domingo, 4 de octubre de 2015

POEMAS DE BLAS DE OTERO

    Basta

Que Dios, el solo vivo, no existiera,
O que, existiendo, sólo consistiera
En tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento.
Y que la muerte, oh estremecimiento,
Fuese el hueco sin luz de una escalera,
Un colosal vacío que se hundiera
En un silencio desolado, liento.
Entonces ¿para qué vivir, oh hijos
De madre, a qué vidrieras, crucifijos
Y todo lo demás? Basta la muerte.
Basta. Termina, oh Dios, de maltratarnos.
O si no, déjanos precipitarnos
Sobre Ti —ronco río que revierte.


    Canción cinco

Sola y lenta, iba mi alma.
No por el puente de hierro,
El de piedra es el que amaba.
A ratos miraba al cielo,
A ratos miraba al agua.
Por los puentes de Zamora,
Sola y lenta, iba mi alma.


    Ciegamente

Porque deseo tu belleza plena.
Porque busco ese horror, esa cadena
Mortal, que arrastra inconsolablemente.
Inconsolablemente. diente a diente,
Vos bebiendo tu amor, tu noche llena.
Diente a diente, Señor, y vena a vena
Vas sorbiendo mi muerte. Lentamente.
Porque quiero tu cuerpo y lo persigo
A través de la sangre y de la nada.
Porque busco tu noche toda entera.
Porque quiero morir, morir contigo
Esta horrible tristeza enamorada
Que abrazarás, oh, Dios, cuando yo muera.


    Crecida

Con la sangre hasta el borde de la boca,
Voy
Avanzando
Lentamente, con la sangre hasta el borde de los labios
Algunas veces,
Voy
Avanzando sobre este viejo suelo, sobre
La tierra hundida en sangre,
Voy
Avanzando lentamente, hundiendo los brazos
En sangre,
Algunas
Veces tragando sangre,
Voy sobre Europa
Como en la proa de un barco desmantelado
Que hace sangre,
Voy
Mirando, algunas veces,
Al cielo
Bajo,
Que refleja
La luz de la sangre roja derramada,
Avanzo
Muy
Penosamente, hundidos los brazos en espesa
Sangre,
Es
Como una esperma roja represada,
Mis pies
Pisan sangre de hombres vivos
Muertos,
Cortados de repente, heridos súbitos,
Niños
Con el pequeño corazón volcado, voy
Sumido en sangre
Salida,
Algunas veces
Sube hasta los ojos y no me deja ver,
No
Veo más que sangre,
Siempre
Sangre,
Sobre Europa no hay más que
Sangre.
Traigo una rosa en sangre entre las manos
Ensangrentadas. Porque es que no hay más
Que sangre,
Y una horrorosa sed
Dando gritos en medio de la sangre.



Besas besos de mar, a dentelladas.
Las manos en mis sienes y abismadas
nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,
es ver en ti mis manos maniatadas.
Besas besos de Dios. A bocanadas
bebes mi vida. Sorbes, sin dolerme,
a flor de labio, Y luego, mimadora,
la brizas y las rozas con tu beso.
bastará un beso, un beso que se llora
después, porque ¡oh, por qué! no basta eso.
aquel que amó, vivió, murió por dentro 
y un buen día bajó a la calle: entonces 
comprendió: y rompió todos su versos.
echando espuma por los ojos, ebrio 
de amor, huyendo sin saber adónde: 
a donde el aire no apestase a muerto.
eran sus brazos, como llama al viento; 
olas de sangre contra el pecho, enormes 
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.
en vuelo horizontal cruzan el cielo; 
horribles peces de metal recorren 
las espaldas del mar, de puerto a puerto.
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso, 
mi última voluntad.  Bilbao, a once 
de abril, cincuenta y uno. 
                                              Blas de Otero
Blas de Otero, 1951
Escribo 
en defensa del reino 
del hombre y su justicia. Pido 
la paz 
y la palabra. He dicho 
«silencio», 
«sombra», 
«vacío» 
etcétera. 
Digo 
«del hombre y su justicia», 
«océano pacífico», 
lo que me dejan. 
Pido 
la paz y la palabra. 



ENCUESTA 

Quiero encontrar, ando buscando la causa del sufrimiento. 
La causa a secas del sufrimiento a veces 
mojado en sangre, en lágrimas, y en seco 
muchas más. La causa de las causas de las cosas 
horribles que nos pasan a los hombres. 
No a Juan de Yepes, a Blas de Otero, a Leon 
Bloy, a César Vallejo, no, no busco eso, 
qué va, ando buscando únicamente 
la causa del sufrimiento 
(del sufrimiento a secas), 
la causa a secas del sufrimiento a veces... 
Y siempre vuelta a empezar. 
Me pregunto quién goza con que suframos los hombres. 
Quién se afeita a favor del viento de la angustia. 
Qué sucede en la sección de Inmortalidad 
cuando según todas las pruebas nos morimos para siempre. 
Sabemos poco en materia de sufrimiento. 
Estamos muy orgullosos con nuestro orgullo, 
pero si yo les arguyo con el sufrimiento no saben qué decirme. 
Mire usted en la guía telefónica, 
o en la Biblia, es fácil que allí encuentre algo. 
Y agarro la biblia telefónica, 
y agarro 
con las dos manos la Guía de pecadores..., y se caen al suelo 
todos los platos. 
Desde los siete años 
oyendo lo mismo a todas horas, cielo santo 
santo, santo, como de Dios al fin obra maestra! 
Pero, del sufrimiento, como el primer día: 
mudos y flagelados a doble columna. Es horrible 


POSICIÓN 



Amo a Walt Whitman por su barba enorme 
y por su hermoso verso dilatado. 
Estoy de acuerdo con su voz, conforme 
con su gran corazón desparramado. 


Escucho a Nietzsche. Por las noches leo 
un trozo vivo de Síls-Maria. Suena 
a mar en sombra. Mas ¡qué buen mareo, 
qué sombra tan espléndida, tan llena! 


Huyo del hombre que vendió su hombría 
y sueña con un dios que arrime el hombro 
a la muerte. Sin Dios, él no podría 
aupar un cielo sobre tanto escombro. 


Pobres mortales. Tristes inmortales. 
España, patria despeinada en llanto. 
Ríos con llanto. Lágrimas caudales. 
Este es el sitio donde sufro. Y canto 

EN LA INMENSA MAYORÍA 



Podrá faltarme el aire, 
el agua, 
el pan, 
sé que me faltarán. 


El aire, que no es de nadie. 
El agua, que es del sediento. 
El pan... Sé que me faltarán. 


La fe, jamás. 


Cuanto menos aire, más. 
Cuanto más sediento, más. 


Ni más ni menos. Más 


JUICIO FINAL 

Yo, pecador, artista del pecado, 
comido por el ansia hasta los tuetanos, 
yo, tropel de esperanza y de fracasos, 
estatua del dolor, firma del viento. 
Yo, pecador, en fin, desesperado 
de sombras y de suenos: me confieso 
que soy un hombre en situacion de hablaros 
de la vida. Peque. No me arrepiento. 
Naci para narrar con estos labios 
que barrera la muerte un dia de éstos, 
esplendidas caidas en picado 
del bello avion aquel de carne y hueso. 
Alas arriba disparo los brazos, 
alardeando de tan alto invento; 
plumas de niquel. escribid despacio. 
Helas aqui, hincadas en el suelo. 
Este es mi sitio. Mi terreno. Campo 
de aterrizaje de mis ansias. Cielo 
al reves. Es mi sitio y no lo cambio 
por ninguno. Cai. No me arrepiento. 
Impetus nuevos naceran, mas altos. 
Llegare por mis pies, para que os quiero? 
a la patria del hombre: al cielo raso 
de sombras esas y de sueños esos. 


MUY LEJOS 

Unas mujeres, tristes y pintadas, 
sonreían a todas las carteras, 
y ellos, analfabetos v magnánimos, 
las miraban por dentro, hacia las medias. 
Oh cuánta sed, cuánto mendigo en faldas 
de soledad. Ciudad llena de iglesias 
y casas públicas, donde el hombre es harto 
y el hambre se reparte a manos llenas. 
Bendecida ciudad llena de manchas, 
plagada de adulterios e indulgencias; 
ciudad donde las almas son de barro 
y el barro embarra todas las estrellas. 
Laboriosa ciudad, salmo de fábricas 
donde el hombre maldice, mientras rezan 
los presidentes de Consejo.- oh altos 
hornos, infiernos hondos en la niebla. 
Las tres y cinco de la madrugada. 
Puertas, puertas y puertas. Y más puertas. 
Junto al Nervión un hombre está meando. 
Pasan dos guardias en sus bicicletas. 
Y voy mirando escaparates. Paca 
y Luz. Hijos de tal. Medias de seda. 
Devocionarios. Más devocionarios. 
Libros de misa. Tules. Velos. Velas. 
Y novenitas de la Inmaculada. 
Arriba, es el jolgorio de las piernas 
trenzadas. Oh ese barrio del escándalo... 
Pero duermen tranquilas las doncellas. 
Y voy silbando por la calle. Nada 
me importas tú, ciudad donde naciera. 
Ciudad donde, muy lejos, muy lejano, 
se escucha el mar, la mar de Dios, inmensa. 



BIOTZ-BEGIETAN 

Ahora 
voy a contar la historia de mí vida 
en un abecedario ceniciento. 
El país de los ricos rodeando mi cintura 
y todo lo demás. Escribo y callo. 
Yo nací de repente, no recuerdo 
si era sol o era lluvia o era jueves. 
Manos de lana me enredaran, madre. 
Madeja arrebatada de tus brazos 
blancos, hoy, me contemplo como un ciego, 
oigo tus pasos en la niebla, vienen 
a enhebrarme la vida destrozada. 
Aquellos hombres me abrasaron, hablo 
del hielo aquel de luto atormentado, 
la derrota del niño y su caligrafía 
triste, trémula flor desfigurada. 
Madre, no me mandes más a coger miedo 
Y, frío ante un pupitre con estampas. 
Tú enciendes la verdad como una lágrima, 
dame la mano, guárdame 
en tu armario de luna y de manteles. 
Esto es Madrid, me han dicho unas mujeres 
arrodilladas en sus delantales, 
éste es el sitio 
donde enterraron un gran ramo verde 
y donde está mi sangre reclinada. 
Días de hambre, escándalos de hambre, 
misteriosas sandalias 
aliándose a las sombras del romero 
y el laurel asesino. Escribo y callo. 
Aquí junté la letra a la palabra, 
la palabra al papel. 
..............................Y esto es París, 
me dijeron los ángeles, la gente 
lo repetía, esto es París. Peut-étre, 
allí sufrí las iras del espíritu 
y tomé ejemplo de la torre Eiffel. 
Esta es la historia de mi vida, 
dije, y tampoco era. Escribo y callo. 




CON NOSOTROS 

(Glorieta de Bilbao.) 
En este Café 
se sentaba don Antonio Machado. 
Silencioso 
y misterioso, se incorporó al pueblo, 
blandió la pluma, sacudió 
la ceniza, 
y se fue ... 


CÁNTICO
Es a la inmensa mayoría, fronda
de turbias frentes y sufrientes pechos,
a los que luchan contra Dios, dehechos
de un solo golpe en su tiniebla honda.
A ti, y a ti, y a ti, tapia redonda
de un sol con sed, famélicos barbechos,
a todos, oh sí, a todos van, derechos,
estos poemas hechos carne y ronda.
Oídlos cual al mar. Muerden la mano
de quien la pasa por su sirviente lomo.
Restalla al margen su bramar cercano
y se derrumban como un mar de plomo.
¡Ay, ese ángel fieramente humano
corre a salvarnos, y no sabe cómo!
  
HOMBRE
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.
Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.
Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.
Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
 
  
   
Hablamos de las cosas de este mundo.
Escribo
con viento y tierra y agua y fuego.
(Escribo
hablando, escucheando, caminando.)
Es tan sencillo
ir por el campo, venir por la orilla
del Arlanza, cruzar la plaza
como quien no hace nada
más que mirar el cielo,
lo más hermoso
son los hombres que parlan a la puerta
de la taberna, sus solemnes manos
que subrayan sus sílabas de tierra.
Ya sabes
lo que hay que hacer en este mundo: andar,
como un arado, andar entre la tierra.
  
 
.. porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más ...
SANCHO. (Quijote, 11, cap. 74.)



Me llamarán, nos llamarán a todos.
Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,
en tornos de cristal, ante la muerte.
Y te expondrán, nos expondremos todos
a ser trizados ¡zas! por una bala.
Bien lo sabéis. Vendrán
por ti, por ti, por mí, por todos
Y también
por ti.
(Aquí
no se salva ni dios. Lo asesinaron.)
Escrito está. Tu nombre está ya listo,
temblando en un papel. Aquel que dice:
abel, abel, abel ... o yo, tú, él ...
Pero tú, Sancho Pueblo,
pronuncias anchas sílabas,
permanentes palabras que no lleva el viento...
 
EN EL PRINCIPIO
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
 

TARDE ES, AMOR . Estuviste" )
Volví la frente: Estabas. Estuviste
esperándome siempre.
Detrás de una palabra
maravillosa, siempre.
Abres y cierras, suave, el cielo.
Como esperándote, amanece.
Cedes la luz, mueves la brisa
de los atardeceres.
Volví la vida; vi que estabas
tejiendo, destejiendo siempre.
Silenciosa, tejiendo
(tarde es, Amor, ya tarde y peligroso.)
y destejiendo nieve...
      Imaginé mi horror por un momento
      Por los puentes de Zamora,
      Porque quiero tu cuerpo ciegamente.
      Con la sangre hasta la cintura, algunas veces


Un relámpago apenas
Besas como si fuese a comerme.
me declaro vendido, sin vencerme
tiras de mi raíz, subes mi muerte
Oh Dios, oh Dios, si para verte
Blas de Otero (1916-1979)


 A LA INMENSA MAYORÍA
Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre 
Así es, así fue. Salió una noche 
Tiendas de paz, brizados pabellones, 
¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces 
Yo doy todos mis versos por un hombre 


autógrafo





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