miércoles, 29 de enero de 2025

POEMAS DE ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZPOEMAS DE ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZ


Miseria de una poesía

 

Poesía enfermiza sin más huella

que la escoria que dejas en el alma;

sólo entre odios tu dolor se calma

y sólo con la vida es tu querella.

Al declarar la guerra a la ternura

ni una tierna sonrisa te detiene;

sólo veneno tu metal contiene,

sólo la podredumbre en ti perdura.

Te reconozco en ese recoveco

revuelto entre cenizas y gusanos

en este muladar de tu porfía.

Tu voz ya no es tu voz, sólo es un eco,

un rescoldo de fuegos inhumanos,

un cadáver que escribe todavía.

 

 

Al dolor del destierro condenados

 

Al dolor del destierro condenados

—la raíz en la tierra que perdimos—

con el dolor humano nos medimos,

que no hay mejor medida, desterrados.

Los metales por años trabajados,

las espigas que puras recogimos,

el amor y hasta el odio que sentimos,

los medimos de nuevo, desbordados.

Medimos el dolor que precipita

al olvido la sangre innecesaria

y que afirma la vida en su cimiento.

Por él nuestra verdad se delimita

contra toda carroña originaria

y el destierro se torna fundamento.

 

 

Yo sé esperar

 

Si para hallar la paz en esta guerra

he de enterrarlo todo en el olvido,

y arrancarme de cuajo mi sentido

y extirpar la raíz a que se aferra;

si para ver la luz de aquella tierra

y recobrar de pronto lo perdido,

he de olvidar el odio y lo sufrido

y cambiar la verdad por lo que yerra,

prefiero que el recuerdo me alimente,

conservar el sentido con paciencia

y no dar lo que busco por hallado,

que el pasado no pasa enteramente

y el que olvida su paso, su presencia,

desterrado no está, sino enterrado.

 

 

Elegía a una tarde de julio, II

 

Y ahora sí;

ahora que el silencio

ya no puede perdurar sobre el grito;

ahora que la muerte se pone un uniforme,

ávida de recoger su ansiada cosecha,

olvidad vuestras dudas,

vuestros pasos inciertos.

De las tinieblas más viejas de la historia

va a nacer un río de sangre

que arrasará los campos y jardines,

soberbias torres y humildes monumentos,

altivos árboles y pobres matorrales.

Todas las lágrimas del mundo,

todo el odio que empuja

a las fieras dentelladas

va a reunirse de pronto

en esta tersa piel de toro.

Gritad, llamad,

hombres del campo y las ciudades

antes de que los prados se calcinen

y las casas se desplomen en llamas.

Pronto, pronto,

antes de que el huracán del odio

derribe en las ciudades

las primeras paredes

y quiebre en el campo las primeras ramas

de los temblorosos árboles.

Tomado de:

https://circulodepoesia.com/2015/04/adolfo-sanchez-vazquez-poemas/

 

 

NÚMERO

35 MILLONES de gritos que nunca conocieron el descanso

35 millones de manos que se pudren como planta muerta

millones y millones de llantos enterrados

al lado de una rosa

millones de lamentos sorprendidos en tumba encarcelada.

Un número de hombres sumergidos

en un mar de vinagre y peces congelados.

Un número de nervios y brazos desprendidos

por canales de sangre y agua enfurecida.

Millones de lamentos que nadan arrancados

frente a un mundo de huesos insepultos.

Un número de gritos levanta espadas ya difuntas.

Un número de manos derriba muros de injusticia.

Y es que sabe que sólo ya la muerte se duerme

para todos

y que para todos no crecen por igual la miseria

y los gritos.

Que hay un mundo de muertes y violetas degolladas

de espaldas desoladas y viento ensangrentado,

un mundo en el que el hambre despierta nuestras manos

y por vidrios y brasas engañado

entrega para siempre sus uñas transparentes.

¡Oh, número de sangre, de espuma y de lamento!

Un mundo de ceniza, carbón y muertas amapolas

volando te persigue.

¡Oh, número de sangre, de espuma y de lamento!

Te quiero sin lamento sin gritos ni llantos de escalera.

Te quiero sin lamento.

Que hay sangre y cárceles y suelo humedecido

y suicidios y espaldas congeladas y vientres sublevados.

Te quiero sin lamento y con sangre de espiga

que hay venas hinchadas y muros entreabiertos

presiones de estertores y ríos encadenados

mineros que agonizan y mueren muerto el aire

y gritos desgarrados de un cuerpo sobre el agua.

Te quiero sin lamento.

Te quiero en el incendio

mordiendo dormitorios y viejos candelabros

clavado tu madero con trigo y con arena.

Te quiero en los caminos de vidrio y voz sedienta

en noches derretidas por ansia interminable

cerrando ya la cárcel con tierra ensangrentada,

llevando por los aires el trigo y la amapola

a cuerpos perseguidos por nubes y puñales.

¡Oh, número de sangre y de lamento!

Los llantos enterrados y tumbas de otros días

despiertan los párpados caídos con odios no olvidados.

(Málaga, octubre de 1935)

 

 

ESTA VOZ QUE NOS CONVOCA

OIGO esta voz que nos convoca

por hondos precipicios de gangrena

mientras nadan los peces homicidas

y la espuma se vuelve cómplice del crimen.

Sólo el viento que se bebe esa espuma,

sólo aires que congelan los trigos,

sólo estepas que calcinan las plantas,

sólo nieblas que aniquilan los sueños,

sólo tumbas que impacientes esperan

no escuchan esa voz

que entre presagios de espanto

insistentemente nos convoca.

(Madrid, junio de 1936)

 

 

ENTRE SER O NO SER

¡AMOR, amor! Desventurado y loco

acabo de matar mi primavera.

Lleno de sangre en esta sementera

persigo tu raíz, tu cielo invoco.

Ya todo fuego me parece poco

para encender mi pulso de madera.

Nieve por dentro soy porque por fuera

en nieve se convierte cuanto toco.

¡Amor, amor! Mi estrella desolada

quiere minar el mundo para verte.

Si te duele el color de mi llamada

no le duele a mi ser su propia muerte.

¡Antes morir sentándome en la nada

que acabar por no hallarte o por perderte!

 

 

MILICIANO MUERTO

MORTAL contradicción, nudo implacable:

la vida por la muerte se sostiene.

No mures tú, semilla que retiene

el árbol de la sangre perdurable.

Tu cuerpo se nos muestra vulnerable

por la delgada piel que lo contiene

y el corazón, de pronto, se detiene

al faltarle la sangre inevitable.

Tus humanas paredes se desploman

y una mano rabiosa en tu costado

te borra ya la linde de la vida.

Pero otras vidas con tu muerte asoman

y el toro, con tu muerte encarcelado,

nuevamente recobra la salida.

(Frente del Ebro, octubre de 1938)

 

 

 

GUERRILLERO EN LA NOCHE

CUANDO a la muerte tiendes tu celada

con toda tu pasión, fuerte y sonora,

y eres el cuerpo de la humana aurora

en la noche del hombre derramada;

cuando en la flor transida no adivinas

más que el cauce mortal de tu existencia

y eres la vida misma, su presencia,

la norma de la luz donde caminas,

arde el ciprés al roce de tu mano

y su rama más débil se sustenta

teniendo tu pasión por alimento.

Los campos toman tu color humano;

el agua su tristeza transparenta,

y hasta el aire ya tiene sentimiento.

(Barcelona, diciembre de 1938)

 

 

ELEGÍA A UNA TARDE DE JULIO

I

DETRÁS de cada piedra verdinegra,

detrás de los arados solitarios,

detrás de los martillos más tenaces,

detrás de los bautizos y las bodas,

la verdad y el rumor entremezclados

se precipitan tenaces

como un río de crueles presagios,

de dolorosa lluvia de ácidos y llamas.

Ya es tarde para cerrar los ojos,

para la ilusión de un plácido verano,

tarde para atar los temores

con el cordel del sueño,

tarde para hundir la zozobra

en las aguas serenas del olvido.

Las madreselvas se alzan denunciando

la amenaza de un crepúsculo violeta;

las tiernas ramas de los viejos árboles

piden socorro contra el viento airado.

Y ahora ¿qué?

Tristes pétalos de prematuras rosas,

temblorosas corolas aturdidas,

blandos tallos de tréboles cansados,

sorprendidos zarzales junto al río,

aferraos a vuestras raíces,

no desprenderos de ellas

antes de que os arrase sin consuelo

el torrente de odio que se acerca.

Llega el momento de repudiar el silencio,

de competir con el fuego en la mañana fría,

de poner un dique al agua envenenada.

Llega el momento de tocar a rebato las campanas,

de alzarse iracundos los tranquilos arados,

de clamar, de gritar, de encresparse

para que los ciegos vean

y los sordos oigan.

 

II

Y ahora sí;

ahora que el silencio

ya no puede perdurar sobre el grito;

ahora que la muerte se pone un uniforme,

ávida de recoger su ansiada cosecha,

olvidad vuestras dudas,

vuestros pasos inciertos.

De las tinieblas más viejas de la historia

va a nacer un río de sangre

que arrasará los campos y jardines,

soberbias torres y humildes monumentos,

altivos árboles y pobres matorrales.

Todas las lágrimas del mundo,

todo el odio que empuja

a las fieras dentelladas

va a reunirse de pronto

en esta tersa piel de toro.

Gritad, llamad,

hombres del campo y las ciudades

antes de que los prados se calcinen

y las casas se desplomen en llamas.

Pronto, pronto,

antes de que el huracán del odio

derribe en las ciudades

las primeras paredes

y quiebre en el campo las primeras ramas

de los temblorosos árboles.

 

III

Y en las silenciosas calles

de las ciudades dormidas

donde el tiempo pasado se detiene

y se hermanan las cruces y los sables,

las mentiras se alargan,

se cierran los ojos,

se tapan los oídos

y un turbio remolino de aguas muertas

asciende por el aire.

Se apagan ya de noche los últimos faroles

y la verdad vencida y acosada

se refugia en los oscuros sótanos de las casas,

en las cañerías de las viejas calles.

 

IV

Si la verdad en muertes sucesivas

allí donde el tiempo se detiene

y al amor, la alegría y la ternura

se le cavan ya sus tempraneras tumbas;

si voces incansables ya vienen denunciando

esa turbia hermanada de la cruz y la espada

y hasta los ciegos pueden ver

los mapas de sangre

que en los cuarteles se levantan;

si ya hay ojos que en la lenta madrugada

clavan impacientes sus miradas

en el reloj que marcará la hora

del asalto a la vida,

del rejón de la muerte

y si un sueño se puebla de sanguinarias aves

de picos y garras insaciables;

si el tambor del crimen redobla tenazmente

y la planta del dolor ya está madura

para ofrecer su indeseable fruto,

¿quién detendrá esa orgía de sangre,

quién apagará el incendio de este bosque

de lutos, de penas y de llantos

que entre rezos y arengas,

ya está plantado?


V

Sólo tú,

puente de luz en la amargura,

a través de ese túnel y esa niebla

y al tacto matinal de los zarzales

recoges esta voz dispersa y derrotada,

esta verdad en trance de agonía

y llamas al combate venciendo soledades

y en círculos de vida desciendes presuroso

a los ojos cerrados,

a las gargantas cerradas,

golpeando el desierto con esta letanía:

¡Que la muerte se acerca a la amapola!

¡No dormid!

¡Que los banqueros echan ceniza en nuestros sueños!

¡No dormid!

Los generales olvidan el color de la inocencia

y abren en los cuarteles un mapa de España

lleno de ríos de sangre, de valles de ceniza,

de ciudades donde llueven la muerte y las lágrimas;

para Madrid, para su cuello virgen

tejen guirnaldas de sangre.

¡No dormid!

Hacia el amor navegan los barcos silenciosos

cargados de odio eterno y almendras minerales

¡No dormid!

Hacia los verdes campos un millón de ataúdes

y hacia las calles inocentes

la inundación de las cloacas.

¡No dormid!

Para los brazos tiernos se inventan terribles quemaduras

para los niños tumbas y sólo tumbas.

Para los enamorados

copas de ceniza y sueños machacados,

para los jóvenes muchachos de cutis trasparente

espejos que devuelven espantosa

la imagen de la muerte.

Para todos

la muerte, sólo la muerte

reina del mar, del campo y las ciudades.

 

VI

Llega julio

con su cosecha de espigas tenebrosas.

Llega julio

asesinando la luz en los trigales.

Llega julio

con un saco de sangre en su costado.

Llega julio

trasportando la muerte a las heridas.

¡Llega julio!

 

VII

Millones de corazones inocentes

nadando van hacia la muerte.

Piélagos de rosas,

horizontes de trigo limpio,

aguas trasparentes

se mancharán de sangre, de barro y de ceniza.

Las casas indefensas,

los tiernos dormitorios se encaminan

hacia un tremendo valle polvoriento;

las blandas manos de las madres,

las tiernas manos de los niños

desprendidas del cuerpo

se mojarán de un agua inesperada.

Millones de camisas enlutadas

esperan ya sus cuerpos.

Millones de metros de tierra viva

esperan ya las tumbas.

Y hay millones de brazos esperando

la inmensa embestida de la muerte,

vísceras silenciosas, nervios ardiendo

que esperan el último latido

y hospitales, algodones y lamentos,

millones de cabellos encendidos,

de cubos de sangre, de gusanos

y de platos de carne desgarrada.

Millones de seres con los ojos tapados,

con un inmenso pañuelo sobre sus ojos inocentes

andando

andando van hacia este precipicio.

 

VIII

¡Parad!

¡Ataos los pies a las duras rocas

y los puños cerradlos!

Pero los pies se mueven todavía.

¡Abrid sin desmayo los ojos

y ved a los que se esconden temblorosos

detrás de la cómplice arboleda!

¡Miradlos con desprecio y con pena!

¡Qué relámpago de luz,

qué tinieblas lentamente desgarradas!

Pero ya todo va rodando hacia la muerte;

ya están dispuestos los últimos ataúdes;

ya está la muerte mandando en los cuarteles

y engrasados los últimos fusiles;

ya están los ojos atados,

las manos atadas,

los cuerpos atados

y a sus pies, tendido sin confines,

el negro precipicio.

 

IX

Era julio.

Ardían el agua, la tierra y el aire.

También mi pulso estaba ardiendo.

Aún se escuchaban los cansinos presagios

y la triste letanía de sus palabras

golpeando los cansados oídos

y, de pronto, un nuevo ardor abrasa

ventanas y puertas, jardines y plazas,

y se enturbian las aguas de los ríos,

se encogen de dolor los ruiseñores

y un torrente de gritos, lamentos y blasfemias

fluye sin diques ni compuertas.

Los dedos del dolor crecen tanto

que ya tocan los altos campanarios.

Los ataúdes se miran sorprendidos

ante tanta demanda inesperada.

Hasta ellos cabalgan los negros corceles

que arrastran por las calles a los muertos.

Y se doblan desolados los rosales más bellos

y todos los claveles de julio

con este ardor del aire se marchitan.

 

X

¿Y ahora?

Excelentísimos ministros

levemente asombrados,

ligeramente sorprendidos,

confiados guardianes

de las leyes escritas,

de la palabra empeñada

y de los huecos juramentos,

no poneros más vendas en los ojos

ni más algodones en los oídos.

Desde los campos en llamas

y las ciudades lamidas por el fuego

se abre paso esta verdad desnuda:

nuestra tierra se ha vuelto una plaza de toros

donde se va a lidiar, se lidia ya,

este bravo toro de España.

Ya no hay presagios,

ni gritos ni lamentos

que detengan la lidia.

Desde este triste momento

y en este ruedo ibérico

tantas veces hollado,

sólo flores machacadas,

sólo espigas destrozadas,

sólo la nieve que ahoga

el ardor del verano,

sólo pirámides de huesos,

manchas de sangre

en las blancas paredes,

torrentes de llantos y de lágrimas

y ríos desbordados

entre ensangrentadas orillas.


XI

Venid, venid, abrid los ojos,

los que os habéis negado

a quitaros las vendas;

los que os ponías hielo en las manos

para no sentir la fiebre

de un pulso ardiendo.

Venid con vuestros ojos

ligeramente sorprendidos

y vuestras manos heladas.

¿Acaso no os sorprende

esta lidia feroz

de este toro de España,

con sus caños de sangre

y sus sesos saltando

contra las duras tablas?

¿Acaso no véis todavía

este río de dolor

que fluye incontenible

de la piel de este toro?

 

XII

Mi pulso estaba ardiendo

como el del toro en la plaza.

Mi voz se descargaba

de sus tiernos acentos

y mi cuerpo como una hiedra

se pegaba al muro

que tenazmente resistía.

Ya todo era un gigantesco ruedo,

un inmenso tapiz de ensangrentados hilos,

un redondel de arena

donde una lluvia de espadas cae

sobre un toro indomable

que embiste

como un Miura de fuego,

pero sangrando;

que corta el paño y el aire

como un cuchillo incansable,

pero sangrando;

que derriba furioso

las engañosas tablas,

pero sangrando;

y que abre en esta tarde oscura

una ventana de luz,

pero sangrando.

Tomado de:

https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/poesia.pdf

 

 

Sentencia

 

Si el árbol de la sangre se secara

y el corazón, ya seco y sin latido,

fuera polvo total, norte abolido

que nadie en este mundo recordara;

 

si el alma sin soporte se quedara

y la tierra, materia del olvido,

de muertos se cubriera y lo podrido

en un bosque de heridas germinara;

 

si el crimen no tuviera más oficio

que escarbar en la tierra desolada

para dejar al mundo su simiente,

 

la dulce brisa, el leve precipicio

tornaríanse, al fin, en cuchillada

o en abismo mortal para tu frente.

Tomado de:

https://www.laotrarevista.com/2011/08/adolfo-sanchez-vazquez/

 

martes, 28 de enero de 2025

POEMAS DE ANTONIO MARTÍNEZ SARRIÓN


chica que conocí en una boda

 

fue la prima que entonces se casó           

luego hubo baile             

piano y batería mucho vino             

yo diría que gentes más bien pobres        

con los trajes de muerto de las fiestas             

nevaba muchos viejos              

que echaban la colilla en un barreño       

y sacudían la mota          

mucha música         

la pizpireta que se está            

bajando las bragas          

se pone de puntillas        

mira a la galería              

con aquellos ojazos virgen santa             

y aquel reír el vino          

estuvo luego haciendo de las suyas          

hasta que ya no pude contenerme           

y se lo dije              

no a ella          

a mis amigos           

y estuve enamorado como un mes           

 

 

vals del viudo

 

lo más bello del mundo es una fila de platos vacíos         

ah lo más bello del mundo              

un rayo de sol silencioso en la alcoba cargada         

de su perfume         

cuánta tierra tapiándole los ojos

qué camino más lóbrego el del tinte        

el color de sus guantes qué indeciso        

qué olor a pulimento en su ataúd de dorados apliques             

y todavía hay lentos goterones de cera en la consola        

y sillas            

que aquel día trajeron las vecinas            

ah qué velo tan denso qué violetas          

cuánto tarda mi sueño             

cómo se remansa el sol cosquilleante              

el sol abiertamente irrespetuoso             

en el aire estancado de la casa         

 

 

andré bretón en trance

 

un chorro de vitriolo entre los ojos         

y a esta hora           

uno de abril quizás siete de octubre        

dadas las coordenadas geográficas           

andré bretón arrodillado o en cuclillas            

o más bien sentado como moro       

oirá que dan los cuartos          

y las medias            

y las horas culata-de-faisán              

en su oscuro recinto de parís           

un chorro de vitriolo entre los ojos         

y el maestro vería            

tal pájaro adivino dormido en la ventana         

las mejillas hundidas de gurdjieff            

el teatro vacío donde seguramente dan fausto o berenice         

y la loca alegría del grisú        

como un murciélago por los altos plafones              

entre los senos bien cumplidos de las matronas griegas y romanas          

los sombreros de copa             

y toda la adorable antigüedad          

 

 

Pautas para conjurados

 

 

Fuegos de artificio

 

poesía iniciática              

desde la catacumba más hediente:           

 

de tal modo es posible conjurar              

con resultado válido        

nombrar como si no viniere al caso:        

 

nervaduras así alas de mariposa              

rencillas solventadas paso libre       

a la paz                        así              

comprar el más sandio diario de la tarde         

                                    así             

 

acertijos          

o así        

correo sur       

cruz del sur            

 

acertijos sin orden ni concierto       

poesía intransitiva           

 

de esta manera opto por ser caníbal         

porque de esta ruidos inmundos sifón             

con averías desagües infinitos lejas         

quemadas        

jazz mahometano progresivo           

 

de esta manera agravios indecencias        

o de esta otra          

confundo ya            

los meses de dedo par dedo impar manque y passe          

 

así           

sacrificios incaicos          

así llanuras con el bizco muy lejos no hay peligro           

el problema es las manos se le atan a la esclusa              

así           

con gruesa soga              

con cariados dientes        

con cortafríos de esa forma científica               

con cadenas            

                              un lobo

no un cordero es                      un lobo           

raja supura hiede pero así nos curamos           

para eso es el cauterio             

así Robert Jeantal la pícara Justina         

así           

 

almacenadita bien prieta como estopa             

como algodón cardado así con esos lacres       

de esta loca manera le doy al pedernal            

acercas tú la tea así de ese tenor             

con semejante insuperable garbo             

de cualquier forma ¿ves?         

se está quemando toda la CULTURA.         

 

 

Ritual de los apocalípticos

 

SI de lo que en rigor se trata es de sorprender a las muchedumbres ejecutando cabriolas         

      verbales en fechas muy señaladas (en rojo) el resultado es éste:        

dos horas después del desayuno descenso inesperado del paráclito náuseas             

otro libro importante pide pista               

discusión por enésima vez de la postura honesta             

teorías procedentes llegada de bárbaros instintos claros de autodestrucción Cavafis como           

      lúcida salida             

 

SI de hacer prosélitos (residuos de apostolado seglar) la cosa es divertida: chaquetones de        

      cuero rebajados candil excepcionalmente aldeano reuniones modismos semánticos              

      fascinante esplendor de la meseta ir al Prado es muy rancio Don Eugenio          

Todos entrelazados cuando llegue el gran día Cantemos al amor de los amores Cantemos a la          

      huelga              

Aquí se tira con calibre treinta con pólvora mojada con balas de oro con subjetividades         

      neuróticas Las falsificaciones serán al punto desenmascaradas          

El sentimiento común aparte porque claro es la poesía ya sabes algo periclitado (vide       

      McLuhan) fichas de un centón aburrido un producto romántico (en el manoseado              

      sentido de la frase) Sin embargo lo subterráneo lo iniciático lo apenas insinuado        

      (¡Inteligencia dame el nombre exacto de las cosas!) necesarios obstáculos acicates la       

      hora de la acción no del lector          

 

EUROPA fue un oasis para aquel bendito ya sabes James complejo provinciano y todo lo          

      demás aún bostoniano y tal vez por lo mismo Algunos energúmenos (son tachados de             

      maximalistas no sin razón alguna) hablan de coartada incluso los soi-dissantes a tu lado           

      Cuba hermosa pero exaltados siempre hubo              

 

ÉLITE de una élite Impotencia coeundi (dicen) gentuza del montón muy poca higiene personal             

      Ahora bien tú y yo sabemos: los médanos el mar con sol poniente las ruedas engrasadas              

      el complot definido en su objetivo la bomba en los hocicos del tarado Y de esta forma       

      (tú te anudas el cuello la corbata granate yo muero por besarte los rizos de la nuca)           

       salimos al paseo enarenado procurando sonreír de pasada a la nurse y alados graciosos              

       en el ligero parpadeo la tensión no más allá de una flexión de rótula marchamos por la            

       exacta vía media alejados un tanto del pueblo de caníbales y cabreros que son Un             

       enjambre furioso de avispas nos tapa la visión del Consistorio en la undécima (y nula)           

      votación del Pontífice

 

 

Crónica fabulosa de Fernando Pessoa

 

murió el oficinista tenía          

una hinchazón horrible paperas              

de diagnóstico turbio un diván        

sucio papeles esparcidos         

por todos los alvéolos de su historia        

un hijo de cartón grifos siempre goteando               

que erizaban el vello de los brazos          

 

murió fumando erraba ciertas noches              

por claveles de tinta por finos mecanismos              

guarnecidos de piel por sellos antigripe          

acompañados de un certificado inusitadas       

pirámides de polvo hallaron            

un orinal debajo de su mesa            

postales pornográficas de indescriptible alcance              

un libro muy oscuro sobre el Maestro Eckhart         

una alcancía repleta de coñac          

 

según los más solventes testimonios        

solía mirar al alba los enormes delfines           

las joyas y los cuernos que trajeron de Goa              

una rodela del gran navegante botes de humo         

mazmorras para herejes los despuntes            

del día le cogían en éxtasis se llevaban            

su abrigo de mezclilla su aterrador paraguas           

su personalidad que vaya usted a saber           

y otra vez -sol muy tibio gaviotas sobre el Tajo-              

lo devolvían a su inútil despacho             

mientras doblaban quejumbrosamente            

allá en Londres su sueño         

con música de Elgar        

las verdes anclas del almirantazgo          

 

 

Le grand verre

 

(Duchamp)

 

 

En Nueva York los años han sembrado especies paralelas:       

Tales langostas        

Tales reinos mineros       

Tales crisálidas fuentes secas ritos           

Tales aguasdulces liquidación de últimos restos (risas             

en locales cargados con el jazz        

      con el gas hilarante) Fiestas              

tales como trapecios émbolos          

      (Movimiento Continuo)              

 

Allí todo es posible: el desgaste de los bolsistas               

corriendo a las iglesias perforadas por la explosión         

Carneros degollados en Rockefeller Center       

De esta manera el médium               

el muchacho con la camisa a rayas la inquietante            

transparente cabeza se irrita mucho (pese al veto)           

en el cementerio judío y luego abstrae vuelve          

por una pinza entomológica y coloca un cristal        

una diadema de dientes unos pajes          

descoloridos mientras trasiega whiskey de centeno y hace muecas          

Y fuma            

 

Rabiosamente fuma y luego pica              

cualquier azogue limpia el polvo aprovecha            

unos gramos de mirra Torna luego la vista y todo es polen              

limaduras rastros            

de macadam y alguien empuja puestas en el tapete         

Y pierde          

Ahora mide unos élitros          

radiografía unos nimbos instala corta ordena          

Ahora mira sarcástico              

Ahora vuela al Registro de Patentes         

Nieva en las escaleras incendiadas Cantan        

los pólipos Arrecia el granizar de los bragueros              

 

Y así se autentifica          

previo un resguardo satinado y húmedo          

el arma colosal contra el estiércol           

ya no biodegradable

 

 

Riquezas

 

Unos tienen sus huertos oreados,             

sus panales, sus eras y sus viñas,             

mas no conocen las fases del mosto.        

Yo no te tengo más que a ti.            

 

Otros tienen sus flotas y arsenales           

y capean temporales en la Bolsa              

durmiendo entre unos brazos mercenarios.             

Yo no te tengo más que a ti.            

 

Los demás tienen prisas y negocios          

y tratan de llegar pronto a una cita          

para que esta demencia continúe.            

Yo no te tengo más que a ti.            

 

 

Tercer aviso

 

Desuncirse del carro cuesta sangre,         

pero es la sola empresa inaplazable         

ya que, si no, las leves mataduras           

derivarán al cabo en feas llagas       

hasta que el alma, en tal supuración,              

borrados los contornos toque fondo         

y la pobre maceta, el cielo de la tarde,            

el trío con violín, el adensado humazo,           

y toda la Kulchur en cien metros cuadrados            

tiren de embozo, blandan los aceros,               

aquí se forme la de dios es cristo             

y las sirenas de las ambulancias              

que portan al forense de labio leporino           

se vuelvan de vacío porque el muerto voló.

Tomado de:

https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/antologia-poetica--56/html/0045aebe-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html

 

 

A ti, casi innombrable

 

                                             Tierra que vas a los mares

                                                       de sólo tu luz vestida.

                                                                   Dámaso Alonso

 

Te llevo en los hondones de mi alma,

aunque, en raros momentos, te asomes a mis labios

que, de niño, me hicieron odiar tu simulacro.

Todos mis sueños llevan tus colores

y, resonantes, vibran en mis oídos siempre

tus acordadas -suaves o bullangueras- notas.

Cada orza de adobo, cada soga de esparto,

cada jarro de vino me regalan tu aroma.

Creo estar sentenciado a aquietarme en tu entraña,

creo que allí, todavía, disuelto en tus terrones,

madre mía siempre agónica, repasaré tus letras,

las seis letras que cifran tu siempre por hacer,

tu mal rehecho o del todo improbable camino.

Mas frotaré ese oro tras pasarle mi aliento,

tras limpiarle, de paso, el rastro de mi huella,

para que su fulgor algún trecho me alumbre.

 

"Cordura" 1999

 

 

Ahora es el momento

 

en aquellos inicios de la vida discente

el amor: serpentinas

próceres de latón en las altas columnas

por cierto trasnochábamos tila a veces

para el borracho de la tuna rondábamos

amores poco claros

de putas

sí de putas buena idea patios

mojados por el rocío palmeras

azuladas del alba bandurrias o laúdes?

que más daba despierta

niña despierta se distinguía el dorado de los ojos

desde las verjas amazonas

en camisón florido ante la música

y el aroma la melodía salvaje la salvaje

primavera del sur

por las acequias perros aulladores

almendros y naranjos florecidos

diez noches sin dormir seguía la fiesta

la ronda inacabable de las copas

la voz ronca el desmayo al desnudarse

ahora

las lentas tardes las gastadas palabras

los gastados abrazos unas frases cogidas

al vuelo sin nadie ya sin nada

mantas raídas gestos esquivos ya ves

subieron el descuento y el banco no aceptó

traición de la memoria barcos

de papel escorados en el limo

 

perdidos

 

"Una tromba mortal para los balleneros" 1970 - 1973

 

 

Arqueo navideño 1998

 

                  El Preso: Van a matarme... ¿Qué dirá mañana

                                                                        esa prensa canalla?

                                                               Max: Lo que le manden.

                                                                                      Valle-Inclán

 

¿Cuánto,

antes y luego de las dulces fiestas

-que no es intención de uno alterar digestiones

ni pulsos que belén o árbol adornan-,

vale un niñín inglés o americano?

 

Mucho, en divisas fuertes.

Mucho, de clase media para arriba.

Mucho, si cuentas lo que su familia

y otras instancias, públicas o no,

invirtieron en él desde el primer vagido.

 

Ya le gustara, ya, a ese niño iraquí

mutilado o entero, pero aún vivo

(nunca libre, pues sufre a un tirano bestial),

que le fuera asignada, no digo aquella suma:

sólo la millonésima fracción

del coste de un misil «inteligente»

que borró de su lado y para siempre

al tibio compañero de pupitre o estera

cuyo hueco aullará contra nosotros

hasta el fin de los tiempos

exigiendo venganza.

 

"Cordura" 1999

 

 

Arribada

 

¿Quién habla de una fácil travesía?

Las noches se poblaban de sirenas,

de cuartos donde ardía la revuelta,

de exilios que a tu cuerpo devastaron.

Mi amor fuerte, mi amor loco y profético

con vestidos que el puro azar cosía

y que eran desflecados por la bruma

entre las carcajadas reprimidas

de una Europa siniestra y satisfecha.

Son muchos los agravios, risueña. Pero algo

desatado y veloz, a mí te trajo a flote,

indemne, victoriosa, con el floral tesoro

de tu ternura oceánica, de tus ojos de miel.

Y en la tranquila tarde de este día de mayo

cruzas serenamente por tu sueño y yo velo,

mientras pasan los lentos veleros de la música,

tu tos de fumadora y tu jersey grandón.

 

"El centro inaccesible" 1975 - 1980

 

 

Carpe Diem

 

Qué dispendioso pulular de nombres,

de ateridas esperas mientras la madrugada

difuminaba taxis en una sucia niebla.

Qué lástima de tiempo barajando

naipes ya de textura ala de mosca

cuando el sol meridiano, más de un punto granado,

no sabe de demoras, admite alistamientos

sin requisito alguno,

por ahogado de sombra que llegue el aspirante,

para entregar a cambio manos como paneles,

ríos de campanillas, zureos de palomas,

terco mundo presente,

que fulgura y se esfuma tan tranquilo,

negándose de plano -y con cuánto derecho-

al deshonesto oficio de pañuelo de lágrimas.

 

"Horizontes desde la rada" 1983

 

 

Creciente ilusión inútil

 

Girar las llaves una y otra vez

con obsesión de orate

a fin, gesto imposible sobre torpe,

de conjurar la fuerza y majestad

de un sordo y ciego Azar que va rigiendo

cuanto en el universo alienta y condiciona,

¿será instalarse en la cúspide misma

de la árida ignorancia,

o ir clausurando, si se quiere así,

esos remansos, no de felicidad,

de sosiego tal vez,

el «chispazo entre dos oscuridades»,

metáfora suprema que condensa

la existencia y afanes de la especie?

 

"Cordura" 1999

 

 

De la inutilidad de conspirar

 

Afrontar el desastre con los sueños

Halcones remachados a los guantes volatería

de los cuadros de género alas en las vitrinas

emplomadas

             (Campo interior Alondras recordadas en el alba

             bajando de luchar del Guadarrama)

Patetismo

de las momias rezando en los estantes

la sorda letanía de la guerra

del impudor de unos y las ganas

de morir o matar de las milicias

Aún están rodeando al viejo pulcro

al librero de viejo

ante los anaqueles abrasados de polvo

acariciando con manos temblorosas los libros de botánica

las mostrencas teorías de Kirotkin

bajo la sucia luz de una bombilla

                                                        Historia

ya tapiada viejo tiempo maldito

con interrogatorios a las sombras

Dado caído inexorablemente

pese al Gobierno de Negrín los tanques recienhechos en Jarkov

los consulados del alcohol en el Hotel Florida

el imbatido amor a la verdad

                                                   y de este modo

el invisible mago de los libros

el hombre de las trenzas conservadas en talco

recibe cada tarde las visitas sonámbulas de los viejos repúblicos

de las muchachas de las sindicales

mansamente vestidas ahora de marrón Y se intenta

remover la vergüenza Se convocan en sueños

las cohortes brutales de los senegaleses

en las pocilgas de Argèles

el culo al viento los torrentes

de lágrimas inútiles

mientras la historia de los hombres sigue

ante sus ojos congelados.

 

De "Pautas para conjurados"

 

 

Derecho de conquista

 

Con qué empeño la luz

quiere arropar, velada, la paz de la mañana

de manso mar y silenciosas calles

y de ese modo levantar el solio

que te encierra y engasta cual zafiro

cuando, al fin, sonriente y despeinada,

pasas revista a la enemiga tropa

y la encuentras conforme a tus designios

en batallones de plumón tan tibio,

en falanges de aljaba tan vacía

que proclamas, sin lucha, la victoria

y el raigón derrotado de mi ejército

cargados de grilletes tras tu carro se arrastra

traidor a su bandera, a su patria, a su dios.

 

"Teatro de operaciones" 1967

Tomado de:

http://amediavoz.com/martinez.htm