sábado, 20 de diciembre de 2025

POEMAS DE MIGUEL DE UNAMUNO - DESDE ESPAÑA -


BLAS, EL BOBO

 

Blas, el bobo de la aldea,

vive en no quebrado arrobo;

La aldea es de Blas el bobo,

pues toda a Blas le recrea.

 

Blas, que se crió desde niño

sin padres, con madre moza,

en una perdida choza,

libre de carnal cariño;

 

Blas, tradición la más pura,

sabe todo el calendario,

reza a la tarde el rosario

y le ayuda a misa al cura.

 

Gracias a Blas el bendito

no descarga Dios su vara

sobre la aldea, la ampara

Blas, botón del infinito.

 

 

A UN HIJO DE ESPAÑOLES

 

A un hijo de españoles arropamos

hoy en tierra francesa; el inocente

se apagó-¡feliz él!-sin que su mente

se abriese al mundo en que muriendo vamos.

 

A la pobre cajita sendos ramos

echamos de azucenas-el relente

llora sobre su huesa-, y al presente

de nuestra patria el pecho retornamos.

 

"Ante la vida cruel que le acechaba,

mejor que se me muera"-nos decía

su pobre padre, y con la voz temblaba;

 

era de otoño y bruma el triste día

y creí que enterramos- ¡Dios callaba! -

tu porvenir sin luz, ¡España mía!

 

 

VENDRÁ DE NOCHE

 

Vendrá de noche cuando todo duerma,

vendrá de noche cuando el alma enferma

se emboce en vida,

vendrá de noche con su paso quedo,

vendrá de noche y posará su dedo

sobre la herida.

 

Vendrá de noche y su fugaz vislumbre

volverá lumbre la fatal quejumbre;

vendrá de noche

con su rosario, soltará las perlas

negro sol que da ceguera verlas,

¡todo un derroche!

 

Vendrá de noche, noche nuestra madre,

cuando a lo lejos el recuerdo ladre

perdido agujero;

vendrá de noche; apagará su paso

mortal ladrido y dejará al ocaso

largo agujero...

 

¿Vendrá una noche recogida y vasta?

¿Vendrá una noche maternal y casta

de luna llena?

Vendrá viniendo con venir eterno;

vendrá una noche del postrer invierno...

noche serena...

 

Vendrá como se fue, como se ha ido

-suena a lo lejos el fatal ladrido-,

vendrá a la cita;

será de noche mas que sea aurora,

vendrá a su hora, cuando el aire llora,

llora y medita...

 

Vendrá de noche, en una noche clara,

noche de luna que al dolor ampara,

noche desnuda,

vendrá... venir es porvenir... pasado

que pasa y queda y que se queda al lado

y nunca muda....

 

Vendrá de noche, cuando el tiempo aguarda,

cuando la tarde en las tinieblas tarda

y espera al día,

vendrá de noche, en una noche pura,

cuando del sol la sangre se depura,

del mediodía.

 

Noche ha de hacerse en cuanto venga y llegue,

y el corazón rendido se le entregue,

noche serena,

de noche ha de venir... ¿él, ella o ello?

De noche ha de sellar su negro sello,

noche sin pena.

 

Vendrá la noche, la que da la vida,

y en que la noche al fin el alma olvida,

traerá la cura;

vendrá la noche que lo cubre todo

y espeja al cielo en el luciente lodo

que lo depura.

 

Vendrá de noche, sí, vendrá de noche,

su negro sello servirá de broche

que cierra el alma;

vendrá de noche sin hacer ruido,

se apagará a lo lejos el ladrido,

vendrá la calma...

vendrá la noche....

 

 

¿QUÉ ES TU VIDA...?

 

¿Qué es tu vida, alma mía?, ¿cuál tu pago?,

¡lluvia en el lago!

¿Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre?

¡viento en la cumbre!

 

¿Cómo tu vida, mi alma, se renueva?,

¡sombra en la cueva!,

¡lluvia en el lago!,

¡viento en la cumbre!,

¡sombra en la cueva!

 

Lágrimas es la lluvia desde el cielo,

y es el viento sollozo sin partida,

pesar, la sombra sin ningún consuelo,

y lluvia y viento y sombra hacen la vida.

 

 

Y ¿QUÉ ES ESO...?

 

Y ¿qué es eso del Infierno?

me dirás.

Es el revés de lo eterno,

nada más.

 

Que yacer en el olvido

del Señor

es el infierno temido

del Amor.

 

 

EL ARMADOR AQUEL...

 

El armador aquel de casas rústicas

habló desde la barca:

ellos, sobre la grava de la orilla,

él flotando en las aguas.

 

Y la brisa del lago recogía

de su boca parábolas

ojos que ven, oídos que oyen gozan

de bienaventuranza.

 

Recién nacían por el aire claro

las semillas aladas,

el Sol las revestía con sus rayos,

la brisa las cunaba.

 

Hasta que al fin cayeron en un libro,

¡ay tragedia del alma!:

ellos tumbados en la grava seca,

y él flotando en el agua.

 

 

CASTILLA

 

Tú me levantas, tierra de Castilla,

en la rugosa palma de tu mano,

al cielo que te enciende y te refresca,

al cielo, tu amo.

 

Tierra nervuda, enjuta, despejada,

madre de corazones y de brazos,

toma el presente en ti viejos colores

del noble antaño.

 

Con la pradera cóncava del cielo

lindan en torno tus desnudos campos,

tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro

y en ti santuario.

 

Es todo cima tu extensión redonda

y en ti me siento al cielo levantado,

aire de cumbre es el que se respira

aquí, en tus páramos.

 

¡Ara gigante, tierra castellana,

a ese tu aire soltaré mis cantos,

si te son dignos bajarán al mundo

desde lo alto!

 

 

EL MAR DE ENCINAS

 

En este mar de encinas castellano

los siglos resbalaron con sosiego

lejos de las tormentas de la historia,

lejos del sueño

que a otras tierras la vida sacudiera;

sobre este mar de encinas tiende el cielo

su paz engendradora de reposo,

su paz sin tedio.

 

Sobre este mar que guarda en sus entrañas

de toda tradición el manadero

esperan una voz de hondo conjuro

largos silencios.

 

Cuando desuella estío la llanura

cuando la pela el riguroso invierno,

brinda al azul el piélago de encinas

su verde viejo.

 

Como los días, van sus recias hojas

rodando una tras otra al pudridero,

y siempre verde el mar, de lo divino

nos es espejo.

 

Su perenne verdura es de la infancia

de nuestra tierra, vieja ya, recuerdo,

de aquella edad en que esperando al hombre

se henchía el seno

de regalados frutos. Es su calma

manantial de esperanza eterna eterno.

 

Cuando aún no nació el hombre él verdecía

mirando al cielo,

y le acompaña su verdura grave

tal vez hasta dejarle en el lindero

en que roto ya el viejo, nazca al día

un hombre nuevo.

 

Es su verdura flor de las entrañas

de esta rocosa tierra, toda hueso,

es flor de piedra su verdor perenne

pardo y austero.

 

Es, todo corazón, la noble encina

floración secular del noble suelo

que, todo corazón de firme roca,

brotó del fuego

de las entrañas de la madre tierra.

 

Lustrales aguas le han lavado el pecho

que hacia el desnudo cielo alza desnudo

su verde vello.

 

Y no palpita, aguarda en un respiro

de la bóveda todo el fuerte beso,

a que el cielo y la tierra se confundan

en lazo eterno.

 

Aguarda el día del supremo abrazo

con un respiro poderoso y quieto

mientras, pasando, mensajeras nubes

templan su anhelo.

 

En este mar de encinas castellano

vestido de su pardo verde viejo

que no deja, del pueblo a que cobija

místico espejo.

 

 

OFELIA DE DINAMARCA

 

Rosa de nube de carne

Ofelia de Dinamarca,

tu mirada, sueñe o duerma,

es de Esfinge la mirada.

 

En el azul del abismo

de tus niñas? todo o nada,

¡ser o no ser!?, ¿es espuma

o poso de vida tu alma?

 

No te vayas monja, espérame

cantando viejas baladas,

suéñame mientras te sueño,

brízame la hora que falta.

 

Y si los sueños se esfuman

? el resto es silencio ?, almohada

hazme de tus muslos, virgen

Ofelia de Dinamarca.

 

 

SALMO III

 

¡Oh, Señor, tú que sufres del mundo

sujeto a tu obra,

es tu mal nuestro mal más profundo

y nuestra zozobra!

 

Necesitas uncirte al infinito

si quieres hablarme,

y si quieres te llegue mi grito

te es fuerza escucharme.

 

Es tu amor el que tanto te obliga

bajarte hasta el hombre,

y a tu Esencia mi boca le diga

cuál sea tu nombre.

 

Te es forzoso rasgarte el abismo

si mío ser quieres,

y si quieres vivir en ti mismo

ya mío no eres.

 

Al crearnos para tu servicio

buscas libertad,

sacudirte del recio suplicio

de la eternidad.

 

Si he de ser, como quieres, figura

y flor de tu gloria,

hazte, ¡oh, Tu Creador, criatura

rendido a la historia!

 

Libre ya de tu cerco divino

por nosotros estás,

sin nosotros sería tu sino

o siempre o jamás.

 

Por gustar, ¡oh, Impasible!, la pena

quisiste penar,

te faltaba el dolor que enajena

para más gozar.

 

Y probaste el sufrir y sufriste

vil muerte en la cruz,

y al espejo del hombre te viste

bajo nueva luz.

 

Y al sentirte anhelar bajo el yugo

del eterno Amor,

nos da al Padre y nos mata al verdugo

el común Dolor.

 

Si has de ser, ¡oh, mi Dios!, un Dios vivo

y no idea pura,

en tu obra te rinde cautivo

de tu criatura.

 

Al crear, Creador, quedas preso

de tu creación,

mas así te libertas del peso

de tu corazón.

 

Son tu pan los humanos anhelos,

es tu agua la fe;

yo te mando, Señor, a los cielos

con mi amor, mi sed.

 

Es la sed insaciable y ardiente

de sólo verdad;

dame, ¡oh, Dios!, a beber en la fuente

de tu eternidad.

 

Méteme, Padre eterno, en tu pecho,

misterioso hogar,

dormiré allí, pues vengo deshecho

del duro bregar.

 

 

SONETOS

 

1

 

La oración del ateo

 

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,

y en tu nada recoge estas mis quejas,

Tú que a los pobres hombres nunca dejas

sin consuelo de engaño. No resistes

 

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.

Cuando Tú de mi mente más te alejas,

más recuerdo las plácidas consejas

con que mi ama endulzóme noches tristes.

 

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande

que no eres sino Idea; es muy angosta

la realidad por mucho que se expande

 

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,

Dios no existente, pues si Tú existieras

existiría yo también de veras.

 

 

2

 

Mi Dios hereje

 

Aunque ellos me maldigan qué me importa

si me bendices Tú, mi Dios hereje;

tu santa diestra mi destino teje

y Tú me enseñas que la vida es corta

 

y muy larga la muerte. Me conforta

Tu silencio mandándome no ceje

que lanzar a este viento que nos mece

mi voz que a inquietarse les exhorta.

 

Mientras de mí, Señor, Tú no recabes

que aquel nuestro secreto al fin divulgue

yo de ellos no me quejo, ya lo sabes,

 

y encuentro natural se me excomulgue;

muy justo es que la Iglesia con las llaves

del Pescador rascándose se espulgue.

 

 

3

 

Razón y fe

 

Levanta de la fe el blanco estandarte

sobre el polvo que cubre la batalla

mientras la ciencia parlotea, y calla

y oye sabiduría y obra el arte.

 

Hay que vivir y fuerza es esforzarte

a pelear contra la vil canalla

que se anima al restalle de la tralla,

y ¡hay que morir! exclama. Pon tu parte

 

y la de Dios espera, que abomina

del que cede. Tu ensangrentada huella

por los mortales campos encamina

 

hacia el fulgor de tu eternal estrella;

hay que ganar la vida que no fina,

con razón, sin razón o contra ella.

 

 

4

 

Señor, no me desprecies...

 

Señor, no me desprecies y conmigo

lucha; que sienta, al quebrantar tu mano

la mía, que me tratas como a hermano,

Padre, pues beligerancia consigo

 

de tu parte; esa lucha es la testigo

del origen divino de lo humano.

Luchando así comprendo que el arcano

de tu poder es de mi fe el abrigo.

 

Dime, Señor, tu nombre, pues la brega

toda esta noche de la vida dura

y del albor la hora luego llega;

 

me has desarmado ya de mi armadura,

y el alma, así vencida, no sosiega

hasta que salga de esta senda oscura.

 

 

5

 

 

La unión con Dios

 

Querría, Dios, querer lo que no quiero;

fundirme en Ti, perdiendo mi persona,

este terrible yo por el que muero

y que mi mundo en derredor encona.

 

Si tu mano derecha me abandona,

¿qué será de mi suerte? Prisionero

quedaré de mí mismo; no perdona

la nada al hombre, su hijo, y nada espero.

 

"¡Se haga tu voluntad, Padre!"-repito-

al levantar y al acostarse el día,

buscando conformarme a tu mandato,

 

pero dentro de mí resuena el grito

del eterno Luzbel, del que quería

ser, ser de veras, ¡fiero desacato!

 

 

6

 

El fracaso de la vida

 

Cuando el alma recuerda la esperanza

de que nutrió su juventud comprende

que la vida es engaño y luego emprende

soñar que fue lo que no fuera; avanza

 

así con sus ensueños, mas no alcanza

lo que esperó; soñando se defiende

y llega al fin Aquella que nos prende

con el lazo de la última membranza.

 

Para ver la verdad no hay mejor lumbre

que la lumbre que sube del ocaso,

y que luego el verdor trueca en herrumbre:

 

lanzadera fatal urde el acaso

de la vida en la trama la costumbre:

toda vida a la postre es un fracaso.

 

 

7

 

La mar ciñe

 

La mar ciñe a la noche en su regazo

y la noche a la mar; la luna, ausente;

se besan en los ojos y en la frente;

los besos dejan misterioso trazo.

 

Derrítense después en un abrazo,

tiritan las estrellas con ardiente

pasión de mero amor y el alma siente

que noche y mar se enredan en su lazo.

 

Y se baña en la obscura lejanía

de su germen eterno, de su origen,

cuando con ella Dios amanecía,

 

y aunque los necios sabios leyes fijen,

ve la piedad del alma la anarquía

y que leyes no son las que nos rigen.

 

 

8

 

Horas serenas

 

Horas serenas del ocaso breve,

cuando la mar se abraza con el cielo

y se despierta el inmortal anhelo

que al fundirse la lumbre, lumbre bebe.

 

Copos perdidos de encendida nieve,

las estrellas se posan en el suelo

de la noche celeste, y su consuelo

nos dan piadosas con su brillo leve.

 

Como en concha sutil perla perdida,

lágrima de las olas gemebundas,

entre el cielo y la mar sobrecogida

 

el alma cuaja luces moribundas

y recoge en el lecho de su vida

el poso de sus penas más profundas.

 

 

9

 

Es una antorcha

 

Es una antorcha al aire esta palmera,

verde llama que busca al sol desnudo

para beberle sangre; en cada nudo

de su tronco cuajó una primavera.

 

Sin bretes ni eslabones, altanera

y erguida, pisa el yermo seco y rudo;

para la miel del cielo es un embudo

la copa de sus venas, sin madera.

 

No se retuerce ni se quiebra al cuelo;

no hay sombra en su follaje, es luz cuajada

que en ofrenda de amor se alarga al cielo,

 

la sangre de un volcán que enamorada

del padre Sol, se revistió de anhelo

y se ofrece, columna, a su morada.

 

 

10

 

La estrella polar

 

Luciérnaga celeste, humilde estrella

de navegante guía: la Boquilla

de la Bocina que a hurtadillas brilla,

violeta de luz, pobre centella

 

del hogar del espacio; ínfima huella

del paso del Señor; gran maravilla

que broche del vencejo en la gavilla

de mies de soles, sólo ella los sella.

 

Era al girar del universo quicio

basado en nuestra tierra; fiel contraste

del Hombre Dios y de su sacrificio.

 

Copérnico, Copérnico, robaste

a la fe humana su más alto oficio

y diste así con su esperanza al traste.

Tomado de:

http://www.los-poetas.com/k/unam1.htm

 

 

El armador aquel de casas rústicas...

 

                                                                              Mateo, cap. XIII, II - Corán III, 6.

 

El armador aquel de casas rústicas

habló desde la barca:

ellos, sobre la grava de la orilla,

él flotando en las aguas.

 

Y la brisa del lago recogía

de su boca parábolas

ojos que ven, oídos que oyen gozan

de bienaventuranza.

 

Recién nacían por el aire claro

las semillas aladas,

el Sol las revestía con sus rayos,

la brisa las cunaba.

 

Hasta que al fin cayeron en un libro,

¡ay tragedia del alma!:

ellos tumbados en la grava seca,

y él flotando en el agua.

 

 

En horas de insomnio

 

Me voy de aquí, no quiero más oírme;

de mi voz toda voz suéname a eco,

ya falta así de confesor, si peco

se me escapa el poder arrepentirme.

 

No hallo fuera de mí en que me afirme

nada de humano y me resulto hueco;

si esta cárcel por otra al fin no trueco

en mi vacío acabaré de hundirme.

 

Oh triste soledad, la del engaño

de creerse en humana compañía

moviéndose entre espejos, ermitaño.

 

He ido muriendo hasta llegar al día

en que espejo de espejos, soy me extraño

a mí mismo y descubro no vivía.

 

 

En un cementerio de lugar castellano

 

Corral de muertos, entre pobres tapias,

hechas también de barro,

pobre corral donde la hoz no siega,

sólo una cruz, en el desierto campo

señala tu destino.

Junto a esas tapias buscan el amparo

del hostigo del cierzo las ovejas

al pasar trashumantes en rebaño,

y en ellas rompen de la vana historia,

como las olas, los rumores vanos.

Como un islote en junio,

te ciñe el mar dorado

de las espigas que a la brisa ondean,

y canta sobre ti la alondra el canto

de la cosecha.

Cuando baja en la lluvia el cielo al campo

baja también sobre la santa hierba

donde la hoz no corta,

de tu rincón, ¡pobre corral de muertos!,

y sienten en sus huesos el reclamo

del riego de la vida.

Salvan tus cercas de mampuesto y barro

las aladas semillas,

o te las llevan con piedad los pájaros,

y crecen escondidas amapolas,

clavelinas, magarzas, brezos, cardos,

entre arrumbadas cruces,

no más que de las aves libres pasto.

Cavan tan sólo en tu maleza brava,

corral sagrado,

para de un alma que sufrió en el mundo

sembrar el grano;

luego sobre esa siembra

¡barbecho largo!

Cerca de ti el camino de los vivos,

no como tú, con tapias, no cercado,

por donde van y vienen,

ya riendo o llorando,

¡rompiendo con sus risas o sus lloros

el silencio inmortal de tu cercado!

Después que lento el sol tomó ya tierra,

y sube al cielo el páramo

a la hora del recuerdo,

al toque de oraciones y descanso,

la tosca cruz de piedra

de tus tapias de barro

queda, como un guardián que nunca duerme,

de la campiña el sueño vigilando.

No hay cruz sobre la iglesia de los vivos,

en torno de la cual duerme el poblado;

la cruz, cual perro fiel, ampara el sueño

de los muertos al cielo acorralados.

¡Y desde el cielo de la noche, Cristo,

el Pastor Soberano,

con infinitos ojos centelleantes,

recuenta las ovejas del rebaño!

¡Pobre corral de muertos entre tapias

hechas del mismo barro,

sólo una cruz distingue tu destino

en la desierta soledad del campo!

 

 

Es una antorcha al aire esta palmera...

 

Es una antorcha al aire esta palmera,

verde llama que busca al sol desnudo

para beberle sangre; en cada nudo

de su tronco cuajó una primavera.

 

Sin bretes ni eslabones, altanera

y erguida, pisa el yermo seco y rudo;

para la miel del cielo es un embudo

la copa de sus venas, sin madera.

 

No se retuerce ni se quiebra al suelo;

no hay sombra en su follaje; es luz cuajada

que en ofrenda de amor se alarga al cielo;

 

La sangre de un volcán que enamorada

del padre sol se revistió de anhelo

y se ofrece, columna, a su morada.

 

 

Hasta que se me fue no he descubierto...

 

Hasta que se me fue no he descubierto

todo lo que la quise;

yo creía quererla; no sabía

lo que es de amor morirse.

Era como algo mío entonces, era

costumbre..., que se dice...;

pero hoy soy suyo yo, soy de la muerte

a quien nadie resiste.

 

Al irse nació en mí... ¡no!, que en torturas

en ella nací al írseme;

lo que creí yo sueño era la vela;

he nacido al morirme.

 

Por fin ya sé quién soy... no lo sabía...

¿Lo sé? ¿Quién sabe en este mundo triste?

¿Hay quién sepa lo que es saber y entienda

lo que la nada dice?

 

Mi madre nació en mí en aquel día

que se me fue Teresa... Madre, dime

de dónde vine, adónde voy perdido,

por qué al amor me diste...

 

 

Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan...

 

Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan,

hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan,

hay ojos que ríen -risa placentera,

hay ojos que lloran -con llanto de pena,

unos hacia adentro -otros hacia fuera.

 

Son como las flores -que cría la tierra.

Mas tus ojos verdes, -mi eterna Teresa,

los que están haciendo -tu mano de hierba,

me miran, me sueñan, -me llaman, me esperan,

me ríen rientes -risa placentera,

me lloran llorosos -con llanto de pena,

desde tierra adentro, -desde tierra afuera.

 

En tus ojos nazco, -tus ojos me crean,

vivo yo en tus ojos -el sol de mi esfera,

en tus ojos muero, -mi casa y vereda,

tus ojos mi tumba, -tus ojos mi tierra.

 

 

Horas serenas del ocaso breve...

 

Horas serenas del ocaso breve,

cuando la mar se abraza con el cielo

y se despiertas el inmortal anhelo

que al fundirse la lumbre, la lumbre bebe.

 

Copos perdidos de encendida nieve,

las estrellas se posan en el suelo

de la noche celeste, y su consuelo

nos dan piadosas con su brillo leve.

 

Como en concha sutil perla perdida,

lágrima de las olas gemebundas,

entre el cielo y la mar sobrecogida

 

el alma cuaja luces moribundas

y recoge en el lecho de su vida

el poso de sus penas más profundas.

Tomado de:

https://amediavoz.com/unamuno.htm

 

 

Muerte

Eres sueño de un dios; cuando despierte

¿al seno tornarás de que surgiste?

¿Serás al cabo lo que un día fuiste?

¿Parto de desnacer será tu muerte?

 

¿El sueño yace en la vigilia inerte?

Por dicha aquí el misterio nos asiste;

para remedio de la vida triste,

secreto inquebrantable es nuestra suerte.

 

Deja en la niebla hundido tu futuro

y ve tranquilo a dar tu último paso,

que cuanto menos luz, vas más seguro.

 

¿Aurora de otro mundo es nuestro ocaso?

Sueña, alma mía, en tu sendero oscuro:

“Morir… dormir… dormir… soñar acaso!”

 

 

A Federico García Lorca

Español, español,

saca los pechos y ponte al sol!

Llévate a cuestas la casa;

el vivido es lo que pasa

y se queda el porvivir.

Mañana será otro día;

cada día su alegría

con su pena de sufrir.

Cada día su mañana

con la santísima gana

de cantar.

¿Quién nos quita lo vivido?

En el seno del olvido

el descanso de soñar!

 

 

Credo poético

Piensa el sentimiento, siente el pensamiento;

que tus cantos tengan nidos en la tierra,

y que cuando en vuelo a los cielos suban

tras las nubes no se pierdan.

Peso necesitan, en las alas peso

la columna de humo se disipa entera,

algo que no es música es la poesía,

la pesada sólo queda.

Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido.

¿Sentimiento puro? Quien en ello crea,

de la fuente del sentir nunca ha llegado

a la vida y honda vena.

No te cuides en exceso del ropaje,

de escultor, no de sastre es tu tarea,

no te olvides de que nunca más hermosa

que desnuda está la idea.

No el que un alma encarna en carne, ten presente,

no el que forma da a la idea es el poeta

sino que es el que alma encuentra tras la carne,

tras la forma encuentra idea.

De las fórmulas la broza es lo que hace

que nos vele la verdad, torpe, la ciencia;

la desnudas con tus manos y tus ojos

gozarán de su belleza.

Busca líneas de desnudo, que aunque trates

de envolvernos en lo vago de la niebla,

aún la niebla tiene líneas y se esculpe;

ten, pues, ojo, no las pierdas.

Que tus cantos sean cantos esculpidos,

ancla en tierra mientras tanto que se elevan,

el lenguaje es ante todo pensamiento,

y es pensada su belleza.

Sujetemos en verdades del espíritu

las entrañas de las formas pasajeras,

que la Idea reine en todo soberana;

esculpamos, pues, la niebla.

Tomado de:

https://ciudadseva.com/autor/miguel-de-unamuno/poemas/

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