sábado, 6 de abril de 2024

POEMAS DE KATARÍNA KUCBELOVÁ

 

YO CALCULO CON MI ALIENTO

 

El silencio tiene un valor incalculable

si lo llamamos

ausencia

de sonidos e imágenes

 

el silencio no debería tener un concepto

lo innombrable debería ser

lo ideal

 

el sujeto

de búsqueda

 

la meta

 

 

EJERCICIO REGULAR DE RESPIRACIÓN

 

 

La interrupción regular de la regularidad

 

la repetición regular del movimiento

conduce al aumento de las fibras musculares

y su interrupción regular conduce

a un aumento aún mayor

 

fibras musculares

transferencia de partículas

 

respiración regular

ingesta regular de alimentos

ingesta regular de líquidos

y su eliminación regular

 

regulación

decaimiento

transferencia de partículas a otro estado

regular

 

sufrir

 

interrumpir

 

el latido del corazón

la circulación sanguínea

la presión arterial

la digestión

la actividad intestinal

el conducto lagrimal

las papilas gustativas

 

respiración regular

 

la angustia anticipa la destrucción

 

 

LA RESPIRACIÓN QUE ME SALVÓ LA VIDA

 

 

no tocaré

ni un solo pensamiento

 

no puedo detenerme

solo sé permanecer

 

cortaré toda conexión

 

voy a permitirme

 

continuar

sin mí

yo soy otra

en comparación

conmigo

me dejo ir

sigo siendo otra

 

me dejo

cambiar

 

me dejo

 

en los pensamientos

 

que no me tocan

 

permanezco

 

 

SUSPIRO

 

 

el silencio podría ser

una salida de la soledad

 

el aire se escapa en la pronunciación

 

vivo

una historia espacial

 

que no puedo

engrandecer ni cambiar

 

por otra

cuando se nombra

lo inmutable

 

las respiraciones son menos profundas

 

respira sobre mí

 

no intentaré escapar

trataré de responder

Tomado de:

https://www.revistaaltazor.cl/katarina-kucbelova-2/

 

 

III.

tantos son los días

que no logro registrar

el tejido de los sucesos

con una precisión exenta de conflictos

exenta de edad

exenta de padres y exenta de hijos

 

 

IV.

pretendí

acordarme

pero aquellos nombres luego

cambiaban desaparecían los cambiaban

las aglomeraciones de gente que

constantemente

 

atravesaba y cada instante atraviesa la ciudad

con el impecable sentido de la presencia

dejan la impresión de una ciudad perenne

(la capacidad de una aglomeración

de concebir personas

idénticas gracias al único fin:

destacar)

no quiero terminar

de nombrar nuevamente con la ayuda de mi

memoria

pero otra vez y una vez más me vacía el talento

de orientarme en los días

que atraviesan la ciudad

y

todos parecen uno solo

(según las estadísticas, los visitantes se quedan

en esta

ciudad aproximadamente un día)

 

 

V.

¿hacia dónde quieren llevarme

con su comunicación dirigida a

las asociaciones y las instituciones

mediante la gente,

en esta ciudad?

¿la gente en esta ciudad,

mediante asociaciones e instituciones?

A pesar de ello, yo aprecio

su laboriosidad creatividad incluso el estilo

y gusto

el sentido del humor y el buen manjar

mi labor la ejerzo escrupulosamente,

siempre consumo el ingreso entero

ellos

nunca terminan de comunicar

Tomado de:

https://periodicodepoesia.unam.mx/texto/tres-poetas-eslovacos/

 

 

aceptando

 

en el simple proceso de elección

 

dejo de resistirme: dejo de co-operar

 

 

 

(especificá lo más simple)

 

 

 

                                  X

 

él es                          (  )

 

el hizo                       (  )

 

 

 

aceptando razones

 

causantes

 

 

 

aceptando estar

 

en movimiento

 

 

 

***

 

 

 :esencial en lo entero:

 

 :aferrado en la superficie:

 

:presencia limitada por el tacto:

 

:superficie toca superficie:

 

:creada por mí; creada por vos:

 

:ilegible por separado:

 

 

 

***

 

 

 

 analizando

 

 

 

un punto que está lejos sin embargo visible

 

invisible intocable

 

lejos

 

 

 

extenuante imitando

 

 

 

buscando

 

(sólo) experimentando

 

sobre la perfección podemos crear la imperfección

 

imperfección: movimiento.

 

 

 

analizando

 

 

 

 (perfecto)

 

 

 

; la necesidad de crear el ideal

 

; la necesidad de crear movimiento

 

 

 

; la necesidad de la imperfección;

 

 

 II

 

 

(ideales)

 

 

 

; perfecto - más perfecto;

 

; casi perfecto -perfecto;

 

 

 

dos: (desde; hacia) (movimiento)

 

 

 

decepcionantemente doble: decepcionantemente uno

 

 

 

: interminable aproximando:

 

 

 

un ideal perfecto requiere un ideal perfecto

 

 

***

 

 

 

enredo

 

 

 

toque anticipado

 

del tocar viene la excitación

 

 

 

reunirse precede al tocar: reunirse es relación

 

                                   la relación no termina con la desconexión

 

 

 

reunirse produce un cambio

 

          de dirección      que no necesita ser violado por la inercia

 

 

 

que no puede predecirse

 

 

 

esencial el momento del asombro

 

define el momento de la expectación

 

       (el momento del asombro)

 

 

 

su intensidad está determinada por la incapacidad de

 

                          predecir el cambio

 

 

 

de esto surge la excitación

 

es placentera            (es placentera)

 

 

 

                                   la relación no comienza con reunirse

 

 

 

los toques se renuevan

 

impulso es excitación

 

y excitación es placentero

 

el medio es el cambio

 

el cambio es creado por el tocar

 

                                      la relación no termina con la desconexión

 

 

 

cada toque conlleva cambio en sí mismo

 

 

 

 lo que ha sucedido

 

lo que sucederá

 

                        tocar es reunirse: reunirse es relación

 

                        un cambio de dirección no necesita ser

 

                                                              violado por la inercia

 

 

 

cada cambio conlleva el tocar dentro de sí

 

este movimiento está atado a un punto

 

una dirección no puede ser prevista

 

                                   de esto proviene la excitación

 

yo digo no

 

    vos sí

 

y realmente

 

      disentís

 

 

 

***

 

 

desenlace

 

 

 

comienzo anticipado

 

       el comienzo define el final

 

 

 

(y la longitud de la persistencia llena la existencia de

 

                                        motivación)

 

 

 

la legitimidad de la proyección

 

         de posibilidades nunca experimentadas

 

 

 

comienzo anticipado y el comienzo define el fianl

 

 

 

lo indeterminable de la proyección

 

         de posibilidades experimentadas

 

 

 

cualquier punto de proyección

 

es al mismo tiempo un punto

 

de comienzo y de final

 

 

 

y la longitud de la persistencia llena la existencia

 

                de motivación

 

 

 

yo digo no

 

   vos sí

 

y vos realmente

 

   no estás de acuerdo

 

 

***

 

 

 

haciendo sólo movimientos

 

insignificantes para no perturbar   

 

 

 

                                                    los

 

 

 

bajo la superficie

 

                                                    sin advertencia

 

sobre la superficie

 

 

 

se ofrece a sí mismo: integrando

 

sinónimo de

 

dar y de recibir

 

 

 

al mismo

 

 

 

                                                  integrando

 

podría ser una solución conveniente

 

si no hubiese

 

un riesgo de renovar

 

 

***

 

 

 

continuando

 

hasta que el significado

 

se pierde

 

                                                    continuando

 

y entonces:

 

 

 

continuando

 

 

 

hasta que se pierde el concepto

 

 

 

continuando

 

                    sin detenerse para que llegue a la existencia

 

reemplazando

 

 

 

continuando/sin detenerse

 

para que la extinción sea perfecta

 

no está permitido que se termine

Tomado de:

https://inutilesmisterios.blogspot.com/2021/03/la-poeta-eslovaca-katarina-kucbelova.html

 

Una pequeña gran ciudad V

 

¿hacia dónde quieren llevarme

con su comunicación dirigida

a las asociaciones y las instituciones

mediante la gente,

en esta ciudad?

¿la gente en esta ciudad,

mediante asociaciones e instituciones?

A pesar de ello, yo aprecio

su laboriosidad creatividad incluso el estilo

y gusto

el sentido del humor y el buen manjar

mi labor la ejerzo escrupulosamente,

siempre consumo el ingreso entero

ellos

nunca terminan de comunicar

Tomado de:

https://franciscocenamor.blogspot.com/2019/10/poema-del-dia-una-pequena-gran-ciudad-v.html

viernes, 5 de abril de 2024

POEMAS DE GABRIELA MELINESCU


BLANCO

 

La nieve caía con un mensaje desde lo alto.

 

Blanco es el color de la fe y la esperanza.

 

Un hombre es lo que ama.

 

Los que han estudiado la nieve dicen que

 

cada copo tiene su propia cara

 

de la misma manera que el grano de arroz.

 

El pelo y la barba de los viejos también fueron blancos.

 

Bajo la nieve todos brillan a su manera

 

con lumbre débil o fuerte. ~

 

 

EN BUSCA DEL REY DE LA ANALOGÍA

 

En busca del rey de la analogía,

 

el rey de la ciencia del disimulo,

 

del pasaje a otro mundo,

 

 

 

se silencia mi interior, aguzo el oído.

 

Escucho el canto de los lémures invisibles.

 

De otro tiempo, de otro espacio,

 

desde el Juicio Final se escucha

 

un signo musical.

 

Me pregunto si viviré hasta el anochecer.

 

Si seguiré apoyado por el poder talismánico

 

de la piedra de Gotland

 

y de la plegaria de los judíos Shema Israel.

 

Escucho la música que los primeros hombres

 

cantaban ante el rey

 

rogándole para llegar al otro mundo.

 

Ahora entiendo qué sentido tiene el signo

 

revelado en los intestinos cálidos del buitre,

 

qué género de mensaje contiene el diagrama

 

dibujado por los pájaros en el cielo.

 

Me pregunto si viviré hasta el anochecer. ~

 

 

LA GORRA ROJA DE PARACELSO

 

Tu valor: vida errante.

 

Tu eternidad: nacimiento a la diestra del Demonio

 

y su puente

 

bajo el que corre el río Sihl, cerca de Einsiedeln.

 

Amo tu gorra roja que supera todo saber escolar

 

y se transforma en rosa, en azucena blanca y luego

 

en estrella sombría.

 

Amo tu gorra roja a través de la cual Dios mismo

 

habla la invisible lengua filosófica.

 

Te encuentro todavía en pleno mar, en el bosque,

 

en los campos,

 

siempre inclinado contra el infinito libro de la

 

Naturaleza. ~

Tomado de:

https://letraslibres.com/revista-mexico/tres-poemas-2/

 

 

 

NACIMIENTO

 

Saquemos afuera esos pesados dados

 hechos de patas de elefante.

 Martillémoslos sobre la tierra mojada

 hasta que se rompan bajo los golpes.

 Y salga la buena suerte.

 Nadie sabe qué aspecto tiene:

 tal vez sea una bestia horrible

 o vapor cerniéndose sobre la nunquidad.

 Me siento sobre las rodillas. Ilumino

 el incierto nacimiento del marfil,

 y los elefantes vienen chillando.

 Sostienen mis templos con sus colmillos.

Tomado de:

https://inutilesmisterios.blogspot.com/2018/11/seis-magnificas-poetas-rumanas.html

 

jueves, 4 de abril de 2024

POEMAS DE ISIDORE LUCIEN DUCASSE -CONDE DE LAUTRÉAMONT- RECORDANDO SU NATALICIO



Los cantos de Maldoror.
Les Chants de Maldoror, conde de Lautréamont (1846-1870)

 

Me propongo, sin estar emocionado, declamar con voz potente la estrofa seria y fría que vais a oír. Prestad atención a su contenido y no os dejéis llevar por la impresión penosa que al modo de una contusión ha de producir seguramente en vuestras imaginaciones alteradas. No creáis que yo esté a punto de morir, pues todavía no me he vuelto esquelético ni la vejez está marcada en mi frente. Descartemos, por lo tanto, toda idea de comparación con el cisne en el momento en que su existencia lo abandona, y no veáis ante vosotros sino un monstruo cuyo semblante me hace feliz que no podáis contemplar: si bien es menos horrible que su alma. Con todo, no soy un criminal.

 

Pero dejemos esto. No hace mucho tiempo que he vuelto a ver el mar y que he puesto los pies sobre los puentes de los barcos, y mis recuerdos son tan vivos como si lo hubiera dejado ayer. Tratad, con todo, de mantener la misma calma que yo en esta lectura que ya estoy arrepentido de ofreceros, y de no enrojecer ante la idea de lo que es el corazón humano. ¡Oh pulpo de mirada de seda!, tú, cuya alma es inseparable de la mía, tú, el más bello de los habitantes del globo terráqueo, que mandas sobre un serrallo de cuatrocientas ventosas, tú, en quien residen noblemente como en su morada natural, en perfecto acuerdo y unidas por lazos indestructibles, la dulce virtud comunicativa y las divinas gracias, ¿por qué razón no estás junto a mí, tu vientre de mercurio contra mi pecho de aluminio, ambos sentados sobre alguna roca de la costa, para contemplar ese espectáculo que idolatro?

 

Viejo océano de ondas de cristal, te pareces, guardadas las proporciones, a esas marcas azuladas que se ven en el dorso magullado de los grumetes, eres una inmensa equimosis que se muestra sobre el cuerpo de la tierra: me encanta esta comparación. Así, al primer golpe de vista, un soplo prolongado de tristeza, que se tomaría por el murmullo de tu brisa suave, pasa, dejando rastros inefables sobre el alma profundamente sacudida, y recuerdas a la memoria de tus amantes, sin que ellos lo adviertan, los duros comienzos del hombre en los que inicia sus relaciones con el dolor, que no ha de abandonarlo nunca más. ¡Te saludo, viejo océano!

 

Viejo océano, tu forma armoniosamente esférica, que regocija la cara grave de la geometría, me recuerda demasiado los ojos del hombre, parecidos por su pequeñez a los del jabalí, y a los de las aves nocturnas por la perfección circular del contorno. Sin embargo, en el transcurso de los siglos, el hombre no ha dejado nunca de creerse bello. Pero pienso que más bien cree en su belleza por amor propio, aunque en realidad no es bello y lo sospecha; si no, ¿por qué contempla el rostro de sus semejantes con tanto desprecio? ¡Te saludo, viejo océano!

 

Viejo océano, eres el símbolo de la identidad: siempre igual a ti mismo. No presentas cambios fundamentales, y si tus olas en alguna parte están encrespadas, más lejos, en otra zona, se encuentran en la más completa calma. No eres como el hombre que se detiene en la calle para ver cómo se toman por el cuello dos bull-dogs, pero que no se detiene cuando pasa un entierro; que por la mañana está afable y por la tarde malhumorado, que hoy ríe y mañana llora. ¡Te saludo, viejo océano!

 

Viejo océano, no sería del todo imposible que escondieras en tu seno futuros beneficios para el hombre. Ya le has dado la ballena. No dejas adivinar fácilmente a los ojos ávidos de las ciencias naturales los mil secretos de tu íntima estructura: eres modesto. El hombre se jacta continuamente, y sólo de minucias. ¡Te saludo, viejo océano!

 

Viejo océano, las especies diversas de peces que alimentas, no se han jurado fraternidad entre sí. Cada especie vive apartada. Los temperamentos y las conformaciones variables de una a otra, explican, de manera satisfactoria, lo que al comienzo sólo parece una anomalía. Lo mismo pasa con el hombre, que no tiene los mismos motivos de disculpa. Si un trozo de tierra está ocupado por treinta millones de seres humanos, éstos se creen obligados a no mezclarse en la existencia de sus vecinos, que han echado raíces en el trozo de tierra contiguo. Grande o pequeño, cada hombre vive como un salvaje en su guarida, y sale de ella muy poco para visitar a sus congéneres, acurrucados igualmente en otra guarida. La gran familia universal de los seres humanos es una utopía digna de la lógica más mediocre. Además, del espectáculo de tus Mamas fecundas se deduce la noción de ingratitud: pues se piensa inmediatamente en la multitud de padres tan ingratos hacia el Creador como para abandonar el fruto de su miserable unión. ¡Te saludo, viejo océano!

 

Viejo océano, tu grandeza material sólo puede medirse con la magnitud que uno se representa de la potencia activa que ha sido necesaria para engendrar la totalidad de tu masa. No se te puede abarcar de una ojeada. Para contemplarte es imprescindible que la vista haga girar su telescopio con movimiento continuo hacia los cuatro puntos del horizonte, del mismo modo que un matemático está obligado, para resolver una ecuación algebraica, a examinar por separado los distintos casos posibles, antes de superar la dificultad. El hombre ingiere sustancias nutritivas y realiza otros esfuerzos dignos de mejor suerte para dar idea de que es corpulento.. Que se hinche todo lo que quiera esa rana adorable. Quédate tranquilo, nunca igualará tu volumen; por lo menos ésa es mi opinión. ¡Te saludo, viejo océano!

 

Viejo océano, tus aguas son amargas. Tienen exactamente el mismo gusto que la hiel destilada por la crítica sobre las bellas artes, sobre las ciencias, sobre todo. Si alguien tiene genio, se lo hace pasar por idiota, si algún otro es corporalmente bello, resulta un horrible contrahecho. No hay duda de que el hombre debe sentir intensamente su imperfección, cuyas tres cuartas partes son, por lo demás, obra suya, para criticarla de tal modo. ¡Te saludo, viejo océano!

 

Viejo océano, los hombres, pese a la excelencia de sus métodos, todavía no han logrado, con ayuda de los procedimientos de investigación de la ciencia, medir la profundidad vertiginosa de tus abismos, algunos de los cuales hasta las sondas más largas y pesadas han reconocido inaccesibles. A los peces… le está permitido; no a los hombres. Muchas veces me he preguntado si será más fácil de reconocer la profundidad del océano que la profundidad del corazón humano. A menudo, con la mano apoyada en la frente, de pie sobre los barcos, en tanto que la luna se balanceaba entre los mástiles en forma irregular, me he sorprendido mientras hacía a un lado todo aquello que no era el fin que yo perseguía, esforzándome por resolver ese difícil problema. Sí, ¿cuál es más profundo, más impenetrable de los dos: el océano o el corazón humano? Si treinta años de experiencia de la vida pueden, hasta cierto punto, inclinar la balanza hacia una u otra solución, me estará permitido decir que, pese a lo profundo del océano, no podrá igualarse, en lo que respecta a dicha propiedad, con lo profundo del corazón humano.

 

Estuve en contacto con hombres que fueron virtuosos. Morían a los sesenta años y nadie dejaba de exclamar: "Han practicado el bien en este mundo, lo que quiere decir que han sido caritativos: eso es todo; no hay en ello picardía alguna y cualquiera puede hacer otro tanto." ¿Quién comprenderá por qué dos amantes que se idolatraban la víspera, se separan por una palabra mal interpretada, uno hacia oriente, otro hacia occidente, con los aguijones del odio, de la venganza, del amor y de los remordimientos, y no se vuelven a ver nunca más, embozado cada uno en su altanería solitaria? Es un milagro que, aunque se renueva diariamente, no deja por eso de ser menos milagroso. ¿Quién comprenderá por qué se saborean, no sólo las desgracias generales de los semejantes, sino también las particulares de los amigos más queridos, aunque al mismo tiempo se sufra la aflicción? Un ejemplo irrebatible para cerrar la serie: el hombre dice hipócritamente sí y piensa no. Por esta razón los jabatos de la humanidad confían tanto los unos en los otros, y no son egoístas. Todavía le queda a la psicología mucho camino por andar. ¡Te saludo, viejo océano!

 

Viejo océano, tu poder es extraordinario y los hombres han aprendido a conocerlo a sus expensas. Por más que empleen todos los recursos de su genio, son incapaces de dominarte. Han encontrado a su maestro. Debo agregar que han encontrado algo más fuerte que ellos. Ese algo tiene un nombre. Ese nombre es: ¡océano! El miedo que les inspiras ha hecho que te respeten. Con todo, haces danzar sus máquinas más pesadas con gracia, elegancia y facilidad. Les haces ejecutar saltos gimnásticos hasta el cielo y admirables zambullidas hasta el fondo de tus dominios que despertarían la envidia de un saltimbanqui. Bienaventurados aquellos que no llegas a envolver definitivamente con tus pliegues burbujeantes, para ir a ver, sin ferrocarril, en tus entrañas acuosas, cómo lo pasan los peces, y sobre todo, cómo lo pasan ellos mismos.

 

El hombre dice: Yo soy más inteligente que el océano. Es posible; quizás hasta sea cierto; pero más miedo le tiene el hombre al océano, que el que éste le tiene al hombre: lo cual no necesita demostración. Ese patriarca observador, contemporáneo de las primeras épocas de nuestro globo suspendido, sonríe compasivo cuando asiste a los combates navales de las naciones. Ahí tenéis un centenar de leviatanes salidos de las manos de la humanidad. Las órdenes enfáticas de los superiores, los gritos de los heridos, el estruendo de los cañones, constituyen una barahúnda apropiada para aniquilar a unos pocos segundos. Pareciera que el drama ha concluido y que el océano lo ha tragado todo en su vientre. Las fauces son formidables. ¡Qué inmenso debe de ser hacia abajo, en la dirección de lo desconocido! Como remate de la estúpida comedia, que ni siquiera despierta interés, se ve en medio de los aires alguna cigüeña retrasada por la fatiga, que se pone a gritar sin disminuir el empuje de su vuelo: ¡Vaya!… ¡no me gusta nada! Había allá abajo unos puntos negros; cerré los ojos y ya no están más. ¡Te saludo, viejo océano!

 

Viejo océano, oh gran célibe; cuando recorres la solemne soledad de tus reinos flemáticos, te enorgulleces con justicia de tu magnificencia natural y de la merecida alabanza que me apresuro a dedicarte. Voluptuosamente mecida por los tiernos efluvios de tu lentitud majestuosa —atributo, el más grandioso entre aquellos con que el soberano te ha favorecido—, tú haces rodar, en medio de un sombrío misterio, por toda tu superficie sublime, las olas incomparables, con el sentimiento sereno de tu eterno poder. Ellas desfilan paralelamente, separadas por cortos intervalos. Apenas una disminuye, otra que crece va a su encuentro, acompañada del rumor melancólico de la espuma que se deshace para advertimos que todo es sólo espuma. (Así los seres humanos, esas olas vivientes, perecen uno tras otro, de un modo monótono, sin producir siquiera un rumor espumoso.) El ave de paso reposa sobre ellas confiada, dejándose llevar por sus movimientos llenos de gracia arrogante, hasta que el armazón de sus alas haya recobrado el vigor normal para continuar su aérea peregrinación.

 

Quisiera que la majestad humana fuera por lo menos la encarnación del reflejo de la tuya. Pido demasiado, y este deseo sincero te glorifica. Tu grandeza moral, imagen del infinito, es inmensa como la reflexión del filósofo, como el amor de la mujer, como la belleza divina del ave, como la meditación del poeta. Eres más bello que la noche. Contéstame, océano: ¿quieres ser mi hermano? Muévete impetuosamente… más… todavía más, si aspiras a que te compare con la venganza de Dios; alarga tus garras lívidas fraguándote un camino en tu propio seno… está bien. Haz rodar tus olas espantosas, océano horrible que sólo yo comprendo, y ante el cual caigo prosternado. La majestad del hombre es prestada; no se me impone; tú, sí. Oh, cuando avanzas con la cresta alta y terrible, rodeado por tus repliegues tortuosos como por un séquito, magnético y salvaje, haciendo rodar tus ondas unas sobre otras, con la conciencia de lo que eres, en tanto que lanzas desde las profundidades de tu pecho, como abrumado por un intenso remordimiento que no puedo descubrir, ese sordo bramido perpetuo que tanto atemoriza a los hombres, hasta cuando te contemplan trémulos desde la seguridad de la costa; entonces comprendo que no poseo el insigne derecho de proclamarme tu igual. Por eso, frente a tu superioridad, te entregaría todo mi amor (y nadie conoce la cantidad de amor contenida en mis aspiraciones hacia lo bello) si no me recordaras dolorosamente a mis semejantes, que forman contigo el más irónico contraste, la antítesis más grotesca que jamás se haya visto en la creación: no puedo amarte, te aborrezco. ¿Por qué entonces vuelvo a ti, por milésima vez, hacia tus manos amigas que se disponen a acariciar mi frente ardorosa, cuya fiebre desaparece a tu contacto? No conozco tu destino secreto, todo lo que te concierne me interesa. Dime, entonces, si eres la morada del príncipe de las tinieblas. Dímelo… dímelo, océano (solamente a mí para no entristecer a aquellos que hasta ahora sólo han conocido ilusiones), y si el soplo de Satán crea las tempestades que levantan tus aguas saladas hasta las nubes. Es preciso que me lo digas porque me alegraría saber que el infierno está tan cerca del hombre. Quiero que ésta sea la última estrofa de mi invocación. Por lo tanto, quiero saludarte una vez más y presentarte mi adiós. Viejo océano de ondas de cristal… abundantes lágrimas humedecen mis ojos, y me faltan fuerzas para proseguir, pues siento que ha llegado el momento de retornar con los hombres de aspecto brutal; pero… ¡ánimo! Hagamos un gran esfuerzo y cumplamos, con el sentimiento del deber, nuestro destino sobre esta tierra. ¡Te saludo, viejo océano!

 

conde de Lautréamont (1846-1870)

Tomado de:

https://elespejogotico.blogspot.com/2008/12/cantos-de-maldoror-canto-primero.html

 


miércoles, 3 de abril de 2024

POEMAS DE DAVID FERRY


Un Hechizo

 

Tengo un mellizo que porta mi nombre,

avergonzado lo lleva con él a todo sitio;

 

él sigue un camino que yo no seguiría;

tiene conocimiento de cosas que desconozco;

 

cuando yo fui valiente, él tembló de miedo;

él dijo la verdad, yo mentí;

 

lo que es dulce para mí, a él le sabe amargo;

 mis amigos, mis amigos, él no los ama;

 

yo camino a la luz del día en su sueño:

él respira el aire de mis pesadillas.

 

 

En el Edén

 

Estás recostada en nuestra cama como si un huerto,

                         /frutales en flor nos cubriera.

Vos sos lo que ha caído de esas ramas fatales.

¿Adónde iremos cuando nos envíen lejos de aquí?

Tomado de:

https://alpialdelapalabra.blogspot.com/2012/12/david-ferry-dos-poemas-breves.html

 

 

Algo

A la deriva por la página en la que estoy escribiendo.

¿Es el fantasma a la deriva del humo del cigarrillo

de la época en que fumaba? ¿Es la voz?

 

¿Incorpóreo, hablándome a mí, ese “fantôme sans os”

Ronsard que se levanta de la tumba, nos dice que lo es?

¿Es la voz de Enkidu, Tabla Doce,

 

¿Salir a través de un agujero en el piso del Mundo Superior para respirar

hacia Gilgamesh, anhelando besarlo?

¿El dios personal, respirando sobre la página?

 

Como todo el mundo, cuando quiero hablar

con alguien más, o solo en casa,

solo en mi cabeza, escucho mi propia voz intentando,

 

Tratando de decirlo bien, sin hacerlo bien,

Mi propia voz respirando hacia mí, tratando de decir

¿Cómo es, de dónde viene, ahí abajo?

Tomado de:

https://thebaffler.com/poems/something-david-ferry

 

 

Un encanto

Tengo un gemelo que lleva mi nombre;

Lo lleva consigo avergonzado;

 

Quien va por un camino que yo no iría;

Tiene conocimiento de cosas que yo no sabría;

 

Cuando yo era valiente, él tenía miedo;

Él dijo la verdad, yo mentí;

 

Lo que para mí es dulce, para él es amargo;

Mis amigos, mis amigos, él no los ama;

 

Camino a la luz del día en su sueño;

Él respira el aire de mi pesadilla.

 

 

Esa noche en la cena

Las últimas veces que la vimos estaba claro.

Que las cosas eran diferentes. Cuando trataste de ayudarla

Salir del coche o llegar del coche a la puerta.

O cruzar el pasillo del edificio de apartamentos hasta el ascensor.

Había una nueva sensación de pesadez.

O de inercia en el cuerpo. No fue

Que estaba menos dispuesta a que la ayudaran a caminar.

Pero que el caminar en sí se había vuelto menos dispuesto.

Tal vez el estúpido demogorgon ciego

Obstinación del cuerpo, resentido con las leyes.

De mente y espíritu, estaba recuperando lo suyo ahora,

O tal vez un extraterrestre nuevo y sutil,

La inteligencia del cuerpo era obediente ahora.

A otras leyes: “El peso es la medida de

La fuerza con la que un cuerpo es atraído hacia abajo.

Al centro de la tierra”; “La inercia es

La tendencia de un cuerpo a resistir.

Procediendo a su destino de cualquier manera

Aparte de eso, determinado por sí mismo”.

 

Esa noche, en el apartamento de los Bromell, después

Ella había sido llevada a través de la estructura racional.

Por etapas articuladas, piso tras piso tapajuntas,

Y después de que la ayudamos a cruzar el pasillo,

Y cruzar la habitación hasta una silla, de alguna manera

La sentamos en una silla que estaba colocada

Un poco lejos de la mesa más cercana,

Al borde del abismo, y allí estaba ella sentada,

Expuesto, su cuerpo, el objeto de nuestra atención.

Su pesadez, la pierna indefensa y sin gracia,

La media gruesa, la rodillera, el zapato médico.

 

En el trabajo entre ella y nosotros había

Un nuevo principio de torpeza social

Y habilidad que se requiere de cada uno de nosotros.

Nuestros tonos de voz en esta fácil conversación.

Eran instrumentos de maravillosa delicadeza,

Medir y mantener con exactitud

“El hecho o condición de la diferencia

Había algo entre nosotros, tanto en el espacio como en el tiempo”.

 

Su sonrisa la hacía parecer como si hubiera

En ese momento probé algo delicioso, el encanto.

Su cortesía atribuida a sus amigos.

 

Este compañero humano decente y elegante

Estaba asentado en la virtud, el carácter, la discapacidad,

Detrás de ella el orden de las estanterías alineadas,

Las ventanas vigiladas por persianas venecianas.

“Estos se pueden subir o bajar; numerosos listones,

Dispuestos horizontalmente y paralelos,

Que puede inclinarse para admitir

Precisamente la luz o el aire deseado”.

 

Todos éramos sus amigos, Maggie, Bill y Anne.

Y yo, y el simpático anciano brahmán de Boston

Se llama Duncan, absolutamente amigable y benigno.

Y, por supuesto, no se trataba de si el mundo

Era benigna, pero sí la miraba demasiado.

Ella no era "dolorosamente tímida", pero, de todos modos

No me sorprendería si hubiera habido

Dolor en su timidez de antes,

Digamos en la escuela de baile. Sin embargo, como otros, ella tenía

Sobrevivió a su infancia de alguna manera. Tampoco me refiero

Ella estaba infeliz. Quizás más o menos

Antes de su matrimonio. Uno tenía el sentido de los viajes.

Organizados, comités, conciertos, coraje desconcertado.

Vivirlo, darle orden y estilo.

Y uno tenía la sensación del matrimonio tardío a partir de

Dos desconcertantes inventando el sentido que tenían

Juntos. El matrimonio pareció, para el mundo exterior,

Y probablemente estaba, radiante y triunfante,

Y creo que es casi seguro que se podría decir

Que, durante la última y heroica fase de las cosas,

Después de su muerte y después del derrame cerebral, ella había

Por fuerza de carácter y gestión cuidadosa,

Mantuvo un cierto grado de felicidad.

 

Los libros que había en las estanterías contaban sus historias,

Línea tras línea, todas espaciadas uniformemente,

Y espacios entre las palabras. Podrías caer por los espacios.

En uno de los libros, el Dr. Johnson contó la historia:

“En la escala del ser, dondequiera que comience,

O termina, hay abismos infinitamente profundos;

Vacuidades infinitas... Pues seguramente,

Nada puede perturbar tanto las pasiones, o

Confunden tanto el intelecto del hombre,

Como la ruptura de esta unión con

Naturaleza visible, separación de todo.

Que lo ha deleitado o comprometido, un cambio

No sólo del lugar sino de la manera.

De su ser, una entrada a un estado.

No simplemente que no lo sabe, sino tal vez

Un estado que no tiene facultades para conocer”.

 

La cena estuvo deliciosa, verduras y rojos frescos,

Y los amarillos, producto de la temporada debida,

Y pescado del mar cercano; y también hubo

Cenizas para comer y tierra para beber.

Tomado de:

https://www.poetryfoundation.org/poets/david-ferry#tab-poems