en la terraza.
Hay algo de mi muerte en cada objeto,
algo sólido, tonto, intrascendente,
tan breve y pasajero como yo,
que me agarra a la vida.
Tomado de:
https://fragmentsdevida.wordpress.com/2024/01/24/la-vida-y-la-muerte-269-poema-de-lola-mascarell/
Casa nuestra
El día ha terminado.
Inmersos en la tregua de la casa
conversamos sin prisa,
sin ninguna inquietud más que el anhelo
de estar en ese instante y compartir
las cosechas del día.
Está el balcón abierto
al patio de manzanas
y en la brisa nocturna,
tempranamente cálida,
se perciben compases de otras vidas:
cubiertos que se rozan,
el murmullo incesante de una tele,
la voz de una mujer
que habla por teléfono.
Todo va en esa calma
prendido en alfileres,
alzándose entre luces mientras cesa
el día al otro lado
y yo escucho tu voz que se deshace
al lado de mi voz,
el aire que golpea una colcha tendida,
un timbre que pregunta.
¿Cuántos antes que yo
sintieron una calma parecida,
cuántos vieron pararse
la vida en una balsa
de tiempo donde nada
parece fugitivo?
El día ha terminado y nuestra casa
prolonga en su quietud
un minuto de dicha sin dolor.
De pronto se ha encendido una ventana.
Y yo a ti
En el último acorde de la noche,
cuando ya la conciencia se deshace
satisfecha y disuelta en su descanso,
el juego de la voz dice muy quedo
un yo a ti que se queda balbuciendo
y que abre las compuertas de la infancia
otra vez con mi abuela a su regazo
y un te quiero que iba y que venía
de su voz a la mía respondiendo
y yo a ti que es el dicho que decía
mi abuelo cuando ella
le decía te quiero y que encerraba
la luz de resonancia en el pronombre,
de tú a ti a mi presente, a mis palabras,
que son tuyas también, de vuelta siempre,
mientras va deshaciendo la conciencia
su madeja de sueño y se me traba
al final de la frase
un más, que yo a ti más, un solo adverbio,
un más que nunca es siempre y es eterno.
Cala del francés
Entonces todo adquiere
un brillo inexplicable,
el mar se arremolina entre mis brazos,
hincha el viento las nubes que recorren
mi horizonte y el sol las colorea.
Más azul late en vilo el oleaje
y más blanda mi alma que se deja
mecer por este flujo de palabras,
de ritmos y de peces
y de tiempo vacío.
Todo desaparece si lo nombras
y a la vez es el nombre quien otorga
doble vida a las cosas.
A la arena que arde junto a mí,
a la sed de infinito que nos quema,
a la estanca quietud
de los días inmóviles.
El nombre es ese día ya remoto
en que cuentas las olas en la playa
prendido en la memoria.
En el mar todo es verbo.
Tomado de:

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