sábado, 10 de octubre de 2015

POEMAS DE TUDOR ARGHEZI






Entre noches


El azadón agudo planté en mi habitación,
fuera soplaba el viento, la lluvia estaba afuera.

Cavé mi habitación debajo de la tierra,
afuera era la lluvia, el viento estaba afuera.

Por la ventana eché la tierra de la fosa.
Negra estaba la tierra: su cortina era azul.

Se amontonó en los vidrios la tierra hasta la altura.
Jesús lloraba encima de aquella altura inmensa.

Se rompió el azadón cavando. Quién lo hizo?
Fue el Padre mismo con sus reliquias de piedra.

Volví, luego subí por el tiempo de nuevo.
Volvió otra vez el tedio a mi pieza desnuda.

Quise subir entonces y quedarme en la cima.
Parpadeaba una estrella. Era tarde en el cielo.

Versión de Pablo Neruda
"De 44 poetas rumanos" Ed. Losada




 

Esponsales


Quieres ser tu mi tierra
con sembrados, con viñas, con estanques,
con bosques, con arroyos y animales salvajes?

Las vacas traerán sus ubres llenas
y mugirán en nuestra puerta
adornada de acacias y de flores azules.

Las comadrejas jugarán en el patio
con lechones y patos,
con polluelos de seda, sin dañarlos.

Cantarán uno a uno los granos de maíz
y espantarán las nubes de mosquitos.

Los altos arces frente a nuestra terraza
mientras el gallo canta moverán sus follajes.

Traeremos grandes cestas de flores
y con ramas de mimbre
entre ambos tejeremos nuestro nido.

Y con la lana en vellones
formaremos la cuna de los gatos.

Quieres ser mi jardín,
de esbeltas hierbas y de terciopelo?

                                                                  1935
Versión de Pablo Neruda
"De 44 poetas rumanos" Ed. Losada


 




He aquí, alma mía, los versos sin rostro...


                                                                    A Walt Whitman

He aquí, alma mía, los versos sin rostro,
sin sonoridad y sin eco,
de polvo y arena.
Recíbelos, susúrralos.
Respetuosamente tú nos recibes de nuevo.
Teníamos miedo porque te habíamos visto
salvaje e inquieto.
Yo doy abrigo bajo mi mismo techo
a Dios ya los grandes milagros.
Entonces, ¿cómo podría no espantarme?

Yo desgarré, para que se desgraven
rosarios desunidos,
los encajes, harapos, gasas de seda y hojas.
Yo espero que volvamos a conversar de nuevo
una vez que las danzas se detengan
y la orquesta se calle.

Quiero que hablemos idiomas destrozados,
arrancar la palabra entre palabras,
y escogiendo los temas según se nos antoje.

Antes hablé en versos calzados,
cortados sobre medida y con adornos.
Cansado de que opriman mi lengua los coturnos
desde ahora andará con pies desnudos.

                                                                      1936
Versión de Pablo Neruda
"De 44 poetas rumanos" Ed. Losada





La ceniza de nuestros sueños...


La ceniza de nuestros sueños
se derrama a montones en nosotros,
como caen en los cántaros
los pétalos azules,
atacados por un insecto
oculto entre las hojas.

Se agita el viento y gime.
La tierra se funde con el cielo,
las ciudades son maraña y laberinto,
hondos laúdes de blasfemia,
y el aire es frío como el hierro.

La tierra es un molino hueco
con larvas mendigando un aposento,
moviéndose en el polvo que se muere
que se pierde en confusiones y desastres...
La tierra de los sueños que no fueron...

Versión de Pablo Neruda
"De 44 poetas rumanos" Ed. Losada





Prólogo del libro de los paisajes


En el año milnovecientos siete,
en una noche del mes de Marzo,
desde Hodivoy de pronto surgió al cielo,
desde Flaminzi y desde Stanislesti,
una gran llamarada.

Los cirios y las antorchas se encendieron
a lo largo de todos los caminos
como si fuera Pascua de Resurrección.
¡Todo era luminarias y candelas!

Igual que en nuestra casa, en el altar
arde un botón de fuego
encima de una vela:
la luz que se consagra a los iconos.

De aldea a aldea se extendió
el fuego sobre el trigo acumulado
y parecía un juego aquel incendio
pasando de graneros a castillos.

Seguiría la fiesta,
un requiem por los muertos?
Hasta los perros aullaban, locos!
Socórrenos, Señor! ¡El pueblo se amotina!

                                                                              1907
Versión de Pablo Neruda
"De 44 poetas rumanos" Ed. Losada


 




Salmo


Te busco en el bullicio, en el silencio,
y así como a una presa te persigo
por ver si tú eres el halcón que busco
y postrarme a tus pies o aniquilarte.

Entre la negación y la creencia
ando en tu siga inútil y audazmente.
Eres el alto sueño que mantengo:
no puedo derribarte de tu cielo.

Como en la superficie de una charca
de pronto te apareces o te ocultas,
te distingo entre estrellas o entre peces
como el toro salvaje cuando bebe.

En esta hora a solas con tu historia
he decidido combatir contigo
y no quiero alcanzar una victoria
sino tocarte y proclamar que existes.

Versión de Pablo Neruda
"De 44 poetas rumanos" Ed. Losada


 




Stane, capitán


Hay revuelta en el campo.
-Buenos muchachos, hacia dónde van?
No es día de mercado ni de feria.
-A la buena de Dios vamos andando.
Bendito seas, viejo!
Como no estamos muertos todavía
y como ya llegó la primavera
vamos a acariciar a los Boyardos!
-Y ustedes saben lo que van a hacer?
-No, no lo hemos pensado todavía.
Nos ahoga la hiel.
Está que se revienta.
-Me parece
que no se puede hacer un buen trabajo
sin orden.
Mucha sangre de ustedes va a perderse.
Por qué correr tan lejos como tontos?
Por qué no han escogido un capitán?
-Tenemos uno: Stane.
-Oyeme un poco, Stane, capitán,
qué han decidido hacer en Straoine?
Por qué correr así a pie por los caminos,
sin otra cosa que los propios hombros
y las mochilas rotas?
Es ésta una revuelta o una broma?
Y ya que hablamos de esto, qué va a pasar mañana
cuando escupan ustedes la cara de la ley
sin prevenirlo todo?
-Qué caramba! Ya ves,
no se nos ocurrió pensar en eso.
Y los hombres se fueron,
largo tiempo marcharon
como lo dije antes, a la buena de Dios.
Se divisó más tarde desde lejos
que el horizonte ardía como escoria,
los álamos flameaban como antorchas.
Rebaños de caballos y de bueyes
mugían, relinchaban,
del lado del incendio.

Los hombres destrozaron los divanes,
defecaron adentro de los pianos de cola,
demolieron armarios,
los vaciaron con furia
y todo lo incendiaron:
tapices, ropas, camas,
sillones y cortinas,
vertiginosamente.
Reventaron los cuadros a patadas,
quemaron las despensas,
y aunque allí había en cantidad vituallas escogidas
y barricas repletas de los vinos más caros,
ni siquiera probaron una miga de pan,
porque sabían ellos que el tesoro
allí se acumuló
a costa de pecados y de sangre.

Atardecer. Vuelve a la aldea un grupo.
El viejo reaparece.
Viene un hombre con un violín en la mano,
viene otro con un ovillo de hilo,
otro trae el respaldo de una silla,
otro una pala, otro un rastrillo roto...
-Caramba! oí que mugían los rebaños
de bueyes, balaban los corderos,
oí que relinchaban los caballos.
Creí que traerían el ganado,
carros llenos de trigo hasta los bordes!
El incendio duró toda la noche!
Y es esto todo lo que han hecho ustedes
después de sufrir tanto, después de esperar tanto?
Es esta la victoria que esperaban?
Pero, entonces, por qué se amotinaron?
-Caramba!, dice Stane, no pensemos en eso.


                                    Versión de Pablo Neruda
                                    "De 44 poetas rumanos" Ed. Losada





Testamento


Cuando me muera no dejaré bienes,
un nombre sobre un libro, nada más.
En la noche rebelde que partió
hacia ti desde mis antepasados,
porque a través de abismos y de fosos
por donde se arrastraron mis abuelos,
hacia ti comenzó a marchar mi libro:
Hijo mío, los míos te esperaban.
Deja este documento en tu almohada.
Es la primera vez que se expresaron
los siervos de hopalanda, es la palabra
de sus huesos vaciados en mí mismo.
Para que hoy por la primera vez
se transforme la pala en lapicero
y en tintero la tierra,
nuestros antepasados amasaron
el sudor del trabajo de los siglos.
Con ruda voz, hablándole a los bueyes,
di nacimiento a las palabras nuevas
ya la canción de cuna de mañana.
Luego amasando el largo tiempo duro
le di forma de ídolos y sueños.
Convertí los harapos en coronas.
Y cuando transformé el veneno en miel
la dulce forma se mantuvo intacta.
Hilando el hilo del insulto a veces
tejí la gentileza o la blasfemia.
Y en el atrio patricio la ceniza
de los muertos cambié en un dios de piedra:
En esa alta frontera de dos mundos
fue mi deber velar desde la altura.
Mis tristezas amargas, mis dolores,
en un solo violín se acumularon
a cuyo son puede el señor bailar
como si degollaran un carnero.
Del fango, de las llagas, del horror,
hice que renaciera la belleza.
El látigo de ayer es hoy palabra,
es el dulce castigo para el hijo
por el crimen de todos y las cárceles.
Es el derecho de una rama oscura
que sale de la selva hacia una estrella
y así como un racimo de verrugas
se anuncia el fruto del dolor humano.

Perezosa, tendida en el sofá,
ay, la princesa sufre por mi libro.
Porque, letra de fuego o de herrería,
en mi libro se casan y se funden
como el hierro quemante y la tenaza.
El siervo lo escribió. El señor lo lee,
pero no ve en el fondo de sus letras
la cólera de mis antepasados.

                                                                     1927
Versión de Pablo Neruda
"De 44 poetas rumanos" Ed. Losada


“La ceniza de nuestros sueños…”

La ceniza de nuestros sueños
se derrama a montones en nosotros,
como caen en los cántaros
los pétalos azules,
atacados por un insecto
oculto entre las hojas.
Se agita el viento y gime.
La tierra se funde con el cielo,
las ciudades son maraña y laberinto,
hondos laúdes de blasfemia,
y el aire es frío como el hierro.
La tierra es un molino hueco
con larvas mendigando un aposento,
moviéndose en el polvo que se muere
que se pierde en confusiones y desastres…
La tierra de los sueños que no fueron…

INCERTIDUMBRE

Cuelga de mi ventana
la guirnalda azul del cielo,
y entre ella en múltiples destellos
titilan los luceros incesantemente.
cual una esponja el alma
se empapa de lágrimas lentas
de las estrellas que una a una
brillan blancas y trémulas.
Abro el libro, el libro gime
Busco el tiempo, no hay tiempo
Cantaría, no canto
creo que sería y ya no soy.
Mi pensamiento, de quien es?
¿en qué idea en qué cuento
podría recordar, tal vez
que pertenecí a todo?
Estoy escribiendo, sin recuerdos, vencido,
escuchando la voz extraña
del charco y del huerto,
y firmo: Tudor Arghezi.

arghezi

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