viernes, 7 de agosto de 2015

POEMAS DE JOSÉ ÁNGEL LEYVA

MI ABUELO

a Juan Gelman
Mi abuelo tenía unos largos cuchillos afilados
y un extraño silencio de sauce en las pestañas
Dice mi padre que era experto en matar de un solo tajo
abrir las bestias en canal y desollarlas con pericia
Desvanecer en cortes cirujanos a la presa
Mi abuelo José Ángel no pensaba en el dolor
ni en la muerte de la carne
Cada mañana en su interior se desangraba una palabra
Un pinchazo al corazón se le clavaba al hundir el pan
en el café matinal en medio de los fiambres
Imaginaba que encendía temprano un horno
amasaba harina y enseñaba a los nietos a inventar
formas con nombres que se encienden al calor del barro
El carnicero despertaba en su local de garfios y de sangre
Rebanaba piezas de res de cabra de cerdo de cordero
Callado
Regalaba a la clientela una sonrisa calma
A veces el alcohol recuperaba el sueño
el aroma del pan
          las ascuas brillantes de sus ojos grandes
Tomaba la calle con risa y voz desconocidas
Compraba en el retorno a casa la mejor repostería
Murió el abuelo porque el trigo le dolía al miocardio
antes de conocer nietos y de ser viejo
Sus hijos heredaron de mi abuela el magisterio
y una sentencia que dijo era de José Ángel
“La palabra es al hombre lo que el hombre a la palabra”
Abandonó la familia el matadero por un salón de clases
En mi infancia recuerdo a mi padre sacrificar animales
                      con manos de maestro
escribir discursos y poemas para grandes banquetes
en una comunidad analfabeta
También lo vi hacer hornos y pan junto a mi madre
Ahora me pregunto al escribir sobre el abuelo
En dónde quedaron sus largos cuchillos afilados
Los nombres de la harina
En dónde la palabra-carne

BOGOTÁ


El filo de la noche me rompe la suela del zapato

Llueve

Al pie de Monserrate mis plantas
Son verdes también como los negros ojos
El calcetín recorre la séptima carrera
Sin prisa
la décima la trece  el maratón de niebla en la sabana

En el futuro estuve aquí
Tenaz como el pasado
Y en el ayer que es hoy
Su geometría rondaba mi ignorancia

No para de llover
Ladrillos y piedras me indican
Que voy de atrás para adelante
La candelaria envejeció desde el recuerdo

No para de llover
La juventud de Bogotá borbota en las aceras
Forman arroyos sus risas sus deseos
Saltan como hongos de humedad las voces
Caderas senos pasos devenir en baile

No tengo zapatos suficientes para expresar
la intensidad del tiempo
Habrá cielo despejado
Con sol bajo la suela

LÍNEAS

Entre dos puntos la línea divide un infinito
los límites de un cuerpo
                    de un volumen
el comienzo de la imagen
El pincel con fibras asombrosas
se desliza entre espectros de manos dibujantes
Durero Leonardo Doré Shitao Klee
Alambres nerviosos del silencio
Caligrafías de los sentidos y del sueño Un lápiz desmadeja las formas informales
el presente amorfo de recuerdos del futuro
las rayas de la palma y de los dedos
en cuevas muros y peñascos En las manos que escriben va la suerte
del grafito con su punta desgastada
Resistencias cuerdas filamentos espirales
encendidas por Ariadna en las cavernas
en la mirada medio humana de la bestia al descender a la rúbrica y al trazo
la línea es frontera y es principio
de quien escribe y dibuja sus fantasmas

Nagual 1

Falange darwiniana


De los cinco hay uno que gobierna
El dedo acusador no tuvo suerte
de ser segundo en el índice animal

Homínido
Obediente a sueldo
apunta y dispara sobre el otro

El cordial juega a hacerse el inocente
cuando llega primero al placer
Suele también significar obscenidad y ofensa

El superego está en el anular
Paga los platos rotos o esconde la mano en situaciones
en que es preciso mentir y aparentar aplomo

Con el meñique se llega a acuerdos y a amistades largas
Entre los más pequeños el contubernio es la constante
pero no deciden qué hacer ni son imprescindibles

Cuando el pulgar se alza frontal ante los cuatro
toca sus puntas y vuelve a recordar la hazaña
Él deshizo la ruta del mono y lo llevó al entendimiento

No hay vuelta atrás La vida es una cuenta regresiva
El futuro es esta luz perdida en las cenizas

La mano agarra empuña toca
cuenta pulsa juega acaricia escribe gesticula
con los cinco sentidos y las cinco falanges del saber

El pulgar domina en la tribuna el circo
Empoderado apunta aprobatorio el cielo
o deja caer sin gravedad la uña hacia la tierra
Sentencioso mordaz individual alegre
el dedo gordo revienta la asamblea
multánime se eleva o condesciende a ser
arma o instrumento
huella dactilar pasaje visto bueno


Nagual 3

Alas


¿Has puesto la carnada al ángel? La trampa y el anzuelo están desocupados. Eres la burla del demonio; no deja de alterar la ubicación del tiempo. Fíjate bien por dónde andas. Tal vez no has removido los escombros y hay un rumor de alas inaudible. Fíjate bien donde se aprieten más las sombras, su cuchicheo es argamasa de nombres y de oídos. No temas despertar y ver que no eres nada de aquello que escuchaste. Estás allí, atento a cada señal de la memoria, pendiente del agua que bebe el camaleón y el buitre. Todo camino al más allá cambia de sitio.


Nagual 4

Mascota


De la costilla del hombre se desprende un grito
silencioso
La vida le pasa sin soñar dos veces
Extraña sensación de la conciencia
sentir y ver un trozo de sí precipitarse
con sudor de muerte

La sombra utiliza la punta de los dedos
para alzar el dolor con repugnancia
Olfatea el contorno de la mancha
indeleble en el cemento
La idea de estar sin ser yace en la masa
parasitando el corazón y el nervio
con sustos triviales y llamadas vanas

El hombre se palpa el costado donde duele
el nacimiento de otra imagen distinta a la que mira
boba   en el vidrio de un escaparate

Ocurre a veces sin síntomas ni signos
en medio del tumulto
Nos sobresalta no ser ni estar en ese corazón
sino en la cosa animada que mueve la cola
y lame al paseante los zapatos 


Padre


Él moja la barba en un aguamanil
Una veleta de latón gira en el techo
Sopla el viento en círculos azules
Coloca la máscara de espuma
Yo juego a afeitar árboles y nubes
Me llena la cara de jabón
Me veo en su espejo



La perra

Ha venido la perra a lamerte los zapatos
Ronronea y se pone a jugar patas arriba
Espera a que le rasques y acaricies con la suela
El animal carece de memoria no tiene dignidad
La humillación parece ser el fundamento de su
especie
–te inquieres con rabia y no puedes evitar la
repugnancia
Ayer con otros niños la viste perseguida y montada
por los perros
Decidieron castigarla por asco o por mostrar carácter
El magisterio del amo o de quien aprende a someter
al débil
pasaba por la fuerza y el juego ingenioso de los jueces
La colgaron por las patas traseras a una viga
Aullaba la piñata de dolor entre risas y gritos de
muchachos
La sacudían a palos le picaban con fruición el ano y
la vagina
El dolor ajeno es impermeable a las cuestiones
Son tiempos de guerra pensabas al emerger en ti
un pulso de piedad o de conciencia
Decidiste entonces frenar el juego
Por años la imagen de la perra te persigue
Es fiel a tu dolor y a su tortura
Cada mañana aparece en la puerta de tu casa
En su mirada ciega los ojos son los mismos
que preguntan por qué desde la infancia
Para Antonio Gamoneda
desde Un armario lleno de sombra


Bogotá

El filo de la noche me rompe la suela del zapato
Llueve
Al pie de Monserrate mis plantas
son verdes también como los negros ojos
El calcetín recorre la Séptima carrera
sin prisa
la Décima la Trece el maratón de niebla en la sabana
En el futuro estuve aquí
tenaz como el pasado
Y en el ayer que es hoy
su geometría rondaba mi ignorancia
No para de llover
Ladrillos y piedras me indican
que voy de atrás para adelante
La Candelaria envejeció desde el recuerdo
No para de llover
La juventud de Bogotá borbota en las aceras
Forman arroyos sus risas sus deseos
Saltan como hongos de humedad las voces
Caderas senos pasos devenir en baile
No tengo zapatos suficientes para expresar
la intensidad del tiempo
Habrá cielo despejado
con sol bajo la suela


El poeta lleva un tiro en la cabeza

Pensaba que la muerte no dolía
mas sintió una explosión de dolor en la cabeza
Era un joven intenso de Colombia
Hombre niño viejo
Le gustaba arriesgar el corazón en la ruleta
y jugar a darle sentido a las palabras
a ponerle nombre a los sucesos
que la demencia y el horror definen innombrables
Se puso a revolver las letras del revólver
Se puso el chaleco salvavidas
Alquiló su vida como escolta
¿En qué país estoy? se dijo
cuando la bala le rompía la frente
y se alojaba estupefacta en el cerebro
Nunca perdió el conocimiento
ni la imagen vívida del arma
¿En qué país estoy? interrogaba a los curiosos
el guardaespaldas boca arriba
con ojos de poeta
de mártir
de extraviado
de suicida
¿En dónde sobrevivo? se pregunta
ese hombre cuando escribe
y le pesan los versos como plomo
y le vuelven los nombres de la muerte
¿En qué país en qué país?
repite la bala estacionada en la cabeza
A Fausto

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