Pájaro de doble agüero
Pájaro venido aquí, a la zona
del fuego y los cacharros,
las alianzas, los frutos,
las cenas que enamoran.
Proclive a lo pequeño,
en la mesa desierta
escombra unas migajas.
De pronto
irrumpes tú,
bajo el aura
sombría del adiós, arrancada
del pecho en que anidaste,
del hueco
y patria suave
a la medida de tu cráneo.
Algo corta
sonoro
el umbral donde pactan
el muro y el jardín:
racha de plumas
que se adhiere al viento,
fuga y flecha
sin
pájaro.
¿Adónde fue
sin agua
ni hermosura,
sin la humedad
o lengua
para aliviar la grima
por el abrazo eterno
que
pasó?
¿A moler y cernir y botar
en la huesa
los dos cuerpos de un alma,
las dudas, los alcoholes, la sal
sobre la herida,
los sainetes?
O adónde irá
de
vuelta,
con savia, con raíces
y vértice de hondura.
¿A rescatar las pérdidas,
a encender las ciudades
que tendríamos?;
¿a escarbar lo interior,
lo que en la noche nueva
se agita
y no se apaga?
Pájaro que un día estuvo,
que más tarde llegó,
que volviera hace poco;
que otras veces cantara
el tacto y las delicias
que ya después quisiéramos:
se aleja,
nos libera de insomnios
y discordias; o hace nido
en el aire, nos rejunta
como a dos aguas mismas
apartadas
que ya saben de un mar
y
desembocan. ~
Una patria
La muerte de este amor
ha nacido un amor.
Su patria es esta casa.
Ahora que no estás,
la casa que inventamos,
la patria
de un amor
parido entre los
huesos
de este amor,
se ha llenado de ti,
del simulacro
de tu cuerpo
en el lado vacante del colchón,
del sol que entra en el cuarto
y no te toca,
de tu fantasma voluptuoso.
Cada día me asomo
a lo posible,
al fondo ambiguo
en el que habitas,
al día no fechado
en que,
me acuerdo,
por fin sabes volver.
La patria de este amor
es un desierto,
un
cosmos
que
se extiende
hasta morder la orilla
del principio. ~
Tomado de:
https://letraslibres.com/revista/dos-poemas-2/
Jaula
Jaula que aborda
el viento con maneras de pájaros,
traspone los abismos del mar
y de la tierra,
deja su sombra, inaugura
el confín de todo
lo que asoma, renace
entre los seres que colmaban
su entraña hospitalaria.
***
Pajarera sin canto, decantada,
umbral de ausencias, asciende
con imágenes
de lo que ayer guardaba
entre juncos
y
perchas
y listones.
***
Imprevista, descalza,
irreductible,
tenaz y derramada,
la poesía se posa
en lo más llano,
hace un silencio
más pleno que un silencio,
dispone umbrales,
alza un pasillo, un patio,
hace su jaula, sueña,
se aloja en lo soñado
y
se pone a cantar.
***
Jaula de mar
donde discurre
insomne
todo el mar.
***
Nada
también
la jaula: surca
la niebla, sorbe del viento
la sustancia
que oxida su armazón,
hace de su trayecto
cauda y principio.
***
Cerco en el aire,
tinglado del vacío, cosa
forjada en la obsesión de ser
el radio de una fuga.
Corral de instantes
donde las lunas velan
y se calcina un sol: foro, gayola,
teatro de una utopía
practicable.
***
Jaula con cúpula, capillita
de un Dios
casi
abolido
que
harto de agonizar
vive naciendo. ~
Tomado de:
https://letraslibres.com/revista/jaula/
Árbol
que nace
de su propio sueño.
Frutos
que toman el sabor
de las cosas
que suceden: los días,
las fatigas,
lo que ocurre
y circula,
lo que asoma
y no llega.
El árbol se hincha,
escala,
hunde raíces,
dispone la espesura
de su sombra.
Ni el viento
que lo agita
consigue perturbarlo.
Que dure lo que es,
que no despierte.
El que te ve nacer
por las mañanas, al llamado
imperioso
del reloj
y entre bostezos;
el que distingue
la rara beatitud de tu rostro
desnudo
de cosméticos,
la excitante
humildad de tus pies
con curitas
y en sandalias;
el que colmado
de ternura
te ve orinar todas las noches
y te descubre estática, frágil
y absorta
como animal
en descampado;
devoto de tu piel
sin lociones ni adornos,
de tu olor comedido,
de tus mañas
más íntimas,
soy
el que ha soñado
en despertar
contigo
hasta el día del horno
y las cenizas.
Que nada cambie.
Ayúdame a seguir
en donde estoy
sin renunciar al viaje.
Huye de mí
conmigo. Andemos
a los rumbos
que te gustan:
al desierto con mar,
al filo de esas playas
donde van a olvidar
los memoriosos.
Adonde vas,
iremos;
a esos lugares
que persisten fieles
a lo que son
y al apetito nuestro
de poblarlos un día.
Que nada cambie,
ni las ganas
de errar
cuando nos gana
el tedio. Mientras,
enséñame a entrever
lo que persigues
quieta en la silla
donde te busco siempre.
El amor nunca está
donde se dijo.
Incierto,
itinerante,
pretende andar ahí
cuando lo llaman,
y aunque no llega
siempre aspira a volver
adonde cree que estuvo.
Con nosotros viajó
como un escurridizo
polizón.
Soñaba en persistir
junto a los cuerpos
que le dieron sustancia,
pero al menor descuido
tomaba tierra
en busca del amor
que él mismo fue
algún día.
Y sin embargo
siempre dejó su insignia
momentánea
en nuestros cuerpos
enlazados.
Entonces
qué perdimos,
si el susodicho
jamás se estuvo quieto.
No tuvimos amor:
fue amor el que nos tuvo
a fuerza de acudir, saltar,
irse de bruces, perderse,
hacer la luz,
mudar de nuevo.
No sé ni lo que digo
en estos versos
que principian en ti
y a ti regresan.
Hay un raro sigilo
en todo esto que nace
en la garganta,
se enreda
en la membrana finísima
del tímpano
—y cae sobre la hoja,
en forma de palabras
que quieren desmentir
a las palabras.
Limón
ya no es limón
como en las plazas
sino el dejo agridulce
de tus pechos, el ápice
fragante
del pezón.
No es claro lo que escribo,
lo que me dictas hoy
mientras padezco
de anticipar tu sombra
y combatirla
con baladas anómalas.
Yo no he sabido nunca
contar lo que me pasa
al distinguir
las ondas delgadas
de tu voz, o al apretar
tus manos
y percibir sus huesos,
tan livianos.
Estas
y tantas cosas
que a diario
se reponen
yo no las sé decir;
por eso espero
a que tu voz
y la lengua
cifrada de tus gestos
me asistan
cada vez. Y ellos
responden
con señales confusas,
abundantes de enigmas.
Con esto escribo.
Tomado de:
https://www.revistapalimpsesto.com/eduardo-hurtado-poemas/
Ciclo
De marzo el júbilo
y la flor.
De junio el sol y el agua.
De octubre la hojarasca.
En febrero la nieve liquidada
y las hojas deshechas
y un ocioso candor.
Del mar,
la espuma.
Del sol,
este último vapor sobre la playa.
De todo,
nada.
El deseo, el mar
1.
Un mar inolvidable…
¿Pero quién se conforma
con recordar el mar?
2.
Al mar volvemos
a constatar
que no es el mismo.
3.
Un polvo somos,
un rastro
imperceptible
que dejamos.
Amo esta playa,
su oficio irreprochable
—y por las tardes vuelvo
a constatar sus últimas mudanzas.
Tomado de:
https://puntodepartida.unam.mx/indice-sexta-epoca/sexta-epoca-2?view=article&id=379
Laberinto
El cielo es falso.
Si has de pintar
un cielo verosímil
debes tener en cuenta
su esencial falsedad.
El cielo es tan ficticio
como las siete vidas de los gatos
y la inmortalidad de los cangrejos.
Para pintar el cielo
debes considerar esta premisa:
el cielo es un embuste,
un hoyo camuflado con un remiendo azul,
un simulacro necesario,
la
más grande ficción.
Tomado de:
https://www.milenio.com/cultura/laberinto/instrucciones-pintar-cielo-poema-eduardo-hurtado
Secuencia
El sol avanza contra el cielo inmóvil.
Un árbol se dibuja
sobre la playa sin gaviotas.
El mar pule la sombra, las ramas, el tronco repetido.
Crece la tarde.
Una penumbra nueva
desplaza las fronteras del instante:
el árbol se ha enterrado
bajo el color de la humedad.
Un viento sopla desde el mar oscuro:
follaje ciego.
La noche es un rumor
El mar cierra los párpados.
Azoteas
Con un ruido de velas
contra el viento,
bajo el sol incansable,
sostenida con pinzas,
a punto de fugarse
de su trampa imperfecta,
danza la ropa
en las jaulas de las azoteas.
Tomado de:
https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/662ba1a7-e756-4b5b-ac79-6faf319052cd/tres-poemas

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