viernes, 20 de noviembre de 2015

SEIS POEMAS DE CARLES RIBA


Carles Riba.jpg
España(1893-1959)

COR delatado 

 
Ahora veremos, un corazón
que la sombra hacía digno
en el fuego y en el juego
y en la melancolía,
como sufrirá la luz,
marcado con tu signo.
He descendido al oscuro
obrador de la vida:
la he abierto con folla clave;
en las manos, que me Trema,
he tenido las simientes
del milagro imposible.
He subido al peñón
desde donde el águila mira,
taciturnas de sol,
cuatro reales provincias;
he lanzado una voz,
por la sed que tenían.
Me ha dicho hijo suyo mar
para que heredara las islas,
bruscas sobre los rompientes,
dulces, adentro, de vid;
no he esperado el mosto
que el mar para mí quería.
Me iré por el páramo
a sol ya luna viva;
las piedras hablarán
como locas que adivinan;
el corazón hará lo respondido
en lengua más antigua;
este corazón delatado
que ignoramos si sabía,
y que ahora, en palabras perdidos,
me dirá si vivíamos;
nos dirá si el recuerdo
nos hace crecer a la muerte
o si aún más vida. 


ORACIÓN DEL angustia POÉTICA

Señor que ha alentado en mi barro:
ahora mi juventud
es como un agua mesa al horno,
que penetra el aliento sutil del fuego,
y hierve, y esparce a su alrededor
una amorosa suavidad
que hace mucho estar cerca.
Señor, dentro de mí habéis puesto
la presencia viva de una mujer
como el agua burbujeante en una arcilla nueva:
dentro de mí por primera vez se ha obrado
el milagro de la palabra que consola:
y los hombres se me acerco
por si de mí los bañara el rocío
tibio y alado de la palabra.
Señor, porque habéis llamado tan fuerte
dentro de este barro mi quebradizo?
O nos ha puesto este daler dentro del corazón
porque nos atormenta, así
como es mi tormento, que al hablar siento estort
escaparse me el vaho que me fortalece
-la presencia de ella vehement-
en un angustioso alumbramiento
como diez sé lo del alma por la muerte?
Si sé que mi barro vacío no duraría al fuego!
Habéis arreglado talmente el romperse de mis días?
O es para derramar a él todavía nueva cosa mejor?
Qué, si no sois ya Vos, Señor?
 
 

ORACIÓN DE LA INMORTALIDAD EN LA PALABRA; [II]

Alto es, juicio, el rescate de la palabra,
cuando salida apenas dentro la entraña
pregona del silencio
el silencio mismo vuelo devorarla,
talmente un dios engendrador fecundo,
celoso que la prole el vencimiento
con una sola palabra, como es la noche vencida
por una sola estrella que ría cielo arriba.
Yo contra él la lucha codo con codo,
emparpalant el pie y soltó el lazo
de las manos sarmentosas que aprietan mi cuerpo las:
y junto al camino, la inocente
palabra nueva yace como un botín viviente.
Hasta que el silencio huye en el aire.
Yo tomo entre mis manos la nuda criatura,
hija de mi batalla pura;
y ella me Frem dentro de las manos y canta, indiferente
al regreso del silencio, que ahora se ha hecho un viento
de vuelo escurridizo, que en el pavor
irónicamente me invita,
arremorant con desmesura
borde mundo paso las sombras de la noche infinita.
Y huyo. Y soy como uno que ha ganado un tesoro
y lo lleva a su Casull que s'esbalandra,
y no reposa, porque el aguijón
los celos de su oro,
hasta que una escarrassada valla triple
el guarda -así un secreto dentro un corazón.
Una valla plantada firme en la roca viva,
palo borde palo, encerrado detrás encerrado,
tal mundo trabajo de las palabras y de las letras:
parte de dentro, encantada, yace la palabra viva,
hija de una batalla áspera;
parte de fuera, impotente, ronda el silencio.

OJOS MIS, OJOS que vivís glotón ... 

 
Ojos míos, ojos que vivís glotones encima mundo rostro;
para vosotros la imagen de Ella, dulce a conservar,
es bajada en el corazón, y luz tan pía hace
que ya no vale el oro de este sol que es gloria vuestra .
¿Cómo la carnal pesadumbre del gozo que con la hora huye
a la bella carne de Ella os tiene abiertos todavía,
si verla caduca y escurridiza empapa
todo pensamiento de amor con veneno de enojo?
Ojos míos, cerrados me siéntase con puerta de tiniebla,
y su mirada girado adentro, de cara al corazón,
llevando a la fiel imagen que no muere,
y la adoración que la aprieta, y la fiebre,
este conocimiento tan viva del sentido,
tan corporal, pero ya libre de pavor:
la muerte haría de la hermosa carne pasto
sin que en temblara la imagen dentro mi pecho. 

ELEGIA II 

 
Súnion! T'evocaré de lejos con un grito de alegría,
       tú y tu sol leal, rey de la mar y del viento:
por tu recuerdo, que me yergue, feliz de sal exaltada,
       con tu mármol absoluto, noble y antiguo yo como él.
Templo mutilado, desdeñoso de las otras columnas
       que en el fondo de tu salto, bajo la ola riendo,
duermen la eternidad! Tú velas, blanco a la altura,
       por el marinero, que por ti ve bien girado su rumbo;
por el ebrio de tu nombre, que a través de la nuda garriga
       viene a buscarte, extremo como la certeza de los dioses;
por el exiliado que entre arboledas oscuras t'albira
       súbitamente, oh preciso, oh fantasmal! y conoce
por tu fuerza la fuerza que lo salva a los golpes de fortuna,
       rico de lo que ha dado, y en su ruina tan puro. 

ELEGIA X 

 
He soñado con Orfeo en la puerta abierta de la Sombra.
     Una ausencia de espejo ha devorado mis ojos
ebrios encar de mirarse en mayo turbulento de las cosas,
     llenas de verter sobre el cielo tantas auroras del corazón.
Fue esto: de repente murió al presente de pujanza
     y enderezar me allá (oh inmensamente!) de los adioses,
puro anhelo todo yo y, secreta dentro del alma, oreja
     que la despierta y por donde toda revive en el oscuro.
Como en mí yo había encontrado la ambigua sendero,
     sola en el riesgo lunar del impensable profundo,
hasta vosotros, dioses inferiores, y su
     única certeza, dura terminando mi paso,
ahora, náufrago de mi vertical instante de caída
     - piedra y pájaro sin viento- por el absoluto no esperar,
era girado a mí que escuchaba crecer el anuncio
     de no sé qué mar interior, madurando
lejos dentro de mí en islas de aún impotente melodía;
     cambio o nacimiento -era igual: era un mar y su viento.
Cosas fosforescentes, de indistinto murmullo, se abrían,
     cándidas flores de la noche, entre la ola y el vacío,
lentamente se llenaban de lo que ellas eran, tomaban
     bruscas, número y espacio y original horizonte.
Toda una pueril Naturaleza en ellas parecía
     reencontró 'su respiro, el orden flotante de su juego,
madrugar' en los colores más desnudos de su esperanza,
     coronarse con el orgullo innumerable del tiempo.
Como te reconocí , memoria, perdido archipiélago,
     calas, sagrados sillares, fuentes y amansados ​​animales!
Todo cuanto había para mí después del oído y, con ella,
     como un comienzo, el acto callado de su fin,
y ah inexplicable! todo cuanto, velada Eurídice, es único
     dentro tu nombre contigo entre la muerte y mi canto,
hacía un reino inmenso que volvía a la voz de su príncipe,
     una patria expectante, dulce del pueblo diverso
junto con el que había buscado largamente la victoria;
     me he exaltado siendo, palmas! el pecho de su canto.
No me ha parado con la duda del agua negra del inmóvil
     blanco ciprés del olvido, maravilloso en impuro:
me tomaba la llamada eterna de pura ternura
     -la que el exiliado siendo a veces, muy lejos,
cuando le parece, y el puño, que la infancia el llora, y la tarde
     la acompaña con el llanto de una campana inocente.
Me tomaba, pero que absoluta! Como el que nos salva,
     súbito, desde el corazón es entrañas del peligro;
como el amante que quiere liberar la amada dispersa
     por el necesario palabra y se la lleva en el desierto;
violentamente abriéndome por dentro en fontana
     viva de mí mismo -ojos en la cruz de los sentidos,
agua fluida en el instante que no huye y que no la cambia,
     ser y mirarse donante, desde el origen mirar
hasta el fin de su don, ¿es eso la perenne promesa,
     puro Orfeo, y la corriente era abundante en el trago?
¿Y lo que infinitamente tú alabar, maestro perfecto,
     era el preludio siquiera para cad'ú -para mí?
¿Y el incontable que me fue, sabido apenas, crecimiento
     -noça inefable, añoranza, rara visita en la noche-
y lo que m'afaiçonaà, pero sin nunca acabarme,
     como si languidece con las manos del que sueña querer,
ahora sería todo dentro de la suma límpida, cada
     cosa salvando a ellos de haber ay! estado sola y mortal?
Dioses fraternos! Así abrevado y inundado de mi propio
     puro retorno, he pasado, alma adentro, hacia dónde sueldo,
más allá de la infancia, vosotros conmigo, en la sonrisa
     de la certeza, un solo fin: yo el glorioso instrumento
y vosotros el amor ; y he entrado a conocerme, oh vida
     reanudada! en ti, como en el impulso y el trabajo
y la aparente desacuerdo, oh Presentes! vosotros me veíais,
     no en mi hacer, sino ya en mi signo perfecto.
Y ahora, en la dulzura que del sueño me dura, ya amo
     la memoria en la sangre, presto la oreja y me veo
árbol enraizado en el grito de la maravilla pasada,
     miro y me siento canto que abre la mata en el espacio;
y no es distraído de la extraña delicia, que pienso
     en el chino sutil, de alma ardiente, que tiene los ojos
fijos en la cifra compleja de su poema y lo abraza
     todo en cada instante mientras en desata los sonidos puros. 

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