jueves, 2 de abril de 2026

POEMAS DE GUSTAVO CASO ROSENDI - POETA QUE CONVIERTE LA EXPERIENCIA DE LA GUERRA EN POEMAS -


UNA RECETA PARA EL GATO DUMAS

 

Primero: robarse un paquete de fideos

del cuartel “Moody Brook”

Segundo: ponerlos a hervir en el casco

con agua de una charca cercana

El secreto es el condimento

(la pintura va saltándose del acero

a medida que se recalienta)

Tercero: servir en marmita

preferentemente abollada y tiznada

Cuarto: sentado sobre una piedra

comer lentamente como si fuese

el último bocado que se vaya a saborear

 

 

EN EL CAMAROTE DEL CANBERRA

 

Se fregó y se refregó

bajo una lluvia caliente

Consiguió sacarse la mugre

pero no la angustia

pero no la desolación

Se miró al espejo

y supo que ya no era

y supo que nunca

se marcharía del todo

de esas dos islas rojas

como mordida de vampiro

 

 

POR ROBAR COMIDA

 

¿Y si no fuera la atadura

que hizo el cabo y si yo fuera

un bicho verde sostenido por

alfileres y si fuera Gulliver

en el país de los enanos

y si fuera Cristo y si fuera el

costillar al asador del último

cumpleaños y si fuera el cordero

que maté esta mañana

y aún me mira y no me quita

ni un pecado y si fuera el mismo

cielo que se mete por los ojos

con este dolor titilando de tobillos

y muñecas y si yo fuera

todas las estrellas estaqueadas

constelando el desamparo

de esta noche?

 

 

INÉS FRENCH

 

¿Le hubiese temblado la tiza

a la maestra pionera en

dibujar vocales para los

indiecitos del sur? si viviera

digo ¿le hubiese temblado la tiza

para escribir paz peace love amor?

Menos mal que ya no está pensó

el soldado de uniforme mugriento

Ochentipico tenía cuando nos dejó

¿Qué palabras hubiese escrito

ahora que los indios caemos

pronunciando esas vocales?

¿Le hubiese temblado la tiza a mi

abuela inglesa? si viviera

digo ¿le hubiese temblado la tiza

hoy que la noche parece

un pizarrón borroneado? pensó

el soldado de uniforme mugriento

 

 

CON LOS OJOS BIEN ABIERTOS

 

Cuando uno está por matar

es cuando más quiere la vida

Se corre se saltan cuerpos

mientras se escucha:

¡Oh! ¡Dios! ¡Ah!

como cuando se hace el amor

Corremos vaya a saber

por qué para qué para dónde

(gritos de parto gritos que parten

hacia el silencio absoluto)

y corremos como la sangre

hacia la oscuridad

sin cordón umbilical

huyendo de las vinchucas rojas

que buscan picarnos la frente

Cuando uno está por matar

puede llegar a hacerlo

o elegir esquivar el silbido

y alejarse a la orden de repliegue

o simplemente morir

Adiós soldados adiós

Ya no se debe mirar hacia atrás

Pero se mira

 

 

TREGUA

 

Arrodillado como si rezara

tiraba hacia la noche

No pude saber si era enemigo

Creo que él tampoco cuando me vio

arrastrándome como una culebra

Ambos omitimos pronunciar

una palabra que aclare la cosa

(No siempre hablando se entiende la gente.

 

 

CANTATA

 

Pasa la esquirla

y al soldado Martínez

le salen puentes

amarillos de la media oreja

y abajo la sangre

corre turbulenta

y Spinetta rema

sobre su guitarra

y gira el paisaje

como un cuadro de Van Gogh

Es por eso que hoy

cuando alguien le habla

adopta una postura

de figura egipcia

como si el silencio

de aquel hospital

le perdurara

(Pero yo sé bien que

cuando Martínez está solo

ese oído se le abre

como una ventana

y es cuando vuelve

a escuchar el silbido

y luego el trueno y luego

como un viento las voces

de los muertos que le cantan)

 

 

EN EL BOLSILLO DE LA CHAQUETILLA

 

Un niño cara redonda y sonriendo

Cuerpo de palotes un poco

pintarrajeado de verde pies marrones

sosteniendo en su mano una bandera

Y atrás el sol y alguna que otra

nube en el cielo redundantemente celeste

Un “¡biba la patria!”

escrito en un trazo inquebrantable

Luego seguía una inscripción

adosada por el soldado:

“La infancia con un crayón

es más poderosa que un batallón”

Tomado de:

https://revistaanestesia.com/poemas-de-gustavo-caso-rosendi/

 

 

NATURALEZA MUERTA

La tierra se abría

y nos iba comiendo

Verdes manzanas machucadas

Verdes manzanas esparcidas

en la turba amarillenta

 

 

A veces mirábamos nuestra sombra

sobre el camino escarchado

para cerciorarnos de que aún estábamos

Entonces sí

bebíamos de la cantimplora

el agrio sabor de la existencia

 

 

MAOL-MHIN

 

Era terriblemente bello

mirar en pleno bombardeo

la suavidad con que caían

los copos de la nieve

Tomado de:

https://glaucebaldovin.wordpress.com/2019/04/02/poemas-de-gustavo-caso-rosendi/

 

 

Trinchera

 

Comenzamos cavando como si

fuera nuestra propia tumba

Pero cuando el cielo escupía fuego

nos dábamos cuenta

que era un buen hogar

después de todo

 

 

Gurkas

 

Mercenarios de perfil bajo

(los únicos que los vieron

ya no están)

 

Cuchillos fantasmales

cortando los sueños

 

¿Pero acaso nosotros

no veníamos del país de

las picanas sobre panzas

embarazadas?

 

¿Quién le tenía que tener

miedo a quién?

 

 

Nevermore

 

Ojalá pase el Sea Harrier

de nuevo por aquí

graznando esa palabra

que no entiendo

El muy cuervo viene a

picotearnos los nidos

Prometo que esta vez

lo voy a desplumar de una escupida

Ojalá pase y estemos atentos

y no pueda posarse sobre

los cascos que aún sueñan

entre las piernas del amor

 

 

Poema ornitológico

 

Casi todas las aves se habían ido

(Eran sabias las aves o casi todas)

No como esas gaviotas que flotaban

enrojeciendo la bahía

No como aquel Pucará que caía en picada

ennegreciendo la mañana

 

 

Puerto Madryn

 

Como una Moby Dick de acero

el Canberra nos derramó en la explanada

 

Luego el abrazo de la gente el griterío

un hogar un plato de guiso un poco de vino

el ruido del chorro del sifón y los ojos

encendidos de una chica

 

 

Partimos al atardecer

 

Lentas algas se amontonaban en la orilla

 

 

En el Palomar

 

Querían que comiéramos

de las miguitas del olvido

Pero no quedan palomas

después de una guerra

 

Pichones de cóndor desgarrando

las tripas de la verdad

 

 

Himno en la escuela

 

¿Acaso oímos el llanto sagrado

el sangrado grito de rotas cabezas?

¿O coronados de gloria vivimos

mientras flotan al viento

jirones de pueblo perdido salud?

¿Están resecos los laureles

escarapelas grises que caen

desde las sienes?

¿Y escucharán ellos allá lejos

esta tarde el estribillo

ahora que mi hijo está vestido

de granaderito

ahora que canta la inocencia

ahora que la bandera

se mancha de crepúsculo?

 

 

Cuando cayó el soldado Vojkovic

 

dejó de vivir el papá de Vojkovic

y la mamá de Vojkovic y la hermana

También la novia que tejía

y destejía desolaciones de lana

y los hijos que nunca

llegaron a tener

Los tíos los abuelos los primos

los primos segundos

y el cuñado y los sobrinos

a los que Vojkovic regalaba chocolates

y algunos vecinos y unos pocos

amigos de Vojkovic y Colita el perro

y un compañero de la primaria

que Vojkovic tenía medio olvidado

y hasta el almacenero

a quien Vojkovic

le compraba la yerba

cuando estaba de guardia

 

Cuando cayó el soldado Vojkovic

cayeron todas las hojas de la cuadra

todos los gorriones todas las persianas

Tomado de:

https://circulodepoesia.com/2026/04/poesia-argentina-gustavo-caso-rosendi/

 

 

Llevo una pala invisible.

La dejo en un rincón, para luego besarte.

¿Pero por qué siempre el que ha besado

fue uno solo, mamá? Mis mejillas también

de alguna manera están enfermas y esperan

que vengas todavía a caballo del cuento

que nunca me contaste.

 

Te miro como lo hacen los buitres,

desde una rama alta y retorcida.

Van a darte de comer.

Cada vez que van a darte de comer, me voy.

Me agarra el miedo y no me suelta.

No quiero verte comer así

como lo hacés ahora.

Pareciera que estás comiéndome.

 

Miro al rincón. No sé si dejar la pala

o llevarla conmigo.

Me la llevo.

Sin ella no sabría de qué manera salir.

Ni cómo regresar.

 

 

 

El destino de estas rosas

no era otra cosa

que dejártelas

en la tierra removida.

Por eso las compré.

Ya estaban cortadas,

moribundas.

Fue para darles algún tipo

de sentido; no por vos.

Fue por las rosas, mamá.

Tuve mucha pena por ellas.

Vos entenderás.

 

No estoy llorando. Sólo tengo

estrellas en los ojos.

 

 

Se asoman cada noche

uniformados de musgo

desde la tierra parturienta

Miran las luces del muelle

y todavía sueñan

con regresar algún día

Oler de nuevo el barrio

y correr hacia la puerta

de la casa más triste

y entrar como entran

los rayos del sol

por la ventana

en la que ya nadie

se detiene a mirar

donde ya nadie

espera la alegría

Tomado de:

https://lospoetasnovanalcielo.blogspot.com/2016/05/gustavo-caso-rosendi.html

 

 

SANOS Y SALVOS

 

Podemos llegar a suponer

que no hay tiempo ni distancia

que derrote a la memoria

¿O acaso hemos regresado

hemos salido del infierno o acaso

el amor anduvo haciendo el odio

para que nazca esta ternura de añorar

a lo monstruoso?

Porque están crepitando sombras

en el crepúsculo de la salamandra

Fantasmas de humo que nos nombran

Llamas que nos llaman

Hasta que una mano nos toca el hombro

y nos rescata y nos hace darnos cuenta

que el café está frío y afuera

llueve y la gente va y viene

como si nada

 

 

BOMBARDEO

Caían los barriletes

regresaban todos juntos

envueltos en llamas

con sus colas de trapo

de sábanas del cielo

desde donde alguna vez

abrazados a un oso

nos besaron la frente

y susurraron al oído

buenas noches

hijo

que descanses

Caía la noche vidrio roto

desde una muy alta claraboya

y caía el sol de mayo

entre la sangrienta melena

de ese roble

también la lombriz

en el territorio de aquel bagre

y la espera en vano

el vano regreso

la tarde colgando del anzuelo

y entre las manos un tazón

con leche hirviendo y miel

sobre una tostada casi negra

y ese tufo entre las uñas

a lata a tierra a humo

a pez ausente

y aparecían de pronto

los perros de la infancia

para echarse al lado nuestro

y nos olían el miedo y nos lamían

y luego por fin el silencio

al fin el silencio poder dormir

dormir un poco o para siempre

(Buenas noches

compañeros

buenas noches)

 

PATRIA

 

Yo no quería tu sonrisa ni tu llanto

y en verdad te imaginaba

como una comadreja criando

muertitos en su bolsa

Pero en la Soledad te vi

te vi y tomé tu mano

y estabas bella como la luz del dolor

Casitas de chapa salían de vos

jacarandaes ojerosos

hilachas de flores de lapacho

angelitos pordioseros salían de vos

zorzales lastimados y en los picos

banderas de jazmines y lavandas

Te vi y estabas bella y temblabas

sombras de niños salían de vos

corriendo hacia un zaguán oscuro y viejo

Tomado de:

https://revistaharoldo.com.ar/nota.php?id=820


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