domingo, 14 de diciembre de 2025

POEMAS DE SILVINA OCAMPO - RECORDAMOS SU MEMORIA Y SU OBRA -


QUISIERA SER TU PREDILECTA ALMOHADA...

 

Quisiera ser tu predilecta almohada

donde de noche apoyas tus orejas

para ser tu secreto y ser las rejas

de tu sueño: dormida o desvelada

 

ser tu puerta, tu luz cuando te alejas,

alguien que no trató de ser amada.

Huir de la ansiedad que está en mis quejas,

poder a veces ser lo que soy, nada,

 

no tener nunca miedo de perderte

con variación y honda infidelidad,

jamás llegar por nada a concederte

 

la tediosa y vulgar fidelidad

de los abandonados que prefieren

morir por no sufrir, y que no mueren.

 

 

SI SOY EN VANO AHORA LO QUE FUI...

 

Si soy en vano ahora lo que fui,

como la blanda y persistente arena

donde se borra el paso que la ordena,

no he sufrido bastante, amor, por ti.

 

Ah, si me hubieras dado sólo pena

y no la infiel intrépida alegría

tu crueldad no me lastimaría,

no podría apresarme tu cadena.

 

Quiero amarte y no amarte como te amo;

ser tan impersonal como las rosas;

como el árbol con ramas luminosas

 

no exigir nunca dichas que hoy reclamo;

alejarme, perderme, abandonarte,

con mi infidelidad recuperarte.

 

 

SONETO DEL AMOR DESESPERADO

 

Mátame, espléndido y sombrío amor,

si ves perderse en mi alma la esperanza;

si el grito de dolor en mí se cansa

como muere en mis manos esta flor.

 

En el abismo de mi corazón

hallaste espacio digno de tu anhelo,

en vano me alejaste de tu cielo

dejando en llamas mi desolación.

 

Contempla la miseria, la riqueza

de quien conoce toda tu alegría.

Contempla mi narcótica tristeza.

 

¡Oh tú, que me entregaste la armonía!

Desesperando creo en tu promesa.

Amor, contémplame, en tus brazos, presa.

 

 

ÚNICA SABIDURÍA

 

Lo único que sabemos

es lo que nos sorprende:

que todo pasa, como

si no hubiera pasado.

Tomado de:

https://hermeneuta.opennemas.com/articulo/poesia/poemas-silvina-ocampo/20220728183308001392.html

 

 

Rubor

 

Existe una tristeza

de estar triste y también

existe una vergüenza

cruel de tener vergüenza.

 

 

Dibujos

Junto al agua, los grillos

con su canto dibujan

formas de las estrellas.

 

 

Sacrificios puros

Le basta a la mentira, la mentira.

¡Pero cuántas mentiras la verdad necesita

para que la comprendan!

 

 

Celos y vanidad

Toda audacia de la timidez

despierta la envidia de los vanidosos

como toda conquista o belleza de un muerto

despierta el odio de los celosos.

 

 

Contradicción

Por no querer sufrir sufrí muchísimo.

Por no buscar la dicha fui feliz.

 

 

Perpetuidad

¡Qué hermafrodita es el remordimiento!

 

 

Dilección

Con preferencia siempre recordamos

los queridos defectos de la dicha;

recordamos también con preferencia

de una persona amada los pecados.

 

 

Cuadro apócrifo

La santa se convierte en prostituta;

el león, el mono, el ángel, el pez en un jardín;

cuatro niños que juegan a la mancha, en una playa.

Con las vicisitudes del tiempo o casualmente

aparece en la tela de cuadro otra pintura

que fue la original ¡como nuestros recuerdos!

 

 

Consecuencias

 

Amamos en un ser

a todos los demás

cuando ese ser nos ama.

Odiamos en un ser

a todos los demás

si ese ser no nos ama.

 

 

Vanidad de vanidades

Vivimos para una casa que no podremos construir,

para un viaje que no haremos

y para un libro que nunca

llegaremos a escribir;

como un dibujo trazado

en una hoja cuyos límites

exiguos no han permitido

la inclusión total de un plano.

 

 

Nocturno

Sueñan las casas que son barcos cuando

de noche hay viento, oscuridad y lluvia.

 

 

Estado de gracia

Con qué bondad nos escuchaba Dios

cuando aún no sabíamos hablar.

 

 

Inocencia

Conocí la lujuria

dentro de un catecismo

blanco de mi primera

comunión, con la pura

prematura lujuria.

 

 

Imitaciones

Nunca el zorzal cantó su canto definitivo

porque canta solo

el canto de los otros pájaros:

él no lo sabe y cree que inventa

siempre la misma melodía,

que otro pájaro siempre imita.

 

 

El agua

El agua de la lluvia

y el agua del arroyo

no son tan persistentes

como ella cuando llora.

 

 

Apremio

Nuestra impaciencia por morir proviene

de tener que morir sin remisión.

 

 

Perplejidad

Por qué si me arrodillo

rezando, siempre pienso:

“Qué hacen mis pies, ahora”.

 

 

Estar desesperados

Algunas veces en nuestra tristeza

estar desesperados nos consuela.

Tomado de:

https://www.revistaelgolem.com/2024/07/07/poemas-de-silvina-ocampo/

 

 

Las caras

 

Las caras de los hombres que en mi vida he encontrado

me persiguen y viven adentro de mi espíritu.

Las caras de los hombres que he encontrado en mi vida

me miran y me abruman.

Podría dibujarlas pero nunca me atrevo.

Algunas tienen cuerpos y llevan en las manos

anillos y collares, flores de terciopelo,

algunas son mansiones, son jardines, son ríos,

algunas son un viaje, una playa, un desierto.

Algunas son de mármol, algunas son fenicias,

algunas son romanas, griegas y perniciosas

con los rasgos borrados.

Algunas tienen penas, muchas penas algunas,

y largas cabelleras que lloran en el viento.

Algunas son horribles, casi siempre me advierten

que un peligro me acecha.

Algunas tienen horas marcadas en los ojos

y son como clepsidras,

me despiertan de noche.

Algunas me quisieron

y movieron los labios para decir mi nombre.

Algunas no entendieron nunca lo que les dije

ni supieron por qué las miré largamente.

Algunas son anónimas

llevan frutas y fuentes, manos de terracota,

como las estaciones.

Algunas se arrodillan, buscan algo en la tierra.

Algunas como pájaros siempre estiran el cuello.

Algunas se inclinaron

y escribieron sus nombres sobre mi corazón

sin que yo lo advirtiera.

Algunas fueron mías, algunas se alejaron

y perdieron su sexo, su virtud y su candor;

fueron como la imagen

del infierno en el mundo

que tratamos, en vano, de olvidar.

Algunas fueron deidades

que no olvidaré nunca.

 

 

Las huellas

 

A orillas de las aguas recogidas

en la luz regular del suelo unidas

como si juntas siempre caminaran,

solas, parecería que se amaran,

en la sal de la espuma con estrellas,

sobre la arena bajo el sol las huellas

de nuestros pies desnudos

tan lejanos, y mudos.

Dejando una promesa dibujada

nuestra voz entretanto ensimismada

se divide en el aire y atraviesa

la azul crueldad de la naturaleza

mientras solos cruzamos

la playa y nos hablamos.

 

 

Lecciones de la metamorfosis

 

Nube que miras en lo alto del cielo

mi condición humana y modificas

las formas de tu cuerpo y de tus caras:

si alguna vez he visto deshacerse

tu cuerpo de caballo o de sirena,

tus ojos y tu pelo cruel de Erinia,

tus vírgenes perdidas con un ángel

entre las sombras de una playa inmensa,

el velero que se hunde en la tormenta

o un frágil ciervo entre las rosas de oro

de un antiguo poniente indescifrable;

si alguna vez he visto desmembrarse

un reino donde no gobierna nadie,

un templo en que quedaron misa rodillas

prosternadas al pie de un muro blanco,

tan blanco que hasta el sol pierde su faz,

sabrás que sos mi lecho cuando duermo,

que tus lecciones de metamorfosis

he querido seguir hasta la muerte

entregándote toda mi esperanza.

 

 

Los delfines

 

Los delfines no juegan en las olas

como la gente cree.

Los delfines se duermen bajando hasta el fondo del mar.

¿Qué buscan? No sé.

Cuando tocan el fin del agua

despiertan bruscamente

y vuelen a subir porque el mar es muy profundo

y cuando suben ¿qué buscan? No sé.

Y ven el cielo y les vuelve a dar sueño

y vuelven a bajar dormidos,

y vuelven a tocar el fondo del mar

y se despiertan y vuelen a subir.

Así son nuestros sueños.

 

 

Los mosaicos

 

                                                                                  a M.C.B.

 

SI llevaran las lágrimas inscripto su dolor,

verías que no lloro, como parece, tanto;

si fueran piedras, vidrios grabados, en mi llanto

verías el favor que me hacen al correr,

con perfección y cuánto.

 

Te mostrarían, créeme, que sufrir nos depara

lugares y personas y objetos que están lejos;

y que la oscuridad pánica que vibra en sus reflejos

es transitable y clara,

y como la ilusión dentro de los espejos:

 

Similares figuras vimos en los mosaicos:

el Minotauro, Orfeo, las vírgenes en duelo,

sacrificios de Abraham, Venus, el asfódelo,

los rostros más arcaicos

de Daniel con los leones, en el muro, en el suelo.

 

 

Los ojos

 

Como Casandra yo escuché tu paso

en las baldosas de la galería.

Como ella, adivinaba yo en los días

y en la voz recurrente del ocaso

lo que ocultabas y conozco tanto.

Ciega, sola, atenta penetré

en tu velado reino y consagré

bajo sus plantas, al rencor, mi espanto.

 

Transformabas el mundo en un desierto.

Como a Casandra no quisiste oírme.

Pensando junto al río sólo en irme,

en la noche incesante busqué el puerto.

Al ver los astros, con aristas, rojos,

sabía que el infierno era mirarte

y volver a tu lado y no olvidarte.

¡Ah, por qué no quemé más bien mis ojos!

 

¡Vanas son las mentiras y las guerras!

Nuestros ojos traicionan nuestra cara;

la vuelven transparente, fría y clara

como el agua en la orilla de las tierras.

No me perdonarás de haber llorado:

no me lo perdonabas, yo tampoco.

Tus noches y tus días los evoco.

¡Por qué con tanto amor me has engañado!

 

Símbolos tiene la desesperanza,

propiedades antiguas y suntuosas,

A veces tiene cosas muy preciosas.

Como la muerte, siempre nos alcanza.

Con el rostro de piedra, de la ira,

por tu amor me acerqué a sus pabellones.

Ah, fue triste en los pérfidos frontones

de sus oscuras torres tu mentira.

 

Vi que en su primavera con glicinas,

la languidez secreta de las ramas,

las canciones del mirlo, las retamas,

la vegetal constancia que germina,

urden una ávida y común tortura

a ejemplo de esos ramos en la muerte

que simbolizan con un lujo inerte

la soledad, el polvo, la locura.

 

Vi al pie de las columnas los despojos

de las fiestas en sueño, de la aurora;

te seguí paso a paso, hora por hora,

más que tu sombra guiada por tus ojos.

Oscuros en tu cuarto me rodeaban

los muebles habituales: los abismos

labraban en desorden cataclismos

mientras las furias su clamor callaban.

 

En los iridiscentes labios rojos

de alguna flor resplandecía el alma

del céfiro purísimo en su calma:

mas yo estaba cegada por tus ojos.

La llanura, la nieve o la montaña

me recibía reconciliadora:

y persistía entre árboles sonora

la dicha exigua que la duda empaña.

 

Vi caras, muchas caras previsibles;

todos mis diálogos fueron falaces;

escuché de las voces los compases

sin oír las palabras más sensibles;

proyecté formas de mi destrucción.

En las ciudades, en la calle sucia,

en los sórdidos parques, sin astucia

llegué al infierno con obstinación.

 

Como alas nacen del cansancio arrojos

busqué por todas partes el horror,

el desencanto pacificador

como los santos porque vi tus ojos.

Y conseguí morir perfectamente

sin ningún esplendor como soñaba

sola en el iris gris que me aterraba

viendo tus ojos incesantemente.

 

 

Nos iremos, me iré con los que aman...

 

Nos iremos, me iré con los que aman,

dejaré mis jardines y mi perro

aunque parezcas dura como el hierro

cuando los vientos vagabundos braman.

 

Nos iremos, tu voz, tu amor me llaman:

dejaré el son plateado del cencerro

aunque llegue a las luces del desierto

por ti, porque tus frases me reclaman.

 

Buscaré el mar por ti, por tus hechizos,

me echaré bajo el ala de la vela,

después que el barro zarpe cuando vuela

 

la sombra del adiós. Como en los fríos

lloraré la cabeza entre tu mano

lo que me diste y me negaste en vano.

 

 

Presentimiento

 

Durante muchos días me seguiste.

En el canto del pájaro, en las sombras,

en las modulaciones del espacio:

aprendí a conocerte.

Yo sentía tu luz atravesarme

como una flecha de oro envenenada.

Te desobedecía arrepentida.

Me hablabas en secreto.

En los espejos rotos, en la tinta

azul de los cuadernos que dejabas

sobre la mesa de mi dormitorio.

Yo temblaba al mirarte, yo temblaba

como tiemblan las ramas reflejadas

en el agua movida por el viento.

Ahora que conozco tus señales,

tu piel y tus orejas, tu semblante,

no trataré de desobedecerte,

y me arrodillaré frente a tu imagen,

implacable sibila que me sigues.

 

 

Qué ángel te librará de la tristeza...

 

Qué ángel te librará de la tristeza

y te despertará un precioso día

sin memoria de lo que te afligía

y te dirá al oído: "Escucha y cesa

 

tus llantos. En mis brazos no te pesa

la lentitud del tiempo ni la impía

delación de los hombres. Eres mía,

ya no eres de este vano mundo presa.

 

Asómate a esta fúlgida ventana

por tu dicha adornada. Ya el dolor

se marchitó como una larga flor

 

cuya sabiduría al fin te sana

al disolverse porque se convierte

en polvo, en ilusión, en otra suerte".

Tomado de:

http://amediavoz.com/ocampo.htm

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