domingo, 30 de abril de 2023

POEMAS DE LORD-JOHN-WILMOT


EL IMPERFECTO GOCE

Desnuda ella yacía, apretada en mis anhelantes brazos,

me llené de amor, y ella por todos los encantos;

ambos igualmente inspirados con fuego ansioso,

derritiéndose a través de la amabilidad, ardiendo en deseo.

Con brazos, piernas, labios cerrados, abrazados,

ella me sujeta al pecho y me chupa la cara.

Su lengua ágil, el rayo menor del amor, jugó

dentro de mi boca, y a mis pensamientos transmitidos

órdenes rápidas que debo preparar para lanzar

el rayo que disuelve todo a continuación.

Mi alma revoloteante, surgida con el beso punzante,

se cuelga flotando sobre sus aromáticos costados de felicidad.

Pero mientras su mano ocupada guiaría esa parte

lo que debería transmitir mi alma hasta su corazón,

en éxtasis líquidos me diluyo todo,

derretir en esperma y derrochar en cada poro.

Un toque de cualquier parte de ella no había hecho:

Su mano, su pie, su aspecto es un coño.

Sonriendo, ella reprende en un amable murmullo,

y de su cuerpo limpia las alegrías viscosas,

cuando, con mil besos deambulando

mi seno jadeante, «¿Entonces no hay más?».

Ella llora. «Todo esto por debido amor y éxtasis;

¿No debemos pagar también una deuda por placer?

Pero yo, el hombre degenerado más triste y vivo,

para mostrar mi deseada obediencia, lucho en vano:

Suspiro, ¡ay! Y beso, pero no puedo girar.

Deseos ansiosos confunden mi primer intento,

Tener vergüenza tiene más éxito para prevenir,

y la rabia por fin me confirma impotente.

En su mano justa, que podría ofrecer una venida de calor

a la edad gélida, y hacer arder fríos ermitaños,

aplicado a mi querida ceniza, no se calienta más

que el fuego a las cenizas podría restaurar las llamas del pasado.

Temblando, confundido, desesperado, ágil, seco,

un bulto que desea, débil e inmóvil, miento.

Este dardo de amor, cuyo punto penetrante, a menudo probado,

con sangre virgen han muerto diez mil doncellas,

¿Qué naturaleza sigue dirigida con tal arte?

Que a través de cada coño llegó a cada corazón

tieso resuelto, invadiría descuidadamente

mujer u hombre, ni debería mantenerse su furia:

Donde lo perforaron, un coño que encontró o hizo…

Ahora lánguidas mentiras en esta hora infeliz,

encogido y sin savia como una flor marchita.

Tú, traicionero, asiento desertor de mi llama,

falso a mi pasión, fatal a mi nombre,

a través de qué magia equivocada te pruebas

tan fiel a la lujuria, tan falso al amor

¿Qué puta común de ostras, mendigo, mendigo?

¿Has fallado alguna vez en toda tu vida?

Cuando el vicio, la enfermedad y el escándalo marcan el camino,

¡Con qué prisa oficiosa obedeces!

Como un rudo y rugiente Héctor en las calles.

Quien se pelea, se da puñetazos y castiga a todo lo que encuentra,

pero si su rey o país reclaman su ayuda,

el malvado villano se encoge y esconde la cabeza;

incluso así se muestra tu brutal valor,

rompe cada guiso, invade cada pequeña puta,

pero cuando el gran Amor, el comienzo sí manda,

base recreante para tu príncipe, no te atreves.

La peor parte de mí, y desde ahora odiaba más,

por toda la ciudad un puto puesto común,

en quien cada puta alivia su hormigueoso coño

mientras los cerdos en las puertas se frotan y gruñen,

que tú, a los hambrientos chancros, seas una presa,

o al consumir llantos se desperdician;

que el estrangulamiento y la piedra atiendan tus días;

que nunca orines, que se negó a gastar

cuando todas mis alegrías fueron falsas, depende de ti.

Y que diez mil dolores más capaces estén de acuerdo

para hacer lo malo, Corina, bueno para ti.

Tomado de:

https://barbaspoeticas.com/2020/06/21/el-imperfecto-goce-de-john-wilmot-conde-de-rochester/

 

 

Amor y vida: una canción

 

Mi vida pasada no es ya mía,

Las horas que vuelan se han ido,

Transitorios sueños terminados,

Cuyos recuerdos son guardados

Tan solo en la memoria.

 

El tiempo por venir no está;

¿Y cómo habría de ser mío?

El presente es todo mi señorío;

El instante que llega y se va,

Filis, es sólo el tuyo.

 

Entonces no me hables de votos,

Corazones falsos o juramentos rotos;

Si, por milagro, contigo puedo estar

Estos instantes fugaces, pero ciertos,

Eso es todo lo que el Cielo nos da.

Tomado de:

http://leopoldest.blogspot.com/2011/09/el-libertino-y-decadente-john-wilmot.html

 

 

Canción de una joven a su anciano amante

Persona antigua, por quien yo

Toda la juventud halagadora desafía,

Que sea siempre que envejezcas,

Dolorido, temblando, frío loco;

Pero continúa como eres,

Persona antigua de mi corazón.

 

Sobre tus labios marchitos y secos,

que como surcos yermos yacen,

Besos melancólicos derramaré,

¿Restaurará tu corazón juvenil,

Espectáculos tan amables en otoño,

Y un segundo retiro de primavera;

ni de ti se separará jamás,

Persona antigua de mi corazón.

 

Tus partes más nobles, que por nombrar

En nuestro sexo se contaría vergüenza,

Por edades heladas apoderarse de possest,

De su hielo se liberará,

y, aliviado por mi mano vivificante,

En el antiguo soporte de calor y vigor.

Todo el deseo de un amante puede alcanzar,

Para tu alegría mi amor enseñará;

Y por tu placer mejorará

Todo lo que el arte puede añadir al amor.

Sin embargo, todavía te amo sin arte,

Persona antigua de mi corazón.

 

 

Epitafio sobre Carlos II

Aquí yace un Rey grande y poderoso,

en cuya promesa nadie se basó;

Nunca dijo una tontería,

Ni nunca un sabio.

 

 

El libertino discapacitado

Como un valiente almirante, en la guerra anterior,

Privado de fuerza, pero presionado con coraje todavía,

Dos flotas rivales que aparecen de lejos,

Se arrastra hasta la cima de una colina adyacente;

 

desde donde (con pensamientos llenos de preocupación) ve

La conducta sabia y audaz de la lucha,

Y cada acción audaz en su mente renueva

su gloria presente y su deleite pasado;

 

De sus ojos feroces, lanza destellos de rabia,

Como de las nubes negras cuando se rompe el relámpago,

Transportado, se cree en medio de sus enemigos,

Y ausente todavía disfruta del día sangriento;

 

Así que cuando se acerquen mis días de impotencia,

Y estoy por la mala suerte de la viruela y el vino,

Expulsado de las agradables olas del libertinaje,

En la orilla aburrida de la templanza perezosa,

 

Mis dolores al fin me darán un respiro,

Mientras contemplo las batallas que sostienes,

Cuando flotas de vasos navegan por el tablero,

De cuyos costados lloverán andanadas de ingenio.

 

Ni la vista de cicatrices honorables,

que mi valor demasiado atrevido procuró,

Asuste a los soldados recién enlistados de las guerras.

Las alegrías pasadas han pagado con creces lo que soporto.

 

Si los jóvenes esperanzados (que vale la pena emborracharse) resultan agradables,

y de sus justos invitados se encogen mezquinamente,

'Agradaría al fantasma de mi vicio difunto,

Si a mi consejo se arrepienten y beben.

 

¿O debería prohibirlo algún conjunto de tez fría,

Con su moral aburrida, las alarmas enérgicas de nuestra noche,

Voy a disparar su sangre contando lo que hice,

Cuando yo era fuerte y capaz de llevar armas.

 

Hablaré de putas atacadas, sus señores en casa,

Los barrios de prostitutas golpeados y la fortaleza ganada,

Ventanas demolidas, relojes vencidos,

Y hermosos males por mi artificio hecho.

 

Tampoco se olvidarán nuestros amores, Cloris,

Cuando cada uno de los apuestos link-boy se esforzaba por disfrutar,

Y el mejor beso fue el lote decisivo:

Si el chico te folló a ti, o yo al chico.

 

Con cuentos como estos inspiraré tanto calor,

En cuanto a las travesuras importantes se inclinará.

Haré que anhelen alguna iglesia antigua para incendiar,

Y no teman las lascivias a las que son llamados por el vino.

 

Así como un estadista, impondré descaradamente,

Y a salvo del peligro valientemente aconsejar,

Refugiados en la impotencia, te insto a los golpes,

Y siendo bueno para nada más, sé sabio.

 

 

No puedo cambiar, como lo hacen los demás

No puedo cambiar, como lo hacen los demás,

Aunque lo desprecies injustamente;

Desde aquel pobre galán que por ti suspira,

Para ti solo nació.

No, Phyllis, no, tu corazón para moverse

Una forma más segura lo intentaré:

Y para vengar mi amor despreciado,

Seguirá amando, seguirá amando y morirá.

 

Cuando, muerto de dolor, Amintas yace

Y tú a la mente llamarás,

Los suspiros que ahora se elevan sin piedad,

Las lágrimas que en vano caen,

Esa hora de bienvenida que termina este inteligente

Comenzará entonces tu dolor;

Por un corazón tan fiel y tierno

Nunca se puede romper, nunca se puede romper en vano.

 

 

Devolver

Ausente de ti, languidezco todavía;

Entonces no me preguntes, ¿Cuándo vuelvo?

El tonto extraviado simplemente matará

Para desear todo el día, toda la noche para llorar.

 

Querida, de tus brazos entonces déjame volar,

Que mi mente fantástica puede probar

Los tormentos que merece probar,

Que arrancan mi corazón fijo de mi amor.

 

Cuando, cansado de un mundo de aflicción,

A ellos seguro seno me retiro,

Donde fluye el amor, la paz y la verdad,

¡Que me contente allí expirar!

 

No sea que, una vez más errando de ese cielo,

Caigo sobre algún corazón bajo sin bendición;

Infiel a ti, falso, sin perdón -

y perder mi descanso eterno.

 

 

El libertino discapacitado

Como un valiente almirante, en la guerra anterior,

Privado de fuerza, pero presionado con coraje todavía,

Dos flotas rivales que aparecen de lejos,

Se arrastra hasta la cima de una colina adyacente;

 

desde donde (con pensamientos llenos de preocupación) ve

La conducta sabia y audaz de la lucha,

Y cada acción audaz en su mente renueva

su gloria presente y su deleite pasado;

 

De sus ojos feroces, lanza destellos de rabia,

Como de las nubes negras cuando se rompe el relámpago,

Transportado, se cree en medio de sus enemigos,

Y ausente todavía disfruta del día sangriento;

 

Así que cuando se acerquen mis días de impotencia,

Y estoy por la mala suerte de la viruela y el vino,

Expulsado de las agradables olas del libertinaje,

En la orilla aburrida de la templanza perezosa,

 

Mis dolores al fin me darán un respiro,

Mientras contemplo las batallas que sostienes,

Cuando flotas de vasos navegan por el tablero,

De cuyos costados lloverán andanadas de ingenio.

 

Ni la vista de cicatrices honorables,

que mi valor demasiado atrevido procuró,

Asuste a los soldados recién enlistados de las guerras.

Las alegrías pasadas han pagado con creces lo que soporto.

 

Si los jóvenes esperanzados (que vale la pena emborracharse) resultan agradables,

y de sus justos invitados se encogen mezquinamente,

'Agradaría al fantasma de mi vicio difunto,

Si a mi consejo se arrepienten y beben.

 

¿O debería prohibirlo algún conjunto de tez fría,

Con su moral aburrida, las alarmas enérgicas de nuestra noche,

Voy a disparar su sangre contando lo que hice,

Cuando yo era fuerte y capaz de llevar armas.

 

Hablaré de putas atacadas, sus señores en casa,

Los barrios de prostitutas golpeados y la fortaleza ganada,

Ventanas demolidas, relojes vencidos,

Y hermosos males por mi artificio hecho.

 

Tampoco se olvidarán nuestros amores, Cloris,

Cuando cada uno de los apuestos link-boy se esforzaba por disfrutar,

Y el mejor beso fue el lote decisivo:

Si el chico te folló a ti, o yo al chico.

 

Con cuentos como estos inspiraré tanto calor,

En cuanto a las travesuras importantes se inclinará.

Haré que anhelen alguna iglesia antigua para incendiar,

Y no teman las lascivias a las que son llamados por el vino.

 

Así como un estadista, impondré descaradamente,

Y a salvo del peligro valientemente aconsejar,

Refugiados en la impotencia, te insto a los golpes,

Y siendo bueno para nada más, sé sabio.

 

 

No puedo cambiar, como lo hacen los demás

No puedo cambiar, como lo hacen los demás,

Aunque lo desprecies injustamente;

Desde aquel pobre galán que por ti suspira,

Para ti solo nació.

No, Phyllis, no, tu corazón para moverse

Una forma más segura lo intentaré:

Y para vengar mi amor despreciado,

Seguirá amando, seguirá amando y morirá.

 

Cuando, muerto de dolor, Amintas yace

Y tú a la mente llamarás,

Los suspiros que ahora se elevan sin piedad,

Las lágrimas que en vano caen,

Esa hora de bienvenida que termina este inteligente

Comenzará entonces tu dolor;

Por un corazón tan fiel y tierno

Nunca se puede romper, nunca se puede romper en vano.

 

 

El espejo de Portsmouth

Creo que te veo, recién resucitado

de tu cama bordada y orinando,

Con semblante estudiado y mucha mueca,

Preséntate ante tu copa,

Para desvanecerse y suavizar esas gracias,

Te frotaste en tus Abrazos Nocturnos.

 

 

Dios bendiga a nuestro Rey bueno y misericordioso

Dios bendiga a nuestro tipo bueno y lleno de gracia,

cuya promesa nadie confía,

Quien nunca dijo una tontería,

Ni nunca un sabio.

Tomado de:

https://www.poeticous.com/lord-john-wilmot?locale=es

 

sábado, 29 de abril de 2023

POEMAS DE JERZY FICOWSKI


No conseguí salvar una vida

Versión de Carlos Morales

   

 

no conseguí salvar

ni una sola vida

 

no supe detener

ni una sola bala

 

por eso recorro cementerios

que no existen

busco palabras

que no existen

corro

 

en ayuda de quien no me la pidió

en un auxilio póstumo

 

quiero llegar a tiempo

aunque el tiempo nos haya terminado.

 

 

De su libro La muerte del unicornio (1981)

Tomado de:

https://poesia-del-torodebarro.blogspot.com/2012/09/no-consegui-salvar-una-vida-de-jerzy.html

 

 

“Descifrar la ceniza”

No fui capaz de salvar

 

ni una sola vida

 

no he sabido detener

 

ni una sola bala

 

así camino por los cementerios

 

que no existen

 

busco las palabras

 

que no existen

 

ofrezco

 

una ayuda que nadie me pidió

 

una ayuda tardía

 

quiero llegar ahí

 

aunque sea a destiempo

Tomado de:

https://medium.com/@edegortari/un-poema-de-jerzy-ficowski-c346385fa6f1

 

 

UNA VEZ JUDÍO

ella tiene un armario del que

lograron salir los vestidos

pero que de todos modos pasaron de moda

 

un sillón del que alguien en algún momento se levantó

solo por un momento

que se convirtió en el resto de su vida

 

sirviendo tazones, ollas llenas de hambre

aún por

usar el

 

retrato completo de una niña asesinada

en colores vivos

 

, además, podría haber tenido algún tipo de mesa negra

en buenas condiciones

, pero no era agradable

 

para algo tan triste.

 

(1979)

 

 

5 de agosto de 1942

TRADUCIDO POR JENNIFER GROTZ Y PIOTR SOMMER

En memoria de Janusz Korczak

 

¿Qué hizo el viejo doctor?

en un vagón de ganado

cabalgando a Treblinka el 5 de agosto

durante unas pocas horas de flujo sanguíneo

sobre el río sucio del tiempo

 

No lo sé

 

¿Qué hizo el voluntario Caronte?

barquero sin remo

¿Les dio a los niños los restos?

de su aliento

y dejar por sí mismo

sólo el escalofrío en los huesos

 

No lo sé

 

¿Les mintió, por ejemplo?

en pequeño adormecimiento

dosis

recogiendo de sus cabezas sudorosas

los piojos asustadizos del miedo

 

No lo sé

 

pero para eso, pero luego pero ahí

en Treblinka

todo su terror todas las lágrimas

estaban en su contra

 

ah era solo

tantos minutos toda una vida

es mucho o poco

 

yo no estuve ahí no lo se

 

de repente el Viejo Doctor vio

los niños se convierten

viejo como el

más y más viejo

tuvieron que alcanzar el gris de la ceniza

 

entonces cuando fue golpeado

por un hombre Askar o SS

vieron como el Doctor

se hizo un niño como ellos

más y más pequeño

hasta que no nació

 

desde entonces junto con el Viejo Doctor

hay muchos de ellos en ninguna parte

 

 

Traducido del polaco

 

Notas:

Lea las notas de Jennifer Grotz sobre este poema.

Tomado de:

https://www.poetryfoundation.org/poetrymagazine/poems/57518/august-5-1942

 

viernes, 28 de abril de 2023

POEMAS DE CARLOS BOUSOÑO

 


Canción para un poeta viejo

 

A Vicente Aleixandre

 

Muy cerca de la vida. Así tu hablar.

Llegaste a viejo cual se llega al mar.

Azotado del viento y de los años

fuiste la vida, no sus desengaños.

Tu voz sonaba a viento y caracolas,

viejo de luz, hermano de las olas,

Conocimiento fue tu reposar.

Llegaste a viejo cual se llega al mar.

Llegaste a viejo cual se llega a ser

la luz delgada del amanecer.

La luz delgada del saber callar,

del saber conocer y callar.

Del saber esperar, callar, seguir

hasta las olas del saber vivir.

Hasta las olas del saber amar

profundamente y como es quieto el mar.

Y como es quieto el mar se pone en pie

la insurrección del nunca moriré.

Y así tu ser, escrito en agua y sal

y en viento fue, y en todo lo inmortal.

 

 

Corazón partidario

 

Mi corazón, lo sabes,

no está con el que triunfa o que lo espera,

con el juramento mercader

que acecha el buen provecho,

se agazapa, salta sobre la utilidad, que es su querida,

 

busca ganancia en el abrazo,

obtiene renta de las mariposas y pone rédito a la luz,

cobra recibo por los amaneceres milagrosos,

por cambiante gracia del color

de una invisible rosa apresurada,

dulce y apresurada

como si fuese un hombre o una llama

o una felicidad humana: sí.

 

Mi corazón no está con el hombre que sabe

de la verdad todo lo necesario

para olvidar el resto de ella,

satisfecho del viento, poderoso del humo,

canciller de la niebla,

rey acaso, pero nunca de sí.

 

Dime que era verdad aquel sendero

 

Dime que era verdad aquel sendero

que se perdía entre la paz de un prado;

aquel otero puro que he mirado

yo tantas veces con candor primero.

 

Dime que era verdad aquel lucero

que se incendia casi a nuestro lado.

Di que es verdad que vale un mundo amado

y un cuerpo roto en un vivir sincero.

 

Di que es verdad que vale haber sufrido

y haber estado entre la mar sombría;

que vale haber luchado, haber perdido.

 

Haber vencido a la melancolía,

haber estado en el dolor, dormido,

sin despertar, cuando llegaba el día.

 

 

Elegía

 

Te he dicho que los hombres no contemplan

el puro río que pasa,

la dulce luz que invade las riberas

cuando fluye hacia el mar el agua casta.

 

Te he dicho ayer…Y yo veo ahora

fluyendo dulce hacia la mar lejana,

mientras los hombres ciegos, ciegamente

se embisten con furor de piedra helada.

 

Con desolada luz vas olvidado,

pero yo te contemplo, agua irisada,

silente amigo, y veo mi figura

triste, mirándose en tus aguas.

 

Amigo solitario:

esto te digo mientras pasas.

Repite luego mi voz triste

allá en las rocas desoladas.

 

Porque has de ver tierras estériles

y muertos sin remedio ni esperanza.

Tomado de:

https://www.zendalibros.com/5-poemas-carlos-bousono/

 

 

El amante viejo

 

¡Amabas tanto...! Acaso

con amargura, acaso con tristeza

lo dijiste. ¡Amabas tanto! En el espejo

viste tu faz que se iba haciendo vieja,

 

y tomaste a decir: «...amor...» Soñabas,

y en la alta noche silenciosa y queda,

lejos se oía lento el rumor manso

de un agua que pasaba mansa y lenta.

 

 

El ciclón

 

Tú que me miras, mírame hasta el fondo.

Tú que me sabes, sábeme.

Porque falta muy poco, porque el tiempo

arrecia vendavales

que se llevan ventanas y gemidos,

besos, ruidos de calles,

este silbido agudo que ahora escuchas

en el vecino parque,

las nubes delicadas que se juntan

en los azules gráciles

y el corazón con que me miras hondo

queriendo acariciarme.

 

Nada puedes hacer. Nada podrías

hacer. Déjate suave.

Es más fácil así. Vayamos juntos,

llevados por el aire,

si envejeciendo en el ciclón horrible,

unidos, esenciales,

mirándonos al fondo de la vida

y viendo allí la imagen

de nuestros cuerpos paseando dulces

por huertos virginales....

 

Eras tan clara. Junto al aire tanto

te amé.... En la tristeza grave

tú me arrancabas la melancolía

como una espina aguda de la carne;

me acompañabas en las horas puras;

me rozabas tan suave

con tus dedos sutiles, con tu dulce

modo de acompañarme....

 

(...)Fuiste como una niebla, como un vaho

de amor, como un vapor imponderable

que me envolviese en cálidas vislumbres

las duras realidades,

y que después, pasadas las aristas

crudas, me rodease

y me dijese: -Existes en el mundo.

Ven ya hacia el mundo. Ámame. (...)

 

 

El vivir de la amada

 

Yo sé que de tu pecho los latidos

están contados. Corazón, haz lento

tu misericordioso movimiento

y leves tus quejidos doloridos

 

por ese cuerpo, donde mis sentidos

ponen todo su amor, donde me siento

morir a cada golpe ceniciento

de tus redobles graves y oprimidos.

 

Y tú, ventana de mi amor, aldea

mía de paz, caricia que sestea,

umbral del mundo, amor de cada día.

 

Dame tu fe, tu claridad, mi estrella,

dime que existe lo que yo sabía

cuando era niño en la ciudad aquella...

 

 

En este mundo fugaz

 

Pozo de realidad, nauseabunda

afirmación, nocturno

cerco de sombras. Todo

hasta la muerte. Somos

aciago resplandor insumiso, noche

florecida. Oh miseria

inmortal. Tú, mi alondra

súbita, mi pequeño colibrí delicado,

flor mecida en la brisa,

tú, dichosa, tú, visitada por la luz,

lavada en su jardín que desciende

despacio,

pequeñez tan querida.

 

Aquí estás resistiendo,

viva, lúcida,

sostenida

en el sacro relámpago,

alumbrada y dichosa

en el trueno.

tú, mi pequeña

rosa encendida siempre,

pétalo delicado,

húmeda nota,

tú, resistiendo aquí.

 

Tú, resistiendo,

como si fueses basa

columna, catedral,

como si fueses arco,

romana gradería, circo, templo,

como si fueses número,

incorruptible idea,

tú mi pequeña Yutca,

mi pasajera soledad, mi fugaz entusiasmo,

tú, brevedad, caricia.

 

Tú, con brazos

débiles como flores,

con cintura,

con quebradizo cuerpo,

con delgadez, con ojos,

con espanto, con risa,

con noche a tu mirada,

tú, mi pequeña Yutca,

tú, resistiendo aquí.

 

 

Eres feliz

 

Eres feliz. Saber no quieras

lo que brilla en los ojos humanos.

Sonríe tú como mañana fresca,

como tarde colmada en su ocaso.

 

Porque eres eso, sí: la tarde pura

en que a veces yo mojo mis manos,

en que a veces yo hundo mi rostro.

¡La tarde pura en su placer dorado!

 

La savia dulce de la primavera,

toda la luz de la tarde en un cántico,

sube entonces feliz y presurosa

desde tu corazón hasta mis labios.

 

 

Introducción a la noche

 

1

Con la honda mirada

un día contemplaste

tu honda pasión de ser

en vida perdurable.

 

Hoy contemplas acaso

con mirada más grave

el parpadeo puro

de la noche sin márgenes;

 

el sollozo inoíble

de un arroyo alejándose

en la sombra; la mole

de la noche indudable.

 

2

Y sin embargo, eres.

Y sin embargo naces

como las hierbas verdes

y los nudosos árboles.

 

Compruebas con delicia

que existen matorrales,

y tus manos apresan

piedras de aristas grandes.

 

Saltas sobre los ríos,

subes desde los valles,

cantas desde las cumbres,

vives, existes, ardes.

 

Contemplas la llanura

crepuscular; renaces

como los campos vivos

que en la aurora son arces,

cañadas y caminos,

prados, riberas, cauces

de amor, donde quisieras

vivirte y olvidarte.

 

3

Y aquí estás. Aquí pones

tus dos manos tenaces.

Te agarras a las cosas:

maderas, piedras, carnes,

 

Te aferras a la vida

como el río a su cauce,

cual la raíz de un hondo

vegetal insaciable.

 

 

Invasión de la realidad

 

I

Y aquí estás verdadero,

Oh déjame tocarte.

Tu piel en donde pones

un límite a los aires.

 

Tu don de serte vivo,

tu realidad, me baste.

Dejadme que compruebe

su ser. ¡Oh, sí, dejadme!

 

II

Dejadme. Yo no quiero

las nieblas pertinaces.

Tras el humo dibuja

su vago ser un valle.

 

Allá tras la cortina

incierta, hay verdes sauces,

un prado con sus flores

diminutas y suaves.

 

En la noche terrible

yo soñaba una imagen.

Hela aquí. Son colores:

blancos, verdes, granates.

 

III

Dejadme con las cosas

también. Son realidades

súbitas que se crean

duras a cada instante.

 

Emergen con firmeza

cruel. Se satisface

con su presencia misma

dicen: «¡Toma, regálate!»

 

IV

Regálate. Contempla

la piedra, el cielo, el aire.

Respira entre las luces.

Desciende hasta los cauces.

 

Toca la piedra. Mira.

Huele la rosa. Sáciate.

Gusta, mira, comprueba,

duele, solloza: sabe.

 

Ensánchate en el alba.

Al mediodía, ensánchate.

Sube a la tarde y mira

todo en ella ensanchándose.

 

 

 

 

 

 

Irás acaso por aquel camino en el chirriante atardecer...

 

Irás acaso por aquel camino en el chirriante atardecer

de cigarras, cuando el calor inmóvil te impide, como un bloque, respirar.

E irás con la fatiga y el recuerdo de ti, un día y otro día,

                      subiendo a la montaña por el mismo sendero,

gastando los pesados zapatos contra las piedras del camino,

un día y otro día gastando contra las piedras la esperanza, el dolor,

gastando la desolación, día a día,

la infidelidad de la persona que te supo, sin embargo, querer

(gastándola contra las piedras del camino), que te supo adorar,

gastando su recuerdo y el recuerdo de su encendido amor,

gastándolo

hasta que no quede nada,

hasta que ya no quede nada

de aquel delgado susurro, de aquel silbido,

de aquel insinuado lamento;

gastándolo hasta que se apague el murmullo del agua en el sueño,

el agitarse suave de unas rosas, el erguirse de un tallo

más allá de la vida,

hasta que ya no quede nada y se borre la pisada en la arena,

se borre lentamente la pisada que se aleja para siempre en la arena,

el sonido del viento, el gemido incesante del amor, el jadeo del amor,

 

el aullido en la noche

de su encendido amor y el tuyo

(en la noche cerrada

de su abrasado amor),

de su amor abrasado que incendiaba las sábanas, la alcoba, la bodega,

entre las llamas ibas abrasándote todo hacia el quemado atardecer,

flotabas entre llamas sin saberlo hacia el ocaso mismo de tu quemada vida.

Y ahora gastas los pies contra las piedras del camino

despacio, como si no te importara demasiado el sendero,

demasiado el arbusto, la encina, el jaramago,

la llanura infinita, la inmovilidad de la tarde

infinita, allá abajo, en el valle de piedra

que se extiende despacio, esperando despacio

que se gasten tus pies, día a día,

contra las piedras del camino.

 

 

La mañana

 

Errante por la luz, en primavera

recóndita y azul y de oro y grana,

mi corazón recoge esta mañana

todo el amor que llueve en lisonjera

 

tempestad de frescor. La noche afuera.

Afuera el cierzo y la ansiedad lejana.

Se pone en pie la claridad temprana,

alza sus brazos, yergue su bandera,

 

grita su luz, avanza arrolladora

por la pradera vencedora y mueve

el árbol todo del espacio ahora.

 

Todo en el aire, luminoso, llueve,

gira, delira entre la luz sonora,

y allí suspira entre el follaje leve.

 

 

La tristeza

 

Tal vez el mundo sea bello,

cuando el sol claro lo ilumina,

pero yo sé que hay hombres tristes

como la lluvia gris y fría.

 

Yo sé que hay hombres sobre cuyas almas

pasó de Dios quizá la sombra un día.

Pasó, y hoy queda sólo ausencia

en donde la tristeza brilla.

 

Hombres tristes en todos los caminos

con la tristeza pensativa.

 

Tal vez la aurora sea pura,

el aire delicado, claro el día.

Mas muchos hombres hay como la lluvia

oscura e infinita.

 

Escúchame, Señor. Mi voz hoy sólo

tiene palabras de melancolía.

Sobre la tarde inmensa cae la lluvia

monótona,  fría.

 

 

Letanía del ciego

 

                                                            Soy como un ciego...

                                                                             Rubén Darío

 

Y tú que tanto amas, tanto ríes,

tanto adivinas y conoces tanto,

¿dónde el escudo para que te fíes,

dónde el pañuelo de enjugar tu llanto?

 

¿Dónde el camino que no veo ahora?

Dímelo o llora y el mirar suprime.

¿Es ya la noche que no tiene aurora?

Dímelo, dime.

 

Y sin embargo tu vivir empaña

mi vivir con un vaho que es ternura,

que es caliente rumor que me acompaña

la noche oscura.

 

Y sin embargo con tu mano guías

y a tientas toco lo que apenas veo

y digo acaso para que sonrías

lo que no creo.

 

Y toco apenas y tu bulto aprendo

y torpe sigo lo que tú me indicas.

Lo que no miro, lo que no comprendo,

tú multiplicas.

 

Tú multiplicas, o quizás es tu invento

porque lo vea aunque quizá no exista.

Entre la noche de mi pensamiento

dulce es tu vista.

 

Dulce es tu vista, tu mirar risueño

que mira un llano donde estaba un monte

y que a mi alma de temblor pequeño

llamó horizonte.

 

Dulce es tu vista que miró aquel lago

y lo llamaba alegre mar bravío.

Tu generoso corazón es mago.

¡Lo fuese el mío!

 

De "Noche del sentido" 1957

 

 

Letanía para decir cómo me amas

 

Me amas como una boca, como un pie, como un río.

Como un ojo muy grande, en medio de una frente solitaria.

Me amas como el olfato, los sollozos,

las desazones, los inconvenientes,

con los gemidos del amanecer, en la alcoba los dos, al despertar;

con las manos atadas a la espalda

de los condenados frente al muro; con todo lo que ves,

el llano que se pierde en el confín, la loma dulce y el estar cansado,

echado sobre el campo, en el estío cálido,

la sutil lagartija entre las piedras rápidas;

con todo lo que aspiras,

el perfume del huerto y el aire y el hedor

que sale de un apútrida escalera;

con el dolor que ayer sufriste y el que mañana has de sufrir;

con aquella mañana, con el atardecer

inmensamente quieto y retenido con las dos manos para que

          no se vaya a despertar;

con el silencio hondo que aquel día, interrumpiendo el paso de

          la luz,

tan repentinamente vino entre los dos, o el que invade

          la atmósfera justo un momento

antes de la tormenta;

con la tormenta, el aguacero, el relámpago,

la mojadura bajo los árboles, el ventarrón de otoño,

las hojas y las horas y los días,

rápidos como pieles de conejo,

como pieles y pieles de conejo, que con afán corriesen incansables,

          con prisa

hacia un sitio olvidado, un sitio inexistente, un día que no existe,

un día enorme que no existe nunca, vaciado y atroz

(vaciado y atroz como cuenca de ojo, saltado y estallado por una

mano vil);

con todo y tu belleza y tu desánimo a veces cuando miras el techo

          de la alcoba sin ver, sin comprender,

sin mirar, sin reír;

con la inquietud de la traición también, el miedo del amor y el

          regocijo del estar aquí,

y la tranquilidad de respirar y ser.

 

Así me quieres, y te miro querer como se mira un largo río

que transparente y hondo pasa,

un río inmóvil,

un río bueno, noble, dulce,

un río que supiese acariciar.

 

 

Más allá de esta rosa

 

                                                 (Meditación de postrimerías)

1

Una rosa se yergue.

Tú meditas. Se hincha

la realidad, y se abre, se recoge, se cierra.

Cuando miras, entierras. Oh pompa

fúnebre. Azucena: Relincho

espantoso, queja oscura, milagro. Tú que la melodía

de una rosa escuchaste, sangrienta

en el amanecer cual llamada

de una realidad diminuta,

miras tras ella el hondo

trajinar de otra vida, la esbelta

rapidez con que algo se mueve en la noche

con prisa, como si quisiera llegar a una meta

insaciable. Hay detrás de esta rosa, que yergue

suavemente su tallo, una pululación hecha náusea,

un horrible jadeo,

una ansiedad frenética, un hediondo existir que se anuncia.

Una trompeta dispara

su luz, su entusiasmo sonoro

en el estiércol. ¿Qué dices,

qué susurras, qué silbas

entre la oscuridad, más allá de esta rosa,

realidad que te escondes? ¿Qué melodía

articulas y entiendes y desdices y ahogas,

qué rumor de unos pasos

deshaces, qué sonido

contradices y niegas? La cadencia está dicha,

realizado el suspiro.

El rumor es silencio,

la esperanza, la ruina. Todo silba y espera,

silencioso, engreído,

más allá de esta rosa.

 

2

Más allá de esta rosa, más allá de esta mano

que escribe y de esta frente

que medita, hay un mundo.

Hay un mundo espantoso, luminoso y contrario

a la luz, a la vida.

Más allá de esta rosa e impulsando su sueño,

paralelo, invertido

hay un mundo, y un hombre

que medita, como yo, a la ventana.

Y cual yo en esta noche, con estrellas al fondo,

mientras muevo mi mano,

alguien mueve su mano, con estrellas al fondo.

y escribe mis palabras

al revés, y las borra.

 

"Oda a la ceniza" 1967

 

 

Muchacha dulce: no me amas...

 

Muchacha dulce: no me amas.

Tú no conoces mi figura,

mi triste rostro que lejano vela

tu faz borrosa entre la lluvia.

 

Muchacha dulce: aquí en mis ojos

brilla un otoño que rezuma

oro de amor, de amor por ti que tienes

entre tus manos una aurora púrpura.

 

Soy como tú. Soy como tú. ¿Me oyes?

¡Soy como tú! ¡Oh, no me escuchas!

Mira, mira mi amor... ¡Cómo me brota

del corazón este alba rubia!

Tomado de:

http://amediavoz.com/bousono.htm

 

 

Precio de la verdad

Poema publicado el 30 de Noviembre de -0001

 

              

En el desván antiguo de raída memoria,

detrás de la cuchara de palo con carcoma,

tras el vestuario viejo ha de encontrarse, o junto al muro

desconchado, en el polvo

de siglos. Ha de encontrarse acaso más allá del pálido gesto de una mano

vieja de algún mendigo, o en la ruina del alma

cuando ha cesado todo.

Yo me pregunto si es preciso el camino

polvoriento de la duda tenaz, el desaliento súbito

en la llanura estéril, bajo el sol de justicia,

la ruina de toda esperanza, el raído harapo del

miedo la desazón invencible a mitad del sendero que conduce al torreón

          derruido.

Yo me pregunto si es preciso dejar el camino real

y tomar a la izquierda por el atajo y la trocha,

como si nada hubiera quedado atrás en la casa desierta.

Me pregunto si es preciso ir sin vacilación al horror de la noche,

penetrar el abismo, la boca del lobo,

caminar hacia atrás, de espaldas hacia la negación

o invertir la verdad, en el desolado camino.

O si más bien es preciso el sollozo de polvo en la confusión del verano

terrible, o en el trastornado amanecer del alcohol con trompetas de sueño

saberse de pronto absolutamente desiertos, o mejor,

es quizá necesario haberse perdido en el sucio trato del amor,

haber contratado en la sombra un ensueño,

comprado por precio una reminiscencia de luz, un encanto

de amanecer tras la colina, hacia el río.

Admito la posibilidad de que sea absolutamente preciso

haber descendido, al menos alguna vez, hasta el fondo del edificio oscuro,

haber bajado a tientas el peligro de la desvencijada escalera, que amenaza a

          ceder a cada paso nuestro,

y haber penetrado al fin con valentía en la indignidad, en el sótano oscuro.

Haber visitado el lugar de la sombra,

el territorio de la ceniza, donde toda vileza reposa

junto a la telaraña paciente. Haberse avecinado en el polvo,

haberlo masticado con tenacidad en largas horas de sed

o de sueño. Haber respondido con valor o temeridad al silencio

o la pregunta postrera y haberse allí percatado y rehecho.

Es necesario haberse entendido con la malhechora verdad

que nos asalta en plena noche y nos devela de pronto y nos roba

hasta el último céntimo. Haber mendigado después largos días

por los barrios más bajos de uno mismo, sin esperanza de recuperar lo perdido,

y al fin, desposeídos, haber continuado el camino sincero y entrado en la noche

          absoluta con valor todavía.

Tomado de:

http://www.poemaspoetas.com/carlos-bousono/precio-de-la-verdad