viernes, 19 de diciembre de 2025

POEMAS DE DENISA COMANESCU - DESDE RUMANIA -


EL MUNDO DEL LENGUAJE

 

Viene un ser hacia ti

y lo formas de palabras

pero la cámara oscura del cerebro

te resulta extraña

como los pequeños demonios de la vida de un eremita.

A veces una aparición devastadora

brota entre las sílabas

como la polilla que anidó

en la herida de púrpura del soldado.

La guerra es real.

Noches en calma y la luna

pausas engañosas

instigadoras del crimen.

Las palabras menguan.

Al más frágil

y solitario lenguaje del mundo

he tratado de salvar hoy.

De la vena cortada del amor

señales en Morse

gotean lentamente:

lo lograré, más tarde.

 

 

MEDEA (ANTES)

 

El silencio tiene orejas rojas

de liebre recién parida

serpiente insomne

el amor me nutre

con semillas de manzana.

Tiempo abismal,

no rompas

con la gota celosa

de la mandrágora

el disco solar

de mi corazón.

 

 

ENTRE LOS LESTRIGONES

 

Soy una plancha al rojo

el tiempo asa peces frescos

en ella

los devora

apaga las brasas

me entierra en la arena

hasta la próxima orgía.

 

 

LAS NOCHES

 

Las presentíamos como a jardines prohibidos.

Aquellas noches tortuosas

como un barrio de gitanos

nos dejaron muertos a los dos

y muertos nos hemos arrastrado

durante la última estación.

 

 

TIERRA

 

tan inmóvil

una noche

como un muerto

yo la velo

como un ataúd abierto

tras el último clavo clavado por la aurora

ten cuidado de no pisar muy fuerte

ya que pasarás sobre mí

Tomado de:

https://www.silsh.com.ar/otros_comanescu.html

 

 

Regreso del exilio

 

 

 

Once años, cuatro meses y diecisiete días.

¿Ha sido un exilio corto?

Este no es mi cuaderno de entonces.

He tenido un sinfín.

Unos grandes, en rústica, de tapas doradas,

otros pequeños, ligeros, en papel biblia.

Por las noches los palpaba a escondidas,

acariciaba sus páginas como membranas.

Cada vez más deprisa, más intensamente,

con ansia insaciable.

Por el día no me atrevía a acercarme a ellos,

como si fueran propiedad ajena.

Tiempo después, los repartí entre los amigos,

para tu nuevo libro de poemas, les decía.

A algunos, según afirmaban, les trajo suerte.

Y llegaste tú,

después de once años, cuatro meses y diecisiete días.

Por las mañanas, a la luz que parece excluir a la muerte,

llenamos sin miedo, sencilla y naturalmente, membrana tras membrana.

Siempre que paso una página escrita,

Orfeo vuelve la mirada.

Tomado de:

https://campodemaniobras.blogspot.com/2023/02/denisa-comanescu-regreso-del-exilio.html

 

 

LA SALA COMÚN

Nos cruzamos en la sala común a altas horas de la noche. ¿

¿Quieres un pepinillo?, me pregunta, mientras

me sirvo una taza de leche. Claro, solo la mitad,

combina perfecto con la leche, ¿verdad?

Está bastante oscuro en la habitación con la comida,

el ordenador, la tele, el microondas y una enorme ventana

que da al río. En realidad, hay dos ventanas.

Me he acostumbrado a presionar la frente contra la otra, más pequeña,

de los refrigeradores. Cuando no hay nadie cerca, practico disipar ilusiones

repitiendo a tirones: Soy un desgraciado, todos

me patean. Eso es lo que me enseñó mi viejo amigo poeta.

Delante hay un campo de hierba rodeado de

arces y robles jóvenes. Son solo pequeñas manchas amarillas y rojas en las copas.

Observo las luces de los coches al otro lado del río.

Suben y bajan.

En la sala común saltamos y picoteamos en la privacidad

de un cuartel. El tenue rastro de comunicación busca significado entre

platos y cuchillos sucios, migas de la tostadora rota,

montones de ejemplares del New York Times y horarios de próximos talleres.

Mi leche se calienta en el microondas.

Las luces del otro lado del río me recorren con impaciencia.

Suben y bajan.

Quiero decirle algo cariñoso e inteligente.

En silencio, me entrega la esponja empapada en detergente.

Tomado de:

https://matcaliterara.ro/poeme-denisa-comanescu/

 

 

(del vol. Izgonirea din Paradis, 1979)

 

cortando

grandes rebanadas de las vidas de otros

como si una alegría

te doblegara repentinamente.

 

 

Robinsonade

(del vol. Barca pe valuri, 1987).

 

Me aferro a la cámara

y aniquilo sentimientos

con la plancha.

Como moscas.

Pero este apretón me aprieta

como un corsé.

Me he confundido con la caldera,

con el molinillo de café,

con el bidón de diésel,

con la Budolzer

y con un camisón muy fino.

Oh, si yo fuera un barco

mi amor proporcionaría

el mar más hermoso

el terreno más fácil

la isla milagrosa

con gente.

 

 

marino (fragmento)

(del vol. Cuțitul de argint, 1983)

 

3

 

holgazaneando en la barra como dos enormes gatos

detrás del suave lomo del mar,

una piedra brillante

con la boca pegada a ella, gaviotas deformadas,

embriones torpes apuñalando la belleza

en el espejo del mostrador la piel del párpado esconde tu mirada

como una nube de medusas la mano del hombre que se ahoga

dos cubitos de hielo como dados

y rápidos sorbos de la bebida verdosa

que pastich el verdadero pastis de... ¿

emociones?

la emoción del camarero escuchando a Bob Dylan,

al principio, hace mucho tiempo,

tu emoción recordando la tumba de Napoleón

donde ningún francés va hoy...

mi emoción,

el zapato de Cenicienta que acabas de encontrar en la playa

en la

 

 

fiebre de un castillo de arena en junio

(del vol. The Silver Knife, 1983)

 

entró hasta el cuello

decapitado,

pon una hoja de bardana

me enseñó la depiladora,

no necesita cirugía

sanará

te crecerá una nueva cabeza

mucho más fuerte y más hermosa,

perdí el suelo bajo mis pies

lo dejé lejos, atrás, ¿

por qué lo perdiste?, se escucha el eco,

¿hay alguien?

no, mi voz responde

como si hubiera apretado el botón de un reproductor de casetes,

ese alguien no existe

es el mar, la muñeca que me llamó madre

sacudiendo espasmódicamente su mano como un feto en la mañana en el fregadero

es mi juventud

 

 

A un amigo que me pidió que le dedicara el poema

(del vol. Barca pe valure, 1987)

 

No he plantado la semilla de la victoria en mí.

Hay plantas que encienden raíces

en un vaso de agua

vigorosas como jesuitas

perforan rocas

decapitan ciudades

alcanzan el cielo y no el suelo

Oh, temperamentos volcánicos,

lamí tanta ceniza

hasta que salió el sol en mi vientre

y desde entonces brillo

brillo.

 

 

Publicaré este poema

(del vol. Cuțitul de argint, 1983)

 

mi amor por ti

es este campo de dientes de león de Dorna

tu odio fue masticado por las ardillas en los abetos

tu debilidad se ha filtrado en la tierra bajo la primera hoja de acedera

tu cuerpo me posee con el alimento sagrado

que las aguas de Bistrița predicen

en el enorme caldero en el que ardemos?

un volcán da señales extrañas en nosotros,

¿será su lava mi

leche exasperada que no puede brotar?

 

 

El pez

(del vol. Barca pe valuri, 1987)

 

El exnovio llama a la puerta

Estoy con mi amigo (se oye una voz)

y la luz de la lámpara ciega

al que está más allá de la ventana

el exnovio se disculpa y se va

a la salida del bloque un gitano por una carpa china de 8 kilos

habría pagado cualquier cosa

solo por sentir el pez

bajo su brazo entumecido

pesado

casi irreal después de llevar el cadáver por toda la ciudad

 

la parte en la cocina

la mano está segura

la carne se desprende sola

(estos son los hechos, aquí es donde

tendrá que empezar el poema, pero mi cerebro está cansado y prefiero preguntar:

¿para qué tanto esfuerzo por un sueño tranquilo?)

Tomado de:

https://yigruzeltil.blogspot.com/2011/01/poeta-de-vineri-3-denisa-comanescu.html

 

 

Expulsión del paraíso

 

Estoy de ti hasta la coronilla

me gritaba

y quería barrerme de un escobazo

del piso

que nunca le llegué a pagar

mientras que

cada mañana llamaban a la puerta

tres muchachas:

una de nombre exótico

otra con inquietudes ocultas

y la última que vivir una vida pura y bella.

¿Pero adónde ir?

Mi juventud se esconde hoy detrás de los cubos de basura

donde ni las gitanas escarban

y la poesía ha sido declarada territorio cerrado

y aplica estrictamente la ley de Malthus.

Vete al parque, me dijo

igual

que farfullaba el viejo guarda del cementerio

cuando me paseaba de la mano

con mi primer chico:

«¡El amor se hace en los parques!»

 

................................................................

.

Es de noche y está lloviendo

en el aire descolorido

estoy viajando

en un gigantesco cisne

por desiertas autopistas

no alumbra linterna alguna

diez veces aguijoneo los nervios

cada partícula de aire

presta a agarrar

todas las ondas

que vengan

de un nuevo paraíso:

mi cerebro excitado es una ratonera.

 

 

Sueños y amapolas

 

La ventanilla de un vagón un cuadro

fotografías una diapositiva

es tan simple hacer un ovillo

del pasado

y tejer su ambiente en un poema

o una carta

que empiece necesariamente así:

«Cariño mío, hace mucho que no te escribo.

Quizá la lluvia, quizá a veces no te lleve dentro

y otras te engañe, quizá entretanto

me haya suicidado».

Así restableceremos el honor de la biografía

olvidada bajo el asiento de un tranvía

junto a un cesto de sueños y amapolas.

 

 

La radiografía

 

Ella entró en mi casa

me rompió todos los discos

(mi orgullo desde hace quince años)

me tiró todos los libros por la ventana

y me pidió

(y no bromeaba en absoluto

es más decía que algún día

vendría alguien a azuzar mi languidez)

que le mostrara el alma.

En vano le dije que mi vida

era igual que un perfil griego

ella se empeñaba en que no oía

no sé qué lloriqueo de bebé

o de fiera

que no sentía agitarse al cisne

cuando la tierra se traga su hilo de agua.

Luego aburrida

me alargó una hoja

donde había estrujada una madera de rosa podrida:

-No tengo el alma que necesitas

en cambio

alguien me vendió bajo cuerda

la radiografía de un semejante.

Cógela

que quizá

florezca antes del alba.

Tomado de:

https://www.barcelonareview.com/56/s_dc.htm

jueves, 18 de diciembre de 2025

POEMAS DE EDUARDO HURTADO MONTALVO - IN MEMORIAM -

 


Pájaro de doble agüero

Pájaro venido aquí, a la zona

del fuego y los cacharros,

las alianzas, los frutos,

las cenas que enamoran.

Proclive a lo pequeño,

en la mesa desierta

escombra unas migajas.

 

De pronto

             irrumpes tú,

bajo el aura

sombría del adiós, arrancada

del pecho en que anidaste,

del hueco

y patria suave

a la medida de tu cráneo.

 

Algo corta

            sonoro

el umbral donde pactan

el muro y el jardín:

racha de plumas

que se adhiere al viento,

fuga y flecha

              sin pájaro.

 

¿Adónde fue

sin agua

ni hermosura,

sin la humedad

o lengua

para aliviar la grima

por el abrazo eterno

             que pasó?

¿A moler y cernir y botar

en la huesa

los dos cuerpos de un alma,

las dudas, los alcoholes, la sal

sobre la herida,

los sainetes?

 

O adónde irá

            de vuelta,

con savia, con raíces

y vértice de hondura.

¿A rescatar las pérdidas,

a encender las ciudades

que tendríamos?;

¿a escarbar lo interior,

lo que en la noche nueva

se agita

y no se apaga?

 

Pájaro que un día estuvo,

que más tarde llegó,

que volviera hace poco;

que otras veces cantara

el tacto y las delicias

que ya después quisiéramos:

se aleja,

nos libera de insomnios

y discordias; o hace nido

en el aire, nos rejunta

como a dos aguas mismas

              apartadas

que ya saben de un mar

              y desembocan. ~

 

 

Una patria

La muerte de este amor

ha nacido un amor.

Su patria es esta casa.

 

Ahora que no estás,

la casa que inventamos,

                            la patria

                            de un amor

                            parido entre los huesos

                            de este amor,

se ha llenado de ti,

del simulacro

de tu cuerpo

en el lado vacante del colchón,

del sol que entra en el cuarto

 

y no te toca,

de tu fantasma voluptuoso.

 

Cada día me asomo

a lo posible,

al fondo ambiguo

en el que habitas,

al día no fechado

                             en que,

 

me acuerdo,

por fin sabes volver.

La patria de este amor

es un desierto,

              un cosmos

              que se extiende

hasta morder la orilla

del principio. ~

Tomado de:

https://letraslibres.com/revista/dos-poemas-2/

 

 

Jaula

Jaula que aborda

el viento con maneras de pájaros,

traspone los abismos del mar

y de la tierra,

deja su sombra, inaugura

el confín de todo

lo que asoma, renace

entre los seres que colmaban

su entraña hospitalaria.

 

***

 

Pajarera sin canto, decantada,

umbral de ausencias, asciende

con imágenes

de lo que ayer guardaba

entre juncos

            y perchas

                     y listones.

 

***

 

Imprevista, descalza,

irreductible,

tenaz y derramada,

la poesía se posa

en lo más llano,

hace un silencio

más pleno que un silencio,

dispone umbrales,

alza un pasillo, un patio,

hace su jaula, sueña,

se aloja en lo soñado

              y se pone a cantar.

 

***

 

Jaula de mar

donde discurre

              insomne

todo el mar.

 

***

 

Nada

          también

la jaula: surca

la niebla, sorbe del viento

la sustancia

que oxida su armazón,

hace de su trayecto

cauda y principio.

 

***

 

Cerco en el aire,

tinglado del vacío, cosa

forjada en la obsesión de ser

el radio de una fuga.

Corral de instantes

donde las lunas velan

y se calcina un sol: foro, gayola,

teatro de una utopía

practicable.

 

***

 

Jaula con cúpula, capillita

de un Dios

            casi abolido

                                que

harto de agonizar

               vive naciendo. ~

Tomado de:

https://letraslibres.com/revista/jaula/

 

 

Árbol

que nace

de su propio sueño.

Frutos

que toman el sabor

de las cosas

que suceden: los días,

las fatigas,

lo que ocurre

y circula,

lo que asoma

y no llega.

 

El árbol se hincha,

escala,

hunde raíces,

dispone la espesura

de su sombra.

 

Ni el viento

que lo agita

consigue perturbarlo.

 

Que dure lo que es,

que no despierte.

 

 

El que te ve nacer

por las mañanas, al llamado

imperioso

del reloj

y entre bostezos;

 

el que distingue

la rara beatitud de tu rostro

desnudo

de cosméticos,

la excitante

humildad de tus pies

con curitas

y en sandalias;

 

el que colmado

de ternura

te ve orinar todas las noches

y te descubre estática, frágil

y absorta

como animal

en descampado;

 

devoto de tu piel

sin lociones ni adornos,

de tu olor comedido,

 

de tus mañas

más íntimas,

soy

el que ha soñado

en despertar

contigo

hasta el día del horno

y las cenizas.

 

 

Que nada cambie.

Ayúdame a seguir

en donde estoy

sin renunciar al viaje.

Huye de mí

conmigo. Andemos

a los rumbos

que te gustan:

al desierto con mar,

al filo de esas playas

donde van a olvidar

los memoriosos.

Adonde vas,

iremos;

a esos lugares

que persisten fieles

a lo que son

y al apetito nuestro

de poblarlos un día.

Que nada cambie,

ni las ganas

de errar

cuando nos gana

el tedio. Mientras,

enséñame a entrever

lo que persigues

quieta en la silla

donde te busco siempre.

 

 

El amor nunca está

 

donde se dijo.

Incierto,

itinerante,

pretende andar ahí

cuando lo llaman,

y aunque no llega

siempre aspira a volver

adonde cree que estuvo.

 

Con nosotros viajó

como un escurridizo

polizón.

Soñaba en persistir

junto a los cuerpos

que le dieron sustancia,

pero al menor descuido

tomaba tierra

en busca del amor

que él mismo fue

algún día.

 

Y sin embargo

siempre dejó su insignia

momentánea

en nuestros cuerpos

enlazados.

 

Entonces

qué perdimos,

si el susodicho

jamás se estuvo quieto.

 

No tuvimos amor:

fue amor el que nos tuvo

a fuerza de acudir, saltar,

irse de bruces, perderse,

hacer la luz,

mudar de nuevo.

 

 

No sé ni lo que digo

en estos versos

que principian en ti

y a ti regresan.

 

Hay un raro sigilo

en todo esto que nace

en la garganta,

se enreda

en la membrana finísima

del tímpano

—y cae sobre la hoja,

en forma de palabras

que quieren desmentir

a las palabras.

 

Limón

ya no es limón

como en las plazas

sino el dejo agridulce

de tus pechos, el ápice

fragante

del pezón.

 

No es claro lo que escribo,

lo que me dictas hoy

mientras padezco

de anticipar tu sombra

y combatirla

con baladas anómalas.

 

Yo no he sabido nunca

contar lo que me pasa

al distinguir

las ondas delgadas

de tu voz, o al apretar

tus manos

y percibir sus huesos,

tan livianos.

 

Estas

y tantas cosas

que a diario

se reponen

yo no las sé decir;

por eso espero

a que tu voz

y la lengua

cifrada de tus gestos

me asistan

cada vez. Y ellos

responden

con señales confusas,

abundantes de enigmas.

Con esto escribo.

Tomado de:

https://www.revistapalimpsesto.com/eduardo-hurtado-poemas/

 

 

Ciclo

 

De marzo el júbilo

y la flor.

De junio el sol y el agua.

De octubre la hojarasca.

En febrero la nieve liquidada

y las hojas deshechas

                            y un ocioso candor.

Del mar,

la espuma.

Del sol,

este último vapor sobre la playa.

De todo,

        nada.

 

 

 

El deseo, el mar

 

1.

 

Un mar inolvidable…

¿Pero quién se conforma

con recordar el mar?

 

 

2.

 

Al mar volvemos

a constatar

que no es el mismo.

 

 

 

3.

 

Un polvo somos,

un rastro

          imperceptible

que dejamos.

Amo esta playa,

su oficio irreprochable

—y por las tardes vuelvo

a constatar sus últimas mudanzas.

Tomado de:

https://puntodepartida.unam.mx/indice-sexta-epoca/sexta-epoca-2?view=article&id=379

 

 

Laberinto

El cielo es falso.

Si has de pintar

un cielo verosímil

debes tener en cuenta

su esencial falsedad.

El cielo es tan ficticio

como las siete vidas de los gatos

y la inmortalidad de los cangrejos.

Para pintar el cielo

debes considerar esta premisa:

el cielo es un embuste,

un hoyo camuflado con un remiendo azul,

un simulacro necesario,

                                             la más grande ficción.

Tomado de:

https://www.milenio.com/cultura/laberinto/instrucciones-pintar-cielo-poema-eduardo-hurtado

 

 

Secuencia

El sol avanza contra el cielo inmóvil.

Un árbol se dibuja

sobre la playa sin gaviotas.

El mar pule la sombra, las ramas, el tronco repetido.

Crece la tarde.

Una penumbra nueva

desplaza las fronteras del instante:

el árbol se ha enterrado

bajo el color de la humedad.

Un viento sopla desde el mar oscuro:

follaje ciego.

La noche es un rumor

El mar cierra los párpados.

 

 

Azoteas

Con un ruido de velas

contra el viento,

bajo el sol incansable,

sostenida con pinzas,

a punto de fugarse

de su trampa imperfecta,

danza la ropa

en las jaulas de las azoteas.

Tomado de:

https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/662ba1a7-e756-4b5b-ac79-6faf319052cd/tres-poemas