lunes, 5 de febrero de 2018

DIABOLUS IN MUSICA De Henry Alexander Gómez

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Este maravilloso libro, ganador del concurso nacional de poesía “Ciro Mendía” 2013.
Publicado por la Editorial Babilonia en su Colección de Poesía. Es uno de esos libros que hubiera querido haber encontrado antes, no solo por el buen gusto y el placer que produce su lectura, sino por el enriquecedor panorama de la música; cualquiera que se precie de melómano o amante del rock debe tener este libro al alcance de su mano, para deleitarse con las letras que Henry le dedica a cada uno de estos magníficos músicos, en un recorrido que nos presenta los más diversos y mejores momentos de la historia del género.

Sea esto una invitación a todos los lectores a buscar este Libro del poeta Henry Alexander Gómez y disfrutar tanto o más cómo lo he hecho yo.

ROBERT JOHNSON


Alguien dijo que fue un tañido grave, producido por el
Aleteo de una polilla moribunda, lo que incendió su amor
Por la música e impulsó su fuga de gato herrumbroso.
       Acompañado solo por su guitarra de azogue, sobre los
caminos dos veces nocturnos, le arrebató su suerte a todo
aquello que se desprecia.
      Recorrió tabernas y pueblos, suburbios y ciudades.
      Los negros se aterraban con el combate de sus bajos y su
guitarra mordida por una nube de sombra
     Se tatuó en la piel su propia leyenda -el tiempo no podía
malgastarse-. Había que quebrarse las botellas directo en
la garganta, seducir escorpiones, copular con pañuelos blan-
cos, para después desaparecer en el aire.
      A sesenta y ocho revoluciones por minuto concibió todo
lo que debía decirse: veintinueve canciones y dos ligeras fo-
tografías donde vemos a un bluesman tostado por los rudos
soles del delta.
      La leyenda agrega siempre que, a sus veintisiete años,
mientras la depresión de un vaso de whiskey en el fon-
do e un bar, lo irrumpió un hombre que portaba una más-
cara del color de la noche; vestía un extraño levitón y parecía
llevar a cuestas un alud de árboles deformes.
     Johnson, con un ligero movimiento de manos, le dijo:
“Hola Satán. Sí, lo sé. Es de nuevo la hora de marcharnos.”

HUMBERTO MONROY


El humo de la noche ha rodeado mi casa. Sin tocar las
notas bajas de la sed, la música florece en la línea del aire.

Mi boca posee cuatro labios, mis ojos cuatro pupilas para
Descifrar la oscura pulsación de la luz. Mi vida ha sido el
temblor de un alfabeto encallado en el destello del relampa-
go.

  Humo en las ventanas, en la densidad del polvo. Este lar-
go de envejecer en el origen.


RANDY RHOADS

Atar mis seis cuerdas al cielo y apoyar el oído en la tierra.
La vida es un corto silencio que debe aprender a escucharse


JANIS JOPLIN


Inútil es viajar entre el olor de la ceniza, sepultar amapo-
las en las mandíbulas del ángel ciego.

Canción de la infancia: fumar el opio de la piel y beber la
última gota de un blues de la botella más oscura de un bar de
Louisiana. El pulmón amordazado mientras el gramófono
suena a Bessie Smith o a Billie Holiday.
Una huella descalza la delata, la delata su sombra trans-
parente.

Hurga una grieta en la penumbra. Descúbrete impedida
para contar la multiplicidad de nubes que rodean tus dedos.

Es bello vigilar desnuda al sol cuando anochece: la orgía
de su voz baja cóncava al interior de la tierra.



No olviden buscar este libro en las diferentes librerías en Bogotá, o Comunicarse con Editorial Babilonia para mayor información.

domingo, 4 de febrero de 2018

POEMAS DE JAIME GARCIA MAFFLA

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(2 de noviembre de 1944, Cali, Colombia)

RECONOCIMIENTO

Los ojos que me miran desde un cristal imaginario
Evocando los rasgos que tuviera un día
Nada tienen que ver o saben del final que me aguarda
Y no imagino.
Sin embargo
cuando lunas y soles hayan cumplido con su tránsito
Y de la memoria hayan partido imágenes y sueños eternos
Quedarán
como la parte mía no encontrada, los ojos que me miran

OTOÑO

A la mesa sentados a la tarde
quietos abuelos dóciles como el trigo
al oro de la sombra contemplan
sueños trozos de objetos
en el patio desierto la aurora
de la estirpe
breve tiempo
caer sobre los muros con alas apagadas.


CANCIÓN

Un navío frágil
Que se hallaba perdido
En alta mar, pudo ser rescatado,
Tras su duelo, por el sentido que del viento
Tuvo el capitán, ya retirado como  ser navegante,
Sobre el muelle del puerto.
Partió en un esquife y lo avisto,
No por certezas sino por el instinto
De tantos años sobre la cubierta
De otros barcos,
Al azar de las olas, al capricho de vientos
Encontrados.  Una tormenta, una lluvia que hizo
De aquel buscar y hallar otro prodigio de las noches del mar…

CANCIÓN


Sobre el agua,
Ya azul de la rada
Alcanza a dibujarse
Algo de los corales que son signos.
Parecerían, sólo al sugerirse,
Decir cuán arduos se hacen,  el arribar
Y el inicio del viaje hacia  otro puerto,
Que por amado no hace la travesía más
Deseada, luego de haber bajado al muelle
Que es  la vida esperada por tantas noches
Sin amparo, aún sin horizonte y sin sino.
 Con las luces de abordo, en alta mar
De otra mar que no ha de ser consignada en la bitácora…


CANCIÓN

Hoy  ¿por qué?
Como nunca antes,
Ni en ningún otro puerto,
Hay una bruma azul en torno
Al nombre que en la proa se puso
A esta nave: ”Solitude”.
Y esta bruma le habla a ese nombre
Con palabras de antiguos compañeros
De lucha en las mareas y en los puertos cercanos
Pero desconocidos o ajenos,
Como  en el ser todo del destino
De aquel que flota sobre el abismo,
También azul como el ideal,
Como esa otra bruma que es el llanto
De gozo sólo por la vida.
¿Pero cuál signo hacen en su diálogo,
Sino es uno con
 El fondo intocado de todo mar y toda alma
En vigilia?

CANCIÓN

Una  lejana voz
Que dice a los marinos:
“No, no arribar, botar anclas
Y  esperar solamente
A que otras embarcaciones
Pasen de largo hacia el muelle que aguarda
Voz que es del sueño de un permanecer
Como lo es del duelo del siempre estar partiendo…
Callar y hablar, con sólo el leve golpear de las olas
En la conciencia y en el corazón.
La voz se hace próxima
Y dice a los marinos que aguarden en cubierta,
Tal vez sin tiempo, tal vez sin el  agua, tal vez sin el cielo…

CANCIÓN

Sobre el agua
Del mar, llueve sin término,
En este mediodía que suspende las cosas
En el tiempo secreto que se  marca
En el siempre aguardar de olas y de horas
Así un alcatraz hostil,
Así un llamado a cubierta en el alba
Cuando todo parece ser deseo por cumplirse
Y saber del deseo que no se cumplirá
O hace de los marinos los solos conocidos
Por la oscura Rosa De Los Vientos siempre  ausente
Del inmediato aliento a sal marina que la de una lágrima
Al rodar de los ojos de quien muere así mismo
Y se deja llevar por las olas que traen a las estrellas
Desde un fondo igual, sin tiempo y en secreto. 

CANCIÓN

En los acantilados,
Ya tan visibles, rompen las olas
Como violentos pétalos del Cosmos…
Luego, al bajar, se serenan
Y deja otra vez ver las rocas oscuras
Por las que no podría posarse un pié humano,
Ni una mano, ni la esperanza de algo
Que acogiera, si en el consuelo, en la transparencia.
No se ha terminado
El viaje que llevó
Por tantos meses sólo el horizonte
Grabado en la retina que dentro de sí
Veía otras presencias, unos signos distintos o una mirada.
Desde la proa puede sentirse un aire
De otros cielos, un cielo de otros aires o un signo
De las rutas marinas del destino y del viaje…

CANCIÓN

Hay en el cielo
Hoy un azul distinto
Se dice el timonel cuando contempla
La línea indescifrable del horizonte oscuro.
Hay en la ensoñación
De ir navegando en alas de las olas
El presagio de al fin llegar al fin, a ese final
De todo viaje, de todo ir en sí mismo hacia lo intocado,
Lo intocable, lo invisible que como aquello que está
En el fondo del mar y tras unas pupilas que quisieran mirarse
En el espejo blanco de la espuma que abre la quilla
De los navíos al avistar el puerto, al llegar a la rada…
Luego vendrá todo cuanto ha pasado,
Lo que no es ni está, ni puede dibujar el limo en la playa.

CANCIÓN


En la mitad del mar,
Los marinos esperan
Ver ese puerto que está en la carta
De navegación.
Hay imágenes claras de lo amado,
Que se llevan consigo entre el desamparo.
Y espera  ver la rada como verán sus ojos
Las gaviotas que son una parábola del viaje
A lo desconocido sobre aquello que hace a cada hora
Igual por los todos del cielo interior y por las ondas
Del corazón que al ritmo de las olas lleva su propia savia.

CANCIÓN

Del agua a la cubierta
De la nave que pasa por el viento
Que la lleva y la deja,
Que la deja y la olvida y la recuerda
Al volver otra vez a una rada que antes se visitó
Hay siempre un amor,
Una amar a lo amado que es saberse amando,
Saberse navegando hacia puerto seguro…
Ese puerto, sí, el único entre un litoral hostil,
Aun invisible pero ya presentido,
La Gracia de las Gracias en las jarcias,
En la arboladura
Que ya es todo lo seguro, todo lo acogedor
Para seguir un rumbo entre lo incierto, así  se sepa
Dónde está el final, cuánto hace falta aún
Para llegar al fin,
 Para ser abrazado por lo eterno del puerto.

CANCIÓN

Ahora la rada
Vista desde el muelle
Desde el puerto que al fin ha de dejarse
Anuncia lo incierto, todo lo despojado
De una vida que viaja por su mar entre sueños
Y duelos o nostalgias, también como gaviotas
Que se alzan desde la arboladura hacia tierra,
Donde también han de ser acogidas
Por las ramas más altas de los árboles
O los picos, aún más altos de las rocas en el acantilado.

Duelo

El duelo de la hora:
Cómo se vive y cuánto
Enemiga nostalgia
Lo lleva de la mano.
Y el corazón que va
Con la vida que escapa,
Abraza sólo el sueño
De las cosas que ama;
Música o soledad,
Duelo ya fantasía
De ser y de vivir
A solas el milagro.
Duelo que en celo y vela
va en alas de presagio,
De una nada a otra nada
Hacia el último tránsito.

Razón

Vive si puedes
Fueron las tres palabras
Que le dijo a su propio corazón
Al saber que debía
Despedirse de todo e ir al desapego
Plantar en su jardín la flor morada
Del desprendimiento
Ahora si puedes vive
Asi se dijo
Asi oyó de sus labios su razón
Siendo él su contrario
Siendo él mismo aquel otro
Que en enemigo suyo se volvía
Luego de abandonada la vida que una vez
Fuera su aliento
Su alimento y su senda
Cuando su alma era el norte de sus pasos
Y ahora se lo dice
Vive si puedes
Ajeno ya de si cuando el final del día
Le hace exiliado de su ensueño y el huésped de su duelo.

Voluntad del juglar

Sea la inexistencia
Que mi ser todo desaparezca
Que no quede huella de mis escritos
Memoria de mis actos
Rastro de mí
Semilla o fruto de mis pensamientos
Que mi nombre se hunda en el olvido mi alma en el no ser
Mi vacío en el vacío universal
Como se han ido ya mis horas
Así se seque el cauce de mi sangre
Ay que huella no quede de mis pasos
Ni eco de mi voz
Ni sombra de mis cosas
No se guarde de mi ni la nostalgia
Así sea en una urna
Borrada de los lienzos toda imagen
Que los espejos ya no me reflejen
Y si algo quedare
Sea pues de mi ser lo que no ha sido.

PALABRA Y AIRE


Palabra, voz que dice
O se pide,  
Y al decirse es don,
Su misma alma y ala 
De uno a otro aire en vuelo ajeno, 
Nos hace ese desconocido que da voces
Al cielo, para con ella ir a lo vacío
Aún a edificarnos,  deshaciéndonos  
En las separaciones que de ella ignora,
Y en el azar, frutal cargado de sus negaciones.
Ajena así al signo de su nacer y ser
Para darnos figura…Lo consigue en un nuevo
Sufrir de la conciencia al guardarse ignorada, 
A solas y consigo bajo el manto de un Todo
Que se oculta, y debería acallar sus ecos para el tránsito
De la desolación a la consolación a aquel que en el naufragio
Sólo, a solas, alza sus manos hacia sí,
Cuando en el “otro” va y no va, ni en él ni en ella.
Palabra,  entre los objetos del misterio,
En celo y en vilo, para la comunicación, para la elevación…


HERMANO EN MÍ


Hermano,
Te he buscado
Y van dos días sin saber de ti.
Te he buscado porque me he perdido.

Voy sin tu voz
Entre la oscura niebla
De un lance bajo cielos compartidos,
Que darse no debió, si tú estabas.
Alfredo, y así esta tarde dejo un frágil
Ramo de flores de palabras sobre tu corazón,
Que Icono es tu imagen, si en Bizancio
Isabel supo de la ruta de América… 
Ademán en ausencia del que a tu ser se acoge, 
Senda que sigo en andas de mi ser
Ahora tras la huella de tu vuelo que ignoro cuál su Norte…

A mi Ángel


A mi Ángel le pido que mi vida
Sea como el aire, el agua o el sueño;
Y que mi corazón no tenga dueño
Distinto de mi amor o de mi herida.

Le pido que la rosa estremecida
De mi pasión, se agote en el empeño
Con que la llama hace arder al leño
Que le da vida y deja consumida.
Y le pido a mi vida, prisionera
Del tiempo y en el tiempo fugitiva,
Obedezca las leyes que la hicieron

Mortal, y la volvieron compañera
Del rocío y del viento, o la cautiva
De las cosas amadas que se fueron.


sábado, 3 de febrero de 2018

POEMAS DE KARIN BOYE

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(Gotemburgo26 de octubre de 1900- Alingsås, 23 de abril de 1941)

Noche de Valpurgis


Tardíamente estoy ante la montaña de los destinos.
A mi alrededor, como nubes de tempestad
se arremolinan seres sin forma, animales nocturnos,
de alas negras,
ojos de fósforo.
¿Me quedo? ¿Me voy? El camino está a oscuras.
Si me quedo pacíficamente al pie de la montaña
no me pasará nada.
Tranquila puedo ver su lucha como un juego de niebla en el aire,
desorientada.
Sin embargo, me voy, me voy sin saber nada más.
Para aquel que da los pasos
la vida es un cuento.
Para mí, fuego
cabalgaré sobre serpientes de fuego.
Para mí, viento
volaré sobre dragones alados de viento.
Para mí, la nada,
perdida en la tormenta
lanzada viva o muerta hacia delante, un destino pesado.


Sí, es verdad que duele


Sí, es verdad que duele cuando los brotes se abren.
¿Qué otro motivo hay para que la primavera dude?
¿Por qué tiene que estar atada toda nuestra ardiente espera
al pálido helor amargado?
El refugio durante el invierno fue el capullo.
¿Qué novedad es esa que consume y estalla?
Sí, es verdad que duele cuando los capullos se abren.
Dolor para lo que crece
y lo que constriñe.

Sí, es verdad que es difícil cuando las gotas caen.
Temblorosas de angustia cuelgan pesadas,
se aferran a la rama, se hinchan, se deslizan–
el peso las arrastra hacia abajo, por mucho que se afiancen.
Es difícil sentirse insegura, temorosa y dividida,
es difícil sentir como el abismo atrae y llama,
y a pesar de ello permanecer y temblar–
Es difícil querer quedarse
y querer dejarse caer.

Entonces, cuando todo es difícil y nada ayuda,
se rompen como un júbilo los brotes del árbol.
Entonces, cuando ningún miedo retiene,
caen brillantes las gotas de las ramas
olvidan que estaban asustadas por lo nuevo,
olvidan su angustia por el viaje–
sienten en un segundo su mayor certeza,
descansan en la confianza
que crea el mundo.

En ningún lugar


Estoy enferma de un veneno. Estoy enferma de una sed,
para la cual la naturaleza no creó un líquido que la calme.

De la tierra nacen fuentes y arroyos.
Me agacho y bebo de las venas de la tierra
su sacramento.

Y el espacio está inundado de ríos sagrados.
Me alzo y siento mis labios bañados
de blanco arrebato.

Sin embargo, en ningún lugar, en ningún lugar…

Enferma de un veneno. Enferma de una sed,
para la cual la naturaleza no creó un líquido que la calme.

LOS SERENOS PASOS QUE ME SIGUEN.


Si  escucho, oigo escaparse la vida
ahora cada vez con mayor rapidez.
Los serenos pasos que me siguen
muerte eres tú.
 Antes estabas muy lejos
yo te quería demasiado.
Ahora que ya no te deseo,
ahora estás ahí.

Muerte querida, hay algo en tu esencia
que consuela dulcemente:
¡cómo preguntas si uno se ha hecho grande
o ha malgastado toda su vida!

Muerte amada, ahí hay en tu esencia
algo que te deja limpia y transparente:
aquello que es igual en los malos y los buenos
lo pones al descubierto, lo desnudas.

Ven conmigo y deja que te tome de la mano,
tranquiliza profunda y buenamente.
Lo hermoso lo haces esencialmente grande,
lo feo lo haces pequeño.

Es como si quisieras algo de mí.
Claro que quieres un regalo:
una llavecita extraña
la palabra sí.
 ¡Si, si, yo quería!
¡Si, si, yo quiero!
A tus pies deposito mi devoción
así crece la vida.

Traducción Francisco J Úriz

Para una Esfinge

Eres como el molusco en estanques fríos 
donde los rayos del sol nunca llegan. 
Ella nunca se asusta de su caparazón, 
su prisión no puede olvidar, 
solo puede ocultar 
su esencia más profunda 
y sueña con grandes hazañas 
entre las algas marinas, 
pero nunca se deshace de manera total 
e indivisa 
en palabras o hechos. 

Con ironía tu discurso se derrama por completo. 
Tratas de cubrir 
con 
el calor de la vida fingida que en el interior mora. 
Pero tu voz tiembla, 
es extrañamente débil, 
un rubor se cierne 
detrás de cada pálida mejilla. 
Un mar de fuego arde 
en un lugar secreto 
que nadie sabe, 
nadie puede rastrear.

Eres demasiado frágil y demasiado débil y dócil 
para todas las discordias que cortan: 
para usar una armadura debes esforzarte 
en el duro juego de la vida. 
Eres como el molusco en estanques fríos 
que nunca se salen de su caparazón, 
tan inalcanzable, 
tan incomprensible, 
que nadie estará cerca de ti, nunca. 

DESPUÉS DE LA MUERTE


"¿Qué se siente cuando uno tiene alas, cuando una
                                                está muerta, por ejemplo, madre?"
"Primero te doblas hacia atrás, crece ancho y grande.
Luego se vuelve más pesado y pesado. Es como si uno llevara
                                                una montaña.
Hay un temblor y ruptura en las costillas y la columna vertebral
                                                y la médula.
Luego se endereza con un tirón y soporta todo, todo.
Entonces uno sabe que uno está muerto ahora y vive en una
                                                nueva forma '.


SACRIFICIO DE CONSUMO


Sobre el vino rojo áspero se inclinan frentes pesadas.
No es el vino lo que les pesa.
El vino que más libera nuestros pensamientos,
libera al menos nuestra lengua.
Como un fuego secreto, el fuego de sacrificio
es el vino tinto áspero.
Solo yo sé antes de qué poderes
ese humo se levanta bien.
Solo yo sé de qué mundo
deriva mi embriaguez.
Todos y cada uno miran más allá del resto
y escuchan suspiros lejanos.
Todos y cada uno levantan sus copas a cosas
que ninguno de los demás ve,
en tierras oscuras donde el regocijo y el pesar
escaso tienen significado finalmente.
Así que, en secreto, levanto aquí mi vino tinto,
mi fuego de sacrificio,
a un dolor que es mío y se asemeja a la mayor parte
del viento eterno que consume de las olas del mar.


LOS SIETE PECADOS CAPITALES


Fragmento de una Cantata
Escena: delante del trono de Dios
                     INTRODUCCIÓN
                    CORO I
¿Cuánto tiempo, cuánto tiempo, cuánto tiempo?
Destruirnos! Destruirnos!
                    CORO II
¡Un poco de tiempo, un poco de tiempo, un poco de tiempo!
¡Tener compasión!
¡Tener compasión!
                    EL ACUSADOR (recitativo)
Es hora de hablar. Es verdaderamente el momento de hablar.
                    CORO II
¡Tener compasión!
                    CORO I
Destruirnos!
                    EL ACUSADOR (recitativo)
De la oscuridad me levanto ante tu trono,
yo, el Acusador.
De generación en generación salvamos la esperanza de nuestra locura.
Como un niño recién concebido yace oculto y apenas está allí,
entonces yace oculto en nuestro ser interior, oh gran locura.
De generación en generación estábamos listos para negar lo que 
                                    escuchamos y vimos.
¿Quién quiere ser malvado? ¿Quién quiere ser lo que el hombre es en realidad?
De generación en generación, no fuimos más que nuestra
                                                  locura secreta ,    
nuestro no nacido.
¡Oh, Señor, qué cerca estás de lo que no existe!
¡Cuídanos! No podemos soportar más.
Destruye el mal que no se quiere negar a sí mismo.
Destruye el sueño de nuestra locura que no puede hacerse
realidad.
Destruirnos
                    CORO I
¿Cuánto tiempo, cuánto tiempo, cuánto tiempo?
Destruirnos!
Destruirnos!
                    CORO I
Somos tu rebaño, 
Señor, a quien fallaste. ¡
Ten confianza! fue su comando,
y lo peor fue nuestro éxito.
De las brumas del mal,
ninguna luz se alzaba en lo alto,
del trueno
no hay murmullos suaves.
Nos temblamos en el desierto
abandonados, solos
con duros mandamientos
escritos en piedra.
Se convirtieron en nuestra agua,
se convirtieron en nuestro pan
Pero en torno a nuestra piedad
yacía muerta.
Viajamos por los caminos,
golpeados por la ira de Dios,
mensajeros que nosotros.
lamido en fuego.
Juicio, expiación,
la voz dijo así.
Y el juicio se hizo realidad,
pero nunca la confianza.
Cantamos en los campos
en regocijo dirigidos
hacia nuevas estrellas
que, como señales quemadas.
Oh sueño, o esperanza,
qué tan rico fluiste,
Promesa de la promesa,
tan fraudulenta, amplia.
Una oración, una solo
nos queda: ¡
ataca aún más fuerte,
tú que nos causa dolor!
¡Abre el espacio
y apaga el tiempo,
aniquila todo
y haz que llegue la paz!
¿Cuánto tiempo, cuánto tiempo, cuánto tiempo?
Destruirnos!
Destruirnos!
                    SOLO (del Coro I)
Sabemos que los destinos amargos
no nos llegaron primero.
¿Quién dirá en la inundación del sufrimiento: la
nuestra es la más grande!
Contra los tiempos de peste y hambre
y el llanto de las madres
en las ciudades abandonadas, ¡
qué pesamos!
Oh, estábamos acostumbrados a hacer
demandas más audaces,
pero sentíamos que lo bueno era lo que la vida daba
con manos misericordiosas.
Los muertos saben, descansan en paz,
cuánto puede hacer el corazón. - - -
Pero nos desesperamos del hombre
y de la meta del hombre.
Creímos que por su propio poder
la verdad se impuso.
Pero un señuelo más fuerte es la mentira que
incita la bebida.
Las almas borrachas se mutilan
para el Estado ídolo,
y confían en las ahogadas en la desconfianza
y el amor en el odio.
Entonces somos los jirones que se desperdiciaron,
el martillo que se rompió.
¡Ven, barre tu herrería vacía y limpia
con una escoba y un rastrillo!
¡Ilumina la fragua otra vez para crear lo
que no somos nosotros!
Un brillo era tu espíritu en el hombre,
un brillo ... y pasado.
                    CORO I
Destruirnos!
Destruirnos!
                    CORO II
¡Un poco de tiempo, un poco de tiempo, un poco de tiempo!
¡Tener compasión!
¡Tener compasión!
No debe terminar tan
cruelmente sin conciliar.
No tanto tiempo como en la naturaleza la naturaleza
muerta se conserva, se usa leve.
¡Concede un breve término más
para que gire la rueda del mundo!
¡Tan oscura que la noche persiste,
tal vez una nueva pueda arder!
Si esto se dice presuntuosamente,
entonces olvídate de todas las palabras,
pero callamos y aguantaremos nuestro camino,
como la hierba cerca de los campos de la tierra.
Demasiado profunda la vergüenza que vimos,
demasiado sin sentido la agonía.
Con la esperanza que vivimos, ¡
esperándonos!
¡Tener compasión!
¡Tener compasión!
VOZ SOLITARIA (de Chorus II)
Señor del macrocosmos,
señor del microcosmos,
tú que rompes todas las medidas,
grandes y pequeñas,
solo tú sabes
cómo las medidas y las figuras defraudan,
sabes que la vida es
lo que siempre fue la vida.
El que camina por los campos de batalla
y escucha el llanto de la angustia, cuanto
más ve y oye, más
crece su agonía.
Pero no hay nada que se pueda contar
de las penas del mundo:
solo se acerca lentamente al
contenido de un alma.
La vida del mundo no es una suma,
sino la forma en que llegaron las almas,
sin un objetivo a la vista,
pero conquistado en la vergüenza clara.
Sonríes a nuestros números y cifras.
¡Deja que el purgatorio de la tierra siga ardiendo!
¡Preservemos todo
para la alegría de la superación!   
CHORUS I (muriendo) CHORUS II (muriendo)
Destruirnos! ¡Tener compasión!
Destruirnos! ¡Tener compasión!


ODISEO EN EL MÁSTIL


¡Encuéntrame, guerreros,
al mástil de la nave,
aferra las cuerdas de forma
segura y rápida!
Los mandamientos y las oraciones
no deberán hacer ningún daño.
La tentación de la muerte para mí,
La cera para ti.
Cera en tus oídos,
el remo en tu mano,
no hay canciones que te puedan alcanzar
desde la tierra del peligro.
Hasta que pases y
me liberes nuevamente,
no tienes jefe
y no tengo hombres.
El rey Agamenón,
esperanza de las babas de Hellas,
habría dirigido, con ondas silenciosas
y tapones para los oídos firmes.
Ajax habría navegado
cerca de la llamada de los monstruos
audazmente entre sus audaces
para su ruina y caída. 
Todos siguen siendo reyes el
mayor tiempo posible.
Nadie más que yo es un 
hombre solitario.
Más fuerte que el honor, el
poder y el control
, me atrae, el conocimiento
que robé de manera arriesgada.
No se puede usar
para las necesidades diarias,
no se puede regalar
, no se puede dejar.
¡Ábreme bien, guerreros,
pero deja mis oídos en paz!
Todo lo que se escuche, se vea y se sienta
se convertirá en mío.


ESOS ÁNGELES OSCUROS ...


Esos ángeles oscuros con glaucos azules
como flores de fuego en su cabello negro
saben respuestas a extrañas preguntas blasfemas,
y tal vez saben dónde el puente va
desde las profundidades nocturnas hasta la luz del día
y tal vez conocen el refugio de toda la unidad
y tal vez en el padre casa hay
una vivienda brillante que tiene su nombre.