jueves, 21 de septiembre de 2017

POEMAS DE ARSENI TARKOVSKI

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(25 de junio de 1907, Kropyvnytsky, Ucrania - 27 de mayo de 1989, Moscú, Rusia)

"Los primeros encuentros"



Cada instante de nuestros encuentros
celebramos, como una presencia Divina,
solos en todo el mundo. Entrabas
más audaz y liviana que el ala de un ave;
por la escalera, como un delirio,
saltabas de a dos los escalones, y corrías
a través de las húmedas lilas, llevándome lejos,
a tus dominios, al otro lado del espejo.

Cuando llegó la noche, recibí la gracia,
las puertas del altar se abrieron,
y brilló en la oscuridad, en el espacio
la desnudez, y se inclinó lentamente,
y despertando, pronuncié: "'¡Benditas seas!",
y enseguida percibí la insolencia
de esta bendición. Dormías,
y para pintar tus párpados de aquel azul eterno
las lilas se inclinaron hacia ti desde la mesa.
Tus párpados azules ahora estaban
serenos, y tibias tus manos.

En el cristal se percibía el pulso de los ríos,
el humo de los cerros, el resplandor del mar,
y una esfera en la palma de la mano sostenías,
de cristal, y dormías en el trono,
y ¡oh Dios Santo! eras mía solamente.

Al despertarte, había transformado
el común lenguaje cotidiano
y con renovada fuerza se colmó la garganta
de vocablos sonoros, y la palabra "tú", tan liviana,
quería decir "rey" ahora, revelando su nuevo significado.
De pronto, en el mundo todo ha cambiado,
hasta las cosas simples, como la jarra, la palangana,
cuando se erguía en medio de nosotros, cuidándonos,
el agua, dura y laminada.

Fuimos llevados hacia el más allá,
y se abrían ante nosotros, como por encanto,
las ciudades milagrosas, y nos invitaban a pasar,
la menta se extendía bajo nuestro pies,
las aves seguían nuestro camino,
los peces remontaban nuevos ríos,
y el cielo se abrió ante nuestros ojos...
Mientras seguía nuestra huellas el destino,
como el loco, armado de una navaja.


Segundo Poema



Te esperé ayer desde el alba,
se dieron cuenta de que ya no vendrás.
¿Te acuerdas qué tiempo tuvimos?
Fue una fiesta. Yo salí sin abrigo.
Llegaste hoy, y nos han preparado
un día singularmente sombrío,
la lluvia y una particular hora tardía.
Y corren las gotas por las ramas heladas
que ni las palabras podrían frenar,
ni secar siquiera un pañuelo.


Tercer poema



No creo en los presentimientos, tampoco me asustan las señales,
no huyo ni del veneno, ni de las calumnias.
La muerte no existe en el mundo, todos son inmortales,
todo es inmortal, no hay que temer a la muerte
ni a los diecisiete años, ni a los setenta.

Existe solamente la realidad y la luz.
No hay en este mundo ni oscuridad, ni muerte.
Estamos todos reunidos en la orilla del mar,
y soy de aquellos que recogen las redes,
cuando viene, en cardumen, la inmortalidad.

Sigan viviendo en la casa, y ella no se destruirá.
Convocaré a cualquiera de los siglos,
entraré en él, y construiré allí mi morada.
Por eso están conmigo sus hijos y sus mujeres comparten mi mesa,
pues, la mesa es una sola para el bisabuelo y para el nieto.

Lo venidero acontece ahora, y si yo levanto la mano,
quedarían cinco rayos de luz para todos ustedes.
Mis clavículas apuntalaron, como vigas, los días del pasado,
medí los años con cadenas de agrimensor, horadé el tiempo,
como si fuese los Urales, y elegí el siglo según mi estatura.

Bajamos al sur y levantamos el polvo de las estepas...
El pasto alto se alborotó, bromeó el grillo, tocó las herraduras,
nos auguró el futuro con sus bigotes,
y me amenazó, como un monje, con la perdición segura.

Até mi destino con las correas a la silla de montar,
aún erguido en los estribos, cabalgo como un muchacho en los tiempos venideros;
me satisface mi inmortalidad, para que mi sangre corra de siglo en siglo..
Por un rincón seguro de dulce tibieza pagaría obstinado con mi vida,
si ella no fuera una aguja voladora, que me tira, como a un hilo, por todo el mundo.


Cuarto Poema



El hombre tiene un solo cuerpo,
como una celda incomunicada,
el alma ya está harta
de esa envoltura apretada,
con los ojos y los oídos
de tamaño tan escueto,
con la piel -pura cicatriz-
que viste el esqueleto.
A través de la retina vuela
hacia el manantial del cielo,
hacia el eje helado,
hacia la carroza de pájaro,
y oye desde las rejas
de su prisión viviente,
el parloteo de bosques y prados,
la trompeta de los siete mares.
Es un pecado tener el alma sin cuerpo,
es lo mismo que un cuerpo sin camisa,
como si no tuviera ni obra, ni proyecto,
ningún designio, ni una sola línea.
Puros enigmas sin ninguna clave.
Pues, quién volvería hacia atrás
después de haber bailado
donde nadie bailaría jamás.
Y sueño con un alma diferente,
vestida de otra manera,
que arde, recorriendo siempre
el camino entre la timidez y la espera,
como una llamada seca, sin reflejo,
que corre al ras del suelo
y como un recuerdo, nos deja
el ramo de lilas en la mesa.
Corre, niño; no te apiades
de Eurídice desdichada,
echa rodar por el mundo
tu aro de cobre con una vara,
mientras, apenas audible
pero respondiendo a cada paso,
la tierra suena en los oídos
tan alegre y austera.


No creo en presentimientos, ni temo
A los agueros. Acepto el veneno,
La calumnia. No existe la muerte,
La vida es eterna. No hay que temer
A la muerte ni a los diecisiete,
Ni a los setenta. Sólo hay vida y luz,
Ni oscuridad, ni muerte hay en este mundo.
Todos estamos a la orilla del mar
Y soy de los que eligen la red
Cuando la eternidad pasa de largo.
(1965)
Soñó © esto alguna vez, lo sueño ahora,
Se que lo volverá a soñar de nuevo,
Todo se repetirá¡, todo reencarnará¡,
Y usted soñará¡ todo lo que yo sueño.
Allá¡, lejos de nosotros, lejos del mundo,
La ola una y otra vez golpea la orilla
Y en ella hay estrellas, personas, pájaros,
Realidad, sueño y muerte... en la ola eterna.
No necesito fechas: fui, soy y será©,
La vida es el mayor de los milagros.
Solo, como un huérfano, en Al yo vivo.
Solo, entre espejos, cercado por reflejos
De mares y ciudades, vivo en la embriaguez.
Y la madre llorando toma al niño en el regazo.
(1974)

La casa de enfrente

Demolieron la casa de enfrente.
Los inquilinos se fueron contentos.
Llevando consigo sofás, ollas, flores,
Espejos torcidos y gatos.
El viejo miró la casa desde el camión,
Y sintió que el tiempo lo atrapaba,
Todo se quedó así­ para siempre.
Entonces surgió el descontento,
Un polvo seco comenzó a brillar
Lento mientras caía la noche.
En la casa quedaron sueños, recuerdos,
Esperanzas perdidas y deseos.
Demolieron todo, se llevaron los troncos.
Pero los fantasmas del pasado
De ahí­ no se alejaron ni un paso
Y le cantaron de nuevo al cerezo.
Bebieron vino blanco en las bodas,
Iban al trabajo y al cine.
Trasladaban atadles en toallas,
Se prestaban, unos a otros, dinero,
Dormían en colchones de bruma
Y arrullaban a sus primogénitos,
Mientras la Áspera encada de la máquina
Lamía sus arcillas rosadas,
Y en una pata, como sobre una ``T'',
La grúa giraba y giraba.
(1958)
Como hace cuarenta años,
Palpitaciones y ruidos
De pasos, una casa y un jardín,
Una vela, la mirada miope,
Que no exige ni juramento,
Ni caución. Bullicio en la ciudad.
Amanece. Llueve y una oscura
Y empapada vid silvestre
Se enrolla a la pared, huérfana,
Como hace cuarenta años.
(1969)
En el Último mes del otoño,
Al final
De la amarga vida,
Colmado de tristeza,
Yo entré
A un bosque sin nombre y sin hojas.
Lo cubría por completo
El blanco cristal
Lechoso de la niebla.
Por las ramas claras
Lágrimas limpias caían
Como de
Árboles que lloran en la víspera
De este invierno vacío de color.
Y ahí­ sucedía  un milagro:
Al atardecer
El azul brilló en las nubes
Y un rayo vivo, como en junio, atravesó
Desde los días futuros mi pasado.
Y lloraron los Árboles la víspera
Del trabajo noble y la abundancia,
De la ventisca alegre que aletea en el azul.
Los pájaros guiaban la ronda,
Como las manos que por el teclado
Urdían los acordes más sublimes.

Primeros encuentros**


Cada instante de nuestros encuentros
Lo festejábamos como a la magia
Única de la esfera. Eras entonces
Más leve y audaz que un ala de ave,
Por peldaños capaces de vértigo
Tú me llevabas a tus dominios,
A través de húmedas violetas,
Al otro lado insospechado del espejo.

Cuando vino la noche, los dones
Me fueron otorgados y los portales
Dorados fulguraron en la sombra,
Me rozó el cuerpo desnudo,
Abrí los ojos, sólo dije: ¡favoréceme!
Yo susurraba, pues sabía que mi audacia,
Era mi buena suerte, estabas dormida,
Las violetas de la mesa rozaron tus mejillas,
Las manos eran tibias, toqué tu aire.

Y en el cristal los ríos se agitaban,
Se esfumaban las montañas, los mares centelleaban,
Tú sostenías un cuarzo esférico sobre tu palma.
Eras mía y al despertar se transformó
El lenguaje de todos los días,
Con fuerza nueva cada palabra en mi garganta
Inventó para ti un sentido nuevo.

Quedaron transformadas todas las cosas,
Las más sencillas: la jarra, la palangana
Porque el agua con sus ondas
Nos iba cubriendo a los dos.

Fuimos llevados a un lugar desconocido
Y unas ciudades como espejismos se animaron,
Se alzaron los pájaros en vuelo,
Los peces vacilaron en la linfa,
El cielo estuvo tan próximo…

Y el destino acechaba nuestros pasos
Como un loco que llevara en la mano una navaja.

**Versión del ruso: Rubén Darío Flórez Arcila


Al umbral del Señor se abraza
Un ángel de blanquísimas alas,
Apenas la sirena da la alarma
Y retumba por toda la tierra.

Y cuando el alma padece
Y el miedo la piel atenaza,
Sobre la ciudad de muerte se cierne
El sigiloso ángel de la desesperanza.

Surca la maldita tiniebla,
Atraviesa las neblinas azules,
El agente invisible de dios se acerca 
 Llamado para espiar esta noche.

No tiene miedo el icono divino
Del bloqueo, del francotirador sin tino,
De la escarlata crin desbocada
Que resulta para todos el destino.

En la mirada del ángel no cabemos
Dejados hasta mañana en este infierno,
Los perdidos en el refugio del subsuelo,
Allí donde su celestial pupila vemos.

No subirá hasta Dios la plegaria,
El celestial corazón es de puro diamante,
Cuando la sirena de la alarma
No tendrá Dios oídos para escucharte.

Surca el aire sofocante aquel
Que pasa del lado de la rosa salvaje
Enviado por Dios no la ve;
Es un ángel ciego al ultraje.

No robamos las rosas al señor
Ni apuntamos a las puertas del cielo
El fuego antiaéreo del cañón.
 Somos brizna de tristeza y destierro.

¿Somos culpables ante quién?
De bajar al infierno del subsuelo
¿O será ante nosotros culpable
El enviado ángel del cielo? 

Tomado de los “Cuadernos de Chistopolskaia”, versión del ruso: Rubén Darío Flórez Arcila

Traducción de Irina Bogdaschevski.


ME AVERGÜENZA DARLES la mano a los aduladores
Al mentiroso a los ladrones al delincuente
Y sonreír a sus malvadas concubinas
Al despedirme me avergüenza su sonrisa
Mirar en sus ojos anémicos
Oír cómo resuena el cobre
Cómo se agranda en la ventana
Una marcha lejana de guerra
Bayonetas que siguen a otras bayonetas
 
Partiremos de aquí para siempre
Ahí están los trenes y el silencio
Los puentes la hierba las torres
El azul cotidiano de los ojos
El río
El rugido de las montañas su eco
Y la bala tirada a quemarropa

ODA


Me queda poco aire y poco pan
Si pudiera quitarme de los hombros
Esta camisa helada
Rellenar mi garganta de cielo luminoso
Alargarme entre dos océanos
Acostarme a tus pies en una carretera
Como la estrella de un grano de arena
En la arena estrellada
Y sobre ti dos alas
Se elevaran de flor en flor
 
Podrías asomar primero
Y entreabrirme tu grandeza
Gigante podrías desplegar
Tu gran libro sobre el verano
Y escribirme en la lengua
Tu nombre
Entonces prendería fuego bajo tus pasos
Y para siempre me perdería en la arena
 
(1960)

Y SIN EMBARGO no pido nada
En la tierra también me alimentaron
Ponle sopa agria
Y vacía los restos en el cubo
Todo tiene su plazo y su final
Y sin embargo fui amado
 
Una dijo hasta siempre ante el altar
Otra descansa bien en su ataúd
Y la tercera en otros corazones
Añade el eco
Risas gotas de lágrimas
Yo soy deudor
No pido nada
 
(1977)
Traducción y nota: Manuel Ángel Gómez Angulo

Un ciego estaba montado en un tren sin calefacción



Un ciego estaba montado en un tren sin calefacción,
De Bryansk viajaba a casa con su destino.

Le susurró el destino para que todo el coche pudiera oír:
¿Y por qué debería preocuparse por la ceguera y la guerra?

Está bien, decía ella, que eres ciega y pobre.
Si no estuvieras ciego, nunca sobrevivirías. 

Los alemanes no te matarán, no eres nada para ellos.
Permítame levantar esa bolsa en tu hombro,

El que tiene los agujeros, el vacío.
Déjame levantar los párpados de par en par.

El ciego viajaba a casa con su destino,
Ahora agradecido por la ceguera. Feliz por ello.


A los poemas

Mis poemas: novatos, herederos, 
Los demandantes y ejecutores,
Los silenciosos, los fuertes,
Los humildes y los orgullosos.

Tan pronto como la pala del tiempo
Me arrojó sobre la rueda del alfarero,
Yo sin kith o kin-
Crecí bajo la mano, un milagro.

Algo extendió mi cuello largo
Y hueco alrededor de mi alma
Y marcado en mi espalda 
Leyendas de flores y hojas.

He alimentado el abedul en el fuego
Como ordenó Daniel
Y bendecido mi temperamento rojo
Hasta que hablé como un profeta.

Yo había sido la tierra-
Árido, ocre, desamparado desde el nacimiento-
Pero cayó en mi pecho por casualidad
De picos de pájaros, de ojos de hierba.

TRADUCIDO DEL RUSO POR PHILIP METERS & DIMITRI PSURTSEV


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