miércoles, 24 de diciembre de 2025

POEMAS DE CARLOS COCIÑA -DESDE CHILE -


Y SI TODO FUERA LO QUE ES

 

10a

 

El blanco que se observa en las grandes montañas y edificios

no es nieve, sino la luz que toca extensiones de piedras y arena.

La sombra de la luminosidad parece agua en estado sólido,

extendida en los contornos de los objetos. Luego aparecen

Cetus y el Pez, desde la luz.

 

 

3C

 

 

Nadie tiene derecho a morir antes de tiempo; todo el cuerpo se revela ante el acto que cercena reacciones, desde el origen establecidas a nivel genético por la savia del fornicio y la revelación de milenios de órdenes transcritas en la más inverosímil coordinación de los detalles posibles de la existencia. El violentamiento de las expectativas, que a nivel de estructuras moleculares está descrito, atenta contra la más elemental humanidad genética, y la descripción de estos movimientos sólo es con las palabras que revelan el posible transcurso que llevarán los líquidos particulares de un cuerpo en el momento en que el reflejo de luz es absorbido en las alteraciones de conos y bastoncitos. Nadie tiene derecho a quebrantar la reelaboración de las células y las nuevas epidermis que van emergiendo desde el mismo tiempo en que se produjo la combinación genética, ni negar la posibilidad de la eyaculación en la mujer que conocerá mañana. Nadie tiene derecho a morir antes de tiempo, porque el espacio del cuerpo se proyecta hacia el próximo momento, y tiene el espacio su espacio en cada rostro y cuerpo conocidos y es un espacio ya dado y posible en el cuerpo de los hijos, del hermano, de la mujer y cada uno de los que van haciendo espacio a ese cuerpo que no puede violentarse hasta el momento en que sea preciso quebrantarse porque el aire es expulsado por el mismo cuerpo que se disuelve en sí mismo.

https://migliaro.lamula.pe/2019/07/08/poemas-de-carlos-cocina/migliarowilly/

 

 

Versión 31

Un ramillete de neuronas genera la percepción de lo que vemos. Las cosas y los objetos no son una imagen que se proyecta en la cabeza, son una detonación de neuronas en el cerebro. Las cosas y los objetos están por ahí, sin destellos.

 

 

De otra manera 31.1

El hacer y la práctica reanima el tracto de materia blanca y de la oscura, se llenan de humedales en los que anidan nuevos revuelos. Tareas de fluidez que se extienden al expandirse las arquitecturas fluviales que destilan información neta.

Tomado de:

https://www.vallejoandcompany.com/2019/01/10/el-aire-que-se-expulsa-9-poemas-de-carlos-cocina/

 

 

(Nushu)

Aves de fuego opaco, un trazo breve, silábico, en los márgenes de objetos cotidianos,

lenguaje secreto, sutilmente sonoro que desata vendavales imperceptibles a códigos dominantes. Agujas de agua en telas de muchos hilos, que entregan su mutismo de llanos

en llamas. Silencios fluyen generaciones de noches a destellos. Esferas de presencia ingrávida, cuya raíz es aire en expansión. Nudos tejidos en tramas volubles, humo exacto

en evocaciones mínimas y notables. Desentraña estados intermedios, los fija y responde.

Trazos con la fuerza terrible de la levedad.

<El polvo de telas resquebrajadas señala lo que había en otro tiempo, un día antes del día.

Antaño se pulveriza al tiempo de cerrar cortinas, y se abre el aire. Lo que parece un signo

gráfico en la superficie, o calado en ella, una marca de escritura, puede ser una partícula

recién posada, que una brisa o impulso mínimo remueve. <La imagen no es el objeto o

sentido que representa, en sí es un objeto, un sentido que se representa así mismo, donde

no hay retorno. <Sobre lo anterior es posible un último estado.

 

 

(hasta memoria)

Las máquinas de sobrevivencia, como los helechos, en su complicada simpleza, mueven

las piezas, émbolos y cadenas en pos de los elementos para transformar las energías. Aun

así, es necesario tocar y escuchar para reconocer en las vibraciones el sonido y la música

de los objetos en su densidad, en sus elementos periódicos, en la luz dorada del sodio.

Hablar lento y largo, sin rima. Sólo la respiración del aire. En la ciudad aparece el bosque

blanquecino, bajo el cual es un buen día. Pasa una persona. Marcas de la violencia aparecen en las esquinas poco visitadas, y en los recorridos habituales dentro de la vivienda.

Texturas brutales en espacios aparentemente vacíos, y habitaciones excedidas. No es el

movimiento del otro sino el propio el que se entiende como reacción. Es la dinámica de

deseos que casualmente se encuentran. Y ahí, la luz está sobre el muro, donde todo objeto

mueve el aire. Lo que ocurrió es ahora un lugar desconocido. Una cortina de niebla que

se extiende repentinamente y elimina la perspectiva. Entre los objetos la luz de la mañana

se demora. Las arterias parecen de líquido liviano, y su paso está salpicado de obstáculos.

Lo que parecía archivo de memoria quedó cerrado. Aparece el deseo.

(hasta violencia)

El uso compasivo de paliativos en la herida, tumba en opioides cualquier sensación al

aire libre, colmado de pequeñas señales de vida. Con las extremidades raspando en el

exoesqueleto, el sonido es similar al de las cuerdas vocales de los seres emplumados,

especies de serpientes que reptan volátiles entre montículos escalonados. La densidad de

las piedras es el aire.

Tomado de:

https://revistachilenadederecho.uc.cl/index.php/alch/article/download/87856/66824/266458

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