jueves, 18 de diciembre de 2025

POEMAS DE EDUARDO HURTADO MONTALVO - IN MEMORIAM -

 


Pájaro de doble agüero

Pájaro venido aquí, a la zona

del fuego y los cacharros,

las alianzas, los frutos,

las cenas que enamoran.

Proclive a lo pequeño,

en la mesa desierta

escombra unas migajas.

 

De pronto

             irrumpes tú,

bajo el aura

sombría del adiós, arrancada

del pecho en que anidaste,

del hueco

y patria suave

a la medida de tu cráneo.

 

Algo corta

            sonoro

el umbral donde pactan

el muro y el jardín:

racha de plumas

que se adhiere al viento,

fuga y flecha

              sin pájaro.

 

¿Adónde fue

sin agua

ni hermosura,

sin la humedad

o lengua

para aliviar la grima

por el abrazo eterno

             que pasó?

¿A moler y cernir y botar

en la huesa

los dos cuerpos de un alma,

las dudas, los alcoholes, la sal

sobre la herida,

los sainetes?

 

O adónde irá

            de vuelta,

con savia, con raíces

y vértice de hondura.

¿A rescatar las pérdidas,

a encender las ciudades

que tendríamos?;

¿a escarbar lo interior,

lo que en la noche nueva

se agita

y no se apaga?

 

Pájaro que un día estuvo,

que más tarde llegó,

que volviera hace poco;

que otras veces cantara

el tacto y las delicias

que ya después quisiéramos:

se aleja,

nos libera de insomnios

y discordias; o hace nido

en el aire, nos rejunta

como a dos aguas mismas

              apartadas

que ya saben de un mar

              y desembocan. ~

 

 

Una patria

La muerte de este amor

ha nacido un amor.

Su patria es esta casa.

 

Ahora que no estás,

la casa que inventamos,

                            la patria

                            de un amor

                            parido entre los huesos

                            de este amor,

se ha llenado de ti,

del simulacro

de tu cuerpo

en el lado vacante del colchón,

del sol que entra en el cuarto

 

y no te toca,

de tu fantasma voluptuoso.

 

Cada día me asomo

a lo posible,

al fondo ambiguo

en el que habitas,

al día no fechado

                             en que,

 

me acuerdo,

por fin sabes volver.

La patria de este amor

es un desierto,

              un cosmos

              que se extiende

hasta morder la orilla

del principio. ~

Tomado de:

https://letraslibres.com/revista/dos-poemas-2/

 

 

Jaula

Jaula que aborda

el viento con maneras de pájaros,

traspone los abismos del mar

y de la tierra,

deja su sombra, inaugura

el confín de todo

lo que asoma, renace

entre los seres que colmaban

su entraña hospitalaria.

 

***

 

Pajarera sin canto, decantada,

umbral de ausencias, asciende

con imágenes

de lo que ayer guardaba

entre juncos

            y perchas

                     y listones.

 

***

 

Imprevista, descalza,

irreductible,

tenaz y derramada,

la poesía se posa

en lo más llano,

hace un silencio

más pleno que un silencio,

dispone umbrales,

alza un pasillo, un patio,

hace su jaula, sueña,

se aloja en lo soñado

              y se pone a cantar.

 

***

 

Jaula de mar

donde discurre

              insomne

todo el mar.

 

***

 

Nada

          también

la jaula: surca

la niebla, sorbe del viento

la sustancia

que oxida su armazón,

hace de su trayecto

cauda y principio.

 

***

 

Cerco en el aire,

tinglado del vacío, cosa

forjada en la obsesión de ser

el radio de una fuga.

Corral de instantes

donde las lunas velan

y se calcina un sol: foro, gayola,

teatro de una utopía

practicable.

 

***

 

Jaula con cúpula, capillita

de un Dios

            casi abolido

                                que

harto de agonizar

               vive naciendo. ~

Tomado de:

https://letraslibres.com/revista/jaula/

 

 

Árbol

que nace

de su propio sueño.

Frutos

que toman el sabor

de las cosas

que suceden: los días,

las fatigas,

lo que ocurre

y circula,

lo que asoma

y no llega.

 

El árbol se hincha,

escala,

hunde raíces,

dispone la espesura

de su sombra.

 

Ni el viento

que lo agita

consigue perturbarlo.

 

Que dure lo que es,

que no despierte.

 

 

El que te ve nacer

por las mañanas, al llamado

imperioso

del reloj

y entre bostezos;

 

el que distingue

la rara beatitud de tu rostro

desnudo

de cosméticos,

la excitante

humildad de tus pies

con curitas

y en sandalias;

 

el que colmado

de ternura

te ve orinar todas las noches

y te descubre estática, frágil

y absorta

como animal

en descampado;

 

devoto de tu piel

sin lociones ni adornos,

de tu olor comedido,

 

de tus mañas

más íntimas,

soy

el que ha soñado

en despertar

contigo

hasta el día del horno

y las cenizas.

 

 

Que nada cambie.

Ayúdame a seguir

en donde estoy

sin renunciar al viaje.

Huye de mí

conmigo. Andemos

a los rumbos

que te gustan:

al desierto con mar,

al filo de esas playas

donde van a olvidar

los memoriosos.

Adonde vas,

iremos;

a esos lugares

que persisten fieles

a lo que son

y al apetito nuestro

de poblarlos un día.

Que nada cambie,

ni las ganas

de errar

cuando nos gana

el tedio. Mientras,

enséñame a entrever

lo que persigues

quieta en la silla

donde te busco siempre.

 

 

El amor nunca está

 

donde se dijo.

Incierto,

itinerante,

pretende andar ahí

cuando lo llaman,

y aunque no llega

siempre aspira a volver

adonde cree que estuvo.

 

Con nosotros viajó

como un escurridizo

polizón.

Soñaba en persistir

junto a los cuerpos

que le dieron sustancia,

pero al menor descuido

tomaba tierra

en busca del amor

que él mismo fue

algún día.

 

Y sin embargo

siempre dejó su insignia

momentánea

en nuestros cuerpos

enlazados.

 

Entonces

qué perdimos,

si el susodicho

jamás se estuvo quieto.

 

No tuvimos amor:

fue amor el que nos tuvo

a fuerza de acudir, saltar,

irse de bruces, perderse,

hacer la luz,

mudar de nuevo.

 

 

No sé ni lo que digo

en estos versos

que principian en ti

y a ti regresan.

 

Hay un raro sigilo

en todo esto que nace

en la garganta,

se enreda

en la membrana finísima

del tímpano

—y cae sobre la hoja,

en forma de palabras

que quieren desmentir

a las palabras.

 

Limón

ya no es limón

como en las plazas

sino el dejo agridulce

de tus pechos, el ápice

fragante

del pezón.

 

No es claro lo que escribo,

lo que me dictas hoy

mientras padezco

de anticipar tu sombra

y combatirla

con baladas anómalas.

 

Yo no he sabido nunca

contar lo que me pasa

al distinguir

las ondas delgadas

de tu voz, o al apretar

tus manos

y percibir sus huesos,

tan livianos.

 

Estas

y tantas cosas

que a diario

se reponen

yo no las sé decir;

por eso espero

a que tu voz

y la lengua

cifrada de tus gestos

me asistan

cada vez. Y ellos

responden

con señales confusas,

abundantes de enigmas.

Con esto escribo.

Tomado de:

https://www.revistapalimpsesto.com/eduardo-hurtado-poemas/

 

 

Ciclo

 

De marzo el júbilo

y la flor.

De junio el sol y el agua.

De octubre la hojarasca.

En febrero la nieve liquidada

y las hojas deshechas

                            y un ocioso candor.

Del mar,

la espuma.

Del sol,

este último vapor sobre la playa.

De todo,

        nada.

 

 

 

El deseo, el mar

 

1.

 

Un mar inolvidable…

¿Pero quién se conforma

con recordar el mar?

 

 

2.

 

Al mar volvemos

a constatar

que no es el mismo.

 

 

 

3.

 

Un polvo somos,

un rastro

          imperceptible

que dejamos.

Amo esta playa,

su oficio irreprochable

—y por las tardes vuelvo

a constatar sus últimas mudanzas.

Tomado de:

https://puntodepartida.unam.mx/indice-sexta-epoca/sexta-epoca-2?view=article&id=379

 

 

Laberinto

El cielo es falso.

Si has de pintar

un cielo verosímil

debes tener en cuenta

su esencial falsedad.

El cielo es tan ficticio

como las siete vidas de los gatos

y la inmortalidad de los cangrejos.

Para pintar el cielo

debes considerar esta premisa:

el cielo es un embuste,

un hoyo camuflado con un remiendo azul,

un simulacro necesario,

                                             la más grande ficción.

Tomado de:

https://www.milenio.com/cultura/laberinto/instrucciones-pintar-cielo-poema-eduardo-hurtado

 

 

Secuencia

El sol avanza contra el cielo inmóvil.

Un árbol se dibuja

sobre la playa sin gaviotas.

El mar pule la sombra, las ramas, el tronco repetido.

Crece la tarde.

Una penumbra nueva

desplaza las fronteras del instante:

el árbol se ha enterrado

bajo el color de la humedad.

Un viento sopla desde el mar oscuro:

follaje ciego.

La noche es un rumor

El mar cierra los párpados.

 

 

Azoteas

Con un ruido de velas

contra el viento,

bajo el sol incansable,

sostenida con pinzas,

a punto de fugarse

de su trampa imperfecta,

danza la ropa

en las jaulas de las azoteas.

Tomado de:

https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/662ba1a7-e756-4b5b-ac79-6faf319052cd/tres-poemas

No hay comentarios.:

Publicar un comentario