viernes, 3 de mayo de 2024

ALGUNAS PROSAS DE ALEJANDRA PIZARNIK


EN CONTRA

Yo intento evocar la lluvia o el llanto. Obstáculo de las cosas que no quieren irse camino de la desesperaci6n ingenua. Esta noche quiero ser de agua, que tu seas de agua, que las cosas se deslicen a la manera del humo, imitándolo, dando setales ultimas, grises, frías. Palabras en mi garganta. Sellos intragables. Las palabras no son bebidas por el viento, es una mentira aquello de que las palabras son polvo, ojalá lo fuesen, así yo no haría ahora plegarias de loca inminente que suelta con súbitas desapariciones, migraciones, invisibilidades. El sabor de las palabras, ese sabor a semen viejo, a vientre viejo, a hueso que despista, a animal mojado por un agua negra (el amor me obliga a las muecas más atroces ante el espejo). Yo no sufro, yo no digo sino mi asco por el lenguaje de la ternura, eso hilos morados, esa sangre aguada. Las cosas no ocultan nada, las cosas son cosas, y si alguien se acerca ahora, y me dice al pan pan y al vino vino me pondré a aullar y a darme de cabeza contra cada pared infame y sorda de este mundo. Mundo tangible, maquinas emputecidas, mundo usufructuable. Y los perros ofendiéndome con sus pelos ofrecidos, lamiendo lentamente y dejando su saliva en los árboles que me enloquecen.

1961

 

 

 

ESBOZ0 1

-Me parezco a ciertos animales que solo viven de noche.

-Solo pido una cosa, y es todo: que mires la claridad, el sol.

-No me faltan ojos para constatar que aquí el sol es el sol, el

verde es verde, y cuando esto se pone rojo, es rojo.

-No es necesario comprender tanto. Te amo. lQue otra cosa

pude haber hecho sino extraerte de la noche?

-lMe sacaste de la noche?

Yo tenía un cuchillo y deje que mi acto continuara en vez de

mi lengua.

Comprobé que parecido a un cerdo era ese hombre agónico.

-Exactamente como un cerdo -dije.

Pero él no contestaba nada y me miraba con ojos embrutecidos. Al sol primero y a mi después.

 

 

 

1. Hoja mecanografiada con correcciones a mano. Sin fecha. Probablemente

de 1970.

 

 

 

ANUNCIO

iFuMECALIBAN!

-CALIBAN, un cigarrillo para todos.

-Si es para todos, será la muerte.

-Francisco, no se apure.

-Me apuno.

-P fav, Fr.

-Mierda.

-En fin, hace circular mi cajetilla de cigarrillos. Un indio aranculo aceptó uno.

Cre6se un grisáceo corro de fumadores azules.

Acompañado por su oscuro paje, Cristóbal Quilombo penetró

en el quiglobo. Allí, la Madama fustigaba al bramaje que pedía

pan con manteca.

Sigo con Caliban.

El primer cambio de impresiones se produjo.

-Voces. lQue quieren de mi las voces? Chapa tu bujan, decían.

Le cante las cuarenta ladronas. Luego, ya podrido, le cante cuatro frescas.

-No comprendo.

-Le dije lo que tenía que decirle.

-Pero lo mataste.

Sonrió enigmáticamente.

Acto seguido me regal6 un cigarrillo color mierda que examine

al microsc6pek: encontré tabaco. Su sabor era algo turbador. Por

su humo hube de apreciar su perfumo. Ello me hizo comprender,

no sin bonhomía, la idiosincrasia del hombre que, a pesar de hablar con gerundios, me dej6 chupar su singular cigarrillo.

Es así como se me reveló la soledad del hombre de mi tierra.

Yotuelnosotrosvosotrosellos fumamos CALIBAN.

Madame Destina, la vidente, sugiere:

Que seas el tarrudo bacan que se aboca sobre el pucho y lo

acamala.

Imposible no invitar a Marcel Duchamp:

Quand lajumee de tabac sent aussi de la bouche qui l'exhale,

les deux odeurs s'epousent par infra-Mince.

Rose Scelavy nos inculca:

Un CALIBAN se fume,

y un canfbal se esfume.

Gardel atanguece:

jViaja a Nueva Calibania!

Leopoldo Bloozones cacofonea de esta suerte:

jBufe Fumanchu!

A lo cual responde Concepción Arenal:

Y, por Ultimo, Sir Walter Raleigh:

Gracias a CALIBAN, Mme. Blavatsky tiene ojos de gavilán, como

Peladan.

Cortina musical: «la deplorable rumba El manisero». *

El coro de los pintores sin cara canto:

Las chinches repiten a gritos:

compinches: ¡cigarrillos con pitos!

 

• Borges: Historia universal de la infamia

 

 

DESCONFIANZA

Mama nos hablaba de un blanco bosque de Rusia: «... y hacíamos hombrecitos de nieve y les poníamos sombreros que robábamos al bisabuelo ...» Yo la miraba con desconfianza. lQue era la nieve? ¿para qué hacían hombrecitos?  y ante todo, lQue significa un bisabuelo?

1965

 

 

 

NINA ENTRE AZUCENAS

Obscenidad en algunos pequeñitos instantes del día compartido, no de la noche que es solo mía. Algo tan modesto como una mano abrió mi ardiente memoria. Un gesto tenue al doblar los dedos cuando cerro la mano en forma de azucena. El execrado color de la azucena subió a mi cerebro con todo el peso fatal de su triste y delicado perfume. Instada por la visión de esa mano recogida en si misma con dedos como cinco falos, hable de la doble memoria. Evoqué las azucenas detrás de las cuales una vez me escondí, minúscula salvaje, para comer hormigas y cazar moscas de colores. El gesto de la mano dio una significaci6n procaz a la figurita del memorial, la escondida entre azucenas. Comencé a asfixiarme entre paredes viscosas (y solo debo escribir desde adentro de estas paredes). Tan ofensiva apareci6 la imagen de mi niñez que me hubiera retorcido el cuello como a un cisne, yo sola a mi sola. (Y luchas por abrir tu expresión, por libertarte de las paredes.)

[Sin fecha]

 

 

 

 

 

NINA EN JARDÍN

a Daniela Haman

Un claro en un jardín oscuro o un pequeño espacio de luz entre hojas negras. Allí estoy yo, dueña de mis cuatro años, señora de los pájaros celestes y de los pájaros rojos. Al más hermoso le digo:

-Te voy a regalar a no sé quién.

-¿Cómo sabes que le gustare? -dice.

-Voy a regalarte -digo.

-Nunca tendrás a quien regalar un pájaro -dice el pájaro.

1966

 

 

CUIDADO CON LA PINTURA1

Un busto de Saturno se levantaba a la entrada del jardín. Las emisiones que de los agujeros faciales salían eran negras, pero tres sochantres reunidos a su alrededor las pintaban de rojo.

A H. esto le pareció muy curioso, y se acercó a ellos para ver cómo lo hacían, para saber por qué lo hacían. En aquel momento oy6 que uno de ellos le decía al otro:

-Me has manchado de pintura, te voy a matar. Nadie me descubrirá pues las manchas de pintura proceden ineluctablemente a la ocultaci6n de la identidad.

 

 

 

APRENDIZAJE 1

-Admire solo la ejecución de los muñecos -dijo.

Cuanto más los miraba, mas fuerte era mi certidumbre de que nunca formularía, en mis poemas, signos iguales o parecidos a los que emitían esos muñecos. Yen verdad, ¿Cómo comparar una

paciente serie de pequeños actos con el impulso desenfrenado de

la materia verbal errante?

-Ya no hay más nombres -dije a la loca.

-Si se queda unos años en el hospicio, le enseñaré a hacer

muñecos como estos -dijo.

¿acaso es nada la vida? ¿por qué conceder tanto tiempo a tan

inútil aprendizaje?

-No quiero quedarme -dije-. De lo que se llama la locura, he

oído hablar, como todo el mundo, pero no basta querer estar loca.

Se señaló a sí misma.

-No la abandone. No la deje sola.

Empezamos a llorar. Entro el médico. La señalé a ella y dije:

-Lo he dado todo y ahora me dejan sola.

Así aprendí como se hace un muñeco. Pero ustedes admiren

solo la ejecución de los muñecos.

 

 

 

1.Hoja mecanografiada y corregida a mano. Probablemente de 1970.

 

 

 

 

RETRATO DE VOCES1

a mi abuela, la princesa Dounia Fedora Kolikovska,

a quien ruego perdone mi desinterés por la magia

y mi adhesión excesiva al samovar

 

-Al alba dormiré con mi muñeca en mis brazos, mi muñeca la

de ojos azul oro, la de la lengua tan maravillosa como un poema

a tu sombra. Muñeca, personajito pequeño, ¿quién sos?

-No soy tan pequeña. Sos vos quien es demasiado grande.

- ¿Que sos?

-Soy un yo, y esto, que parece poco, es suficiente para una

muñeca.

-Pequeña marioneta de la buena suerte, se debate en mi ventana según quiere el viento. La lluvia ha mojado su vestido, su cara y sus manos, que se decoloran. Pero le queda su anillo, y con ello su poder. En invierno ella golpea en el vidrio con sus piececitos calzados de azul y danza, danza de frío, de alegria, danza para calentar su corazón, su corazón de madera, su corazón de la buena suerte. En la noche ella eleva sus brazos suplicantes y crea a voluntad una pequeña noche de luna.

 

 

 

1. Publicado en Árbol de Fuego, año 5, num. 52, julio de 1972. lncluido en Textos

de Sombra y últimos poemas, Sudamericana, Buenos Aires, 1982.

 

 

 

LA VIUDA DEL CICLISTA

a Felicite de Coiseul-Meuse

Esta el otoño, Señor, sobre mi vida, y todavía, Señor, no logro

olvidar ese chiste malísimo que, en el verano de 1893, hos infligió esta patasanta en Hail-les-Bains, a un grupo de argentinos que tomábamos sol sin decir oxte ni moxte. Estábamos Eduardo

Mancilla, Eduardo Wilde, Eduarda Mancilla, el segundo triunvirato, un indio ranquel, Ulrico Schmidl (supuesto amante de Isadora Duncan), un indio prendido, un indio aranculo, un indio

cano, Leopoldo Lugones (supuestamente amante de La Sobaquinha), Andres Bello (del brazo de Tórrida, su prometida), Leandro Alem, Parquechas, Chiclana y el Bebe Campo de Mayo.

-A ver si haces un poco de mutis, pedazo de medio y verde

pelo recorriendo la Costa Azul en bañadera -dijo la noble coja o, mejor, la blenojaco. Y arrodill6se no sin agregar:

-No me arrodillo ante vos, mierda que te vendo mierda, sino

ante la mierda de la humanidad, a la que también le duelen las

putas, no vayas a creer.

-Puta que veo, puta que creo. Ergo: hacete a un lado, aborrecida

-dijo el meridiano de Greenwich objetivando un esputfn de verdin

color sonámbulo. El mentado no cesaba de esputar porque no cesaba de chupar morosa verdemente una papa-crea-soda, helas.

-Víctor Hugo era un loco que se creía el Benjamin Constant de

Vieytes, helas -dijo Cojapicora o Jicora de Alcoganda o Las Aventuras de C6jaca a caballo entre cobayos, jíbaros y tarahumaras.

-Coja que medra no mierda -jact6se la jacto-. Jicorar con un

buen coro, humoro; pero jibir bajo un jibarita, es divinox. Moraleja: en caja de coja, carcaj al carajo.

-El Pigmeo meó a su antojo después de ponerse los anteojos

-dijo el pericolador de todas las indias.

- ¡Más Noches -dijo Hernandarias guiñando un ojo a Hernán Cortes!

-Noches!! -chilló la malcojida anotando en su diario:

Jimmy tu mon fe

dans ma larinx

en disant jjSoirs!! A l'adore H.

-Bosta es una bestia. Y ni siquiera eso, porque muri6 -dijo el

animal.

Ionesco quiso sosegar a Perilesco.

-Amigo Perlasco: es Bosta Watson, el marido, quien muri6.

Ella, Bosta Watson, vive. Cierto, cuando el marido vivía, los dos

se llamaban Bosta Watson. Quien juntos los viera, nunca los diferenciase, pues que tengan un solo y mismo nombre. peste de

¡Bosta y Bosta de peste! Era bostial el despiole que se armaba y,

sobre todo, la confusión, e inclusive -me atrevo a decirlo- el enredo. Todavía hoy día, que no somos ayer, hay giles sueltos que

creen que quien muri6 es ella, Bosta. Y se acercan lo más panchos y le dan el pésame al muerto, a Bosta, el marido, pobre

Bosta, quedarse así, sin su Bosta.

- ¿y tu hermana?  ... -dijo el hada Arist6teles, quien estaba justito en el medio.

-Se pescó -respondió Ensimismo jarrita- una tranca y apareci6 en Sala tranca. * Cuando baila sardanas, enardece a las sardinas. Cual jaula, el aula Alejandra Magna se llena de mancas

cuando Sala coja entra.

-Tu hermanca A ula Renga sabe la flor de la arenga como

Malena -dijo melifluencia, en Alabama, la Estagirita me emborracho bien.

- ¡a callar, culos ligados! -picocteau la Tapette Criarde de Tomboctcul esputeando al dorso de unos sellos postales con el prop6-

sito de enviar anónimos extorsionantes a personalidades de la talla de Fritz y Franz, Laurel y Hardy, Pavlov y Pavlova, Reich y

Reik, Rimsky-Korsakoff. Reconociendo con inocencia su culpa,

San Pericles, comediante y sastre, estir6 la pata a fin de encender la radio.

Al verlo en cierta postura aureolada por mil escándalos, todos

pensaron en una frase de la bizca, pero aplicada a Arist6teles:

«Pericles nos tiende un espejo en el que tenemos que mirarnos.»

A lo cual respondieron con risitas indecentes algunas parejas:

Groucho y Engels; la bella y la Bosta; el ciclista y el inflador; y

Helioglobo.

 

 

 

 

 

* La frase evoca: «Se pesc6 una mina y apareció en Salamina».

 

 

 

LA VERDAD DEL BOSQUE

Como un golfo de soles este espacio hermético y transparente:

una esfera de cristal con el sol adentro; con un cuerpo dorado (un ausente, querido tu) con una cabeza donde brillan los ojos más azules delante de sol en la esfera transparente.

La acción transcurre en el desierto y que sola atravesé mi infancia como caperucita el bosque antes del encuentro feroz. ¿Qué sola llevando una cesta, que inocente, que decorosa y bien dispuesta, pero nos devoraron a todos porque para que sirven las palabras si no pueden constatar que nos devoraron?  -dijo la abuela.

Pero de la mía no se vistió el lobo. El bosque no es verde sino en el cerebro. La abuela dio a luz a mi madre quien a su vez me dio a tierra, y todo gracias a mi imaginaci6n. Pero allí, en mi pequeño teatro, el lobo las devor6. En cuanto al lobo, lo recorte y lo pegue en mi cuaderno escolar. En suma, en esta vida me deben el festín.

- ¿y a esto llamas vida? -dijo la abuela.

1966

 

 

 

TANGIBLE AUSENCIA1

Que me dejen con mi voz nueva, desconocida. No, no me dejen.

Oscura y triste la infancia se ha ido, y la gracia, y la disipaci6n de los dones. Ahora las maravillas emanan del nuevo centro (desdicha en el coraz6n de un poema a nadie destinado). Hablo con la voz que esta detrás de la voz y con los mágicos sonidos del lenguaje de la endechadora.

 

A unos ojos azules que daban sentido a mis sufrimientos en las noches de verano de la infancia. A mis palabras que avanzaban erguidas como el corcel del caballero de Bemberg. A la luz de una mirada que engalanaba mi vocabulario como a un espléndido palacio de papel.

Me embriaga la luz. No nombro más que la luz. Quiero verla.

Quiero ver en vez de nombrar.

No sé dónde detenerme y morar. El lenguaje es vacuo y ningún objeto parece haber sido tocado por manos humanas.

Ellos son todos y yo soy yo. Mundo despoblado, palabras reflejas que solo solas se dicen. Ellas me están matando. Yo muero en poemas muertos que no fluyen como yo, que son de piedra como yo, ruedan y no ruedan, un zozobrar lingüístico, un inscribir a sangre y fuego lo que libremente se va y no volvería. Digo esto porque nunca más sabré destinar a nadie mis

poemas.

¿Vida, mi vida, ¿Que has hecho de mi vida?

hemos consentido visiones y aceptado figuras presentidas

según los temores y los deseos del momento, y me han dicho

tanto sobre cómo vivir que la muerte planea sobre mí en este

momento que busco la salida, busco la salida.

Volver a mi viejo dolor inacabable, sin desenlace. Temía quedarme sin un imposible. Y lo halle, claro que lo halle.

La aurora gris para mi dolor infuso, me llaman de la habitación más cercana y del otro lado de todo espejo. Llamadas apresurándome a cubrir los agujeros de la ausencia que se multiplican mientras la noche se ofrece en bloques de dispersa oscuridad.

Luz extraña a todos nosotros, algo que no se · ve sino que se oye, y no quisiera decir más porque todo en mí se dice con su sombra y cada yo y cada objeto con su doble.

Tomado de:

https://proletarios.org/books/Pizarnik-Prosa_completa.pdf

jueves, 2 de mayo de 2024

POEMAS DE RICARDO DOMENECK


X + Y: una oda

 

An refert, ubi et in qua arrigas?

Suetonio

De haber nacido

mujer, ya habría dado

a luz siete

hijos de nueve

hombres distintos.

Ahora, vivo entretenido

con las teorías

que explican mi gusto

por olores específicos,

cierta distribución de pelos

en las piernas ajenas,

el cabello en la nuca

y en el pecho

sin senos, aunque aprecie

ciertas glándulas mamarias

de muchachos y chicos

con aquella dosis

saludabilísima

a mis ojos de hipertrofia.

Medito sobre las conjeturas

de terapeutas,

los relatos de una Persona

partida, Edipo desnutrido,

sin modelo

en la infancia de un legendario

Layo

ejemplar, lanzándome

a una supuesta

búsqueda, entre amantes,

de mí mismo.

Intenté, sin el menor

éxito,

durante días inducirme la erección

delante del espejo.

Concluí que mi ego

no era tan eréctil.

Oí con atención

la fórmula

del padre ausente y la madre

dominante generando reinas

de bastos, espadas y copas

laxas y locas,

pero, a pesar de mi historia

de progenitora histérica

y procreador estoico,

mis hermanos

con sus prepucios tan precipitados

delante de los clítoris

echan a perder la estadística.

Leí todos los reportajes

sobre la posible queerness

en la boutique del código

genético, esa kermesse

de las afinidades seducidas,

y me reí con el amigo

que cierta vez, en broma,

me llamó dispositivo

biológico

de una Naturaleza estresada,

medicando el hipercrecimiento

de la población. No mentiré diciendo

que no temo y tiemblo

con el peligro del infierno.

Llegué, sin embargo, a la conclusión

de que mi pasaje

solo de ida

al Hades

no se da

por la inclinación

algo obcecada

de mis genitales

por el carácter heterogéneo

de vuestros gametos.

De haber

nacido hembra,

ya hubiera dado a luz once

cachorros de trece

machos diferentes,

y, como puta,

asegura

el Vaticano (y también Hollywood)

no se conoce ascensión,

tan solo caída.

Por lo tanto, poeta, pederasta y puta,

sigo con mis ojos por la calle

a cada portador

de esta combinación gloriosa

de cromosomas

X e Y,

llámense Chris o Absalón,

con sus proporciones espaciadas

entre los agujeros

del cráneo, la línea que se forma

entre orejas y hombros,

las alas de sus omóplatos

y la cofia de los rotadores,

las simetrías volubilísimas

entre las extremidades

excitantes y excitables

como nariz, pene y dedos,

el número de pelos

entre el ombligo

y el nido púbico,

el formato de los dientes

y sus reflejos

en diámetro

en los pies y sus uñas.

Si andan como comen,

si bostezan como ríen,

si beben como tosen,

si follan como bailan.

La absoluta falta de misterio

en algunos de ellos, incapaces

del famoso disimulo

de ciertos personajes

literarios femeninos

del siglo XIX.

En ellos, es oblicua

solamente la ocasional

erección inconveniente.

Me constriñen

estas confesiones,

pero cedería ciertos derechos políticos

por algunas de esas crestas ilíacas

ya presenciadas en playas, al sol,

y cambiaría una ida a las urnas

este invierno por esta u otra nuca.

Y mira cómo el planeta

insiste en la demostración empírica

de esa abundancia de músculos

y sus reflejos

cremastéricos:

en este exacto momento,

mientras escribo este textículo,

entra en el café, en pleno Berlimbo,

uno de esos ejemplares de chico

torpe y zurdo,

la gorra cubriéndole medio rostro,

prototipo de barba

y bigote, pantalones

que me catapultan a fantasías

con skateboards como props,

cejas cual caterpillars

sitiando los ojos con promesas

de delicias y desfachatez épicas.

Sus bambas son beige;

al quitarse el jersey, se ve

su escala de Tanner.

Su Calvin Klein.

Beige quedo yo, adivinando qué piel

cubre sus rodillas, sus talones.

Sueño el sexo biónico y homérico,

algo entre Aquiles y Patroclo,

interpretados en nuestro mundo

por Brad Pitt y Garrett Hedlund,

potros salvajes como búfalos

o bárbaros.

Y este mundo está llenísimo

de esas distracciones casi sádicas

para mi masoquismo

voluntarioso en vicio,

que impiden que componga

mi Divina Comedia,

mi Paradise Lost.

Perdone, Sr. Canon,

esta mi tosca y parca

contribución lírica a la cosecha

de sus contemporáneos,

pero no me catalogue

entre las farsas, sátiras.

Pues no es, resumo, culpa

de las masificaciones capitalistas

esta mi attention span

poco renacentista,

sino de esta explosión de cántaros

plenos de testosterona púber

que van y vienen por los espacios públicos.

Cuando pasan, bocados deliciosos,

finger food en arrogancia

cocky y garbosa, murmuro

en la cavidad hueca

de la boca:

“Deberían estar prohibidas

sus exageraciones de belleza”.

Mi fin será en estos baretos

de Berlimbo,

colmándome de café negro

y esperando sus ocasiones

para escribir poemas

que os celebren, actores

principales de este largo film porno

en que me vi concebido, creado

y expelido, coadyuvante

contento y doblado.

Os agradezco la oportunidad

de hacer del adverbio sí

una interjección obscena.

A los otros, juro que no se trata

de encomio, jactancia o loa.

Si yo quisiera hacer apología,

a lo mejor diría

que hay más elegancia

en “Sé mi erómeno

y yo seré tu erastés”

que en, al pescuezo,

“Mí Tarzán, tú Jane”.

No busco nuevos adeptos

que me hagan competencia.

Boys will be boys,

hay quien diga, y, claro,

no voy a decir que espero

de todo chico

que sea de Chirico

o Beuys.

Habrá momentos de caza

y rendición felices, las pocas

veces de suerte

en que seremos camareros

de algún chico pasolínico,

con quien se podrá, al final,

hacer el cama-supra, sesenta-y-nueve

y entonces discutir en el postcoito

otros conceptos entre guiones

al son de Cocteau Twins,

enumerar las guitarras de 1969,

nuestro horror a Riefenstahl,

la obsesión por Fassbinder,

y ojalá sentir en medio de tal

loa una nueva erección

perforando

las telas entre los pliegues

del edredón

mientras leemos poemas de Catulo,

Cavafis.

Cuando lleguen los bárbaros,

me encontrarán en la cama;

que vengan, sin embargo, armados,

pues he de estar acompañado,

y en ristre nuestras lanzas.

 

 

Larga vida a la poesía pura

 

                               a Ezequiel Zaidenwerg

 

 

Escucha bien, nosotros, poetas aguados,

caminamos hoy

entre plantas de nombres

muy bien catalogados,

pero que desconocemos,

y así muchas veces confundimos

nomeolvides y lágrimas de amor

llamamos miosotis a la russelia

y tomamos con frecuencia

por milamores a la gloriosa.

Yo, por mí, preferiría

saber distinguir entre la menta

y la melisa, ésta y la manzanilla

para salvarme de resacas quizá

llegando de antros y fosas malsanas

donde chicos esbeltos, longilíneos

como anguilas, sostienen los limones

nada luminosos

de una ex-caipiriña o tequila.

He aquí mi acción

de gracias,

poetas laureados, queridos

antepasados cosmopolitas

del último siglo,

vuestra pureza de lenguaje

nos ha salvado

de esos incómodos detalles,

llegamos por fin al universal,

y zorzal, gavilán o mirlo,

cantamos ahora

apenas ave

abstracta en la rama

de un árbol

que no sabemos nombrar.

 

 

La Cochinísima

 

                             a Luis Felipe Fabre

 

 

 

A algunas las llaman Agrado

a otras más desdichadas e infelices

sus mamás muy católicas

les ponen Martírios o Remédios

a otras más les ponen nombres

anglosajones latinizados

y ridículos como Ricardo

yo soy La Cochinísima

la que come camarones

comenzando por las cabezas

la que bautiza sus entrañas

todas las mañanas

con un clamato ardiente y picante

para que se queme por dentro

por respeto al infierno que trae

en sí misma

no me digan querida cariño o señora

yo soy La Cochinísima

la que camina por el Zócalo

toda de negro desde la cabeza

hasta la punta de la cola

por respeto al luto de sus abandonos

a la que le dicen pollo y oye polla

a la que le dicen hoja y oye polla

a la que le dicen Chapultepec y oye polla

si la invitan a cenar a sus casas

sin duda encontrará a quién comerse

en el sótano

un colchón cualquiera le sirve

a La Cochinísima

para hacer sus amores eternos

de cinco minutos

no le mires los ojos mucho tiempo

no porque sea una Medusa cualquiera

sino porque mientras miras su carota

La Cochinísima mide tu nariz

para adivinar otras simetrías anatómicas

no la envíes a un claustro

como a sor Juana Inés de la Cruz

porque sin duda convertirá a las monjas

en putas delincuentes

yo soy sor Cochina Penes de la Luz

una santa de matadero y carnicero

o mejor La Cochinísima

la que conoce la hidrografía del cuerpo

en todos sus fluidos

sus géiseres manantiales y cascadas

la que recorre el mundo

cantando sus cancioncitas

idiotas y cochinas

y catalogando los fenotipos del XY

la que vino para educarse a sí misma

y entretener a las masas

¿o será al contrario?

ya no lo sé

aquí estoy a tu servicio

me llaman La Cochinísima

porque toda mi vida

solo quise ensuciarte a ti

con lo que produzco en mí

que otros machos tontos lleven vírgenes

a los vergeles

a mí me sirven los mataderos

donde mis hermanas sagradas

berrean y chillan a la hora

de su muerte

y entonces mueren

muy dulces y mansas

para que vosotros os proteinicéis

yo soy la Prometéica

la que ha prometido

dar calor a los hombres

¿será por eso que me duele el hígado

todas las mañanas?

 

20 de octubre de 2014

Ciudad de México, en una cafetería de Isabel la Católica

Tomado de:

https://periodicodepoesia.unam.mx/texto/la-cochinisima/

 

 

Solo en caso de emergencia

 

*

 

para el caso

de un trasplante

yo te donaría

un pulmón un riñón

medio hígado fallido

y si estás en la cárcel

sin plata para la fianza

cobraría los gastos

o robaría un banco

en gran estilo-bonnie

desde que tú

me desclydificaste

& te hiciste rehén

del pentágono

de al-qaeda

de los aliens

de la yakuza

yo voy al rescate

con derecho a

un caballo un estandarte

y mil trompetas

pero no

no tengo tiempo

para el cine

no no

tengo tiempo

para un café

no no tengo

tiempo

cómo estai

estoy bien

 

~

 

Industria cultural

 

*

 

Las distracciones

para las familias del campo

exigen recursos humanos

propios.

 

Aquí

no se ve actuar

a grandes actores

aquí

no se ve leer

a los grandes poetas

aquí

no se ve cantar

a los grandes cantantes

aquí

no se dignan

a las interpretaciones

ni a la inteligencia

 

Aquí

las iglesias evangélicas

y las academias de gimnasia

fomentan la implementación

del Mens sana in corpore sano

 

Las visitas a la heladería

que antes fue una pizzería

y antes, una cafetería

solo cambian las paredes

que no traen

ni una foto ni una pintura

de tradiciones centenarias.

 

El espacio público

-ni Ágora ni Ecclesia-

pide variaciones

-ahora los susurros-

de viejos resentimientos

de pequeñas irritaciones

que se acumulan

y palpitan como pústulas-

 

Las frustraciones del padre

las frustraciones de la madre

y así, en una escalera

las frustraciones que nacen

de todos los que vienen, en pérdidas

crecientes.

 

En la mesa

reina nuestra misma

falta de tema al cenar

o el tema repetido

hasta el cansancio. Las deudas

con Dios y con el César.

 

Y sí, el silencio

sobre los únicos temas

que quizás nos salven.

Si solo, en un instante

de lucidez repentina

ahora regaríamos

los helados, las pizzas, las comidas

con lágrimas, goteando juntos

en la cuneta. Pero, ¿qué dirían

los vecinos?

 

En las capitales

lloran los intelectuales

- ¡el pueblo! ¡el pueblo! -

mientras el moho y el musgo

cubren de a poco

nuestra no-boca, nuestra no-alma.

 

Tomado de:

https://lacomparecenciainfinita.blogspot.com/2021/07/ricardo-domeneck-dos-poemas.html