lunes, 6 de abril de 2026

POEMAS DE HOMERO ARIDJIS -EN SU CUMPLEAÑOS -


TIENE LA MEDIDA DE MI SUEÑO

los ojos de mi infancia

ama lo que yo amo

lo que no retorna

lo que no llega todavía

se levanta en mis párpados

y de ahí hace volar sus sueños

Se desplaza y permanece

siempre es ella en todas partes

saludando al universo

Llena todos los días del mundo

y aún no nace porque no tiene fin

La encuentro en el silencio en la absolución

pero ella está dispersa respirando en todo

Si algún día llego a penetrar su alma

le daré vendimias de su cuerpo

el hombre el pasto la niebla

 

 

YO EL ANTIGUO EL NUEVO

por el derecho que me da mi cráneo

hablo

en nombre de los que no tienen la segunda boca

para romper sus cápsulas de angustia

y digo

Nadie ha sido penetrado

el hombre

en su siniestra vocación de polvo

es intocable

 

 

Tercer poema de ausencia

 

Tú has escondido la luz en alguna parte.

Vicente Huidobro

 

Tú has escondido la luz en alguna parte

y me niegas el retorno,

sé que esta oscuridad no es cierta

porque antes de mis manos volaban las luciérnagas,

y yo te buscaba

y tú eras tú

y éramos unos ojos

en un mismo lecho

y nadie de nosotros pensaba en el eclipse,

pero nos hicimos fríos y conocidos

y la noche se hizo inaccesible

para bajarla juntos.

Tú has escondido la luz en alguna parte,

la has plantado en otros ojos,

porque desde que ya no existes

nada de lo que está junto a mí amanece.

 

 

ES TU NOMBRE Y ES TAMBIÉN OCTUBRE

es el diván y tus ungüentos

es ella tú la joven de las turbaciones

y son las palomas en vuelos secretos

y el último escalón de la torre

y es la amada acechando el amor en antemuros

y es lo dable en cada movimiento y los objetos

y son los pabellones

y el no estar del todo en una acción

y es el Cantar de los Cantares

y es el amor que te ama

y es un resumen de vigilia

de vigilancia sola al borde de la noche

al borde del soñador y los insomnios

y también es abril y noviembre

y los disturbios interiores de agosto

y es tu desnudez

que absorbe la luz de los espejos

y es tu capacidad

de hacerte mirar en las cosas

y eres tú y soy yo

y es un caminarte en círculo

dar a tus hechos dimensión de arco

y a solas con tu impulso decirte la palabra

 

 

TE AMO AHÍ CONTRA EL MURO DESTRUIDO

contra la ciudad y contra el sol y contra el viento

contra lo otro que yo amo y se ha quedado

como un guerrero entrampado en los recuerdos

 

Te amo contra tus ojos que se apagan

y sufren adentro esta superficie vana

y sospechan venganzas

y muertes por desolación o por fastidio

 

Te amo más allá de puertas y esquinas

de trenes que se han ido sin llevarnos

de amigos que se hundieron ascendiendo

ventanas periódicos y estrellas

 

Te amo contra tu alegría y tu regreso

contra el dolor que astilla tus seres más amados

contra lo que puede ser y lo que fuiste

ceremonia nocturna por lugares fantásticos

 

Te amo contra la noche y el verano

contra la luz y tu semejanza silenciosa

contra el mar y septiembre y los labios que te expresan

contra el humo invencible de los muertos

 

 

EPITAFIO PARA UN POETA

 

I

 

Antes de que las nieblas descendieran a tu cuerpo

antes del grumo de vacilación en los ojos de tu máscara

antes de la muerte de tus hijos primeros y de los bajos

fondos

antes de haber equivocado la tristeza y la penuria

y el grito salvaje en el candor de un hombre

antes de haber murmurado la desolación sobre

los puentes

y lo espurio de la cópula tras la ventana sin vidrios

 

casi cuando tus lagos eran soles

y los niños eran palabras en el aire

y los días eran la sombra de lo fácil

 

cuando la eternidad no era la muerte exacta que

buscábamos

ni el polvo era más verosímil que el recuerdo

ni el dolor era nuestra crueldad de ser divinos

 

entonces cuando se pudo haber dicho todo impunemente

y la risa como una flor de pétalos cayendo

 

entonces cuando no debías más que la muerte de un poema

eras tuyo y no mío y no te había perdido

 

 

HEREDAMOS EL DOLOR Y LO TRANSMITIMOS

 

Sangre y palabras

nos dejaron los viejos

 

sangre y palabras

dejamos a nuestros hijos

 

junto al fuego

cantamos a nuestros huesos

 

afilamos nuestros puños

los hacemos puñales

 

ya casi muertos

nos asesinamos

 

ya casi nada

nos sacamos los ojos

 

sangre y palabras

nos dejaron los viejos

 

sangre y palabras

dejamos a nuestros hijos

 

 

TURISTA DE 1934

 

En una cama del Hotel Genève

ella me preguntó por las montañas

que rodean la ciudad de México

yo contemplé los senos solitarios de su vida

que como picos blandos

se alzan a la caída de la noche

 

ella me contó que en el Mercado del Volador

compró joyas de hace cien años

a precios razonables

yo miré sus ojos

sin valor alguno

de aquí a cien años

 

ella me preguntó por el Salón México

donde los hombres bailan con overol y sombrero

y por el restaurante El Retiro

donde los aficionados al toreo

los domingos en la tarde

después de la corrida

corren a comer las entrañas de los toros muertos

yo la abracé en la noche íntima del cuarto

y dancé en su oscuridad

y comí en su vida

 

ella me habló de paseos por los suburbios

y me platicó de hombres a caballo

que silbaban a su paso en Coyoacán y Churubusco

yo sentí celos de lo que sus ojos vieron

y de lo que no vieron

 

finalmente al alba dormimos

como un cuerpo solo

sin plazas y sin calles

sin caras y sin nombres

rodeados por las sombras del país inmenso

 

 

PUTAS EN EL TEMPLO

 

a André P. de Mandiargues

 

 

Llegaron una mañana de septiembre

cuando ya se habían ido los turistas

En los cuartos arruinados abrieron sus maletas

se cambiaron los vestidos

y por un momento desnudas frente al templo

fueron aire carnalizado

Las golondrinas huyeron de sus cuerpos

al entrar ellas en el recinto oscuro

y sus voces gárrulas sonaron en los muros

como el ave más trémula en la tarde

Al ponerse el sol los hombres de los pueblos

vinieron a buscarlas

e hicieron el amor con ellas en camas plegadizas

que parecía iban a caer sobre las piedras

y después en la noche

A lo lejos se oyeron los perros los árboles

los hombres la pirámide y el llano

cantar el mismo murmullo de la vida

Y por semanas bebieron y amaron en la ciudad antigua

atravesando al moverse fantasmas y perros de la muer-te

hasta que una mañana la policía vino a arrestarlas

en un coche viejo

y se fueron de Uxmal bajo la lluvia

 

 

TEZCATLIPOCA, I

 

Esa sombra

esa discordia

ese ojo que traspasa piedras

esa rama seca en el árbol

esa llaga en el pecho de la niña

esa desilusión (disolución) en las cosas del hombre

esa rabia de perro del hombre

esa soledad en la cuchara en los muros

ese aire

esa aflicción

ese espejo

en el que han de desvanecerse las cosas

 

 

CRIMEN

 

La casa sin puerta. La ventana sin vidrios. El tejado con las tejas rotas. La jaula con los alambres torcidos y sin pájaro. La vaca en el lodo. El perro echado, lleno de moscas. El tapete roído. El barril de pulque desfondado. El gallo sin cresta. La carretilla sin ruedas, recargada en la pared. Un hombre flaco, barbón, con el pantalón parchado, los zapatos sin calcetines, bebe de un jarro agujerado. Dos rancheros bajo un árbol, con los sombreros sobre la frente, empuñan sus machetes.

Kilómetros y kilómetros de llano, de nadie, de cactos y de polvo.

 

 

DE UN DÍA DE DICIEMBRE

 

Desde temprano

pesada de sueño la mujer

arrastró su cuerpo fatigado

por las horas iguales

y de gris en gris

llegó a la noche sin despertar

 

Todo su día fue oscurecer

 

 

ENTIERRO

 

En sucesión los coches funerarios

pasan junto al mercado de las flores

como si a la calle populosa la cruzara

un largo olor a muerto

 

Sólo por un momento

porque la tarde que huele a negro

a gasolina y grito

huele también a luz

 

 

 

TRISTEZA POSTCOITAL

 

Velozmente

en la noche

en cama estrecha

viendo pasar las luces

en el horizonte

pareja

hace rápidamente

el amor en el tren

 

(luego

sentado uno frente a otra

con las luces prendidas

tristeza postcoital)

 

 

ZONA ROJA

 

Como una ternera de carne amoratada

la hija del jardinero en la vitrina azul

 

 

HOW POOR A THING IS MAN

 

Nací en la Calle Pobreza

esquina con Injusticia

 

mis padres fueron Dignidad

y Mañana Tal Vez

 

siempre a la puerta del palacio

de la señora Rectitud

 

desde muy joven aprendí

a comer aire

 

y a apreciar lo Invisible

en la escuela de la Privación

 

Un día de lluvia

porque estaba allí

 

mojé mi puñal

en el pecho de un general

 

y pasé veinte años

en la casa de la Realidad

 

ahora soy libre

para correr las calles

 

de Nuestra Señora la Ciudad

acompañado de Desgracia y Vejez

 

 

EL REY NEZAHUALCÓYOTL PINTÓ EN SU CARA

siete líneas de vida

 

en cada raya iba el sonido

que hace la luz en el aire

 

y en el sonido el color

que hay en las cosas

 

pero un día la lluvia lavó en su cara

las siete líneas de vida

 

y el rey miró en el agua

los ojos de otro Netzahualcóyotl que lo miraba

 

(por sus miradas pasó la vida)

 

 

SUEÑO EN TENOCHTITLAN

 

1

 

Toda la noche

entre las casas blancas

atravesé el canal

los remos cortaban en el agua

el verde silencioso de los sauces

y revolvían las sombras de los templos

Del otro lado del canal

en una barca amarilla venías tú

con la cara pintada de rojo

y por un momento nuestras barcas

se cruzaron bajo el puente azul

y ya no pude seguir

tus ojos que me miraron

clavaron en mi corazón

flechas de luz

 

 

2

 

Tus ojos dejaron en el aire

pájaros azules

y tu cuerpo dejó a su paso

cuerpos luminosos

alrededor de ti todo se calmó

las gentes que pasaron por las calles

entraron una en otra

sin salir de sí mismas

yo atravesé tu cabeza transparente

yo levanté tus manos impalpables

yo bebí luz de tu pecho

yo

 

un gallo negro nos despertó

 

 

TEOTIHUACAN

 

Idos los hacedores de soles y de lunas

los constructores de templos y de tumbas

desvanecidos los dioses en los cerros

y perdidos los hombres en la noche

por la desierta calle sólo vaga un perro hambriento

con toda el hambre de la historia en sus entrañas

y todas las puertas cerradas a su paso

 

¿Quién siguiéndolo por la Calzada de los Muertos

atravesando los espectros que flotan en la tarde

entre serpientes mariposas y pájaros

al penetrar el espacio de la ciudad fantasma

no ha de llegar por siempre al destino del hombre?

 

Aquí donde se construyó una y otra vez

el templo sobre el templo y el hombre sobre sus cenizas

aquí en el poniente extremo

donde se precipitaron juntos sacerdotes y edades

y donde el quinto Sol se ha de hundir en la noche terrestre

brilla todavía nuestro sol cotidiano

Muertos los dioses y deshechas sus obras

los siglos al final se hacen palabras

ruinas mordidas por la luz y el viento

y el hombre en su agonía no sabe

hacia dónde reclinar la cabeza

ni con qué voces dirigirse a la muerte

mientras por el valle desolado sólo pasa

el más inasible de los dioses el aire

 

 

FRAY GASPAR DE CARVAJAL RECUERDA EL AMAZONAS

 

Viejo y enfermo

no tengo miedo a la muerte:

ya morí muchas veces.

Por el río grande he navegado

y he visto sombras colgando de la luz

y ecos brotando del sonido sordo

que provoca el choque

de las aguas con el mar abierto.

De entre las ramas cálidas

de la máscara verde de la orilla

he visto surgir la flecha emponzoñada

y he visto caer del cielo

como aguja y tizón

el rayo y el calor.

Debajo de todo lecho

hay un esqueleto acostado

y en toda agua corre

una serpiente de olvido.

Más difícil es ser

un viejo que tiene frío

en las horas que preceden al alba

y sentir dolor de huesos

en la estación de lluvias

que seguir en un barco perdido

el cauce del río más caudaloso del mundo.

Como todo hombre,

día tras día he navegado

hacia ninguna parte

en busca de El Dorado,

pero como todo hombre

sólo he hallado

el fulgor extremo de la pasión extrema

de este río,

que por sus tres corrientes:

hambre, furor y cansancio,

desemboca en la muerte

 

 

 

 

VIENTOS DE PIEDRA

 

Cuando el viento huía por los llanos

el hombre vino y lo hizo piedra

cuando el sol caía por sus rayos

el hombre vino y lo hizo piedra

cuando la serpiente corría por el tiempo

el hombre vino y la hizo piedra

capturó a la muerte con los ojos

apresó a lo invisible con las manos

fijó la impermanencia en una forma

y en todas esas formas metió dioses

 

Pero el viento metido en una piedra

se hundió en el polvo y en la hierba

el sol del mediodía bajó a la noche

y la serpiente emprendió el vuelo

la muerte salió de su escultura

se fue a los caminos y a los pueblos

y desde entonces anda con cabeza humana

El hombre fantasma de sí mismo

fue demolido por sus propios dioses

De todo aquello hubo lo que quedó al principio:

unas piedras

 

 

MONTE ALBÁN

 

Aquí cayó la luz.

Aquí el olvido se hizo piedra,

ceniza y lodo,

hueso y cráneo.

Aquí el aire se hizo ave,

el vuelo árbol,

el hambre hombre,

el valle fuga

y el monte lluvia verde.

Aquí el hombre volvió al barro,

regreso al silencio,

se metió en la noche.

 

 

LAS MOMIAS

 

Solo entre las momias me pregunto

si el destino de toda carne no es el horror.

Su condición presente borra todo pasado

y sólo expresa una desolación

perpetuada en una mueca fija.

“¿Para esto hemos nacido?”, gritan en silencio,

“¿para que los viajeros del tiempo

vengan a ver el rostro de la Muerte?

¿Para que en el espejo de su porvenir

vean en qué ruina se convierten?

Lejos estamos de nosotras mismas

en una carroña que no duele.

Quiera Dios concedernos un día

el reposo anónimo del polvo.”

 

 

LLUVIA EN LA NOCHE

 

Llueve en la noche

sobre las calles húmedas y los tejados viejos

 

sobre los cerros negros

y los templos de las ciudades muertas

 

En la oscuridad oigo la música ancestral de la lluvia

su paso antiguo su voz disuelta

 

Ella hace caminos en el aire

más rápidos que los sueños del hombre

 

hace senderos en el polvo

más largos que los pasos del hombre

 

El hombre morirá mañana

morirá dos veces

 

una como individuo

y otra como especie

 

y entre los relámpagos y las semillas blancas

que atraviesan las sombras

 

hay tiempo para todo un examen de conciencia

tiempo para contarse la historia humana

 

Llueve

Lloverá en la noche

 

pero en las calles húmedas y en los cerros negros

no habrá nadie para oír la lluvia

 

 

UN DÍA UN HOMBRE OLVIDA

un mar un continente y un planeta

 

olvida las facciones de su padre

y las huellas de su propia mano

 

olvida el fulgor de sus ojos en otros ojos

y el sonido del agua en su cabeza

 

olvida el timbre de su voz y el ruido de su sueño

que despierta a otros pero no a sí mismo

 

olvida el traje y la casa que habitó

la calle y la ciudad que lo olvidaron

 

olvida el amor la revelación la muerte

el espejo que no devuelve ya su imagen

 

Un día un hombre se olvidará a sí mismo

olvidará que olvida

 

 

LAS PALABRAS NO DICEN lo que dice un cuerpo

subiendo la colina al anochecer

las palabras no dicen lo que dice un colibrí en el aire

al mediodía

las palabras no dicen lo que dice un perro esperando a

su amo que nunca volverá

las palabras no dicen lo que dice el paso de la mujer y

el movimiento en el árbol de la mañana

las palabras no dicen lo que siente un fresno al ser

fulminado por un rayo

las palabras no dicen la sensación de nacer de amar y

de morir

las palabras son las sombras atadas a los pies de un

hombre que avanza demasiado rápido entre la

multitud

son párpados de sueño con que el hombre cubre el

amor que no alcanza a comprender

 

 

EL CUERPO DE LA MUJER ES INMENSO

el cuerpo de la mujer nunca se acaba

es profundo como un túnel

que mira hacia dentro de la tierra

 

Bloqueada en sus orillas

abrazada en sus ángulos

cubierta en sus bocas

por todos los cuerpos de este mundo

 

los labios no pueden sellarla

las manos no pueden asirla

el deseo no la penetra

el amor no la alcanza

Tomado de:

https://materialdelectura.unam.mx/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/336-186-homero-aridjis?showall=1

 

 

Anverso

 

No veo tu sonrisa entre mis labios

apurar la prolongada espera

en tu abandono de luciérnaga a la noche;

sólo tengo asida entre mis brazos

la inexpresable lucha

de penetrar en el bosque sin fondo de tu sueño

que empieza en la penumbra.

Sólo el afán de arañar las escamas de la tierra

y volcar la savia del origen

en tu canasto de riveras blandas,

para encontrarte a ti,

en el hueco de tus verdes plantaciones

como un todo revuelto entre mis manos.

Sólo mis párpados abiertos

confundidos en el incendio de absorberte

en tu acuario de humo,

bajo la soledad de unos cerebros desyelmados.

No veo tu presencia desdoblada

ahondarme y contenerme,

sólo mi furia de hombre

en las grietas de ti misma

persiguiéndote sin alcanzarte.

Sólo la noche posada en tus cabellos,

la noche raspándonos los ojos,

la noche uniéndonos y separándonos

como división eterna entre los cuerpos.

 

 

Asombro del tiempo

 

                             (Estela para la muerte de mi madre Josefina Fuentes de Aridjis)

 

Ella la dijo: Todo sucede en sábado:

el nacimiento, la muerte,

la boda en el aire de los hijos.

Tu piel, mi piel llegó en sábado.

Somos los dos la aurora, la sombra de ese día.

 

Ella la dijo: Si tu padre muere,

yo también voy a morir.

Sólo es cosa de sábados.

Cualquier mañana los pájaros

que amé y cuidé van a venir por mí.

 

Ella estuvo conmigo. En mi comienzo.

Yo estuve con ella cuando murió, cuando nació.

Se cerró el círculo. Y no sé

cuándo nació ella, cuándo morí yo.

El rayo umbilical nos dio la vuelta.

 

Sobre la ciudad de cemento se alza el día.

Abajo queda el asombro del tiempo.

Has cerrado los ojos, en mí los has abierto.

Tu cara, madre, es toda tu cara, hoy que dejas la vida.

La muerte, que conocía de nombre, la conozco en tu cuerpo.

 

Dondequiera que voy me encuentro con tu rostro.

Al hablar, al moverme estoy contigo.

El camino de tu vida tiene muchos cuerpos míos.

Juntos, madre, estaremos lejanos.

Nos separó la luna del espejo.

 

Mis recuerdos se enredan con los tuyos.

Tumbados para siempre, ya nada los tumba.

Nada los hace ni deshace.

Palpando tu calor, ya calo tu frío.

Mi memoria es de piedra.

 

Hablo a solas y hace mucho silencio.

Te doy la espalda pero te estoy mirando.

Las palabras me llevan de ti a mí y de mí a ti

y no puedo pararlas. Esto es poesía, dicen,

pero es también la muerte.

 

Yo labro con palabras tu estela.

Escribo mi amor con tinta.

Tú me diste la voz, yo sólo la abro al viento.

Tú duermes y yo sueño. Sueño que estás allí,

detrás de las palabras.

 

Te veo darme dinero para libros,

pero también comida.

Porque en este mundo, dicen,

son hermosos los versos,

pero también los frutos.

 

Un hombre camina por la calle.

Una mujer viene. Una niña se va.

Sombras y ruidos que te cercan

sin que tú los oigas, como si sucedieran

en otro mundo, el nuestro.

 

Te curan de la muerte y no te salvan de ella.

Se ha metido en tu carne y no pueden sacarla,

sin matarte. Pero tú te levantas, muerta,

por encima de ti y me miras desde el pasado mío,

intacta.

 

Ventana grande que deja entrar a tu cuarto la ciudad de cemento.

Ventana grande del día que permite que el sol se asome a tu cama.

y tú, entre tanto calor, tú sola tienes frío.

 

Así como se hacen años se hace muerte.

Y cada día nos hacemos fantasmas de nosotros.

Hasta que una tarde, hoy, todo se nos deshace

y viendo los caminos que hemos hecho

somos nuestros desechos.

 

Sentado junto a ti, veo más lejos tu cuerpo.

Acariciándote el brazo, siento más tu distancia.

Todo el tiempo te miro y no te alcanzo.

Para llegar a ti hay que volar abismos.

Inmóvil te veo partir, aquí me quedo.

 

El corredor por el que ando atraviesa paredes,

pasa puertas, pasa pisos,

llega al fondo de la tierra,

donde me encuentro, vivo,

en el comienzo de mí mismo en ti.

 

Número en cada puerta y tu ser pierde los años.

Tu cuerpo en esa cama ya sin calendarios.

Quedarás fija en una edad, así pasen los siglos.

Domingo 7 de septiembre, a las tres de la tarde.

Un día más, unos minutos menos.

 

En tu muerte has rejuvenecido,

has vuelto a tu rostro más antiguo.

El tiempo ha andado hacia atrás

para encontrarte joven. No es cierto

que te vayas, nunca he hablado tanto contigo.

 

Uno tras otro van los muertos, bultos blancos,

en el día claro.

Por el camino vienen vestidos de verde.

Pasan delante de mí y me atraviesan. Yo les hablo.

Tú te vuelves.

 

Pasos apesadumbrados de hombres

que van a la ceremonia de la muerte,

pisando sin pisar las piedras

de las calles de Contepec,

con tu caja al cementerio.

 

Tú lo dijiste un día:

todo sucede en sábado:

la muerte, el nacimiento.

Sobre tu cuerpo, madre, el tiempo se recuerda.

Mi memoria es de piedra.

 

                                  México D.F., 2 de septiembre de 1986

                         Contepec, Mich., 7 de septiembre de 1986

 

 

Ayer y hoy

 

Tu paso, como una sombra,

era difícil de seguir,

y al perderte en una esquina

sólo quedaba en mí, como en la calle,

un vago sentimiento de vacío.

 

Tu cimbreo, tu cintura

me estremecían

y el jardín parecía tener más rosas

y el verano calor,

pues en mis labios de niño aún no había

la palabra que define al amor.

 

La edad nos separaba,

como a dos cuerpos,

no de tamaños distintos,

sino de espacios diferentes.

 

Y mis manos asiéndote,

mis brazos abarcándote,

no podían asirte,

no podían alcanzar tu cuerpo, tu mirada.

 

 

Cae la lluvia sobre junio...

 

Cae la lluvia sobre junio

El espíritu de la mujer que ama

corre en tu cuerpo       se desnuda en las calles

 

La vida en los rincones

sostiene el equilibrio del mundo

con un algo de Dios que asciende de las ruinas

 

Los hijos del hombre hacen su universo

sobre un barco de papel que se destroza

pero la alegría no está precisamente allí

sino en la proyección de otro universo

 

Nada debe detenerse

volverá septiembre y después abril

y los amigos que no acudieron esta primavera

estarán con nosotros en un invierno previsible

 

Amo este tiempo

donde los perros son sagrados

y los insectos titubean en los vidrios

 

Te amo a ti por efímera por susceptible al frío

 

La ciudad se ilumina para nuevas proezas

 

 

Cuando la sombra duerme su cuerpo se ilumina...

 

Cuando la sombra duerme su cuerpo se ilumina

su rostro reflejado atraviesa cristales

y finalmente se instala en todo brillo

 

Sus dedos trenzan en el aire

los bellos frutos de los días de mayo

 

Muda en la respiración muda de las cosas

la voz de una mujer pasa buscándola

 

Desnuda en el esplendor irreparable

sus ojos se abren como un río

de luz y de sonido

 

 

Déjame...

 

Déjame

estoy lleno de ti,

no te perderé,

llevo conmigo tu esperanza invicta

y los diluvios de tu claustro;

he visto levantarse de tus pupilas

el sentimiento inaugural del hombre,

pero todavía no tengo la sangre

y la tierra y la palabra

no me pertenecen

 

 

Déjame entrar a tu íntimo alfabeto...

 

Déjame entrar a tu íntimo alfabeto

para saber lo tuyo por su nombre

y a través de tus letras

hablar de lo que permanece

y también de auroras y de nieblas

Déjame entrar para aprenderte

y girar en tu órbita de voces

hablándote de lo que me acontece

describiéndote a ti

Quiero dar testimonio a los hombres

de tus enes y tus zetas

desnudarte ante ellos como una niña

para que todos se expresen con acento puro.

 

 

Donde el ensoñado y el soñado...

 

Donde el ensoñado y el soñado

van por un solo camino

se levanta un cuerpo

 

Por ese adentro de mujeres que hablan

de pasadas contiendas en las que no estuvimos

otro cuerpo se abre

 

y todo aquello que los cuerpos forman

es en la sombra

un brillo solitario

 

 

Ella violenta y pública...

 

Ella violenta y pública

en el peregrinaje lento de las horas

que resbalan coloreándose hacia el alba

 

ella

exterminada y recobrada

por batallones en su misma mano

 

faz que se dobla en el arco

haciéndose durar

 

plenitud quebranto inclinación

centro donde el esplendor se esparce

o se concentra con el instante a la deriva

 

con los fetiches

con los proscritos de las calles

con las mujeres que llaman con susurros

 

con los que esperan que lo oscuro amanezca

para que su techo sea un techo dorado

 

ella con lunas negras

pareja y cada uno de los oponentes

sobre el hallazgo y el trance

 

al fondo de su secreto brilla

alberga alas que la ascienden

ojos que develan sus brumas

 

la noche es su aurora

sacude en el pasmado al desertor

teje un manto de espanto en torno

de aquellos que niegan la justicia

 

 

Erótica

 

Globos

El deseo perfora

en la clara dureza de su cuerpo,

delgadeces empujan en su vientre

un temblor que si se agita salta,

ritmos balancean bajo su pecho

viva abundancia que el deseo persigue

con una sombra flaca.

 

Deseo

Dos llamas que apagan su calor

cuando están más fundidas,

y tienen más desolación

cuando parecen más unidas.

 

Pareja

Dos cuerpos que agotan su fervor

en otro cuerpo,

que es suyo y no es suyo

al mismo tiempo.

 

 

Es tu nombre y es también octubre...

 

Es tu nombre y es también octubre

es el diván y tus ungüentos

es ella tú la joven de las turbaciones

y son las palomas en vuelos secretos

y el último escalón de la torre

y es la amada acechando el amor en ante muros

y es lo dable en cada movimiento y los objetos

y son los pabellones

y el no estar del todo en una acción

y es el Cantar de los Cantares

y es el amor que te ama

y es un resumen de vigilia

de vigilancia sola al borde de la noche

al borde del soñador y los insomnios

y también es abril y noviembre

y los disturbios interiores de agosto

y es tu desnudez

que absorbe la luz de los espejos

y es tu capacidad de trigo

de hacerte mirar en las cosas

y eres tú y soy yo

y es un caminarte en círculo

dar a tus hechos dimensión de arco

y a solas con tu impulso decirte la palabra.

 

 

He de perseguir tu cuerpo...

 

He de perseguir tu cuerpo

hasta donde dos cuerpos pelean

tu callejón oscuro

 

y peligrosamente el día

tiene contacto con una luz que no le corresponde

para sentirse propio y poseído

hasta donde la demolición de los conjuros

no perdona el rumor de las palabras

 

he de perseguir tu cuerpo

hasta el fin de tus calles

donde los saludos forman esquina con el viento

 

y la seguridad imposible de manos conocidas

hace vivir deseos          constelaciones

en el solo equilibrio de la sombra

 

 

La forma de tu ausencia

 

Ni un momento

he dejado de ver en este cuerpo

la forma de tu ausencia,

como una esfera que ya no te contiene.

Pero dos cosas constantes te revelan,

te tienen de cuerpo entero en el instante,

y son la cama y la mesa de madera,

hechas a la medida del amor

y del hambre

 

 

La noche muere sobre una manzana rota...

 

La noche muere sobre una manzana rota

La creación recomienza

 

El alba crece insuperable

compacta en sus disturbios

 

El hombre pulsa la memoria

abre el instante nuevo

con manos transparentes

 

Por todas partes la fantasía

de ser entre las horas

la proeza el grito la resurrección

 

También de la tierra húmeda

de los hechos ya ocultos

llega el movimiento

el segundo perpetuo

la presencia

 

Una palabra corta en dos tus labios

 

 

La perfecta dormida

 

En el hálito ardiente de su propio sonido quema

y en su ámpula germina la crisálida

 

La libélula transcurre bajo el sol

 

Rompe la quieta corriente del instante

el río que ha pasado comparece

al golpe del nuevo movimiento

Se recuesta en el agua el esplendor

 

Otras criaturas tañen las olas bajo el mar

Aire de su aire mueve la gaviota

el soplo el verbo el yo soy de esa muchacha

como los árboles etéreo

 

Nuevas existencias toman superficie

toman cuerpo en Sus ojos Los astros son pupilas

 

Siempre un poeta canta entre los muertos

 

 

Llamaré

 

hasta que las puertas de tu ciudad

fortificada con estatutos inviolables

me acojan como habitante

de la vida que en ti se desenvuelve

igual que la lluvia de silencio

sobre tu cabeza

Gradualmente me impregnaré de ti

hasta que sea humo en tu voz

luz en tus ojos

y haga sobre mis hombros tu futuro

Cuando llegue el otoño

te descubriré al rostro de los hombres

para que en tus vasos alimenticios

vengan a nutrirse de esperanza

Tomado de:

http://amediavoz.com/aridjis.htm

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