lunes, 4 de mayo de 2015

TRANSMILENIO... Y LA PRIVATIZACIÓN DE BOGOTÁ

TRANSMILENIO... Y LA PRIVATIZACIÓN DE BOGOTÁ

Una empresa privada, que se sostiene sobre el patrimonio público de la ciudad

Cada vez, que escucho las múltiples quejas de los usuarios de este sistema, no solo me solidarizo con ellos, sino que un sinnúmero de preguntas me asaltan a saber:

1. / LAS VÍAS

No me explico, si Transmilenio es una empresa privada, por que es el distrito quien debe adecuar las vías, y en general todo el inmobiliario que permite que dicha empresa funcione.

Por que con los impuestos de los capitalinos, se termina subsidiando la operatividad de este sistema, que ha sido impuesto de manera arbitraria, y que en últimas no ha sido la solución al problema del transporte, y que si se ha convertido en un mal mayor, en donde la ciudad viene invirtiendo millones, que se van por un desagüe es como una herida que no cicatriza, y que lleva a esta ciudad a la muerte.

Si se quiere mostrar que es un sistema viable, por que no son ellos quienes inviertan en seguridad, tal como lo hacen los centros comerciales, con vigilancia privada, y no haciendo uso de los pocos agentes de policía con que cuenta la ciudad, y por que no ellos dan el dinero para la adecuación de los corredores viales que utilizan

LA EDUCACIÓN Y LA CULTURA HERRAMIENTAS DE LIBERACIÓN

LA EDUCACIÓN Y LA CULTURA HERRAMIENTAS DE LIBERACIÓN

Reflexiones en tiempos oscuros

1.   / EDUCACIÓN

La educación en nuestros días, y especialmente en nuestro país se erige cada vez más, como un punto de partida para la construcción de un nuevo individuo, que se libere de la pesada carga de la ignorancia, pues la ignorancia es una de las cadenas más fuertes que ata al ser humano a su desgracia.
Pensar en la educación, no debe ser exclusivamente un acto realizado en el interior de un aula o salón de clases, hoy por hoy la tecnología, y las comunicaciones en general, que han avanzado tanto en el último siglo, ofrecen un amplio abanico de posibilidades para educarse, y educar, pues la actividad y la dinámica educando-educador es dinámica, y de retroalimentación, siempre y cuando ambos componentes participen, y establezcan reglas, de mutuo acuerdo, y no de sometimiento, pues en mi pensar, mucho aprende el educador que se deja tocar por la curiosidad, del educando, y mucho gana si entre los dos buscan las respuestas, y elaboran discursos sin que el maestro se erija como sabedor de casi culto, sino, que se asuma también como una suerte de hombre esponja, dispuesto a creer y crecer con las inquietudes de su compañero de aventuras el alumno. Este asunto, no necesariamente coloca a maestro y alumno en igualdad de condiciones, solamente alivia un poco la autoridad, pues el maestro actuará como guía, y compañero de construcción de saber, y no al alumno, como un personaje sometido a las ideas del maestro, como ocurre en la actualidad. Y es que puede que en este contexto, esa dupla de maestro-alumno, consiga mayores aportes, en la medida en que ambos comparten la curiosidad y el ansia de conocimiento, y por esta vía construyan un mejor y más equilibrado discurso y conocimiento; de esta forma, la educación se convierte en un arma, que despeja, y escribe en los estudiantes y maestros los nuevos ideales para la construcción de la libertad, y el conocimiento, única manera de ser realmente libres.

2.   / LA CULTURA

Pienso en cultura, como ese conglomerado de actividades propias y el universo que cada ser tiene en su cabeza, y ese cúmulo de actividades por medio de las cuales se relaciona con el medio, y con sus compañeros de viaje en la vida.

Contrario a lo que algunos opinan, la cultura, no tiene que ver con el gusto que algunas personas tienen por x o y autor, compositor o pintor, de quienes nos han dicho hacen parte de una élite que nos venden como verdadera cultura; aquí no quiero caer en los errores de otras personas, que se acogen a los postulados de lo que se conoció como el realismo socialista, ni a ese otro grupo de personajes que encuentran la cultura en lo meramente anecdótico de las situaciones diarias, ni de las meras actividades artesanales elevándolas a alturas de las cuales pueden caer fácilmente, porque la cultura necesita como mínimo, un a elaboración de un discurso coherente sobre el por qué se hace así, y el cómo se hace, para de esta manera ser considerada una actividad cultural seria, y digna de ser tenida en cuenta.

En esto, difiero bastante, de quienes decidieron en tiempos anteriores exaltar cualquier tipo de manifestación bien sea vernácula, o abiertamente transgresora, para ponerla como una suerte de arte oficial, y así mismo, como fiel representante de la cultura. Es bueno tener en cuenta que sea cual sea la disciplina que se practique, se debe estudiar, y elaborar de acuerdo a un mínimo de reglas, que deben tener una concordancia y coherencia, que permita que el producto final sea una obra de arte, una pieza musical, o cualquier otra expresión que sea capaz de resistir los diferentes cuestionamientos y exámenes que les practiquen los demás componentes sociales

3.   / ¿HERRAMIENTAS DE LIBERACIÓN?

Claro, la educación, y la cultura son herramientas de liberación, pues estas nos llevan necesariamente a cultivar nuestras inquietudes y a buscar respuestas que nos afirman, y nos hacen crecer como seres humanos, teniendo estás respuestas, tenemos por decirlo así, los remos que nos van a permitir navegar hacia la construcción de un ser libre, un ser que piensa, se pregunta, y es capaz de buscar respuestas sí que estas le sean dadas como verdades incontrovertibles, y menos aun con rigurosidad religiosa, por decirlo de otra manera, al esgrimir y explotar estas áreas, el ser humano deja de depender de otros para dar respuestas efectivas a sus dudas diarias, y esto lo pone en ventaja con aquellos que deben seguir encadenados y recibir del estado, las respuestas que no es capaz de construir. En este momento, y recordando a Kant, podemos decir que el ser libre es aquel que armado con la educación y la cultura deja de ser un menor de edad, para convertirse en un navegante serio y exitoso de su propia vida. 

In the belly of the Swan

In the belly of the Swan

domingo, 3 de mayo de 2015

POEMAS DE VICENTE GERVASI



CANTO V
A veces caigo en mí, como viniendo de ti,
y me recojo en una tristeza inmóvil,
como una bandera que ha olvidado el viento.
Por mis sentidos pasan ángeles del crepúsculo
y lentos me aprisionan los círculos nocturnos.
Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Escucha. Yo te llamo desde un reloj de piedra,
donde caen las sombras, donde el silencio cae.


 AMANECER
Siento llegar el día como un rumor de animales,
a la orilla del pantano, de la fiebre, del junco,
más allá, entre las colinas de viento oscuro,
donde la luz se levanta con desgarradas banderas,
como resplandor lejano de una montaña de cuarzo.
He aquí la sombra en torno a mi existencia, el búho,
el río que arrastra oro, la serpiente de coral,
el esqueleto del explorador, el fango de mis pies.
La noche ha quemado el maíz, ha apagado los metales,
ha dado reposo a la adormidera, ha refrescado la sangre,
ha libertado los reflejos azules de la selva, de la hoja.
Una resonancia, una resonancia oscura es mi corazón:
eco en el abismo, piedra que rueda por el monte,
brillo en la puerta de la cueva, fosforescencia del hueso.
En la infancia, al pie del arco iris o del relámpago,
junto al cabrito que saltaba en torno a la madre,
jugaba con un pequeño tigre de cálida voz ronca,
de suave pelambre estrellada, como un signo del zodíaco,
de rabia lenta y tensa, como el despertar de la furia.
Ahora siento en el aire límpido del bambú y el helecho,
surgir las formas de las doncellas, bajo la fronda,
en la selva de árboles aromáticos, coronadas de orquídeas
descendiendo al río, a la cascada de transparente curva,
que resuena en sus diamantes como una leyenda.
Formas de la gracia, sus perfiles abandonan sus melenas
a la brisa; formas de la vida y de la muerte,
sus senos tiemblan en las penumbras de los juncos;
formas del oscuro delirio, sus muslos se suavizan
como una fruta partida; formas del tiempo humano,
sus pies hacen temblar las flores silvestres.
Como el venado tras de su compañera en la colina,
persigo a una joven diosa desnuda, bajo el sol.
Viene el olor agrio de los árboles destrozados
por la ira de la noche; viene el olor de la sangre,
del animal devorado, el olor de los minerales,
el olor del río entre las raíces y las flexibles lianas.
El día derrama su transparente maravilla, como un vuelo,
como el color innumerable, como la crisálida
de herméticos destellos, como el insecto plateado,
como el hechizo en las formas relucientes,
como el vuelo de mariposas que salen de una gruta incendiada
y comienzan a temblar en el ardiente cristal.
Acerco mis labios al claro manantial de íntima música,
junto a la sardina y a la piedra limpia y pulida como una joya;
mientras la nube pasa y el ave sale de su nido,
y la serpiente muestra su lengua maldita, y se enrosca,
y espera o avanza por la espalda sudorosa del día.
Me hundo en las palpitaciones reverberantes, en las ondas,
en el temblor divino, donde se abre la rosa de montaña,
en los brillos fugaces, en la imagen insondable de Dios,
que ha creado los cielos y la tierra, con esta geografía de fuego,
y ha dado a mi corazón la forma del día y de la noche,
mientras oigo correr los animales, persiguiéndose, amándose,
devorándose, ensangrentando las yerbas, las flores y las peñas.
Soy el día, y el viento levanta sus ramajes en mi alma.CANTO VIII
Cuando tú venías, venías hacia la muerte,
porque así son nuestros pasos en los días:
hacia las montañas detenidas en los crepúsculos;
hacia las ciudades que esperan las noches con luto y alegría,
tostando el pan, preparando dramas en los aposentos,
derramando rojo vino en las penumbras;
hacia los puertos donde la barcas
dan descanso a los vagabundos;
hacia los pequeños caminos rojos,
donde nos duele el cuerpo del asno,
donde nos duelen los pies del mendigo,
donde nos duele el canto de la triste quinquina;
hacia nuestra futura vivienda,
con el susurro leve del naranjo
a cuya sombra estaremos en la mirada del hijo,
como en una hora del cielo,
del presentimiento y de la angustia.
Tú venías, y el mundo estaba debajo de tus pasos,
y debajo de tus noches, y debajo de tus soledades.
Sí, tu existencia había creado sus cielos huracanados
sus aguas tumultuosas, sus nubladas lejanías,
y las tempestades agitaban los mares de tu corazón
con truenos y estrellas caídas
en las oscuras soledades del alma,
con naufragios y voces de mujeres
perdidas en la extensión de las olas y los países.
Soñabas con fantasmales buques en la sombra,
esos que llevan banderas de luto
y viajan hacia los puertos de podridos aceites
y antiguos desperdicios.
Y la furia levantaba ondas en la oscuridad de tu muerte,
perseguida por brillos lunares,
como una oleaginosa superficie negra
con vuelos de lentas aves relucientes,
ahí donde los astros gotean sus azules licores,
en ese espacio del misterio devorador,
con islas iluminadas en nuestra soledad.
Tu juventud llamaba a las ciudades del mundo,
a los vientos que soplan contra viejas murallas,
a la gente que vive en las oscuras minas,
a marinos que yacen bajo cruces del mar.
Tú, el viajero, el insomne, el descontento
el que levantaba las manos hacia los relámpagos,
el que veía pasar las bahías
como la orilla serena y brumosa de la tristeza.
Sabías soportar las lejanías, siempre tan del corazón.
Sabías llegar.
Y eras ahí el anónimo, el oscuro, el devorado,
tendido en la noches calientes,
como los sacos, como los barriles,
a orilla de los grandes navíos.
Un campesino te daba una copa de aguardiente.
Y aún era la noche oscura como un tambor,
salvaje como las patas, las uñas y los dientes del tigre.
La noche, la noche llena de rumores de tamarindos,
los cocoteros movidos por una brisa
que te devolvía a otro tiempo,
al tiempo de tu aldea con campanas,
de tus mares del verano
con barracas cerca del amanecer.
Tú estabas dormido bajo las estrellas de otro mundo.
Padre mío, padre de mi universal angustia.
Y de mi poesía.


CANTO VI
El velero lustroso de la muerte
pasea tu silencio por mis mares sombríos
entre brillos de un agua negra en ondas,
donde cantan marinos de otro tiempo,
ahogados en la noche, rendidos a las algas
que transportan las sombras.
Y siempre vienes a mí desde el olvido,
aventurero terrestre de barbas seculares.
Tus zapatos aún suenan sobre los ladrillos
y sobre las arenas de bahías desiertas,
con baúles desenterrados y monedas,
y con rocas lejanas donde los astros caen,
donde avanzan temblando las auroras,
en medio de las sombras de los fríos,
y de pinos del mar,
y signos y colores espectrales,
y las sombras de madres de barqueros,
llamando entre sus paños y sus cabellos,
y sus voces confundidas,
y sus lágrimas perdiéndose en la arena,
y gaviotas en fila, volando hacia otro mundo,
hacia distancias cárdenas y negras,
hacia un día del misterio,
donde grita el hombre a su muerte.
Te sigue un perro grande,
el perro fiel y lento de nuestra lejanía.
En tu penumbra brillan barcas abandonadas.
Con las ráfagas gimen tus hondas soledades
y entre las algas tiembla el grave amanecer.
Te alejas en tu viaje como llovizna leve,
como el rumor del mar en los caracoles.
En mi soledad guardo tus hondas soledades.
De ti vienen los días
donando en las guitarras del olvido.
Por ti yo soy el hombre, el portador del fuego.
Por ti mi mano levanta el espejo que refleja la montaña.
Hacia mí venían tus huellas, tu fábula y tu clima,
y aún te veo llegar desde la muerte,
padre del remo, padre del pesado saco,
padre de la cólera y el canto.


 CANTO VII
Tu aldea en la colina redonda bajo el aire del trigo,
frente al mar con pescadores en la aurora,
levantaba torres y olivos plateados.
Bajaban por el césped los almendros de la primavera,
el labrador como un profeta joven,
y la pequeña pastora con su rostro en medio de un pañuelo.
Y subía la mujer del mar con una fresca cesta de sardinas.
Era una pobreza alegre bajo el azul eterno,
con los pequeños vendedores de cerezas en las plazoletas,
con las doncellas en torno a las fuentes
movidas rumorosamente por la brisa de los castaños,
en la penumbra con chispas del herrero,
entre las canciones del carpintero,
entre los fuertes zapatos claveteados,
y en las callejuelas de gastadas piedras,
donde deambulan sombras del purgatorio.
Tu aldea iba sola bajo la luz del día,
con nogales antiguos de sombra taciturna,
a orillas del cerezo, del olmo y de la higuera.
En sus muros de piedra las horas detenían
sus secretos reflejos vespertinos,
y al alma se acercaban las flautas del poniente.
Entre el sol y sus techos volaban las palomas.
Entre el ser y el otoño pasaba la tristeza.
Tu aldea estaba sola como en la luz de un cuento,
con puentes, con gitanos y hogueras en las noches
de silenciosa nieve.
Desde el azul sereno llamaban las estrellas,
y al fuego familiar, rodeado de leyendas,
venían las navidades,
con pan y miel y vino,
con fuertes montañeses, cabreros, leñadores.
Tu aldea se acercaba a los coros del cielo,
y sus campanas iban hacia las soledades,
donde gimen los pinos en el viento del hielo,
y el tren silbaba en lontananza, hacia los túneles,
hacia las llanuras con búfalos,
hacia las ciudades olorosas a frutas, hacia los puertos,
mientras el mar daba sus brillos lunares,
más allá de las mandolinas,
donde comienzan a perderse las aves migratorias.
Y el mundo palpitaba en tu corazón.
Tú venías de una colina de la Biblia,
desde las ovejas, desde las vendimias,
padre mío, padre de trigo, padre de la pobreza.
Y de mi poesía.



sábado, 2 de mayo de 2015

Monsieur Periné - Nuestra Canción (Cover Audio) ft. Vicente García

Algunos poemas de Paul Verlaine

    Aria de antaño

      Lucen vagamente las teclas del piano
      A la luz del suave crepúsculo rosa,
      Y bajo los finos dedos de su mano

      Un aire de antaño canta y se querella
      En la diminuta cámara suntuosa
      En donde palpitan los perfumes de ella.

      Un plácido ensueño mi espíritu mece
      Mientras que el teclado sus notas desgrana;
      ¿Por qué me acaricia, por qué me enternece

      Esa canción dulce, llorosa e incierta
      Que apaciblemente muere en la ventana
      A las tibias auras del jardín abierta?

    Arriba

    Canción de otoño

      Los sollozos más hondos
      Del violín del otoño
      Son igual
      Que una herida en el alma
      De congojas extrañas
      Sin final.

      Tembloroso recuerdo
      Esta huida del tiempo
      Que se fue.
      Evocando el pasado
      Y los días lejanos
      Lloraré.

      Este viento se lleva
      El ayer de tiniebla
      Que pasó,
      Una mala borrasca
      Que levanta hojarasca
      Como yo.

    Arriba

    El hogar

      El hogar y la lámpara de resplandor pequeño;
      La frente entre las manos en busca del ensueño;
      Y los ojos perdidos en los ojos amados;
      La hora del té humeante y los libros cerrados;
      El dulzor de sentir fenecer la velada,
      La adorable fatiga y la espera adorada
      De la sombra nupcial y el ensueño amoroso.
      ¡Oh! ¡Todo esto, mi ensueño lo ha perseguido ansioso,
      Sin descanso, a través de mil demoras vanas,
      Impaciente de meses, furioso de semanas!

    Arriba

    En el balcón

      En el balcón las amigas miraban ambas como huían las golondrinas
      Una pálida sus cabellos negros como el azabache, la otra rubia
      Y sonrosada, su vestido ligero, pálido de desgastado amarillo
      Vagamente serpenteaban las nubes en el cielo

      Y todos los días, ambas con languideces de asfódelos
      Mientras que al cielo se le ensamblaba la luna suave y redonda
      Saboreaban a grandes bocanadas la emoción profunda
      De la tarde y la felicidad triste de los corazones fieles

      Tales sus acuciantes brazos, húmedos, sus talles flexibles
      Extraña pareja que arranca la piedad de otras parejas
      De tal modo en el balcón soñaban las jóvenes mujeres

      Tras ellas al fondo de la habitación rica y sombría
      Enfática como un trono de melodramas
      Y llena de perfumes la cama vencida se abría entre las sombras

    Arriba

    Id pues, vagabundos, sin tregua

      Id pues, vagabundos, sin tregua,
      Errad, funestos y malditos
      A lo largo de los abismos y las playas
      Bajo el ojo cerrado de los paraísos.

      (...)

      Y nosotros, a los que la derrota nos ha hecho sobrevivir,
      Los pies magullados, los ojos turbios, la cabeza pesada,
      Sangrantes, flojos, deshonrados, cansados,
      Vamos, penosamente ahogando un lamento sordo.

    Arriba

    Lasitud

      Encantadora mía, ten dulzura, dulzura...
      Calma un poco, oh fogosa, tu fiebre pasional;
      La amante, a veces, debe tener una hora pura
      Y amarnos con un suave cariño fraternal.

      Sé lánguida, acaricia con tu mano mimosa;
      Yo prefiero al espasmo de la hora violenta
      El suspiro y la ingenua mirada luminosa
      Y una boca que me sepa besar aunque me mienta.

      Dices que se desborda tu loco corazón
      Y que grita en tu sangre la más loca pasión;
      Deja que clarinee la fiera voluptuosa.

      En mi pecho reclina tu cabeza galana;
      Júrame dulces cosas que olvidarás mañana
      Y hasta el alba lloremos, mi pequeña fogosa.