lunes, 4 de noviembre de 2024

POEMAS DE MÓNICA OJEDA



MAMÁ CÓLERA

 

 

 

 

P E R S E C U C I Ó N

 

 

……….. Repto lo oscuro de la aorta de un bisonte atravesado por el mar

………….en medio de la teoría humana más violenta del poema.

 

Tus brazos umbilicales

 ……….madrezebra en las llanuras

ahorcan la prehistoria de la leche de montaña

……….leche de cal apagada,

……….leche de higo en cristal,

……….leche en la roca de la pintura sagrada del calavera poem

gruta de naturaleza táctil al Amazonas de tus glándulas rellenas de humores:

……….. Big Bang de dios por siempre muerto en los maremotos amén.

 

Palpo la atmósfera que humedece su atlas de la ira,

escarabajo mutante rodando las escaleras del magma de tu vientre,

 

…………….. ¿me romperás contra la musculatura de los cetáceos axiales?

…………………………………………….madretundra de las orcas

……………………… ¿abrirás las cejas al frío goce de los volcanes?

 

Ellos se sueñan en la blancura de los fermentos de la noche en torrente.

 

Pliego mi ala junto a una noria de eterna venganza,

……….. madrepiedra de los pálidos trasmundos

……….. madrecidra constelando un infierno de intestinos que doran los rosales.

 

Tu baba salpica en todas las direcciones de los paisajes algebráicos:

 

….CRÁNEO – CALAVERA = X

 

Incógnita en la lengua de los muertos.

 

………………………………………………….. Poema cero.

 

He oído que montas sobre las cabezas de las Furias

y te desbocas

y manchas los eriales de leche cuajada

……….leche mía coagulada

y ellas te la beben y te alumbran

un cráneo con cañones de plata apuntando hacia mi pecho

suite de estelas eléctricas y membranas saladas

……….madrealambre de las navajas

……….madrebuitre de los cinerarios

las tres se relamen las encías bajo el umbral tibio de tus riñones en flor:

tienen pezuñas y desgarran el camino de los ríos gástricos a los maizales.

 

………………….. Se derraman sobre la vía láctea cabalgándote.

 

……….Se orinan sobre las mazorcas de dientes pelándose al poniente.

 

«Madre e hija es una antinomia»,

te canta la clarividencia subacuática de tu trinomio de canes perfecto

y repites al sur de su estampida:

 

…………………………………………………………….«Madre e hija es una antinomia

………………………………………………………………con patas y pelos de tarántula

……………………………………………………………………..en una jaula vacía».

 

Arden tus cabellos de elefantes marciales cruzando los desiertos

………..madremandril de sable

………..madreladrido de pez aéreo.

Quieres mi carne en tu leche terrible

cociéndose a la alta temperatura de los huracanes

 

………………………………………………………(cardúmenes de esperma del dios muerto

………………………………………………….pueblan encima de las aguas galácticas del norte).

 

Tiemblo en los refugios colapsados por tu vientre de ballena en histeria

……….Madremendrugo de la explanada

……….Madredrácula de los mausoleos

Las cabezas de las Furias sonríen torcidas a la sangre,

ateridas bajo muslos galgos y la perfecta escultura del tórax;

quieren cocinarme en tu néctar vencido de yedra,

forzarme la leche de hígados por la ranura celeste de sus madrugadas.

 

…..Mazorcas de dientes se pelan y muerden mis escombros quietos al pasar.

 

Me oculto entre las pieles de los vertebrados

y convierto mi cuerpo en un saco de plumas

que emerge fresco entre los fémures silvestres.

 

……………………………….Madre e hija es una antinomia.

 

Un cráneo gastado vigila mi señal desnuda:

 

……………………………….toda suerte de escape termina

………………………………..en las profundas cavidades

…………………………………….de un animal muerto.

 

 

IV

EL LIBRO DE LOS ABISMOS

fragmentos de Caína

 

*

:

 

El tórrido aliento de un órice despierta la montaña,

 

te despierta con ella y despierta a los viejos leones:

 

es hora de almorzar.

 

Todos los días en tu mente habrá un desierto sepultando la calavera de la poesía;

 

la llevarás contigo al exilio para defenderte de la inclemencia de tu sombra

 

siempre extendiéndose con movimientos de astros oscuros sobre los senderos.

 

……………………………………………Tu sombra es el reflejo más antiguo de tu cuerpo.

 

Pero cada mañana la calavera de la poesía pesará un poco más que ayer.

 

La arrastrarás hacia la cima de la montaña como una constante de vapor

 

nublando los sentidos de los cazadores;

 

una amenaza que el viento cubre de arena y que barres con tu única ala.

 

Sus cuencas libres empañarán tu interior

 

y escaparás manchando de sombra un dolor antes temido:

 

una fiebre que reblandece los picos y tiñe la hierba con moscardones.

 

A pesar del fracaso no soltarás la cabeza del misterio:

 

la subirás a la montaña

 

con el peso de su mandíbula empujándote a los cuernos en manada.

 

Descansarás con ella en un nido improvisado.

 

Retozarás con sus cuencas abiertas a la noche.

 

No te curará la carne, pero al día siguiente será tu casa.

 

.

 

.

 

*

La poesía es lo perfecto del muerto:

 

lo incorruptible, la selva encadenada.

 

 

 

VI

EPÍLOGO

 

 

T E O R Í A   D E   L A   L E C H E

.

 

1

Un poema es un cráneo de leche.

 

:

 

2

La leche es una dramaturgia que desaparece y se dispersa.

 

Una pureza que se mancilla.

Un veneno de hambre.

 

 

 

3

Un cráneo tiene el poder de la encarnación.

 

 

4

La leche invoca imágenes que bifurcan el cuerpo del lenguaje.

 

 

5

Todas las metáforas son lácteas.

Avisos de desastres en miniatura.

 

 

6

La poesía es un claro de cielo difunto

goteando sus blancas inquietudes

sobre la desnudez de los sobrevivientes.

 

 

7

Un poema es profético, como la leche,

pero no puede decir el mañana de los hechos

sino el mañana del ser.

 

El futuro es el presente de lo que nunca cambia.

 

 

 

8

La escritura:

inquietud blanca que se nombra de rodillas.

 

 

 

9

Sueños de leche.

Mirar hacia el símbolo con los ojos cerrados

es la única forma de llevar su peso.

Tomado de:

https://poesia.uc.edu.ve/historia-de-la-leche-monica-ojeda-poesia-ec/

 

 

Una hija es un ojo que muerde

 

1

 

Papá, tú querías un hijo y

   en cambio

te nació esta cabeza.

 

Una planta que crece hacia adentro.

 

   Una uña.

   Un estanque.

 

Por eso dijiste

callado a la placenta: “UN HIJO ES UN HOMBRE”.

 

Creías que serlo era irse callado de pesca

 

   pescar la vida

 

       sacarla del agua

 

y me llevas a pescar para que aprenda a ser un hombre

para que saque de la vida algo tibio que matar.

 

   “Matar te hace hombre”, me dijiste.

 

Creías que serlo era irse risueño de caza

empuñar un rifle a un corazón con astas

 

   reventarle el cráneo a la vida

 

tú piensas que eso que se inventa el bosque es un hombre

y me llevas a cazar contigo para que lo vea

 

me enseñas a dispararle a un árbol

a una nube todavía niña en mi cerebro

 

   porque pienso demasiado fácil, dices

 

       porque pienso cosas que se atraviesan

 

Y en cambio un hombre no arde de útero

 

         dice la-madre-coja-de-las-axilas

 

ni sangra en los pasillos

ni riega su leche sobre las ecografías abiertas

ni se mete el dedo índice

   para tocar a Dios

en un volcán de pelvis.

 

Una hija mata

pero como un hombre respirando al revés

en mitad del bosque.

 

Un amor umbilical rodeándote la manzana:

 

   una hija es un ojo que muerde

   —una mandíbula de leche—

   un anzuelo al cielo de los cabellos

 

Por eso “pesca la muerte”, dice mamá lamiendo la escopeta

 

   “caza la vida”

 

como una hija que es un hombre y una cabeza

como un río en una sábana de dientes mastodónticos

y el sexo abierto de las balas

goteando sobre la encimera.

 

 

 

2

 

Hora de huir

de la madre.

 

El origen es una aguja

escribiendo los nombres de los muertos

en las pupilas de los peces.

 

   Ceguera oceánica.

 

Sin imagen sólo queda el sentido de lo invisible

y una punta sangrienta como línea de salida a la superficie.

 

Mientras tomas aire

la escritura se humedece de futuro.

Tomado de:

https://periodicodepoesia.unam.mx/texto/una-hija-es-un-ojo-que-muerde/

 

 

Del Libro de los abismos

 

Negro es el páramo donde caen las focas como meteoritos de mar

nadando sus oquedades en el pecho gigante de la hierba de tu exilio

Sus fósiles encenderán la lámpara de tus sueños y esa voz

que vuela alrededor de los volcanes

te mostrará el pasado como resina de insectos:

una piedra que no puede ser iluminada

enterrada al fondo del sol

 

 

 

De Mamá Cólera

 

                                           *

Tus golpes caen sobre los abetos derribados en mi cabeza.

             Los llamo Erinias porque hieden a montaña

 

                                          *

            Después de limpiar a tu niña con mi lengua

    tomé su cuerpo ahogado de galaxias y lo desmembré

            para regar su gloria cósmica sobre mi sombra

 

                                        *

            Por campos y llanos cayeron sus costillas,

                                          vértebras

                                       y omóplatos,

    y de los árboles colgó su carne ondulando sangre

 

                                       *

Cabalgaste la tierra recogiendo los fragmentos de mi hermana:

    los hallaste junto a los peñascos y los volcanes,

          ocultos en las cuevas y en la maleza,

    y te preguntaste si habría alguien de este mundo

          que pudiera juntarlos en la luna

 

 

De Botánica de Quincy

 

Hago el amor con tu muerte

 

Me desnudo sobre el silencio como un ave destripando su destino

completándose, por fin, en los amplios jardines familiares,

naciéndote ecuestre en los galpones del llanto de mamá quemado al rocío

 

Hay cientos de gaviotas en el orgasmo de tus dientes lloviendo la neblina

Se vuelan al paso de los termómetros en nuestra sangre purísima de fiebre;

llenan las jaulas de biberones para el chacal hambriento de los bosques

 

                        Haré con tu muerte una obra incorruptible

                          a dos metros de altitud bajo mi sombra

 

Yo quise morderte los ojos con los que veías mi fuerza como una hoz

cortando la arquitectura de tus desiertos soñados en la nieve,

pero ahora veo mi cuerpo en la luna donde te enterré ya rota de mí

y como un monstruo común te lloro de belleza

 

Te lloro acabada y completa en la taxidermia de los volcanes

Tu saliva se seca dejando una línea de mantarrayas en

dirección a las orquídeas: ellas nadan cortando el cuerpo de

Dios de espaldas a la tormenta del mundo

 

                 Todo lo oscuro y lo abundante aterriza como una caricia

                                          sobre el espanto de su abandono

 

He aprendido a cultivar un cadáver a la orilla de nuestra cama

                                         |Un cadáver con inflorescencias de sentido

                                                  es tu sangre pura de clavel en fiebre

 

Me dijo que tu muerte era una estrella colgando como una

ventana abierta afuera de la sábana:

 

                     un tambor de agua en la pelvis del tejado,

                una cáscara de mandarina olorosa a vejez solar

         cubriendo los rosetones de tu cuello erguido al tiempo de

                                              las almohadas

 

Yo empujé tu tráquea hacia el paraíso podrido de los buitres

artificiales

                                                   |No hay mayor rebelión que hacerte

                                                   Edén de los pájaros de los misterios

 

Un homicidio, dijiste, es un espectáculo teatral con aves

falsas e instrumentos de Jubal

 

Me siento y aplaudo la memoria entrando hacia el infierno

de tu cráneo como olas incansables de incendios líquidos

 

                                                Cae la cuarta pared en los jardines familiares:

                                                             todo el daño de la luz dialoga conmigo

 

Hago el amor con tu muerte para que abras tus pétalos de

buey desollado sobre mi lengua

 

Huevos negros de mariposas abonan tu flor cadáver como

una escultura en el centro de la ciudad: esperan el nacimiento

de tus rosetones en frente, cuello, vientre…

 

Jubal te compondrá una canción como un grito en la

primavera de los templos

 

                               Dormida regaré un cadáver en mi futuro como un jardín

Mabel,

yo te golpeé para sembrarte un arte vegetal que creciera

entre los mingitorios de los museos

 

Mabel,

yo te golpeé para convertirte en una flor de carne soltándose

a la vida de los anfibios

 

Mabel,

yo te golpeé para que sudaras pestañas eternamente en mi apariencia,

y te hice tanto daño como pude,

y sentí placer mientras te apagaba una vela ancha en los

altiplanos de los girasoles que bucean los días más débiles

del planeta

 

Hago el amor con tu muerte cada segundo desde que te

expandiste sobre el lomo arqueado de Nuestra Señora

Calavera del Poema:

                                                 a un extremo de su erial está mi

                                                 escritura mascando el dictado

                                                 de mi sombra; al otro, tu silencio

                                                 manifestándose en potencia

                                                 magna al vacío

 

Riego tu sangre de clavel en fiebre para que crezca firme

entre los músculos de mi sexo:

 

                                                        el lugar más fuerte y sensible al vértigo

 

Allí me creces apagada como un tallo de ceniza junto a los

crisantemos;

 

puños de carne que cuelgan de mi conciencia y rodean tu

frágil resurrección en el patio de las cigarras

 

Se levantan tus restos entre los rombos para darle paso a la

ingeniería de la poesía,

 

                                     y dices molesta hacia los corales:

 

–Existe una teoría de la leche que explica por qué un pájaro

de hielo y un pájaro del misterio vuelan en direcciones

opuestas al mismo punto cardinal

 

Te hundo en mi sombra y te conservo como a un tiburón tras los

cristales del invernadero

 

–Una teoría de la leche es una teoría del poema y también

de lo imposible. ¿Quieres morarme en lo que no puede ser?

 

                                                                 Mabel, hago el amor con tu muerte

 

Te escucho obra y eterna en la escritura donde encontré la

mortalidad de los gladiolos,

                                   y te senté en mis rodillas,

                                         y te hallé amarga,

                                             y te injurié

 

Te lloro de belleza, Mabel

 

 

De Epílogo

 

La poesía es un claro de cielo difunto

    goteando sus blancas inquietudes

sobre la desnudez de los sobrevivientes

Tomado de:

https://wp.nyu.edu/gsas-revistatemporales/historia-de-la-leche-poemas-de-monica-ojeda/

 

 

PRIMERA EXPERIENCIA DE LA CRIATURA SIN ROSTRO

 

1. El quebrado mundo

 

Como cuando me llovió un océano con la sangre de mis hermanos sobre el ancho lomo y levanté la conciencia hacia el centro del espejo. Así aprendí a respirar la primavera bajo la piel abierta de quienes alguna vez me amaron, y dije que ninguna imagen ni olor ni sonido articulado podría hacerme sentir nunca lo que era romperse encima de algo vivo | ninguna palabra podría comunicar el sentido de la fragilidad cayendo sobre la fuerza y bañándola de eso que la hace fuerte: la debilidad de los pétalos ardiendo el cielo, las raíces del relámpago encarnando el árbol. Toda la brutalidad estaba en la vida que era ternura empozada en la violencia, por eso el mundo se partía como los dientes de una casa enterrada en la herida de un niño.

 

 

 

SEGUNDA EXPERIENCIA DE LA CRIATURA SIN ROSTRO

 

2. El callado abismo

 

Ocurrió entonces que las palabras trepaban nuestras pezuñas como tarántulas cojas queriendo renombrar la vida, pero nosotros, hundidos en el callado abismo, nos negamos a volver al estado primigenio donde la lengua importaba más que el lenguaje de las piedras. Hoy el agua horada los párpados y cada mil años una gota deforma la roca que esconde la vieja escritura de los hombres. Los oídos de los otros escuchan sus asperezas rendidas | nuestros ojos rasgan la dura materia de las cuevas donde nacimos. La discapacidad de las palabras ahora es el poder de la precariedad cubriendo los cuerpos con conceptos limitados sobre la naturaleza del paisaje y sus sonámbulas criaturas. Por eso en la claridad del silencio perfeccionamos movimientos que fueron la forma de decir más pura de nuestra especie y también el inicio de una civilización despojada de la gramática heredada. Los hombres y las mujeres de afuera, sin embargo, pelearon por el orden de las tarántulas para nombrar la naturaleza vencida de las bestias sin lengua. Ellos definen el amanecer de los cedros revestidos con las garras perdidas de los animales: nosotros hallamos el sentido de la guerra en la forma de sus huellas.

 

 

 

TERCERA EXPERIENCIA DE LA CRIATURA SIN ROSTRO

 

3. Los atrapados párpados

 

Abro los párpados detrás de mis costillas para ver con el cuerpo la verdad descubierta en el centro del espejo: no existe un camino que me lleve al interior de mis hermanos. Cualquier movimiento es hambre en la verdad y en el espacio sin nido que guarda todo lo que no sé que me habita. Ese vacío espectral colgado de la esquina más árida me llena de relojes rotos en el cosmos de la respiración agitada de un jilguero. De esta manera las hojas se arrastran por las vías de un tren de leche hasta quebrarse en mi ausencia de rostro y hervir en mi vientre el cascarón de la intranquila noche. El frío es una extraña bicicleta sobre la que trepamos la distancia a la pregunta antes informulable: ¿cómo cavar con los ojos todo lo que es cierto?

 

 

 

CUARTA EXPERIENCIA DE LA CRIATURA SIN ROSTRO

 

4. Las ciudades renacidas

 

Cientos de bloques crearon los caminos de antes con paisajes controlados por la nueva tecnología: la escritura del amor y de la derrota | dos escrituras hermanadas en el castigo de abrir las puertas de las ciudades renacidas. Diseñaron el círculo olvidado de la especie que se nombra. Construyeron en su nombre la única cárcel de la naturaleza. Los sabios temieron el regreso del tiempo: dijeron que escribir era como ir rompiéndonos para nacer de afuera hacia dentro y gritar al interior toda la luz de los olmos. Bajo esa claridad yo escribí mi cara al menos una docena de veces en la soledad de los viejos caminos de paisajes vigilados. Así nació la máscara # 1.

 

 

 

MÁSCARA #1

 

Mi rostro es una columna desvencijada;

una hernia en la velocidad del miedo que

me impulsa a matar hasta los más bellos insectos del silencio.

Ellos reproducen el ruido de la nada sobre los pedazos de mi cara.

El rostro es eco en la construcción de lo invisible

bajo los labios cosidos de nuestro último amanecer.

Pero el viento golpea con la tierra del llanto de las bestias

mis mejillas quebradas al sol:

               ahora nidos carnosos se alojan en mi alma.

El monstruo y la persona

habitan la misma línea que parte la materia

en dos hemisferios míticos

de pulmones que respiran el aire de otras regiones

desplazadas más allá del sur.

El vacío de mí no es un abismo

pero posee el corto cielo de las cabezas de los animales

y el silencio que descompone

las piezas de mis mejillas quebradas al sol:

               ahora hay nidos carnosos alojándose en mi alma.

En este mapa se trazan los límites de los fragmentos de mi semblante:

arriba o abajo es un espacio que no existe.

Toda descripción que nace de la observación

es luz y excremento.

Tomado de:

https://www.auroraboreal.net/literatura/poesia/2238-poesia-de-monica-ojeda


domingo, 3 de noviembre de 2024

POEMAS DE LUDWIG ZELLER

 


DOBLADO EN DOS SOBRE LA MESA ESCUCHO

 

Doblado en dos sobre la mesa escucho, cómo suben

Y bajan las poleas. Tantos años perdidos sobre ese polvo

Seco que ensordece. A veces en la noche me pregunto

A mí mismo por los muros salobres y empiezo a sollozar.

 

¿Para qué tanta angustia, tanta estrella girando

Hecha una brasa en los cielos de ayer? Me recuesto

En la plancha, dura como un madero de difunto.

¡No hay respuestas! Si pudiera tan solo hacer al fin un nudo

Con palabras capaces de dar cauce al alarido, ese recuerdo

De los seres ciegos, que no logro olvidar.

 

Pero ahora por fin, siento extendido el cuerpo

En un río de marfil tibio que sonríe, ondula y se pregunta

Por las líneas del techo, los clavos y el porqué.

Jamás mi mesa

Ya será una mesa, ahora entiendo, bajo la tersa piel

Fluye la sangre. ¿Escuchas? Recorrer estos límites

Es encontrar a Dios, llegar hasta ese borde del desierto

Que encabrita a los vientos. Ha empezado a llover.

 

Imágenes en el ojo llameante, 1999.

 

 

«LA COLA ES AL COLLAGE…»

 

Al poeta Juan Jorge Bautista

 

Ya he recortado todos los papeles. He llegado

A ese borde de los años cuando se mira atrás en el fracaso.

Todo está derramado por los suelos, cuchillos y colores y papeles,

Esperando que vuelva con mi nudo de fiebre en las orejas

Y peque para siempre una pata de pájaro a la luna,

Un sol al ojo, un verde al amarillo.

 

Cae el polvo. Escarbando, escarbando encuentro a las beatíficas

Señoras, sombreros y botines, ropa interior de cuero.

¡Qué carajos!

Todas apolilladas en las tumbas,

Semillas de otro sol, el grabador les dio cien años

Más y puedo verlas recorrer esas páginas

Del libro y Ser otras, casi las mismas mariposas.

Las tijeras no juzgan, cortan trapos de tinta y salta el escorpión

Que guardaban secreto entre sus piernas.

Ahora no recuerdan,

Sólo son mitad máquina, mitad hembras. Muestran su corazón

Tras de las plumas de un abanico que arrebata el tiempo.

 

Imágenes en el ojo llameante, 1999.

Tomado de:

https://poeticas.es/?p=5441

 

 

Insomnio con escamas

 

Un pez cruza mi sueño cada noche

Y abre un túnel de incienso en las almohadas,

Sobre el vidrio que es piel, que corta el aire

Pega después sus párpados, escucha: las aguas me rodean

De una a otra pared siento temblar sus hojas cristalinas.

 

¿Todo está aquí? ¡Respóndeme! Ola de vientre

Oscuro, signos que alguien dibuja allá en el fondo

Como estrías del mismo espejo siempre.

Si venimos del pez, del hueso ardiente

Empeñado en abrirse en sus espinas, si no hay piedad

Si en el estanque pasan la red día tras día,

¿En dónde están los ojos que nos miran, en dónde la raíz

De ese lamento, las ascuas del insomnio en las agallas

Que se inflan, se prolongan, buscan un metal frío?

 

De ese país que lentamente se alza en las paredes

Secas del día y las semanas salen a recibirme las escamas,

Me incorporo entre llagas, pregunto por amigos

Que no existen, que son polvo molido por la lluvia,

Me pesa cada trozo, cada porción del alma que recuerdo.

 

¿Estáis allí?, pregunto. ¿Estáis allí? Invisibles

Golpean las agujas en el telar sediento

De la imagen y los vidrios se quiebran, se endurecen

Sobre la cicatriz de la corriente. Veo lágrimas

En el rostro final, el pez que vuelve cada noche en sangre

Que respira en mi almohada, que se quema en mi oxígeno

Y despierta...

 

                                                   Tras el vidrio estoy solo,

Tal vez en otro sueño, dando gritos.

 

 

Muñecas del desierto de Atacama

 

 

para Estela Lorca

 

Las encontré allá al fondo de una vasija rota,

Venían arropadas con los viejos tejidos de sus muertos.

Sonreían al paso de mi mano, era como si hablaran

Me contaran secretos tras de la lana de sus ojos negros

 

No sé ya qué decían, las tres en un jergón de palos aromáticos

Simulan el encanto tras el dibujo arcaico de ese pájaro

Errante que en cada vida nos parece eterno, ese que vuela

Desde una vida a otra arrastrando las flores del deseo

 

Yo nací en el desierto, los oasis son quizás sólo una ilusión

Espejismo que ofrece la piel de la adorada, encantamiento

De creer que podremos detener el tiempo y sostener delante

De los ojos el fuego de esa imagen, aquella lava que desaparece

 

Aquí sobre mi mesa están aquellas locas, las que volvieron

De la edad antigua esa nube de luz sobre mi infancia,

Las veo sonreír, reírse a carcajadas de las dudas que tengo

Mientras el viento mueve en mi cabeza sus coloridas faldas.

 

Ellas duermen también y allí en el sueño las encuentro

Sedientas de pasión, ellas queman los días con la sola

Mirada, los días y los años que ha dispersado el viento;

La lujuria que enciende el tictac del instinto bajo el pecho.

 

Estoy viejo y cansado, los caminos se cierran sobre la tierra seca,

Quizás la sangre añora el color de esos pétalos, misterio

De repetir un rito milenario, beber desde sus bocas

La dulzura de abuelas ya difuntas, muñecas locas,

Vasijas del amor de donde vengo.

 

Ludwig Zeller (Río Loa, 1927)

Tomado de:

https://lacomparecenciainfinita.blogspot.com/2018/10/ludwig-zeller-tres-poemas.html

 

 

Laberinto

 

Abro mi cráneo en dos, trato de recordar y apenas veo

 

Pues bajo el sol que hierve no hay salida,

 

Condenado por fin, entre las sábanas me río a carcajadas

 

Pongo mi oreja en el reloj y escucho cómo cae la arena en los embudos.

 

 

 

¿Es que ya nunca, nunca volveremos al patio

 

De la infancia? ¿Hasta el ojo más dulce es solo brasa

 

Que nos quema por dentro? ¿No habrá piel,

 

No habrá mano que se abra en la caída? ¿Por qué los gatos

 

Tendrán que devorar esas plumas que cantan en la nieve?

 

 

 

Quizá solo yo cambio de pieles

 

Y llagas cada día. Quizá no pueda despertar

 

Ya nunca en la caja de tierra y de vinagre,

 

Quizá la tempestad bajo los párpados

 

Es tan solo impotencia o es fastidio.

Tomado de:

https://www.milenio.com/cultura/laberinto/abro-mi-craneo-en-dos-un-poema-de-ludwig-zeller

 

 

AGUJA DE HIELO

A. Beatriz

Hay que haber visto haber sentido sobre la cabeza ese aguijón

Atroz cuando las aguas se tornaron filos, se endureció la voz

Y como un dardo colgaba amenazante en la ventana.

Crecía cada noche, era un inmenso ser de mil pupilas fijas,

Caía el agua despeñábase por las uñas soplaba

El viento de la pesadilla y crujían los dientes de la aguja.

Una tarde, en oblicuo tocó el pálido sol su piel de hielo

y se tiñó de sangre el cuerpo transparente, recordó muchas

Vidas cuando cayó cantando en cataratas, cuando era mar,

Partícula de nubes o perlas de sudor sobre una frente.

Allí estaba el lanzón de hielo retorciéndose en luz

Como al sonido de una in audible música, que otros filos tocaban

Con sus puntas haciéndolo sangrar en la caja de frío.

¿Quién tocará mis garfios?, me pregunto, ¿la sed de mi carroña

Que cada día arrastro por el mundo cada vez más oscuro, más vacío?

¿Y quién como al azar soplará allí en mis huesos hasta hacerlos

Cantar lo que han sabido siempre, que el amor es sólo una llamarada

Y al tocamos convierte el hielo en pétalos que laten?

 

 

VISIONES Y LLAGAS

Más nos valiera no oír aquel estruendo

o cosernos los párpados para no ser

cegados por la visión, ya que el hombre

no es sino brasa humeante,

un espejo que sangra en su raíz.

Cerrojo tras cerrojo cuerpo a cuerpo

Se grabaron los días abrieron como labios la cizaña

Escarchadas las mantis saltaron de una edad

Hacia la próxima grandes devoradoras de la muerte

Trilladoras oídme aquí está el más allá

Sopla la arena del rencor deslían las murallas

Donde miríadas de manos tratan de asir tus flancos

Goznes hechos de plumas filos bajo la piel

Veo que ella pregunta por imágenes roncas tintineo de anillos

Cuando el ópalo incrusta su mensaje en la carne

Las heridas que pliegan trigales en el viento

Yo sueño con botellas llenas de sal violines

Cuyo vidrio adelgazan las llamas de esa carroza de hojas

Perdida en los mercados de la mirra extraviada te arrastran como oveja

Hacia el nido de espejos te recuerdas de pronto a grandes gritos vuelves

A vivir de tus sueños fruta vertiginosa en los dientes del tigre

Conjuro que repiten las olas revolviéndose piel sembrada

En los días enciéndeme la hoguera hecha de huesos rancios

Echada sobre el yunque esa esfinge de fiebre

Por las uñas las uvas de temblor los pezones al rojo

Relojes de placer alzan colmenas piden lo imposible

Migración del enjambre hacia el presente eterno

Alzando las dos piernas hacia la llama azul

La navaja que busco hace mil años extraviada en tus pliegues

De cebolla lunar para mirar la exacta la geométrica curva

De tus pechos pulidos por el estruendo del mar esas conchillas

Del odio-amor del amor-odio de cardúmenes ebrios

Sobre la playa donde tú pasas en el carro de escamas

Adelanto mis voces mi llamado es el de aquel que pisa

Allá en el fondo de los mares helados la costra transparente

Ese andamio tendido en lo ignorado muro cerrado alguna vez

De golpe olas petrificadas en la edad del cuchillo

Rebanamos el cuerpo infinito de la luz y escuchamos

Las abejas zumbando me recuerdan un cántico

De ojos desenterrados y cubiertos de nudos sobre la sartén

En donde año tras año va quemándose en salmuera mi vida

Criatura feroz ídolo sentado sobre sus vísceras

Soñando y devorando nuestros propios engendros

Sobre la gran espera de remotas edades siento llover

Y el agua no es ilusión sino llanto vertido allá en los años

Donde crece la estrella chagual la cineraria ardiente

El verso de mil venas cortado y en el tajo la Palabra

Sonora y ya sin límites que irrumpe en el país de sordos

Donde es orín el oro con sus dardos donde brama mi vida

Bajo los abanicos de rencor los ramos de marfil

Sonando ya sin raíz sin sangre en el hastío de la injusticia

La matanza de los puros tibios como el arroz

Repartido en ajorcas para la más bella escudillas

Del llanto en ese río ocre tormentoso del dolor

La geografía láctea golpeando sobre el párpado de la cebolla

Grande como el corazón aquel puño cerrado del tormento

Colgamos pieles en el tiempo en un deseo tórrido de vivir

Sobre la cresta de un volcán juventud galopada en el pelo

Negro de las águilas huracanes que llevan fardos verdes

Dime qué manos mueven estas cuerdas en lo alto

Revolviendo la sopa nocturna en la que llueve sangre

Y en la que soy tan sólo madero a la deriva

Golpeado arrastrado junto a los malecones del trabajo

Cretinizante que hace correr la tinta lenta mancha

Que ya no lavará marea alguna ese tajo en el vidrio

Donde el grafito empolla los espejismos sobre el cuero

Lanudo de la oveja los días de tu amor cruzan mi vida

Enhébrame en la rueda que anuncia un gran sol pálido

Extiende abre tus piernas que terminan en pezuñas

Sabiamente labradas por los nómades adoradores de la fiebre

Esos que pulen con piedras tu delirio multicolor

Cuando el rubí da vueltas en la garganta degollada

y late crepitando temblando ensordeciéndose

Hasta ser sólo el centro hueco del silencio

Dioses domésticos dioses cotidianos molidos

Hervidos en el gran río negro al interior del ojo

Empolvados también por el olvido en cualquier subterráneo

Donde crecen correas y tiras de metal aquella fiebre

Que me recuerda la extensión tibia de tus brazos

Por los que trepo pulpo morado de la locura

Arremolinando quemando los recuerdos de raíz esos pesados pétalos

Que alza un nuevo Crusoe en el verano de imposibles

Las solitarias playas de la demencia donde siempre está solo

O es visitado por el pájaro del delirio que vuelve cada cien años

Los violines que arrastra la marea ese chirriar ceremonial

Del terror en la amarra de cintas al final de un hueso

El uso de la púrpura entre pueblos idólatras ensayando

Repitiendo ese canto de vaivén sobre el sillón mecánico

y bestial de la tortura alegres hasta el duelo sordos

Como hielo en la desolación mayor el desmantelamiento

De la vida la llama que es un nombre del otro lado de la piel

Donde el pájaro mítico habla en lenguas distintas

En las lunas del espejo aquel ojo sin cáscaras

Sangrando y deshaciéndose en la jaula de pomas

Imaginamos el no ser como agallas fuera del agua

Esas planicies en donde reina el gallo atroz vertiginoso delirante

Con sus matracas de cuero pegadas al esternón

De plata roída que le aprieta desde aquel otro tiempo

Adverso y agridulce como el sabor de higos secos en los caseríos

De la costa donde los ciegos van aprendiendo a cantar

Encaramadas en la punta del verbo esas cuencas vaciadas de

Hornero

Azulando en el extremo de las cañas su letanía de preguntas

Hechas para beber la imagen mítica del viento no entendiendo

Si es preferible ver o coserse los párpados sobre el globo del ojo

Quietos por el terror sólo las moscas zumban sobre nuestras llagas

El origen de todo canto está en el sueño floreciendo

En lo oculto esa miel de mujer amnesia del sonámbulo

Reloj con sexo de campana tañendo en el vendaval

Nombre secreto grabado bajo el hueso del paladar

En los embudos de cartón la tiza arrastra sus inscripciones rancias

Girando sobre un cráneo de números transparente y real

Esos vasos de tormenta moviendo dados tibios

Sobre la luz rugosa de la memoria el recuerdo del amor

Ven dime de la semilla que llevas para reír

Juguete delirante hecho en los días esperanzas para armar

Cubiertas de cenizas escuchamos las llagas incurable espejismo

Tras los velos la amargura en las pinzas de toda realidad

Tú te alzas sobre el carro engranaje de vértebras

Tan real como el paso de la sombra sobre el corazón

Alas abiertas en dos en cuatro en ocho tendido al infinito

De los muros que se abren al espanto y al grito ¿para qué?

Líbrame de tus bordes de tus filos coléricos

Cuando pregunto como res al final de todo desfiladero

Empujando mis animales en el sueño buscando una salida

Al otro lado de la luz mordiendo aquella cáscara de lo real

Nuestro alimento son bellotas en el hocico del puerco

Cuando pienso en El Pródigo y recuerdo aquel viejo grabado

Con una ventanuca hacia la infancia intacta eterna

Y luego el padre que lo acoge bajo el manto porque fue más allá

De toda renunciación que es el permanecer en esta muerte

Donde todo se mueve a la velocidad de los actos

Y cada uno tira desde un hilo en el espejo cóncavo y escucha

Tambor oscuro sobre el que golpeamos y era mi corazón

Mi viejo corazón que de improviso tenía mil años

O diez mil más que todos sus latidos

Como grulla saltando sobre el granero en llamas

Embrujo de tu piel atormentada atormentadora

Ídolo de mil caras repetidas y multiplicadas

A la luz del diamante caes y subes en perfectas esferas

De geométricos cánticos que esparcen la vida

En multitud de ramas alrededor de la fuente

Esa cabalgata de los insectos de a caballo en la muerte

O el terror bajo el pelo irisado del racoon desnudando

A la bella de todas sus espinas bajo la catedral

De hielo esa quietud esa nostalgia de lo que ha de venir

Otras luces pedimos cuando cerca de nosotros

Corre el agua hasta hacemos cerrar los ojos en lágrimas

Fluye la vida como tinta va nuestra sangre al mar

Al revés de Dios al vinagre cuando escucháis

La gran campana tañendo en esa edad de los reptiles

Servidos a la mesa como garras en el limón

Poco a poco se mueven bajo la luz hirviente de los ópalos

La postrera ilusión está en ti lluvia que enciende

Aquella levadura de mujer frágil como la realidad y como aquella

Sólo un ruido de pétalos llevados por el viento

A la otra orilla ¿quién nos espera allí?

¿Son sólo ascuas que humean las palabras?

 

 

RELOJ DE OREJA

Mi padre abrió un reloj y sus mitades derramaron

En el blanco mantel esas múltiples ruedas cortadas como orejas

De ese monstruo mecánico que en secreto aúlla cruzando

Las esferas donde ríese el rostro de minutos y horas.

No llegaron a armarse de nuevo las diabólicas partes

Y el tiempo corre libre allá en mi infancia.

¿Que los años pasaron?

No recuerdo. Tantas veces al hacer un poema, al enganchar

Palabra con palabra, imagen con imagen, he vuelto a desgarrar

Los negros numerales que aprisionan al hombre que en mí vive

Y sus pedazos los he arrastrado al mar, flotan en trozos, se hunden,

Son tan sólo pequeños rodamientos, briznas que el viento

Hace volar, papeles que retornan y son la nada hueca en sus rincones.

Al fondo del collage escucho a veces cómo mi padre ríe

A carcajadas, no existe ya el opaco tiempo milimetrado y podemos

Volver a aquella mesa en la cocina, escuchar cómo canta mi madre

Aquella melodía del silencio y ver al fondo de aquellas pupilas

Ese mismo milagro, esa gracia fugaz con que los niños miran

Las tijeras que al brillo van cortando relojes en la arena.

¿Quién podrá liberamos de esa campana ciega? ¿Del atroz mecanismo

En que me escucho sollozar a mí mismo? La yegua desatada

Del misterio galopa allá en lo oscuro. Escondido en las ramas

Del pimiento oigo gorjear los pájaros. Pasó la eternidad. Sin despertar.

Con los huesos blanqueados por el frío, allí estoy esperándote.

 

 

QUEBRAR LAS MÁSCARAS

A. Arturo Schwarz

Todos los objetos visibles, hombre, no son sino máscaras de cartón.

Pero en cada evento -en la acción carente de dudas- allá, una cosa

desconocida y sin embargo razonante presenta las molduras de sus

rasgos tras la máscara que no razona.

Memoria de los rostros

Braman los cardos zumban sobre la cabeza que permanece oculta.

Lobo masticador de las amarras, ¿qué bordados te impiden huir

Bajo la noche? Piel melancólica, la solitaria sobre la vertiente,

Tan dura en su pesar mientras el tiempo mueve las imágenes:

Me ves te veo, ¿sobre tu rostro cambia de harapos el relámpago?

La cabeza bifronte estalla en la llamas y desde el borde saltan

Sus aristas coléricas. Veo la máscara pero no los ojos,

Escucho el cuesco pero no la almendra, los colores, los rictus

Ovillan en un saco sus hilos, su pesadilla lenta

Su lobo violín, sus tatuajes que en círculos descubren

Un hueso empapelado: bajo las letras ciegas brota sangre.

Sobre el rostro quebrado corre el agua que es verde.

¿Florecerán los ojos que enterraste? Al fondo, más al fondo

Alguien está llorando. Las corontas del viaje me recuerdan

El país arbitrario de tus pechos, cataratas secretas al abismo

Los juguetes te incendian el cabello de los últimos días.

Explícame los pájaros por el dibujo de su sombra,

Tus actos por los vidrios de plumas delirantes. ¡Deja que bajen!

Deja que picoteen en tus ojos que saltarán por fin

Hacia otro espacio dando vueltas; quizás logres juntar

Todos los hilos en un racimo negro vas ahogando en tinta las almendras.

La máscara sin máscara que enmascara a los otros,

Los que esconden la cara del que en los sueños mira

Allá a lo lejos una luna trizada sobre el charco de sangre.

El destino se quema, irremediable, de una vez por dos puntas.

 

Ejercicio con máscaras

Mi viejo amigo, a veces mi enemigo con un clavo de hierro

Incrustado en la frente, “sin decir agua va” se atusa

Los mostachos de gato devorando a invisibles, a lúbricas

Danzantes que él tiene aún inyectadas en sus fijas pupilas.

El cigarro de palo que mastica no entiende la razón de quien lo muerde.

El otro tiene un nombre que es secreto, una sentencia escrita

Debajo de su lengua, larga como una llama cuando anima los cuerpos,

Quiere danzar pero sus crines mueven un tropel de caballos

Que no pueden volver, que conjuran las olas allá lejos

Como una tentación; lo paraliza el miedo, su copra y su betel.

Todo de negro ríe el monje escondiendo su rostro, el transitorio

Que ha de mirar el último espejismo en el ecrán cambiante

De la vida. ¿Si todo era ilusión, qué estamos viendo?

Una sonrisa eterna se ha cuajado en cedro: ¡ahí está su verdad!

Todos son sólo máscaras, sólo son huecos que perfora el aire

Esa certeza de una piel, un labio, una centella derramada

En lo oscuro donde acecha el insecto que atenaza a la muerte,

Esa otra máscara que en sus huesos desnudos se lamenta.

Adorable presencia

Rompa tu rostro el nudo y que mis yemas puedan tocar

Por dentro esa mirada, adorada presencia, pelaje de las lunas

Donde mujer, queman los días sólo una apariencia, un reflejo en el agua

Vertical de tus huesos pulidos por el polen de miríadas de estambres.

Baterista incansable, sobre nosotros bate cuajarones el polvo.

Levántate la máscara, quiero sentir la lluvia de la vida, ¡caed lágrimas!

Tomado de:

https://www.imced.edu.mx/Ethos/Archivo/43-225.pdf