domingo, 26 de agosto de 2018

POEMAS DEL LIBRO EL AZUL DE LAS COSAS de Diana Carolina Daza Astudillo

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Bogotá 1980. Promotora cultural. Directora del proyecto editorial independiente Piedra de toque. Textos suyos han sido publicados en revistas de creación literaria y suplementos de Colombia, Ecuador, Chile, Venezuela  y  México. En el 2003 publicó con la colección Aquí estamos decena de la editorial Funcreta;

En la cama con Van Gogh

                                A Leon .

Cuando Van Gogh está en mi cama
el ruido de laa luces
se hace tan pequeño
que entra en una cajita de música
que solo se vuelve a abrir
al despedirnos.
el humo de su pipa
dibuja ventanas en mi cuerpo
veo salir de ellas
esquilas de soles muertos
y viejos relojes detenidos en la culpa.
Su escarcha de girasol
santifica las mañanas
yo la mastico
hasta volverla palabra
y así poder dar a luz
en un poema de amor
un agujero blanco
que se trague el dolor
de todos los amantes del mundo.
  

Pájaros de barro

Soy ese silencio de luciernagas y río
que los abuelos sembraron en mi sangre
las cicatrices de su esperanza
se abren como orquídeas en mis sueños.
Soy ese silencio de montañas y mariposas
esas mañanas de cosecha de fruta
esperando el beso de los buenos días
esas tardes de siesta sagradas
las manos tejiendo la lana
moliendo el maíz
mezclando el cemento.
Soy sus noches desnudas frente a dios
el eco de su lucha
cavando un hueco en esta página
para sembrar su fuerza
imperio de pájaros de barro.

Coleccionistas de sombreros

Tejidos con viento de campo
canto obrero
grito de la tierra
cuelgan sombreros
en el corazón de la amada.

Soles de trigo y mango
fueron testigos
del recorrido por los pueblos.

Calle arriba, calle abajo
fueron los amantes
coleccionando sombreros
para sellar la historia de su amor
en cada viaje.

Coleccionistas novatos

En los recuerdos de la niña
emerge el dolor de las mariposas
presas en la punta de un alfiler
sobre el cuadro de icopor
que su abuelo construyó
para que ella pudiera dibujarlas.
Este juego inocente
Entre coleccionistas novatos
le enseñaron a contemplar el temblor de los colores
detenido en un instante.
Ya no quiere más crímenes en el diario,
ahora sabe que los colores que tiñen un encuentro
como las mariposas,
abren sólo una vez sus alas
para llenar de luz el jardín de los deseos
y que ninguna punta de alfiler
es verdugo
de la belleza de un cuerpo en movimiento.

Post celebración

Veinte botellas vacías
una copa rota
una escena desdibujada
el teléfono sin minutos.

La fiesta siempre se apaga
mientras la vida sigue encendida
iluminando la fecha de vencimiento de los recibos
la nevera vacía
y la mirada de un extraño en el espejo
pidiéndonos agua
y un cepillo de dientes.

A cada patio le corresponde una despedida

             ¿Pero, a dónde van los patios cuando mueren?
                     ¿A dónde va mi patio cuando muera?
                                   Fadir Delgado
Mueren los patios
porque los pájaros
ya no buscanla clandestinidad de su abrazo
para levantar sus nidos
cuando las huellas del perro
dejan de ser llovizna de desorden y mugre
cuando el silencio saltando lazo con el silencio
es lo único que los sacude.
El patio de mi casa muere
porque los viejos han comenzado a enfermarse
y con ellos las plantas
que agonizando se preguntan:
¿Ahora, quién calmará la sed?

La última cena

Las cartas bajo la manga
no alcanzaron para salvar del sacrificio
al beso de la suerte.
Las máscaras de los jugadores cayeron
y con ellas
la necedad de querer seguir construyendo
comunas de fraternidad sobre arenas movedizas.
La gotera sobre la cama
los tragos de luz
el jardín de canciones que creímos cultivar
fueron los trazos que dibujaron un abismo:
El cuadro de nuestra última cena.

Carta a Diane Arbus

He venido a hablarte de la admiración que sentí al entrar en el cuarto oscuro donde revelaste la belleza de personajes horripilantes y termino entregándote el retrato de una mujer mutilada por su propia mano. No me lo estás preguntando, nadie lo pregunta, pero este estado de infertilidad en  las palabras es miserable.
Sin que mis páginas florezcan, insisto en escribir, pero solo una pesada capa de musgo, que cambia de verde a gris, de gris a negro, se extiende sobre ellas.  Mis palabras no han alcanzado a ser más que leña verde, fetos de pájaros y tigres y cometas sumergidos en  frascos con formol, puestos sobre la repisa de los intentos fallidos.

La Singer


Abatida por el frío que envuelve la casa
la vieja Singer olvidó contar historias
los niños no creen que su pedal es un barco
ni su rueda un timón que dirige los sueños.
Sus dedos ya no cosen
la fatiga de andar un día tras otro
los uniformes para el colegio
el dobladillo del pantalón
el vestido de domingo de la muñeca.
Nadie escarba entre sus cajones
buscando el hilo que remiende  el paisaje
de una generación de pequeños animales
mezcla entre panteras
pájaros y hormigas
con corazón de ballena azul.
El ojo de su aguja
afectado por el juego cotidiano de la vida
dejo de respirar.
Como un cíclope enfermo
se oculta  en la soledad  de la casa.

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